Así que nos vemos en http://encantadadeconocerme.blogspot.com/.
Estaré encantada de recibiros allí al mejor estilo Preysler, con bombones, pastitas inglesas, sandwiches de pepino, tes de colorines y musiquita chula.
Nos vemos¡¡
La exposición se titula: "La vida es una caricatura" y aquí va una muestra...
¿A cuántas cuadras dijo que estaba el oeste?
Ayy, ya casi me alcanzan
¿Y tu mamá a qué horas regresa?
Una de las cosas que más me gustan del Flaco Brito es su sencillez y su sentido del humor. Es un tipo tan accesible y divertido que todo el mundo lo adora. Tiene un instinto infalible para convertir en nuevo lo cotidiano y a través de su cámara aplica un ojo crítico y cargado de ironía que aún sin ánimo de ofender, cuestiona.
El Flaco presume de ser corriente y vulgar. Pero no lo es, mal que le pese, aunque se lo proponga fumando sus cigarritos de obrero pobre y bebiendo sus caguamas calientes. Aunque sepa que no sabe y no trate de disfrazar su ignorancia con frases de artista pretencioso. Aunque esté cómodo en todas partes sin estirar el meñique para tomar un té.
El Flaco no es corriente, no.
El Flaco es un dandy de arrabal. Y brilla como monedita de oro allá donde vaya, sin quererlo, sin darse cuenta. Deslumbrando.
Ahí va, caminando como lagartija inquieta el rey de la hueva que no para de trabajar. Ahí va, iluminando a todos con su sonrisilla. Cántate algo, Flaco, hazme soñar. Tú, que nada sabes, enséñame. Déjame ver por tus ojos, que el mundo se reinventa cuando tú miras.
Suerte, mi Flaco, ya vas a ver...
Por una de las calles que tomo para ir a casa (y por la acera que corresponde) paso por una escuela de actores. Es frecuente ver caras conocidas en la puerta, echándose su cigarrito. Hoy me ha tocado ver a un actor que tuvo su momento de fama gracias a una teleserie de adolescentes. En la serie, si mal no recuerdo, el muchacho hacía un papel de estudiante gay que no se atrevía a salir del armario. Estaba rodeado de chicos tan jóvenes como él, quizás más, y le escuchaban como si fuera un gurú. Cuando aún no estaba lo suficientemente cerca como para saber de qué estaban hablando, he imaginado -a fin de cuentas, se encontraban en la puerta de la escuela- que el "famoso" estaría explicando técnicas de interpretación, cómo librarse de los paparazzo o qué duros son los rodajes de las teleseries...
- Y entonces vas introduciendo un dedo, despacio, con cuidado, dilatando, y después otro, y así te lo trabajas hasta que esté preparado para follártelo.
Jo, algunos se quedan encasillados en el papel. Aunque parece que consiguió salir del armario. Y encima te da clases callejeras de preparación anal. Estuve a punto de sumarme al grupo pero todos eran chicos y mis glándulas mamarias enviaron un mensaje a mi cerebro de "no encajas ni con calzador".
Seguí caminando.
En la plaza había un chico con una camiseta de Manowar. Yo creía que estas cosas ya no pasaban.
Seguí caminando.
Mi calle está toda acordonada con cintas policiales y carteles prohibiendo aparcar en un montón de horas por rodaje. Hay camiones con rótulos de catering para rodajes cinematográficos justo donde pone prohibido aparcar. Operarios montando grupos electrógenos. Cables recorriendo las aceras con sus regletas y todo, no sea que los yonquis se nos tropiecen y nos demanden. Focos, pantallas reflectantes apiladas en la pared del convento y currelas hablando por radio con cara de mucha prisa.
Y ni una puta. Han echado a mis amigas porque hay un rodaje, y claro, estorban. Los que salen de misa y se arremolinan curiosos, no. A esos los dejan. Al chino que mira divertido el trajín de los del cine tampoco lo echan. Está trabajando, aunque esté en la puerta de su tienda. Pero a las putas no las dejan trabajar porque hay un rodaje. ¿Qué van a rodar?, ¿un spot de Gallardón diciendo que han "limpiado" el barrio?.
Yo creía que estas cosas ya no pasaban.
Igual y viene la Aguirre (o la cólera de Gallardón).
...
Voy a ver cuántos huevos tengo...
P.D.: Eso sí, el negro borracho que canta en modo bucle "Cucurrucucú Paloma", ahí está, como un campeón, haciendo caso omiso de todo el mundo. Dí que sí: RESISTANCE¡¡¡
Esa es mi pretensión con esta avaricia que practico desde hace unos días, semanas quizás, además, con una secreta esperanza: que apelando al pensamiento mágico que el indio practica, cambie el destino que a ambos nos aguarda como espada de Damocles fatal con fecha del 26 de septiembre.
Es curioso que el indio esté tan convencido que yo soy la reina del escepticismo, que me río de la magia y me burlo de coincidencias, azares, destinos, predicciones y sueños reveladores. El cree que yo no creo. Siempre me dice que no me cuenta algunas cosas para que no me ría. Pero está equivocado. Muy equivocado. No se puede amar México como yo lo hago y no creer en la magia, porque en México la magia forma parte de la vida cotidiana y quieras o no, te verás envuelto de una u otra forma.
Me han ocurrido demasiadas cosas para las que no tengo una explicación racional como para no creer. Y solamente cuando dejas atrás, mejor dicho, cuando prescindes de colocar delante de todo los filtros del raciocinio, de la explicación lógica, comienzas a comprender de forma total. Es como ver una escultura desde todos los ángulos posibles. Filtrando la información, reduces los planos de visión.
Pero él cree que yo no creo. Y nunca he sido capaz de explicarle que no es así. Tampoco me he esforzado mucho porque no tiene importancia. Si no creyera yo a cuento de qué iba a viajar siempre con una imagen de mi santo patrón de los maleantes, don Jesús Malverde. Si no creyera yo, no hubiera llevado como un tatuaje la pulsera que me regaló Ro hace cinco años por si me mataban en una balasera hasta entregarla, al fin, como manda a Malverde. Si no creyera yo, no hubieran ocurrido tantas cosas mágicas, maravillosas, mistéricas y siempre felices, estoy tan segura como de mi nombre. Y si alguno de ustedes duda, reto a cualquiera de los pequeños Descartes que hay por aquí a una buena pisteada explicativa de la que, me juego lo que quieran, salen la mar de convencidos (a huevo y por mis pistolas).
Es broma, obviamente. A fin de cuentas, se trata de una experiencia individual en la mayoría de los casos y me vale un pito lo que los demás piensen al respecto y la postura de cada cual.
Este comentario no es para que ustedes se manifiesten a favor o en contra de ingresarme en un psiquiátrico por loquita, que también pueden hacerlo si quieren, pero el objetivo no es crear debate sobre las creencias de cada quien porque me importa bastante poco todo eso, salvo en el caso de los católicos por los que siento una malsana curiosidad...
Mi objetivo es un ejercicio de pensamiento mágico. Nombrando la fecha del cambio, del fin, quizás consiga conjurar a las hadas buenas, a Malverde, al diablo, a los trolls, a los enanos verdes, a quién chingados quiera intervenir y reviertan el proceso que especialmente yo, no quiero que ocurra.
Veremos qué pasa...

100:100
Camilo llevó en el apellido la esencia de su vida. Cien fuegos.
Cien veces Camilo. Cien batallas. Una Revolución. Por eso la leyenda sigue.
Por eso el fuego no se extingue, porque bien lo dijo el poeta. Un muerto nunca descansa cuando es un muerto lleno de vida.
Cienfuegos vence a las cenizas. Aunque ni Furor ni el History Channel
le hayan hecho justicia. Aunque pocos hablen de él. Aunque pocos sepan que en 1956 figuró entre los 82 combatientes que desembarcaron del yate Granma en las costas cubanas para iniciar la lucha armada en la Sierra Maestra.
Porque Camilo fue tan revolucionario como Fidel y tan sonriente
como el Ché. Con tan espesas barbas como los demás.
Tan profeta y tan Cristo y tan guerrillero.
Hay un blues de jinetes del cuarto mundo que lo recuerda.
Que recuerda al rebelde redentor. A Cienfuegos el de las cien batallas.
Al héroe que murió a tiempo. Misterioso. Con buen tiempo y poca nubosidad.
Piel Mortero le hace justicia a Camilo. Le compone una canción para
escuchar bajo el árbol. Hace con Camilo un pacto justo. Justo ahí,
donde el bien y el mal toman por sorpresa a quien los escucha.
Igual que el 28 de Octubre la muerte tomó por sorpresa al revolucionario.
A ese que movió al mundo. A ese por el que cada aniversario, existe en el mar la primavera.
Y por no quedarse atrás, los Morteros mueven la marea con su música.
Hacen honor a su nombre y le disparan a la piel con sus letras
como proyectiles explosivos. Cien explosivos. Cien fuegos.
Cien veces Camilo.
Carolina Hernández Solis
Reynosa, Tamaulipas
Periodista:
Reforma
Noroeste
Record
El Mañana
****************************
PIEL MORTERO
"CIENFUEGOS"
Info & Avances | www.myspace.com/pielmortero
Entre tiendas de chinos y sexshops, las muchachas se recuestan en las paredes esperando a sus clientes, a sus "amigos", como algunas los llaman, encaramadas sobre sus tacones vertiginosos de charoles y purpurinas, como si quisieran alejarse del suelo lo más posible y volar lejos. Pero están ancladas a la tierra de una forma dolorosamente cabrona, repitiendo el ritual del vestuario y los afeites cada día, las sonrisas amables, acogedoras y el tiempo contando pa´tras.
Las hay históricas, como la Pili, que lleva cuarenta años de carrera. Tres uniformes de trabajo, siempre idénticos, que ella misma confecciona y que la permiten lucir sus tetas un tanto ajadas a través de un top de croché muy calado que no deja nada a la imaginación. Junto con su peluca ye-yé y sus kilos de pintura sobre la cara socarrona son sus señas de identidad que la han valido hasta una aparición estelar en un vídeoclip de un cantante internacional. La Pili es de las que se deja entrevistar cuando llega la tele al barrio y todas huyen despavoridas ante la perspectiva de ser descubiertas en sus países de origen. Pero es que la Pili es de las pocas vocacionales que hay haciendo la carrera. Y a ella la lleva al trabajo su marido en un flamante Mercedes. Y gracias a su dedicación, la Pili ha dado carrera universitaria a sus tres hijos, y bien orgullosa que está de ello.
También está Alicia. Alicia es una brasileña inmensa que debe rondar los cientocincuenta kilos, negra chocolate, alcohólica y lesbiana. Es fácil verla en la mañana con su brick de vino baratón ya ebria. Pero es una borracha con mucha dignidad: yo nunca la he visto mal, aguanta los machos y los vapores etílicos como reina del cacao, orgullosa con los hombres y amable con las mujeres. Me dice que los hombres le dan asco pero que son tan imbéciles que la pagan por follar, pues ganar dinero con la estupidez ajena es una oportunidad que no va a dejar escapar.
- Ay, cariño, los negros me dan asco.. yo con negros no voy, no señor...
- Pero si tú eres negra, Alicia...
- Pero los negros no me gustan, y en mi coño mando mando yo.
- Dí que sí, tienes razón... te me cuidas, eh?
- Cuídame tú, mi niña, cúando te vas a venir conmigo? Porque yo a tu novio le cobro, pero a tí no, que lo sepas, a tí no...
Siempre me abraza con su enorme cuerpo y me siento delgada y pálida a su lado. Sigo caminando con mi bolsa del pan, deteniéndome a saludar, ahora a Daisy. Daisy tiene dos nombres: con el que la bautizaron y el de guerra. Probablemente Alicia no se llame Alicia, pero Daisy quiso confiarme su nombre real, quién sabe porqué. Es ecuatoriana y guapa, menuda, treintañera, luce una melena que cuida con esmero en peluquerías que la cobran un ojo de la cara por saber su oficio y abusar de ello. Conversamos de sus hijos, de los papeleos para traerlos, de la familia de allá que no para de pedirle dinero, de que no saben cómo se gana la vida, de que quiere cambiar de vida y persigue promesas de amigos que nunca se acaban de cumplir. Daisy siempre me dice que el indio me quiere de verdad porque nunca le ha visto con ninguna de las chicas, y que ella nunca se iría con él por amistad conmigo. Me parece conmovedora. Pero me río.
- No seas tonta, si te paga, vete con él, es tu trabajo y él es una buena persona.
- Estás bromeando, ¿verdad?, pregunta ella.
- Claro, tonta.
Y nos abrazamos con cariño sincero.
- Cuídate ese resfriado, me dice.
Y subo a casa pensando que mi barrio mola.
Efectivamente, este es un temor al que nos enfrentamos todos los que, en algún momento, reflexionamos aquí, en esta íntima exhibición, en la absurda creencia que sólo nos leerán los amiguitos, los extraños, los neozelandeses, tu vecino del quinto, cualquiera menos "aquel" porque "aquel" supone o puede suponer un peligro para tí al estar enterado de ciertos detalles de lo que tú, de forma ilusoria, crees que es tu privacidad.
Uno escribe en este medio creyendo que es anónimo, creyendo que aunque le facilite el link a sus colegas, no caerá en malas manos. Uno cree, ingenuamente, que está a salvo de ojos hostiles, peligrosos, indiscretos. Uno tiende a minimizar el poder de internet. Y a olvidar que vivimos en un mundo globalizado, al alcance de la mano a golpe de ratón. Pero deberíamos ser conscientes que cuando relatamos en nuestra bitácora una infidelidad, un engaño, un amor vergonzante, una tendencia sexual, una crítica al gobierno, a la comunidad de vecinos, al jefe, a tu madre, poco menos que lo estamos contando al mundo provistos de un megáfono. Y alguien lo va a escuchar. Y a veces, casualidades de la vida, ese alguien puede ser el interesado/agredido/afortunado.
He leído en varias ocasiones, muchos de vosotros lo sabeis, lo habeis sufrido, que algunos blogueros cierran el blog al sentirse "pillados". La mayor parte de las veces, suele tener que ver con asuntos del corazón en todas sus modalidades. Parece que los sentimientos amorosos volcados en un diario virtual son los reyes de la blogosfera en lo que a este tipo de reacciones se refiere. Y es natural que uno se sienta especialmente vulnerable ante la intromisión ilícita de uno que no estaba invitado a la fiesta. Como cuando éramos pequeños y nuestra hermano/madre/primo leía nuestro diario que guardábamos bajo el colchón. El ataque de pánico estaba asegurado. Y el consiguiente cabreo por la violación de intimidad que suponía. Esa sensación de sentirte desnudo, expuesto, sujeto de análisis, es terrible y resulta comprensible que muchos opten por abandonar ante la perspectiva de que alguien deliberadamente no elegido obtenga información sensible sobre uno. Información, además, no diseñada para ese receptor, por lo tanto sesgada y susceptible de ser malinterpretada y mal utilizada.
El problema, y todos los que estamos aquí lo sabemos, o al menos deberíamos, es que escribir en internet es hacerlo público sin restricciones. No podemos elegir a nuestros lectores. Y esto, que en principio lo sabemos, parece que lo olvidamos cuando un día perdemos el miedo a contar, a fabular, a desahogarnos y nos encontramos a quien no queremos en nuestro rincón secreto. No podemos evitarlo. No podemos darle la llave a unos sí y a otros no. Porque para eso está el teléfono, los mails u otros medios. Si tenemos una bitácora abierta en internet, tenemos que afrontar que pueden llegar visitas indeseadas, que pueden leer lo que no quisiéramos que supieran nunca, que puede tener consecuencias.
Cuando abrí este blog, mi primer post era un lacrimógeno y dramático análisis de mi anterior relación sentimental, de la que ya se vislumbraba su patético final. Era diciembre de 2004. Como podeis comprobar pinchando en el enlace de esa fecha, no hay nada. Lo borré. Me censuré a mi misma porque no me gustaba esa imagen de mí, abatida, derrotada y desesperanzada. Los meses que median entre ese primer post borrado y el siguiente publicado corresponden a mi reconstrucción. Y ese proceso queda para mi intimidad, que comparto con los que yo quiero, y no es analizable ni se puede comentar porque es privado. Nunca he sido mujer que guste de exhibir sus penas en público. Tengo un curioso y extraño sentido del pudor que me permite detallar un encuentro sexual casual pero me impide mostrar mi dolor en bruto: esto significa que cuando las cosas van realmente mal, me encierro en mi misma hasta que lo analizo, rumio, comprendo y no salgo de mi caparazón hasta que no he encontrado una solución que pasa, indefectiblemente, por el filtro del humor, aunque sea negro.
Los que me conoceis, sabeis que me gusta reir, de mí misma la primera. Casi todos mis post tienen en mayor o menor medida una sonrisa impresa. Lo que no significa que no sufra, llore o me desespere como cualquiera. Tengo tantos problemas como me caben en mi magnánimo cuerpo. Pero es más fuerte mi instinto de supervivencia que mi autocompasión. Del victimismo me aparto como de la peste pues demasiado se que nubla las entendederas. Y he leído que los optimistas viven más y mejor: siempre invento un plan B para los malos tiempos.
Todo este rollo, que parece que me disperso, es para decir que esta es mi bitácora. Escribo lo que quiero. Y pienso seguir haciéndolo. Me gusta mi vida, me gusta cómo soy, me siento muy orgullosa de mí misma con todo y defectos. Y a esa persona que me ha "descubierto" le digo: pasa, adelante, ponte cómodo. Lee. Igual y aprendes algo. Soy responsable de lo que escribo y no tengo miedo a lo que puedas hacer con lo que lees. Nunca te tuve miedo y tú lo sabes, esa es tu cruz. Mi mundo, al contrario que el tuyo, es enorme y cabes hasta tú. Al final, eres demasiado pequeño para que estorbes.
Y a todos vosotros, queridos míos, tened la mínima prudencia si no quereis tener invitados sorpresa que lamentar. Afortunadamente para mí, no tengo nada en mi vida que ocultar y cuento con el apoyo y el respeto de la gente a la que quiero y eso es lo único que importa verdaderamente. Y pienso seguir diciendo lo que pienso mientras me río de dios y del diablo...
P.D.: Para los curiosos, no, no se trata de ningún ex resentido.
malverde.pdf
Qué buena idea, pensé. Además de indio, funcionario. El chollo del siglo, vaya. Pues al día siguiente entré en la página de RTVE y eché un vistazo. Mira tú por dónde, allí había ofertas de empleo público para todo tipo de cualificaciones. Y me entró la ambición, claro. Me leí las bases con atención (y no como hago siempre que leo palabra sí, palabra no, hasta frases me salto) y ví que yo, yo misma, podría optar a algo. En lugar de mirar de lo mío, me hice la gran pregunta: a ver, tú, ¿qué chingados quieres hacer?... y me respondí: pues yo nada, pero como siguen sin pagar por la inactividad, a mi me gusta producción y vestuario.
Así que me inscribí en las dos categorías elegidas (y no me apunté como locutora porque no podía que si no, también) y me senté a esperar la fecha de los exámenes. El indio también se apuntó, y mucha gente que conozco, casi todos para informador e imagen. Cuando les decía que yo también me presentaba, poco menos que se aguantaban la risa.
- ¿Y tú de qué?
- Pues en producción y en vestuario...
- ¿¿¿¿????...tú?
- Coño, qué pasa... a mí me gusta...
Se reían y me tomaban por loca. Claro, como yo no soy reportera ni camarógrafa ni fotógrafa de prensa ni escenógrafa ni nada interesante, me toman por intrusa e ilusa. ¿Es que acaso una no puede cambiar su destino?, hombre, denme una oportunidad...
