The letter

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Ni los ángeles de Rael ni nada... ENERGÍA.
Ese SMS
Cuando no entiendo un mensaje que me mandan, se lo reenvío a Alicia. Una amiga mía experta en lenguaje SMS. Estudia filología hispánica y está muy interesada en cómo el lenguaje cambia y se transforma asumiendo estructuras y nuevos significados gracias al SMS.
Yo hace unos tres años estaba perdido. No entendía de la misa la media en cuanto a los mensajes. Me mandaban cosas como: “... n t procups, tngo una bteya d vodk q lo sluciona to :)”. Me inquietaban realmente los signos que aparecían después de ciertas frases: :), ;),
:(, :p, 8)... llegué a creer que se trataba de un lenguaje en clave que habían acordado las mujeres. Creía que me tomaban por un ser inteligente y especial pero me horrorizaba pensar que averiguaran que yo no lo era. Así que yo también contestaba los mensajes utilizando estos enigmáticos símbolos de puntuación indistintamente, esperando que estuvieran en el sitio correcto. Que tuvieran sentido.
El último SMS que mandé sin conocer la verdad fue:
Hey Loreto! Cuant tiemp :p Q tl l vrano? 8) yo n mi pueblo...;) lo e psao mu bn! :( A vr si ns vems 1 dia d stos a tmar 1 kfe. Bss ;) ;).
Gracias al cielo un día conocí a Alicia y me dijo que había dos formas de conocer la verdad: una era girar el móvil un cuarto de vuelta a la derecha y otra era girar la cabeza un cuarto de vuelta a la izquerda. Opté por girar el móvil ya que soy muy vago. De repente fue como cuando me enteré, a mis 6 años de que lo que tenía entre las piernas tenía una función más importante que la que conocía. Bueno, que las dos que conocía: mear y echar el pellejo pa atrás.
¡Eran caras! Emoticonos, decía Alicia. Expresaban sentimientos, estados de ánimo y enfatizaban el mensaje.
Tanto tiempo creyendo que “xD” era una abreviatura de “por Dios”, cuando en realidad era una carita despollándose. Hay que joderse con las vanguardias lingüísticas.
Las despedidas son un caso a parte. Está el clásico “Bs” o sus variantes: “Bss”, “Bso” etc. Alicia alardea de ser una de las introductoras del “Bicos” habiendo desechado ya el “muaks”. Y por lo visto se utiliza una u otra despedida en función de la cercanía psicológica entre emisor y receptor. Hay veces que cuando la confianza es mayor (o se pretende que lo sea) se utiliza la despedida “mua”. Una onomatopeya del beso físico.
Un día, Loreto, encontró las fuerzas necesarias como para mandarme un SMS que ahondaba en la incertidumbre sexual (entre ella y yo, se entiende). La mayoría de los emoticonos eran fáciles de analizar pero había un elemento que predominaba sobre todos los demás: los puntos suspensivos... Difícil de analizar... Echo de menos no haber aprendido nada de sintaxis en el bachillerato a la hora de descifrar mensajes. Yo no se los demás, pero yo consigo sacar por lo menos tres versiones de lo que creo que quiere decir Loreto en sus mensajes. Y no son versiones parecidas. Siempre me costó sacar el tema de los textos (saqué un 2’8 en el examen de Lengua de selectividad). Los tres posibles temas que suelo sacar son:
a) Te quiero follar ya mismo.
b) Te caliento un poco la polla pa ver que haces.
c) Tengo novio.
Nunca sé cual de las tres es la correcta. Y esto es como los test. Se supone que sólo una es correcta pero muchas veces me inclino por un híbrido entre las dos últimas.
El caso es que me envió el SMS. Era diferente a los demás. No sé por qué pero me inclinaba más que nunca por la primera opción. (Supongo que sería por el irresistible optimismo que irradian los muñecos de Cortilandia, ya que me encontraba viéndolos). Para cerciorarme de mis sospechas, le reenvié el SMS a mi amiga Alicia para que me hiciera una síntesis del tema, etc. Ella ya sabe que cuando le envío un SMS que empieza por “Ola Wapo!”, no es que me haya confundido de teléfono y de sexo, es que requiero su experta opinión. (Los primeros mensajes de Alicia eran un inequívoco “Tengo novio”).
