El arte de regalar
Esta mañana he recibido una visita sorpresa con regalo navideño incluído. Una visita fugaz, pero alegre. Mi kidclubber favorito me llama, se me presenta hecho un pincel, me da un beso de esos de quitar el sentido, y me entrega un sobre brillante y luminoso, como él. Según él, era una chorrada. Según yo, es un regalazo, y no porque sea algo enorme o carísimo. Es que ha pensado en mí, ha encontrado una cosa que era perfecta para mí, lo que denota que le importo y que sabe lo que me gusta. Ha acertado de pleno. Y me ha hecho muy feliz. Además, me ha dicho que estoy muy guapa, lo que añade felicidad extra. Ahora, voy a tener en mi escritorio algo de él siempre presente.
Ayer, mamá gallina, también me hizo un regalo, envuelto en papel brillante (está de moda?). Con su regalo, me estaba reafirmando su amistad. Pensó en mí, se tomó la molestia de ir a una tienda y escoger algo que me gustara. Me quiere. Lo se.
Hoy, mi indiecito hermoso, me dice que me ha comprado unos exvotos metálicos tradicionales mexicanos, que hacía mucho tiempo tenía ganas de tener. Le hice un comentario antes de que se fuera, pero no pensé que lo recordara porque fue en una conversación casual. Pero sí. Lo tenía grabadito en la mente, como todo lo que le digo. Y como le conozco, estará muerto de ganas de verme la carita de niña ilusionada que voy a poner por unas chapitas de latón. Si fueran de oro puro no me harían más ilusión.
Pero es que regalar es un arte que no todo el mundo domina. Así que os voy a ilustrar un poco, que llega el momento de luciros.
Todos tenemos regalos que hacer que no nos apetecen nada. Al jefe, por ejemplo. O a una tía pesadísima. Con estos se sale del paso como se pueda. Pero a las personas que tenemos más cerca, a los que queremos, hay que regalarles bien.
Un regalo es una manera de decirle a alguien que le quieres. Así que es muy importante elegir adecuadamente. Básicamente, hay dos maneras de acertar:
1.- El regalo práctico. Y con esto no quiero decir que regales una batidora a tu madre, porque lo más seguro es que se cabreé y con razón. Pero por ejemplo, si tu hermano es un loco de los ordenadores, regalarle una pantalla nueva, puede ser el regalo perfecto. O ese móvil último modelo, que es un capricho del diseño finlandés, a tu novio. O un curso de cata a tu amiga que acaba de descubrir el vino. O una suscripción de una revista de última tendencia para el moderniki de tu vecino (al que adoras y que te hace tantos favores). O un bono "crucero de belleza" en el spa más exclusivo de la ciudad para disfrutarlo con tu mejor amiga. La idea es cubrir una necesidad de una manera original y que demuestre que sabes lo que precisa esa persona porque le has escuchado, la conoces y deseas complacerla.
2.- El regalo-regalo. Este es el que más me gusta. El regalo-regalo puede ser la cosa más absurda del mundo, la más inútil y convertirse en ese regalo que nunca olvidaremos. Aquí es fundamental poner todo el corazón, porque os aseguro que se nota mucho en este tipo de regalos cuánto cariño has empleado en él. Uno de los regalos que recuerdo con más cariño es uno que me hizo mi hermana: me enmarcó un dibujo que hizo ella de pequeña y que siempre me gustó mucho. También recuerdo mi primer disco de los Stones. Pero os doy algunas ideas. Un fin de semana en París ( no seais ratas, es un regalo, así que nada de ir a medias, por favor). Contratar un mariachi (esto es idea de la Perfi) y llevar serenata a la enamorada. Escribirle una carta a tu padre/madre y decirle cuánto le quieres. Pedirle en matrimonio al contrario. Hacerle un álbum de fotos especial y con comentarios a tu hermano favorito. Pedirle el divorcio al contrario. Hacerle un hijo (consentido) al contrario. Por una vez en la vida (panda de huevones desconsiderados) llevarle el desayuno a la cama con flor incluída y nota de amor. Follártelo sin trabas, sin vergüenzas y sin límites. Comprarle a tu abuela un recuerdo de su juventud en un mercadillo o tienda de antiguedades. Hacer algo con tus propias manos que suponga un esfuerzo (restaurar su mesa favorita y roída por el perro, pintarle un retrato, vestirte de hurí y bailarle la danza de los siete velos, tejerle una bufanda). Encargar su comida favorita y llevártela/o de picnic a un parque (con cesta de mimbre, por favor, no me seais cutres y lo lleveis en bolsas de plástico).
Imaginad, pensad, soñad, que os gustaría a vosotros y poneos en el lugar del otro. Si sois de los que no se esfuerzan en lo más mínimo, eso recibiréis, un regalo aburrido, insulso, hecho sin la menor ilusión, por compromiso. O incluso, nada. Pero si, por el contrario, os esforzáis, poneis vuestro corazón en ello, mimais cada detalle, seguro es que vuestra generosidad será recompesada. Lo que damos, recibimos.
Espero que os haya quedado claro que regalar es un arte. Y el que regala bien, un artista. Que para acertar, hace falta escuchar, atender, y desear complacer. Que el cariño se demuestra hasta en el papel que escogemos para empaquetar. Y sobre todo, cuando entregamos un presente, estamos entregando algo de nosotros mismos, habla de nosotros, de lo que somos, de lo que la otra persona nos importa.
Tú qué eres capaz de dar?
Ayer, mamá gallina, también me hizo un regalo, envuelto en papel brillante (está de moda?). Con su regalo, me estaba reafirmando su amistad. Pensó en mí, se tomó la molestia de ir a una tienda y escoger algo que me gustara. Me quiere. Lo se.
Hoy, mi indiecito hermoso, me dice que me ha comprado unos exvotos metálicos tradicionales mexicanos, que hacía mucho tiempo tenía ganas de tener. Le hice un comentario antes de que se fuera, pero no pensé que lo recordara porque fue en una conversación casual. Pero sí. Lo tenía grabadito en la mente, como todo lo que le digo. Y como le conozco, estará muerto de ganas de verme la carita de niña ilusionada que voy a poner por unas chapitas de latón. Si fueran de oro puro no me harían más ilusión.
Pero es que regalar es un arte que no todo el mundo domina. Así que os voy a ilustrar un poco, que llega el momento de luciros.
Todos tenemos regalos que hacer que no nos apetecen nada. Al jefe, por ejemplo. O a una tía pesadísima. Con estos se sale del paso como se pueda. Pero a las personas que tenemos más cerca, a los que queremos, hay que regalarles bien.
Un regalo es una manera de decirle a alguien que le quieres. Así que es muy importante elegir adecuadamente. Básicamente, hay dos maneras de acertar:
1.- El regalo práctico. Y con esto no quiero decir que regales una batidora a tu madre, porque lo más seguro es que se cabreé y con razón. Pero por ejemplo, si tu hermano es un loco de los ordenadores, regalarle una pantalla nueva, puede ser el regalo perfecto. O ese móvil último modelo, que es un capricho del diseño finlandés, a tu novio. O un curso de cata a tu amiga que acaba de descubrir el vino. O una suscripción de una revista de última tendencia para el moderniki de tu vecino (al que adoras y que te hace tantos favores). O un bono "crucero de belleza" en el spa más exclusivo de la ciudad para disfrutarlo con tu mejor amiga. La idea es cubrir una necesidad de una manera original y que demuestre que sabes lo que precisa esa persona porque le has escuchado, la conoces y deseas complacerla.
2.- El regalo-regalo. Este es el que más me gusta. El regalo-regalo puede ser la cosa más absurda del mundo, la más inútil y convertirse en ese regalo que nunca olvidaremos. Aquí es fundamental poner todo el corazón, porque os aseguro que se nota mucho en este tipo de regalos cuánto cariño has empleado en él. Uno de los regalos que recuerdo con más cariño es uno que me hizo mi hermana: me enmarcó un dibujo que hizo ella de pequeña y que siempre me gustó mucho. También recuerdo mi primer disco de los Stones. Pero os doy algunas ideas. Un fin de semana en París ( no seais ratas, es un regalo, así que nada de ir a medias, por favor). Contratar un mariachi (esto es idea de la Perfi) y llevar serenata a la enamorada. Escribirle una carta a tu padre/madre y decirle cuánto le quieres. Pedirle en matrimonio al contrario. Hacerle un álbum de fotos especial y con comentarios a tu hermano favorito. Pedirle el divorcio al contrario. Hacerle un hijo (consentido) al contrario. Por una vez en la vida (panda de huevones desconsiderados) llevarle el desayuno a la cama con flor incluída y nota de amor. Follártelo sin trabas, sin vergüenzas y sin límites. Comprarle a tu abuela un recuerdo de su juventud en un mercadillo o tienda de antiguedades. Hacer algo con tus propias manos que suponga un esfuerzo (restaurar su mesa favorita y roída por el perro, pintarle un retrato, vestirte de hurí y bailarle la danza de los siete velos, tejerle una bufanda). Encargar su comida favorita y llevártela/o de picnic a un parque (con cesta de mimbre, por favor, no me seais cutres y lo lleveis en bolsas de plástico).
Imaginad, pensad, soñad, que os gustaría a vosotros y poneos en el lugar del otro. Si sois de los que no se esfuerzan en lo más mínimo, eso recibiréis, un regalo aburrido, insulso, hecho sin la menor ilusión, por compromiso. O incluso, nada. Pero si, por el contrario, os esforzáis, poneis vuestro corazón en ello, mimais cada detalle, seguro es que vuestra generosidad será recompesada. Lo que damos, recibimos.
Espero que os haya quedado claro que regalar es un arte. Y el que regala bien, un artista. Que para acertar, hace falta escuchar, atender, y desear complacer. Que el cariño se demuestra hasta en el papel que escogemos para empaquetar. Y sobre todo, cuando entregamos un presente, estamos entregando algo de nosotros mismos, habla de nosotros, de lo que somos, de lo que la otra persona nos importa.
Tú qué eres capaz de dar?
repaso navideño (I parte)
Viernes nite: posada en casa de mi ex-jefe... como preludio a las fiestas familiares, mi ex-jefe había organizado una fiesta tradicional mexicana en su chalecito en zona pija de las afueras de la ciudad. Por supuesto, me invitó. Y mira tú por donde, por primera vez, accedí a ir. Como ya no es mi jefe, ya lo puedo tratar de tú a tú y además, me apetecía escuchar los cotilleos de última hora.
Así que, despues de una tardecita de compras en el puro centro con mi mamá y mi hermana, en la que acabé exhausta, llegué a casa con el tiempo justo de cambiarme para la fiesta. Fuí a recoger a mamá gallina y nos dimos el lujo de ir en taxi hasta la morada de nuestros anfitriones. Llegamos las últimas, y nos perdimos unas cancioncillas y oraciones que, al parecer, se hacen en este tipo de fiestas. Había muchísima gente, como unos 60, yo creo. Todo el mundo en el jardín, junto a una estufa de exterior (que no era bastanta para tanta gente) y pegados a la mesa buffet, en la que había auténticas luchas por llenar un plato de tinga, guacamole, frijoles y demás viandas...
Saludamos y cada cual se acercó al grupo que la interesaba. Adivinen a dónde fuí yo.... pues es que allí estaba el mero deseado, aquel que me encontré en Salamanca, y que si se hubiera puesto tonto, me hubiera llevado a su cuarto... al verme, sonrisa enoooorme y super abrazo, besos y besos, encantadísimo de tenerme allí. Y yo, que me dejo achuchar, allí refugiadita entre sus brazos, mientras me decía cositas al oído (no seais mal pensados, saluditos y esas cosas). Yo ya sabía que su novia acudía a la fiesta, así que fuí prudente y la mar de buena. Me presentó a su propia, y qué quereis que os diga... una nena, monilla, flaquita, pija, pero una nena...me llevé una decepción, esperaba mejor elección de mi deseado, una mujer de verdad, al menos, y no una muñequita con pinta de estudiante de universidad de pago. Aunque, bien mirado, pensé que llegado el caso, no sería rival para mí (porque yo lo valgo).
Más saludos, presentaciones, comida, un frío del demonio, yo metiéndome con mi deseado y él contestándome adecuadamente, como siempre entre los dos. El deseado (Gustavo) suele ir siempre con otros dos colegas, como pandilla, y de esos dos, uno (periodista, of course) llevaba a su novia, una chica muy guapa, pero tipo mueble, apenas habla y nunca he entendido para qué la lleva si no pinta nada ni se relaciona con los demás, y el otro, profesor universitario, iba solo y al verme, tan bien integradita (que de eso ya me ocupo yo) debió pensar "esta es la mía" o algo así, porque comenzó un despliegue de atenciones que jamás había tenido antes en sus visitas a la oficina. Me dió bastante risa porque lo llevaba claro si se le cruzó por la mente en algún momento que me iba a interesar por él, pero yo muy simpática, haciéndole el caso justo para no perder el hilo de la conversación pero yo, a lo mío, que era cotillear con el Gustavito. Nos juntamos los inseparables y yo (ni idea de dónde estaban las chicas) y estuvieron bromeando acerca de ir de viaje a México, a Baja california, y Gustavo, con esa sonrisa perversa que me pierde, me dice: "qué?, te vienes?", si, claro, me muero por volver a México... "qué dicen, nos la llevamos, no?"... y yo de repente me ví en la playa con este enfant terrible y ... en fin... que soy una mujer casada.
Durante unos momentos, nos quedamos solos, contándonos chismes y riendo, hasta que se dió cuenta que su chica se había quedado sola, y me puso carita de "ejem" y aproveché para irme a dar una vuelta por dentro de la casa.
