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Tres de tréboles
Tu carta
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Maria Luisa

-Yo tenía cita a las 11, son las 12 menos cuarto y no me han llamado.
-A mi tampoco y llevo esperando una hora.
-Es que no es buena hora.
Decían dos señoras que estaban enfrente mía. Menos mal que me había traído un libro porque parecía que lo de entrar en la consulta iba para largo.
Una de las señoras llevaba un bastón y su tobillo derecho rebosaba el zapato del hinchazón. La nariz era grande. Parecía pequeña en su cara y tenía la lengua en constante contacto con el labio superior e inferior.
La otra señora era menuda. Cruzaba las piernas como podía y la posición dejaba ver la combinación. Un señor encorvado leía el periódico con atención, pero se le escapaba la vista de vez en cuando a la combinación de la señora.
-No hay respeto ninguno en la televisión a los mayores.- dijo la señora del bastón.
-Es cierto.
-Ayer contaron un chiste de muy mal gusto. Decían: ¿Por qué los mayores van a los balnearios de barro? Para que se vayan acostumbrando a la tierra. ¡Qué mal gusto!
-Desde luego. Ojalá lleguen ellos a nuestra edad.

Llegó una señora más joven. De unos 35 años. Es la misma que había visto, cuando llegué, fumando un cigarro en la entrada. Dientes verdes, mirada nerviosa, pelo encrespado. Gritó a una señora que ostentaba una grandiosa cara de pánfila:
-¿Va usted con Enrique?
-Yo no voy con la enfermera, voy con el médico.- contestó.
-O sea que no.
-No.
-Pues alguien me está tomando el pelo.

Llegó otra mujer que, en cuanto a edad, se situaba entre la de los dientes color esperanza y la pánfila:
-Va usted detrás de esa señora.- dijo a la primera señalando a la pánfila.
-¿Y por qué me dice usted que no, si es que sí?- Replicó la joven a la pánfila.
-Yo no le he dicho ni que sí ni que no. Sólo le he dicho que yo no voy a la enfermera, voy al médico.
La mujer joven se puso a pegar grititos indescriptibles y Maria Luisa, joven de espíritu, dejó de ser un objeto pasivo para participar activamente en la discusión que se libraba en la sala de espera:
-¿Yo voy antes o después de la joven?
-¡Después, después!- dijo la joven.
Me fui de mi sitio aprovechando que venía una señora con cara de fatigada acompañada de una chica latinoamericana. Les dejé altruistamente mi sitio ya que el asiento de mi lado estaba vacío y podrían sentarse las dos sin problemas.
Me fui a un asiento libre al lado de Maria Luisa. En ese momento yo no la conocía pero tardaría poco en hacerlo.
Para entonces ya había abandonado mi libro porque el espectáculo que se estaba dando lugar era digno de ver.
Salió el doctor Enrique y nombró a los siguientes pacientes. La de los dientes esperanza no fue nombrada y ésta replicó:
-Enrique, Enrique pero ¿qué es esto? Qué no me has dicho.
-Ande, Teresa, sabe que yo no le puedo dar eso.
-Pero que estoy constipada.
-Bueno, pues pase después de esta señora.
No pude contener la risa al ver que “esta señora” era la pánfila.
Maria Luisa me pilló por banda y de un codazo comenzó una conversación conmigo. Bueno, un monólogo:
-El doctor Enrique es un hombre estupendo. Yo cuando entre voy a tardar un poco porque me tiene que rellenar unos papeles para que mi hermana entre en una residencia. La pobre está muy mal y yo con 81 años, bueno, 82 voy a cumplir, no puedo encargarme de ella.
Acababa de descubrir unos kilométricos pelos blancos que nacían de la barbilla de Maria Luisa. Realmente hipnotizadores. Me sentía un poco mal al mirarlos. Se me iba la mirada. Era como cuando una mujer, de una edad más asequible, ostenta unos senos dignos de admirar, y tú haces lo imposible por no dejar caer la vista. Ganas no me faltaron de alargar el brazo y tirar de ellos. Deduje que no tenía hijos ni nietos porque cuando mi abuela tiene alguno de estos varoniles amigos en la barbilla, no dudo en sacar las pinzas de su bolso y quitárselos. Reanudó su charla con un nuevo codazo.
-Yo trabajé, hasta los 65 años, en el Ministerio de Agricultura y tuve que sacar una media de notable para seguir con mis estudios ya que mi padre era camarero. Nunca supe si mi padre era de derechas o de izquierdas. Le preguntaba: “Manolillo, ¿tú eres de derechas o de izquierdas?” Y él me decía que como no había ningún “partido de la bandeja”, él no era de ningún partido. Sólo me dijo que la mejor etapa de España fue la de Primo de Rivera.
Mi jefe, Don Felipe, me quería mucho y confiaba en mis capacidades tanto que me animó a que me sacara unas oposiciones. Yo le dije: “Felipe, si no me las saco pido que me cambien de ministerio” y él me decía: “Pero Mari, si eres mis pies y mis manos, ¿cómo me vas a hacer esto?” y yo le contestaba: “entonces no estarás tan seguro de que me las saque”.
Pude deducir que el amor de su vida fue su jefe Don Felipe. Una mujer de 82 años cuando encuentra a alguien a quien contarle su vida, le cuenta todo lo importante. Con los años se consigue una capacidad de síntesis fuera de lo común.
-Siempre decían: “ahí va Maria Luisa con sus hombres”. Prefiero a los hombres que a las mujeres. Sois más nobles, nosotras somos más “putillas”. Las mujeres sólo hablaban de compras y cosas así y a mi me aburría.
Me tocó el turno. Acababa de salir la señora del tobillo rebosante y la lengua insinuante. El doctor Enrique era un hombre gordo con cara de aburrimiento. Me recetó un antibiótico para la garganta y me fui. Esa mañana yo era la visita más corta en la consulta del doctor Enrique.
A la salida me despedí de Maria Luisa que ya le estaba contando la parte del Ministerio de Agricultura a una señora con sonotone. Lo último que la oí decir fue:
- Don Felipe nunca quiso que viajara sola...
 
