nacked

Un hombre me dijo: Cuando estás desnuda, te creces.
Futuribles
Hablando hace unos días por teléfono con mi favorito, me comenta que desea ampliar horizontes...???... me dice, sí, que se le antojan otras mujeres. Que yo lo hago y no pasa nada. Pues que él también. Mmm... qué puedo decir con cierta autoridad moral?. Nada.
Bueno, si.
Mi teoría es que, en principio, me parece bien. Yo no pretendo tenerlo en exclusiva, y de hecho, no lo tengo. Y entiendo con una sonrisa que le apetezca experimentar con otras pieles, que se quiera medir con otras cuerpos, y que recupere la excitación de la conquista... Lo entiendo, lo comprendo y lo apoyo.
Si sentiré celos el día que me diga "tengo una cita"? Seguramente, sí. Seguramente, ese día, yo estaré en mi casa sin ningún plan a la vista, y escucharé su maravillosa voz por teléfono, informándome, y advirtiendo su emoción y nerviosismo ante la perspectiva de una aventura "sin-consecuencias-según-lo-pactado". Y me tocará a mí aguantarme. Y esperaré, ansiosamente, un mensaje tranquilizador que diga algo como "todo estupendo, está buenísima, follamos toda la noche, ha sido genial. Pero te quiero a tí". Mmm....
Lo querré saber todo. Le acosaré a preguntas. Más o menos, así:
- ¿Cómo te ha ido? (yo)
- Bien, bien. (mi favorito)
- Pero, qué, cómo es?
- Psé... guapa.
- Cómo de guapa? más que yo? menos que yo?
- Pues distinta... dame un beso...
- Ni beso ni nada¡¡¡ primero me lo cuentas todo bien. Cómo es?
- Pues es pelirroja, ojos verdes, pecosa, linda, piel blanca, delgadita, pechos pequeños... dame un beso...
- Que no... sigue, qué pasó?
- Joder, qué pesadita eres... pues que tomamos un café, nos echamos unas risas, la invité a mi hotel y follamos. Ya está. Follamos????
- Ni lo sueñes. Y qué? es buena en la cama? te gustó? mucho? poco?
- La madre que... pues sí, es buena, muy buena, hace una cosa con... (y se rie) (yo no).
- QUE COSA? CON QUE? QUE HACE??? (repaso mental de prácticas sexuales que yo no practico)
- Nada, nada, cálmate, cariño... no es nada importante, me quieres dar un beso de una vez?...
- SE LO VAS A DAR A LA PELIRROJA HACENDOSA¡¡¡
- .........
Pero vamos, que yo soy muy moderna y que lo admito. Yo, lo admito. Ahora, que el día que suceda, mi favorito no va a follarme. Que quede claro.
Bueno, si.
Mi teoría es que, en principio, me parece bien. Yo no pretendo tenerlo en exclusiva, y de hecho, no lo tengo. Y entiendo con una sonrisa que le apetezca experimentar con otras pieles, que se quiera medir con otras cuerpos, y que recupere la excitación de la conquista... Lo entiendo, lo comprendo y lo apoyo.
Si sentiré celos el día que me diga "tengo una cita"? Seguramente, sí. Seguramente, ese día, yo estaré en mi casa sin ningún plan a la vista, y escucharé su maravillosa voz por teléfono, informándome, y advirtiendo su emoción y nerviosismo ante la perspectiva de una aventura "sin-consecuencias-según-lo-pactado". Y me tocará a mí aguantarme. Y esperaré, ansiosamente, un mensaje tranquilizador que diga algo como "todo estupendo, está buenísima, follamos toda la noche, ha sido genial. Pero te quiero a tí". Mmm....
Lo querré saber todo. Le acosaré a preguntas. Más o menos, así:
- ¿Cómo te ha ido? (yo)
- Bien, bien. (mi favorito)
- Pero, qué, cómo es?
- Psé... guapa.
- Cómo de guapa? más que yo? menos que yo?
- Pues distinta... dame un beso...
- Ni beso ni nada¡¡¡ primero me lo cuentas todo bien. Cómo es?
- Pues es pelirroja, ojos verdes, pecosa, linda, piel blanca, delgadita, pechos pequeños... dame un beso...
- Que no... sigue, qué pasó?
- Joder, qué pesadita eres... pues que tomamos un café, nos echamos unas risas, la invité a mi hotel y follamos. Ya está. Follamos????
- Ni lo sueñes. Y qué? es buena en la cama? te gustó? mucho? poco?
- La madre que... pues sí, es buena, muy buena, hace una cosa con... (y se rie) (yo no).
- QUE COSA? CON QUE? QUE HACE??? (repaso mental de prácticas sexuales que yo no practico)
- Nada, nada, cálmate, cariño... no es nada importante, me quieres dar un beso de una vez?...
- SE LO VAS A DAR A LA PELIRROJA HACENDOSA¡¡¡
- .........
Pero vamos, que yo soy muy moderna y que lo admito. Yo, lo admito. Ahora, que el día que suceda, mi favorito no va a follarme. Que quede claro.
Tribeca y el hambre
Ha sido un fin de semana intenso. De no parar. Y yo ya no estoy acostumbrada. Así que ando arrastrando mi cansancio por la oficina, soñando con la cama (vacía).
Anoche regresaba de otra ciudad. Sentada en el bus, en medio de un atasco monumental, iba meditando sobre lo que me está pasando últimamente. Y llegué a varias conclusiones:
El domingo, en una comida con unos mexicanos amigos de una compañera, en una conversación se coló un "eres promiscua" que no era una pregunta. La cosa no pasó de un comentario, casi casual, dicho sin mala intención. Pero yo recuperé la idea en el bus. Y así pensando, pues puede que tuviera razón, sin entrar en valoraciones morales. Lo soltó un tipo que ya en otra ocasión me dijo que yo era adicta al sexo, igualmente sin ánimo de crítica. Soy una adicta al sexo? soy promiscua?, a ver, analicemos los acontecimientos más inmediatos... el fin de semana.
- El viernes por la tarde tuve visita de mi favorito y por primera vez en todo un largo mes, se quedó a dormir. Pasamos la tarde en la cama y luego yo me fuí a una cena de cumpleaños, dejándole en mi casa como un buen chico, durmiendo a la espera de mi regreso (a las tres de la mañana). Supongo que podría haberle dejado dormir tranquilamente y abrazarme a él esperando el sueño, pero no, le desperté de la manera que todos los tíos quisieran despertar... una felación dulce y eficaz para ponerle a tono y que calmara mi hambre. Me pareció muy divertido y alentador verle completamente dormido y sin embargo, tan pronto puse mi mano sobre su polla, comprobar que este hombre vive en un estado de permanente erección. Volví de la cena con la idea fija de follármelo y su sueño no iba a ser impedimento. Además, me parecía muy excitante la idea de tenerlo esperando en casa, y yo llegar de fiesta, caliente y hambrienta. Una especie de inversión de los tradicionales papeles la mar de conveniente en mi estado. Y acabó despertando la bella durmiente, desde luego que sí...
- El sábado me iba a otra ciudad a celebrar con mis compañeros el final de un congreso de trabajo. Y una fantasía en la cabeza, pequeña, sin pensar en tomarla verdaderamente en serio, ni siquiera en colaborar para que se cumpliera. Pero ahí estaba, dando vueltas en mi imaginación. Fantaseaba con la posibilidad de acabar en el hotel de un compañero que me pone mucho. No pensaba mover un dedo para llevarla a cabo pero la sola idea de estar allí y quizás, con suerte, encontrármelo, ya me tenía en tensión. Así, me dirigí al hotel donde se hospedaban mis compañeros y subí a uno de los cuartos a esperarlos mientras ellos terminaban su trabajo. (Momento, como lo llamaré... nostálgico? educado?, le envié un sms a mi último ex para que felicitase a su madre por su cumpleaños de mi parte, me respondió enseguida agradeciendo mi atención enviándome "varios besos". Más tarde me daría otro momento similar).
Serían las nueve cuando me tumbaba en la cama a esperarlos. Vi televisión, cambiando canales, mientras pasaba el tiempo y aumentaba mi aburrimiento. Qué pesaditos estos, vamos a cenar a las mil. Y en uno de los canales, mi adorado Benicio del Toro en 21 gramos. Y no es que salga especialmente guapo, pero su mirada es que me vuelve loca. Fantasía al ataque de nuevo, en mi cabeza vuelvo a verme entrando en el cuarto del deseado e imagino con bastante lujo de detalles cómo se lo monta... me temo que mi excitación se incrementa por momentos. Y sigo viendo a Benicio. Y al otro, en mi cabeza. Para bajarme la líbido a los límites aceptables, decido ponerle otro sms a mi último ex, a ver si con suerte me da una respuesta de esas desalentadoras y me calma por puro coraje. "Estoy viendo a Benicio en la tele del hotel en el que estoy - de paso le informo que estoy fuera- y me acuerdo de tí. Me doy cuenta que somos irrecuperables". Esto de irrecuperables no acabo de tener claro que pretendo decir pero queda muy impactante, me parece a mí. Me quedo mirando la pantalla del móvil, miro la hora, miro a Benicio, miro la cama enorme, y vuelvo a mirar el texto del sms. Paso. Paso, paso, paso de darle una importancia, aunque sea por motivos ajenos al texto, que no merece en absoluto. A ver si va a pensar cosas que no son. O peor aún, me va a llamar. Y no tengo nada que decirle y menos en mi estado, contra el que él choca frontalmente. Lo borro y paso página mental.