Como hacía tanto frío, me instalé en el salón en el que había reunión de mujeres, y rápidamente me presenté a las que no conocía. Me acomodé, me puse a charlar y en seguida se hicieron dos grupos. En uno, todos mujeres periodistas, todas mexicanas, hablando de... vestidos????... uff... qué pereza, así que me giré a ver el otro grupo, que era una mezcla más interesante, un tío de la embajada en París, una periodistas japonesa, una amiga suya que era cantante de ópera japonesa (la ópera la de toda la vida, pero ella era japonesa y soprano) que estaba de gira en España, una madre (la de mi jefe, que también tiene madre) y alguno más por ahí... pues rico, comiendo, bebiendo, charlando... mi deseado que entra al salón como buscando algo, mira por todas partes hasta que me encuentra, le miro, sonríe, sonrío, se me queda viendo, "qué?" le indico con gestos, como que cae en cuenta de algo, y se va.
Yo sigo con la charla y con el vino, y que vuelve a entrar, lo mismo de antes. Como ya sabía dónde estaba sentada yo, nada más me mira a mí, como pensando si entrar y sentarse, me río abiertamente de su indecisión, se queda como turbado y se sale otra vez.
Y otra vez al ataque... ya le digo "buscas algo?", me sonríe pícaro, y niega con la cabeza, parece evidente que quiere participar de algún modo pero no sabe cómo o igual y le da pudor sentarse él solo y dejar a su noviecita de college solita, la pobre. Vuelve a salirse. Mamá gallina y yo nos miramos y nos reímos, entendiéndonos con los ojos.
Las japonesas se van y el salón vuelve a ser territorio de fumadores, y aparece la comandita de Gustavo y sus inseparables, con sus respectivas. El profe me sonríe. Debo estar con el guapo subido, porque todos me regalan unas sonrisas de flipar. Se sientan en la mesa del comedor y Gustavo se coloca de tal manera que me da la espalda, quedando su novia enfrente pero yo no la podía ver (ni ella a mí) porque había otra persona en medio, a la izquierda de mi deseado. Así seguimos charlando, yo relajada, y Gustavo como inquieto, se giraba, me miraba, miraba el sofá a mi derecha como queriendo sentarse, volvía a mirarme a mí (esperaba que le invitara o qué?) y yo me reía. Obviamente, yo no le iba a invitar a mi lado, porque, en primer lugar, estaba su novia y me parecía muy descarado, en segundo lugar, el tipo estaba con sus inseparables, y todos no cabíamos, y en tercer lugar, yo sospechaba que igual y ya estaba enterado que yo era la casi legal esposa de mi indio, al que él conoce muy, pero que muy bien, y un gesto así, en público, podía ser interpretado como un flirteo por mi parte y no me iba a exponer de esa manera.
Así que me limité a seguir la charla en la que estaba y a descojonarme, eso sí, descaradamente, cada vez que veía a Gustavo voltear a mirarme como si yo le fuera a decir el tercer secreto de Fátima.
Me levanté un par de veces al baño, intuyendo alguna maniobra por su parte y sí, efectivamente, en ambas ocasiones, me bloqueó el paso y me alargaba las manos para que le medio abrazara. Estaba cariñosito el tipo. Claro, su chica enfrente, aunque a él parecía no importarle lo más mínimo. De hecho parecía como si se hubiera visto obligado a llevarla. Pero la muchacha ahí estaba, yo no podía negarla, ni yo ni todo el mundo que estaba delante. Le hice un par de mimos y ya, no fuera a acabar la cosa en numerito de celos.
Al rato, la noviecita se levantó y se sentó al lado de Gustavo y le estuvo haciendo arrumacos, que él prácticamente ignoraba, haciéndose el enfrascado en una conversación con los mismos de siempre (no estarán cansados de hablar siempre de lo mismo?) y ya no volvió a mirarme. Uy. Eso me pareció estrategia de la nena que, obviamente, se había dado cuenta que su amorcito tenía un foco de atención en el sofá de enfrente y hizo un marcaje de dominios. Si me llega a mirar otra vez, me hubiera dado ya un ataque de hilaridad imparable.
Sobre las dos y media, mamá gallina y yo, nos fuimos aprovechando que otros invitados también salían y nos despedimos. Gustavo me abrazó con cariño y me dijo que esperaba que nos viéramos pronto y charlar tranquilos. Claro, mi amor.
Llegando a casa, mi celular suena. Mi indiecito lindo que me pide reporte de la fiesta. Le cuento cómo estuvo, la gente que había, y claro, no podía obviar al deseado. Le comenté lo que pasó, nada en realidad, sólo un juego de miraditas, más por su parte que por la mía (gracias a que me senté en mejor lugar que él y yo no tenía que girarme para verlo) y mi poblano pues se enceló un poco. Es normal, yo también me hubiera encelado en su lugar. Pero como fue todo bastante "decente" y si niego que hubo el coqueteo de siempre entre los dos, eso ya si que no se lo cree, mejor le digo la verdad y todo encaja.
La cosa no pasa de ahí, así que no tiene de qué preocuparse, y él sabe muy bien que yo le quiero.
Estuvimos hasta las cuatro de la mañana hablando.
Claro que al día siguiente le dió otro ataque de celos porque justo le da por llamarme cuando yo estaba en conferencia (más de cuarto de hora) con mi mariachi... y andaba mi poblano desesperado, venga a marcarme, y yo viendo la llamada entrante y pensando, ayyyyy, que va a pensar que estoy desaparecida, y no puedo cortar a esta monada que ha sido tan amable de llamarme desde México... pues eso no se hace, que el chico ha tenido el detallazo de hacer una llamadita a su noviecita española... tan guapo, mi mariachi... y mi poblano, llama y llama... pobre...
Qué culpita tengo yo que mi poblano tenga una novia que está tan buena y los hombres la persigan? eh? .
Vamos, que ha sido un finde movidito, con sus fiestas, sus flirteos, sus llamadas inesperadas, sus celillos, un poco de todo... y dejo la noche buena y navidad para otro post, que me estoy poniendo pesadísima...
Besos a todos...
P.D.: Mensaje para "The Chacalewis": en la oficina tenemos una botella de tequila y hasta que no te la bebas entera, no saldrás... avisado estás¡¡¡
Así que, despues de una tardecita de compras en el puro centro con mi mamá y mi hermana, en la que acabé exhausta, llegué a casa con el tiempo justo de cambiarme para la fiesta. Fuí a recoger a mamá gallina y nos dimos el lujo de ir en taxi hasta la morada de nuestros anfitriones. Llegamos las últimas, y nos perdimos unas cancioncillas y oraciones que, al parecer, se hacen en este tipo de fiestas. Había muchísima gente, como unos 60, yo creo. Todo el mundo en el jardín, junto a una estufa de exterior (que no era bastanta para tanta gente) y pegados a la mesa buffet, en la que había auténticas luchas por llenar un plato de tinga, guacamole, frijoles y demás viandas...
Saludamos y cada cual se acercó al grupo que la interesaba. Adivinen a dónde fuí yo.... pues es que allí estaba el mero deseado, aquel que me encontré en Salamanca, y que si se hubiera puesto tonto, me hubiera llevado a su cuarto... al verme, sonrisa enoooorme y super abrazo, besos y besos, encantadísimo de tenerme allí. Y yo, que me dejo achuchar, allí refugiadita entre sus brazos, mientras me decía cositas al oído (no seais mal pensados, saluditos y esas cosas). Yo ya sabía que su novia acudía a la fiesta, así que fuí prudente y la mar de buena. Me presentó a su propia, y qué quereis que os diga... una nena, monilla, flaquita, pija, pero una nena...me llevé una decepción, esperaba mejor elección de mi deseado, una mujer de verdad, al menos, y no una muñequita con pinta de estudiante de universidad de pago. Aunque, bien mirado, pensé que llegado el caso, no sería rival para mí (porque yo lo valgo).
Más saludos, presentaciones, comida, un frío del demonio, yo metiéndome con mi deseado y él contestándome adecuadamente, como siempre entre los dos. El deseado (Gustavo) suele ir siempre con otros dos colegas, como pandilla, y de esos dos, uno (periodista, of course) llevaba a su novia, una chica muy guapa, pero tipo mueble, apenas habla y nunca he entendido para qué la lleva si no pinta nada ni se relaciona con los demás, y el otro, profesor universitario, iba solo y al verme, tan bien integradita (que de eso ya me ocupo yo) debió pensar "esta es la mía" o algo así, porque comenzó un despliegue de atenciones que jamás había tenido antes en sus visitas a la oficina. Me dió bastante risa porque lo llevaba claro si se le cruzó por la mente en algún momento que me iba a interesar por él, pero yo muy simpática, haciéndole el caso justo para no perder el hilo de la conversación pero yo, a lo mío, que era cotillear con el Gustavito. Nos juntamos los inseparables y yo (ni idea de dónde estaban las chicas) y estuvieron bromeando acerca de ir de viaje a México, a Baja california, y Gustavo, con esa sonrisa perversa que me pierde, me dice: "qué?, te vienes?", si, claro, me muero por volver a México... "qué dicen, nos la llevamos, no?"... y yo de repente me ví en la playa con este enfant terrible y ... en fin... que soy una mujer casada.
Durante unos momentos, nos quedamos solos, contándonos chismes y riendo, hasta que se dió cuenta que su chica se había quedado sola, y me puso carita de "ejem" y aproveché para irme a dar una vuelta por dentro de la casa.
Como hacía tanto frío, me instalé en el salón en el que había reunión de mujeres, y rápidamente me presenté a las que no conocía. Me acomodé, me puse a charlar y en seguida se hicieron dos grupos. En uno, todos mujeres periodistas, todas mexicanas, hablando de... vestidos????... uff... qué pereza, así que me giré a ver el otro grupo, que era una mezcla más interesante, un tío de la embajada en París, una periodistas japonesa, una amiga suya que era cantante de ópera japonesa (la ópera la de toda la vida, pero ella era japonesa y soprano) que estaba de gira en España, una madre (la de mi jefe, que también tiene madre) y alguno más por ahí... pues rico, comiendo, bebiendo, charlando... mi deseado que entra al salón como buscando algo, mira por todas partes hasta que me encuentra, le miro, sonríe, sonrío, se me queda viendo, "qué?" le indico con gestos, como que cae en cuenta de algo, y se va.
Yo sigo con la charla y con el vino, y que vuelve a entrar, lo mismo de antes. Como ya sabía dónde estaba sentada yo, nada más me mira a mí, como pensando si entrar y sentarse, me río abiertamente de su indecisión, se queda como turbado y se sale otra vez.
Y otra vez al ataque... ya le digo "buscas algo?", me sonríe pícaro, y niega con la cabeza, parece evidente que quiere participar de algún modo pero no sabe cómo o igual y le da pudor sentarse él solo y dejar a su noviecita de college solita, la pobre. Vuelve a salirse. Mamá gallina y yo nos miramos y nos reímos, entendiéndonos con los ojos.
Las japonesas se van y el salón vuelve a ser territorio de fumadores, y aparece la comandita de Gustavo y sus inseparables, con sus respectivas. El profe me sonríe. Debo estar con el guapo subido, porque todos me regalan unas sonrisas de flipar. Se sientan en la mesa del comedor y Gustavo se coloca de tal manera que me da la espalda, quedando su novia enfrente pero yo no la podía ver (ni ella a mí) porque había otra persona en medio, a la izquierda de mi deseado. Así seguimos charlando, yo relajada, y Gustavo como inquieto, se giraba, me miraba, miraba el sofá a mi derecha como queriendo sentarse, volvía a mirarme a mí (esperaba que le invitara o qué?) y yo me reía. Obviamente, yo no le iba a invitar a mi lado, porque, en primer lugar, estaba su novia y me parecía muy descarado, en segundo lugar, el tipo estaba con sus inseparables, y todos no cabíamos, y en tercer lugar, yo sospechaba que igual y ya estaba enterado que yo era la casi legal esposa de mi indio, al que él conoce muy, pero que muy bien, y un gesto así, en público, podía ser interpretado como un flirteo por mi parte y no me iba a exponer de esa manera.
Así que me limité a seguir la charla en la que estaba y a descojonarme, eso sí, descaradamente, cada vez que veía a Gustavo voltear a mirarme como si yo le fuera a decir el tercer secreto de Fátima.
Me levanté un par de veces al baño, intuyendo alguna maniobra por su parte y sí, efectivamente, en ambas ocasiones, me bloqueó el paso y me alargaba las manos para que le medio abrazara. Estaba cariñosito el tipo. Claro, su chica enfrente, aunque a él parecía no importarle lo más mínimo. De hecho parecía como si se hubiera visto obligado a llevarla. Pero la muchacha ahí estaba, yo no podía negarla, ni yo ni todo el mundo que estaba delante. Le hice un par de mimos y ya, no fuera a acabar la cosa en numerito de celos.
Al rato, la noviecita se levantó y se sentó al lado de Gustavo y le estuvo haciendo arrumacos, que él prácticamente ignoraba, haciéndose el enfrascado en una conversación con los mismos de siempre (no estarán cansados de hablar siempre de lo mismo?) y ya no volvió a mirarme. Uy. Eso me pareció estrategia de la nena que, obviamente, se había dado cuenta que su amorcito tenía un foco de atención en el sofá de enfrente y hizo un marcaje de dominios. Si me llega a mirar otra vez, me hubiera dado ya un ataque de hilaridad imparable.
Sobre las dos y media, mamá gallina y yo, nos fuimos aprovechando que otros invitados también salían y nos despedimos. Gustavo me abrazó con cariño y me dijo que esperaba que nos viéramos pronto y charlar tranquilos. Claro, mi amor.
Llegando a casa, mi celular suena. Mi indiecito lindo que me pide reporte de la fiesta. Le cuento cómo estuvo, la gente que había, y claro, no podía obviar al deseado. Le comenté lo que pasó, nada en realidad, sólo un juego de miraditas, más por su parte que por la mía (gracias a que me senté en mejor lugar que él y yo no tenía que girarme para verlo) y mi poblano pues se enceló un poco. Es normal, yo también me hubiera encelado en su lugar. Pero como fue todo bastante "decente" y si niego que hubo el coqueteo de siempre entre los dos, eso ya si que no se lo cree, mejor le digo la verdad y todo encaja.
