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Encantada de conocerme
Si me conoces, más vale que me caigas bien porque seguro que hablo de tí...
Acerca de
Esquizofrénica de nacionalidades, española de nacimiento y con México en las entrañas, 38 años, coleccionista de ex, mejor amante que esposa, futurible madre sobreprotectora y eternamente condenada a enamorarme de quién no debo: corazón de Frankenstein, siempre roto, siempre remendado. Soy una superviviente, una nómada emocional, ecléctica y generosa con mis afectos, desmemoriada para el dolor e implacable con los engaños. Como dice Calamaro "Honestidad Brutal". A veces, duelo. Pero siempre, amo; sobre todo, a mí misma. Malverde, a tí me encomiendo...protégeme y hazme regresar... viva el narcochic¡¡¡
Sindicación
 
Si vas a dejarme, llena mi nevera de caviar...
Llevo unos días sin escribir porque no he tenido tiempo, y es que hay segunda parte de la historia del mariachi. Ahora no voy a contarla porque tengo demasiado sueño y la líbido por los suelos, y para relatar ciertas aventuritas hay que estar debidamente ambientada, y porqué no, hasta lubricada. Y os aseguro que no es el caso.

Lo dejaremos para otro día, u otro momento más bien, que luego me da el ataque febril y escribo más que Cervantes (que no mejor, obvio).

Ahora me apetece hablar de mi favorito.

Siempre se las ha arreglado para vernos todas las semanas. A veces, con muchas complicaciones, haciendo encaje de bolillos con su tiempo para poder dedicarme (dedicarnos) un par de horas, al menos. A veces, me conmueve conocer sus esfuerzos por verme. A veces, me cabrea disponer de él de forma limitada. Según me pille la hormona.

Y esta semana, me pilló atravesadita. Cuando me dijo que podría venir a verme el viernes en la tarde, formato sobremesa sin excesos, me agobié. Minutos antes que llegara, le confesaba a una amiga mis intenciones de no follar con él, a ver qué pasaba, como novedad (nunca nos hemos visto sin que medie el sexo) y como rabieta te-voy-a-castigar por no poder disponer de él con calma. Mi amiga Hidra, que me conoce, se carcajeó, "no vas a aguantar". Pues ya veremos.

Y sí, vimos. Y tocamos, Y gemimos. Y follamos, claro,

Creo que desde que entró por la puerta de mi casa hasta que acabé de espaldas apoyada en el sofá transcurrieron unos cinco minutos. La firmeza de mis decisiones es acojonante. Yo no quería, yo no quería... pero mi cuerpo va por libre, el cabrón, y no obedece más que a sus bajos instintos.

Aún así, pese a lo endeble de mi voluntad y mi rendición ante la firmeza de sus manos sujetando mis caderas, me sentía más que enfadada, ligeramente deprimida. Desde hace dos semanas (ya vamos camino de tres) nuestros encuentros han sido así, brevísimos, con los minutos contados, lo que acrecienta la sensación de clandestinidad y nos causa un enorme estrés a ambos.Y esto origina algún que otro roce, alguna palabrita malévola, pequeños desencuentros estúpidos que deslucen el momento.

El viernes, quién sabe porqué, lo imaginé como un leñador del Canadá, todo recio y fortachón. Esa imagen contribuyó a vencer mi pobre resistencia con toda la facilidad del mundo. Quizás el hecho de tener tan poco tiempo para nosotros hizo que mi favorito soltara la lengua más de lo habitual, quizás por "compensarme" con halagos, quizás porque se está relajando y le cuesta menos hablar, quién sabe... pero fue bastante explícito hablando sobre el deseo que siente por mí, como si le quemara, como si yo hubiera pulsado el botoncito mágico que tenía escondido y todo su salvaje mecanismo se pusiera en marcha solo para mí. El viernes, sentí que se abrasaba dentro de mí, y aunque otras veces el sexo ha sido mejor, esa tarde le sentí totalmente rendido y entregado a mí, y me conmovió.

Pero tenía prisa, prisa loca y mientras se vestía, yo lo miraba, tendida en la cama, poniendo caritas de pena. Mi favorito se pone nervioso: qué pasa? no pongas esa cara, por favor. Yo no quiero irme. Ya sabes que no puedo hacer otra cosa. No pongas esa cara.

