Los hombres también dicen NO
Leyendo un blog () me llama mucho la atención su último post en el que comenta algunos de los motivos y excusas por los que una mujer rechaza mantener sexo con un hombre -depilación, regla, dolor de cabeza, etc.- y afirma que no se le ocurre ninguno por el que un hombre rechace a una mujer. Quiere decir, supongo, que a ella nunca la han rechazado, ni a ella ni a ninguna mujer que ella conozca, lo que ya me parece bastante sorprendente.
Pide que la sugieran excusas o motivos que usan los hombres para evadir estas "actividades". He leído sus comentarios y hasta este momento no he encontrado la menor mención al primer motivo que me ha venido a la cabeza: el miedo.
Y la verdad, me he quedado un poco sacada de onda. No sé cómo sea Thelma y su entorno, pero si se cómo soy yo y el mío. Y en mi mundo, que pequeño no es precisamente, y variadito, un rato, los hombres rechazan a las mujeres. De verdad es esto extraordinario?. A mí me parece algo completamente normal. Lo que no me parece normal es un entorno en el que toooodos los hombres están siempre dispuestos, víctimas de un priapismo permanente, sordos, ciegos y sin capacidad de discernimiento, criterio y elección. No me lo creo, porque, sencillamente, es imposible que todos, todos los hombres, sean imbéciles. Porque hay que ser imbécil para, por el mero hecho de tener una polla, decir sí a todo lo que te pongan por delante, porque un polvo, es un polvo. Sería algo así como que te diera igual comer caviar que comida para perros.
Se que haylos. Algunos tipos pasan tanta hambre que bueno es cualquier lugar donde meterla. Pero no todos, ni siquiera la mayoría, al menos, la mayoría que yo conozco. Y en cualquier caso, los hombres que convierten a las mujeres en vaginas sonrientes cuyo atractivo radica el grado de accesibilidad que estas ofrecen, no me interesan.
Así que yo sí conozco (y he sufrido) a hombres que rechazan proposiciones sexuales de mujeres. Y sin trampa. Mujeres normales, atractivas, agradables, proponiendo una noche de sexo divertido y sin compromiso. Y ellos dicen NO. Motivos puede haber muchos, y todos me parecen válidos, tan válidos como los que nosotras damos. Yo he perdido (porque será una pérdida mientras no se demuestre que es un desatre en la cama) unas cuantas oportunidades por los clásicos motivos. Y ellos, a veces, pierden su GRAN NOCHE por el más clásico de los motivos masculinos: el miedo.
Conozco muchos hombres que tienen miedo. Algunos necesitan hablar de ello. Otros lo niegan empecinadamente. Hay de todo. Pero apostaría que al menos en un ochenta y cinco por ciento de las primeras citas (con obvio propósito sexual) de un hombre con una mujer, el tío está mucho más asustado de lo que se atrevería a reconocer bajo tortura. Está el miedo a no gustar lo suficiente como para llegar a la segunda cita, el miedo a no estar a la altura de lo que él cree que son las expectativas de ella, miedo a no ser divertido, ingenioso, inteligente, atractivo, miedo a no tener un polla que mida 25 cms, miedo a tener un gatillazo, miedo a ser demasiado rápido o síndrome de speedy gonzález, miedo a no saber o poder complacerla... miedos varios, miedo, a fin de cuentas. Y es que, hay que reconocerlo, es mucha presión. Los tíos no pueden hacer crecer su polla a voluntad, ni pueden dominar sus erecciones (o la falta de estas) ni pueden aprender a manejar la anatomía femenina leyendo libros la noche anterior. Y algunos, ante esta perspectiva aterradora, ante el tremendo estrés que les causa una aventura que les puede costar horas de psicoanalista, prefieren batirse en retirada.
Acabo de preguntarle a un ejemplar masculino, bastante promiscuo, y con un amplio y nutrido bagage de experiencias sexuales variaditas, si alguna vez ha rechazado una proposición sexual por miedo. Me refiero a mi indiecito hermoso. Y me ha respondido que muchas. Que hay mujeres que dan miedo. Y que él cuando tiene miedo, huye. Como casi todos los tíos del mundo. Algunos se atreven a reconocerlo. La mayoría, no. El cualquier caso, el miedo es un factor a tener en cuenta y un motivo tan válido como no estar depilada.
Yo, personalmente prefiero a un asustadizo que huye ante la perspectiva de pasar una noche loca conmigo que un fantasma pretencioso esclavo de su necesidad de sentirse casanova que colecciona muescas en su cinturón. Puede que me venza mi romanticismo, pero hay algo encantador en un hombre que tiembla ante tí y tartamudea monosílabos incoherentes cuando le susurras al oído que tus sábanas le favorecerían mucho de cintura para abajo. Y aunque no deja de ser frustrante que te digan NO por acción u omisión, siempre ha habido clases, y algunos dejan su pabellón mucho más alto retirándose que lanzándose a un campo de batalla como mercenario, porque les importa más su reputación de folladores que el verdadero sentido de tales encuentros, que es pasarlo bien con alguien en concreto.