La cosa no pasa de ahí, así que no tiene de qué preocuparse, y él sabe muy bien que yo le quiero.
Estuvimos hasta las cuatro de la mañana hablando.
Claro que al día siguiente le dió otro ataque de celos porque justo le da por llamarme cuando yo estaba en conferencia (más de cuarto de hora) con mi mariachi... y andaba mi poblano desesperado, venga a marcarme, y yo viendo la llamada entrante y pensando, ayyyyy, que va a pensar que estoy desaparecida, y no puedo cortar a esta monada que ha sido tan amable de llamarme desde México... pues eso no se hace, que el chico ha tenido el detallazo de hacer una llamadita a su noviecita española... tan guapo, mi mariachi... y mi poblano, llama y llama... pobre...
Qué culpita tengo yo que mi poblano tenga una novia que está tan buena y los hombres la persigan? eh? .
Vamos, que ha sido un finde movidito, con sus fiestas, sus flirteos, sus llamadas inesperadas, sus celillos, un poco de todo... y dejo la noche buena y navidad para otro post, que me estoy poniendo pesadísima...
Besos a todos...
P.D.: Mensaje para "The Chacalewis": en la oficina tenemos una botella de tequila y hasta que no te la bebas entera, no saldrás... avisado estás¡¡¡
Primera petición cumplida
Anoche cené con mi favorito. Al fin. Después de casi dos meses sin vernos, el reencuentro fue como un regalo de navidad (de los buenos). Le encontré hasta más alto y más guapo.
Me vino a buscar a la oficina, porque me apetecía que conociera dónde trabajo, y tras las presentaciones de rigor, fuimos a tomar unas cañas pre-cena. Exudábamos cariño mutuo. Nos tocábamos, besábamos y abrazábamos a cada rato, y no penseis mal (o bien) porque fue todo de lo más fraterno, dulce e inocente.
Mi favorito, que siempre ha sido un tipo elegante, había reservado en un restaurante que yo tenía muchas ganas de conocer. Y nuestra mesa, junto a un ventanal, era justamente la mejor del local. Ignoro si también la había seleccionado, porque él es así de detallista y atento. La cena estuvo estupenda, aunque él se quejó de lo picante de su curry (para mí no picaba nada, pero ya sabeis que tengo vocación de mexicana) y el vino, excelente. Y me suelta la noticia bomba. Que se me ha enamorado. No, no de mí. De otra. Que es feliz. Que se va a ir a vivir con ella. Que se van a comprar un coche todo terreno. Y un adosado en la sierra (noroeste, of course). Ayyyyyyy.... qué bien¡¡¡ me lo comí a besos y abrazos, es la mejor noticia que podría darme, porque necesita y merece ser feliz, y ya le estaba tocando...
Me habló de ella, ilusionado, luminoso y radiante, encantado de la posibilidad de presentarnos en cuanto sea posible. Me habló de la sensación extraordinaria de normalidad que sentía al lado de su nuevo amor, porque, recordad, queridos amigos, que yo era la amante de mi favorito, por lo tanto, estaba condenada a la clandestinidad y al secretismo, y el hecho de compartir su vida ahora con una mujer a la que puede hablar de mí como la amiga que soy, con tranquilidad, sin mentiras y sin secretos, le da una paz impagable.
Mi favorito está enamorado, feliz y lleno de planes y proyectos. Así que, os podeis imaginar, que no quepo en mí de gozo, porque me da muchísimo gusto que la gente que quiero esté contenta e ilusionada y me dejen compartirlo. Y que nuestra transición, de amantes a amigos, haya sido tan buena, habiendo conseguido ambos el amor por caminos distintos, pero no opuestos.
Nos despedimos fundidos en un abrazo enorme y cariñosísimo, con la promesa de vernos muy pronto y regresé a mi casa sin poder dejar de sonreir. Justo cuando estaba abriendo el portal, mi móvil suena y mi poblano viene hasta mí para darme las buenas noches y reiterarme lo mucho que me ama.
- Conéctate, mi vida...
- Ahí voy, mi amor...
Y fotos de su viaje, de sus hijos, de la fantástica casa en la que ha estado alojado en la selva, y te extraño, y yo a tí, y todas esas cosas que se dicen los enamorados tan cursis y necesarias.
Le conté mi encuentro con mi favorito (mi poblano temía ligeramente) y le calmé adecudamente:
- Cariño, es medianoche, acabo de llegar a casa, me he bebido casi todo el vino yo (y ya sabes el efecto que me hace) y estoy sola, cómo crees? aquí estoy, esperándote, a tí, solo a tí...
Nos despedimos, me acosté y volvió a marcarme... sólo para escuchar mi voz de nuevo. Ya queda menos...
Cómo ven ustedes? Ayer mismo pedía una mujercita para mi favorito y los Reyes se han adelantado... a ver si siguen así, y me cumplen mis peticiones.
Como funcione, me cae que abuso y pido un chalecito en la playa.
Cuidado con los turrones, y disfruten lo más que puedan...
Me vino a buscar a la oficina, porque me apetecía que conociera dónde trabajo, y tras las presentaciones de rigor, fuimos a tomar unas cañas pre-cena. Exudábamos cariño mutuo. Nos tocábamos, besábamos y abrazábamos a cada rato, y no penseis mal (o bien) porque fue todo de lo más fraterno, dulce e inocente.
Mi favorito, que siempre ha sido un tipo elegante, había reservado en un restaurante que yo tenía muchas ganas de conocer. Y nuestra mesa, junto a un ventanal, era justamente la mejor del local. Ignoro si también la había seleccionado, porque él es así de detallista y atento. La cena estuvo estupenda, aunque él se quejó de lo picante de su curry (para mí no picaba nada, pero ya sabeis que tengo vocación de mexicana) y el vino, excelente. Y me suelta la noticia bomba. Que se me ha enamorado. No, no de mí. De otra. Que es feliz. Que se va a ir a vivir con ella. Que se van a comprar un coche todo terreno. Y un adosado en la sierra (noroeste, of course). Ayyyyyyy.... qué bien¡¡¡ me lo comí a besos y abrazos, es la mejor noticia que podría darme, porque necesita y merece ser feliz, y ya le estaba tocando...
Me habló de ella, ilusionado, luminoso y radiante, encantado de la posibilidad de presentarnos en cuanto sea posible. Me habló de la sensación extraordinaria de normalidad que sentía al lado de su nuevo amor, porque, recordad, queridos amigos, que yo era la amante de mi favorito, por lo tanto, estaba condenada a la clandestinidad y al secretismo, y el hecho de compartir su vida ahora con una mujer a la que puede hablar de mí como la amiga que soy, con tranquilidad, sin mentiras y sin secretos, le da una paz impagable.
Mi favorito está enamorado, feliz y lleno de planes y proyectos. Así que, os podeis imaginar, que no quepo en mí de gozo, porque me da muchísimo gusto que la gente que quiero esté contenta e ilusionada y me dejen compartirlo. Y que nuestra transición, de amantes a amigos, haya sido tan buena, habiendo conseguido ambos el amor por caminos distintos, pero no opuestos.
Nos despedimos fundidos en un abrazo enorme y cariñosísimo, con la promesa de vernos muy pronto y regresé a mi casa sin poder dejar de sonreir. Justo cuando estaba abriendo el portal, mi móvil suena y mi poblano viene hasta mí para darme las buenas noches y reiterarme lo mucho que me ama.
- Conéctate, mi vida...
- Ahí voy, mi amor...
Y fotos de su viaje, de sus hijos, de la fantástica casa en la que ha estado alojado en la selva, y te extraño, y yo a tí, y todas esas cosas que se dicen los enamorados tan cursis y necesarias.
Le conté mi encuentro con mi favorito (mi poblano temía ligeramente) y le calmé adecudamente:
- Cariño, es medianoche, acabo de llegar a casa, me he bebido casi todo el vino yo (y ya sabes el efecto que me hace) y estoy sola, cómo crees? aquí estoy, esperándote, a tí, solo a tí...
Nos despedimos, me acosté y volvió a marcarme... sólo para escuchar mi voz de nuevo. Ya queda menos...
Cómo ven ustedes? Ayer mismo pedía una mujercita para mi favorito y los Reyes se han adelantado... a ver si siguen así, y me cumplen mis peticiones.
Como funcione, me cae que abuso y pido un chalecito en la playa.
Cuidado con los turrones, y disfruten lo más que puedan...
A los Reyes les pido
Después de haber visitado el blog de una periodista (de nuevo, disculpas por no saber enlazar) pues he decidido plagiarla -en el sentido castellano, que en mexicano es una cosita muy mala que no debéis hacer (*)- y yo también voy a redactar mi carta a los Reyes Magos...
Queridos Reyes Magos,
Podría decir que he sido rebuena y candidata a los altares este año, pero la verdad es que una hace lo que puede, y a veces lo que no debe, qué les voy a decir que no sepan ya, así que, como se que van a hacer lo que les de su rechingada gana, pues yo pido y ahí se las ventilen como puedan.
No voy a pedir por la paz en el mundo, ni por la salud de mis seres queridos, porque para eso ya está Carmen Sevilla, que pide por todos nosotros. Tampoco voy a pedir que me toque la lotería, porque llego tarde, y ni el reintegro. Deben de quererme un chingo.
Pero si voy a pedir pendejadas, que es lo mío, y en lo que soy experta y veterana.
Quiero que a mi favorito (pa´que luego digas que no pienso en tí) le traigan una hermosa mujer, con sus curvas, su melena, sus ojitos, y su inteligencia, porque al don le gustan las muchachas con materia gris, y pues no es fácil tanta virtud reunida en un mismo cuerpo.
Quiero que mamá gallina, mi amiga Sara, mi Flaco, la Alacrana e Hidra vuelvan a sentirse bien, bien cabrones, como siempre han sido ellos, fuertes, sonrientes y comiéndose el mundo... malos tiempos para buenas gentes, pero de todo se sale y aquí, sus majestades les van a traer felicidad a raudales, me cae.
Para Mordandis y Perfidia, me pido un (piiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiip, repiiiiiiiip) para cada una, pero bien hermosos, los mejores, por favor, que se lo tienen merecidísimo.
Y ahora para mí...
Quisiera una sola cosa. Vale, es mentira, quiero unos dos millones de cosas, absurdas, inútiles, carísimas y preciosas, pero son cosas que se pueden comprar con dinero (con mucho, sí) y absolutamente prescindibles...
Quiero que mi poblano siga mirándome de la manera que lo hace durante mucho, mucho tiempo....quiero que me quiera así, como hoy, que me mime y me cuide, que abra la puerta de la oficina y esté escondido tras un enorme ramo de flores como hace unos días, que me busque dormido en la cama para abrazarse a mí, que comparta todo conmigo de una forma natural, sentir que formo parte de él sin necesidad de pedírselo. Quiero verlo feliz cuando me habla de sus hijos, cuando salimos con sus amigos, con los míos, cuando todo el mundo sabe quien soy y me presume ante ellos. Quiero amarlo yo como se merece y que mañana, pasado y dentro de mucho, mucho tiempo, siga mirándolo, admirándolo, respetándolo, deseándolo y soñando que es lo mejor que me ha pasado.
Quiero seguir amándolo. Quiero seguir siendo amada.
Aunque quizás sea demasiado...
Quedan 20 días.
(*) Plagiar en México, es secuestrar -personas-.
Queridos Reyes Magos,
Podría decir que he sido rebuena y candidata a los altares este año, pero la verdad es que una hace lo que puede, y a veces lo que no debe, qué les voy a decir que no sepan ya, así que, como se que van a hacer lo que les de su rechingada gana, pues yo pido y ahí se las ventilen como puedan.
No voy a pedir por la paz en el mundo, ni por la salud de mis seres queridos, porque para eso ya está Carmen Sevilla, que pide por todos nosotros. Tampoco voy a pedir que me toque la lotería, porque llego tarde, y ni el reintegro. Deben de quererme un chingo.
Pero si voy a pedir pendejadas, que es lo mío, y en lo que soy experta y veterana.
Quiero que a mi favorito (pa´que luego digas que no pienso en tí) le traigan una hermosa mujer, con sus curvas, su melena, sus ojitos, y su inteligencia, porque al don le gustan las muchachas con materia gris, y pues no es fácil tanta virtud reunida en un mismo cuerpo.
Quiero que mamá gallina, mi amiga Sara, mi Flaco, la Alacrana e Hidra vuelvan a sentirse bien, bien cabrones, como siempre han sido ellos, fuertes, sonrientes y comiéndose el mundo... malos tiempos para buenas gentes, pero de todo se sale y aquí, sus majestades les van a traer felicidad a raudales, me cae.
Para Mordandis y Perfidia, me pido un (piiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiip, repiiiiiiiip) para cada una, pero bien hermosos, los mejores, por favor, que se lo tienen merecidísimo.
Y ahora para mí...
Quisiera una sola cosa. Vale, es mentira, quiero unos dos millones de cosas, absurdas, inútiles, carísimas y preciosas, pero son cosas que se pueden comprar con dinero (con mucho, sí) y absolutamente prescindibles...
Quiero que mi poblano siga mirándome de la manera que lo hace durante mucho, mucho tiempo....quiero que me quiera así, como hoy, que me mime y me cuide, que abra la puerta de la oficina y esté escondido tras un enorme ramo de flores como hace unos días, que me busque dormido en la cama para abrazarse a mí, que comparta todo conmigo de una forma natural, sentir que formo parte de él sin necesidad de pedírselo. Quiero verlo feliz cuando me habla de sus hijos, cuando salimos con sus amigos, con los míos, cuando todo el mundo sabe quien soy y me presume ante ellos. Quiero amarlo yo como se merece y que mañana, pasado y dentro de mucho, mucho tiempo, siga mirándolo, admirándolo, respetándolo, deseándolo y soñando que es lo mejor que me ha pasado.