Y pues... en fin, no hay nada que hacer. No puedo cambiar la situación por mucho que grite y patalee, así que más vale que asuma que se va y no es conmigo. Me puse un pequeño camisón (de lady-di, según él, de H&M rebajas, según yo) y bajé a despedirlo a la puerta, donde hice un último intento de retenerlo con besos y manos colocadas estratégicamente... inútil, aunque gracioso.

Se fue.

Y me quedé vestida de lady-di de rebajas en mitad del salón a las 6 de la tarde, cosa bastante ridícula. Así que para aumentar la sensación de patetismo, me envolví en mi edredón de siesta y me tiré en el sofá a reflexionar sobre mi misma. Me quedé bastante rato hecha un ovillo, oliéndome en la piel su rastro y tratando de imaginar cómo hubiera seguido el encuentro si no se hubiera ido... así llegó la noche, y a eso de las 9, decidí que ya estaba bien de autocompasión absolutamente ineficaz. Salté del sofá, me vestí y me lancé a comprar compulsivamente en el súper del corte inglés todos los caprichos que se me antojaron, con lo que salí de allí con salmón ahumado, caviar, ensalada roja de arenques, varios tipos de queso y un surtido exagerado de galletas y chocolates suizos, porque aunque han dicho que el chocolate no es antidepresivo como se creía, yo hice oídos sordos y preferí quedarme con la versión antigua de la noticia, en la seguridad que me haría el efecto deseado.

Así, me preparé la cena fetiche de mis momentos de tristeza (llevo años repitiendo el mismo patrón) y ví una peli mexicana en localia que no estuvo mal, que al menos me regaló los oídos con el dulce acento que tanto me gusta.

Mi favorito me envío un par de mensajes en la noche, como consuelo, como necesidad, no sé... una mezcla de ambos, imagino, que contesté aún en contra de mis deseos y me dormí como niña, pensando que mañana sería mejor...

Supongo que no quiere dejarme sola, que no quiere que me sienta sola, sola sin él. Supongo que odia mis malas caras cuando me dice que se va, que se tiene que ir. Supongo que la tensión se ceba en él al tener que lidiar con tantos frentes a la vez y salir bien parado de todos. Algo se queda en el camino, siempre. Y me duele que le duela, como sé que a él le duele que me duela a mí.

Pero también me doy cuenta que si no me afectaran sus ausencias, si no necesitara saber de mí cada día, si no tuviera a diario su dulce voz preocupándose por mí, riendo mis imprudencias, o haciendo comentarios mordaces sobre mis aventuras con otros hombres, si fuera algo tan frío y simple como lo es cualquier otra historia ocasional, no lo mantendría a mi lado.

Sin embargo, eso no quita para que me despierte mi lado más caprichoso (es un resorte este muy de "amante") y quiera que me consiga pequeñas excentricidades... son pequeñas porque a mí no me gustan ni las joyas ni las pieles... me conformo con que me lleve una noche al Puerta de América... sí, cariño, me llevas? Y no reserves sin avisarme porque se muy bien la habitación que quiero, no me vale cualquiera, darling...








 
Mentiras y mariachi
Ayer, para los que no lo sepan, fue fiesta en México. Se celebraba la Independencia, y anoche se daba "El Grito". El Grito consiste en una ceremonia mediante la cual se recuerda a los héroes de la revolución y ese rollo, es muy cortito, unos minutos apenas. Nada más sale el alcalde (presidente municipal, allá) o un valiente cualquiera y grita a la multitud: "mexicanos, viva méxico, viva Dolores Hidalgo, viva Miguel Allende" y cosas por el estilo...

Bueno, pues cuando salí de trabajar, a eso de las 9 de la noche ya tenía en mente hacer algo para celebrar el grito, aún estando en Madrid. Ya me tocó vivirlo un año en México, en Guanajuato, y fué muy emocionante, sobre todo cuando gritaron "mueran los gachupines¡¡¡¡" que, para los que lo ignoren, somos nosotros, los españoles... ya me veía yo linchada en la ciudad de las ranas, pagando en mis carnes los excesos de los pinches conquistadores, y yo qué culpa tengooooooo¡¡¡¡¡