Comentario:
molaria si se t ocurriese actualizar esto......que si no poca gente se va a pasar ya...xke si kada vez que t pasas esta lo mismo....y luego t quejaras de que nadie t postea, cuando solo quieres ademas que mucha gente t postee mientras tu posteas poco.........
saludos
 
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Hola Jaime!
Mónica tb ha estado aquí, y como ta inspiradiya continúo:
A mi me pasó algo parecido en el bus, solo que quien me hablaba a mi era un hombre repulsivo, gordo, sudado, olía muuuy mal, tenía los dientes marrones y lo que debería ser blanco en sus ojos era amarillo.. muy amarillo...
Me contaba nosequé del ramadán y que acavaba de estar en el médico, y luego empezó a aplastarme contra la ventana... fué una experiencia que hubiese preferido omitir de mi vida.. pero ahora ya se que ese señor está pirao, y que no tengo que acercarme más a él... me produce una sensacion extraña: me da miedo, mucho asco, y pena, pobrecito... no me gustaría nada ser como es él (soy un poco malvada, pero esque es para verlo... intimida de verdad!)
Un beso, majo
 
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marco was here
 
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No te quejes q a mi una vez una señora me pidio que le distinguiera todas las monedas de 1,2,5,10,20, y 50 centimos de su monedero enorme mientras esperabamos el autobus. estas señoras q quieren entablar una conversacion a toda costa son peligrosas (es broma pobrecitas)
 
Comentario:
Me parece un guión tío, diversos personajes, mucho vai ven de gente, detalles. Un poco lioso al principio me gusta cuando empieza a contar su vida eso esta chulo.
En fin stoy de acuerdo en lo de escribir sobre ancianas, no tengo nada contra ellas evidentemente pero supongo q forma parte del antihéroe no? en lugar de jovencitas...

P.D el dibujo despues de los de la historia anterior pues.... ejem ejem...
 
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jaime la hª no t voy a decir k sta mal si no k sta mas o menos lo k es muy divertidda y muy tu no m prguntes k es lo k kiero decir con lo d muy tu xk no sabria como decirte xo creok deberia exart novia y dejar d escribir sobre señoras mayores caxo desviao
No