Tic tac. Tic tac. Once y media cuando empiezan a aparecer. Medianoche cuando salimos a cenar.
- Y Gustavo? (el deseado), pregunto yo, tímidamente. En qué hotel se aloja?.
Se sonríen. Es de dominio público que el tan Gustavo y yo tenemos cierto feeling, química. Aunque me temo que yo más que él. Y nunca he escondido que el tipo me gusta. Me responden, entre risitas, que no se aloja en nuestro hotel (vaya, no podré hacer una incursión nocturna por los pasillos) y que no han quedado con él en verse. Cierran el tema y yo no insisto. Dejémoslo al azar.
Conseguimos cenar de milagro por lo tarde que era y salimos a dar una vuelta a tomar una copa (o dos o tres o...). Ibamos caminando por la calle y ... bingo¡¡¡ el deseado, frente a mí con otros compañeros, me grita desde el extremo de la calle "¿pero qué haces tú aquí?. Qué discretito, el cabrón. Bromeamos, nos abrazamos, nos besamos, y me pregunta que como es que mi novio me ha dejado venir...Querido, yo no tengo novio... Ah¡¡ qué buena noticia para mí... Hijo de tu chingada madre. O te callas o te secuestro. Me faltó el canto de un duro para autoinvitarme a su hotel. Pero me callé, me zafé de sus brazos y me fuí a saludar a otro conocido. Que el tipo, encantador, me comenta lo guapa que estoy, lo bien que me ve últimamente, subiéndome el ego aún más de lo que ya lo tengo. Me siento irresistible.
Gustavo nos pregunta (me pregunta?) a dónde vamos. Respuestas confusas. Nos invita a acompañarlos. Me callo. Responden mis compañeros que hemos quedado con otra gente. Realmente no quería tomar la menor decisión en lo que a él respecta. No quería forzar las cosas, que salieran como el destino dispusiera. Así que cada grupo continuó su camino, en direcciones opuestas, y avanzados unos pasos, me volví a mirarle y él se giró casi a la vez, sonriendo malévolamente (y esa es una de las cosas que más me pone de él, su maldita sonrisa perversa). Respiré hondo y seguí adelante.
Nos divertimos mucho, yo bebí varios gin tonics, y hacía muchísimo que no lo hacía. Me sentaron fenomenal, tanto que acabé bailando y cantando una música que ni siquiera me gusta, pero el gintonic hace maravillas en mí cuando estoy bien acompañada. A las cinco de la mañana regresábamos al hotel y fuí amablemente invitada a compartir cuarto, cama y fluidos con uno de mis compañeros. De repente escuché mentalmente mis gemidos cuando tengo un orgasmo y evalué la posibilidad de ser escuchada por el cuarto de al lado, ocupado por los otros dos compañeros no invitados a la "fiesta", y no me hacía ninguna gracia. Demasiado obvio todo. No me gustan esos rollos. Una cosa es contarlo a quién me de la gana y otra que sean testigos. Me corta mucho. Así que me fuí a dormir con mi amiga y compañera y dejamos a los hombres que se las apañaran con su sueño.
El domingo regresamos a nuestra ciudad entrada la tarde e hice repaso de los acontecimientos. Y caí en la cuenta que en tres días, sentí deseo sexual por al menos tres hombres distintos (sin contar a Benicio) y que mi deseo era real, brutal y abrasador. Si no lo desaté a todo lo que da de sí fue más por precauciones laborales que por otro tipo de impedimentos. Y que probablemente, ese sea el único impedimento (hasta la fecha).
Me siento con hambre sexual todo el tiempo. Me siento distinta, como si algo hubiera cambiado dentro de mí que no acabo de poder explicar con claridad. Siempre he tenido un excelente apetito sexual, pero ahora se ha incrementado de manera exponencial. Y mi apetito tiene mil caras distintas. Y factibles en mayor o menor medida. Como si hubiera estado encerrada en un convento por mucho tiempo y ahora saliera a la calle.
Promiscua?, puede ser, porque no practico la monogamia sexual. Ni ahora mismo la deseo. Mi actitud no hace daño a nadie y mis afectos están bien consolidados. Es como tener hambre y comer. Nada más.
Adicta al sexo? si se considera que una adicción es algo sin lo que no puedes vivir, pues supongo que también lo soy. Porque en este momento de mi vida, el sexo ocupa gran parte de mi tiempo y estoy encantada de volver a sentir este deseo, anestesiado durante tanto tiempo.
Porqué no iba a disfrutarlo?
Anoche regresaba de otra ciudad. Sentada en el bus, en medio de un atasco monumental, iba meditando sobre lo que me está pasando últimamente. Y llegué a varias conclusiones:
El domingo, en una comida con unos mexicanos amigos de una compañera, en una conversación se coló un "eres promiscua" que no era una pregunta. La cosa no pasó de un comentario, casi casual, dicho sin mala intención. Pero yo recuperé la idea en el bus. Y así pensando, pues puede que tuviera razón, sin entrar en valoraciones morales. Lo soltó un tipo que ya en otra ocasión me dijo que yo era adicta al sexo, igualmente sin ánimo de crítica. Soy una adicta al sexo? soy promiscua?, a ver, analicemos los acontecimientos más inmediatos... el fin de semana.
- El viernes por la tarde tuve visita de mi favorito y por primera vez en todo un largo mes, se quedó a dormir. Pasamos la tarde en la cama y luego yo me fuí a una cena de cumpleaños, dejándole en mi casa como un buen chico, durmiendo a la espera de mi regreso (a las tres de la mañana). Supongo que podría haberle dejado dormir tranquilamente y abrazarme a él esperando el sueño, pero no, le desperté de la manera que todos los tíos quisieran despertar... una felación dulce y eficaz para ponerle a tono y que calmara mi hambre. Me pareció muy divertido y alentador verle completamente dormido y sin embargo, tan pronto puse mi mano sobre su polla, comprobar que este hombre vive en un estado de permanente erección. Volví de la cena con la idea fija de follármelo y su sueño no iba a ser impedimento. Además, me parecía muy excitante la idea de tenerlo esperando en casa, y yo llegar de fiesta, caliente y hambrienta. Una especie de inversión de los tradicionales papeles la mar de conveniente en mi estado. Y acabó despertando la bella durmiente, desde luego que sí...
- El sábado me iba a otra ciudad a celebrar con mis compañeros el final de un congreso de trabajo. Y una fantasía en la cabeza, pequeña, sin pensar en tomarla verdaderamente en serio, ni siquiera en colaborar para que se cumpliera. Pero ahí estaba, dando vueltas en mi imaginación. Fantaseaba con la posibilidad de acabar en el hotel de un compañero que me pone mucho. No pensaba mover un dedo para llevarla a cabo pero la sola idea de estar allí y quizás, con suerte, encontrármelo, ya me tenía en tensión. Así, me dirigí al hotel donde se hospedaban mis compañeros y subí a uno de los cuartos a esperarlos mientras ellos terminaban su trabajo. (Momento, como lo llamaré... nostálgico? educado?, le envié un sms a mi último ex para que felicitase a su madre por su cumpleaños de mi parte, me respondió enseguida agradeciendo mi atención enviándome "varios besos". Más tarde me daría otro momento similar).
Serían las nueve cuando me tumbaba en la cama a esperarlos. Vi televisión, cambiando canales, mientras pasaba el tiempo y aumentaba mi aburrimiento. Qué pesaditos estos, vamos a cenar a las mil. Y en uno de los canales, mi adorado Benicio del Toro en 21 gramos. Y no es que salga especialmente guapo, pero su mirada es que me vuelve loca. Fantasía al ataque de nuevo, en mi cabeza vuelvo a verme entrando en el cuarto del deseado e imagino con bastante lujo de detalles cómo se lo monta... me temo que mi excitación se incrementa por momentos. Y sigo viendo a Benicio. Y al otro, en mi cabeza. Para bajarme la líbido a los límites aceptables, decido ponerle otro sms a mi último ex, a ver si con suerte me da una respuesta de esas desalentadoras y me calma por puro coraje. "Estoy viendo a Benicio en la tele del hotel en el que estoy - de paso le informo que estoy fuera- y me acuerdo de tí. Me doy cuenta que somos irrecuperables". Esto de irrecuperables no acabo de tener claro que pretendo decir pero queda muy impactante, me parece a mí. Me quedo mirando la pantalla del móvil, miro la hora, miro a Benicio, miro la cama enorme, y vuelvo a mirar el texto del sms. Paso. Paso, paso, paso de darle una importancia, aunque sea por motivos ajenos al texto, que no merece en absoluto. A ver si va a pensar cosas que no son. O peor aún, me va a llamar. Y no tengo nada que decirle y menos en mi estado, contra el que él choca frontalmente. Lo borro y paso página mental.
Tic tac. Tic tac. Once y media cuando empiezan a aparecer. Medianoche cuando salimos a cenar.
- Y Gustavo? (el deseado), pregunto yo, tímidamente. En qué hotel se aloja?.