Total que salgo y me encamino a la plaza del Dos de Mayo porque allí andaba mi hermano, en plan "enrrollao" con unos okupas de litrona. Mi hermano Juan tiene 17 años y es alto como un edificio, es un chico buenísimo, con un corazón de oro. Nos vemos muy poco, está en esa edad que ya no tiene tiempo para los mayores de 20 años y yo, me temo, ando en ese peligroso lado. Pero cuando nos vemos y me abraza, con lo alto y larguirucho que es, yo me emociono y casi me dan ganas de llorar porque le quiero, le quiero mucho. Sí, le quiero, pero no sé si tanto como ir a los conciertos del grupo en el que mi hermano va a ser vocalista (si acaba de tomar una decisión, claro). El grupo se llama ZURRASPA. No me emociona la idea de tener que ir a quién sabe qué antro chancro chancro y que alguien diga, ahí va la hermana del cantante de Zurraspa. O peor aún. La vieja esa es la hermanda del cantante de Zurraspa. Ay, no. No me veo yo de anarco-punk.

Pues nos fuimos a un bareto (porque era un bareto) a tomar una cerveza (él, una cocacola y un sandwich, muy formalito, se creerá que soy tonta?) y me hice un rato la hermana-mayor-pero-menos en la que siempre podrá confiar y que si droga, me llame, si se emborracha, me llame, si se mete en líos, me llame porque de veras me obsesiona que le pase algo y no sepa salir bien parado del trance. Me sale una vena maternal que lo flipo. Y él me sonríe desde su metro noventa, me abraza y me dice "te quiero mucho, hermanita" y yo me derrito, porque soy así de sensible, qué le puedo hacer...

El caso es que después del ataque de amor fraternal, se me pasaron las ganas de salir y me iba para casa, dejando a mi hermano en el metro de tribunal (su segunda casa), cuando recibo un sms de Charlyboy que iba de camino a "Barriga llena" al grito... y me volvieron las ganas, porque la neta, andaba yo ayer muy excitadita y con ganas de fiesta y mis brevísimos momentos de prudencia se fueron a la chingada en cuanto visioné en mi imaginación una fría cerveza mexicana sobre la barra... así me llegué a mi casa, me cambié para lucir un buen escote y mi colgante de la virgen de Guadalupe y allá que vamos, a ver qué onda...

Y pues...sí... allí estaban el Charlyboy y el Rojas, mexicanos de pro, con sus Pacíficos bien heladas, esperándome en los columpios que tienen por asiento en la barra del barriga. Ellos y gran parte de la comunidad mexicana en Madrid, y mariachi y hasta la tele... informativos televisa con su presentador estrella, Alberto Peláez, iban a hacer un enlace (no se si en directo, espero que no) para mostrar a México cómo se celebra el grito en España, y como el local es mínimo en la planta de abajo, era imposible que no saliéramos. Así que, sin quererlo, me colé en las casas de mis queridos amigos del otro lado del charco y espero que alguno me haya visto cantando a voz en grito "Y volver, volver, volveeeeeeeeeeeer" ...

El mariachi sudaba a chorros.. hacía un calor insoportable y los trajes son muy gruesos (me dejaron tocarlos). Eran buenos o a mí me lo parecieron, claro que yo andaba ya borrachita, aunque menos que el violinista que parecía se iba a estampar de un momento a otro sobre el piso... Y en esto que descubro a MI mariachi. Qué guapo. Qué color de piel tan espectacular, tan moreno, qué cabello tan negro, ensortijado, ay, qué sonrisa... no, hombre, fue mi amor de anoche. Me enamoré locamente. Le dije al Rojas "wey, esto se pone interesante" y le señalé con las cejas al trompetista. Me miró divertido, apoco te gusta?, gustarme? no, me tiene loquita¡¡¡¡ y me puse a medio metro de él, casi podía tocarlo, con mi pacífico y mi sonrisa etílica pero refulgiendo amor por todos los poros... el cabrón me miraba, imposible no hacerlo si le tapaba cualquier otra vista, me sonreía y brindaba conmigo cuando soltaba la trompeta... y yo, desplegando todo mi encanto, meditaba si no sería muy heavy apuntar mi número de teléfono y dárselo entre canción y canción...

Pero ni modo. Más allá de miraditas y sonrisitas, nada. No me peló el cabrón. Así que miré el reloj, ví que llegaba la medianoche y yo tenía una cita telefónica con mi favorito, así que visto mi escaso éxito con mi mariachi (el pendejo no sabe lo que anoche se perdió) decidí marcharme y cumplir mi promesa (involuntariamente) de no follarme a nadie anoche, con las ganas que tenía.