Desde luego, no me gusta ser rechazada, a nadie le gusta, pero es parte del juego y es sano aceptar que ocurre. Y algo completamente normal cuando tienes una vida sexual activa, tomas la iniciativa, asumes riesgos y no eres de las que esperas que te saquen a bailar.
De hecho, me cuesta más recordar a todas mis parejas sexuales que a aquellos que me dijeron NO. A esos, seguro, los recordaré siempre.
Pide que la sugieran excusas o motivos que usan los hombres para evadir estas "actividades". He leído sus comentarios y hasta este momento no he encontrado la menor mención al primer motivo que me ha venido a la cabeza: el miedo.
Y la verdad, me he quedado un poco sacada de onda. No sé cómo sea Thelma y su entorno, pero si se cómo soy yo y el mío. Y en mi mundo, que pequeño no es precisamente, y variadito, un rato, los hombres rechazan a las mujeres. De verdad es esto extraordinario?. A mí me parece algo completamente normal. Lo que no me parece normal es un entorno en el que toooodos los hombres están siempre dispuestos, víctimas de un priapismo permanente, sordos, ciegos y sin capacidad de discernimiento, criterio y elección. No me lo creo, porque, sencillamente, es imposible que todos, todos los hombres, sean imbéciles. Porque hay que ser imbécil para, por el mero hecho de tener una polla, decir sí a todo lo que te pongan por delante, porque un polvo, es un polvo. Sería algo así como que te diera igual comer caviar que comida para perros.
Se que haylos. Algunos tipos pasan tanta hambre que bueno es cualquier lugar donde meterla. Pero no todos, ni siquiera la mayoría, al menos, la mayoría que yo conozco. Y en cualquier caso, los hombres que convierten a las mujeres en vaginas sonrientes cuyo atractivo radica el grado de accesibilidad que estas ofrecen, no me interesan.
Así que yo sí conozco (y he sufrido) a hombres que rechazan proposiciones sexuales de mujeres. Y sin trampa. Mujeres normales, atractivas, agradables, proponiendo una noche de sexo divertido y sin compromiso. Y ellos dicen NO. Motivos puede haber muchos, y todos me parecen válidos, tan válidos como los que nosotras damos. Yo he perdido (porque será una pérdida mientras no se demuestre que es un desatre en la cama) unas cuantas oportunidades por los clásicos motivos. Y ellos, a veces, pierden su GRAN NOCHE por el más clásico de los motivos masculinos: el miedo.
Conozco muchos hombres que tienen miedo. Algunos necesitan hablar de ello. Otros lo niegan empecinadamente. Hay de todo. Pero apostaría que al menos en un ochenta y cinco por ciento de las primeras citas (con obvio propósito sexual) de un hombre con una mujer, el tío está mucho más asustado de lo que se atrevería a reconocer bajo tortura. Está el miedo a no gustar lo suficiente como para llegar a la segunda cita, el miedo a no estar a la altura de lo que él cree que son las expectativas de ella, miedo a no ser divertido, ingenioso, inteligente, atractivo, miedo a no tener un polla que mida 25 cms, miedo a tener un gatillazo, miedo a ser demasiado rápido o síndrome de speedy gonzález, miedo a no saber o poder complacerla... miedos varios, miedo, a fin de cuentas. Y es que, hay que reconocerlo, es mucha presión. Los tíos no pueden hacer crecer su polla a voluntad, ni pueden dominar sus erecciones (o la falta de estas) ni pueden aprender a manejar la anatomía femenina leyendo libros la noche anterior. Y algunos, ante esta perspectiva aterradora, ante el tremendo estrés que les causa una aventura que les puede costar horas de psicoanalista, prefieren batirse en retirada.
Acabo de preguntarle a un ejemplar masculino, bastante promiscuo, y con un amplio y nutrido bagage de experiencias sexuales variaditas, si alguna vez ha rechazado una proposición sexual por miedo. Me refiero a mi indiecito hermoso. Y me ha respondido que muchas. Que hay mujeres que dan miedo. Y que él cuando tiene miedo, huye. Como casi todos los tíos del mundo. Algunos se atreven a reconocerlo. La mayoría, no. El cualquier caso, el miedo es un factor a tener en cuenta y un motivo tan válido como no estar depilada.
Yo, personalmente prefiero a un asustadizo que huye ante la perspectiva de pasar una noche loca conmigo que un fantasma pretencioso esclavo de su necesidad de sentirse casanova que colecciona muescas en su cinturón. Puede que me venza mi romanticismo, pero hay algo encantador en un hombre que tiembla ante tí y tartamudea monosílabos incoherentes cuando le susurras al oído que tus sábanas le favorecerían mucho de cintura para abajo. Y aunque no deja de ser frustrante que te digan NO por acción u omisión, siempre ha habido clases, y algunos dejan su pabellón mucho más alto retirándose que lanzándose a un campo de batalla como mercenario, porque les importa más su reputación de folladores que el verdadero sentido de tales encuentros, que es pasarlo bien con alguien en concreto.
Desde luego, no me gusta ser rechazada, a nadie le gusta, pero es parte del juego y es sano aceptar que ocurre. Y algo completamente normal cuando tienes una vida sexual activa, tomas la iniciativa, asumes riesgos y no eres de las que esperas que te saquen a bailar.