Se sonríen. Es de dominio público que el tan Gustavo y yo tenemos cierto feeling, química. Aunque me temo que yo más que él. Y nunca he escondido que el tipo me gusta. Me responden, entre risitas, que no se aloja en nuestro hotel (vaya, no podré hacer una incursión nocturna por los pasillos) y que no han quedado con él en verse. Cierran el tema y yo no insisto. Dejémoslo al azar.
Conseguimos cenar de milagro por lo tarde que era y salimos a dar una vuelta a tomar una copa (o dos o tres o...). Ibamos caminando por la calle y ... bingo¡¡¡ el deseado, frente a mí con otros compañeros, me grita desde el extremo de la calle "¿pero qué haces tú aquí?. Qué discretito, el cabrón. Bromeamos, nos abrazamos, nos besamos, y me pregunta que como es que mi novio me ha dejado venir...Querido, yo no tengo novio... Ah¡¡ qué buena noticia para mí... Hijo de tu chingada madre. O te callas o te secuestro. Me faltó el canto de un duro para autoinvitarme a su hotel. Pero me callé, me zafé de sus brazos y me fuí a saludar a otro conocido. Que el tipo, encantador, me comenta lo guapa que estoy, lo bien que me ve últimamente, subiéndome el ego aún más de lo que ya lo tengo. Me siento irresistible.
Gustavo nos pregunta (me pregunta?) a dónde vamos. Respuestas confusas. Nos invita a acompañarlos. Me callo. Responden mis compañeros que hemos quedado con otra gente. Realmente no quería tomar la menor decisión en lo que a él respecta. No quería forzar las cosas, que salieran como el destino dispusiera. Así que cada grupo continuó su camino, en direcciones opuestas, y avanzados unos pasos, me volví a mirarle y él se giró casi a la vez, sonriendo malévolamente (y esa es una de las cosas que más me pone de él, su maldita sonrisa perversa). Respiré hondo y seguí adelante.
Nos divertimos mucho, yo bebí varios gin tonics, y hacía muchísimo que no lo hacía. Me sentaron fenomenal, tanto que acabé bailando y cantando una música que ni siquiera me gusta, pero el gintonic hace maravillas en mí cuando estoy bien acompañada. A las cinco de la mañana regresábamos al hotel y fuí amablemente invitada a compartir cuarto, cama y fluidos con uno de mis compañeros. De repente escuché mentalmente mis gemidos cuando tengo un orgasmo y evalué la posibilidad de ser escuchada por el cuarto de al lado, ocupado por los otros dos compañeros no invitados a la "fiesta", y no me hacía ninguna gracia. Demasiado obvio todo. No me gustan esos rollos. Una cosa es contarlo a quién me de la gana y otra que sean testigos. Me corta mucho. Así que me fuí a dormir con mi amiga y compañera y dejamos a los hombres que se las apañaran con su sueño.
El domingo regresamos a nuestra ciudad entrada la tarde e hice repaso de los acontecimientos. Y caí en la cuenta que en tres días, sentí deseo sexual por al menos tres hombres distintos (sin contar a Benicio) y que mi deseo era real, brutal y abrasador. Si no lo desaté a todo lo que da de sí fue más por precauciones laborales que por otro tipo de impedimentos. Y que probablemente, ese sea el único impedimento (hasta la fecha).
Me siento con hambre sexual todo el tiempo. Me siento distinta, como si algo hubiera cambiado dentro de mí que no acabo de poder explicar con claridad. Siempre he tenido un excelente apetito sexual, pero ahora se ha incrementado de manera exponencial. Y mi apetito tiene mil caras distintas. Y factibles en mayor o menor medida. Como si hubiera estado encerrada en un convento por mucho tiempo y ahora saliera a la calle.
Promiscua?, puede ser, porque no practico la monogamia sexual. Ni ahora mismo la deseo. Mi actitud no hace daño a nadie y mis afectos están bien consolidados. Es como tener hambre y comer. Nada más.
Adicta al sexo? si se considera que una adicción es algo sin lo que no puedes vivir, pues supongo que también lo soy. Porque en este momento de mi vida, el sexo ocupa gran parte de mi tiempo y estoy encantada de volver a sentir este deseo, anestesiado durante tanto tiempo.
Porqué no iba a disfrutarlo?
Fantasía nº 1

Todos tenemos fantasías... algunas deseamos que se cumplan, hasta puede que pongamos de nuestra parte para ayudar al destino. En otros casos, esperamos a que sea el destino el que escoja el momento adecuado para cumplírnoslas, en el íntimo convencimiento que tarde o temprano, sucederá porque tiene que suceder. Y por último, están las fantasías que no deben cumplirse, porque son sólo eso, fantasías... sueños que nos hacen sonreir cuando nos vamos a la cama y nos recreamos en su contemplación mental, sabiendo que nunca saldrán de nuestras cabezas, por malas, por peligrosas, por perversas, por imposibles, por inalcanzables. Porque las queremos así, nada más, fantasías...
Estas son algunas de las mías, y no seré yo quién le ponga el grado de "factibilidad".
Fantasía nº 1: ir a un combate de boxeo
Quiero ver pelear a Julio César Chávez contra Oscar de La Hoya, por ejemplo. En México, D.F. En primera fila, por supuesto. Y bien flanqueada por dos chulazos impresionantes, morenos, altos y apolíneos. Que se llamen Wilmar, Wilson, Thysson o algo así, y que sean de Medellín o Bogotá. Irán armados con revólveres (porque las pistolas no me acaban de gustar) y vestidos de Hugo Boss, con cadenones de oro en el cuello, muchos y enormes. Yo iré de Roberto Cavalli, un look muy Palm Bicht. Maquillada en exceso, taconazos y mucha laca. Lo del visón, me lo estoy pensando. Una limusina Cadillac blanca-novia-de-pueblo en la puerta, esperándonos, bien surtida de Champán Cristal, cuyo chofer se llamará Sebastian y será inglés, guapísimo y masoquista, del que daré buena cuenta al final de la noche. Pero antes de ocuparme de Sebastian, iremos a la fiesta privada en una mansión colonial que se ofrecerá en honor de la victoria de Julio César, en Lomas de Chapultepec, y donde estará lo más granado del narco del cártel de Tijuana.
Como soy una provocadora nata, y voy con un par de escoltas armados, me permito el lujo de decirles que los Arellano (familia que dirige el cártel de Tijuana) están acabados y que no tienen ningún estilo en comparación con Rafael Caro Quintero, exjefe del Cartel de Guadalajara. Versace está pasadísimo y estos llevan la Medusa hasta en la boina. Me echan, claro, a punta de ametralladora. Y como no tengo intención de llevar mi maravilloso vestido al tinte salpicado de sangre de unos colombianos de alquiler, me largo con una sonrisa, no sin antes llevarme de recuerdo un pasaporte falso, como souvenir.
En la limusina, mis chulazos, Sebastián y yo, nos montamos una pequeña orgía, y me follan los tres mientras llevo el visón puesto (ya me he decidido a usarlo). Acabamos atando a un Sebastian suplicante, al que se follan mis colombianos alternándose y yo tomo fotos de la escena, y entre polaroid y polaroid, me relajo azotándole un poco, lo justo porque me cansa demasiado. Sebastián quiere drogarse, pero nos parece demasiado bueno para él, así que le dejamos atado al volante y con las ganas, porque ya es de día y queremos desayunar unos huevos rancheros. Así que nos vamos al Sanborns de San Angel. Yo me bebo tres cafés con leche. Y huevos rancheros. Sebastián nos espera en la puerta, atado, paciente y encantado. Tengo la amabilidad de ponerle mi vestido de Cavalli para que no le detenga la policía por escándalo público. Yo, con mi visón, tengo suficiente.
Tras el desayuno, ya sólo quiero dormir, Y sola. Me llevan a mi hotel. Y los chulazos y Sebastián que se busquen la vida. A mí qué me cuentas. El boxeo me agota.
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Fin de mi fantasía nº 1. Pero hay más. Muchas más.
Me cuentas una tuya?
Cosas que no me gustan (I parte)
Estoy leyendo un libro que habla, entre otras cosas, del movimiento zapatista. Sobre el subcomandante Marcos y el supuesto alzamiento indígena en Chiapas. Y me indigna saber la cantidad de mentiras que nos han hecho tragar al respecto. Muchos de los "moderniquis" que conozco, simpatizan con la causa zapatista, sin saber de la misa a la media. Marcos es un maestro del marketing que apuntó bien sus balas al dirigirlas a la comunidad internacional, y de la que ha hecho eco y altavoz ONGs bienintencionadas, pero mal informadas, por lo que estoy comprobando. Pero al margen de las mentiras que nos han contado, lo que más me cabrea es la bola de pseudojipis que les siguen el rollo. En todas las ciudades pululan estos ejemplares que, ataviados con ropas raídas y peinados rastafaris, llenitos de piercings y tatuajes, se creen elegidos para traer la revolución que nada más ocurre en sus cabezas un rato al día y que consideran absolutamente necesaria para todos nosotros, pobres ignorantes burgueses, acomodados y deliberadamente ignorantes de la oscura realidad. Van a manifestaciones, hasta las organizan, y acuden en masa a todos los mítines que huelan a sublevación, atraídos por el tufillo de romper con el orden establecido, por el simple deporte del romper, lo que sea, pero romper. Estos tipos y tipas, casi siempre universitarios, se permiten el lujo de mirarte por encima del hombro porque te consideran un acólito del sistema al que ellos pretenden combatir, cuando te ven límpia, planchadita y pagando tus vacaciones en el caribe en una agencia de viajes.