Salieron los temarios. Mejor dicho, el guión del temario. Digo yo que lo hacen para ponerte nervioso, porque te dan aquel escueto esquema y búscate la vida. En el del producción, que era el que más risa me daba había temas como transmisión de señal y comunicaciones, para que os hagais una idea... Aquí habrá mucha gente de los medios, periodistas y demás elementos, pero yo no tengo nada que ver más que por contagio social. A mí lo de transmisión de señal y comunicaciones lo que me sugiere es la antena de mi tele y que me comunico por teléfono en sus diversas modalidades, a saber, fijo y móvil, por correo electrónico y por fax. Ah, y en persona. Párale de contar. En el capítulo documentación internacional para traslado de equipos técnicos y humanos pues está clarísimo: el DNI si es nacional, el pasaporte si es fuera de la comunidad europea y maletas para llevar los trastos. En sonido: captación y tratamiento pues por los pabellones auditivos, sean humanos o animales, y se trata como se puede, dependiendo de la sordera de cada quien. En el caso de mi madre, que está teniente, se trata mal si no se recurre al grito, porque no le da la gana de ponerse un sonotone.
Así, más o menos con todo el temario iba yo. Bueno, con el guión del temario. Porque total, si no entendía ni madres de lo que me iba a examinar, para qué perder el tiempo buscando documentación y encima estudiármela, si me quedaba una semana y conociéndome igual y me gustaba y me hacía antenista u operadora de cámara o algo así raro. No, paso. A la aventura. Con alegría y desconocimiento y más valor que el guerra. La juana de arco de las oposiciones era yo.
Lo bueno que tiene la ignorancia asumida es que te da paz. Y yo iba la mar de tranquila al examen. Cuando llegué al lugar escogido, en la Casa de Campo, con un sol de justicia a las 4 de la tarde y más de mil personas jóvenes y preparadas sufriendo con los repasos de última hora, pensé en dejarlo e irme a la piscina de Lago, que estaba al lado. Pero luego me acordé que ni llevaba un euro en el bolsillo y lo de colarme en la piscina no lo veía muy claro, encima sin bañador ni pamela ni nada. Me senté un unas escaleras a la sombra que estaban abarrotadas y marqué a mi hermana, procurando hablar bajito para no molestar a los que estudiaban. Y por verguenza, todo hay que decirlo.
- Hola, qué haces?
- Tomar el sol, y tú?
Ya empezamos con las preguntitas comprometidas.
- Mmm.. estoooo... nada, que vengo a examinarme de una oposición...
- Ah sí? no me habías dicho nada, de qué?
- De RTVE...
- pero de qué?
- Producción...
Carcajadas de mi hermana. Yo poniéndome roja.
- Pero qué pintas tú ahí?
Eso digo yo. Con cuarenta grados a la sombra, rodeada de pipiolos recién licenciados, sin tener ni puta idea de qué va el temario ese de antenistas sordos.. qué demonios hago yo aquí, si lo único que voy a responder es mi nombre y hasta me están entrando dudas que lo pueda hacer bien....
Pero ya había llegado hasta ahí y tenía que amortizar el viaje. Así que entré con la esperanza que hubiera aire acondicionado. Cuando menos, refrescarme un poco. Me sentaron en una mesa individual convenientemente separada y equidistante de mis "adversarios " y allí todos quietecitos y sin rechistar ante la atenta mirada de los observadores, como si estuviéramos en el cole en suficiencia. Viendo las caras de los demás, mordiendo lapiceros, nerviosos, angustiados, yo me relajé. Total, si solo iba a experimentar una oposición. Sólo me preocupé de enterarme cómo entregar mi hoja y por dónde salir, porque estaba convencida de que iba a desalojar la primera.
Repartieron las hojas de respuesta, los cuestionarios e hicieron los comentarios pertinentes. Por aquello de aprovechar el aire acondicionado, me leí el cuestionario. Vaya, pues esto me lo se. Anda, esto me suena. Total, que me entró la emoción y empecé a contestar. Entre las dos o tres que eran de cultura general, otras tantas que le había escuchado a Bruno entre vapores de cerveza y el viejo método del pito-pito-gorgorito, respondí bien a 36 preguntas de 90. Teniendo en cuenta que en varias preguntas salía una tal Dolly, que según parece es un tipo de cámara, pero en aquellos momentos yo me preguntaba qué perra tenían los de la tele con la extinta y clónica oveja Dolly, no está tan mal. La negra me apuntó que también podía tratarse de Dolly Parton, pero al no ser un valor patrio, no lo manejé como posibilidad.
También salía un cangrejo satcher y una jirafa de carbono. Son un poco zoofílicos los de la tele. Y yo no veo ni los documentales de la 2.
Entre la Dolly y el cangrejo, casi agoté el tiempo. Salí diez minutos antes de que acabara la prueba y nos echaran a patadas de allí. Mucha gente salió antes que yo. Habrían estudiado mucho y habrían contestado todo bien o... eran aún peores que yo. Sólo diré que mi puntuación fue toda una sorpresa y que hay muchos por detras de mí, lo que me ha creado unas ansias de hacer oposiciones que creo que he encontrado mi verdadera vocación.
Y puede que llegados hasta aquí, os pregunteis... ¿y el examen de vestuario?...
Pues, queridos amiguitos, el de vestuario, salvo que me haya equivocado al leer las bases (que soy capaz) LO APROBE... Para que luego digan que leer el Vogue no sirve para nada.
Ahora estoy pensando presentarme a alguna oposición de telecomunicaciones o aeronáuticos... quién dijo miedo...
P.D.: Mi madre ha recuperado momentáneamente la fe en mí. Esto caducará cuando tenga que pasar a la segunda fase y me hagan vestir a un maniquí de romana y yo la vista de mariachi. Entonces todo volverá a la normalidad y dejarán de mirarme mal todos los que se presentaron a las pruebas siendo profesionales y/ habiendo estudiado. No como yo, la usurpadora. con más suerte que si fuera buena.
Una secretaria cincuentona, poco atractiva y bastante gris, trabaja en una empresa (pongamos una constructora), rodeada de compañeras más jóvenes y guapas. Sus colegas tienen parejas, maridos, hijos, novios, amantes, amigos... vida social en definitiva, mientras que ella, solitaria y hosca, no sale apenas de casa. Las secretarias amiguitas comparten cafés y cotilleos en los que nuestra protagonista no participa, manteniéndose al margen y alimentando su imagen de rara, amargada y solitaria.
Pero un día, nuestra heroína (llamémosla María), se acerca al grupito y se decide a tomar un café con ellas. Entre risas y críticas a los hombres, una se anima a preguntar a María si tiene en su vida a alguien especial.
- Bueno... responde temblorosa María... el caso es que sí hay alguien...
Todas centran su atención en María, tan extraña y misteriosa, nunca hubieran pensado que ella...
- Ayer recibí una carta de Paul...
- Paul? y quién es Paul?, preguntan ansiosas...
- Pues Paul es un pretendiente... es actor, sabeis? de Hollywood.. es muy famoso... y está rodando ahora mismo, por eso no puede venir a verme. Pero está loco por mí... mirad, me lo dice en esta carta....
Y de su bolso pasado de moda extrae un sobre manoseado del que saca una carta manuscrita que lee en voz alta para el sorprendido auditorio. Es una carta de amor, llena de imágenes poéticas y versitos cursis, facilones, en los que declara su rendido amor a María una y otra vez.
Las chicas se miran entre sí. María está absorta leyendo su carta y no presta atención a las miradas de incredulidad de las muchachas. Cuando termina la lectura, guarda su carta plegándola con sumo cuidado y se retira orgullosa y sonriente.
Un par de semanas más tarde, María repite la operación. Se acerca a la sala del café y anuncia que ha recibido una nueva carta.
- Paul te ha vuelto a escibir?
- No... sonríe María... no es de Paul... esta es de Robert...
- Y quién es Robert?, preguntan...
- Pues Robert también es actor. Trabaja en Hollywood, como Paul. De hecho, han rodado películas juntos... es muy famoso, y rico, y el hombre más guapo del mundo...
Las chicas hacen gestos indicando que María está loca, pero la curiosidad las puede y le piden a María que lea su carta. María saca la carta del bolso y comienza a leerla. Las muchachas observan el papel. La letra. Las rimas. Las imágenes poéticas. Y se miran unas a otras contándose con los ojos el triste descubrimiento. Es una carta igual a la anterior. Paul? Paul Newman? Robert? Robert Redford?... y mañana quién será? Clark Gable? qué importa que esté muerto si para María es otro de sus pretendientes que la escriben cartas de amor en castellano con la misma caligrafía, con el mismo tipo de papel, con la misma pluma...
María termina de leer y de nuevo, con una sonrisa victoriosa, se retira a su mesa oscura y triste, como ella, desde la que sueña con amores de película que se materializan en cartas que recibe en su casa semanalmente. María cree que sus amores son de altura, de nivel, no como los de las chicas, tan vulgares, tan españoles, tan corrientes. Ella es pretendida por actores de Hollywood nada menos¡¡¡.
Cuando María llega a casa, tras cenar frugalmente en platos de duralex, recoge la mesa y coloca con mimo hojas de papel, una pluma, sobre y sellos. Abre una de sus novelas de Corín Tellado y copia las cartas de amor, dirigiéndoselas a sí misma. Donde pone "tu hermosa cabellera negra" ella rectifica "tu hermosa cabellera plateada". Y así acomoda las metáforas a su medida. Después escoge quién será el afortunado que se las escribe entre las viejas páginas de una revista de cine de su madre. Pliega la carta, la mete en el sobre, lo cierra, pega el sello, y escribe en el remite: Paul Newman, Hollywood. Y lo deposita en un buzón de correos. Así, semana tras semana.
Es una triste historia, verdad?, pues lean esta noticia... y díganme qué les parece...
Desenmascaran al presidente que alababa a su empresa bajo pseudónimo
AFP - lunes, 16 de julio
NUEVA YORK (AFP) - "Me encanta el corte de pelo de Mackey, lo encuentro mono": bajo un pseudónimo, el presidente-director general de la cadena texana de productos 'bio' Whole Foods, John Mackey, ha enviado durante ocho años por internet comentarios entusiastas sobre su grupo, sus acciones en Bolsa... y sobre sí mismo.
Según la prensa estadounidense de este lunes, la SEC, el regulador bursátil americano, finalmente ha decidido abrir una investigación informal sobre esta práctica al margen de la legalidad. Mackey, sin brindar informaciones confidenciales, elogiaba a su grupo y vilipendiaba a la competencia. La emprendió sobre todo contra el grupo Wild Oats, que Whole Foods decidió comprar precisamente a principios de año por 565 millones de dólares (409 millones de euros).
El asunto fue descubierto la semana pasado por la FTC (Federal Trade Commission -Comisión Federal de Comercio-), la autoridad estadounidense de la competencia, que lanzó una acción contra la fusión Whole Foods-Wild Oats. La FTC cita en un documento un mensaje de John Mackey bajo el pseudónimo 'Rahodeb' -un anagrama del nombre de su esposa, Deborah- señalando que el presidente-director general enviaba mensajes a los foros desde hace años.
Indignado, Mackey respondió en el blog de la empresa que fundó en 1980 justificando sus años de 'blogging' anónimo, entre 1999 y 2006. La FTC "quiere ponerme en un aprieto a mí y a mi grupo desvelando mi identidad". "He enviado mensajes en Yahoo! bajo pseudónimo porque me divierte, mucha gente manda mensajes bajo pseudónimo", se defiende. "Nunca he querido que estos mensajes se identificaran conmigo", añade este hombre hecho a sí mismo, de 53 años, convertido en el hazmerreír de la prensa estadounidense.
"Las opiniones defendidas por 'Rahodeb' reflejaban unas veces lo que yo creo y otras veces no. A veces jugaba justo a abogado del diablo, por el placer de discutir", argumenta en un mensaje en la Red.
En estas llegaron a la mesa de enfrente dos mujeres bien entraditas en años, en carnes y en pintura. Se desparramaron sobre las sillas de aluminio y ordenaron cervezas. Una, especialmente, me llamó la atención. Tenía, en lo que algún día debió ser el cabello, una maraña seca, frita, estropajosa de "pelo" de color indefinido merced a años de tintes caseros aplicados sin compasión (y sin una miserable mascarilla), rizado modalidad electrocución y pintura cuarteada en los ojos desde los años sesenta con sus churretes en los lacrimales, como tiene que ser. Cara doble ancho reseca, a juego con su pelo, y con un leve tono violáceo cuyo máximo esplendor lo alcanzaba a la altura de los inexistentes tobillos, convertidos en sendas bolas de grasa amoratadas-nazareno. Su voz, en perfecta coordinación con el resto, estaba rota, rajada, quemada, de lo que supuse fueron muchos años de dedicación al alcohol y el tabaco. Me imaginé que tenía varices esofágicas del tamaño de cirios pascuales.
Su amiga no le andaba a la zaga, pero digamos que llevaba unos cuantos años de "retraso". O se había aplicado dos mascarillas extra y un par de orujos menos, no lo se.
El caso es que toda la terraza estaba tan ricamente, allí sentaditos, disfrutando de la tarde y de las gracietas del pequeño mounstruito que encandilaba a todos, cuando se apareció la tercera amiga. Tercera amiga, muy en sintonía estética con las otras dos (dios las cría y ellas se arrejuntan), saluda sin soltar el cigarrito de los labios, con parsimonia, mientras acerca una silla donde encajar su culazo.
- Holaaaaaaa... (nótese que esto de alargar la vocal última es muy de "perdón, acabo de llegar y soy la última" pero en rollo barrio).
- Hola, dice la tía -espeta pelofrito- mírala, como si nada, tan tranquila...
- Tengamos la fiesta en paz -dice amigados conciliadora-, que ya ve venir la tormenta.
- Qué hola ni qué niño muerto, yo a esta tía no la quiero ni ver...
Pelofrito se agarra a su bolso abrazándolo contra su vientre inmenso, visiblemente cabreada.
- Pero a esta qué le pasa?, pregunta amigados con un falso tono de ingenuidad de yo pasaba por aquí y mira con lo que me encuentro.
- Que qué pasa? que qué pasa? Pues pasa que ERES UNA HIJA DE PUTA, eso pasa.
Pelofrito se empieza a poner a juego con el color de sus tobillos. Y está dejando el bolso planito-planito de tanto estrujarlo.
La tríada infernal consigue atraer las miradas de todas las mesas, sorprendidas del cariz que está tomando la conversación. Y por los gritos, claro, porque Pelofrito es de esas personas que creen que elevando la voz, convencen mejor.
Tercera amiga, por un extraño mecanismo de equilibrio, no eleva la voz (y lo que se lo agradecimos los demás), pide un güisqui con el cigarro prendido en la boca, y sigue haciéndose la que no entiende.
- Pues chica, yo es que no entiendo porqué te pones así... pero yo que te he hecho?.
¿Os acordais de Anacleto agente secreto?, pues tercera amiga igualito, con el cigarrito pegado al labio inferior como con superglue... qué habilidad, pardiez¡¡
- Pero qué poca vergüenza tienes, hija... después del plantón que nos diste el miércoles... una hora allí esperando y tú sin aparecer... qué hija de puta... qué poca vergüenza... qué hija de puta...
Y Pelofrito entró en modo bucle. Entre los insultos que le dedicaba a su "amiga" y los gritos, yo empecé a asustarme. A mí los gritos y los insultos me sacan mucho de onda. Independientemente de los motivos (nimios, a mi modo de ver) que llevaron a Pelofrito a volverse una energúmena vergonzante, a mí me tenía sumamente intrigada el motivo por el cual tercera amiga no se iba, abochornada por el espectáculo, por su pecado, o por un ataque de respeto a sí misma. Pero no. La tía allí sentada, aguantando estóicamente la locura de Pelofrito, siendo blanco de todas las miradas y dejando su dignidad a buen recaudo lejos de allí. La bronca duró, cuando menos, una hora larga. Mi amiga y yo nos fuimos y continuaban a grito pelado una, con calma y cigarro pegado la otra.
Atónita me quedé, de veras, atónita. Cómo se puede tratar a alguien así? Y lo que es peor, cómo se consiente?. Porque uno no puede evitar que otro chille. Pero si puede irse de allí y manifestar su rechazo ante ese tipo de comportamiento.
Una vez, hablando con una amiga que me contaba sus broncas con su ex, me relató encuentros similares, con objetos volantes, insultos, gritos, portazos y demás. Cuando me preguntó si es que acaso yo no había peleado en esos términos nunca, la respondí un tajante NO. Y es que no me veo, yo no valgo, no puedo, me superan los gritos y los insultos. Ni lo hago, ni consiento que me lo hagan. Eso no quita para que, a veces, las discusiones sean violentas por el contenido, pero no en las formas, desde luego que no.
Soy una cobarde, lo reconozco, y me gustan demasiado mis vajillas para que se convierta en mosaico. Soy mala para chillar. Yo señalo y pongo cara de susto pero de mi garganta no sale ni un sólo sonido. Si me levantan la voz, yo la bajo. Si me insultan, me doy la vuelta y me largo sin mediar palabra. Si me acosan, desaparezco. Y, desde luego, evito a toda costa alargar innecesariamente una discusión que no va a terminar porque una de las partes entra en bucle y se niega a llegar a un punto concreto, bien sea negociación, cesión, victoria o ruptura. Qué pereza, por dios... con el día tan bonito qué hace...
Hay gente que disfruta peleando, lo se. Hay gente que se regodea en el insulto y el berrido y hasta son maestros en la disciplina de arrojar objetos al otro. Hay gente que, supongo, ante una buena discusión se excitan, liberan adrenalina, hacen ejercicio y templan la garganta... les hace sentir bien, en forma. Yo no creo que las discusiones sean la sal de la vida. Y luego te dicen esa barata excusa de "y lo buenas que son la reconciliaciones", poniendo ojitos... Pues será, señores, será... pero yo como que paso de las reconciliaciones con ojo morado y afónica, que soy impresionable y sensible en demasía.
Creo que discutir es sano y hasta necesario. El problema son las formas. Y hay maneras y maneras, como en todo. La regla, yo creo, es sencilla. ¿Cómo quieres ser tratado? Pues así debes comportarte tú.
A mí me hablan bajito, por favor... que me asusto.
La gran Jenni (sí, con i) Rivera nos ofrece en su vídeorola una parábola, una enseñanza impagable, toda una filosofía que resume en unas frasecillas el porqué alguna preferimos estar en el lado oscuro... les recomiendo que lean atentos y luego vean el vídeo pa´que agarren bien el quid de la cuestión...
La buena de Jenni está una mañana en su casita (que apuesto está decorada en elegantes tonos melocotón) como tal cosa y recibe una llamada. La Jenni atiende el teléfono y mira tú quién es... la legal. Atención a los primeros planos: no ver sin haber desayunado so pena que te de una lipotimia. La Jenni no está fermosa, no, es que lleva mucho maquillaje. Esas cejas delineadas con rotulador, esos labios morcillones rebosantes de titanlux de oferta... y qué me decís de su cabello?? se ha hecho trencitas con el espumillón navideño¡¡¡ y del dorado, que es el caro... que no se diga que la Jenni no recicla... Pero nuestra heroína es un modelo de elegancia y saber estar al lado de la legal. Coño, qué mal gusto y qué patética llamar a la amante (nuestra chica) para informarla de su próxima boda con su amorcito. Esto está feo, sí, pero hacerlo con el aparato de los dientes puesto... hombre, ahí ya sí que no tiene perdón de dios. En un momento así, la legal se tiene que vestir, peinar, perfumar y quitarse el puto aparato de los dientes para hacer esa llamada liberadora.
Pero se ve que la legal no tiene experiencia -igual y es hasta virgen y todo, no me extrañaría viendo cómo se aplica la sombra de ojos- y la pobre hace el ridículo ante una mujer bragada como nuestra Jenni, que la pone en su sitio en dos segundos.