Quiero seguir amándolo. Quiero seguir siendo amada.
Aunque quizás sea demasiado...
Quedan 20 días.
(*) Plagiar en México, es secuestrar -personas-.
pequeña concesión a la nostalgia
Anoche salí a cenar a uno de mis restaurantes favoritos y por fín pude cumplir el capricho que me perseguía de probar el cangrejo de caparazón blando que me tenía tan intrigada... Descubrimiento de un tinto Ribera del Duero, de nombre Arrocal que me puso la mar de graciosa y parlanchina (esa es mi apreciación, pero como mi partenaire estaba tan alcoholizada como yo, no creo que discrepe).
- Estoy borracha, anuncié, solemne.
- Si? Pues yo no.
Eso debía pensar ella, pero yo la ví caminar trazando eses.
La acompañé a un taxi y paseé hasta mi casa, con prisa por meterme en la cama y llamar a a mi poblano. Me equivoqué dos veces marcando, pero en mi descarga diré que pese a la nube etílica que me nublaba la visión, no fallar marcando esos números interminables no es tarea fácil. Contestador. Puta madre. Odio los contestadores, sobre todo si estoy borracha, pero tenía la lengua suelta y que se joda el contestador porque pienso hablar, así sea con una pinche máquina.
Le dejé un mensaje relatándole la cena, las risas, y los kilos de amor acumulados hasta que un pitido (que me tomé como un regaño) me indica que ya, nena, que te calles de una vez. Pues no, señorita, no me callo. Y vuelvo a la carga. Otra vez 00 52 222 y trescientos números más. Contestador. Aquí ya sí estaba preparada. Y de nuevo, otro rollo le suelto, que el frío, que la cama es muy grande para mí sola, que me da otro ataque de risa floja, que el vino estaba buenísimo y compraré unas botellas para nuestras cenas, que me llames a la hora que sea, que tú, que yo... que el pitido de nuevo.
Como la cama no se estaba quieta y yo me sentía a bordo de un tío vivo, decidí que mejor tratar de dormir, a ver si conseguía traer a mis sueños a mi indiecito lindo.
Esta mañana me he lanzado sobre el móvil, pero no tenía ninguna llamada perdida. Ligero abatimiento. Un café tamaño resaca y los ojos color del vino. Calma, calma.
Enciendo mi ordenador, reviso mi correo, respondo a algunos mails y a las cuatro de la mañana (suyas) aparece en el msn.
- Amor...
- Mi vida...
Parecemos tontos, lo se, pero estamos enamorados, un poco de paciencia...
Le cuento que le busqué anoche, convenientemente borracha, y que debe tener dos mensajes larguísimos atorándole el contestador. Me dice que se le terminó el crédito y la batería. Me dice...
- Tengo un mal presentimiento.
- ¿Qué ocurre, mi amor?, pregunto yo, sintiendo agujitas en el estómago.
- me quieres?
Es eso. Que está asustado. Yo, que soy la más rápida a este lado del Pecos imaginando tragedias, y no hay más tragedia que la de estar separados.
- Mi vida, te amo, te amo más que a nada, a nadie. Lo dudas?
- No... pero es que me he dado cuenta de una cosa que me has dado y hasta ahora no he caído en ella...
- Qué cosa?
- Mi cabeza y mi cuerpo están en el mismo lugar cuando estoy contigo. Hacía muchísimo que no me ocurría eso. Y ahora mi cabeza está allá, contigo...
Me río. Le sugiero que se la corte (la cabeza, la de arriba de los hombros) y me la mande por mensajería, para que le pueda dar un beso. Se ríe. Pero está triste. La pena cala en la ventana del msn. Hace unos días me preguntaba una amiga: tú sabías que XXX (un ex) te quería?, sí, respondí yo. Y lo sentías?, insistió. Pues no, la verdad. Lo sabía de una forma intelectual, pero no lo sentía, no me sentía querida.
Pues hoy sí me siento querida. Hoy se que a mi poblano le causa un enorme sufrimiento estar lejos de mí. Su necesidad de mí le hiere de un modo que me lo transmite con una claridad terrible a través de unas letras de molde virtuales. Siento su desesperación al no poder tocarme, besarme, mecerme en sus brazos, y lo siento como una verdad irrefutable. Se que me quiere, pero mucho más allá, siento que me quiere, y lo se con todo mi cuerpo, con las manos, con las tripas, con mi sexo, con el corazón, con la cabeza. Siento su amor en cada centímetro de mi anatomía, ahí, instalado, palpitando, latiendo sin descanso, despertándome en la madrugada, mientras me ducho, al tomar unas cañas, cuando me visto para salir. Está ahí, conmigo, pegado a mi piel, agarrado a mis entrañas, diluído en mi sangre.
Hoy no tengo ninguna duda que, ese hombre que se levanta en mitad de la noche para estar cerca de mí, me ama. Ese hombre que está a miles de kilómetros de distancia, está a mi lado, junto a mí y no tengo ningún miedo ni de la lejanía ni de los días que faltan para reunirnos de nuevo ni de lo que pueda ocurrir.
Porque lo sé, lo siento. Me ama. Y yo, hoy, lo amo a él.
P.D.: Ana, sé que no lo estás pasando bien en estos momentos. No tengo suficientes palabras de aliento y apoyo que ofrecerte. Sólo puede decirte que aquí estoy, aunque lejos, pero pensando en tí y en los tuyos. Tus amigos, entre los que me precio de tenerme, estamos con vosotros.
- Estoy borracha, anuncié, solemne.
- Si? Pues yo no.
Eso debía pensar ella, pero yo la ví caminar trazando eses.
La acompañé a un taxi y paseé hasta mi casa, con prisa por meterme en la cama y llamar a a mi poblano. Me equivoqué dos veces marcando, pero en mi descarga diré que pese a la nube etílica que me nublaba la visión, no fallar marcando esos números interminables no es tarea fácil. Contestador. Puta madre. Odio los contestadores, sobre todo si estoy borracha, pero tenía la lengua suelta y que se joda el contestador porque pienso hablar, así sea con una pinche máquina.
Le dejé un mensaje relatándole la cena, las risas, y los kilos de amor acumulados hasta que un pitido (que me tomé como un regaño) me indica que ya, nena, que te calles de una vez. Pues no, señorita, no me callo. Y vuelvo a la carga. Otra vez 00 52 222 y trescientos números más. Contestador. Aquí ya sí estaba preparada. Y de nuevo, otro rollo le suelto, que el frío, que la cama es muy grande para mí sola, que me da otro ataque de risa floja, que el vino estaba buenísimo y compraré unas botellas para nuestras cenas, que me llames a la hora que sea, que tú, que yo... que el pitido de nuevo.
Como la cama no se estaba quieta y yo me sentía a bordo de un tío vivo, decidí que mejor tratar de dormir, a ver si conseguía traer a mis sueños a mi indiecito lindo.
Esta mañana me he lanzado sobre el móvil, pero no tenía ninguna llamada perdida. Ligero abatimiento. Un café tamaño resaca y los ojos color del vino. Calma, calma.
Enciendo mi ordenador, reviso mi correo, respondo a algunos mails y a las cuatro de la mañana (suyas) aparece en el msn.
- Amor...
- Mi vida...
Parecemos tontos, lo se, pero estamos enamorados, un poco de paciencia...
Le cuento que le busqué anoche, convenientemente borracha, y que debe tener dos mensajes larguísimos atorándole el contestador. Me dice que se le terminó el crédito y la batería. Me dice...
- Tengo un mal presentimiento.
- ¿Qué ocurre, mi amor?, pregunto yo, sintiendo agujitas en el estómago.
- me quieres?
Es eso. Que está asustado. Yo, que soy la más rápida a este lado del Pecos imaginando tragedias, y no hay más tragedia que la de estar separados.
- Mi vida, te amo, te amo más que a nada, a nadie. Lo dudas?
- No... pero es que me he dado cuenta de una cosa que me has dado y hasta ahora no he caído en ella...
- Qué cosa?
- Mi cabeza y mi cuerpo están en el mismo lugar cuando estoy contigo. Hacía muchísimo que no me ocurría eso. Y ahora mi cabeza está allá, contigo...
Me río. Le sugiero que se la corte (la cabeza, la de arriba de los hombros) y me la mande por mensajería, para que le pueda dar un beso. Se ríe. Pero está triste. La pena cala en la ventana del msn. Hace unos días me preguntaba una amiga: tú sabías que XXX (un ex) te quería?, sí, respondí yo. Y lo sentías?, insistió. Pues no, la verdad. Lo sabía de una forma intelectual, pero no lo sentía, no me sentía querida.
Pues hoy sí me siento querida. Hoy se que a mi poblano le causa un enorme sufrimiento estar lejos de mí. Su necesidad de mí le hiere de un modo que me lo transmite con una claridad terrible a través de unas letras de molde virtuales. Siento su desesperación al no poder tocarme, besarme, mecerme en sus brazos, y lo siento como una verdad irrefutable. Se que me quiere, pero mucho más allá, siento que me quiere, y lo se con todo mi cuerpo, con las manos, con las tripas, con mi sexo, con el corazón, con la cabeza. Siento su amor en cada centímetro de mi anatomía, ahí, instalado, palpitando, latiendo sin descanso, despertándome en la madrugada, mientras me ducho, al tomar unas cañas, cuando me visto para salir. Está ahí, conmigo, pegado a mi piel, agarrado a mis entrañas, diluído en mi sangre.
Hoy no tengo ninguna duda que, ese hombre que se levanta en mitad de la noche para estar cerca de mí, me ama. Ese hombre que está a miles de kilómetros de distancia, está a mi lado, junto a mí y no tengo ningún miedo ni de la lejanía ni de los días que faltan para reunirnos de nuevo ni de lo que pueda ocurrir.
Porque lo sé, lo siento. Me ama. Y yo, hoy, lo amo a él.
P.D.: Ana, sé que no lo estás pasando bien en estos momentos. No tengo suficientes palabras de aliento y apoyo que ofrecerte. Sólo puede decirte que aquí estoy, aunque lejos, pero pensando en tí y en los tuyos. Tus amigos, entre los que me precio de tenerme, estamos con vosotros.
los sueños, sueños son
Mamá gallina, o sea, mi compañera de oficina y amiga, confidente y cómplice, me ha contado esta mañana que ha soñado que le metía una paliza a su ex. Y me lo cuenta como si fuera algo malo. Avergonzada, diría yo. A mí me ha parecido estupendo y así se lo he hecho saber.
- Eso es la manifestación del subconsciente, he dicho yo, muy propia.
- Tú crees?, pregunta ella, incrédula.
- Pues sí, querida, es evidente que tu subconsciente se está rebelando contra lo que consideras tu opresión. Es decir: él, tu ex, el extinto (es que ahora lo llamamos el extinto). Te lo quieres chingar, y eso es bueno.
- Tú crees?, vuelve a preguntar.
- Buenísimo. Pero bueno de lo mejor. Tú dale, y bien fuerte, que eso desahoga un montón. Yo prefiero matarlos, pero pegarlos también vale. Es más, yo estaría deseando irme a dormir y en mi sueño, me subiría a un trailer enorme y le pasearía por encima, como de dos a tres veces.
- Qué asco¡¡¡ (poniendo cara de asco).
- Que no nena, de asco nada. Que en los sueños, no te manchas, tú disfruta y vas a ver qué liberación...
Yo ya he contado varias veces que tengo mucha facilidad para recordar mis sueños. Y que no me salga el listo de turno diciendo que si los recuerdo, es porque no cierro bien las fases rem, ram o como se llamen. Porque me importa un pito y me lo paso bomba cuando despierto y aún tengo fresquito en la memoria un polvazo memorable con algún chulazo. Eso no me lo quita nadie y no tengo que echarlos de casa, porque los sueños se evaporan con el café y no dejan pelos en el baño.
Hubo una época, hace ya años, cuando rompí con mi primer novio, que soñaba constantemente con él. Con él y con la tiparraca por la que me dejó. Había varias versiones del sueño, pero mi favorita era verlos en un coche deportivo, juntitos, sonriendo, y conduciendo a considerable velocidad por una carretera con más curvas que yo (difícil, pero existen) y...al tomar una curvita bien cerrada...crashhhh¡¡¡¡ se precipitaban al vacío (caras de susto, gritos histéricos y mi carcajada de fondo). Me levantaba de la cama como nueva, oye, a mi inconsciente se sentaba fenomenal. Pero como no soy una mala persona, cada vez que tenía el sueño terapeútico, procuraba averiguar (bien a través de amigos, bien directamente, una llamada y un "no te has muerto, no?" y si respondía era que no) que todo seguía bien, en orden, yo podía seguir soñando agusto hasta que se me pasara el cabreo.
Un día, cuando ya nos perdonamos mutuamente (sobre todo yo a él, porque que me dejara por aquellaaaa... en fin), le confesé que lo había matado virtualmente unas 725 veces, más o menos. No le sentó muy bien, y lo comprendo, pero que agradezca que no tengo poderes paranormales y mis deseos y sueños se quedan ahí, en lo onírico y que dicen que si sueñas que alguien muere, le alargas la vida, así que por mi parte, va a vivir como unos doscientos años.
Así que mamá gallina poco tiene de qué preocuparse. Soñar que le pegas unos madrazos a un cabrón es completamente inofensivo. No hay que tener miedo de lo que nos dicen nuestros sueños porque responden a nuestras carencias, miedos y fantasmas, y estudiarlos puede resolver ciertos problemas que, cuando estás despierto, ni cuenta te das. Y no te rompes las uñas.
P.D.: Me quedan 22 días de espera para reunirme con mi indiecito hermoso. Y bajando...
