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Tres de tréboles
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Suicidio

Se quería suicidar. Entró en mi casa y me pidió unas cuchillas para ello. Yo le dije que no tenía pero insistió. Yo no se decir que no, así que le conduje al cuarto de baño y saque las cuchillas.
Al verlas, las examinó con cautela, me miró a los ojos con desaprobación y dijo:
-¿No tienes otras que no estén oxidadas?
Pero ¿qué más da que estén oxidadas? ¿no se quería suicidar? ¿o se quiere suicidar solo un poco? Quizás querría ser un cadáver sin infecciones post mortem. Yo no me meto con la higiene post mortem de los demás.
En cierto modo tiene razón. La higiene es importante. Si te vas a suicidar es preferible no acrecentar la desgracia. Si descubre tu cadáver tu madre, por ejemplo, es preferible no dejar todo el baño lleno de sangre porque luego no se quita fácilmente y hay que limpiarlo. Hay que frotar mucho y la marca se queda. No es agradable estar recordando el mal trago año tras año cuando va tu madre a cagar al baño o lo que sea. Ya podían hacer la sangre como la mercromina que ahora es transparente. Pero no, tiene un color mucho más cinematográfico. Impactante. Me imagino a Dios cuando eligió el color de la sangre:
-¿Y si la pongo de color verde?... No, no, que se confunde con los mocos... Amarilla también se confundiría...
La inspiración le vino gracias a un cartel que prohibía fumar en el cielo.
El caso es que la sangre es un engorro. Ensucia mucho. Lo mejor sería cortarse las venas en una bañera llena de desinfectante en vez de agua. Desinfectante calentito.
-Pero una cosa- le dije- si tienes algún bote de pastillas de esos transparentes de color ambar con una pegatina blanca es casi lo mejor para suicidarse. Te ahorras tol rollo de la sangre, a no ser que quieras ahondar en la espectacularidad de tu despedida.
-No tengo pastillas de esas... –dijo.
-Bueno, pues no lo intentes a base de Gelocatiles o Clamoxiles que no te matan pero te dejan jodido. Un vecino de mi bloque lo intentó a base de Frenadoles. Se tuvo que beber 4 litros de agua de golpe. Es que el Frenadol en polvitos tomado a cucharadas es muy desagradable y te deja la boca pastosa. Las pastillas no deben ser efervescentes.
-Paso de hacerlo con pastillas –dijo. Siempre he sido muy malo para tragarme las pastillas. Nunca he entendido como en las películas, cuando se suicidan con pastillas, se tragan un puñao de golpe. Yo tendría que tragarlas de una en una y no es plan. Además, cuando consigo tragármelas ya me he chupado la mitad y me dejan mal sabor de boca.
-Eso es verdad. Las pastillas son una movida –dije.
-Claro. Además que no sabes la mierda que te estás metiendo –contestó.
Como yo quería ayudar a mi vecino se me ocurrió una idea:
-¿Por qué no buscamos en Internet una forma que esté bien para hacerlo?
Dicho y hecho. Pusimos “suicidio” en el Google. Salieron varias cosas, sobre todo algunos consejos para evadir conductas suicidas. Ahí es cuando dudé de mi posicionamiento. ¿Debía decirle que no lo hiciera? Puede ser. Pero repito: cuando me piden algo no sé decir que no.
En la red se daban ciertas ideas y directrices pero todo era demasiado general y no tenía demasiado fundamento. Buscábamos algún caso real de alguien a quien le hubiera salido bien pero supongo que los que les sale bien no tienen ganas de ir contándolo por ahí.
No sacamos grandes conclusiones.
-Mira Jose, yo que sé. Yo que tú no me suicidaría todavía. Te quedan dos asignaturas de periodismo y estás en una universidad privada.
-Ya –dijo con la cabeza gacha.
-Yo que tu me sacaba la licenciatura y luego ya lo que quieras.
-Es lo mismo que me dice mi madre –dijo.
-Es que ¿con qué cara vas a mirar a tus padres desde el ataud después de que se hayan dejao una millonada en tu educación y no hayas acabado?
-No me digas eso que me arrepiento y no me suicido –añadió con violencia.
-Bueno, bueno, como quieras. Pero no te pongas así.
Por unos segundos estuvimos en silencio.
-¡Ya está! ¿Por qué no te vas a una mezquita con una camiseta con un dibujo de Mahoma?
-No hagas chistes. Es un asunto serio – respondió crudamente.
-Era por quitarle un poco de hierro al asunto –aclaré.
Había pasado un buen rato cuando Jose estallo exaltado:
-¡¿Qué hora es?! ¡¿Qué hora es?!
-Las doce y media pasadas –dije.
-Pos me voy que va a empezar Buenafuente y no me pierdo el monólogo del principio.
Jose ahora trabaja como un redactor de un programa del corazón de una cadena local. Hemos vuelto a hablar de temas trascendentes.
 
Comentario:
wenas james k hace mil k no se d ti xo weno m e metio aki pa ver k tenias nuevo no muxo la verdad a ver si algun dia m hago yo un blog xo sk m pasaria como ati k m escribiran siempre los mismos no se y igual nop jeje una beste rubiales
 
Comentario:
que surrealista, no? dile a tu personaje que escuche un disco entero de nacho vegas, así seguro que se decide a beberse la lejía...
xxx
 
Comentario:
..jeje...ni caso al rodro ke no tiene ni idea de punk-art...a este le sakas del rollo y no ve mas.....

SALUDOS
 
Comentario:
los ojos y la boca son copyright mio y la nariz creo q tb eso que quede por delante.

yo sinceramente prefiero mucho mas tus dibujos composiciones d siempre ya sean en el pc o los d siempre pero los collages estos alernativillos no los akbo d ver mucho (me dices q es uno q dibuha regular y bueno pero siendo tu) pero para el texto me gusta, o sea q no me convence del todo pero con el tema del texto si me parece adecuao.

el pseudosuicida es un teo q se te pira, uno está seguro d algo y lo lleva a cabo nunca necesitas a alguien si estás superconvencido asi q no sea tan papanatas.

ultima cuestión que lanzo al aire...

¿se quería suicidar?... podías invertirlo y hacer una segunda parte y que quiera matar al vecino o a su madre---
 
Comentario:
jeje.....en fin, muy bueno tanto el texto como la foto....interesante, me recuerda a algo xo no se a ke la verdad....;)........y esque ya lo dijo Savina (si no??)..."como un suicida sin vocación..[...]"

SALUDOS.
No