Y que suene la música... qué me dicen de ese plano con el cotizado tipo besuqueando el cuellotoro de nuestra heroína? qué se puede decir de ese pijama azul celeste galáctico comprado en los chinos de hermosillo en rebajas? pero lo mejor de todo... sí, efectivamente, EL COLGANTE BITCH. Me lo pido. Pasado mañana es mi cumple, muchachos, queridos, amantes y examantes a los que un día atormenté. Sean decentes y cómprenme ese puto colgante sin el cual creo que ya no podré vivir. Es el musthave de toda buena amante que se precie. Qué tonterías son esas del triple anillo cartier, cuáles solitarios de Carrera&Carrera... El Colgante Bitch es lo máximo. No ven a la Jenni lo contenta que está?. Tú te pones el colgante ese y te aseguro que te vale madre que te llame la legal tratando de quitarte de enmedio. Te descojonas, directamente, y en su cara. Tú llevas Bitch colgado del cuello y dices "porque yo lo valgo" y te quedas tan ancha. Y si encima la legal lleva aparato en los dientes.. pues no te diga nada.
Nota para las legales del mundo: Si tu padre ha amenazado de muerte al escurridizo de tu novio y por fín se ha decidido a casarse contigo, y tú, muy ufana, te creces y llamas a "la otra", más vale que te asegures antes de:
- Que la otra no lleve un peinado afro aderezado con espumillón dorado, no sea que se le electrice y te de calambre a través del teléfono (que eso pasa más a menudo de lo que os creeis).
- Que la otra no lleve al cuello colgado BITCH, porque eso se lleva a gala y conlleva acciones poco simpáticas para la legal.
- Que no se llame Jenni Rivera, que te dedica una canción y la cuelga en yutub, para escarnio de tí y los tuyos que nunca querrán reconocer que formas parte de la familia, porque hay que ser imbécil para desafiar a la Jenni.
- Y que no se llame Tribeca, que escribo sobre tí y te hago famosa pero no por guapa...
En realidad, ninguna legal del mundo debería llamar jamás a la otra, pero hay mucha imbécil suelta que ve culebrones y se los cree. A ver si aprendemos, nenas, que si tu queridito tiene una amante, porque tú la llames, no se va a acabar el cuento. Se va a reir de tí, va a avanzar posiciones por pura diversión y se va volver más presente, cuando antes estaba bien tranquila ella en su casa sin molestar. Y si tu novio-marido tiene una amante, una de tres, o dejas al cobarde, o le reconquistas, o te aprovechas de la situación y le sacas la pasta y te echas tú otro, pero tratar de convencer o peor aún amezanar a una Jenni... chica, mejor huye...No seas patética, mujer. En momentos así es cuando hay que demostrar elegancia y queridas mías, no es elegante llamar a la otra si no es para invitarla a tomar el té (sin dobleces y sin venenos, conste). Jamás hay que perder los papeles, pero menos aún mal maquillada y con ortodoncia.
Mira bien lo que te dice la Jenni, querida socia, y toma nota...
¿Que te quieres casar con él? Todo tuyo, hija, tú le lavas la ropa... pero yo se la quito.
Pringada.

Iba caminando por la calle anteayer cuando decidí saludar a mi Hidra favorita. Conversamos, cotilleamos y entramos a lo que se ha venido convirtiendo de un tiempo a esta parte en uno de los temas a debatir: el mundo blog.
Tras dar un buen repaso a unos cuantos blogueros de los cuales la frase "me da una pereza que me muero" es ya un clásico, me suelta:
- Sabes que estás en la lista de los más leídos?
Pues chica, ni idea. Yo nunca reviso la lista esa porque pensaba que era estática. Siempre los mismos. El fútbol, el sexo, y algún otro que desconozco, ignoro, no me explico qué tienen para formar parte de la lista de los más leídos. Pues ahora estoy yo en ella. Noticia: la lista no es estática. Y los criterios para formar parte de ella, deduzco, los marca el tráfico de visitas. Porque si fuera el de comentarios, yo, desde luego, no estaba ahí. Y vosotros, queridos amiguitos, podreis preguntaros, y tú que has hecho para merecerlo?. Nada, angelitos míos. Nada nuevo, quiero decir. Vamos, que sigo en mi línea de esquizofrenia de nacionalidades, de bilingüismo méxico-español en la especialidad culichi arrabalera, de contar puras pendejadas que me suceden porque mi vida es así de absurda y enloquecida (y eso que valgo más por lo que callo) y de hacer propaganda buena y mala a mis amiguitos e inclinaciones.
Eso sí, todo en esta vida tiene truco. Y os voy a revelar el mío porque soy así de generosa y la resaca del lunes aún me dura, que ando con la guardia baja (cielos, qué noche)...
Resulta que un día, allá por noviembre del 2006, escribí un post sobre un amante que tuve que me recordaba a Nacho Vidal. Y para ilustrarlo, busqué en google images una foto del susodicho. Encontré una que me gustó, la colgué, y tardé como dos semanas en darme cuenta que el bueno (aunque pegue a su mujer) de Nacho no solo lucía su espléndida anatomía como dios le trajo al mundo, sentado en un trono dorado tipo Luis XVI - que eso ya lo había visto- sino que en su mano derecha, cual cetro, agarraba con decisión el bendito atributo que tan famoso le ha hecho. Pues yo no me había dado cuenta del "cetro". Más bien, para ser exacta, no había visto que el cetro sorbresalía de su manaza como un sputnik. Esta pequeña precisión no iba a cambiar mi plan de dejarla donde estaba, pero en mi cabeza, convirtió una simple y chula foto de Nacho (qué confianzas me traigo) en una foto porno pura y dura.
Leo multitud de blogs que gustan de ilustrar sus escritos con fotos eróticas, sensuales, más o menos incitantes... pues yo derechita al porno. Mariconadas, las justas.
El meollo del asunto es que con frecuencia la gente llega a mi blog a través de esa foto en sus búsquedas. Y ya estaba acostumbrada a encontrar en mis estadísticas el enlace a ese post con la foto de marras. Andaba yo hace un mes entre 70-100 visitas diarias. Y de pronto, desde la semana pasada, ha habido un aumento del tráfico en mi página, especialmente desde el jueves pasado en que batí mi propio record... 632 visitas en un día... y casi todas de Portugal.
Segunda noticia de este post: seguro que el miércoles pasado el vecino Portugal se deleitó con alguna producción que tenía al gran Nacho de protagonista. Y el jueves se volvieron todos locos buscando fotos. Y se encontraron a Tribeca. Y como todo es un "ponerse" el tráfico fue aumentando en días posteriores -ya sabeis, el que no pudo ver la peli en directo y la pilló en el dvdclub, el que se la bajó de internet, el que se la grabó en vídeo- y todos buscando una bonita foto para ponerla de salvapantallas o hacerla postal. Todo sea que se entere el Vidal y me demande por violación de copyright. Desde aquí te digo, Nacho, que yo no veo un duro de este trasiego de pervertidos, pero si tienes algo que decirme, me lo dices a la cara...no me mandes a tu abogado, hombre, que no es lo mismo.
Y así he llegado a estar en la lista de los más leídos. Gracias a la programación de la televisión portuguesa y a un montón de pornófilos. O es que había algún ingenuo que pensaba que era gracias a mis dotes literarias?. Ay, criaturitas, cuándo aprenderéis que el sexo mueve el mundo...
Así que os dejo con otro mito: John Holmes, que dios le tenga en conserva, a ver si así me mantengo en el top ten de los guays pornófilos-culturetas-vintage.
P.D.: No quiero despedirme sin enviar un saludo a ese fan que tengo en Mountain View, California, que viene toditos los días varias veces, aunque no me deje ningún comentario. Te veo y admiro tu tesón. Gracias, gracias.
Sollozaba yo desesperada, al otro lado de la línea.
- Por favor, te lo suplico, déjame ir, TENGO QUE IR, si no voy, me muero, seguro que me muero... o algo peor...
Suplicaba, entre lágrimas e hipidos. Inútil. Todo fue inútil. Mi padre, inconmovible ante mi llanto, no compartía conmigo mi plan perfecto de recorrer los casi quinientos kilómetros que separan Madrid de Ribadesella, donde me encontraba veraneando con primos, tías y abuela, recogerme raudo y veloz y llevarme al concierto de los Rolling Stones. No. Mi padre no estaba dispuesto a realizar lo que yo consideraba la salvación de mi muerte segura si no iba a ver a los Stones. Yo iba a morir y mi padre tan campante. No daba crédito yo a semejante desprecio por la vida de su primogénita. Le amenacé. Seguro que le amenacé con retirarle mi cariño para siempre, con las siete plagas de Egipto, y con mil maldiciones gitanas, impotencia incluída (y no había viagra en aquel entonces). Pero le valió madres. Me despachó con un "ponme con la abuela, anda" que no dejó grieta emocional con la que hacer chantaje alguno.
Claro está, que llamé a dos horas del concierto. A quinientos kilómetros de distancia. Sin entradas. Y trece años recién cumplidos. Pero es que le había prometido mi virginidad a Mick Jagger y pese a mi buena suerte, dudaba bastante que mi adoradísimo Mick viniera a buscarme a Ribadesella, presentarse ante mi abuela y pedirle educadamente que esta que os quiere cumpliera su promesa que le había transmitido telepáticamente (estaba completamente segura que mis superondas mentales le habían llegado alto y claro). Iba a decepcionar a mi ídolo (como segunda opción estaba Keith Richards, pero estaba igual de difícil el tema) y yo allí, en un pueblo norteño tan lejos de mi objetivo, con una abuela que llamaba feo a mi futuro desvirgador y un padre insensible (e ignorante de mis planes últimos). ¿Qué podía hacer?. Pues a los trece años, llorar. Y me pasé la noche encerrada, llorando de impotencia y desesperación, mientras que los Rolling hacían vibrar a Madrid en un concierto mítico.
Juré venganza.
Venticinco años despues, es decir, el jueves pasado, hice entrada triunfal en el Vicente Calderón. Al fin, iba a ver al primer grupo del que fui fan por elección propia -mis gustos musicales en esa época eran los que se oían en casa, Bossa Nova, Paco Ibáñez, Silvio, Pablo Milanés, ya sabeis, esas cosas de padres rojos- pero los Rolling eran míos, sólo míos y supusieron la independencia musical de los gustos heredados de mi padre. Acompañada del Charlyboy y del indio -recién regresado de su exilio por tres meses- me sentía tan emocionada como aquella noche a mis trece años antes de que papá me hiciera aterrizar con su negativa indiscutible.
Cuando Jagger hizo su aparición sobre el espectacular escenario, le envié otro mensaje telepático:
- Mick, si hubieras venido a buscarme aquella noche a Ribadesella te hubiera entregado la flor de mi secreto, pero como te fuiste de juerga te quedaste sin desvirgar a una bonita joven de trece añitos y mi padre sin la posibilidad de demandarte por corrupción de menores y haberte sacado la pasta gansa que tienes... de buena te has librado. Pero que sepas que sigo locamente enamorada de tí y que si quieres, esta noche mando al indio a domir al sofá...
El concierto fue absolutamente increíble. El mejor de mi vida.
Y lo que pasó despues, queda entre Mick y yo.
Ya era hora que trajeran la lucha libre a Madrid. Y como prueba del éxito, estaba hasta la bandera. Claro, igual influye que había barra libre y catering mexicano, que somos muy gumias todos. Todos trincando coronas y ceviche como locos. Y yo explicándole a un camarero sudoroso que no se apurase en introducir rajas de limón en las botellas, que eso es un invento español. Me miró como si yo fuera su abogado y le diera la llave de la libertad. "Reinvidica tu mexicanismo", le dije. Pero era de Cádiz y no lo debió ver claro.
Bruno estaba encantado de ir a un evento sin cargar la cámara. Casi no lo creía. Iba sonriendo y saludando a los compañeros de los medios, entre risitas y comentarios jocosos: "hoy vengo por placer", "ale, a trabajar todos", "me voy a poder quedar a la fiesta sin tener que salir corriendo como siempre". Mientras él recordaba viejos tiempos con sus antiguos compañeros de Telemadrid, yo cantaba corridos con el mariachi, sin soltar la cerveza. Y así, entre guacamole y rancheras, nos enviaron abajo, al "arena".
Allí estaba. El ring tan bonito, con su lona impecable, azulita ella. Todo nuevito, a estrenar. Su micro extensible de techo. Como antiguo, chido. Y la gente llegando. Nosotros bien situados, en un corner, pegaditos a las cuerdas. Y más gente. Peleas por la ubicación. Un putal de camarógrafos en el coso deslumbrando con sus focos. Locutores grabando la entradilla: "desde el improvisado arena de Casa de América...". Y venga gente. Saltan al ring dos presentadores de televisión a hacer las veces de comentaristas "a la mexicana". Bueno. Más o menos. Salta la tía buena de todos los combates. Con un culo como la plaza de toros, bien apretadita ella, con su vestido como segunda piel, escotazo y taconazo. Mexicana. La gritan, pero menos de lo que se merece. La tía buena se retira. A mi derecha un río de flashes anuncia la llegada de Skorpio. A cara descubierta pa´ dar miedo: tiene cara de toro el cabrón. Y el pelo güero oxigenado. Con ese cuerpo de los atletas de los años cuarenta, fornido, enoooorme y pesado, sin definición muscular. Me cae que come plomo. Llega gruñendo y amenazando, como debe ser. Se arranca la capa de vinilo negra y luce unos shorts de plástico negros con la leyenda "guapo" en verde manzana. Todos le chiflan y le abuchean. La estrella es el otro. Y el juego comienza.
El árbitro trata de calmarlo y que le baje a sus amenazas pero Skorpio quiere quitarle la máscara al otro. Deja que llegue, el cobarde. Empieza a calentar contra las cuerdas y el contrincante, al fin, aparece. El clamor le jalea. Silbidos y gritos. El Hijo del Santo, todo de plata, con su capa brillosa de la Bandera de México con su Guadalupana, hace entrada triunfal. La perrada le chilla emocionada "Santo, Santo, Santo". Los focos y los flashes lo siguen como super estrella. El Hijo del Santo se deja querer y saluda con seguridad.
La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción....
Comienza el combate....
Métele la willson, métele la nelson, la quebradora y el tirabuzón, quítale el candado, pícale los ojos, jálale los pelos... sácalo del ring¡¡¡
Les dejo un vídeo para que vean cómo estuvo la cosa. Sobra decir que ganó, con los sustos debidos para darle emoción, el Hijo del Santo. Y yo perdí la voz de tanto que grité, jaleé y animé.
Cuando acabó el espectáculo, continuaron los mariachis un rato más para luego dejar paso a una sesión de DJ en la que se mezclaron los narcocorridos con las cumbias y el flamenco, todo ello ya en el jardín, regados con margaritas demasiado fuertes para mi garganta herida. Conocí gente, saludé a amigos, me encontré con otros que no esperaba, pero todos los que esperaba, estaban, infaltables en una cita de altura como fue.
Así que sobre las dos y media llegaba a casa, prácticamente afónica, feliz y rezando a Malverde para que nos traigan la lucha de nuevo...
Disfruten del combate...
Por cierto, Bruno y yo salimos en el vídeo. Y en la noticias de esta noche en Telemadrid con el insoportable del Sánchez Dragó. La española que más grita, esa mera, soy yo.
Era un martes y comenzaba la aventura.
Cuando un extranjero llega a España por primera vez, suele traer en la agenda la lista de los museos y monumentos que quiere visitar. El Prado, por ejemplo. La negra también, pero por fuera. Vamos, que no entró. Para qué, si hay unas visitas virtuales estupendas en internet. Y si te gastas el dinero en cultura pos luego no te alcanza pa´ las chelas. Y eso si que no, mijita. Los bares son cultura, apoco no?. La gastronomía española, la dieta mediterránea, el vino, las tapas... eso no se obtiene por internet. Y ahí soy un hacha. En la calle todo el día, de bar en bar, de restaurante en restaurante, tapeo fino y diversidad de viandas para trazarle un mapa de la piel de toro en la panza.
En casa, desayunos a la mexicana (sin frijoles pero con huevos), y flamenco para culturizar. A cambio, la negra me descubrió un grupo portorriqueño excelente (Tráfico Pesado), me regresó mi acento culichi -culichi chafa, como dice el flaco- e incluyó en mi vocabulario bonitas y musicales expresiones propias del rancho como la palabra "riata" (verga, en castellano) y que adopté con alegría, o la contundente "a la verga", "vales verga", y variantes similares que aplicábamos unas veinte veces al día porque el mundo lo merece.
Salimos por la noche, sí, salimos. Y hubo hombres, sí, los hubo. Disponibles y heterosexuales. Guapos y mayores de edad, y con pulso, que muertos como que dan frío. Pero la negra no quiso disponer de mi agenda, que la comparto con sumo gusto, porque es así de chula ella y los blanquitos como que la sobran. Yo, conste, la ofrecí lo mejor que tenía. Y en mi agenda negros no me quedan, que ya me los acabé.
La negra visitó Toledo el día del Corpus y regresó oliendo a incienso y pensando comprarse una mantilla para ir a bailar salsa. La negra visitó El Escorial y acabó ligándose a un guardia de seguridad argentino empeñado en que le explicara el significado del término "fuck" en la intimidad de su dormitorio. La negra fue a Segovia y se quedó pasmada con el acueducto, repitiendo "qué cantidad de piedroooootas".
Y nos fuimos a Italia.
No creo que hubiéramos podido escoger un destino mejor. Los cinco días que vivimos allí nos la pasamos girando la cabeza constantemente ante la abrumadora belleza que te rodea. Un chingo de piedrotas, sí. Pero eso lo podeis ver en internet, chavales. Claro que no es lo mismo y por mucho que una haya estudiado cinco años de arte, se queda boquiabierta en el foro. Pero de lo que no hablan en las guías es del porte magnífico, chulesco y extremadamente sexy de los romanos. Háganse cuenta que están en un anuncio de Dolce&Gabbanna callejero. Los romanos deben tener unas madres la mar de amorosas que desde bien chiquitos les crían repitiéndoles como mantra lo guapos que son. Y se lo creen. Porque caminan pagadísimos de sí mismos, rectos como si llevaran una tabla incrustada en la espalda, desfilando en una pasarela imaginaria en la que ellos son el maniquí estrella.
Impecablemente vestidos, elegantes hasta para ir al baño, pasean su excelente anatomía regalándote miradas más que indiscretas a traves de sus enormes lentes de sol de firma. Todos bien ajustaditos para marcar sus espaldas anchas, sus brazos musculosos y su vientre plano. No hay gordos en Roma. Y sí un chingo de calvos. La pasta, me cae, produce alopecia. Pero bendita alopecia. Esas cabezas de rasgos finos y bronceados ya las quisiera yo tener entre... mmm.. en varios lugares.
Para ser un buen romano, deduzco, hay que estar calvo, bronceadísimo, matarte en el gimnasio, llevar una talla de camisa menos de la que te corresponde y conducir una vespa suicida. Porque, amigos, si visitan la ciudad eterna, más vale que aprendan a cruzar las calles con arrojo y seguridad, o te quedas viéndolos pasar, que tampoco está mal, pero a las horas da hambre.
De las romanas no puedo hablar porque no las ví. Ni mi lado más lésbico me empujó a girar la cabeza ante una fémina. Con esa cantidad de hombres guapos no te da tiempo. Igual y ni estaban en la ciudad.
La negra y yo establecimos un sistema de clasificación para diferenciarlos:
- Giorgio: dícese del italiano trajeado sin una sola arruga con diseño hasta en el papel higiénico.
- Armani: dícese del italiano trajeado que acompaña a Giorgio, de similares características.
