El genio de la lámpara
La lámpara soltó un chispazo. Parpadeó. Rápidamente quité el enchufe pero seguía parpadeando. No lo entendía. Tardó más de medio minuto en apagarse por completo aun que vaciló antes de fundirse.
La bombilla empezó a cambiar de color, empezó a ponerse violeta desafiando todas las leyes de la física. La saqué de su casquete con mucha facilidad ya que, inexplicablemente, no estaba caliente. Me la acerque a los ojos para identificar el turbio color que la inundaba. De repente aumentó de temperatura y una pequeña corriente eléctrica se me coló entre los dedos. Se me cayó al suelo y se rompió.
El color violeta que apareció en la bombilla era una especie de humo que luchaba por salir de su prisión. Al poco tiempo, el humo se desperdigaba por la habitación y ya me dificultaba la visión. No distinguía la pared del suelo, todo era igual, violeta.
Un sonido se unió a la desconcertante situación. Un sonido que vibraba, que crecía, un sonido violeta.
El sonido y la atmósfera se habían convertido en lo único que podía ver y escuchar. Ni yo mismo era visible a mis ojos. Mis manos, a pocos centímetros de mi cara, no existían. Mis pies ya dejaron de existir hace rato. Y solté un grito para comprobar que no me había extinguido. Mi voz también estaba anulada por el sonido vibrante y violeta. Convencido de mi no existencia me sentí muy sólo, ni siquiera tenía la compañía de mi voz, de mis pasos, de mis manos…
Un duro golpe me convenció de que no había desaparecido, me caí hacia atrás y me clavé una percha de metal. La herida era grande pero por lo menos no había desaparecido. Nunca me había alegrado de hacerme un daño tan agudo como aquella vez. Palpando el suelo y a gatas me acerque a una ventana que abrí con la mayor rapidez que pude. El sonido y la atmósfera violeta seguían prevaleciendo sobre todo lo demás.
La bombilla empezó a cambiar de color, empezó a ponerse violeta desafiando todas las leyes de la física. La saqué de su casquete con mucha facilidad ya que, inexplicablemente, no estaba caliente. Me la acerque a los ojos para identificar el turbio color que la inundaba. De repente aumentó de temperatura y una pequeña corriente eléctrica se me coló entre los dedos. Se me cayó al suelo y se rompió.
El color violeta que apareció en la bombilla era una especie de humo que luchaba por salir de su prisión. Al poco tiempo, el humo se desperdigaba por la habitación y ya me dificultaba la visión. No distinguía la pared del suelo, todo era igual, violeta.
Un sonido se unió a la desconcertante situación. Un sonido que vibraba, que crecía, un sonido violeta.
El sonido y la atmósfera se habían convertido en lo único que podía ver y escuchar. Ni yo mismo era visible a mis ojos. Mis manos, a pocos centímetros de mi cara, no existían. Mis pies ya dejaron de existir hace rato. Y solté un grito para comprobar que no me había extinguido. Mi voz también estaba anulada por el sonido vibrante y violeta. Convencido de mi no existencia me sentí muy sólo, ni siquiera tenía la compañía de mi voz, de mis pasos, de mis manos…
Un duro golpe me convenció de que no había desaparecido, me caí hacia atrás y me clavé una percha de metal. La herida era grande pero por lo menos no había desaparecido. Nunca me había alegrado de hacerme un daño tan agudo como aquella vez. Palpando el suelo y a gatas me acerque a una ventana que abrí con la mayor rapidez que pude. El sonido y la atmósfera violeta seguían prevaleciendo sobre todo lo demás.
Comentario:
Oye es que tienes mucho arte escribiendo eh??
Jajaja no sé ni como llegué aquí...
Solo felicitarte...yo estoy a punto de abrirme un Blog, pero tenog horror vacui!
Blogbalización...que miedo!
Ad.
Comentario:
yo tmb entro a este primero ;)
el violeta es un color embriagador, el color del perfume fuerte, de mujer....
sí sí, da que pensar
el violeta es un color embriagador, el color del perfume fuerte, de mujer....
sí sí, da que pensar
Comentario:
el link en el flog sigue trayendome aqui...
has vuelto?
me ha gustado el texto. da que pensar...
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