Uno se los autómatas que hacía playback en Cortilandia, de repente soltó un chispazo, ese chispazo desencadenó en una pequeña llama. Y ésta en fuego. El electrónico duende ardía y el plástico de su cara se empezaba a transformar en una vela de cumpleaños. Algunos padres tapaban los ojos a sus hijos. Una niña pequeña que había estado llorando durante toda la representación cesó su llanto (hay niños para todo). Llegó un tipo de seguridad con un extintor. Apagaron la música y los mecanismos. Y extinguieron el fuego que había provocado el muñeco-martir ya que estaba a punto de alcanzar al gnomo de su derecha. La Navidad es así.
Me resistía a despojarme del estado de optimismo y euforia al que me habían hecho llegar los simpáticos muñecos y el SMS. Seguía esperando la contestación de Alicia.
Entre la confusión instaurada en la masa, apareció un ser curioso: era un tipo de mi edad con pantalón de chándal y una camiseta de Fernando Alonso. Se acercó a mi y me preguntó: tú. ¿Qué ha pasado?
Estuve a punto de explicarle el proceso científico de producción y propagación del fuego pero al ver que sus gafas azul eléctrico descansaban sobre su frente me decidí por decir: que se ha prendido un monigote.
Mi contestación provocó en su cara una expresión de total incomprensión lo que liberó su agresividad.
-Tú, tú. Déjame tu móvil que tengo que hablar con un colega un momento.
¿Para qué tenía que hablar con un colega? ¡Menudo notición! ¡Un muñeco de Cortilandia se ha suicidado!
Mi móvil estaba sostenido por mi mano derecha y en un pin-pan-pun ya lo tenía el recientemente conocido. Se fue andando con mi móvil. Con la calma. Sin prisas.
En una ocasión normal, daría por perdido mi teléfono pero estaba esperando algo importante. Decidí seguir al tipo.
Le dejé que llamara a su colega pero le expliqué, lo más pedagógicamente que pude, mi situación. Intentado fomentar que se identificara conmigo. Arduo trabajo.
Al final entendió la importancia de que permaneciera con mi móvil... pero por un rato. Me invitó a unos cigarros y estuvimos esperando el veredicto de Alicia.
Entre tanto leyó el SMS de Loreto. Se mostraba tan optimista como yo en cuanto a su significado y me empezó a hablar de una chica que también le tenía “loco”.
Alicia me contestó un claro: “S tu oprtunidad. A x ella!”
El chaval se encariñó conmigo y me pidió el móvil. (No el número sino el teléfono en sí). Se quedó con el aparato y prometió llamarme a casa desde mi móvil si había noticias de Loreto. Menos mal que tenía apuntado el teléfono de la chica en la servilleta donde me lo escribió cuando la conocí.

Yo hace unos tres años estaba perdido. No entendía de la misa la media en cuanto a los mensajes. Me mandaban cosas como: “... n t procups, tngo una bteya d vodk q lo sluciona to :)”. Me inquietaban realmente los signos que aparecían después de ciertas frases: :), ;),
:(, :p, 8)... llegué a creer que se trataba de un lenguaje en clave que habían acordado las mujeres. Creía que me tomaban por un ser inteligente y especial pero me horrorizaba pensar que averiguaran que yo no lo era. Así que yo también contestaba los mensajes utilizando estos enigmáticos símbolos de puntuación indistintamente, esperando que estuvieran en el sitio correcto. Que tuvieran sentido.
El último SMS que mandé sin conocer la verdad fue:
Hey Loreto! Cuant tiemp :p Q tl l vrano? 8) yo n mi pueblo...;) lo e psao mu bn! :( A vr si ns vems 1 dia d stos a tmar 1 kfe. Bss ;) ;).
Gracias al cielo un día conocí a Alicia y me dijo que había dos formas de conocer la verdad: una era girar el móvil un cuarto de vuelta a la derecha y otra era girar la cabeza un cuarto de vuelta a la izquerda. Opté por girar el móvil ya que soy muy vago. De repente fue como cuando me enteré, a mis 6 años de que lo que tenía entre las piernas tenía una función más importante que la que conocía. Bueno, que las dos que conocía: mear y echar el pellejo pa atrás.
¡Eran caras! Emoticonos, decía Alicia. Expresaban sentimientos, estados de ánimo y enfatizaban el mensaje.