- Andrea: italiano con melena ondulada y aires intelectuales, provisto de lentes rectangulares, camisas de lino blanco cuello mao y libro en la mano como accesorio. Puede ir en bici.
- Luca: chulazo sexy mega fashion, coleccionista de vaqueros y zapatillas tennis de último diseño, como sus cortes de pelo, y pinta de tomar martinis para desayunar y follarte sobre la encimera de su cocina último grito.
- y Pepino: obrero cincuentón salpicado de pintura o cemento de la obra, bajito y rechoncho. Escasean, para regocijo de la vista.
Todos, seguro, tienen su vespa. Todos, seguro, tienen yate amarrado en Capri. Bueno, Pepino no, que tiene motocarro y no sabe nadar. Y todos, menos Pepino el entrañable, están buenísimos, forrados, y follan incansablemente sin necesidad de viagra, porque no se puede ser tan guapo y follar mal, que es pecado y estamos en la ciudad santa.
Y después de recorrernos la ciudad caminando (hasta ví de casualidad el Palacio de Alessandro Lecquio, impresionante), nos fuimos a Florencia, donde nos esperaba la Alacrana...
Hasta aquí llego por hoy... en breve, más.
Esta que les quiere se va unos días a dar el rol por las Italias con la insuperable compañía de la Negra sin Alma y allá nos encontraremos con la simpar Alacrana... el viaje promete emociones, alteraciones y subidones que les relataré sin censuras a mi regreso....
Se les quiere, no tengan duda
Aletea con sus manos como mariposa cruzando los pies, tratando de ser graciosa y busca refugio tras un pequeño biombo en el que, con los ojos traspasando al público, como si fuerámos transparentes, hace movimientos que no podemos ver, de evidente esfuerzo. Saliendo de su escondite y con el foco apuntando cruel a su vientre, Sticky Vicky adelanta su pelvis y busca, rebusca, en su vagina imberbe. Con un gesto de dolor, teatro, quizás? que me duele a mí como un pinchazo, comienza a sacar de sus entrañas una bola, dos, tres, un ramo de flores, marañas de hilos interminables, un rosario de bolas de colores y el plato fuerte: una ristra de hojas de afeitar que cortan como bisturíes como hace comprobar a un espectador ofreciéndole una hoja de papel de fumar para que la corte con la cuchilla que acaba de sacarse de su vagina sin fondo. El muchacho, con cara de asco, rechaza la invitación, pero Sticky Vicky insiste, amable, suave, con su sonrisa de esfinge y sus arrugas de abuela. El muchacho accede y con cuidado de no tocar el metal con los dedos presiona el papel contra el filo y se parte en dos límpiamente, mientras arranca tímido un aplauso del público.
El show termina y Sticky Vicky se viste de nuevo con su túnica brillosa y se va con sus pasitos de bailarina cansada.
Impresionada por el espectáculo, por esa vagina mágica que imagino pariendo sin esfuerzo, por su decadencia, por lo grotesco que es todo, por ese público tan joven y ella tan vieja, ese contraste brutal entre la manada de asistentes procedentes de un -adivino- suburbio de Liverpool, Manchester o cualquier otra ciudad jodida por el desempleo, convenientemente anestesiada por el alcohol y las ofertas baratas de turismo de fin de semana cutre, me imagino a Sticky Vicky llegando a su casa de madrugada, una vez acabado el periplo que cada noche la arrastra de bar en bar ofreciendo su show. La imagino agotada, derrotada frente a un café, desmaquillándose frente a un espejo que ya no la devuelve frescura. La imagino ensayando su sonrisa de esfinge. La imagino yéndose a dormir para soñar cuando era una estrella y pagaban para verla, cuando arrancaba cientos de aplausos espontáneos, cuando la mandaban flores, cuando su vientre era plano y no estaba deformado por la edad, por la vida, y por los cientos de ramos de flores que se ha ido sacando cada noche de su vagina mágica a lo largo de años.
Sentí ternura.
Benidorm, mayo de 2007.
Anoche me enteré que yo soy posmoderna. Vaya. Yo que pensaba que los posmodernos son los demás, a la manera de Sartre "el infierno son los demás", esa maravillosa frase exculpatoria. Pues no. Yo también soy posmoderna. Y sin haber firmado nada. Así, sin darme cuenta. Es como cuando vas al médico y te dicen "tiene usted disposición genética para que sus hijos nazcan aficionados a la fórmula uno y alérgicos a las nueces". Ah. No sabía yo. Así que he pasado casi 38 años de mi vida en la ignorancia de mi ser/estar respecto de los demás. Porque, queridos amiguitos, uno es respecto de los demás, no se si os habreis dado cuenta. Uno no es porque sí, porque quiere y ya. Yo soy yo y mis circunstancias es una verdad como un templo, que las circunstancias hacen el yo y y el yo altera las circunstancias. Interactuamos con el entorno como si de un videojuego se tratase, pero sin vidas extra.
Allá por los ochenta, cuando muchos de vosotros ni habíais nacido, esta que os quiere, leía una revista que se llamaba "La Luna de Madrid", dirigida, si mal no recuerdo, por Borja Casani. Yo era una adolescente pizpireta y curiosa con la cabeza llena de preguntas que leía con voracidad. Y "La Luna" era, en aquellos momentos de la incipiente democracia, el escaparate de la vanguardia artística y cultural. La famosa movida tenía en "La Luna" su revista. Por sus páginas desfilaban todos los que significaban algo en aquellos tiempos. Ilustradores como Ceesepe y el Hortelano, fotógrafos como Vallhonrat, Ouka Lele, Alberto García-Alix, las divertidísimas crónicas de Patty Diphusa (alter ego de Pedro Almodóvar) y un Carlos García-Calvo bastante alejado del actual clasista y autodenominado adalid de la elegancia que debatía en penosas tertulias con la simpar (afortunadamente) Ana Rosa Quintana hace no mucho tiempo, y así muchos otros, conformaban un equipo de artistas y pensadores que inventaron un nuevo horizonte para las pacatas mentes del españolito de entonces, poniendo colores donde sólo había escalas de grises (recordad a Las Costus, a Agatha Ruiz-de la Prada) y hablando de la libertad cuando aún el miedo nos calaba en los huesos (recordad el crimen de los abogados de Atocha, ved "Siete días de enero" de Bardem).
Pues yo leía "La Luna" y allí, entre sus páginas de papel cutre, pero amable, leí por vez primera el término posmodernidad. Ya no bastaba con ser moderno: había que ser posmoderno. Pero no explicaban en qué consistía. Era todo un misterio para mí. Así que se me ocurrió que ser posmoderno era una suerte de antihéroe, con los pelos cardados y cara triste, lánguido y atormentado, que tocaba en grupos postpunks, escribía rimas asonantes y novelas urbanas, asistía a exposiciones con cara de desdén, y sentía una profunda decepción del mundo que le rodeaba. Tenían que haber publicado un manual de "cómo ser posmoderno" para que los adolescentes curiosos como yo, nos enterásemos, pero yo sospechaba que había una especie de secretismo al respecto, un si no lo sabes, es que no mereces entrar en el club que claro, a mí me dejaba fuera automáticamente.
No es que quisiera ser posmoderna. La verdad, nunca he querido ser nada concreto en la vida (y así me va). Pero al menos, quería saber de qué iba la cosa. Poder decir: "ah, vale, que era esto, pues yo paso". Pero me quedé con las ganas. Hasta anoche.
Salí con mi hermanito el inventado y quedamos donde siempre. Tengo unos veinte donde siempre dependiendo con quién haya quedado, cada uno el suyo, que soy muy ordenada. Y mi hermanito, sacando libros de su bolsa recien comprados en la feria del libro, me muestra uno en el que habla de la posmodernidad. Y le hago la pregunta fatal que llevo tantos años tratando de averiguar: ¿Qué es la posmodernidad?. Ufff, me dice. A ver cómo te lo explico yo. Pues bien, acoto, para eso eres profesor y enloqueces a tus alumnas. Sonríe, encantador, y comienza una exposición sesuda, aludiendo a autores, citas, cronologías y diferentes opticas que, de pronto, me abren el cielo de esa incógnita que vivía en mi cabeza.
- Entonces, pregunto iluminada, yo soy posmoderna?
- Lo dudas?, dice riendo...
No, ya no.
Treinta y ocho años para saber qué había que hacer para entrar en el club, cuando siempre estuve en él. Hay que fastidiarse. Y qué elegante, en este caso, es la ignorancia.
- Tribeca, ya viste la noticia que detuvieron a una banda de falsificadores de tarjetas de televisión por cable (digital+)?
- Sí, lo vi...
- Y cómo ves? pobres, a mí que me da lástima...
- Quiénes?
- Pues mujer, los falsificadores... tampoco es tan grave...
- Es un delito falsificar...
- Tampoco es tan grave (insiste, el tío)... además, a mí me parece que detrás está la empresa de cable, que claro, no quiere perder dinero...
No te fastidia, como si a alguna empresa le hiciera ilusión perder dinero porque una pandilla de estafadores les robe su trabajo.
Esto lo pienso, pero no lo digo, porque soy prudente y veo que el muchacho tiene problemillas para discernir lo legal de lo ilegal. Vamos a ver si le hago entender...
- Pues no creo que la empresa esté detrás, que tampoco sería extraño ni censurable, lo más probable es que la policía haya o bien recibido denuncias o bien ha encontrado indicios de fraude y lo haya investigado por su cuenta, como es su obligación, los han pillado y como es natural, irán a la cárcel...
- Así que tu crees que los persiguen de oficio?
- Sí... claro.. es su trabajo...
- Y no que la empresa está detrás?
- La policía está haciendo su trabajo sin que nadie se lo mande, que para eso les pagan...
- Pues yo no lo veo tan claro...
Ay. Empiezo a darme cuenta de que esto es una batalla perdida. Porque en su lógica, deduzco, Prisa, dueña de Digital+, y todo hay que decirlo, ideológicamente opuesta a los valores morales (ya sabeis, son rojos y ateos) de este muchacho, ha presionado a la policía para que persiga un delito, y como aquí gobierna un "colega" de Prisa, pues se chingan a unos pobres chavalillos que total, por unas falsificaciones de nada van a ir a la carcel. Además, me doy cuenta que el muchacho no está acostumbrado a que la policía persiga delincuentes por iniciativa propia. Pues me quedaba lo mejor...
- Si es que la culpa es de la empresa de cable...
- Ah, si? y cómo es eso?
- Porque son muy caros, y claro, la gente no se lo puede permitir, pues lo tienen que piratear...
Acabáramos. Claro, hombre, haber empezado por ahí. Como no me alcanza para pagarme algo que quiero, pues lo robo y listos. Hay que ser tonto para pagar si lo puedes robar.
Total, que las leyes son para los tontos como yo. Los listos roban y caen simpáticos a muchachos como este. A la mierda la ley de propiedad intelectual. A la mierda con todas las otras leyes que hayan infringido. A la mierda con una policía eficaz que trabaja sin necesidad de ser sobornada. A la mierda con el derecho de una empresa de obtener beneficios legalmente (no entremos en detalles, es para entendernos). A la mierda con pagar impuestos y con un estado de derecho que hace cumplir la ley y mete en la carcel a quien desafía las normas que hemos votado todos en las urnas.
Es normal, muy normal, que este muchacho no entienda en qué consiste una democracia, para qué sirven las leyes, la justicia, los impuestos y muchas otras cosas que yo he votado en mi país, y de las que me siento orgullosa que existan.
A mí la corrupción me repugna.
Pero para otros, es una forma de vida.
Y se fue con una sonrisa, pensando, seguro, que yo era tonta.
- salmón ahumado, un clásico del fin de semana.
- caviar de mentiras, porque del de verdad sólo lo venden en la tienda gourmet y está lejos.
- paté de hígado de oca: creí que moriría si no lo compraba, no me pregunteis porqué, porque aún no lo he abierto. Como sigo viva, es una prueba irrefutable que mi supervivencia dependía de su adquisición.
- jamón de york ultrafino cuasi transparente. Obvio.
- Tabletas de chocolate negro con trufa y chocolate negro con tarta de chocolate, que mi indio aún no regresa. Ay.
- Y pastel de erizo. Cuando ví la etiqueta (sin precio a la vista, qué importa cuando tu vida depende de ello) y leí erizo-pastel me imaginé a un montón de fornidas gallegas lanzando contra la pared kilos de erizos, cual pelotaris. Y lo que chorreaba, claro, lo metían en esas cajitas tan monas de plástico. Pues no pude resistirme, como comprendereis.
Total, que salgo del súper con mis bolsas de productos básicos y se pone a llover. Grrrrr. Porqué no habré cogido mi paraguas naranja de cinco plazas de merchandising de la comunidad de Madrid?. Pues porque estamos en campaña electoral hasta las doce de la noche y se puede malinterpretar. Y mi barrio es muy suyo, a ver si los yonquis de mi calle van a mosquearse y me quitan los erizos. O el paraguas. Que no se qué sería peor.
Mojada, pero íntegra, llego a casa. Operación desembolso y colocación, ligeramente interrumpida por dos tostadas de caviar de mentiras con su limón y todo. Termino de colocar en la nevera todo lo que dentro de cinco minutos voy a volver a sacar (manías que tiene una) y los erizos me dedican sus cantos de sirena. Oye, qué cosa más buena. Hay qué ver las gallegas qué bien se trabajan esto de machacar lo que no pincha. Y qué bien se llevan lo erizos con la mayonesa. Y ya verás como mañana no quepo en los vaqueros... pero, y si me muero esta noche y no puedo -porque estoy muerta- volver a ponerme vaqueros? Ah, no, que tengo un paté de hígado de oca salvavidas.
Pues despues de ponerme tan marinera, hay que descansar, que yo es que me estreso con nada. Me tumbo a ver la tele. Ración de psicópatas al canto. Mentes Criminales. Pon el despertador que habla, que te quedas dormida. Ya?. ZZzzzzzzzzzzzzzzzzz.....
3am. Es hora de levantarse... es hora de levantarse... Qué? qué pasa? es martes? ya son las ocho? porqué es de noche? es invierno? teletienda?... Jooooo... la radio... Siempre, invariablemente, a estas horas, me arrepiento como nadie lo sabe de haber aceptado la amable invitación de mi papi transoceánico de colaborar en su programa de radio. Y todo, por amor al arte. Que lo único que me llevo son sustos horribles cuando suena el despertador que habla, que encima es una mujer, y creo que me he vuelto lesbiana del todo y me he traído a una de la calle a pasar la noche (en ausencia del indio).
Rápido repaso a lo que voy a decir. Elecciones. Como siempre, me lío con las cifras, los nombres, y si me apuras, con los países... España, España.... Venga, pasemos a la táctica de siempre: improvisación y una novena a Malverde. Que sea lo que dios quiera...ahí vamos...
En un momento de lucidez, pedí al siempre eficaz charlyboy que me enviara sus notas sobre las elecciones (si, qué pasa, es mi amigo y me aprovecho) y ahí voy yo, bien resuelta disparando datos rapidito por si me confundo, que no se note mucho... y de repente, que me da (porqué, señor... porqué) por hablar de Navarra. Yo solo quería decir que Navarra era la sorpresa de las elecciones. Que los socialistas podrían ganar.. qué? más escaños? más votos?.. ehh... lo dejé en ganar no fuera a liarla más. Pero yo ahí, firme, queríendo pasar a Canarias y Baleares. Hete aquí que mi papi me detiene en seco. Y pasa esto:
- Claro, Tribeca, porque Navarra es una comunidad foral, no?...
Putamadre. Ya empezamos con las preguntitas raras. Seguro que esto es en venganza por haberme largado el viernes pasado a la playa y pasar de la radio.
- Ehhh... sí, efectivamente... (he descubierto que decir "efectivamente" suena más asertivo que decir "creo").
- Y una comunidad foral es... para que nos entienda nuestro auditorio mexicano...
Y yo qué culpa tengo que sean unos ignorantes y no les hayan explicado qué coño es una comunidad foral? Si en vez de indios, hubieran tenido reyes católicos, como la gente normal, no tendría yo ahora que hacer la megaimprovisación, hay que joderse...
- Pues una comunidad foral es, básicamente y para no aburrir al personal, una comunidad, que es como un estado de ustedes, pero aquí se llama comunidad, y lo de foral es una prebenda histórica que viene de ufff.. super antiguo, tanto que ni los navarros se acuerdan pero como es una cosa buena buena, se callan y siguen ahí, agarrados como lapas.
(Habrá colado??)
- Y en Navarra, actualmente, gobiernan fuerzas locales...
- Sí, así es (por favor, que alguien me diga quién gobierna en Navarra, coño, que estamos en el aire)...
- ...
Puede que mi papi postizo quisiera vengarse de mí, pero esta pregunta ya era para que le cerrasen el programa. Y se apiadó... O se avergonzó, que para el caso es lo mismo.
- Porque en Navarra gobierna la Unión del Pueblo Navarro...
Estuve a punto de soltar un ¡¡ no me jodas¡¡, pero me contuve a tiempo y me limité a un cómplice...
- Así es, y como iba diciendo (antes de que me interrumpieras con tus preguntas para gente culta y leída) los sondeos preveen que los socialistas bla bla bla...
Ufffffff.... lo de la improvisación va a ser que no funciona con los navarros. Será por eso que no me entiendo con mi madre. Pero ese es otro cantar.
Total, que termino mi crónica y me permito el lujo de mandar un saludito a mi, de momento, único fan en Tijuana (espérense que vaya para allá) que yo lo hice porque como el programa lo escucha poca gente, es decir, los técnicos, los que están siendo entrevistados en el estudio, y tres más, pues para dar caché al tema, como para decir "ey, que nos escuchan más allá del rancho". Y eso que no sabía que Xienra estaba ahí, el pobre, a las 4 de la madrugada, como un campeón, con la oreja pegada.
Pues mi indio se mosqueó.
Y digo yo, hay que tener mala suerte, para un día que me escucha. Llevo como cinco meses reporteando a estas horas intempestivas y ni un solo día se ha dignado a escucharme. Prefiere irse de fiesta con sus amigotes (vale, yo también, si pudiera). O quedarse dormido (vale, yo también, si pudiera). Pero va el tío y le da por escucharme el viernes que justo me da por saludar a mi único fan en Tijuana. Y que quién es ese. Y que porqué le mando saludos y besos y peticiones de billetes de avión... Que vale que salude a mis amigos del rancho, aunque me los haya follado, que eso lo entiende. Pero a uno que ni me lo he cogido ni nada... Eso no, no se lo esperaba de mí.
Ya la hemos liado.
Ahora me toca irme a Tijuana, a justificar mis saludos, para que a mi indio no le den esos celos tontos que le dan a veces.
Me caigo de sueño, como casi todos los días antes de acostarme. Traigo los horarios cambiados, un jet lag imaginario en el que no veo el momento de irme a la cama, para luego no dormir. Será mi mala conciencia?, será que como vivo a caballo entre dos continentes, voy a destiempo? será culpa del indio, que a las nueve de la mañana (mías) entra como elefante en cristalería en mi msn con sus ataques de amor alcohólico y me deja todo el día nostálgica, extrañándolo?.
Pues sí, la culpa es del indio. Para qué vamos a pensar más. Cuando regrese, le daré su merecido.
Pero hoy en lugar de echar la hueva, que es lo que me gusta a mí realmente y para lo que siento que sirvo, mi verdadera vocación, tengo la penosa tarea de hacer la maleta porque este finde me voy a la playa. Lo se, lo se. Es horrible. Un sacrificio que raya lo inhumano. Qué queréis, soy así, una heroína de nuestros tiempos. Alguien ha de renunciar y abandonar la city, llegar a una playita de arena dorada, tumabarse a la bartola todo el día, un bañito si el agua está buena, unas cañitas en el chiringuito, un arroz? venga... y de nuevo a sufrir bajo el sol... una tortura, como veis... Lo se. Os estais sintiendo fatal por mí. Me compadeceis. Gracias, de veras, vosotros si sois amigos, de los de verdad...