- Eso es la manifestación del subconsciente, he dicho yo, muy propia.
- Tú crees?, pregunta ella, incrédula.
- Pues sí, querida, es evidente que tu subconsciente se está rebelando contra lo que consideras tu opresión. Es decir: él, tu ex, el extinto (es que ahora lo llamamos el extinto). Te lo quieres chingar, y eso es bueno.
- Tú crees?, vuelve a preguntar.
- Buenísimo. Pero bueno de lo mejor. Tú dale, y bien fuerte, que eso desahoga un montón. Yo prefiero matarlos, pero pegarlos también vale. Es más, yo estaría deseando irme a dormir y en mi sueño, me subiría a un trailer enorme y le pasearía por encima, como de dos a tres veces.
- Qué asco¡¡¡ (poniendo cara de asco).
- Que no nena, de asco nada. Que en los sueños, no te manchas, tú disfruta y vas a ver qué liberación...
Yo ya he contado varias veces que tengo mucha facilidad para recordar mis sueños. Y que no me salga el listo de turno diciendo que si los recuerdo, es porque no cierro bien las fases rem, ram o como se llamen. Porque me importa un pito y me lo paso bomba cuando despierto y aún tengo fresquito en la memoria un polvazo memorable con algún chulazo. Eso no me lo quita nadie y no tengo que echarlos de casa, porque los sueños se evaporan con el café y no dejan pelos en el baño.
Hubo una época, hace ya años, cuando rompí con mi primer novio, que soñaba constantemente con él. Con él y con la tiparraca por la que me dejó. Había varias versiones del sueño, pero mi favorita era verlos en un coche deportivo, juntitos, sonriendo, y conduciendo a considerable velocidad por una carretera con más curvas que yo (difícil, pero existen) y...al tomar una curvita bien cerrada...crashhhh¡¡¡¡ se precipitaban al vacío (caras de susto, gritos histéricos y mi carcajada de fondo). Me levantaba de la cama como nueva, oye, a mi inconsciente se sentaba fenomenal. Pero como no soy una mala persona, cada vez que tenía el sueño terapeútico, procuraba averiguar (bien a través de amigos, bien directamente, una llamada y un "no te has muerto, no?" y si respondía era que no) que todo seguía bien, en orden, yo podía seguir soñando agusto hasta que se me pasara el cabreo.
Un día, cuando ya nos perdonamos mutuamente (sobre todo yo a él, porque que me dejara por aquellaaaa... en fin), le confesé que lo había matado virtualmente unas 725 veces, más o menos. No le sentó muy bien, y lo comprendo, pero que agradezca que no tengo poderes paranormales y mis deseos y sueños se quedan ahí, en lo onírico y que dicen que si sueñas que alguien muere, le alargas la vida, así que por mi parte, va a vivir como unos doscientos años.
Así que mamá gallina poco tiene de qué preocuparse. Soñar que le pegas unos madrazos a un cabrón es completamente inofensivo. No hay que tener miedo de lo que nos dicen nuestros sueños porque responden a nuestras carencias, miedos y fantasmas, y estudiarlos puede resolver ciertos problemas que, cuando estás despierto, ni cuenta te das. Y no te rompes las uñas.
P.D.: Me quedan 22 días de espera para reunirme con mi indiecito hermoso. Y bajando...
pereza navideña (nostradamus, a mi lado, un chiquillo)
Hoy no es mi mejor día. Hoy me dan pereza muchas cosas. Todos los días de mi vida me dan pereza cosas, pero hoy, más aún. Es que se acercan los temidos días. Pereza "metafísica". Voy a hacer una lista, que parece que está de moda, ahí voy:
- Me da una pereza horrible tener que ir a comprar langostinos el día anterior a noche buena. Hay mucha gente. Están por la nubes. No me gusta ir oliendo a pescaíto por la calle. No me gusta la nochebuena. No me gusta tener que tomar un bus para ir a un bonito pueblo bucólico de la sierra con una pinche bolsa de langostinos, porque siempre, siempre, acabo pinchándome con los bigotes. Y no mola ir con una heridita que huele a langostino.
- Me da una pereza horrible llegar a casa de mi hermana en el pueblito bucólico serrano con la bolsa de langostinos y la herida y su gato. Su gato. Que me tiene manía y me bufa. Y si voy con los langostinos, ya ni te cuento. Yo creo que el gato sarnoso ese tiene telepatía y me lee la mente y por eso me odia (y yo a él), porque inevitablemente, cuando nos encontramos los dos cara a cara, le transmito mi fantástica idea de meterlo en la barbacoa, y no parece que la idea le agrade, cosa que comprendo. Pero yo insisto, a ver si lo hipnotizo y consigo que se suicide, aunque creo que mi hermana sospecharía de mí. Y el gato no parece por la labor, el cabrón. Yo creo que su lenguaje, debe decir "a la barbacoa, tú". Pero es que no quepo, listo. Y tú si, así que vas tú, so mamón.
- Me da una pereza horrible la cena de noche buena. Es una noche de sufrimiento y sacrificio estomacal. Invariablemente, mi madre prepara comida para alimentar a toda la urbanización donde vive mi hermana y se sorprende cuando, atoradas ya al cuarto plato, no queremos más, entre quejidos y lamentos, y empieza a gimotear "qué voy a hacer con tanta comida, no puede ser, se va a echar a perder, un poquito más, un esfuerzo". Madre, soy una persona, no una oca destinada a foie. Aunque, tras la cena de noche buena, comienzo a dudarlo. Estoy convencida que, una de dos, o mi madre colaboró en el guión de "La Gran Comilona" (Marco Ferreri) y se juró a sí misma que lo llevaría a cabo algún día de noche buena
-versión sin sexo-, o la mujer sufre una especie de "regreso al pasado" cuando la cena de noche buena era para 40 personas y olvida, sistemáticamente, que de un tiempito a esta parte, somos tres. Tres, joder. Bueno, y el gato. Mientras siga vivo.
- Me da una pereza horrible el día de navidad. Después de haber cenado como para todo el mes y hacer un testamento en un christma, en el convencimiento de que, de esa noche no pasas, y vas a morir antes que el gato de un atracón -dios mío, qué muerte más patética- y despedirte vía sms de tus íntimos "nos vemos en el infierno, queridos, porque al cielo, fijo, no llego por exceso de equipaje", resulta que sobrevives. No sabes cómo pero ahí estás, en pie, ojerosa por la nochecita toledana de indigestión crítica, y tu madre te anuncia "no te vayas todavía, aún hay más". Y sí, parece mentira, pero hay más. La comida de navidad. Con los tíos, los primos y alguno que siempre se cuela y no te das cuenta hasta el final.
La familia. Esa bonita institución que se empeña en recordarte que ellos (los otros) a tu edad (tú) ya tenían dos churumbeles. Y dos conatos de divorcio, pienso yo, mientras sonrío educada, aguantando los embites. Ellos (los otros) te aconsejan que ya está bien, a tu edad (la tuya) de ir tomando copas por ahí, que cualquier día te vas a encontrar con sus hijos.... oh, escándalo¡¡¡. Igual y debería quedarme en casa haciendo calceta. Me temo que no, envidiosillos. Y come. Y bebe. Y de nuevo, saca todos tus instintos de supervivencia, para no morir, atascada de comida y consejos, sobre la mesa de... de.. pero dónde chingados estoy?.
- Me dan una pereza horrible las lucecitas, los villancicos (en vivo, ya, ni te cuento, despiertan mi lado psicópata), los anuncios de perfumes, de juguetes, de telefonía, y de turrones, sobre todo el del almendro, porque a mi casa no viene ningún explorador del Amazonas con abdominales trabajados -no por navidad, al menos, claro que tampoco paro en casa, va a ser por eso, que le dejo plantado todas las fiestas en la puerta con su sombrerito de indiana- , las decoraciones navideñas de espumillón y purpurina que acaba en la carne, quién sabe cómo llegó hasta ahí, las trompetitas (esta gente sabe que la contaminación acústica reduce la esperanza de vida??) y las pelucas y cuernos de reno. Porque yo siempre pienso que si en navidad hubiera una invasión alienígena y aterrizaran en cualquier plaza mayor, pensarían que somos gilipollas sin posibilidad de redención. Igual y yo soy alienígena. Pero espero no ligarme nunca a uno de esos especímenes que se ponen cuernos (si de eso ya me ocupo yo, y sin que sea navidad, chato) y pelucas, y si lo hago, por favor, que mis amigos me lleven a proyecto hombre, porque me habré pasado con los psicoactivos.
En resumidas cuentas, que la navidad me da muuuuucha pereza, que nos volvemos (yo no, que conste, es un plural de cortesía) tarados, cantarines y panderilleros. Menos mal que son sólo unos días al año.
Os dejo, que voy a probarme unos langostinos.
- Me da una pereza horrible tener que ir a comprar langostinos el día anterior a noche buena. Hay mucha gente. Están por la nubes. No me gusta ir oliendo a pescaíto por la calle. No me gusta la nochebuena. No me gusta tener que tomar un bus para ir a un bonito pueblo bucólico de la sierra con una pinche bolsa de langostinos, porque siempre, siempre, acabo pinchándome con los bigotes. Y no mola ir con una heridita que huele a langostino.
- Me da una pereza horrible llegar a casa de mi hermana en el pueblito bucólico serrano con la bolsa de langostinos y la herida y su gato. Su gato. Que me tiene manía y me bufa. Y si voy con los langostinos, ya ni te cuento. Yo creo que el gato sarnoso ese tiene telepatía y me lee la mente y por eso me odia (y yo a él), porque inevitablemente, cuando nos encontramos los dos cara a cara, le transmito mi fantástica idea de meterlo en la barbacoa, y no parece que la idea le agrade, cosa que comprendo. Pero yo insisto, a ver si lo hipnotizo y consigo que se suicide, aunque creo que mi hermana sospecharía de mí. Y el gato no parece por la labor, el cabrón. Yo creo que su lenguaje, debe decir "a la barbacoa, tú". Pero es que no quepo, listo. Y tú si, así que vas tú, so mamón.
- Me da una pereza horrible la cena de noche buena. Es una noche de sufrimiento y sacrificio estomacal. Invariablemente, mi madre prepara comida para alimentar a toda la urbanización donde vive mi hermana y se sorprende cuando, atoradas ya al cuarto plato, no queremos más, entre quejidos y lamentos, y empieza a gimotear "qué voy a hacer con tanta comida, no puede ser, se va a echar a perder, un poquito más, un esfuerzo". Madre, soy una persona, no una oca destinada a foie. Aunque, tras la cena de noche buena, comienzo a dudarlo. Estoy convencida que, una de dos, o mi madre colaboró en el guión de "La Gran Comilona" (Marco Ferreri) y se juró a sí misma que lo llevaría a cabo algún día de noche buena
-versión sin sexo-, o la mujer sufre una especie de "regreso al pasado" cuando la cena de noche buena era para 40 personas y olvida, sistemáticamente, que de un tiempito a esta parte, somos tres. Tres, joder. Bueno, y el gato. Mientras siga vivo.
- Me da una pereza horrible el día de navidad. Después de haber cenado como para todo el mes y hacer un testamento en un christma, en el convencimiento de que, de esa noche no pasas, y vas a morir antes que el gato de un atracón -dios mío, qué muerte más patética- y despedirte vía sms de tus íntimos "nos vemos en el infierno, queridos, porque al cielo, fijo, no llego por exceso de equipaje", resulta que sobrevives. No sabes cómo pero ahí estás, en pie, ojerosa por la nochecita toledana de indigestión crítica, y tu madre te anuncia "no te vayas todavía, aún hay más". Y sí, parece mentira, pero hay más. La comida de navidad. Con los tíos, los primos y alguno que siempre se cuela y no te das cuenta hasta el final.
La familia. Esa bonita institución que se empeña en recordarte que ellos (los otros) a tu edad (tú) ya tenían dos churumbeles. Y dos conatos de divorcio, pienso yo, mientras sonrío educada, aguantando los embites. Ellos (los otros) te aconsejan que ya está bien, a tu edad (la tuya) de ir tomando copas por ahí, que cualquier día te vas a encontrar con sus hijos.... oh, escándalo¡¡¡. Igual y debería quedarme en casa haciendo calceta. Me temo que no, envidiosillos. Y come. Y bebe. Y de nuevo, saca todos tus instintos de supervivencia, para no morir, atascada de comida y consejos, sobre la mesa de... de.. pero dónde chingados estoy?.
- Me dan una pereza horrible las lucecitas, los villancicos (en vivo, ya, ni te cuento, despiertan mi lado psicópata), los anuncios de perfumes, de juguetes, de telefonía, y de turrones, sobre todo el del almendro, porque a mi casa no viene ningún explorador del Amazonas con abdominales trabajados -no por navidad, al menos, claro que tampoco paro en casa, va a ser por eso, que le dejo plantado todas las fiestas en la puerta con su sombrerito de indiana- , las decoraciones navideñas de espumillón y purpurina que acaba en la carne, quién sabe cómo llegó hasta ahí, las trompetitas (esta gente sabe que la contaminación acústica reduce la esperanza de vida??) y las pelucas y cuernos de reno. Porque yo siempre pienso que si en navidad hubiera una invasión alienígena y aterrizaran en cualquier plaza mayor, pensarían que somos gilipollas sin posibilidad de redención. Igual y yo soy alienígena. Pero espero no ligarme nunca a uno de esos especímenes que se ponen cuernos (si de eso ya me ocupo yo, y sin que sea navidad, chato) y pelucas, y si lo hago, por favor, que mis amigos me lleven a proyecto hombre, porque me habré pasado con los psicoactivos.
En resumidas cuentas, que la navidad me da muuuuucha pereza, que nos volvemos (yo no, que conste, es un plural de cortesía) tarados, cantarines y panderilleros. Menos mal que son sólo unos días al año.
Os dejo, que voy a probarme unos langostinos.