A mí, particularmente, me parece perfecto, necesario, saludable y positivo que se cuestionen las cosas, que se debata, que se pregunte y que se luche por lo que uno cree. Me parece muy bien que exista un movimiento anti-globalización, que existan alternativas lógicas al imperialismo consumista que vivimos, que se busquen maneras de mejorar el reparto de la riqueza, que cuidemos los bosques y los ríos y a los indios y a todo lo que haya que cuidar.
Pero, por favor, que no me venga a llamar burguesa un señor que huele mal y con pelo de fregona que no trabaja porque él es un intelectual ideólogo de quién sabe qué causa, (qué bien se está en casa, verdad, majete?) que no paga impuestos porque es su forma de rebelarse contra el estado opresor (pero bien que cuando se pone malito va a la seguridad social que yo SI pago), que me habla de Marx, de Mao y del inconsciente colectivo como si yo fuera una pobre enferma ignorante mientras él desayuna, come y cena en casa de sus papis cada día, bien mantenido él, parásito de unos padres a los que seguro, también mira con condescendencia. Eso sí, no le quiten su ordenador última generación porque necesita estar en contacto con sus camaradas, ni su móvil con cámara, ni la paga para litronas y costo, ni su asignación extra para tatuajes, peluquerías y vestimenta adecuadas a la causa, que la revolución requiere de infraestructuras e imagen, pero que otro pague las facturas, a ser posible, un "pringao" burgués.
Estos radicales de salón, toman las plazas de las ciudades llenándolas de pringue inmunda, bongos insufribles y dialéctica facilona y trasnochada, y caminan con cierto halo de abandono, arrastrando los pies, mirada perdida en algún horizonte que los demás, obviamente, no alcanzamos a ver porque no existe más allá de sus pobres cabezas semihuecas. Ellos hablan del respeto, de la igualdad, de la verdad y de la justicia. Pero nunca piensan en ello cuando tiran al suelo los vasos vacíos de sus discursos vacuos, cuando llegan a sus casas calientes y tienen luz, agua, teléfono y comida en el micro, cuando se van de vacaciones y se olvidan las mochilas porque en un apartamento se está mucho mejor.
Y yo me pregunto, si están tan concienciados y son tan altruistas, porqué no se van a Africa a construir escuelas? porqué no se marchan a la India a liberar niñas de la prostitución? porqué no se quedan en Chiapas y ven, de una buena vez, que su adorado movimiento nació liderado por un puñado de intelectuales blancos (no indígenas) de corte marxista a quienes las circunstancias les obligaron a aprovechar las reivindicaciones indígenas porque eso vendía más en el exterior? que en diez años de "guerra" apenas si ha habido cambios reales? Que expusieron a varios cientos de indígenas ante el fuego del ejército cuanto inició la guerra armados con fusiles de juguete y machetes de madera, mientras Marcos y demás jefes blancos, rodeaban San Cristóbal de las Casas bien pertrechados con lanzagranadas. Eso sí, todo el mundo conoce al subcomandante Marcos y queda super chulo llevar una camiseta de él y pegatinas del EZLN y levantar el brazo en las manis. Que sí, que vale, que soy una burguesa...Pero al menos, yo no sangro a nadie, no engaño a nadie, no me burlo de la gente que trabaja cuando rompo una cabina, destrozo una acera o hago una pintada. Debo ser una desconsiderada que no colaboro a dismunuir el paro ensuciando las calles para que haya más brigadas de limpieza. Debo ser reaccionaria porque resulta que leo y me hago preguntas donde otros nada más abrazan la idea que les llega del aire porque hace juego con su look. Debo ser bien tonta por pagar los impuestos que permiten que este hatajo de egoistas vayan gratis al médico. Y a la universidad. Y seguro que muchos hasta tienen asistenta ecuatoriana sin contrato.
Pues sí, seré burguesa entonces. Y encantadísima.
En mi lista de fusilables, apunto hoy, a los jipis de luxe estos. Es que no los soporto. Y cuando les ponga en el paredón, los pienso rociar con Chanel nº 5. Que se jodan.
A mí, particularmente, me parece perfecto, necesario, saludable y positivo que se cuestionen las cosas, que se debata, que se pregunte y que se luche por lo que uno cree. Me parece muy bien que exista un movimiento anti-globalización, que existan alternativas lógicas al imperialismo consumista que vivimos, que se busquen maneras de mejorar el reparto de la riqueza, que cuidemos los bosques y los ríos y a los indios y a todo lo que haya que cuidar.
Pero, por favor, que no me venga a llamar burguesa un señor que huele mal y con pelo de fregona que no trabaja porque él es un intelectual ideólogo de quién sabe qué causa, (qué bien se está en casa, verdad, majete?) que no paga impuestos porque es su forma de rebelarse contra el estado opresor (pero bien que cuando se pone malito va a la seguridad social que yo SI pago), que me habla de Marx, de Mao y del inconsciente colectivo como si yo fuera una pobre enferma ignorante mientras él desayuna, come y cena en casa de sus papis cada día, bien mantenido él, parásito de unos padres a los que seguro, también mira con condescendencia. Eso sí, no le quiten su ordenador última generación porque necesita estar en contacto con sus camaradas, ni su móvil con cámara, ni la paga para litronas y costo, ni su asignación extra para tatuajes, peluquerías y vestimenta adecuadas a la causa, que la revolución requiere de infraestructuras e imagen, pero que otro pague las facturas, a ser posible, un "pringao" burgués.
Estos radicales de salón, toman las plazas de las ciudades llenándolas de pringue inmunda, bongos insufribles y dialéctica facilona y trasnochada, y caminan con cierto halo de abandono, arrastrando los pies, mirada perdida en algún horizonte que los demás, obviamente, no alcanzamos a ver porque no existe más allá de sus pobres cabezas semihuecas. Ellos hablan del respeto, de la igualdad, de la verdad y de la justicia. Pero nunca piensan en ello cuando tiran al suelo los vasos vacíos de sus discursos vacuos, cuando llegan a sus casas calientes y tienen luz, agua, teléfono y comida en el micro, cuando se van de vacaciones y se olvidan las mochilas porque en un apartamento se está mucho mejor.
Y yo me pregunto, si están tan concienciados y son tan altruistas, porqué no se van a Africa a construir escuelas? porqué no se marchan a la India a liberar niñas de la prostitución? porqué no se quedan en Chiapas y ven, de una buena vez, que su adorado movimiento nació liderado por un puñado de intelectuales blancos (no indígenas) de corte marxista a quienes las circunstancias les obligaron a aprovechar las reivindicaciones indígenas porque eso vendía más en el exterior? que en diez años de "guerra" apenas si ha habido cambios reales? Que expusieron a varios cientos de indígenas ante el fuego del ejército cuanto inició la guerra armados con fusiles de juguete y machetes de madera, mientras Marcos y demás jefes blancos, rodeaban San Cristóbal de las Casas bien pertrechados con lanzagranadas. Eso sí, todo el mundo conoce al subcomandante Marcos y queda super chulo llevar una camiseta de él y pegatinas del EZLN y levantar el brazo en las manis. Que sí, que vale, que soy una burguesa...Pero al menos, yo no sangro a nadie, no engaño a nadie, no me burlo de la gente que trabaja cuando rompo una cabina, destrozo una acera o hago una pintada. Debo ser una desconsiderada que no colaboro a dismunuir el paro ensuciando las calles para que haya más brigadas de limpieza. Debo ser reaccionaria porque resulta que leo y me hago preguntas donde otros nada más abrazan la idea que les llega del aire porque hace juego con su look. Debo ser bien tonta por pagar los impuestos que permiten que este hatajo de egoistas vayan gratis al médico. Y a la universidad. Y seguro que muchos hasta tienen asistenta ecuatoriana sin contrato.
Pues sí, seré burguesa entonces. Y encantadísima.
En mi lista de fusilables, apunto hoy, a los jipis de luxe estos. Es que no los soporto. Y cuando les ponga en el paredón, los pienso rociar con Chanel nº 5. Que se jodan.
Efecto siesta

En la siesta he soñado que iba a comprar algo, supongo que cigarros, a una tienda de chinos. Cuando salía, en la puerta estaba -considerablemente rejuvenecido y hermoseado por obra y gracia de mi imaginación- Paco.
Paco era bajista de un grupo de pop que ganó unos cuantos premios, dió unos cuantos conciertos, y acabó, como tantos, disolviéndose. También pintaba y fotografiaba. Y todo lo hacía bien. Era tan tímido que cuando se subía a un escenario, tocaba de espaldas al público, para no verlos. Y era una mezcla de Mick Jagger, Bowie y Klaus Kinsky. Es decir, tenía todas las papeletas del mundo para que me rindiera a sus pies nada más verlo. Me enamoré de él perdidamente en un concierto en el planetario, a distancia, y nada más guiada por la forma de su cráneo. Me enamoré como una loca, tanto, que esa misma noche que salíamos unos cuantos amigos a Valencia a pasar el fin de semana, no paré hasta convencerlo que se viniera con nosotros.