Espero que cuando yo esté cumpliendo con mi deber, como una valiente, alguien, desde su cómoda casa, se acuerde de mí y piense: Tribeca lo hace por nosotros, por todos nosotros.
Soy así, no me lo agradezcais. Nací para serviros. Sufrir por todos vosotros me hace feliz.
En fin.
Os dejo, que tengo que probarme mi nuevo bikini.
Pero es por vosotros, recordadlo.
besos desde el mar
Anoche hablé con Perfidia y habíamos quedado en llamarnos hoy para vernos. Yo, muy propia, la dije (la o le?) que tenía cosas que hacer en casa -lavar, planchar, limpiar, etc.- y que me dieran tiempo para ello. Podríamos quedar, pero tarde.
Esta mañana me levanto con las mejores intenciones de dejar todo como un jaspe. Pero lo primero es lo primero y yo sin desayunar no soy persona. Claro, despues de convertirme en ser humano, hay que descansar, no sea que me de un corte de digestión o algo peor. Me siento ante la compu, y empiezo a escribir. Como cuatro horas despues (yo es que soy lenta para algunas cosas) publico La Isla, sin comer y sin planchar. Veo entrar en el msn al de los mensajes roba-sueño, me hago la interesante, esperando que me salude él y ahí me quedo, pasmada, esperando, mientras le veo salir a los diez minutos y empiezo a proferir insultos a mi pantalla (las transferencias estas emocionales que hago son de lo más estéril, pero me quedo más agusto que dios). Como dios aprieta pero no ahoga, me quedo a medias en el último grito a mi pobre pantalla, cuando veo entrar al bailarín, que me recupera adecuadamente haciéndome sonreir con sus insunuaciones... hablamos de vernos la semana entrante...y envío mientras un sms al de los mensaje roba-sueño (que no contesta).
Recibo un sms de Perfidia, cancelando la cita de hoy. La marco a casa y charlamos un rato. Me pregunta si se algo del de los mensajes roba-sueño. La pongo al día de la última hora y se muere de risa (de mí, por si no queda claro). Lo se, querida, me arrastro ante él. El ocio es malísimo para mi reputación. Me propone que quede con otra amiga en comú pero me reitero en mis tareas pendientes. Nos despedimos y bajo a tender la ropa. Alguien me busca en el msn y subo a responder. El bailarín. Me quedo pensando... una caña rápida? Rápida, sí, que tengo que ir a buscar a mi novia. En el café XXX. Mmm... mi hermanito me habló de él el otro día. Me ducho y salgo rauda a encontrarme con mi estómago favorito (cual tabla de lavar). Cuarenta minutos después me fundo en un abrazo con el mejor cuerpo que ha pasado por mi casa, ante la atenta mirada de una morena de lindo cuerpo y estupenda melena. Es una de las camareras y su última adquisición carnal. Me río divertida por su osadía (su novia está a punto de llegar de viaje, yo soy su amante eterna, y me lleva a un local con su nuevo jueguete, este ama el peligro...), pero como ya nos conocemos, me comporto como debo, mientras charlamos y calmamos la sed.
La morena nos mira desde la barra, sonriente, y mi bailarín y yo revisamos la agenda para quedar a solas uno de estos días, por lo bajinis. De repente, siento un pálpito, y me giro hacia la puerta.
- Mi hermano, wey. Mi hermanito¡¡¡, grito alborozada...
- Tu hermano? tu hermano de verdad?
- No, mi hermanito, el otro, el inventado....
Y me levanto dispuesta a saludarle a él y a la belleza que le acompaña. Me acerco hasta él y le pongo una mano sobre su hombro. Levanta la vista, abre sus ojos como platos y me chilla:
- Hermanita¡¡¡ sabes que justo estaba hablando de tí?...mal, claro...
Y me abraza como si fuera el amor de su vida, tanto que casi me tira. Riéndonos, nos besamos y me presenta a su amante. Guapísima. Mi hermanito tiene un gusto en mujeres inmejorable. Charlamos brevemente sobre una expo a la que le invité para el jueves y que no podrá ir, me pregunta si estoy con mi chico y sonrío comó-él-sabe, (es un amigo, hermanito, mi chico está en México, es, ya sabes, un buen amigo) y nos despedimos con la promesa de vernos la semana siguiente.
Regreso a la mesa ante los ojos entusiasmados del bailarín.
- Para cuándo una cita a cuatro?
- Cariño, mi hermano y yo ya no follamos, no nos entendemos sexualmente.
- Pero tú y yo sí, dice imaginándose ya la posibilidad de entrarle a esa preciosidad que hace las delicias de mi hermanito...
Me río y le digo que ya veremos...
El bailarín se incorpora de un salto hacia la barra para pedir un vino y hace unos pasitos de baile. Me quedo mirando su cuerpo bien formado, elástico y hábil y recuerdo con nitidez porqué me gustaba tanto follar con él. Cuando regresa con su vino y ve mi sonrisa, se que adivina lo que estoy pensando.
Se incoporan a la mesa la morena, una gringa y un chico con cara de enfermo pero muy guapo. Charlamos todos, nos tomamos la última y mi bailarín, el cara de enfermo y yo nos despedimos. El bailarín se marcha a buscar a su chica y yo camino hacia casa, sonriendo. No he hecho nada de lo que tenía que hacer, pero me he tomado unas cañas en un bonito lugar con mi bailarín y me he encontrado a mi hermanito. Casi perfecto todo.
Cuando llego a casa, el de los mensajes se aparece agradeciéndome mi sms y enviándome muchos besos.
Una tarde perfecta.
De nuevo en Madrid, rompí con aquel y como es habitual en mis separaciones importantes, fuí perdiendo peso paulatinamente, mientras llegaba el verano y una de las dos amigas con las que había viajado, decidió buscar trabajo en la isla. M. se marchó como avanzadilla, acordando que si había buen plan, yo me uniría en agosto.
- Esto es un puto supermercado, tía. Tienes que venir. No vas a dar crédito... sol, playa, y montones de hombres heterosexuales guapísimos de todas partes del mundo.
- Y hay "tema"? (palabra clave para designar a las drogas)
- Esto es una isla, qué crees tú?
- Que sí...
- Pues eso, y además tengo localizados todos los clubes decentes para ir a bailar... ya te estás tardando...
En aquellos años, mi vida ociosa giraba en torno a la música -mis rutas nocturnas las definían los djs o los conciertos-, las drogas -como especia que adereza un plato y lo mejora- y el sexo. Por ese orden. Salía para escuchar música y bailar, tomaba drogas para divertirme y ensanchar mi percepción del mundo y finalmente, pero sólo finalmente, tenía sexo porque si no, me muero, Así que compré un billete de avión y volé. Ya en el vuelo traía yo al uruguayo en la cabeza y maquinaba maniobras de acercamiento. Al llegar, M. me advirtió que se había enrrollado con un argentino guapísimo (camarero del bar) y que no podría estar todo lo pendiente de mí que yo quisiera, así que debería buscarme la vida yo solita. Ningún problema, dije, mientras entrábamos en el bar donde conocí al uruguayo y le veía sentado con un grupo de amigos. A las dos horas, ya había retomado el contacto con él y empezó a proponerme planes a los que asentí, así fueran tirarme por un puente, mientras disfrutaba de la visión hermosa y perfecta de su piel bronceada y sus músculos trabajados. Cuando me acosté esa noche (sola) brincaba de emoción... M. no había exagerado ni un ápice. Todos los tipos que me presentó estaban imponentes, super simpáticos y encantados de tenernos allí. Y yo soy muy agradecida...
Así que en pocos días, ya me integraba yo con la gente del bar, como una más. Iba a la playa privada del bar, con los dueños y los camareros y un pequeño grupo de amigos íntimos, comíamos juntos, o iba a casa de alguno de ellos, o el uruguayo nos paseaba, atento y sexy, haciéndome sufrir con sus constantes abrazos y besos... sin pasar de ahí.
Pero una noche, al llegar al bar, ví al fondo del local al divino uruguayo que estaba acompañado de un italiano guapísimo. Moreno agitanado, con el cabello rizado y revuelto, los ojos negros, tatuajes en lo brazos, una camisa perfecta, abierta hasta la cintura y luciendo sobre su pecho lampiño un cadenón de oro cual modelo chuloputas de Dolce&Gabanna. En Madrid, ni lo hubiera mirado, pero allí, en la isla, encajaba a la perfección con el ambiente relajado y casual. El divino se acercó a mí y me lo presentó:
- Tribeca, este es Lulú, el negro.
- Encantado de conocerte, dijo Lulú el negro, mientras me miraba con ojos golosos repasándome de arriba a abajo. Tenía voz de gitano y la piel lisa y oscura como sus ojos ávidos.
Algo hizo "click" entre los dos. Lulú el negro no se apartó de mí en toda la noche, ante la mirada cómplice del uruguayo. Me mató de la risa con sus historias enloquecidas y surrealistas, no me dejó pagar ni una copa y me llevó a casa como un perfecto caballero en su volvo enorme ranchera. A partir de ese día, Lulú, el uruguayo y yo nos hicimos inseparables. A veces venía M. con nosotros en las excursiones que nos regalaban visitando la isla. Recuerdo especialmente un día en el que atravesando una zona desértica, con los bafles tamaño discoteca que tenía Lulú en el maletero a todo volumen sonando house excelente recién traído de Miami, un calor de muerte, cervezas heladas para todos, el divino liando porros y nosotras dos bailando como posesas en los asientos de atrás, de pronto, M. y yo nos miramos y señalando con el dedo la desnudez del uruguayo y de Lulú (iban sin camisetas) y con gestos fuimos conscientes de la inmensa suerte que teníamos de estar allá, escuchando la mejor música del mundo, en lugar paradisíaco, con dos hombres a cual más sexy y apetecible y estaban con nosotras... aquello era el cielo...
Aunque yo seguía durmiendo sola...
Puede que fuera esa misma noche, no lo recuerdo muy bien, regresamos de nuestra comida en un pueblo de pescadores y nos dejaron en la pensión para que nos arregláramos para salir. M. se quedó y yo me fuí sola al bar. Me uní a la bola de gente habitual, escogí música para pinchar, bebí con todos, y como siempre, a la hora de cerrar, nos quedamos los íntimos en la terraza. Nos invitó María a su casa a seguir la fiesta y allá que fuimos todos. Yo, con Lulú y con el uruguayo y con mis ganas de los dos, bastante igualadas. Realmente no podía decidir cúal de los dos me gustaba más. Y con esas, seguimos en casa de María, hasta bien entrada la mañana, bebiendo, ampliando horizontes, escuchándo música y riendo. Sobre las siete, el uruguayo se levantó anunciando su retirada y despidiéndose de todos, se me quedó mirando fíjamente. Yo estaba sentada en el suelo, entre las piernas de Lulú mientras él me acariciaba el cabello. Así que el divino me sonrió, aceptando, guiñó un ojo a Lulú (pude sentir la sonrisa de este) y se fue. La elección, involuntaria, estaba hecha. Media hora más tarde y sin decir una sola palabra, me subía en el carrazo de Lulú destino a su casa.
Lulú era guapísimo, rico, sexy, divertido y peligroso. Lulú follaba como los ángeles y no se cansaba. Lulú tenía una polla lisa, morena, grande e insaciable. Lulú tenía una boca de labios gruesos y sabios que me hacían subir al cielo. Y poseía unas manos que parecían conocer mi cuerpo desde siempre. Además de varios perros de raza para crianza, dos serpientes pitones, una casa tipo melrose place, piscina privada, tres coches de diferentes tamaños, equipos de buceo, de surf, de esquí acuático, discotecas en varios lugares del mundo y sus correspondientes casas, montones de joyería en oro, una pistola en la mesilla de noche, varios frascos grandes de los de guardar macarrones llenos de cosas ilegales y fajos de dinero en diversas divisas por toda la casa. Y nada mejor que hacer en todo el día que su "niña, qué te apetece hoy?" con su voz de gitano resacoso que me encantaba.
No volví a dormir en la pensión. Lulú me "secuestraba" cada noche devolviéndome al día siguiente, ante mi negativa de trasladarme definitivamente a su casa, por mantener mi parcela de libertad e independencia, pese a sus ruegos. Preparaba cenas para mí en el jardín de su casa (cocinaba de lujo) mientras yo me columpiaba en su hamaca bebiendo vino o escogiendo la música. A menudo cenábamos con M. y con el divino y terminábamos invariablemente de día, con todo un menú salido de los frascos de su cocina, debidamente servido en bandejitas, sobre la mesa.
El uruguayo solía despertarnos a la hora de comer. Entraba en la casa, Lulú le recibía y no se si ignorante, inconsciente o simplemente, le valía madres, siempre le indicaba que fuera a la habitación a darme los buenos días. Y yo esperaba, desnuda, haciéndome la dormida, a que se abriera la puerta con cuidado y ver su exuberante anatomía a contraluz, entrando despacito. Se sentaba en la cama y me besaba en la espalda. A veces, me incorporaba y le abría los brazos, para recibirlo. Tener esa mole de músculos rodeando mi cuerpo desnudo en una cama susurrándome al oído entre risas "me voy porque me pones muy caliente" era una tortura que me ponía en órbita para todo el día y me mandaba a la ducha directita al agua fría para calmarme y poder desayunar con ambos el café napolitano recién hecho de Lulú entre miraditas cruzadas del divino y yo.
Como dice Mor, "Tensión sexual no Resuelta". Lulú nunca me dijo nada acerca del uruguayo, más bien al contrario, se veía encantado que estuviéramos tan "unidos" y en varias ocasiones llegó a ponerme en serios compromisos, como dejarme a solas con él en su casa o pedirme, en una ocasión, que le diera un masaje con crema hidratante porque el divino, haciendo esquí acuático se había quemado...ay, no, casi muero...
Pero mis vacaciones llegaron a su fin y tuve que regresar a Madrid. Me hicieron una fiesta de despedida en la que no faltó de nada y que duró hasta bien entrado el día siguiente. Lulú haciendo planes para venir a visitarme y el uruguayo alterando mis fluídos con sus comentarios lúbricos en voz baja y sus abrazos tipo boa constrictor. Ahí quedó todo. Volví a mi vida normal, aunque bronceada y delgada por los excesos.
Aquel verano fue uno de los más felices de mi vida. Tuve todo lo necesario (en aquella época) para sentirme bien y en cantidades industriales. La isla fue mi paraíso particular al que regreso mentalmente de vez en cuando, al mirar la foto que hay sobre mi cama, en la que, morena y sonriente, abrazo a Lulú y al divino, uno a cada lado, en perfecto triángulo...
Pero hoy lo he hecho. No he podido esperar a que llegue mi indio y me acompañara. 24 hours party people era demasiada tentación. Y he caído.
A mis 16 años, además de rodar cortos lésbicos, soñaba con vivir en Londres. Londres se me antojaba el paraíso. Despues de leer a Virginia Woolf y la maravillosa biografía de Vita Sackville-West, quería vivir en Bloomsbury. Yo soñaba con esa Inglaterra de "Retorno a Brideshead", refinada y dandy. La Inglaterra de William Blake, de la Tate, del té, la rígida y enconsertada y la perversa, la que supo retratar con exactitud Henry James. Pero llegó la música a añadir elementos que actualizaran mis enganches a la pérfida albión. Y, a través de radio 3, se me envenenó el oído con grupos como The Clash, The Cure, Happy Mondays, The Smiths, Joy Division, New Order, Sex Pistols. Inglaterra en los 80 era el más importante imperio musical del mundo. Todas las nuevas corrientes nacían allá, en Manchester sobre todo, y se trasladaban al resto del mundo impregnando de forma aún reconocible en muchos grupos. Cuando Ian Curtis se subía a un escenario y cantaba "Love will tears us apart", con su voz grave y oscura, con ese bajo preciso y casi doloroso, seguro nunca imaginó que su canción sería elegida como la más importante de la historia del pop, según el Melody Maker.
No me fuí a vivir a Londres pero me compré unas doc martens en Shelly´s, asistí a un exposición de Blake en la Tate Gallery y vine cargadita de discos que costaba trabajo encontrar en Madrid. Me bastó tener un novio inglés para que se me quitarán las ganas para siempre de pasar más de una semana en Inglaterra. Yo que normalmente me encariño con los países por los ligues que me echo, y este consiguió lo contrario. Es que todo lo hacen al revés.
24 hours party people es una cinta que trata de aquella feliz época musical. Combina cortes de conciertos reales con la ficción (porque Ian Curtis no ha resucitado, que yo sepa, y sale en buena parte de la peli). El nacimiento de Joy Division, de los Happy Mondays, de New Order, del sello The Factory, de la sala La Hacienda. Es divertida, interesante y claro, muy musical.
Así que, despues de verla, me he puesto a bajar música y a buscar fotos de Ian Curtis y me he dado cuenta que me sigue pareciendo muy atractivo. No he cambiado mi gusto en hombres. Pero eso lo cuento otro día. Hoy les dejo con la recomendación de ver esta película, si les gusta el post punk.
- Mmm... depende de lo que entiendas por grandes... una 95-100... porqué?
- Es que estoy preparando una serie de fotografías para una exposición y necesito un retrato. Todas mis amigas son de pechos pequeños y tú podrías valerme.
Es que tú solo te follas a efebos, hermanito.
Cuando conocí a mi hermano inventado, lo primero que escuché de él fue un "eres fascista?" que me dejó descolocada. Hizo su deducción en función de mi peinado, que en aquella época gustaba yo de recoger mi melena en una cola de caballo con el cabello engominado y bien tirante. Seguramente, me sentí molesta, nada más lejos de mí que encasillarme en semejante pensamiento. Pero él hizo su pregunta de una forma tan natural y sin ánimo de crítica que tuve que hacer toda una declaración de principios que nos llevó a horas de conversación. A partir de ese día, nos hicimos casi inseparables. Descubrirnos mutuamente fue una aventura excitante que nos llevó al extremo de matricularnos en un curso al que no asistimos por conseguir tiempo para estar juntos. Y a mentir. Porque yo tenía un novio en esa época al que le contaba trolas tamaño trolebús para justificar mis escapadas constantes.
Durante dos años, robábamos tiempo para encontrarnos, desayúnabamos en el vips, nos intercambiábamos libros febrilmente, leíamos el uno para el otro, nos escribíamos cartas, nos llamábamos constantemente por teléfono, tomábamos café en el barbieri, caminábamos por la ciudad tomando fotos, veíamos películas y follábamos en estaciones de tren. Hablábamos del amor que sentíamos el uno por el otro, un amor fraterno, incestuoso, intelectual, de admiración mutua, de constante estímulo y aprendizaje, en el que ambos respetábamos a las parejas del otro a tal grado que entendíamos que nuestros novios/as formaban parte necesaria de nosotros, lejos de ser un estorbo u obstáculo. Nunca quisimos ser pareja, porque éramos hermanos y ese estatus nos blindaba ante los típicos problemas de toda relación sentimental clásica.
Despues, mi hermanito se marchó a Alemania a estudiar y nuestros encuentros, lógicamente, se fueron espaciando. Pero, de vez en cuando, nos buscábamos. Como el viernes pasado, tras casi dos años sin vernos. Y es un placer descubrir que los años no nos han separado, nos nos han vuelto dos desconocidos, como es frecuente que ocurra con las personas que son importantes a los 20 años; a los 30 suelen convertirse en extraños, porque la vida te cambia y te hace elegir caminos que a veces, separan.
