Balanza
No se bien como comenzar a escribir esto , no lo sé, quizá debería de comenzar hablándote de mí y de cómo me siento, quizá debería de comenzar haciendo una evaluación de la situación, quizá debería de decir como te percibo y ponerme en tu piel... quizá... no sé bien que debería de hacer.
No me siento bien, no me siento a gusto, de hecho cada día me siento peor. Imagino tus palabras “si estas así es porque quieres, porque yo te he dicho que no estoy preparada y tu has insistido” supongo que llevas razón, que en realidad es así. Al fin y al cabo esto lo estoy escribiendo desde el sofá de tu casa.
Me paro, me siento medito y pongo en una balanza tu buen hacer, tu cariño, tus atenciones, tus mimos,... y en otra pongo tus enfados, tu forma arisca, descortés e incluso borde conmigo, tu no querer ver, tu no querer tirar,.... y no sé que gana. Pero sé que lo principal no lo tengo, lo que más me gustaba de ti no lo tengo, me gustaba el poder ser libre contigo, libre de expresarme a mi manera, con mis actos, con mis palabras, con mis pequeñas locuras, con mis cuentos (esos que tantas veces has maldecido porque vivo en ellos) Eras mi mayor fuente de libertad del alma, pero no sé bien en que momento me impediste seguir haciéndolo, no sé si fue antes o después de nuestra fiesta de primavera o después de que mis palabras sean vanas para ti porque no son reales y son cursis... mis palabras... lo único que he amado por encima de todo, del bien del mal, de mi misma, del mundo... pero permití que se me cortase esa mano ¿qué no haría por que tú me amases? La respuesta a esta pregunta para mí es obvia, debería de ser nada, que me quisieras por mi misma. Quizá me equivoque como siempre, quizá... solo estaba asustada por perderte... sin darme cuenta que ha sido así por lo que no he llegado a ti. Para mí comienza a ser una realidad pasmosa el motivo por el que estas a mi lado: por como soy capaz de hacerte sentir, porque me vuelco en ti día y noche, no tienes limites en mí, día y noche, cansada o no, alegre o triste... siempre estoy para ti... aunque a veces te cabreo, no soy perfecta, sabes que puedes contar siempre conmigo. Pero no es a mí a quién quieres, a mi persona, seamos realistas, no soy yo a la que amas, es el sentimiento que te aporto el que te enamora por eso no llegas a mí, porque no me buscas por el camino que debieras, porque no me quieres por quién soy, porque no sabes quién soy.
No me siento bien, no me siento a gusto, de hecho cada día me siento peor. Imagino tus palabras “si estas así es porque quieres, porque yo te he dicho que no estoy preparada y tu has insistido” supongo que llevas razón, que en realidad es así. Al fin y al cabo esto lo estoy escribiendo desde el sofá de tu casa.
Me paro, me siento medito y pongo en una balanza tu buen hacer, tu cariño, tus atenciones, tus mimos,... y en otra pongo tus enfados, tu forma arisca, descortés e incluso borde conmigo, tu no querer ver, tu no querer tirar,.... y no sé que gana. Pero sé que lo principal no lo tengo, lo que más me gustaba de ti no lo tengo, me gustaba el poder ser libre contigo, libre de expresarme a mi manera, con mis actos, con mis palabras, con mis pequeñas locuras, con mis cuentos (esos que tantas veces has maldecido porque vivo en ellos) Eras mi mayor fuente de libertad del alma, pero no sé bien en que momento me impediste seguir haciéndolo, no sé si fue antes o después de nuestra fiesta de primavera o después de que mis palabras sean vanas para ti porque no son reales y son cursis... mis palabras... lo único que he amado por encima de todo, del bien del mal, de mi misma, del mundo... pero permití que se me cortase esa mano ¿qué no haría por que tú me amases? La respuesta a esta pregunta para mí es obvia, debería de ser nada, que me quisieras por mi misma. Quizá me equivoque como siempre, quizá... solo estaba asustada por perderte... sin darme cuenta que ha sido así por lo que no he llegado a ti. Para mí comienza a ser una realidad pasmosa el motivo por el que estas a mi lado: por como soy capaz de hacerte sentir, porque me vuelco en ti día y noche, no tienes limites en mí, día y noche, cansada o no, alegre o triste... siempre estoy para ti... aunque a veces te cabreo, no soy perfecta, sabes que puedes contar siempre conmigo. Pero no es a mí a quién quieres, a mi persona, seamos realistas, no soy yo a la que amas, es el sentimiento que te aporto el que te enamora por eso no llegas a mí, porque no me buscas por el camino que debieras, porque no me quieres por quién soy, porque no sabes quién soy.