Geografía para hambrientos
Estoy terriblemente cansada, he dormido poco y mal, no precisamente por "actividades nocturnas a dos", ni siquiera a uno. Pero he comido en un vietnamita estupendo y eso ya me alegra el día. He invitado a mi madre, nada más para hacerla cambiar de opinión sobre "los chinos". Para mi señora madre, oriental es igual a chino, así, en general. Y los odia. Así, en general. Se ha resistido un poco al principio a entrar cuando ha visto en la puerta un cartel (amenazador) que rezaba "Cocina Asiática". Me ha empezado a mirar mal, pero la he calmado con un "mami, contente". Mi señora madre ha hecho acopio de la poca confianza que me tiene, ha tomado impulso y ha penetrado en el local.
He pedido por ella, sonriendo, tratando de transmitirle tranquilidad.
- Pues está todo muy límpio, me dice.
- Es que avisé que vendrías... respondo riendo.
- Y muy bonito..
- Claro, mami, siempre te llevo a sitios bonitos...
Comienzan a servirnos, mi madre que prueba y que empieza a dibujar una sonrisa. Segundo plato, segunda sonrisa. Tercer plato, festival de sonrisas. Feliz y encantada, y yo de verla disfrutar. Tras el postre, ha felicitado a las camareras. A todas.
Y no se ha levantado a dar un beso a los cocineros por los pelos. Cuando salíamos, la digo:
- Bueno, entonces, te ha gustado "el chino"?
- Vietnamita, hija, vietnamita... que no es lo mismo...
Ah, mira, Oriente ya se divide en dos: China y Vietman. Las dos Coreas, Taiwan, Tailandia y demás, tendrán que esperar un poquito hasta que mi madrecita querida pruebe sus exquisiteces y las ubique en su mapa mental, merced al hueco que ocupen en su estómago.
En fín, cada uno aprende como quiere, como puede y como le invitan.
Por esa regla que aplica mi madre al mapamundi, mi futuro ex-marido, es decir, mi indiecito hermoso, es "sudaca", obviamente. Por más que la explique que México es norteamérica, y por lo tanto, mi poblano es norteamericano, si le da grima pensar que es mexicano (que sí, que la da grima), es inútil. En su euskal-cabecita, Guatemala, Brasil, México, o Ecuador, es sudámérica, todo revuelto, y sus pobladores, sudacas. Así de simple y no la discutas que no hay tu tía. Todos son indios, salvajes y tercermundistas. Todos morenos, chaparros y están condenados a ser borrachos, pendecieros y jugadores. Llevo ocho años trabajando con mexicanos y nunca he conseguido que te tome ni un tequilita, ni un taco, ni una coronita, ni nada que huela a mi amado país de adopción.
Claro, que en una cosa tiene razón. Mi indio es eso, indio. No la impresiona que haya estudiado antropología, filosofía, que haya sido profesor, que sea periodista, que hable idiomas, no. Eso no la impresiona. Pero que sea indio, sí. La intriga el color de su piel, o quizás la posibilidad de que pertenezca a una etnia misteriosa y caníbal. Mal que la pese. Y más vale que se vaya haciendo a la idea o el día que me decida a presentarlos, le obligo a mi poblano que se ponga un taparrabos, una lanza, la cabeza llena de plumas y que le hable en nahuatl (o lo que se invente porque total, no se va a enterar), para que sí, entonces, tenga motivos para asustarse.
He pedido por ella, sonriendo, tratando de transmitirle tranquilidad.
- Pues está todo muy límpio, me dice.
- Es que avisé que vendrías... respondo riendo.
- Y muy bonito..
- Claro, mami, siempre te llevo a sitios bonitos...
Comienzan a servirnos, mi madre que prueba y que empieza a dibujar una sonrisa. Segundo plato, segunda sonrisa. Tercer plato, festival de sonrisas. Feliz y encantada, y yo de verla disfrutar. Tras el postre, ha felicitado a las camareras. A todas.
Y no se ha levantado a dar un beso a los cocineros por los pelos. Cuando salíamos, la digo:
- Bueno, entonces, te ha gustado "el chino"?
- Vietnamita, hija, vietnamita... que no es lo mismo...
Ah, mira, Oriente ya se divide en dos: China y Vietman. Las dos Coreas, Taiwan, Tailandia y demás, tendrán que esperar un poquito hasta que mi madrecita querida pruebe sus exquisiteces y las ubique en su mapa mental, merced al hueco que ocupen en su estómago.
En fín, cada uno aprende como quiere, como puede y como le invitan.
Por esa regla que aplica mi madre al mapamundi, mi futuro ex-marido, es decir, mi indiecito hermoso, es "sudaca", obviamente. Por más que la explique que México es norteamérica, y por lo tanto, mi poblano es norteamericano, si le da grima pensar que es mexicano (que sí, que la da grima), es inútil. En su euskal-cabecita, Guatemala, Brasil, México, o Ecuador, es sudámérica, todo revuelto, y sus pobladores, sudacas. Así de simple y no la discutas que no hay tu tía. Todos son indios, salvajes y tercermundistas. Todos morenos, chaparros y están condenados a ser borrachos, pendecieros y jugadores. Llevo ocho años trabajando con mexicanos y nunca he conseguido que te tome ni un tequilita, ni un taco, ni una coronita, ni nada que huela a mi amado país de adopción.
Claro, que en una cosa tiene razón. Mi indio es eso, indio. No la impresiona que haya estudiado antropología, filosofía, que haya sido profesor, que sea periodista, que hable idiomas, no. Eso no la impresiona. Pero que sea indio, sí. La intriga el color de su piel, o quizás la posibilidad de que pertenezca a una etnia misteriosa y caníbal. Mal que la pese. Y más vale que se vaya haciendo a la idea o el día que me decida a presentarlos, le obligo a mi poblano que se ponga un taparrabos, una lanza, la cabeza llena de plumas y que le hable en nahuatl (o lo que se invente porque total, no se va a enterar), para que sí, entonces, tenga motivos para asustarse.
Nimiedades (tengo la tarde ociosa)
Hoy estoy prolífica, así que abuso de vuestra paciencia y sigo soltando mi rollo, que para eso es mi blog. Como el esfuerzo intelectual ya lo realicé en mi post anterior, no me quedan neuronas para mucho pero aquí estoy, informando de las nimiedades que me importan (a mí, reflexivo al cuadrado).
Nimiedad nº 1
Mi indiecito, para vuestra tranquilidad, llegó bien a México. Me llamó desde el aeropuerto Benito Juárez, de México D.F. para reportarse a las cuatro y media de la madrugada. Yo le había pedido que me marcara desde su destino final, a una hora del DF, pero le entró la ansiedad y me llamó desde el aeropuerto. Me tranquiliza saber que el avión no se ha desplomado sobre Groenlandia, pero hubiese preferido saber que llegaba bien a su rancho en una noche de festividades como el día de Guadalupe.
Más que nada porque la idea de tomar un camión en el mero aeropuerto y llegar en la noche a su ciudad, en un día como el de ayer, puede ser una aventura cuyo escenario contempla la posibilidad de que el chofer del camión estuviera borracho, tuviera que compartir asiento con un apunte de coma etílico, que lo asaltaran gavilleros por el camino, o todo a la vez, patoaventuras estas poco probables a bordo de un avión.
Tuve que esperar doce horas más para saber que todo había ido perfectamente.
Nimiedad nº 2
Su hijo adolescente está muy bueno. El nene le saca al papi como una cabeza, delgadito, morenito y con lentes (me pierden los gafotas, los morenos y los flacos). Cuando le he visto a través de la cámara web, se me ha dibujado una sonrisilla perversa, bastante impropia de la madrastra de incógnito en que me he convertido. Me lo he imaginado jugando al baloncesto, sudando, quitándose la camiseta en los vestuarios y... calma, Tribeca, calma, que el tuyo es el de al lado del bollicao, sí, el bajito, con cara de indio que muestra orgulloso a su retoño como un trofeo. Nene, no sonrías así, hijo de tu chin, ay, pero qué guapito eres, cabrón... joder... y yo que le había asegurado a mi indiecito que no se tenía que preocupar por mí al menos en tres semanas, que a la cuarta ya entraba en zona roja y ahí si podíamos tener ataque de cuernos, y en apenas 24 horas ya ando con pensamientos lúbricos... y con su hijo¡¡¡, estás mal, nena, muy mal...
Nimiedad nº 3
Mi indio, que cuida de mí, me pide que salga y me divierta. Pues no insistas, cariño. Ayer comí con una amiga y me comenta lo guapa que estoy. El amor embellece, sin duda, así que a pasearme se ha dicho. Mañana saldré a tomar unas cañas con un par de amigos. El jueves creo que tengo cena. El viernes nite, tengo que elegir entre varios planes. El sábado voy a una expo colectiva (en la que creo que hay obra de mi padre) con una amiga y mucho me temo que acabaremos convenientemente alcoholizadas. Y el domingo no saldré de la cama. Lo que no se es de cúal. Mmm... quiero decir que igual duermo en casa de mi indiecito hermoso. Esto de tener dos casas es lo que tiene, que puedes cambiar de escenario como de vestido. Me parece que ha hecho mal en recomendarme que me divierta, porque yo soy muy bien mandada.
Nimiedad nº 4 (y última por hoy)
Me voy a casa ya, porque me muero de ganas por llamar a mi Perfi, que me tiene que contar unos cotilleos super jugosos de un encuentro de altos vuelos que tuvo hace unos días, y es que la Perfi es mucha Perfi, y no se relaciona con cualquiera... para muestra, una servidora...
Nimiedad nº 1
Mi indiecito, para vuestra tranquilidad, llegó bien a México. Me llamó desde el aeropuerto Benito Juárez, de México D.F. para reportarse a las cuatro y media de la madrugada. Yo le había pedido que me marcara desde su destino final, a una hora del DF, pero le entró la ansiedad y me llamó desde el aeropuerto. Me tranquiliza saber que el avión no se ha desplomado sobre Groenlandia, pero hubiese preferido saber que llegaba bien a su rancho en una noche de festividades como el día de Guadalupe.
Más que nada porque la idea de tomar un camión en el mero aeropuerto y llegar en la noche a su ciudad, en un día como el de ayer, puede ser una aventura cuyo escenario contempla la posibilidad de que el chofer del camión estuviera borracho, tuviera que compartir asiento con un apunte de coma etílico, que lo asaltaran gavilleros por el camino, o todo a la vez, patoaventuras estas poco probables a bordo de un avión.
Tuve que esperar doce horas más para saber que todo había ido perfectamente.
Nimiedad nº 2
Su hijo adolescente está muy bueno. El nene le saca al papi como una cabeza, delgadito, morenito y con lentes (me pierden los gafotas, los morenos y los flacos). Cuando le he visto a través de la cámara web, se me ha dibujado una sonrisilla perversa, bastante impropia de la madrastra de incógnito en que me he convertido. Me lo he imaginado jugando al baloncesto, sudando, quitándose la camiseta en los vestuarios y... calma, Tribeca, calma, que el tuyo es el de al lado del bollicao, sí, el bajito, con cara de indio que muestra orgulloso a su retoño como un trofeo. Nene, no sonrías así, hijo de tu chin, ay, pero qué guapito eres, cabrón... joder... y yo que le había asegurado a mi indiecito que no se tenía que preocupar por mí al menos en tres semanas, que a la cuarta ya entraba en zona roja y ahí si podíamos tener ataque de cuernos, y en apenas 24 horas ya ando con pensamientos lúbricos... y con su hijo¡¡¡, estás mal, nena, muy mal...
Nimiedad nº 3
Mi indio, que cuida de mí, me pide que salga y me divierta. Pues no insistas, cariño. Ayer comí con una amiga y me comenta lo guapa que estoy. El amor embellece, sin duda, así que a pasearme se ha dicho. Mañana saldré a tomar unas cañas con un par de amigos. El jueves creo que tengo cena. El viernes nite, tengo que elegir entre varios planes. El sábado voy a una expo colectiva (en la que creo que hay obra de mi padre) con una amiga y mucho me temo que acabaremos convenientemente alcoholizadas. Y el domingo no saldré de la cama. Lo que no se es de cúal. Mmm... quiero decir que igual duermo en casa de mi indiecito hermoso. Esto de tener dos casas es lo que tiene, que puedes cambiar de escenario como de vestido. Me parece que ha hecho mal en recomendarme que me divierta, porque yo soy muy bien mandada.
Nimiedad nº 4 (y última por hoy)
Me voy a casa ya, porque me muero de ganas por llamar a mi Perfi, que me tiene que contar unos cotilleos super jugosos de un encuentro de altos vuelos que tuvo hace unos días, y es que la Perfi es mucha Perfi, y no se relaciona con cualquiera... para muestra, una servidora...
Algunos ejemplares curiosos con los que una se topa
Recuerdo una cita que tuve, hace ya algunos años, con un tipo que todo él era una mentira. Nos presentaron en una fiesta, me pidió el teléfono y una tarde me llamó para invitarme a cenar. Tenía que haber sospechado desde el principio, cuando al concretar a la hora en que me recogería, se esforzó por dejarme clarito que vendría en un BMW negro descapotable por mí. Un BMW. Sí. Negro. Que sí. Descapotable. Que siiiiii, que ya me he enterado. El tipo igual y debía esperar que yo gimiera de placer ante la posibilidad de asentar mis posaderas sobre semejante máquina. Bueno. El tipo llega a la cita, maqueado como si fuera aspirante a entrar a una fiesta del Archy en plenos ochenta. Es decir, vestido de pies a cabeza con ropas de marca bien visible. Rectifico, a los pies no le debió llegar el presupuesto porque llevaba unos zapatos baratones, lo cual es un indicativo evidente que es un pretencioso y un hortera (por si lo del coche no hubiera bastado).