Esperamos a que terminara el concierto, porque uno de los viajeros era el guitarrista, y me lancé a la conquista del desconocido bajista de lindo cráneo. No sé cómo lo hice, pero en media hora, me había autopresentado, le hice ojitos y le convencí de que lo más importante del mundo era que nos acompañara a Valencia. Y lo conseguí. Cuando, ya en la playa, le ví caminando sobre la arena, tan flaco y desgarbado, con ese cuerpo quijotesco suyo y sus ojos de miel tristes, recogiendo piedras en la orilla, me dí cuenta que era el hombre de mi vida (de mi vida a los 23 años, se entiende).
Y seguí creyéndolo durante los siguientes siete años. Acudí a todos los conciertos, le perseguí por las barras de los clubes, le escribí cuentos, cartas, hasta me curré un proyecto de escenografía y les diseñé una portada de un disco que nunca salió. Todo por estar cerca de él. Me regalaba sus miradas lánguidas, siempre tristes, sus palabras de miedo ante mi energía y determinación a llevármelo al fin del mundo y hacerlo feliz, su desconfianza ante mi vida "licenciosa" que no me molestaba en esconder, y un fin de semana maravilloso en el que me llevó a su casa y me hizo el amor escuchando "Zyggy Stardust" con su gato a los pies de la cama, cuyo recuerdo alimentó mi esperanza años y años.
Pero... tenía novia, monumento al tesón y con unas tragaderas tamaño boca del metro. Porque si yo hubiera sido ella, más una noche hubiera abofeteado, cuando menos, a la aprendiz de groupie que era yo y que sin ningún rubor, acaparaba la atención de su Paco en los camerinos o donde le pillara, prometiéndole al oído un mundo feliz mientras estuviera a mi lado. Y es que él se dejaba querer. Pese a ser músico, era demasiado formal para aprovechar la situación que yo le ponía en bandeja tal cual hacía mi entradita triunfal, para desesperación de su novia, que por supuesto, me odiaba a muerte.
Ahora, miro hacia atrás y se que no me comportaría igual. No me hubiera metido en medio, elemento desestabilizador, como lo hice. Porque me consta que fuí un problema, grave, para ellos. Pero cuando yo aparecía, el abría desmesuradamente sus ojos de miel y me reclamaba a su lado, a su manera callada y tímida y yo solo luchaba por lo que quería. Eso sí, la doña me ganó la batalla, y consiguió llevárselo primero a su casa, luego al altar y después a la maternidad.
El día que Paco me dijo, atraído hacia mí merced a una de mis intragables excusas para vernos (y él bien que se amparaba en ellas para encontrarse conmigo), que su hijo le alegraba la vida, comprendí que yo nunca tendría lugar en la suya más que como un hermoso recuerdo, un sueño de verano recoge-piedras, un amor platónico, un imposible. Era la primera vez que me decía que algo le hacía feliz. Su hijo. Y me rendí. Hace seis años de esto.
Nunca más le llamé ni le he vuelto a ver. A veces, navego por internet y encuentro que ha expuesto en tal lugar, que ha ganado tal premio con sus fotos. Y se me alegra el corazón por él.
Cuando he soñado que lo veía en la puerta de la tienda de los chinos, se me encogía el estómago. Volví a recordar el amor que sentí por él. Y él, en mi sueño, me decía que nos fuéramos juntos, al fin del mundo. En el sueño era la mujer más feliz del mundo, no importaban los años transcurridos ni lo que hubiera pasado. El volvía a por mí, nos queríamos, siempre nos quisimos y era, al fin, nuestro momento. Lo abrazaba, lo besaba y reíamos, locos de contentos.
Me desperté mientras me tenía aún entre sus brazos.
Y lejos de sentirme bien, me dí cuenta que estaba terriblemente asustada. Tenía un miedo casi pánico. No puedo explicar el porqué.
Aún conservo la piedra que me regaló en Valencia.
Cosas que me gustan (II)
Hay muchas cosas, afortunadamente, que me producen excitación. Pero, lógicamente, unas más que otras. Los comentarios que amablemente me han dejado el srto. Miau y Amanda, han alentado mi apetito por una de ellas. Al menos, hoy.
Recuerdo muy bien cuando estrenaron "El Silencio de los Corderos". Entre otras cosas, porque andaba yo en esa época de amante hermana de mi hermanito. Hago una aclaración necesaria: mi hermanito no es hermano de sangre, se trata de un ser excepcional que se cruzó en mi vida hace unos catorce o quince años, no recuerdo bien y fue tal nuestra afinidad que decidimos ser hermanos. Y amantes, aunque en el sexo nunca nos entendimos bien, pero bien que lo intentamos.
Dicho esto, cuando la ciudad estaba empapelada con los carteles de la película, un día mi hermanito me hizo detenerme ante uno de ellos, en una marquesina del autobús y me pidió que me fijara bien en la mariposa que tapaba la boca de la agente Starling. Yo tengo fobia a las mariposas y no quería mirar. Pero él insistió mucho. Mi amor por él era tal que venció mi pavor y traté de abstraerme de la imagen del bicho ese repelente (que dios los extermine, por favor) y observé.
- ¿Qué ves? preguntó.
- Sólo veo ese insecto repugnante.
- No¡ fíjate en la calavera¡ mira bien¡
Y, de pronto, ví. Mujeres desnudas ovilladas. Creo que eran dos. Sorprendente. Dejé de tener miedo al cartel, lo que fue un alivio porque ya digo que toda la ciudad estaba empapelada con ellos y mi fobia llegaba a no soportar la visión de ninguna imagen de "esas cosas voladoras".
He visto la película varias veces. Y he de decir que las siguientes entregas no son ni la mitad de buenas que "El Silencio de los Corderos". "El Dragón Rojo" me parece infumable, siendo el libro mucho mejor, como suele suceder. "Hannibal" me gustó, pero nada más por Florencia, porque me descubrió Santa María Novella, las Variaciones Goldberg y por el vestido de Gucci y los zapatos que lucía al final de la película la trasmutada agente Starling. Aunque siento decir que, pese a que soy super fan de Julien Moore, en mi opinión, el Gucci la excedía, no a ella sino al personaje. Ahí a Lecter se le fue un poco la mano y se dejó llevar por el sentimentalismo, cuya omisión en su personalidad es justamente una de las cosas que más me atraen de él.
Coincido con Amanda en mi rendido amor al doctor Lecter. Y es que es fácil amarlo. Una mente criminal con tanta sensibilidad es una mezcla demasiado excitante como para que pase desapercibida. Y, de hecho, sus crímenes son, si lo pensamos con honestidad, yo diría que necesarios. Fíjense en quiénes son sacrificados. Chusma. Pura chusma vulgar. Acaso creen que Lecter se comería a Leonardo Da Vinci?. Mediten sobre ello. Y lean a De Quincey, si necesitan motivos para convencerse.
Yo, por mi parte, la primera vez que entré en Santa María, recorrí cada sala buscando al doctor. Y me cuidé de llevar calzados mi mejor par de zapatos. Por si acaso.
Recuerdo muy bien cuando estrenaron "El Silencio de los Corderos". Entre otras cosas, porque andaba yo en esa época de amante hermana de mi hermanito. Hago una aclaración necesaria: mi hermanito no es hermano de sangre, se trata de un ser excepcional que se cruzó en mi vida hace unos catorce o quince años, no recuerdo bien y fue tal nuestra afinidad que decidimos ser hermanos. Y amantes, aunque en el sexo nunca nos entendimos bien, pero bien que lo intentamos.
Dicho esto, cuando la ciudad estaba empapelada con los carteles de la película, un día mi hermanito me hizo detenerme ante uno de ellos, en una marquesina del autobús y me pidió que me fijara bien en la mariposa que tapaba la boca de la agente Starling. Yo tengo fobia a las mariposas y no quería mirar. Pero él insistió mucho. Mi amor por él era tal que venció mi pavor y traté de abstraerme de la imagen del bicho ese repelente (que dios los extermine, por favor) y observé.
- ¿Qué ves? preguntó.
- Sólo veo ese insecto repugnante.
- No¡ fíjate en la calavera¡ mira bien¡
Y, de pronto, ví. Mujeres desnudas ovilladas. Creo que eran dos. Sorprendente. Dejé de tener miedo al cartel, lo que fue un alivio porque ya digo que toda la ciudad estaba empapelada con ellos y mi fobia llegaba a no soportar la visión de ninguna imagen de "esas cosas voladoras".
He visto la película varias veces. Y he de decir que las siguientes entregas no son ni la mitad de buenas que "El Silencio de los Corderos". "El Dragón Rojo" me parece infumable, siendo el libro mucho mejor, como suele suceder. "Hannibal" me gustó, pero nada más por Florencia, porque me descubrió Santa María Novella, las Variaciones Goldberg y por el vestido de Gucci y los zapatos que lucía al final de la película la trasmutada agente Starling. Aunque siento decir que, pese a que soy super fan de Julien Moore, en mi opinión, el Gucci la excedía, no a ella sino al personaje. Ahí a Lecter se le fue un poco la mano y se dejó llevar por el sentimentalismo, cuya omisión en su personalidad es justamente una de las cosas que más me atraen de él.