Nosotros hemos cambiado. Qué terrible si no fuera así. Pero nuestra evolución nos sigue haciendo compatibles y deseosos de compartir con el otro nuestros descubrimientos musicales, literarios, afectivos, sexuales. Quizás, entre nosotros, en nuestra relación, el cambio más importante es que ambos ya asumimos, tras muchos intentos, que el sexo entre nosotros no funciona. Muertos de la risa, mientras cenábamos, comentábamos la falta de química que sufrimos. Nuestra falta de pasión congela las bombillas, dice él. Pues sí, hermanito, el sexo no es lo nuestro. Pero como a ambos nos encanta el sexo, hablamos y hablamos, nos contamos, explicamos, relatamos y enseñamos al otro lo que sabemos, lo que hemos aprendido, lo que queremos aprender, nuestros miedos, nuestras carencias, sin ningún asomo de pudor ni timidez.
El viernes pude disfrutar de mi hermano con la misma libertad y confianza que creamos hace ya muchos años, y entre besos, caricias y risas, ambos supimos que estaremos para el otro siempre.
Pude saludar a mamá gallina (excompañera de trabajo y amiga) pues ahora es la jefa de mi indio, y se ve muy bien, bronceada y más delgada... claro que me contó que anda cepillándose a un bollicao de 26 añitos y eso siempre te pone guapa...
Al mismo tiempo, tenía a la negra sin alma papadeando desde otra ventana del messenger. La negris viene en breve a Madrid y andamos organizando un viajecito a Roma y Florencia. Tras una dura lucha, he conseguido convencerla en que 15 días de estancia, viajar a París, Barcelona, Roma, Florencia y alrededores de Madrid, es una locura propia de japoneses. Y yo bastante tengo con los chinos de debajo de mi casa. Esta ha visto el mapa y ha hecho como los yanquis en plena guerra fría con el mapa de Rusia: lo ha puesto encima del de México y ha dicho "pos que pequeña es Europa, vamos a dar el rol, desayunamos en París, comemos en Barcelona y cenamos en bonitas terrazas en la Latina". Pues no, nena. Un poco de calma y disfrutemos del camino. Desde que hace pilates, se cree supermán.
Por otro lado, el de los mensajes roba-sueño, sigue... enviando mensajes. En su línea incendiaria, y yo dándole su buena réplica (que otra cosa no, pero palabras me sobran), seguimos jugando hasta que alguno se harte, supongo. Es curioso, porque cuando me lo encuentro en el messenger de día, somos amiguitos inocentes. No nos salimos de tono, todo cordial, correcto y cariñoso. Ahora, por las noches, nos sale lo salvaje y nos convertimos en la antítesis de lo que demuestran nuestras conversaciones diurnas. Se me ha metido en la cabecita esta que tengo que quiero verle en público, rodeados de un montón de gente, para que no podamos hacer nada. A ver qué pasa. Como un experimento.
Y por último, tonite ceno con mi querido hermanito inventado. Como le decía el otro día a una amiga (otra de mis primas inventadas) me agrada la idea de crear mi propia familia escogiendo a sus miembros como mis tíos, mis primos, mis hermanos, mis padres. Tengo de todo y repartido por el mundo. Tengo tres padres y dos madres. Primos, ya no se cuantos. Y tres hermanos biológicos, tres postizos y otro que aún no me decido que estatus darle. Pues el que inauguró esto de la familia inventada es con quien ceno esta noche. Mi hermano J. además de guapo, es brillante, el cabrón. Nos vemos menos de lo que quiséramos ambos pero nuestros encuentros son siempre felices y divertidos. Es profesor de sociología y debe tener a sus alumnas completamente rendidas, como me tiene a mí desde hace 18 años ya que le conozco... cielos.. cómo pasa el tiempo... Y, mi negris, wey, te encantaría... Ya sabes que si me gusta a mí, te gusta a tí...
Aunque espero que esta noche no me deje plantada por marcharse con otra Lady Farlopa como aquella noche en Chueca por mostrarle las bondades de la sumisión bien entendida... Está bien, se lo consiento mientras me llame al día siguiente y me lo cuente todo con detalles.... A fin de cuentas, soy su hermanita, y los hermanos comprenden las debilidades del otro, verdad?.
Gracias, mi amor, por hacerme feliz.
Lo uso especialmente para ver vídeos musicales. Y yo creo que está todo lo que puedes desear. Ayer me levanté siniestra y me dediqué a buscar música ad-hoc. Siouxie and the Banshees, Bauhaus, Joy Division (en paz descanses Ian Curtis, tan joven y guapo), New Order. El dos de mayo, por influencia de una bloguera, disfruté de una mañana muy italiana, con Mina Mazzini de superestrella, pero sin olvidar a Ornella Vanoni, Iva Zanicchi (encontré una joyita con su "Caro Mío"), Lucio Battisti o Rita Pavone. Mina es la gran diva. Muy grande. Enorme y divina.
Pero cuando estamos en la oficina el Charlyboy y yo solos, hacemos competiciones de corridos. A ver quién encuentra el corrido más fuerte, el más naco, el que tiene mensaje escondido. Porque resulta que los narcos ahora se comunican a través de vídeos. Cuelgan producciones caseras a base de fotografías, en algunos casos, añaden textos explicativos, o señalando de plano, identificando miembros, lugares. Llegan al extremo de amenazar a los cárteles enemigos. Resulta muy interesante porque muchas de las fotografías que exhiben son inéditas, lo que indica que el "productor" o es miembro de la mafia o está muy cerca. Conseguir ese material es realmente complicado. Ofrece igualmente un indicativo de quiénes están en activo en estos momentos, en qué plazas hay más problemas, y quién está ganando posiciones. Es un fenómeno curioso este, que ni los narcos han podido resistirse a entrar. La policía, obviamente, rastrea estos vídeo-mensajes. Pero no se qué tanto se puede hacer, porque en apariencia, no es más que un vídeo musical. Tengo perfectamemente identificados a los mejores proveedores de "mensajes" y los sigo con extrema curiosidad, asombrada por la información que manejan y los documentos que cuelgan (y sin haber sido detenidos, aunque sea para interrogarlos de dónde sacaron esos datos).
Algo como esto, de facturación casera:
Tambien hay grupos que además de componer los narcocorridos, realizan vídeos la mar de ilustrativos, como este:
Para ojos entrenados, es fácil reconocer caras. Nada más pongo nombre a una, la guapa, la Reina del Pacífico, Sandra Avila Beltrán es su nombre real. Más perdida que el barco del arroz. Obviamente, el vídeo es una ficción, pero se ajusta bastante a cómo debe ser una fiesta de alto nivel en la sierra. Háganse una idea.
Ya ven, cada uno tiene sus vicios.
Yo les dejo, voy a preparar mi cita radiofónica.
Disfruten del viernes y del resto de sus vidas.
Salimos del San Remo, aquel antro caluroso situado en los bajos del Hotel El Mayo -mi corazón dando brinquitos de emoción por el irreverente nombre del hotel -, donde escuchamos cantar a la camarera rolas de Silvio, y ese pinche calor... vámonos, arre...
Sólo en una ciudad como Culiacán se les ocurriría poner de nombre a un hotel "El Mayo". El Mayo es el sobrenombre de uno de los narcotraficantes más buscados del país y una de las cabezas del cártel de Sinaloa.
Aparcamos junto a la casa del Maicol y nos sentamos en la puerta, en la acera. El Maicol sacó su guitarra, repartió cervezas para todos y comenzó a tocar.
Piel Mortero es una banda de Culiacán, liderada por Michael Verdugo, cuyo último disco se llama Dracos Jinetes sobre Isósceles Paquidermos. La canción del vídeo es "Muebles e Interiores".
El instituto nuevo era mucho más grande. Lo que implicaba más gente. Eso me agradó. Me daba mucha pereza retomar el pasado que dejé en octavo y someterme al escrutinio de mis viejos amigos. No recuerdo bien, pero creo que sólo llegué a frecuentar a mi mejor amiga del colegio. En mi estilo habitual, el primer día a tercera hora ya estaba recogiendo mis cosas para relajarme un rato en un prado que había visto desde la ventana y que se presentaba la mar de apetecible. Mi recuperada mejor amiga me frenó en seco: aquí no se fuga nadie. Cómo que no? y qué hacéis?, pregunté sorprendida. Pues ir a todas las clases, respondió rotunda y casi regañona. Ah, ir a clase. Eso. Coño, es una idea nueva para mí.
Me entró la desesperación ante la perspectiva de tener que pasar un curso entero yendo a clases. Sin faltar, salvo huelgas, enfermedad, o festivos. Muy cuesta arriba eso para mí. Me iba a aburrir, ya lo estaba viendo venir. Y le menté la madre a la profesora de gimnasia que me había hecho irme de mi paraíso donde no íbamos un solo día a clase completo. Así que decidí apuntarme a alguna actividad extraescolar. Lo se, mi lógica no funciona muy bien. Se organizó un grupo de cine con el propósito de filmar un corto. Pues yo, de cámara, porque el puesto de director ya estaba cogido.
El grupo de cine funcionaba porque había mucha voluntad, porque allí saber, nadie sabía nada. Pero teníamos un director de lo más entusiasta, que escribía guiones, era vasco, se llamaba Jon y parecía un leñador. Jon conformó el equipo técnico, preparó un guión y cuando queríamos empezar a rodar nos dimos cuenta que allí ni dios quería actuar. Y es que el corto era atrevidillo. Trataba de una alumna muy pija, con novio muy pijo con moto, que en su tiempo lectivo se dedicaba a torturar a una profesora que estaba enamorada de ella. Vamos, una cosa de lo más normal. Alumna lolita de lo más hijo de puta seduce y putea a profesora de mates, con final fatal, por supuesto. La profe, desquiciada al no poder conseguir el objeto de sus deseos, la termina acuchillando en el baño mientras la lolita hace un pis. Corrupción de menores, lesbianismo, chantaje, tráfico de influencias, sadismo y bajas pasiones a tutiplén. Y el profesor que cuidaba de nosotros, temblando ante la idea de presentar el proyecto a la asociación de padres. Un profe enrrollado, el tío, porque se atrevió.
Pues una de casting para seleccionar a las super estrellas. Pusimos carteles por todo el instituto citándolos en el salón de actos. Y se presentó un montón de gente. Jon los fue probando y los iba seleccionando y adjudicando papeles. Pero Lolita seguía sin aparecer. Probamos a todas las que se presentaron. Nada. Ninguna valía. Y de pronto, se giró hacia nosotras, las del equipo técnico. VAMOS¡¡, nos gritó. Coño, Jon, que no, que pasamos, que nosotras detrás, que no nos mola nada salir en la peli. Pero Jon, por lo vasco sería, imponía un huevo. Y nos obligó. Empezamos a desfilar como corderillos asustados. Había que representar una escena de clase, Lolita estaba sentada en el pupitre y mascaba chicle como si estuviera practicando sexo oral... tenía que mirar a la profesora (que estaba presente y era nuestra profe de mates de verdad) y seducirla con el chicle, con la boquita, con la lengua y con la mirada. Había que poner nerviosa a la profesora. Había que hacerlo de verdad.
Una. Otra. Otra más. Y otra y otra... y yo la última. Yo no quería. Pero me obligaron. Quise hacerlo mal. Lo juro. Ni siquiera me gusta comer chicle.
Todo el mundo se quedó callado mientras yo clavaba los ojos en la profesora y le decía con la mirada un montón de cochinadas, y con la lengua, otro tanto.
- Corten¡¡, gritó Jon (que chillaba mucho).
- Pero si no estamos rodando.... dijo alguien.
- Pues qué pena -gritó Jon- porque ya tenemos a nuestra Lolita...
Por más que grité, chillé y pataleé, no hubo manera. Todo el mundo estaba de acuerdo, menos yo. A mis dieciseis años yo era capaz de dar la talla como lesbiana infantil corruptora de profesoras pero inútil al tratar de imponerme ante el fornido Jon que babeaba con la película que se había montado. Le seduje. Y también fue inútil. El tipo era incorruptible. Y yo, virgen, lo que visto con la perspectiva de los años, igual y tuvo que ver.
Nada, a rodar se ha dicho. La verdad, no es que el papel me asustara, no. Es que soy tímida. Y me horrorizaba sobremanera salir en fotos, pues no digamos en una película. No me causaba el menor pleito el rollito lésbico, sino el que me viera un montón de gente. Lo del novio que me adjudicaron en el rodaje, que era un feo y un patán, y al que tuve que besar quince veces en una toma con la banderita de españa de fondo con venticinco personas observando atentas, porque el wey no sabía besar y le tuve que enseñar (qué paciencia, señor) no fue un problema. Salvo la bofetada que le tuve que dar una noche en un antro porque escuché que andaba presumiendo que estábamos liados de verdad. Y hombre, no estaba yo para salir en el Hola¡ del pueblo por tener un affair con ese baboso. Más quisieras tú¡¡ y le arreé. Que una tenía su caché, coño.
Rodar varias escenas en clase, con mis compañeros reales, el equipo al completo, la tía de una, la prima de la otra, la señora de la limpieza, varios curiosos y la sufrida profe, en la que básicamente yo tenía que mostrar mis dotes de seducción sentada en un pupitre o contoneándome en la pizarra, pase.
Pero tener que filmar que estás haciendo un pis, un acto tan íntimo, y tú ahí, sentada en la taza, y el micro asomando por arriba como un pájaro peludo de mal agüero, eso ya te pone muy nerviosa, y encima que abran la puerta de un golpe y tú tienes que poner cara de pánico porque te van a acuchillar... venga, hombre... la puerta me golpeó como siete veces en la cara, con lo que de cara de susto, nada, más bien de dolor y agudo. Cuando conseguía pegarme lo suficiente a la pared del fondo para no ser golpeada, ya estaba Jon chillando que así no mean las mujeres normales, más tiesas que una vela... qué listo el tío... anda, prueba tú a sentarte y que abran de golpe, verás que risa. Encontramos el punto exacto para sentarme de forma natural y no ser aporreada. Ya llevábamos como diez tomas.
Siéntate en el punto exacto, la puerta se abre de golpe y primer plano de mi cara de pánico. Ni de coña. Imaginaos que abren la puerta del baño y ves a treinta personas mirándote, expectantes. Me dió un ataque de risa. Dos. Tres ataques. Al décimo y con todo el equipo tirado por el suelo partiéndose de risa y con veinte tomas tiradas a la basura, Jon, muy serio, se inclinó hacia mí y me relató al oído bajito de qué dolorosa manera me iba a hacer perder mi virginidad, la otra, la "extraordinaria". Oye, mano de santo. No tuvimos que repetir ni una sola toma más. Sentada donde debía, la puerta se abre sin golpearme, y yo con una cara de pánico que riéte tú de la matanza de texas. Yo no veía a la profe de mates cuchillo en ristre. Veía al cabrón de Jon. Y eso sí acojonaba.
El famoso primer plano, culmen del corto, y tras veinte intentonas, terminó, por fin. Un par de tomas más de la profe como ida por los pasillos con la bata ensangrentada y las baldosas del baño salpicadas daban su punto gore y completaban el rodaje. Fundido en rojo chorreante y a montar.
Exhibieron el corto en el salón de actos y fue todo el pueblo. Yo no me atreví a verla. No la ví nunca. Pero, para mi desgracia, la presentaron a un concurso y ganó. Así que el corto se paseó por todos los institutos de la región. Y cuando salía a la calle, no faltaba quien me paraba para preguntarme si yo era la de la peli. Que no, que no soy yo. Sí, me parezco a ella, ya me lo han dicho, pero no soy yo. Coño, que no soy yo...
Algunas madres me miraban mal. Y algunos padres me miraban bien, muy bien. Me sonreían mientras sus doñas les tironeaban del brazo, con cara de malas pulgas.
Menos mal que la "fama" es efímera. Porque despues de esa incursión, como no me convirtiera en la Tracy Lords de la zona, a ver cómo mantengo el listón.
Así que volé a Culiacán con el teléfono del Alberto apuntado en la agenda, junto con otros varios recomendados. Llegué, me instalé, y empecé a hacer llamadas para ir concertando citas. Entre ellas, con el hermano del hermano. El día que apareció a buscarme a la casa donde me andaba quedando y lo ví, casi dos metros de tiarrón, enorme, moreno, pelón, y ojos como luceros... pues me gustó, a qué negarlo. Guapo es, un rato. Tan educadito, tan calladito, tan joven y tierno. Tan grande. Ay. Y además, fotógrafo en ciernes. Pero lo mejor de todo, lo que me conquistó definitivamente fue que conducía la camioneta más destartalada de toda la ciudad. Era una de esas camionetas como las de los dibujos animados, llena de ruidos y cuerdas, y tan divertida que al subirme no podía dejar de reir.
En una ciudad donde el consumismo llega a ser salvaje, y eres diseccionado con crueldad en función de la ropa que llevas y del coche que manejas, se me hacía absolutamente conmovedor y transgresor ir con el Alberto en su camioneta de caricatura. No quería bajarme, quería dar vueltas y vueltas y saludar a todo el mundo como si fuera el papa. Teniendo en cuenta que me encantan los tractores, pasear con el Alberto en su carro era como ir en Cadillac.
El tipo era lo suficientemente encantador, divertido, inteligente, artista y guapo para que a los diez minutos de conocerle, ya tuviera decidido que me lo llevaba puesto. Y no tardé en advertir que yo también le hacía gracia. Pues ya está, amigo (yo, en mi línea de para qué vamos a perder más tiempo). Pero el Alberto tenía sus pleitos, su novia a punto de volverse exnovia, sus dudas, sus miedos... sus cosas. Yo, pues tranquila. Tomándolo con calma. Ya caerá...
Una noche vino a buscarme para ir a una fiesta. Y yo me prometí que de esa noche no pasaba. Así que me puse mi vestido de la suerte (un día perdió sus superpoderes y ya no me lo he vuelto a poner) mi mejor sonrisa y condones en el bolso. No recuerdo si cenamos algo antes o no, pero sí que pasamos por el Dispamocusa (suerte de estanco tamaño corteinglés solamente de venta de cervezas) a cargar todos los botes que podíamos llevar. Y aparecimos allí, como ángeles sin alas, divertidos, flirteando y haciéndonos ojitos.
Ronda de presentaciones. Entre ellos a la anfitriona: la negra. Me dice que se llama XX, pero que su sobrenombre es La Negra sin Alma. Como si me conociera de siempre, me saludó efusiva, simpatiquísima, y toda cariños. Tú eres la famosa española, me espetó. Me dí cuenta al instante que a la negra le gustaba el Alberto. Y el Alberto, pues no la despreciaba precisamente. Yo soy la española, sí. Y recuerdo perfectamente que pensé para mí: Vale, alguien a quien llaman la española no puede competir con alguien que se llama La negra sin Alma, no hay comparación. Pero nena, préstamelo un rato, lo disfruto, y te lo regreso, que yo me vuelvo a mi país y todito para tí. Juro por Malverde que lo pensé. Pero ni modo de decírselo a un tipa que acabas de conocer, en su casa, en su fiesta, llegando acompañada del tipo que le gusta, y encima de todo, a una sinaloense. Temí amanecer en la morgue. Y aún no estaba tan enamorada de México como para querer morir allá. Así que me callé por puro sentido de supervivencia y continué autopresentándome. Conocí a varios cuyos nombres ya traía en el radar y tan encantados de que les llevara noticias del hermano, que me separaron de mi objetivo.