A esas alturas (o sea, nada más empezar la velada) ya me estaba yo divirtiendo bastante. Pero traté de no dejar traslucir ninguna emoción porque la noche prometía una carcajada final memorable y no me la quería perder por nada del mundo, así que le seguí el rollo. Fuimos a tomar unas cañas y el colega (cuyo único atractivo físico aparente radicaba en no tener barriga y ser unos cinco centímetros más alto que yo) comenzó un monólogo sobre sus logros laborales en el que trató de colocarme que ser jefe de área de una multinacional era equivalente a haber escalado el himalaya a pulmón libre -esfuerzo titánico por ocultar mis bostezos- ,sus vacaciones en Marbella -esfuerzo titánico por aguantar la risa- y un repaso exhaustivo de sus conquistas femeninas con detalles reveladores sobre su capacidad sexual -esfuerzo titánico por contener las náuseas-.
Soporté estóicamente su monólogo autoafirmativo en el que la educación recibida me ayudó a apoyarlo con monosílabos, medias sonrisas y sostener su mirada (cuando mis ojos se querían perder por la barra, por la calle, por una alcantarilla) porque de pequeñita me enseñaron que cuando te hablan, hay que mirar a los ojos a tu interlocutor como muestra de interés. Así llegamos a la cena. Me llevó a un restaurante corriente, de los de "raciones". Y con un par de huevos, eso pidió. "Raciones". Qué derroche de elegancia y glamour para una primera cita. Y qué palabra tan espantosa. Raciones. Habría que fusilar al que la inventó y prohibir su consumo por ley en una cita, es desesperanzador. Pero ahí me ví, conteniendo mis ganas de salir corriendo en dirección opuesta a ese ejemplar de Torrente de lujo, por pura intuición.
Y tuve mi premio a tanta paciencia. Sentado frente a mí, comiendo raciones, y hablando del chalet de sus padres en un pueblo de Toledo, aderezando la información con datos económicos (cada ventana cuesta XXX miles de pesetas¡¡¡) advierto en él un gesto extraño: estiraba mucho los brazos, mostrando las muñecas. Al principio, pensé que era una especie de tic nervioso -lo que ya de por sí era inquietante- pero al poco rato caí en la cuenta del propósito real. Estaba mostrándome su reloj, según debió pensar, disimuladamente. Ay. Ya no pude más, y al quinto estiramiento -temí que le fuera a dar un tirón- le pregunté, con la artillería dispuesta:
- Te ocurre algo? Te veo hacer unos gestos muy raros...
- Ah¡¡, veo que te has dado cuenta... pues... es que estreno reloj y me incomoda, qué te parece? -sonrisa luminosa-
Y me alarga su entebrazo bajo mi mirada alucinada que contempla, ya sin filtro educacional, "aquello"... sonrío malévolamente...
- Qué?, pregunto yo, casi desafiante.
- Pues... qué opinas?
- De qué?, ampliando la sonrisa, preparando el ataque.
- De qué va a ser, mujer.. de mi reloj nuevo¡¡¡
- "Esto" es tu reloj nuevo?, inquiero afilando los colmillos.
- Claro¡¡ (debía estar calculando las posibilidades que yo fuera lela), es un Rolex¡¡¡.
- ....
- ....
- No.
- No? no qué? (comienza a enrojecer de ira)
- Que no lo es. (sonrisa luminosa, esta vez, mía).
- Pero qué dices? claro que lo es¡¡¡ es un Rolex¡¡¡
- Verás, querido (mis colmillos arañaban la rústica mesa de pino), lamento comunicarte que "eso" no es un Rolex, puede que sea un reloj, de lo que tampoco estoy segura, pero un Rolex, no, desde luego. "Eso" es una burda imitación. Es más, me lo prestas un momento, por favor? (me lo entrega, rojo carabinero). Mmmm... es de Nueva York, verdad?.
- ....
-.... ???
- Cómo lo has sabido? (ya tornando el color hacia violeta) porque nadie se ha dado cuenta¡¡¡
- Atiende bien, nene. No tiene la corona distintiva en la cuerda. No tiene el sello identificativo en la parte posterior de la esfera. Este cierre no es el clásico de Rolex. La cadena está mal articulada, ves?, y por último, el segundero va a saltos, en lugar de ininterrumpidamente, como todo buen reloj de precisión. Alguna pregunta?.
- Sí... cómo sabes tanto de relojes?.
- Tengo dos Rolex, auténticos, claro. Y algunos más que dudo conozcas. Yo voy en metro y en bus a todos lados. No tengo coche y menos un BMW-negro-descapotable de los años setenta, desvencijado. Y si lo tuviera, te aseguro que no iría presumiéndolo. Si llevo ropa de firma o no, es algo que tú no vas a descubrir porque eso sólo lo ve el que me desnuda y no vas a ser tú. No necesito exhibir etiquetas para parecer "algo". Soy dependienta en una tienda, no soy jefa de nada más que de la escalera del almacén y se me rebela a veces, pero reconozco un Rolex falso a la legua. Tampoco tengo chalet ni la ordinariez de hablar del dinero que me cuestan las cosas, que solo evidencian un pobre concepto de tí mismo y tu mediocre visión del mundo que te rodea: tanto tienes, tanto vales y ni siquiera es auténtico. Respecto a tus conquistas, que no me atrevo a poner en duda en su cantidad, yo que tú me preguntaría a qué clase de gente atraes si acostumbras a usar como reclamo tu coche fantástico, tu reloj falso, tu ropa de marca y tus vacaciones ese pueblo inmundo y hortera hasta el delirio. Aunque comprendo que, si no tienes nada más que ofrecer, sea tu tarjeta de presentación. Y por último, invierte en zapatos, por favor. No te molestes en llevarme a casa, que en el metro voy divinamente.
Y me piré, riéndome un buen rato hasta que comprendí que de gracioso, no tenía nada el tipo. Era un pobre hombre, minúsculo, insignificante, ignorante, triste y patético, cuyos valores debían ser comprados con dinero porque él carecía de ellos. Y ni siquiera invertía en realidades, con lo cual rayaba en la estafa, en su intento de aparentar ser algo que obviamente, estaba fuera de su alcance y confiando en la ignorancia ajena para engañarlo con falsos oropeles y espejismos. Ese tipo vendía humo y su inconsistencia se manifestaba en la exposición de haberes. Digno de lástima.
Podeis pensar que fuí cruel con el pobre hombre y tendreis razón. Yo era muy joven, tenía muy larga la lengua y corta la paciencia con los fantasmillas del tres al cuarto. Me encantaba desmontarles su farsa. Hoy, si hubiera tenido la paciencia de soportar una cita similar, le hubiera seguido el rollo y le hubiese hecho feliz pensando que me había engatusado con sus bisuterías. Al final, el que sale perdiendo sería él, el que se engaña es él. A mí que más me da si uno se siente mejor consigo mismo disfrazando sus miserias con etiquetas, contando su dinero, o sintiéndose el gran Casanova. Pues si así es feliz, me alegro mucho.
No lo volví a ver nunca más. Pero me acuerdo a veces de él y me pregunto muchas veces cómo será su vida ahora. Por pura curiosidad, por saber cómo sobreviven estos ejemplares, para mí, afortunadamente, raros. Tendrá un coche atómico y para ocupar el asiento del copiloto, se verá obligado a poner anuncios con la marca bien visible, como reclamo?. O se habrá casado con una mujercita satisfecha de llevar del brazo colgado un louis vuitton de mercadillo? y lo que es más intrigante: seguirá cenando "raciones"?.
A esas alturas (o sea, nada más empezar la velada) ya me estaba yo divirtiendo bastante. Pero traté de no dejar traslucir ninguna emoción porque la noche prometía una carcajada final memorable y no me la quería perder por nada del mundo, así que le seguí el rollo. Fuimos a tomar unas cañas y el colega (cuyo único atractivo físico aparente radicaba en no tener barriga y ser unos cinco centímetros más alto que yo) comenzó un monólogo sobre sus logros laborales en el que trató de colocarme que ser jefe de área de una multinacional era equivalente a haber escalado el himalaya a pulmón libre -esfuerzo titánico por ocultar mis bostezos- ,sus vacaciones en Marbella -esfuerzo titánico por aguantar la risa- y un repaso exhaustivo de sus conquistas femeninas con detalles reveladores sobre su capacidad sexual -esfuerzo titánico por contener las náuseas-.
Soporté estóicamente su monólogo autoafirmativo en el que la educación recibida me ayudó a apoyarlo con monosílabos, medias sonrisas y sostener su mirada (cuando mis ojos se querían perder por la barra, por la calle, por una alcantarilla) porque de pequeñita me enseñaron que cuando te hablan, hay que mirar a los ojos a tu interlocutor como muestra de interés. Así llegamos a la cena. Me llevó a un restaurante corriente, de los de "raciones". Y con un par de huevos, eso pidió. "Raciones". Qué derroche de elegancia y glamour para una primera cita. Y qué palabra tan espantosa. Raciones. Habría que fusilar al que la inventó y prohibir su consumo por ley en una cita, es desesperanzador. Pero ahí me ví, conteniendo mis ganas de salir corriendo en dirección opuesta a ese ejemplar de Torrente de lujo, por pura intuición.
Y tuve mi premio a tanta paciencia. Sentado frente a mí, comiendo raciones, y hablando del chalet de sus padres en un pueblo de Toledo, aderezando la información con datos económicos (cada ventana cuesta XXX miles de pesetas¡¡¡) advierto en él un gesto extraño: estiraba mucho los brazos, mostrando las muñecas. Al principio, pensé que era una especie de tic nervioso -lo que ya de por sí era inquietante- pero al poco rato caí en la cuenta del propósito real. Estaba mostrándome su reloj, según debió pensar, disimuladamente. Ay. Ya no pude más, y al quinto estiramiento -temí que le fuera a dar un tirón- le pregunté, con la artillería dispuesta:
- Te ocurre algo? Te veo hacer unos gestos muy raros...
- Ah¡¡, veo que te has dado cuenta... pues... es que estreno reloj y me incomoda, qué te parece? -sonrisa luminosa-
Y me alarga su entebrazo bajo mi mirada alucinada que contempla, ya sin filtro educacional, "aquello"... sonrío malévolamente...
- Qué?, pregunto yo, casi desafiante.
- Pues... qué opinas?
- De qué?, ampliando la sonrisa, preparando el ataque.
- De qué va a ser, mujer.. de mi reloj nuevo¡¡¡
- "Esto" es tu reloj nuevo?, inquiero afilando los colmillos.
- Claro¡¡ (debía estar calculando las posibilidades que yo fuera lela), es un Rolex¡¡¡.
- ....
- ....
- No.
- No? no qué? (comienza a enrojecer de ira)
- Que no lo es. (sonrisa luminosa, esta vez, mía).
- Pero qué dices? claro que lo es¡¡¡ es un Rolex¡¡¡
- Verás, querido (mis colmillos arañaban la rústica mesa de pino), lamento comunicarte que "eso" no es un Rolex, puede que sea un reloj, de lo que tampoco estoy segura, pero un Rolex, no, desde luego. "Eso" es una burda imitación. Es más, me lo prestas un momento, por favor? (me lo entrega, rojo carabinero). Mmmm... es de Nueva York, verdad?.
- ....
-.... ???
- Cómo lo has sabido? (ya tornando el color hacia violeta) porque nadie se ha dado cuenta¡¡¡
- Atiende bien, nene. No tiene la corona distintiva en la cuerda. No tiene el sello identificativo en la parte posterior de la esfera. Este cierre no es el clásico de Rolex. La cadena está mal articulada, ves?, y por último, el segundero va a saltos, en lugar de ininterrumpidamente, como todo buen reloj de precisión. Alguna pregunta?.
- Sí... cómo sabes tanto de relojes?.
- Tengo dos Rolex, auténticos, claro. Y algunos más que dudo conozcas. Yo voy en metro y en bus a todos lados. No tengo coche y menos un BMW-negro-descapotable de los años setenta, desvencijado. Y si lo tuviera, te aseguro que no iría presumiéndolo. Si llevo ropa de firma o no, es algo que tú no vas a descubrir porque eso sólo lo ve el que me desnuda y no vas a ser tú. No necesito exhibir etiquetas para parecer "algo". Soy dependienta en una tienda, no soy jefa de nada más que de la escalera del almacén y se me rebela a veces, pero reconozco un Rolex falso a la legua. Tampoco tengo chalet ni la ordinariez de hablar del dinero que me cuestan las cosas, que solo evidencian un pobre concepto de tí mismo y tu mediocre visión del mundo que te rodea: tanto tienes, tanto vales y ni siquiera es auténtico. Respecto a tus conquistas, que no me atrevo a poner en duda en su cantidad, yo que tú me preguntaría a qué clase de gente atraes si acostumbras a usar como reclamo tu coche fantástico, tu reloj falso, tu ropa de marca y tus vacaciones ese pueblo inmundo y hortera hasta el delirio. Aunque comprendo que, si no tienes nada más que ofrecer, sea tu tarjeta de presentación. Y por último, invierte en zapatos, por favor. No te molestes en llevarme a casa, que en el metro voy divinamente.
Y me piré, riéndome un buen rato hasta que comprendí que de gracioso, no tenía nada el tipo. Era un pobre hombre, minúsculo, insignificante, ignorante, triste y patético, cuyos valores debían ser comprados con dinero porque él carecía de ellos. Y ni siquiera invertía en realidades, con lo cual rayaba en la estafa, en su intento de aparentar ser algo que obviamente, estaba fuera de su alcance y confiando en la ignorancia ajena para engañarlo con falsos oropeles y espejismos. Ese tipo vendía humo y su inconsistencia se manifestaba en la exposición de haberes. Digno de lástima.