Coincido con Amanda en mi rendido amor al doctor Lecter. Y es que es fácil amarlo. Una mente criminal con tanta sensibilidad es una mezcla demasiado excitante como para que pase desapercibida. Y, de hecho, sus crímenes son, si lo pensamos con honestidad, yo diría que necesarios. Fíjense en quiénes son sacrificados. Chusma. Pura chusma vulgar. Acaso creen que Lecter se comería a Leonardo Da Vinci?. Mediten sobre ello. Y lean a De Quincey, si necesitan motivos para convencerse.
Yo, por mi parte, la primera vez que entré en Santa María, recorrí cada sala buscando al doctor. Y me cuidé de llevar calzados mi mejor par de zapatos. Por si acaso.
Algunas cosas que me gustan
He estado curioseando por algunos blogs y ya me he cansado. Así que me he puesto a escribir sobre mí, que al final es lo que más me divierte. Estoy en casa, sentada tranquilamente en mi habitación, después de haber cenado una estupenda crema de calabaza, que es la última moda en mi cocina. Desde que he aprendido a hacerla, estoy encantada conmigo misma y la frutería de mi barrio, también. Y como postre, suenan las Variaciones Goldberg interpretadas por Glenn Gould. Me contó mi hermanito que el señor Goldberg, además de ser inmensamente rico, tenía problemas de sueño, así que le encargó a J.S. Bach unas piezas que le ayudaran a dormir y el maestro creó estas variaciones. Como curiosidad añadida, el Dr. Fell, alter ego de Hannibal Lecter, gustaba tocarlas durante su estadía en Florencia (véase o léase “Hannibal”). Ya que estamos en Florencia, aprovecho para recomendar una visita con la tarjeta de crédito abrillantada a la maravillosa farmacia de Santa María Novella www.smnovella.it/ y que alguien me traiga, por favor, una crema para manos al limón y un Acqua di Colonia. Y no me digáis que hay oficinas aquí, porque no es lo mismo ir a comprar a una farmacia del S.XVII que a un local, por muy cool que sea, en la calle Almirante. Madrid no es Florencia, por mucho que nos guste. Sin ir más lejos, las ratas nadadoras del Arno, parecen nutrias de lo hermosas que están. Claro que dicen que los turistas borrachos que caen al río las sirven de alimento. Y en el Manzanares, los patos conviven con las ratas en singular armonía. Así cómo vamos a tener ratas lustrosas?. En Florencia, las ratas se comen a los gringos, esas sí son ratas serias, y no las nuestras, que están amariconadas, haciéndose amigas de los patos, habrase visto…
Hablando de ratas, me vienen a la memoria dos escenas un tanto terribles, que no describiré, nada más doy la pista y el que quiera que investigue: “Las Ratas”, de Miguel Delibes, y “American Psycho” de Bret Easton Ellis. Si los habéis leído, ya sabéis a qué me refiero. Podéis insultarme si queréis, pero eso no va a cambiar mis gustos. Aunque para las mentes sensibles, tengo otro par de sugerencias. Cuando era una adolescente, tuve como libro de cabecera “Del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes” de Thomas de Quincey. Hace poco vi “La Soga” en el ciclo de Hitchcock de Telemadrid –algo bueno tenía que tener Telemadrid- y se me ocurrió que quizás las teorías que alimentaron el crimen que narra la película fueron inspiradas por la lectura de este libro. De Quincey también tiene otra obra muy interesante, “Confesiones de un inglés comedor de opio”. Cuando lo empecé a leer, creo que debía tener yo como quince años, me entraron muchas ganas de volverme opiómana y no paraba de preguntar cómo se podía conseguir opio a los amigos de mi padre porque yo también quería pegarme esos viajazos que se daba el viejo De Quincey, pero a medida que avanzaba el libro, se me fueron quitando, porque los yonquis, ya se sabe, acaban soñando con la muerte y a mí la pelona solo me gusta en los demás.
Casi simultáneamente a “Del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes”, leí a Jonathan Swift, y no fueron “Los Viajes de Gulliver”, sino un pequeño ensayo mucho menos conocido y bastante curioso: “Una modesta proposición para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público". www.sindominio.net/karakola/precarias/modesta.htm.
Después de acabar anoche “La Virgen de los Sicarios”, Fernando Vallejo, su autor, seguro aplicaría gustoso la propuesta de Swift a todas las madres de Medellín (Colombia).
Acabo de darme cuenta que puede haber algún bienaventurado que se digne a leerme y me pueda ayudar con una búsqueda que dura años, sin ningún fruto y que me tiene rastreando la red con paciencia de hormiga. Busco un libro, y si alguien pudiera conseguírmelo, le estaré eternamente agradecida. Es el siguiente:
Shannon, Elaine. Desperados; Los caciques latinos de la droga, los agentes de la ley y la guerra que Estados Unidos no puede ganar. Traducción Agustín Barcena. México, Lasser Press Mexicana, 1989.
Mi blog tiene complejo de carta a los reyes magos, pero el que no llora, no mama. Ustedes comprendan, una cabecita como la mía no se alimenta sólo del Hola¡.
Fiesta?
Hace algún tiempo ví una peli, o era una serie, no lo recuerdo bien, en la que una amigas organizaban una fiesta y cada una debía llevar a un "ex", en calidad de ex, es decir, desechado por la amiga pero potencialmente aprovechable por las demás. Me hizo mucha gracia y me pareció una excelente idea. A mí me encantaría llevar a primer ex, que al final es el mejor de todos mis ex, por guapo (es de portada del Vogue, el cabrón), por buena gente, por encantador, y porque hasta donde puedo recordar, era bueno en la cama. Lástima que se ha convertido en un responsable padre de mellizos y se ha trasladado a vivir con la mamá de las criaturas a otra ciudad. Así que no está en oferta. Y de los demás, pues... me temo que no hay nada aprovechable. Quiero decir que no soy tan mala persona que os venda a un inglés con tendencia a la obesidad alcohólica (debe ser tipo obús a estas alturas), a un italiano guapísimo pero narcotraficante (con este, la emoción estaba asegurada, eso sí, el teléfono de mi abogado siempre lo tenía a mano), o a un ciberadicto mentiroso patológico (este es español) con delirios de grandeza y penosa ortografía...
Así que, si alguna se anima, yo lanzo la idea y ayudo en la organización del evento. Eso sí, me comprometo a llevar a un hombre con el que haya tenido una relación lo suficientemente larga como para asegurar que no es un psicópata ni un impotente, pero poco más. Luego no me vayan a venir con reclamos que si su madre lo tiene dominado, tiene una hija de tres años que te mira mal, o es un fetichista de los tacones de aguja de 15 cms. -que le quedan mejor que a tí- porque una no es responsable, en muchos casos, de lo que sucede más allá de un par de encuentros, que la noche es muy dura...
Dicho queda. Alguna voluntaria?
Seguridad Vs. Inseguridad
Acabo de hablar con mi favorito y me dice que ha desestimado una entrevista de trabajo en otra ciudad, lejos, lejísimos. Está en España pero que no te da tiempo a llegar a cenar, vamos. He respirado aliviada. Soy egoísta, sí, porque no quiero que se vaya. Bastante difícil es ya organizar nuestros encuentros como para poner obstáculos añadidos, onda aviones y trenes... Pero él está empeñado en largarse de la city porque sueña con ver margaritas en lugar de pasos de cebra y se que es cuestión de tiempo que acaben reclutándolo en algún lugar al que no llega el metro. Y tengo que mentalizarme para cuando llegue ese momento. O no. Yo qué sé. Me duele la cabeza y no puedo pensar con claridad.
Debo estar un poco loca. O me gustan demasiado los desafíos. O es que no imagino pasar un solo día sin escuchar su dulce voz. O que es condenadamente bueno en la cama. O que simple y llanamente, le quiero. Pero no sé porqué tengo que complicarme siempre tanto la vida y acabar alegrándome (malvada, soy malvada) de que se quede en mi ciudad un ratito más. Porque un señor que tiene gatos (y yo soy alérgica), que se pasa la vida viajando (y no me puede llevar), que no fuma (y yo sí, y mucho), que no le gusta la comida mexicana (sin comentarios), que está harto del asfalto (y yo pienso en el campo y me salen ronchas), que no le gusta desayunar (y es mi comida favorita), que es un hombre-duda (y yo soy la mar de decidida), pone a prueba mi flexibilidad a diario (y no en la cama, precisamente).
Como amiga, que lo soy (aunque no todo el rato, lo reconozco) quiero que alcance sus objetivos, sus sueños y disipe sus dudas. Pero como amante, que también soy, con la parte emocional que eso implica, no puedo evitar sentir "pequeña alegría" cuando sus planes en los que yo me siento alejada, salen mal. He dicho "pequeña", tampoco me tomen por la bruja mayor del reino. Que a las malas no me va a quedar otra que asumirlo. Y además, mi conciencia está en paz porque yo no soy parte activa del boicot. Nunca le he pedido nada que le aleje de sus metas. Ni siquiera le hago la menor sugerencia. Me limito a escucharle y apoyarle.
Es curioso. Supongo que forma parte de mi personalidad, pero nunca he tenido una relación completamente normal y estable. Lo mío, está claro, son las complicaciones, las inseguridades, o de plano, los raros de turno (y en este saco entran los pirados, tarados, psicópatas, pervertidos, delincuentes, mafiosos y demás deshechos a los que atraigo como un imán, maldita sea...).