Mi favorito me regañó suavemente porque esperaba que ya estuviera en casa. Aunque se que era un juego, nada más. Pero a mí me gustó que se pusiera en plan celoso y posesivo. A veces, me divierte. Le conté lo del mariachi, muerta de risa, y se hizo el enojado, lo que me dió más risa. Porque los dos sabemos que es una estupidez que intente controlarme, ni él lo quiere realmente, pero yo quería jugar a ser suya ayer y él cumplió su papel perfectamente, para mi satisfacción. Y en esas llegué a casa, medio tambaleante, hablando con él y escuchando sus comentarios celosos, jugando, jugando y sintiéndome arropada por su dulce voz. Colgué nada más para cambiarme y acostarme y volví a llamarle para que me llevara al cielo con sus palabras acariciadoras. Yo estaba medio ahogada, entre el alcohol y el deseo, y aprovechando mi estado, amparada en él, protegida como cuando ambos saben que todo es un juego y le dije: Dímelo. El qué?, pregunta. Lo sabes, dímelo, quiero oirlo. Qué cosa? Dime que me quieres. Se rió. Pero lo dijo. Te quiero, te quiero mucho.

Ignoro si le dije "y yo a tí" o algo así o no dije nada porque de veras, no me acuerdo. Sólo quería oir su voz diciendo "te quiero", quería oir cómo suena en su maravillosa y dulce voz. Lo conseguí. Aunque fuera robado. Aunque fuera mentira. No me importa. Anoche no me importaba nada más que estar con él y sentirlo a mi lado, aunque fuera mentira.

Me dormí inmediatamente, feliz.

Y sé que he soñado con mi favorito, vestido de mariachi.
 
Amo el peligro
Mi favorito de los últimos tiempos me pide que le mande por sms una descripción detallada y explícita de mis deseos para con él.. y yo le complazco, cómo no. En la distancia, nos servimos de cualquier medio que tengamos a mano (glups... lo que se me acaba de pasar por la mente justo ahora) para sentirnos cerca.

Ser la amante de un tipo que viaja mucho está muy bien. Te permite hacer otros planes, ver a tus amigos y perder el sábado entero de compras sin la presión del "uy, que me tengo que arreglar que ya llega". Como no le ves de seguido, no discutes (salvo anoche, pero lo arreglamos) ni se deja todo tirado por la casa, aunque esa más bien suelo ser yo. Y además, los encuentros son tan soñados y deseados que no te da tiempo de hablar de tonterías porque hay que aprovechar el momento, quién sabe cuándo volverá a producirse.

En esas estoy. Esperando. Imaginando. Tratando de traer a mi mente el olor de su piel cuando me acuesto en la noche. Recuperando de la memoria sus ojos clavados en mí cuando me hace el amor de esa forma que empiezan a reconocer mis vecinos (una noche de estas, hay ovación, fijo). Esperando y alimentando el deseo con promesas.
Esperándole. A él.

Y aunque anoche me dijo que ya no deberíamos seguir viéndonos, que no podía continuar esta historia, que se acabó, por mi bien, por el suyo, por el de todos, le bastaron 40 minutos para rendirse a lo evidente... que no puede, ni quiere, estar sin mí. Me necesita, me desea, y aunque no lo quiera decir en voz alta, me quiere, mal que le pese.

La vida es complicada y nosotros nos la complicamos más aún, pero yo, parafraseando a la gran Olvido Gara, amo el peligro y quizás sea que ya no se vivir de otro modo que retorciendo palabras de amor y caminando por el filo de un cuchillo.


 
Deconstrucción
No veo porqué he de seguir una "línea editorial" ya que, de momento, no me pagan por escribir aquí. Por lo tanto, como no me debo a nadie más que a mí misma, puedo contar y expresarme como me de la real gana.