Podeis pensar que fuí cruel con el pobre hombre y tendreis razón. Yo era muy joven, tenía muy larga la lengua y corta la paciencia con los fantasmillas del tres al cuarto. Me encantaba desmontarles su farsa. Hoy, si hubiera tenido la paciencia de soportar una cita similar, le hubiera seguido el rollo y le hubiese hecho feliz pensando que me había engatusado con sus bisuterías. Al final, el que sale perdiendo sería él, el que se engaña es él. A mí que más me da si uno se siente mejor consigo mismo disfrazando sus miserias con etiquetas, contando su dinero, o sintiéndose el gran Casanova. Pues si así es feliz, me alegro mucho.
No lo volví a ver nunca más. Pero me acuerdo a veces de él y me pregunto muchas veces cómo será su vida ahora. Por pura curiosidad, por saber cómo sobreviven estos ejemplares, para mí, afortunadamente, raros. Tendrá un coche atómico y para ocupar el asiento del copiloto, se verá obligado a poner anuncios con la marca bien visible, como reclamo?. O se habrá casado con una mujercita satisfecha de llevar del brazo colgado un louis vuitton de mercadillo? y lo que es más intrigante: seguirá cenando "raciones"?.
30 días (que viva la virgen de Guadalupe¡¡)
A las siete de la mañana, el celular (AKA móvil) suena y una voz le desea a mi poblano hermoso que tenga un feliz vuelo. Mi cerebro despierta con todas las alarmas conectadas. Es el día D. En un rato, mi indiecito tomará un vuelo de 12 horas y se transportará al otro lado del charco, estrechará unos brazos que no son los míos, besará caras, frentes, ojos, mejillas, labios, que no son los míos. Respirará un aire nuevo, distinto, ajeno, que no me será devuelto con su aliento. Caminará por calles con árboles de nombres divertidos que yo no podré repetir en voz alta, haciéndole reir. Abro los ojos.
Le cuento, como casi todas las mañanas, el sueño que me ha ocupado esa noche. Y él me sonríe, siempre sorprendido por mi capacidad de recordarlo todo como si fuera una película.
Dedicamos cinco minutos a conversar como si fuera un día cualquiera, como si yo me marchara a la oficina y él a fotografiar a algún tipo aburrido, y nos fuéramos a encontrar a la hora del almuerzo. Casi le pregunto qué va a hacer de comer hoy.
Pero nos hemos quedado callados, mirándonos y abriendo mucho los ojos, desorbitadamente, con miedo, con hambre, con mucho miedo. A ver quién de los dos fagocita al otro y se lo lleva consigo. Y así, devorándonos con los ojos, casi sin darnos cuenta, nuestros cuerpos se entrelazan y se pegan y se incluyen el uno en el otro. Dentro de mí. Dentro de tí. Sudando miedo.
Hoy hago yo el desayuno. Ultimos cambios en la maleta. Fotos (pa´que te acuerdes de tu indio feo). No olvides instalar la cámara, mi niña h., que quiero verte. Tráeme milagros. Un mes pasa muy rápido. No te pongas triste. Tú tampoco. No fumes mucho (misión imposible). Disfruta de tus hijos. Volveré y ya no me separaré de tí ni un instante. Te amo. Te amo. Te amo.
El taxi rumbo al aeropuerto se lo toma con calma. No hay tráfico apenas y nuestras manos están agarradas con tal fuerza que siento el corazón palpitando en la palma. Los dos tratamos de sonreir pero nos sale una mueca forzada. No estés triste. Que no. Más muecas.
Salidas internacionales, por favor. LLamadas de último momento. Despedidas. Su mejor amigo que acepta cuidarme a base de cervezas en su ausencia. Recomendaciones (si vas a hacer una tontería, usa condones... si, papi, lo mismo digo). Dónde está el pasaporte?. Llévame contigo. Me gustan los murales de Guayasamín. Me esperarás?... ay, mi indiecito hermoso... mi niña h... te amo, mi vida, y yo a tí, mi amor...
Me quedo viendo cómo se aleja, tratando de hipnotizar al policía que revisa su documentación, a ver si le detienen y se queda aquí, conmigo. Lo más que consigo es que le hagan un par de preguntas que en mi ansiosa imaginación son:
- Es usted un terrorista internacional?
- Sí, señor, lo soy.
- Pues queda usted detenido.
- Vale, pero me llevo a mi vieja conmigo al bote.
Pero pues le ponen el sellito con una sonrisa y sigue adelante. Voltea a mirarme y me dice con los labios "te amo". Debo parecer "El Grito" de Munch. Ya vete. Vete o me salto los controles policiales y me meten al bote a mí, por enamorada pendeja.
De camino al metro, dos llamadas más para reiterarme su amor. Se me hace un nudo en la garganta. Ni modo. Aeroméxico se llevó mi amor a tomar mole recién hecho y a volvérmelo morenito en playas paradisíacas.
Me quedan 30 días.
P.D. Felicidades, mi Juanus, por tu cumple y por el pequeño Bastián, te quiero...
Y llegaron los Reyes...
Ayer fue uno de esos días en los que crees que toda la felicidad del mundo ha venido a visitarte. En el que no te da ni tiempo a sonreir lo bastante para agradecer lo que recibes. Despues de haber comido con mis hermanos, lo que siempre es un placer divertidísimo, y comprobar que pese a su adolescencia, son unos chicos encantadores que no tienen ningún pudor para colgárseme del cuello y embadurnarme a besos... como podeis imaginar, me derrito de gusto.
Ya, entrada la tarde, mi indiecito vino por mí para ir de compras. Así que recorrimos tiendas, me probé la ropa que acabará en el armario de su hija, expliqué mis argumentos para elegir mejor un trench que un microjersey (que a él le parecía muy gracioso y a mí poco práctico), los colores que más la iban a favorecer y cómo combinarla con una bolsa para la escuela, llena de bolsillos para sus secretos... hasta cuidamos que la tienda no tuviera sucursales en su país, para que se sintiera exclusiva y pudiera presumir antes sus amigas.
El quería comprarme algo a mí también, pero no se lo permití. Son las compras para tu familia, dije. Tú también eres mi familia, respondió. Me inflé como un globo, pero no cedí. Quería que sólo se dedicara a sus hijos. Y yo, en medio, opinando y decidiendo. Sintiéndome la madrastra buena. Ilusionada de que me permitiera participar en algo tan íntimo.
Ya sabeis lo que pasa cuando empiezas a comprar. Es como una fiebre imparable y quieres más. Yo solo quería echar un vistazo a una tienda de cosas para la casa y acabamos comprando 10 copas de vino, platos y boles de colores. Le observé escoger los tonos con ojo crítico (olvidé mi amor por unos minutos) y el cabrón me dice: "imagínate cómo va a quedar la crema de zanahoria con esta combinación de colores". Perfecta, cariño, perfecta. Tienes un gusto impecable. Qué puedo hacer ante un hombre que mima tanto los detalles? pues sí, rendirme por completo.
Por supuesto, había que estrenar las copas. Así que fuimos a comprar el vino adecuado. Y un invento nuevo que ha sacado Durex (se llama PLAY) y que recomiendo: un anillo (cockring) con un minivibrador incoporado, la batería tiene una vida de 20 minutos y es desechable. La idea es genial, barata (7 euros) y seguro que cuando menos, os reís un montón. Yo voy a regalar unos cuantos por navidad.
Llegamos a casa como si fuéramos los reyes magos: cargadísimos de bolsas y felices. Y aún me quedaba por ver... ya me había dicho que me iba a comprar unos cascos nuevos para mi mp3 y me mandó a mi cuarto a comprobar si la clavija era la correcta. Sobre la cama, y bajo los cascos, estaba "2666" de Bolaños, libro este que tenía previsto autoregalarme en navidad. Mil trescientas páginas de excitación ante mí y mis grititos de alegría bajando la escalera a saltitos con el libro en la mano.
Y su sonrisa complacida recibiendo mis besos de agradecimiento infinito...
Por su culpa, va a acabar gustándome la navidad.
Tanta felicidad da asco, lo sé, pero déjemne disfrutar un ratito más, un ratito... (prometo que me lo he ganado a pulso).
vamos de compras?
El sábado se supone que iremos de compras navideñas mi poblano y yo. Compraremos bonitos regalos de reyes para sus hijos. Sus hijos. Glups. Es decir, que servidora, seguramente, va a opinar sobre algo (lo que quiera que sea, desde la play station a una falda) que van a llevar, usar o disfrutar los retoños de mi amorcito.
Esto me retrotrae a mi infancia, en la que "sufrí" a un madrastra que se empeñaba en vestirme de señorita en mi momento más punk. Y escuchar a Siouxie and the Banshees o a los Clash vestida de rosa, como que no queda bien.
Así que tengo una gran responsabilidad, aunque solo sea como mera opinadora. Mi indiecito está tan enajenado de amor que bien es capaz de hacerme caso y yo soy un peligro haciendo compras. Este hombre es un inconsciente. No sabe que a la que se descuide, visto de lagarterana a su preciosa hija, y en lugar de una play, le hago comprar un exin castillos a su nene (con lo que mola¡¡) o el quimicefa, en su defecto...
Confío que le asista un poco de racioncinio e ignore mis consejos porque, para mí, todos los niños del mundo tienen como edad máxima 8 años y me los imagino en una piscina de bolas de colores y yo con ellos, revolcándome, coletas incluidas. Aunque me repita una y otra vez que tienen 16 y 14, yo los veo en mi cabeza jugando con el lego, el tente, barriguitas y el exin castillos (de mis favoritos) y viendo la abeja maya, por supuesto. Me obnubilo. Y lo peor es que yo me vuelvo niña comprando juguetes y todo lo quiero probar.
Soy un peligro en el toys´ r´ us (esto está demostrado científicamente), se me iluminan los ojos y empiezo a corretar por los pasillos dando grititos de emoción y repitiendo "me lo compras? si? vengaaaaaaa...por faa..". Lo peor es que lo consigo, claro que tengo mis métodos. Mi hermana (pequeña) una vez cometió la estupidez de llevarme a una juguetería y yo no dejé de dar el coñazo hasta que me regaló un tamagotchi, y me lo compró porque se sentía avergonzada cuando la amenacé que me tiraría al suelo berreando por mi juguetito. Y sabe que soy muy capaz. No paré hasta verlo morir varias veces, le gasté la pila a base de muertes inducidas. Yo tenía como 25 años.
Así que más le vale no llevarme a la sección de 0 a 12 años, porque la lío, que me veo venir. Y al final, la única que sale con regalos, soy yo. Que todo lo discreta y prudente que soy habitualmente cuando me dice "mi amor, te voy a comprar... " y yo le digo que no se moleste, que no es necesario, que me mima demasiado, se me olvida en la sección de niños del Ikea, del Imaginarium o similares y se me escapa el "jooooooo..yo quierooooooo" con ojitos ansiosos y plañideros.
Creo que le voy a defender de mí. Le voy a llamar y advertirle antes de que piense que en lugar de una novia inteligente, madura, responsable y encantadora, tiene un ser caprichoso y demasiado alto para ser su hija postiza que amenaza su visa con compras absurdas.
Y por cierto, si alguno me quiere llevar de asesora de juguetes para sus compras navideñas, me apunto, solo que ya saben que me llevo comisión en especie.
Esto me retrotrae a mi infancia, en la que "sufrí" a un madrastra que se empeñaba en vestirme de señorita en mi momento más punk. Y escuchar a Siouxie and the Banshees o a los Clash vestida de rosa, como que no queda bien.
Así que tengo una gran responsabilidad, aunque solo sea como mera opinadora. Mi indiecito está tan enajenado de amor que bien es capaz de hacerme caso y yo soy un peligro haciendo compras. Este hombre es un inconsciente. No sabe que a la que se descuide, visto de lagarterana a su preciosa hija, y en lugar de una play, le hago comprar un exin castillos a su nene (con lo que mola¡¡) o el quimicefa, en su defecto...
Confío que le asista un poco de racioncinio e ignore mis consejos porque, para mí, todos los niños del mundo tienen como edad máxima 8 años y me los imagino en una piscina de bolas de colores y yo con ellos, revolcándome, coletas incluidas. Aunque me repita una y otra vez que tienen 16 y 14, yo los veo en mi cabeza jugando con el lego, el tente, barriguitas y el exin castillos (de mis favoritos) y viendo la abeja maya, por supuesto. Me obnubilo. Y lo peor es que yo me vuelvo niña comprando juguetes y todo lo quiero probar.
Soy un peligro en el toys´ r´ us (esto está demostrado científicamente), se me iluminan los ojos y empiezo a corretar por los pasillos dando grititos de emoción y repitiendo "me lo compras? si? vengaaaaaaa...por faa..". Lo peor es que lo consigo, claro que tengo mis métodos. Mi hermana (pequeña) una vez cometió la estupidez de llevarme a una juguetería y yo no dejé de dar el coñazo hasta que me regaló un tamagotchi, y me lo compró porque se sentía avergonzada cuando la amenacé que me tiraría al suelo berreando por mi juguetito. Y sabe que soy muy capaz. No paré hasta verlo morir varias veces, le gasté la pila a base de muertes inducidas. Yo tenía como 25 años.
Así que más le vale no llevarme a la sección de 0 a 12 años, porque la lío, que me veo venir. Y al final, la única que sale con regalos, soy yo. Que todo lo discreta y prudente que soy habitualmente cuando me dice "mi amor, te voy a comprar... " y yo le digo que no se moleste, que no es necesario, que me mima demasiado, se me olvida en la sección de niños del Ikea, del Imaginarium o similares y se me escapa el "jooooooo..yo quierooooooo" con ojitos ansiosos y plañideros.
Creo que le voy a defender de mí. Le voy a llamar y advertirle antes de que piense que en lugar de una novia inteligente, madura, responsable y encantadora, tiene un ser caprichoso y demasiado alto para ser su hija postiza que amenaza su visa con compras absurdas.
Y por cierto, si alguno me quiere llevar de asesora de juguetes para sus compras navideñas, me apunto, solo que ya saben que me llevo comisión en especie.