Mi favorito no es raro, raro, lo que se dice raro, no es. Tiene sus rarezas, pero no más que el resto. Pero en el plano de complicaciones e inseguridades, no va mal el chico. Y tratar de encajar en su vida es hacer encaje de bolillos. Así llevamos cuatro meses, encajando y bolilleando.
Inseguridad: sí. Emoción: también. Estabilidad: cero.
Pero cuando echo la vista atrás y recuerdo lo que era llegar el viernes y saber exactamente lo que iba a ocurrir a lo largo del esperado fin de semana, hasta a dónde iba a comer, a cenar, sin la menor variación, con una precisión de cirujano, cuando recuerdo mi aburrimiento mortal, mi pena por haber convertido mi vida en una monotonía gris y sin relieve, cuando recuerdo lo que es perder el tiempo de esa manera tan improductiva , tan infértil, cuando recuerdo que apenas sonreía, que siempre estaba triste y harta, entonces pienso en mi favorito y sonrio.
Yo no se si lo voy a ver este fin de semana. Pero sí se que, cuando nos veamos, será porque lo deseamos los dos, porque tenemos mil cosas que contarnos, porque nos morimos de ganas de abrazarnos, de besarnos y de reirnos juntos. Y porque nunca se lo que va a pasar, y eso, queridos, me excita mucho más.
Debo estar un poco loca. O me gustan demasiado los desafíos. O es que no imagino pasar un solo día sin escuchar su dulce voz. O que es condenadamente bueno en la cama. O que simple y llanamente, le quiero. Pero no sé porqué tengo que complicarme siempre tanto la vida y acabar alegrándome (malvada, soy malvada) de que se quede en mi ciudad un ratito más. Porque un señor que tiene gatos (y yo soy alérgica), que se pasa la vida viajando (y no me puede llevar), que no fuma (y yo sí, y mucho), que no le gusta la comida mexicana (sin comentarios), que está harto del asfalto (y yo pienso en el campo y me salen ronchas), que no le gusta desayunar (y es mi comida favorita), que es un hombre-duda (y yo soy la mar de decidida), pone a prueba mi flexibilidad a diario (y no en la cama, precisamente).
Como amiga, que lo soy (aunque no todo el rato, lo reconozco) quiero que alcance sus objetivos, sus sueños y disipe sus dudas. Pero como amante, que también soy, con la parte emocional que eso implica, no puedo evitar sentir "pequeña alegría" cuando sus planes en los que yo me siento alejada, salen mal. He dicho "pequeña", tampoco me tomen por la bruja mayor del reino. Que a las malas no me va a quedar otra que asumirlo. Y además, mi conciencia está en paz porque yo no soy parte activa del boicot. Nunca le he pedido nada que le aleje de sus metas. Ni siquiera le hago la menor sugerencia. Me limito a escucharle y apoyarle.
Es curioso. Supongo que forma parte de mi personalidad, pero nunca he tenido una relación completamente normal y estable. Lo mío, está claro, son las complicaciones, las inseguridades, o de plano, los raros de turno (y en este saco entran los pirados, tarados, psicópatas, pervertidos, delincuentes, mafiosos y demás deshechos a los que atraigo como un imán, maldita sea...).
Mi favorito no es raro, raro, lo que se dice raro, no es. Tiene sus rarezas, pero no más que el resto. Pero en el plano de complicaciones e inseguridades, no va mal el chico. Y tratar de encajar en su vida es hacer encaje de bolillos. Así llevamos cuatro meses, encajando y bolilleando.
Inseguridad: sí. Emoción: también. Estabilidad: cero.
Pero cuando echo la vista atrás y recuerdo lo que era llegar el viernes y saber exactamente lo que iba a ocurrir a lo largo del esperado fin de semana, hasta a dónde iba a comer, a cenar, sin la menor variación, con una precisión de cirujano, cuando recuerdo mi aburrimiento mortal, mi pena por haber convertido mi vida en una monotonía gris y sin relieve, cuando recuerdo lo que es perder el tiempo de esa manera tan improductiva , tan infértil, cuando recuerdo que apenas sonreía, que siempre estaba triste y harta, entonces pienso en mi favorito y sonrio.
Yo no se si lo voy a ver este fin de semana. Pero sí se que, cuando nos veamos, será porque lo deseamos los dos, porque tenemos mil cosas que contarnos, porque nos morimos de ganas de abrazarnos, de besarnos y de reirnos juntos. Y porque nunca se lo que va a pasar, y eso, queridos, me excita mucho más.
Money, money
Esta mañana he recibido un burofax de un despacho de abogados en el que me instan a arreglar extrajudicialmente una supuesta deuda que heredé de mi padre por valor de 46 mil euritos de nada... dado que mi padre murió en el 91, y que hasta la fecha nadie me había contactado con semejante reclamación, me da a pensar que quizás sea una curiosa manera de celebrar el 14 aniversario de su muerte o bien que los socios de mi padre tienen ganas de tocarme los ovarios... y como con el rollo del eclipse me he levantado de buen humor, pues he pensado que les voy a enviar a un par de amigos mexicanos muy simpáticos con su 38 al cinto, a ver si llegan a un acuerdo...
Tampoco desestimo la idea, menos agresiva pero más emocionante (si cabe) de convertirme en una prófuga de la justicia y largarme con viento fresco y sed de aventuras a otro país donde no tengan convenios de extradición por deudas heredadas, no sin antes enviar a mis reclamadores un fax con una bonita tipografía que diga algo así como "debo, no niego, pago, no tengo... agárrenme si pueden"...
Supongo que debería estar asustada, pero como que hoy el miedo no cabe en mí. Más bien, me dió mucha risa, porque nada más pensé en mi cuenta corriente en puritito descubierto (ni he cobrado aún) y tanto me da que me digan que debo 10 euros o dos millones... la misma capacidad de pago tengo yo que de volverme católica a corto plazo (a largo no se sabe, que la vida da muchas vueltas).
Así que, como dicen que no es más rico quien más tiene, sino quién más debe, alégrense amigos, que sepan que hoy, al menos por hoy, están ustedes leyendo a una millonaria... en deudas.
Tampoco desestimo la idea, menos agresiva pero más emocionante (si cabe) de convertirme en una prófuga de la justicia y largarme con viento fresco y sed de aventuras a otro país donde no tengan convenios de extradición por deudas heredadas, no sin antes enviar a mis reclamadores un fax con una bonita tipografía que diga algo así como "debo, no niego, pago, no tengo... agárrenme si pueden"...
Supongo que debería estar asustada, pero como que hoy el miedo no cabe en mí. Más bien, me dió mucha risa, porque nada más pensé en mi cuenta corriente en puritito descubierto (ni he cobrado aún) y tanto me da que me digan que debo 10 euros o dos millones... la misma capacidad de pago tengo yo que de volverme católica a corto plazo (a largo no se sabe, que la vida da muchas vueltas).
Así que, como dicen que no es más rico quien más tiene, sino quién más debe, alégrense amigos, que sepan que hoy, al menos por hoy, están ustedes leyendo a una millonaria... en deudas.
La historia del mariachi
Como recordareis, la noche del Grito, me fuí del restaurante a medianoche para cumplir con mi cita telefónica y porque el mariachi guapo no me hizo ningún caso....
Pues bien, en España una mujer se interesa por un hombre en un lugar público y realiza una seria de maniobras (atusa su cabello, le mira de forma insistente, se acerca, etc.) y si el hombre está interesado, le responde de alguna manera, si no, pues simplemente la ignora y listos. Si ese hombre la ignora, la mujer no se queda esperando a que suceda un milagro, porque en España, los milagros, no existen.
En México, país del realismo mágico, la cosa no es tan sencilla. Sería perfectamente natural que después de una decepción como la que sufrí aquella noche, por más que me esforcé por atraer la atención de mi trompetista sin éxito, me lo encontrara a la mañana siguiente encaramado a un árbol de mi jardín, así, sin ninguna lógica, y a nadie le iba a parecer extraño sino divertido, porque en México todo es posible.
Pues yo no recordaba esta máxima mientras hacía la compra con mi amiga Adela en el súper el sábado por la tarde, antes de empezar a preparar la mega-fiesta que nos ocuparía toda la noche... no, yo no me acordaba de que estando con Adela y preparando una fiesta mexicana, yo estaba virtualmente en territorio mexicano. Lo olvidé.
Suena mi "celular". Y sucede más o menos esto:
- Hola? (yo)
- Hola.
- Quién es?
- Soy tu mariachi.
- (...) Cómo?
- Soy tu mariachi...
- (...) venga ya¡¡¡ dime quién eres... (comienza la mutación de mi acento por pura empatía)
- De veras¡¡¡ qué? no me crees?
- Pues no, wey, no te creo, me estás tomando el pelo¡¡¡ ya, dime quién eres... quién anda por allá? Charly? Juan Carlos?
- Nooooo... cómo crees... no te engaño... soy tu mariachi¡¡¡ quieres comprobarlo???
- Simón, wey, a ver...