Pero el Alberto no parecía nada triste por mi ausencia. Más bien al contrario. Al fondo, muy al fondo, en la escalera de acceso a la casa (como si lo estuviera viendo, oye) estaban la negra y el Alberto, en alegre y coquetuela cháchara, ajenos a la fiesta, al mundo, y a mí, que era lo peor. Yo, sentada en el suelo, ríe ríe, bebe y bebe, y mirando de reojo a ese par de ingratos-desgraciados-jijosdelachingada que me ignoraban con singular alegría. De hecho, la negra de vez en cuando me echaba una miradita, supongo que para cerciorarse que yo seguía bien lejos y no representaba peligro. La alacrana se debió dar cuenta, me cae, porque no me daba tregua con la plática y la cerveza. Debió pensar que la mejor forma de salir del trance era emborracharme hasta la inconsciencia y nos evitábamos todos un drama. Se mascaba la tragedia... Aquello era un choque de coronas en toda regla. Era la negra o yo. Y jugando en terreno "enemigo".
Llegó la hora de retirarse y tuve que rendirme ante la evidencia. Yo no pintaba nada. Había jugado límpio, había respetado las distancias y no me había entrometido más allá de las eventuales miradas de tanteo... sin resultados. Está bien, me dije, a casita. La alacrana se ofreció a llevarme y ya andaba yo despidiéndome y tratando de mantener el equilibrio, cuando el Alberto se planta ante mí, raudo y veloz. Yo te llevo, me dice. Nel, me lleva la alacrana (ahora te quedas con tu negrita, cabrón). Yo te traje, pos yo te llevo, insistió. No importa. Sí que importa. Negrita sonriendo. Orales. Vámonos. Juntos. Bye, negris, un placer...
Y salí sin mirar atrás, no fuera a convertirme en sal, escoltada por el Alberto. Fue subirnos en la camioneta de la risa, que estaba aparcada frente a la casa (si se asomaban a la terraza, nos veían, fijo) y sin decir palabra, nos lanzamos, literalmente, uno en brazos del otro. Vámonos de aquí en chinga, cabrón, o alguien va a salir a la terraza rollito francotirador. Dónde vamos?, preguntó, cándido. A casa con mis padres a proteger mi virginidad, no te jode... pos a un motel, alma de cántaro. Y al más corriente, a ser posible, que tengo espíritu de antropóloga. Lo que pasó luego es justamente lo que os podeis imaginar, así que me ahorro comentarios lúbricos. Al día siguiente, radiante y feliz, me dejaba en casa. Yo esa mañana salía a Mazatlán a pasar unos días y me despedí con la promesa de llamarle en cuanto llegara, informándole del hotel en el que me alojaría, porque el Alberto, que lo sepais, desde la noche de lujuria, ya no podía pasar ni un segundo sin mí. Vamos, que le faltaba el aire, la sangre no le circulaba, y todas las desgracias del mundo le iban a sobrevenir si no estaba a mi lado. Já. Le juré y le perjuré que lo llamaba llegando. Me pidió el número de mi amiga (para tenerme controlada) pero yo no lo tenía encima (mentiras mías). Que sí, que te llamo.
Cuando llegué a Mazatlán, mis amigas me recordaron que llamara al Alberto. Me reí y dije ¿de veras creeis que le voy a llamar sin saber qué onda aquí?, naaahhh, yo salgo esta noche y mañana ya veremos...
Queridos niños y niñas: si eres malo, lo pagas. Y lo pagué. Efectivamente, salí esa noche. No voy a entrar en detalles, pero hice un par de travesuras (pequeñas, casi ínfimas). Y la verdad, es que el panorama no prometía. Así que al día siguiente, le marqué. Y me encuentro a un Alberto presa de los nervios, que dónde me había metido, que andaba loco esperando mi llamada, que se había pasado la noche de su casa a la central de autobuses, pensando si tomar uno y salir a buscarme, vagando, por las calles, como homeless, desesperado por encontrarme... pooooooobrecito. Hasta me conmovió y todo. Me lo creí todito y me sentí la mar de culpable. Así que ya le informé, me disculpé hasta la saciedad, y finalmente, vino a Mazatlán.
Ingenua de mí, inocente, tan poco experimentada en mexicanos aún, no sabía que a dos horas de camino, en Culiacán, la negra y yo nos habíamos convertido en hermanas.
Pasé el resto de mis vacaciones entregada al Alberto, como enamorados los dos, como bobos, más bien. Y regresé a España, con promesas (todos los mexicanos cantan en la cama, se enamoran de tí y se quieren casar contigo. Todo es mentira, menos las canciones. Pero aún no lo sabía). Me la pasaba conectada al msn. Hablando con él. Hablando con la alacrana. Y un día la alacrana, invita a la negra a la conversación. Casi me da urticaria. La muchacha me caía bien, sí. Pero era una enamorada de MI Alberto. La negra, encantadora, comienza a contarme, como enloquecida, que está enamorada, mucho, muchísimo (ayayayay.. esto me huele mal) y que putamadre, el tipo no la hace el caso que ella precisa (pos no, nena, está ocupado) y que sospecha que hay otra mujer... creo que ha sido la única vez que he agradecido la distancia. Sudé de pánico.
Por algún motivo que ignoro, las conversaciones entre la negra y yo se fueron haciendo diarias, constantes. Podría haberla bloqueado, eliminado. Pero no se porqué, no lo hice. La escuchaba llorar su amor por el tipo que era algo así como mi proyecto de novio. La negra me confiaba sus penas y sus sospechas de "la otra". Y yo temblaba. Cada día me caía mejor. Nos fuimos haciendo amigas. Y el Alberto ignoraba mis súplicas para que hablara con ella y aclarara el lío internacional. Así que un día me armé de valor y la escribí una carta en la que se lo confesaba todo. Ya quería yo a la negra, y no podía ser su amiga y tenerla engañada con lo que la hacía sufrir tanto. El Alberto, para ese momento, se desapareció del mapa. Huyó como alma que lleva el diablo. Volvió con su novia de siempre y nos dejó a las dos, enfrentadas, derrotadas, y solas una frente a otra.
La reacción de la negra fue espectacular. De reina. La negra vino a decir que con su amor haría una bolita y se la tragaría frente a una mujer como yo. Y que seríamos amigas pa´ siempre. Lloré. La negra demostró tener una talla como he visto en muy poca gente. Una dignidad, una generosidad y una elegancia para "perder" que dudo pueda yo alcanzar nunca. La negra me tendió la mano cuando era ella la que estaba hundida.
La negra, desde aquel episodio en el que nos encontramos hace cinco años y yo, somos amigas, hermanas, y últimamente, gemelas.
Claro que, despues de lo que pasamos juntas, nos ha quedado la "tara" de querer compartirlo todo. Como si nos curásemos en salud y en lugar de llegar a ser rivales, dado que compartimos gustos peligrosamente (y no solo por el Alberto) pues mejor cedemos ambas y contentas las dos. O los tres. O quizás sea porque realmente lo que nos divierte es que esté la otra allí, cerca, al lado, encima, debajo, como sea, pero allí. El tipo, a veces, es lo de menos.
Mientras esté ella, mi negrita hermosa, mi hermana.
(La otra versión en el blog de la negra)
Me he quedado tan exhausta que hasta me ha quitado las ganas de enviar un sms al que me roba el sueño algunas noches. La autora se pasa todo el rato lamentándose. Por todo. Es una pena que tanta dosis extra-large de drama me hayan echado para atrás, porque la tía escribe bastante bien. Es buena de cojones, vaya. Pero yo no puedo con tantos kilos de mal rollo por más que admire su estilo literario. Y es que no consigo comprender porqué algunos/as gustan de regodearse en la mierda con ese placer sádico y repetitivo. Eso sí, como nadie me ha llamado a leerla, no tengo el mal gusto de opinarle con un comentario de esos que te hacen perder la fe en la bondad ajena. Me voy con mis apetitos a otra parte y listos.
Y es que soy una mujer práctica. Mucho. Soy de las que saca partido a todo. De las que ve la cara buena a todo. Que no hay mal que por bien no venga, lo hago mío a velocidades supersónicas.
Que mi indio decide pasar las vacaciones de semana santa (y la anterior y la posterior, vamos, que se ha pirado tres semanas como tres soles) a México y dejarme aquí sola y desamparada... pues a hacer visitas a los amigos que los tengo muy abandonados. A tener la casa como un jaspe solo por escuchar a mamá decir: "hija, qué bien lo tienes todo" (pero por favor, no abras el armario). A comer como a mí me da la gana, que los siete kilos que perdí en Culiacán los recuperé en dos semanas junto al indio y llega el verano y esto no puede ser (vamos, lo de todos los años), que estoy harta de tener cuatro tallas distintas ocupando espacio en siete maletas.
Que en las tres semanas de ausencia, me he portado como una buena chica y no he cedido a un par de tentaciones la mar de seductoras...por guardar ausencias... Vale, vale... no te lo crees ni tú... que si no has cedido es porque el objetivo no es el mismo que los de las propuestas tentadoras. Es que el objetivo se vende muy caro, el cabrón. Y una tendrá hambre, pero yo tengo que comer del plato que yo decido. Y si no, ayuno.
Que anoche, mi indio me llama y me dice que no le espere el jueves a comer. Que se va un mes al Caribe a retratar a un candidato a gobernador. Mecagoentostusmuertos. Mi amor, lo siento. Vale, vale, no hay problema. De veras, mi amor, si dudé fue por tí, por volver a tus brazos... El muy jijodelachingada sabe perfectamente que sus cursilerías me desarman. Y que soy más buena que el pan. Hubiera rematado con un "si tú me lo pides, no voy". Pero claro, no se arriesga, que ya me conoce. Como le quiero con el alma que no tengo, según el flaco, le digo bien tranquila: "Cariño, vete. Mi único problema es que me muero por coger contigo. Si hubieras venido y me hubieras dado lo que me merezco, no la haría de tos, que no la hago, que conste, pero pues...se me acumulan las ganas y ya si no garantizo integridades físicas". Me dice: "Pues yo también muero por coger contigo (si dice que no, le mato, con esas cosas no se juega) pero ni modo, saca la agenda y los condones". Ale, buen viaje.
Y pues aquí me tienen. Otro mes más por delante. Sola. Con el armario que da miedo abrirlo de toda la ropa por planchar acumulada. Con la nevera llena de cosas verdes (al menos, no se mueven aún). Con la bicicleta recordándome los días que faltan para dejar las medias guardadas seis meses y yo usándola como perchero. Estrenando nuevo horario, lo que implica mucho más tiempo para mí y mis maldades. No les doy lástima????
Que se jodan¡¡¡ (nuevo lema de la negra y mío, recién importado de Puerto Rico). Pena, yo??, Já.
Mi indio es lo que tiene. Nunca está mucho tiempo en el mismo lugar. O bien por trabajo o bien por culo de mal asiento, le gusta andar de zascandil. Viaja mucho. Pero así le compré. Y así le quiero yo. Me gusta, en el fondo, que haga sus escapaditas, nos da libertad y aire y renovadas ganas de estar juntos.
Tengo un mes por delante para hacer lo que me venga en gana (por otro lado, es lo que suelo hacer), quedar con quien quiera sin avisar que no llego a cenar, o a dormir... ver todos los programas de la tele que quiera sin negociar, dormirme a la hora que me de la gana, decidirme de una vez a usar mi flamante bici sin escuchar risitas desalentadoras, tirarme al teléfono horas hablando todo lo alto que quiera y ocupar la compu cuando me apetece sin lidiar...
Y.. voy a enviar un sms...
Positiva que es una...
Acaba de llover. Hace un chingo de frío. Montañas de ropa por planchar. Y yo recordando la conversación de anoche con la negra sin alma. Tengo agujetas de tanto como reímos.
La negra es mi pinche hermana gemela. Me lee el pensamiento la cabrona. Se adelanta a mis deseos en sus locas proposiciones, sabiendo que contará con mi apoyo incondicional, porque queremos lo mismo, nos gusta lo mismo: somos lo mismo.
Siempre que me habla de un hombre que le gusta, me dice: "wey, se que te encantaría, lo se". Y es cierto. Siente debilidad por los fotógrafos y por los diseñadores. Como yo. Le gustan los ñeros, los corrientes, los vulgares. Como a mí. Nos conocimos por un tipo al que acabamos compartiendo. Y eso une mucho, quieras o no. Ya se que una circunstancia como querer al mismo tío a algunas las convierte en enemigas acérrimas, pero a nosotras nos hizo hermanas. Y el tiempo y la vida nos volvió gemelas.
Anoche me decía que somos putas. Lo somos, negra. De las corrientes. De las baratas, negra. Baratas como vino en tetrapack. Vulgares y callejeras. De las caras, no, que lo hacen por dinero. No, negra, de esas no somos. De las que lo hacen por gusto. De las que ni se acuerdan de cobrar.
Compartamos, negra, le digo. Sí, compartamos. Se nos da bien. ¿Qué hacemos?. Secuestremos a fulano. ¿Le secuestramos?, órale mi negris. Le metemos en una suburban negra como el alma que te falta. Lo amarramos y amodazamos pa que no chille, el cobarde. Si va a tener suerte y todo el cabrón. Con las dos, no mames. Arre. Y luego?. Pos nos lo llevamos a un motel, mi negris. Un motel de esos chilo, bien naco, al modo del rancho. De los que cuando prendes la tele puras porno echan. Sale. Y tendremos una hielera con su 24 de Pacífico bien helada. A huevo. Norteña sonando. Ta´bien, mija, te daré gusto. Tons?. Pues nos lo cogemos. Las dos?. Simón, las dos. Ah, qué suerte la suya. Las dos juntas pa´él, mi negris. Qué chiste si no? No se ha visto en otra igual. No, pos no. Estamos de acuerdo?. Simón, wey, olrai. Trato hecho.
La negra mira al mundo con ojos hambrientos y pinta la vida de colores. La negra tiene música en la sangre y palabras pa regalar. La negra te habla y aunque no quieras, sonríes.
La negra va a cruzar el charco y va a aprender palabras nuevas para sus crónicas.
La negra, mi hermana gemela, y yo, queremos embarazarnos en Grecia. Ya tenemos la fecha programada. Y el padre, obviamente, lo compartiremos.
Escucho febrilmente a mi querido Cerati. El siempre me acompaña, siempre está ahí, pero en estos días su presencia adquiere una nueva relevancia, un redescubrimiento de sus letras elaboradas, una adaptación a mi estado, personalizándolo, haciéndolo mío, usándolo incluso. Otras veces estuvo ahí, vinculando mi memoria a momentos especiales, con rostros, pieles, luces. Cerati siempre estará unido al amigo que me lo presentó y me lo entregó como un regalo mientras me cantaba sus canciones bajito. Pero ahora es mi particular banda sonora del momento que vivo.
El cielo entiende que mi obsesión está llegando a un límite...
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El era uno de esos tipos. Lo supo nada más verlo. Lo hubiera reconocido entre todo un estadio lleno de gente. El era de esos.
Unos de esos tipos a los que las palabras les sobran. Les sobra la edad, la nacionalidad, la profesión. Les sobra su físico, su dinero. Les sobra todo. Porque cuando se vuelven a mirarte, sus ojos disuelven el mundo que te rodea, se licúa el piso que te sostiene, el cielo se vuelve agua. Tú te vuelves agua. Y sólo puedes fluir en la corriente que él ha establecido a través de su mirada clavada en tí, como un río eléctrico.
Con la piel erizada, húmeda, te das cuenta de inmediato. Es uno de esos tipos. Mal asunto. Porque estos tipos son de los que ya no se van nunca. De los que te siguen a donde quiera que vas. Metidos en tu cabeza, mirándote a cada rato, apareciéndose en sueños. Chingándote con su sonrisita perversa cuando a tu memoria se le pega la gana.
El tipo sabía jugar. Puta madre si sabía jugar. Porque cuando se encontraban y la abrazaba para saludarla (delante de todo el mundo), y colocaba su mano casi al final de la espalda ejerciendo la presión adecuada para hacer rozar sus caderas, susurrando fórmulas de cortesía que en sus oídos se traducían como proposiciones sonrojantes (por el tono que empleaba) y ella se abandonaba entre sus brazos, sintiendo el calor aumentar y finalmente, él deshacía el abrazo clavando sus ojos en ella segundos más de lo educado, ella, febril, aturdida, tímida, maldecía su incapacidad de reaccionar, algo impropio en ella. Manejada como muñeca.
Nunca tuvieron intimidad, tal y como se entiende comunmente. Nunca estuvieron a solas. Nunca se tocaron más allá de los saludos. Ni siquiera se dijeron en voz alta algo demasiado personal. Pero en los encuentros, inevitables al coincidir los amigos comunes, los juegos de miradas eran tan elocuentes que no pasaban desapercibidos al entorno, desatando murmuraciones. Los comentarios con doble sentido, el metalenguaje que desarrollaron con la intuición de los que se reconocen como adversarios y cómplices y la química brutal que siempre dejaba un rastro feromónico en el aire, fueron alimentando el deseo de ambos poco a poco a lo largo de años. Siempre latente, siempre ahí, escondido en algún rincón, pero dispuesto a salir rejuvenecido en cualquier fiesta en la que coincidieran, en la mención de su nombre en una conversación, en una llamada de trabajo...
Una noche, a las tres de la mañana, ella recibe un mensaje en el móvil. Se despertó, extrañada y consultó quién podría ser el impresentable que osaba incomodarla a esas horas. El mensaje, aparentemente, no iba dirigida a ella, un error, digamos. Pero era de él. Y contestó haciéndole notar su equivocación. Respuesta en forma de disculpas. Lo leyó y se acomodó entre los brazos de su pareja para regresar al sueño. Pero él volvió a la carga con más disculpas. Y con ese mensaje prendió el botón de encendido.
Ella se dió cuenta que era una artimaña para acercarse. El tipo estaba jugando. Pues hagan juego, señores... y comenzó un bombardeo de mensajes que la quebró el sueño y la prudencia. La fiebre de nuevo. Ese hambre nerviosa que el tipo la producía, hambre de él. Un hambre que no entendía de las parejas del otro, ni de horas, ni de límites, ni de nada políticamente correcto. Ella estaba tumbada en la cama, diciéndole que iba a ir a su casa en sueños. Y él la suplicaba que fuera de inmediato.
Las noches de insomnio se sucedieron. Ella podía adivinar su perversa sonrisa mientras escribía mensajes reclamando su dosis de placer. Y ella respondía exigiendo el suyo, dibujándose para él, inventándole para ella.
Juegos de seducción. Paseo inmoral. Come de mí, come de mi carne.
Cerrar los ojos y verlo. Mirándola. El río eléctrico tensando su cuerpo como un arco, atravesándola, dejándola exhausta. El, como maestro, ejerciendo su dominio sobre ella de forma brutal y despiadada. Ella, como alumna, pidiendo más. Ella, esperando. El, administrando los tiempos. MI querida Hidra, se que tú entenderás muy bien a qué me refiero...
Desde que comenzó el juego, no se han llamado ni una sola vez. No se han visto ni una sola vez. No existen el uno para el otro más que cuando el timbre del móvil anuncia que el juego comienza de nuevo.
Sólo es una fantasía...
Quizás lo más interesante de la historia es que nunca suceda en la realidad lo que por las noches se prometen. Porque en el juego son quienes quieren ser, no lo que son. Porque en el juego, no hay límites, ni censuras, ni moral. Porque en el juego no hay sentimientos que enturbien la relación. Ni terceros. No hay miedo, ni cansancio, ni circunstancias, ni entorno.
Pero quién sabe que vayan a hacer, qué vaya a pasar... tú que crees?
10am. Descenso a los infiernos.
2pm. Libertad.
2,15pm. Camino por el pasillo hacia mi casa y escucho el disco de música serbia que últimamente acompaña a mi amorcito mientras prepara la comida. Nuestros vecinos deben pensar que tenemos un circo gitano, cabra incluída. Y eso que no le ven bailar, desnudo, sartén en mano.
3,30pm. Siesta. Televisión. Películas. Sexo. Siesta. Películas.