El disfraz de frívola con el que me paseo últimamente es un viejo recurso que siempre me ha brindado excelentes resultados, especialmente con las nuevas incorporaciones. La vida es cíclica. Y aunque cambian los escenararios, las caras, la música, las palabras, mis reacciones ante ciertas circunstancias suelen ser las mismas. Las crisis (inevitables, necesarias) las vivo pasando por el mismo proceso (inevitable, necesario) cuyas fases me son, a estas alturas, perfectamente conocidas, amigas ya, esperadas, como un hermano díscolo y malvado al que quieres pese a los conflictos que te causa. Mi tendencia a los extremos me lleva a agotar las posibilidades, aún sabiendo que cuando amenaza tormenta, llueve fijo. Pero soy de esas que se queda paseando por el campo, mirando el cielo negro, negrísimo, renegando del paraguas por si ocurre un milagro. Y no es que sea una inconsciente que no advierte las señales. Para las "tormentas" tengo una intuición propia de un vidente y las huelo a kilómetros. Pero cuando se trata de dos, de un "nosotros", ese plural temido, soñado, anhelado, y odiado, mi capacidad de supervivencia se anula y me quedo con los brazos en cruz esperando que caigan sobre mí rayos, truenos, y todo el agua del mundo.

Empiezo a creer que entregarme al desastre de esta forma, consciente y deliberadamente, responde a una intimísima y secreta necesidad de morir para volver a renacer. Me dejo matar porque quiero vivir otra vez. Y no puedo volver a la vida si no muero antes. Por eso nunca me voy antes de tiempo. Por eso me agoto, le agoto, me exprimo, me desgarro, me autoinmolo, me sacrifico como una vestal, dejo hasta la última palabra dicha, hasta la última gota de sangre entregada, me extralimito más allá de lo razonable, de lo lícito, de lo humano. Por eso entrego un puñal y digo "ábreme en canal, reviéntame, sácame las tripas, desángrame, mátame, quítamelo todo, tómalo todo, mátame, mátame".

Si he llegado hasta ese punto, ya está todo perdido. Y yo lo sé. Lo sé perfectamente. Con una calma interna del que sabe que nada tiene que perder ya y un exterior anegado en lágrimas, doy el paso último, el paso al abismo que me lance al vacío que por fín, nos separe. Nunca he preguntado al otro. Pero supongo que... quién sabe lo que puedan pensar, y la verdad, llegados hasta aquí, ya no importa. Sólo importo yo. El "nosotros" se diluye a la misma velocidad que yo caigo y regresa el "yo" como un manto envolviéndome a medida que me voy precipitando al vacío. No me va a proteger, ni amortiguará la caída, pero no puede ser de otra manera porque he de estrellarme contra el suelo vestida tan sólo con mi propia piel para poder dejarla como una huella sobre la tierra, como una piel de serpiente vieja, yo dejo mi envoltorio ajado, gastado, cubierto de heridas sin cerrar, destruído y agónico, que se vuelva piedra y arena en la superficie mientras yo me zambullo más adentro, adentro, hasta el mero subsuelo, volviéndome semilla de mí misma. La muerte se queda arriba mientras yo renazco abajo.

Lo que ven los demás son recuerdos, imágenes, fotos, memoria de un pasado que ya no existe porque lo he matado, aprovechando la tormenta.

Zona cero.

Comienza la vida. Mi cuerpo muta. Toco la superficie del espejo con las puntas de mis dedos. Dibujo mi silueta y me pinto de colores, esculpiéndome. Esa soy yo. Tridimensional, brillante, luminosa. Me sonrío a mí misma, llena de mí, sin huecos, sin sitio para nada más que para mí, sintiendo mi piel tensándose, novísima y fresca, de recién nacida. Si pudiera clonearme, me haría el amor y no sentiría la menor nostalgia de otros cuerpos.

Soy lo que quiero ser. Siento correr la energía por mis venas calentando mis músculos, alerta, atenta, despierta y llena de fuerza. Receptiva y hambrienta.

Un ave fénix hermoseado con mil vestidos nuevos en la pasarela de la calle, reinventada una y mil veces, tan frágil como indestructible, renacida, virgen-puta.
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Anoche, una persona a la que quiero (escribo las palabras que nunca le dije) decidió que mi vida sería mejor sin él. Puede que tenga razón, probablemente la tenga, pero la razón no me asiste mucho cuando es mi corazón el que se pone a hablar.
 
¿Qué hay de nuevo, viejo?
Tal y como predije, mi jefe regresó. Es lo que tienen los jefes cuando viajan, que suelen volver. Tienen querencia a su oficina o algo así y les da por empeñarse en estar junto sus queridos empleados... en fin... el mío, al menos, me trajo una bonita bolsa de mercado de lo más folclórico y colorista para que haga la compra con estilo.

Así que os pongo al día de lo que ha pasado últimamente, sin ningún orden porque una es así, caótica y espontánea...