Y que agarra la trompeta y se pone a tocar... Ahhhh¡¡¡¡¡ no doy crédito, no es cierto, es una cámara oculta o qué chingados pasa aquí... Ayayayayay... que siiii... que va a ser él... Santo patrón Malverde, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS¡¡¡¡
Atónita, mirando a mi alrededor a ver si es que los marcianos me han abducido y me han trasladado a la Plaza Garibaldi sin aviso previo, dudando de mí misma y mis alucinaciones auditivas, pues como que me rindo a la evidencia y sí, es él, MI MARIACHI, llamándome por teléfono, quién sabe cómo dió conmigo y yo, por si el milagrito se tuerce, ni pregunto... hay que aceptar los designios del Señor como vienen, y yo no pensaba discutir esta intercesión divina.
El mariachi me informa, muy amable él, que el martes se marcha a México y que disponemos apenas de tres días para cantarnos al oído todos los corridos del mundo. Y yo con una fiesta a punto de comenzar. Mmm… mal asunto tener una cita con resaca. Pero ni modo. Quedamos en hablarnos el domingo después de comer y vemos qué onda… Por supuesto, todo el camino a casa de Adela lo hice dando saltitos de alegría y soñando en voz alta, ante las risas de mi amiga que no daba crédito a mi buena suerte. El caso es que al llegar a la casa, y meternos en la cocina, entre ollas y tamales, pozole, relleno negro, sopa fría (esta la hice yo, es lo único que sé cocinar en “mexicano” que no sea inventado) y chilaquiles, se me ocurrió que no tenía porqué esperar a mañana, si podría tenerlo hoy… y le envié un mensaje, que respondió y otro y otro y otro… vamos, que no se cuándo chingados tocó porque estuvo pendiente de mis mensajitos todo el rato hasta que se presentó en la fiesta pasada la medianoche.
Para entonces, ya había descubierto el misterio de su milagrosa aparición. Resulta que Juan Carlos, el fotógrafo, había ido a cubrir una fiesta a la hora de comer del sábado y mira tú por donde, quién amenizaba el party? Pues la banda de mi héroe. Mi querido Juan Carlos debió pensar que ya que él no consigue “cogerme”, al menos que lo hiciera un paisano suyo, y con estas se le acercó y le comentó mi interés por su piel trigueña. El mariachi le pidió el teléfono y acabó entrando por la puerta de casa de Adela esa misma noche dispuestísimo a cumplir mi fantasía de tenerle entre mis brazos.
Con una sonrisa como un lucero y sus hermosos cabellos negros revueltos, se acercó a mí con una ligera timidez que se le quitó tan pronto le encerré en la cocina y le ofrecí un adelanto de lo que le esperaba al día siguiente.
Mi mariachi me regaló dos noches y mil mensajes atentos y encantadores. Me regaló su piel oscura y perfecta, su pecho de niño, sus manos cuidadas y sus labios mullidos y suaves. Mi mariachi me cantó (quién sabe porqué, a todos los mexicanos les da por cantar en la cama) y me enseñó armonías y escalas. Es cierto que no lo volví a ver vestido de mariachi, con el morbo que me daba desnudarlo y probarme su traje precioso, pero mientras me follaba pensaba en todas las españolitas que se conformaron con tomarse una foto con él (tan guapo que es) y yo lo tenía en mi cama, haciéndome subir al cielo, con la energía de los 27 añitos y la entrega sin condiciones ni remilgos del amante más osado.
Se fue el martes en la tarde y lo último que le escuché decir fue un “te quiero mucho” conmovedor y tierno que me sacó mi lado más sensible y a punto estuve de prometerle que en mi siguiente viaje haría una parada en DF para volver a disfrutarlo. Pero eso me lo callé y tan solo le respondí “y yo a ti”, como si fuera cierto que nos quisimos durante dos días. Puede que sí, que fuera verdad, ahora que lo pienso. Una historia de amor que duró tres noches, bonita y corta.
Perfecta.
Pues bien, en España una mujer se interesa por un hombre en un lugar público y realiza una seria de maniobras (atusa su cabello, le mira de forma insistente, se acerca, etc.) y si el hombre está interesado, le responde de alguna manera, si no, pues simplemente la ignora y listos. Si ese hombre la ignora, la mujer no se queda esperando a que suceda un milagro, porque en España, los milagros, no existen.
En México, país del realismo mágico, la cosa no es tan sencilla. Sería perfectamente natural que después de una decepción como la que sufrí aquella noche, por más que me esforcé por atraer la atención de mi trompetista sin éxito, me lo encontrara a la mañana siguiente encaramado a un árbol de mi jardín, así, sin ninguna lógica, y a nadie le iba a parecer extraño sino divertido, porque en México todo es posible.
Pues yo no recordaba esta máxima mientras hacía la compra con mi amiga Adela en el súper el sábado por la tarde, antes de empezar a preparar la mega-fiesta que nos ocuparía toda la noche... no, yo no me acordaba de que estando con Adela y preparando una fiesta mexicana, yo estaba virtualmente en territorio mexicano. Lo olvidé.
Suena mi "celular". Y sucede más o menos esto:
- Hola? (yo)
- Hola.
- Quién es?
- Soy tu mariachi.
- (...) Cómo?
- Soy tu mariachi...
- (...) venga ya¡¡¡ dime quién eres... (comienza la mutación de mi acento por pura empatía)
- De veras¡¡¡ qué? no me crees?
- Pues no, wey, no te creo, me estás tomando el pelo¡¡¡ ya, dime quién eres... quién anda por allá? Charly? Juan Carlos?
- Nooooo... cómo crees... no te engaño... soy tu mariachi¡¡¡ quieres comprobarlo???
- Simón, wey, a ver...
Y que agarra la trompeta y se pone a tocar... Ahhhh¡¡¡¡¡ no doy crédito, no es cierto, es una cámara oculta o qué chingados pasa aquí... Ayayayayay... que siiii... que va a ser él... Santo patrón Malverde, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS¡¡¡¡
Atónita, mirando a mi alrededor a ver si es que los marcianos me han abducido y me han trasladado a la Plaza Garibaldi sin aviso previo, dudando de mí misma y mis alucinaciones auditivas, pues como que me rindo a la evidencia y sí, es él, MI MARIACHI, llamándome por teléfono, quién sabe cómo dió conmigo y yo, por si el milagrito se tuerce, ni pregunto... hay que aceptar los designios del Señor como vienen, y yo no pensaba discutir esta intercesión divina.
El mariachi me informa, muy amable él, que el martes se marcha a México y que disponemos apenas de tres días para cantarnos al oído todos los corridos del mundo. Y yo con una fiesta a punto de comenzar. Mmm… mal asunto tener una cita con resaca. Pero ni modo. Quedamos en hablarnos el domingo después de comer y vemos qué onda… Por supuesto, todo el camino a casa de Adela lo hice dando saltitos de alegría y soñando en voz alta, ante las risas de mi amiga que no daba crédito a mi buena suerte. El caso es que al llegar a la casa, y meternos en la cocina, entre ollas y tamales, pozole, relleno negro, sopa fría (esta la hice yo, es lo único que sé cocinar en “mexicano” que no sea inventado) y chilaquiles, se me ocurrió que no tenía porqué esperar a mañana, si podría tenerlo hoy… y le envié un mensaje, que respondió y otro y otro y otro… vamos, que no se cuándo chingados tocó porque estuvo pendiente de mis mensajitos todo el rato hasta que se presentó en la fiesta pasada la medianoche.
Para entonces, ya había descubierto el misterio de su milagrosa aparición. Resulta que Juan Carlos, el fotógrafo, había ido a cubrir una fiesta a la hora de comer del sábado y mira tú por donde, quién amenizaba el party? Pues la banda de mi héroe. Mi querido Juan Carlos debió pensar que ya que él no consigue “cogerme”, al menos que lo hiciera un paisano suyo, y con estas se le acercó y le comentó mi interés por su piel trigueña. El mariachi le pidió el teléfono y acabó entrando por la puerta de casa de Adela esa misma noche dispuestísimo a cumplir mi fantasía de tenerle entre mis brazos.
Con una sonrisa como un lucero y sus hermosos cabellos negros revueltos, se acercó a mí con una ligera timidez que se le quitó tan pronto le encerré en la cocina y le ofrecí un adelanto de lo que le esperaba al día siguiente.
Mi mariachi me regaló dos noches y mil mensajes atentos y encantadores. Me regaló su piel oscura y perfecta, su pecho de niño, sus manos cuidadas y sus labios mullidos y suaves. Mi mariachi me cantó (quién sabe porqué, a todos los mexicanos les da por cantar en la cama) y me enseñó armonías y escalas. Es cierto que no lo volví a ver vestido de mariachi, con el morbo que me daba desnudarlo y probarme su traje precioso, pero mientras me follaba pensaba en todas las españolitas que se conformaron con tomarse una foto con él (tan guapo que es) y yo lo tenía en mi cama, haciéndome subir al cielo, con la energía de los 27 añitos y la entrega sin condiciones ni remilgos del amante más osado.
Se fue el martes en la tarde y lo último que le escuché decir fue un “te quiero mucho” conmovedor y tierno que me sacó mi lado más sensible y a punto estuve de prometerle que en mi siguiente viaje haría una parada en DF para volver a disfrutarlo. Pero eso me lo callé y tan solo le respondí “y yo a ti”, como si fuera cierto que nos quisimos durante dos días. Puede que sí, que fuera verdad, ahora que lo pienso. Una historia de amor que duró tres noches, bonita y corta.
Perfecta.