7pm. Llama Bruno para salir. Acaba de regresar de un viaje de trabajo en el que ha acabado subido en un velero rodando regatistas y tanta agua le ha dado sed. Quedamos donde siempre a la hora de siempre. El indio abandona mis brazos y se pone en plan secretaria a hacer llamadas de última hora, contestar correos y revisar la prensa. Cuando sale de la ducha va recorriendo la casa repitiendo "tarde, tarde" como si eso detuviera las agujas del reloj. Vienes?, pregunta. No, respondo. Insiste. Insisto. Gano yo. A huevo.
8,30pm. El indio sale por la puerta con su "tarde, tarde". Y yo empiezo a desperazarme, a subir y bajar las escaleras, a abrir la nevera buscando el motivo de haber decidido quedarme. Miro el montón de ropa sucia: "mañana", me digo convencida. Reviso el correo. Doy una vuelta por mis blogs favoritos. Pienso en escribir algo. Tras media hora paralizada frente a la hoja en blanco y tres cigarros, bajo de nuevo . Para qué he bajado?. Vuelvo a subir. Checo la prensa de la semana para seleccionar el material del que hablaré en la madrugada en la radio. De Juana. Otegui. Rajoy cabreado como una mona, rollito pancartero. Zp haciendo equilibrios. Voy a cocinar.
10pm. Una crema de calabaza después y tras haber desistido de preparar espinacas con bechamel, decido hacer una llamada a mi familia mexicana. Veinte minutos de reporte y análisis de cada miembro del clan (con especial atención a muchachito, mi debilidad) y mi sobrina de 3 años reclamándome cariñosa "tía, cuándo vienes?" me dejan con las ganas palpitando de salir corriendo a barajas y comprar el primer billete que me lleve allá. Anda, esta peli no la he visto. Mejor me pongo el despertador, no sea que me duerma...
2,30 am. "Es hora de levantarse" dice la señorita del dulce acento de mi despertador importado. Coño, la radio. Rapidito, la impresora... dónde está el cable? en el equipo de música, abajo, pa´oir a los gitanos inspirando la cocina... pos yo no bajo, que me lío, a tomar notas a mano, corre, corre... pero te has enterado bien de la movida? pues más vale... total, si nos oyen dos desocupados... qué poco profesional eres... yo no soy periodista.. ni lo vas a ser, guapa, a este paso... pero entonces cuántos fueron a la manifestación?... según quién?... ay, ay, ay... espero que el indio no aparezca en mitad de la transmisión...
3,30am. "Tenemos una llamada de nuestra corresponsal de Madrid, tribeca, adelante..." "Buenas tardes, Culiacán, cuando son las tres y media de la madrugada en Madrid y el clima está bastante frío en la calle, los ánimos están bien caldeados por la situación de crispación que se vive en España y de la que están dando buena cuenta tanto los medios de comunicación nacionales como también la prensa internacional. Los constantes enfrentamientos que mantienen el PSOE, partido gobernante y el PP, principal fuerza opositora, están causando el descontento y el desconcierto en la ciudadanía...." Y lo que sigue. En mitad de mi perorata de Oteguis, De Juanas, Rajoys y Zps, escucho en mi celular la recepción de un mensaje, cuyo contenido ya sospecho. Consigo terminar mi reporte sin más interrupciones y me despido hasta la semana siguiente.
4am. "Al sofá y sin sopa", dice el mensaje. Es el código que Bruno y yo tenemos para que me informe del estado etílico en el que se encuentra el indio. Así que le marco y tras regañarme cariñosamente por no haberles acompañado, me dice, entre risas, que le prepare el sofá al indio, que ya me lo manda. A Juzgar por lo que escucho, el indio no sería el único que mereciera el sofá.
4,15am. El indio hace entrada triunfal, todo sonrisas. Y como siempre que se emborracha, le da el ataque de la locuacidad hiperlúcida. Como en las dos últimas semanas se había quedado dormido antes de que yo terminara mi cita radiofónica y yo ando bien despierta, aprovecho, le subo a la cama, se abre una cerveza y charlamos ... Indio+alcohol+madrugada=teorías antropológicas sobre el porqué nuestros amigos son nuestros amigos, porqué te quiero tanto, porqué a fulano le gusta mengana, porqué se inventó la cocacola y cualquier otro porqué es susceptible de comentario... Dame muchos besos. Más. Más....
6am. ZZzzzzzzzzzzzz....
El Maicol me preguntó sobre las cosas que más me llamaban la atención de Culiacán, qué encontraba de distinto y aunque necesitaría mucho tiempo y espacio para relatarlo, voy haciendo aquí un adelanto...
Enlazando con el Festival de Rock, de las primeras cosas que observé es que la cartelería gigante, partes del escenario y otros adminículos sin identificar estaban anclados al suelo mediante cables de acero sin protección ni identificación, lo que suponía un claro peligro de tropezar con ellos... y había muchos niños... Además, los asistentes del concierto (varios cientos, diría yo) se "calentaban" rapidito y empezaban a saltar y a bailar "pogo" y se montaba en un momentito una avalancha que arrastraba a todo el mundo... yo ya estoy vieja y me asusto y lo de correr a salvarme detrás de la mesa de sonido hacía como veinte años que no me tocaba... pero ya lo del lanzamiento de botellas de agua (llenas, que si no, no vuelan) al escenario -pero chavales, que los músicos no cobran, no los maltraten- y a la gente en general, ya, eso sí que no.... de repente, como a cámara lenta, veías sobre tu cabeza dar vueltas en lo alto medio litro de aguita embotellada y, ay qué risa, a correr o terminas escalabrada... y cayeron, vaya que si cayeron, decenas de lanzamientos que acertaron seguro, pues todos andaban apelotonados... pero ya he dicho que son "especialmente resistentes a las adversidades" y yo allí no ví una ambulancia, no escuché un grito de dolor, ni ví a nadie sangrando como era de esperar...
Eso pasa en España, y salimos en las noticias por vandalismo... si es que somos unos flojos...
Otro tema interesante es la ausencia de disminuidos físicos por las calles. No verás jamás una silla de ruedas, ni a alguien en muletas, ni con un simple bastón. Desde luego. A ver cómo transitas tú por una acera que tiene medio metro de alta y treinta centímetros de ancha y está llenita de agujeros como super novas, por no hablar de los imaginativos cambios de rasante que las adornan. No caben. Se caerían a la calle en la que circulan coches gigantescos haciendo caso omiso de los semáforos, guardias de tránsito y cualquier mínima regla de urbanidad. Lo de la altura de las aceras en Culiacán es una cosa loca: hay tramos que más te vale ir con el equipo de alpinismo para cruzarte de calle. Eso, contando que hayas llegado hasta el punto óptimo para cruzar sin haberte caído en un hoyo, sin torcerte un tobillo por el mosaico de roturas en el piso o sorteando las carretas de tacos que se plantan donde se les da la gana y no dejan paso. Tampoco es, en consecuencia, recomendable caminar y hablar al mismo tiempo, habilidad esta reservada a los culichis que ya están genéticamente preparados a tal efecto, so pena de irte al suelo con poquísima gracia y sin botiquín en el bolso. Tengo una bonita e indeleble cicatriz en mi rodilla derecha que da testimonio de las dificultades viales a las que se enfrentan los valientes culichis a diario.
Yo, cuando caminaba sola por el centro, me pegaba a algún aborígen en los semáforos para que, en caso de atropello, le dieran al otro antes y fuera más blandito el golpe. Qué estrés, por dios, qué estrés...
Otro mundo fascinante es el de las farmacias... En España, para poner una farmacia hay que ser licenciado en farmacología, y no se puede despachar si no eres licenciado, nada de poner a tu sobrino de 16 años a vender aspirinas, que te cierran el chiringuito. La farmacia, es España, es una institución falsamente dotada de un aura de seriedad y de hecho, los productos se anuncian en la tele con el cartelito de "de venta exclusiva en farmacias" como aval de eficacia y garantía de salud. Y desde luego, no venden patatas fritas. Ni cigarros. Ni hacen rebajas. Qué barbaridad, qué escándalo. Pues en México, sí. En México los narcos ponen farmacias, y salvo algún original, dudo que los narcos se pongan a estudiar farmacología, como mucho, químicas, que es más práctico. Y encuentras de todo, de todo, hasta café, me cae. Y todo ello, con rótulos de 25% de descuento, que digo yo si no estará caducado el remedio...
Claro que el dueño de una de las cadenas más grades de farmacias en México, el famoso Dr. Simi, se presentó a las elecciones presidenciales.. y mucha gente le vota... aunque también votan a Cantinflas o al Chavo del Ocho, que allí uno vota lo que le da la gana, no como aquí que te dan el "menú" y ahí te las apañes...
Para los que fumamos, por ejemplo, comprar cigarros se ha convertido en una odisea. En España, y más aún desde la ley anti-tabaco, para conseguir tu dosis de droga, tienes que ir a un estanco o a un bar, y en estos últimos, no en todos venden, que como luzca la pegatina esa de "oxigen" la has fastidiado, porque es un "espacio libre de humos". Vamos, que para fumar, tienes que apuntarte en la agenda ir al estanco (expendio con licencia oficial) de lunes a viernes en horario de comercio, y no lo dejes para el domingo que te ves recorriendo el barrio como yonqui a la busca de la preciada máquina, que funcione, que tenga tu marca favorita y que el restaurante abra, que ya es mucho pedir tanta coincidencia.... una mierda de primer mundo, vaya... o eso, o extorsionar al chino de debajo de tu casa, que esos siempre tienen de todo...
En México, que es un país decente, venden cigarros en todas partes, a precio libre, y no te mira nadie mal por fumar. Como mucho, te sacan al patio a echarte tu cigarrito, pero como hace calor siempre, de todos modos ibas a acabar en el patio.
Por el contario, en España, con lo de la ley antibotellón, también nos han jodido con lo de comprar alcohol a cualquier hora. El botellón era una arraigada práctica la mar de española y un reclamo turístico excelente, que desde que nos creemos europeos, nos han boicoteado. Antes se podía beber en la calle y lo mejor, se podía comprar alcohol a cualquier hora, mientras hubiera quien lo vendiera. Pues ahora sólo se vende alcohol hasta las 10 de la noche. Y yo, que soy anárquica con mis horarios, me he visto obligada a salir de la cama un sábado a las 8 de la noche, corriendo al super a comprar un vino, unas cervezas o lo que sea menester... no la dejan a una ni echar la hueva agusto. O te organizas o extorsionas al chino, ya sabes...
Sin embargo, Culiacán ostenta el título de ser la ciudad con el expendio de cerveza más grande de toda la república: el Dispamocusa, monumento a los cerveceros, templo nocturno, referente en la ciudad, vista obligada de grandes y chicos. Los estancos, en Culiacán, venden cerveza. Nada más que cerveza. Y con un horario más adecuado y correcto a las necesidades de los parroquianos. Dí tú en Culiacán que vas a imponer una ley antitabaco o una ley antibotellón, que verás como acabas en una acequia sin respirar para los restos.
Por eso creo que me voy a tener que ir para allá, para hacerme dura frenta a la adversidad, que aquí con tanta ley y con tanto estado de bienestar, estamos todos amariconados. Y para poder fumar y pistear agusto, coño, que ni los vicios le dejan a una...
Son gente cabal, estos culichis, me cae...
No se porqué, desde la primera vez que volé a México, veo al DF como una gigantesca araña de luz, con sus patitas luminosas trepando por las laderas de los volcanes, en extraño equilibrio. Miles de millones de bombillas refulgiendo en la noche, dibujando los casi inabarcables límites de la megalópolis que parecer rugir ahí abajo, viva, sonriente y terrible. Pero a medida que te vas acercando y te das cuenta que estás sobrevolando la ciudad a poca altura, muy poca altura, empieza el pánico...joder que puedo ver los coches, ay, la ropa tendida en las azoteas... coño que nos vamos a estrellar¡¡¡ (niños en favelas saludando a izquierda y derecha, anclados al suelo con superglue, a ver quién me explica porqué no se vuelan) pero a quién cojones se le ocurre poner el puto aeropuerto en mitad de la ciudad¡¡¡... bienvenida al aeropuerto internacional Benito Juárez, pequeña...
Como soy una mujer de clichés (y de cariños perdurables), el mariachi hermoso estaba esperándome todo acicalado y repeinado, más bonito que un sanluis. Y yo, que estaba agotada del viaje interminable, con sus turbulencias, sus vientos en contra y sin una sola siestecita en mis haberes, solo soñaba en ir derechita a la cama... no estaba preparada para la sorpresita que me tenía preparada mi galán. No querías México?? pues toma concierto de mariachi en la otra punta de la ciudad rayando la medianoche. Cuando regresamos al hotel sobre las dos de la mañana, y yo era un zombie con ojeras hasta el ombligo, miré de reojo al mariachi con su traje de charro pidiendo el cuarto y me dió un ataque de risa... como un charquito casi invisible, dejé abandonadas en la recepción de aquel hotel mis resistencias europeas al desorden y a la imprevisibilidad y decidí dejarme llevar.
A las seis y media de la mañana, esta que os quiere, tomaba el siguiente vuelo destino Culiacán. Dos jerseis de cuello alto, un abrigo, medias y botas altas me delataban como extranjera de tierras bárbaras cuando atravesaba los pasillos del pomposamente llamado Aeropuerto Internacional de Bachigualato para encontrarme con mi padre adoptivo transoceánico, que me recibió con su flamante sonrisa y los brazos abiertos. Pertrechada tras mis gafas de sol maxilarge, envuelta en kilos de ropa extra y el sol brillando con fuerza, aún no era muy consciente de estar en el rancho...
- Supiste que mataron hace unos días a dos soldados aquí?, pregunta, sin dejar de sonreir, mi papi culichi...
- No mames¡¡ de verdad?? cómo estuvo?... digo yo mientras veo a un lado de la carretera un puesto con una bonito cartel titulado "tacos el viagras"...
- Pues está cabrón. Una cosa es que se maten entre ellos (entre narcos, aclaro), a policías incluso, pero al ejército... tá cabrón, sí...
Y a la izquierda nos rebasa un camión llenito de soldaditos como si fueran a la guerra, armados hasta los dientes y con unos chalecos antimisiles debián ser, de lo gordos que eran, ni robocop, oye...
Me cae que sí, que ya llegué a Culiacán, mi rancho querido, la tierra de mis sueños, el estado que hace erizar el vello al presidente y que en el imaginario popular convierte a los sinaloenses en hombres bragados que no le temen a la muerte. Pero Culiacán tiene mil caras, como diamante facetado, y si bien no pude evitar tratar de adivinar desde el avión los plantíos de marihuana que dan de comer a los serranos, hay... otras cosas... como mis amigos, por ejemplo.
Encuentros tan esperados, acariciados por tan largo tiempo, alimentados con palabras de molde a través de una computadora, mimados en la distancia, fotos y palabras que componen un puzzle de historias entrelazadas que forman parte de nuestras vidas.
Así no resulta extraño, por ejemplo, que el reencuentro con la Negra sin alma fuera accidentado, y para mi tremenda verguenza, largamente comentado... y es que me lancé a los brazos de otra, como poseída, de otra que no era la Negra, delante de un chingo de gente que alucinaron con el repentino amor que me entró por una parroquiana que se supone que no conocía... que sí la conocía, pero pos no era mi negrita hermosa y yo, erre que erre, que sí lo es y la obviedad decía neeeeeelllll... no lo es¡¡¡. Ah, pos que no, que tomé a la Yas por la Negris, y es que es lo que tiene conocer a la gente en estado happy, que luego los confundes... La Yas me perdonó, pero la negra me cae que no, que me guarda sus rencores negros en su alma inexistente y se pasará el resto de nuestra amistad riéndose de mis torpezas...
Eso sí, disimuló con una dignidad envidiable durante todo el fin de semana en el que me paseó por la playa (Nuevo y Viejo Altata, frente al mar de Cortés), compartimos como doscientas cervezas, risas, confidencias, me llevó a Navolato cuya fábrica de azúcar tiene el bonito nombre de "Ingenio Primavera" y del que la Negra escribe un cuento mental con cenizas que huelen rico. Gracias, mi negris...
O el reencuentro con los hermanos Dalton, hermano Grande y hermano Flaco, a cual más guapo y chingón. Tan distintos, como mi relación con cada uno de ellos, a los nunca había visto juntos porque había conocido a cada cual en países diferentes y por peculiaridades, siempre habíamos mantenido separadas las historias con cada quien, sin apenas interferir... Y mi primera noche en el rancho, se me aparecen los dos a buscarme, sin anestesia... pues tuve un shock, demasiado cariño apelotonado y me quedé sin saber qué hacer con él, como boba entusiasmada. Gracias por dejarme un hueco, a los dos... aunque, mi Flaco, casi muero al escuchar al Maicol cantar "té para tres", qué quieres...porque metrochenta veinteañera, inconsciente ella, detuvo mis demonios...Qué guapo el maicol, cómo me gusta. Qué encanto el Oscar, la Fritz....todos... geniales.
O volver a ver a mi querida Ro., siempre en lucha con lo que la rodea, como pez fuera de un agua de falso oropel. Bonita y soñadora, atentísima y paciente ante mis constantes escapadas. Tan generosa y complaciente. Gracias mil...
O mi familia adoptiva, que me consintieron con sonrisas mis idas y venidas frenéticas sin que faltara un café de buenos días. Charlas interminables con mamá culichi en su patio estupendo, hablando de hijos, nietos, hermanos como si yo fuera otro más de la casa. Mis "sobrinas" que cuando me llamaban "tía" se me encogía el corazón de contento. Y el primo Benji, con su tremenda humanidad y generosidad, y su esposa, mi prima, y su hija, mi sobrina... tía... que lindo suena en la voz de una mico de 4 años... Gracias, primos...
Y muchachito... ay, mi muchachito... cómo ha crecido, el cabrón, sin permiso... aunque sigue teniendo esos ojos de animal herido que me enamoraron, ahora dice cosas como "mientras estés aquí, yo cuidaré de tí" que suenan más a amenaza que a tranquilidad... híjole, cómo las gastan los sinaloenses. Lloró y mucho, porque este siempre llora sepa la madre porqué, y me contagió y ahí nos ves a los dos, como tontos, quetequierounchingo, queyoatitambién, y venga lágrimas y cervezas y relatos requetecabrones de lo duro que es el rancho y venga a sonar mi celular buscándome para salir y a ver cómo coño explico yo que estoy desde hace 12 horas encerrada en un motel con estatuas de la venus de milo (iluminadas de forma indirecta, pa crear ambiente) y cama kingsize sin estrenar con muchachito y que me crean que, en realidad, es que estoy disfrutando de mis lágrimas y de las suyas y no follando, que es lo suyo... nadie me iba a creer. Y, efectivamente, nadie me cree. Pero pues es la pura verdad.
Y la fiesta de 17 cumpleaños de mi sobrina, con su rockola y todo, en la que acabé cantando a Paquita la del Barrio, y en la que no faltó de nada, con su taquiza, su familia de 80 miembros, sus cuartillos de Pacífico bien helada, sus niños correteando, todo el mundo borracho, alguno dormido desafiando los corridos, y yo, como siempre, en el grupo de los hombres, violando las reglas y divirtiéndome como nadie, bajo la atenta y educada mirada de la novia de muchachito. Linda, la muchacha, sí...
Así, muchos otros, muchos que han hecho que mi estancia allá haya sido feliz, completa, perfecta y me hayan quedado estas ganas de más que bullen dentro de mí.
Gracias a todos por hacerme sentir una más, por dejarme participar de vuestras vidas, por vuestra generosidad y vuestro cariño...
Os quiero mucho a todos, pero pienso volver, mal que os pese...
Muy bonito el rancho, sí...

Por sus tumbas tan discretas..

Por su gastronomía callejera...

Por sus puestas de sol de colores imposibles...

Porque me divierte...