Tanto tiempo creyendo que “xD” era una abreviatura de “por Dios”, cuando en realidad era una carita despollándose. Hay que joderse con las vanguardias lingüísticas.
Las despedidas son un caso a parte. Está el clásico “Bs” o sus variantes: “Bss”, “Bso” etc. Alicia alardea de ser una de las introductoras del “Bicos” habiendo desechado ya el “muaks”. Y por lo visto se utiliza una u otra despedida en función de la cercanía psicológica entre emisor y receptor. Hay veces que cuando la confianza es mayor (o se pretende que lo sea) se utiliza la despedida “mua”. Una onomatopeya del beso físico.
Un día, Loreto, encontró las fuerzas necesarias como para mandarme un SMS que ahondaba en la incertidumbre sexual (entre ella y yo, se entiende). La mayoría de los emoticonos eran fáciles de analizar pero había un elemento que predominaba sobre todos los demás: los puntos suspensivos... Difícil de analizar... Echo de menos no haber aprendido nada de sintaxis en el bachillerato a la hora de descifrar mensajes. Yo no se los demás, pero yo consigo sacar por lo menos tres versiones de lo que creo que quiere decir Loreto en sus mensajes. Y no son versiones parecidas. Siempre me costó sacar el tema de los textos (saqué un 2’8 en el examen de Lengua de selectividad). Los tres posibles temas que suelo sacar son:
a) Te quiero follar ya mismo.
b) Te caliento un poco la polla pa ver que haces.
c) Tengo novio.
Nunca sé cual de las tres es la correcta. Y esto es como los test. Se supone que sólo una es correcta pero muchas veces me inclino por un híbrido entre las dos últimas.
El caso es que me envió el SMS. Era diferente a los demás. No sé por qué pero me inclinaba más que nunca por la primera opción. (Supongo que sería por el irresistible optimismo que irradian los muñecos de Cortilandia, ya que me encontraba viéndolos). Para cerciorarme de mis sospechas, le reenvié el SMS a mi amiga Alicia para que me hiciera una síntesis del tema, etc. Ella ya sabe que cuando le envío un SMS que empieza por “Ola Wapo!”, no es que me haya confundido de teléfono y de sexo, es que requiero su experta opinión. (Los primeros mensajes de Alicia eran un inequívoco “Tengo novio”).
Uno se los autómatas que hacía playback en Cortilandia, de repente soltó un chispazo, ese chispazo desencadenó en una pequeña llama. Y ésta en fuego. El electrónico duende ardía y el plástico de su cara se empezaba a transformar en una vela de cumpleaños. Algunos padres tapaban los ojos a sus hijos. Una niña pequeña que había estado llorando durante toda la representación cesó su llanto (hay niños para todo). Llegó un tipo de seguridad con un extintor. Apagaron la música y los mecanismos. Y extinguieron el fuego que había provocado el muñeco-martir ya que estaba a punto de alcanzar al gnomo de su derecha. La Navidad es así.
Me resistía a despojarme del estado de optimismo y euforia al que me habían hecho llegar los simpáticos muñecos y el SMS. Seguía esperando la contestación de Alicia.
Entre la confusión instaurada en la masa, apareció un ser curioso: era un tipo de mi edad con pantalón de chándal y una camiseta de Fernando Alonso. Se acercó a mi y me preguntó: tú. ¿Qué ha pasado?
Estuve a punto de explicarle el proceso científico de producción y propagación del fuego pero al ver que sus gafas azul eléctrico descansaban sobre su frente me decidí por decir: que se ha prendido un monigote.
Mi contestación provocó en su cara una expresión de total incomprensión lo que liberó su agresividad.
-Tú, tú. Déjame tu móvil que tengo que hablar con un colega un momento.
¿Para qué tenía que hablar con un colega? ¡Menudo notición! ¡Un muñeco de Cortilandia se ha suicidado!
Mi móvil estaba sostenido por mi mano derecha y en un pin-pan-pun ya lo tenía el recientemente conocido. Se fue andando con mi móvil. Con la calma. Sin prisas.
En una ocasión normal, daría por perdido mi teléfono pero estaba esperando algo importante. Decidí seguir al tipo.
Le dejé que llamara a su colega pero le expliqué, lo más pedagógicamente que pude, mi situación. Intentado fomentar que se identificara conmigo. Arduo trabajo.