He vuelto al gimnasio. Con mi madre. Tremendo. A mi progenitora le dió por explicarle a todo el mundo el porqué nos habíamos ausentado dos meses. Bueno, ella habla en primera persona del singular y así fué contando a todos los que quisieron escucharla (y a los que no, también) que ella no puede con los calores de Madrid en verano, que no, que no, que ella viene desde la sierra y claro, Madrid en el estío se convierte en la caldera del infierno y que no, que no... ustedes no saben lo que es tener una madre que se cree Heidi y habla de la sierra como si viniera de una aldea de Avila de la que desciende en burro con un sherpa. Los metrosexuales la miran y la admiran. Dirán: "qué mujer, qué valor, a su edad y recorre cienes y cienes de kilómetros para ponerse en forma con su hija que tiene una pinta de desagradecida... no valora el esfuerzo que hace su madre, desde tan lejos... la pobre". Y mi madre se queda tan ancha y tan orgullosa de sí misma. Y yo procuro irme al otro extremo de la sala para que no me hagan preguntas y tenga que decir la verdad y desarmarle el chiringuito a mi mamá. Que vive en Villalba, no en la Patagonia, joder...

Encima, el chico que me gustaba del gimnasio (que se llama Javier) me dijo ayer que se había casado en julio y andaba de cabeza con la mudanza. Me pregunto si se me notó mucho la cara de falsa que puse al darle la enhorabuena...
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Supongo que recordáis mi post de "Peticiones y Planes"... pues hago repaso para los despistados...

- Tuve cena mexicana. Y aunque no cantamos nada, nos faltó el canto de un duro. Porque nos bebimos hasta el agua de los floreros, dimos repaso puntual a diversas cuestiones fundamentales (política, educación, nuestra amada empresa, aficiones sexuales propias y ajenas) y por supuesto, se criticó a España, lo que ya es un clásico del que participo activamente, dada mi conveniente esquizofrenia de nacionalidades. Y como era de esperar, salí de casa de nuestro anfitrión (por cierto, monísima) rondando las ocho de la mañana y bien abrazadita a Charly-boy (otro de los comensales) por aquello de la necesidad de calor humano cuando uno anda borrachito y sabe que va a dormir solo.

- Pasé la cruda (resaca) en Toledo. O más bien en el coche de Mr. Pantalones Pirata. Creo que desperté directamente con las gafas de sol puestas, como si fuera la Callas en plena decadencia. Y me traje el acento de la noche anterior conmigo, para el divertimento del don, que le debía parecer muy gracioso verme hecha unos zorros y hablando como loro culichi, porque no dejaba de sonreir. Menos mal que ninguno de los dos tenía muchas intenciones de salir del hotel, porque pensar en dar una vuelta por Toledo, con el calor que hacía y con una resaca de muerte mortal, podía ser un castigo de los dioses por mis excesos y una ya no está para penitencias.
El míster se portó. Claro que yo me lo merecía, pero siempre es agradable que te regalen, en todos los sentidos, y el señor me regaló... a saber... ya tengo "La Vírgen de los Sicarios", el libro y la peli, que vimos juntos con un super dispositivo que se montó el tío proyectándola sobre la pared como si fuera el cine..y aunque no la vimos de tirón (porque la pasión nos vence), con "cortes publicitarios" que duraron más que la propia peli, conseguimos terminarla.
Ordenamos la merienda y la cena en el cuarto y comimos sobre la cama, nos dimos un baño en el que casi se escalda dada mi necesidad de temperaturas altas (pero aguantó estoicamente, es un ángel) y como postre, me regaló un móvil desplegable, plegable y replegable tan moderno y atómico que para mí que plancha, sólo que aún no le encuentro la tecla adecuada...
Aunque lo mejor de todo (aparte que la cama era king size y te pusieras como te pusieras, no te salías nunca de ella) fue que el sexo con este hombre está alcanzando la categoría de arte. Es una suerte de máquina siempre dispuesta a complacerme a la que aún no le veo límites.

Y me gusta, me gusta mucho, me gusta tanto que lo quiero todo, entero, para mí.

Esto va a ser un problema y lo sé. Me doy perfecta cuenta que desear lo que no puedes tener, trae conflictos. Pero yo nunca hago lo que debo, sino lo que quiero. Y este "puto huracán" sabe que la luz, después de una fuerte tormenta, siempre es la más hermosa...