Al final entendió la importancia de que permaneciera con mi móvil... pero por un rato. Me invitó a unos cigarros y estuvimos esperando el veredicto de Alicia.
Entre tanto leyó el SMS de Loreto. Se mostraba tan optimista como yo en cuanto a su significado y me empezó a hablar de una chica que también le tenía “loco”.
Alicia me contestó un claro: “S tu oprtunidad. A x ella!”
El chaval se encariñó conmigo y me pidió el móvil. (No el número sino el teléfono en sí). Se quedó con el aparato y prometió llamarme a casa desde mi móvil si había noticias de Loreto. Menos mal que tenía apuntado el teléfono de la chica en la servilleta donde me lo escribió cuando la conocí.

¿Por qué?



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Navegando por la red
Jajajaja

Qué falsa suena la risa por el Messenger. Jajajaja... cuando aparece algo así en una conversación dudo muchísimo si la persona que lo escribe se ríe. Tengo que confesarlo: yo muchas veces que lo pongo no me río. Supongo que las risas internáuticas han ganado en realismo con la introducción de ese emoticono que representa las letras “J” y “A” repetidas veces en constante movimiento. Pero creo que es un error de base. Creo que la onomatopeya que utilizamos para representar risa deja mucho que desear. Me parecería mucho más realista abrir un paréntesis y escribir directamente la palabra “risas”.
No digo que se deje de expresar que un chiste tiene gracia, porque es necesario comprobar que la persona, al otro lado del cable, es consciente de que se esta haciendo un chiste. Sobre todo en el flirteo (una de las principales funciones del Messenger).
¿Qué sería de muchas de nuestras relaciones amorosas sin el Messenger? Es una extensión del flirteo físico. En un lugar conoces a alguien, te ríes con la persona (aquí si es necesario que las risas suenen auténticas ya que un ja ja ja puede tener una connotación sarcástica), le pides el Messenger (o en el mejor de los casos te lo piden) y se abre un nuevo abanico de posibilidades de flirteo. Con la frialdad de la pantalla de un ordenador nos atrevemos a decir cosas que no diríamos si no tenemos una cantidad de alcohol importante en sangre. En cierto modo es un sustitutivo del alcohol. Hace cincuenta años un chaval enamorado platónicamente de una chica que sólo ve los domingos en misa, tenía que estar al 100% en cuanto a encanto personal y físico ya que no coincidiría con ella hasta el Domingo que viene. Ahora con esto del Messenger puede estar al 50% y rezar para que la susodicha se conecte.
Hay veces que se abusa del jajajaja (o de sus variantes jejejeje y las demás vocales acompañadas de la letra “J”). Ese puede ser el problema real. Se usa tanto que parece que: o eres la persona más graciosa del mundo, o estas hablando con alguien que está bajo la influencia de estupefacientes.
Supongo que estas risas indiscriminadas son herederas de las de las “Sit-coms” americanas. Es gracioso ver una serie y que te digan cuando se ha hecho un chiste y por lo tanto cuando te tienes que reír. Esto va en contra de la base de la risa que es la espontaneidad. ¿Os imagináis una serie como “Friends” sin risas enlatadas? Sería el fin, pero esto es otro tema.
Terminaré este artículo luego. Ahora me voy a conectar un rato al Messenger.
Ya he vuelto. Me he tirado 10 minutos en “no conectado” para ver si se conectaba una persona en particular. Harto de esperar, me he puesto en “ausente” para ver si estuviera esta persona realizando la misma táctica que yo (ponerse en “no conectado” hasta que yo me conecte). Ni por esas. Me ha empezado a hablar un amigo y yo le he dicho que estaba escribiendo un artículo para el blog y que no podía hacerle caso.
Por fin se conectó. Momentos de incertidumbre. ¿Le hablo yo o espero a que hable ella? Decidí esperar unos tres minutos y si no me hablara ella entonces yo tomaría la iniciativa. Este tipo de espera es como aguantar la respiración. De repente a los dos minutos se desconectó. ¡Joder! Si hubiera esperado un minuto más... Por eso he tardado tan poco en volver al artículo.
Empiezo a dudar de la efectividad del Messenger para el flirteo. Y desde luego, no me hace ni puta gracia.
El huevo o la gallina (temas caducos)