De hecho, me cuesta más recordar a todas mis parejas sexuales que a aquellos que me dijeron NO. A esos, seguro, los recordaré siempre.
Catarro
Estoy resfriada. Uno de esos catarros post navideños que te confinan en la cama un par de días, con dos edredones sobre tu cuerpecillo tembloroso, muchas sopitas calientes, montañas de pañuelos de papel y voz de pato cuando te llama tu jefe para preguntar si te vas a morir o te prepara la nómina. Hombre, ahora mismo, me pilla fatal morirme porque tengo una boda en noviembre en Culiacán y si no voy de cuerpo presente, me lo van a tomar a mal. Y aunque estar muerto en México no es excusa para no celebrar el matrimonio de una amiga, ya se sabe que los fantasmas españoles son más bien tristes. Y una no puede ir con su pena castellana y su languidez mortuoria, por más elegante que sea, a bailar canciones norteñas sin que desentone. Así que la pelona tendrá que esperar a que me lleve la chingada en otro momento. Que traducido a lo terrenal viene a decir "jefe, afloja la mosca que me queda cuerda para rato".
Lo único que hago es leer y quedarme dormida. Poner una peli y quedarme dormida a la mitad. Comer lo que me prepara mi indiecito hermoso y quedarme dormida. Dejarme cuidar. "Ye te toca", dice él. Pos sí, es verdad. Ya me estaba tocando que alguien pensara en mí más que en él. Y me quedo dormida, tan pichi.
Lo único que hago es leer y quedarme dormida. Poner una peli y quedarme dormida a la mitad. Comer lo que me prepara mi indiecito hermoso y quedarme dormida. Dejarme cuidar. "Ye te toca", dice él. Pos sí, es verdad. Ya me estaba tocando que alguien pensara en mí más que en él. Y me quedo dormida, tan pichi.
Y al fin regresó... como rey mago bronceado en el Caribe
¿Qué hacer cuando regresa tu amorcito tras un larguísimo mes de espera?: no salir de la cama en varios días... pues eso hice yo. Pretendía ir por él al aeropuerto, pero su vuelo llegaba muy temprano y no podía dejar la oficina, así que pedí la tarde libre (jefe: tengo que ir al hospital con mi mamá...) y quedé con mi poblano en encontrarnos en mi casa. Cuando salí a las dos, sentí que volaba por la calle, tan rápido iba. Abrir la puerta y saber que ya, por fín, está ahí, para quedarse... abrir la puerta y verlo..abrazarlo al fin... su piel perfecta, suave y morena, envolviéndome... sus ojos negros mirándome embelesado... hace falta que siga?.Creo que apenas nos dijimos "hola" y nos fuimos a la cama, de la que salimos a mitad de la tarde para hacer una parada técnica para comer y hacer salir a los reyes magos de las maletas... hago recuento (y seguro algo se me olvida): un libro sobre narcotráfico recién salido de imprenta, un colgante de plata con un pequeño retrato de Frida Kahlo, otra cadena plana de plata que brilla como espejo, unos aros de tamaño perfecto, tres (o cuatro, no recuerdo) cds de narcocorridos, unas cincuenta peliculas (muchas de ellas mexicanas, como por ejemplo "El Santo contra la maldición de las Mujeres Vampiro", auténticas joyas del Kitsch), unas zapatillas monísimas de viaje, la colección completa de una edición especial que ha sacado la marca de cigarrillos "Faro", en pitilleras metálicas con un diseño magnífico y que ya voy presumiendo por todos los bares, una caja de pasteles "Pinguino" -que me zampé en dos días- , una bolsita con "milagros" versión mexicana de nuestros exvotos religiosos, unos vaqueros talla 40 (elásticos, que si no, no quepo) y unas 20 camisetas, a cual más divertida y loca... (me las pienso poner todas, hasta la que dice "yo solo chupo lesbianas").
Tanto regalo es difícil de agradecer de una vez, así que desde el jueves en la tarde, hasta el domingo en la noche, fui regando besos, caricias y felicidad por la morenísima anatomía de mi amorcito, sin prisa pero sin pausa.
Y ayer, por si no hubiera sido bastante todo el despliegue de atenciones que me tiene, me regaló mi primer "Moleskine", del que andaba yo encaprichada desde hacía días. Negro, liso, y pequeño, perfecto para llevar en el bolso. Cuando tome notas en él, me sentiré hermanada con Picasso, o con Heminway... hermanada por un cuaderno histórico, mítico y la mar de chic.
Aunque el mejor regalo de todos, es tenerlo a él...
P.D. Mordandis, cariño, corazón, tesoro... dame un tiempito y te respondo a tu reto.. es que ando de cabeza... o de culo, ya no se..
Al resto... gracias a todos por vuestras palabras de ánimo en la espera, espero ponerme al día pronto y leeros y responderos a todos debidamente.
Besos, besos y cariños...
Dos días y casualidades
El mundo, a veces, es un lugar curioso. Y pequeño, muy pequeño. En la era de la globalización donde todo queda al alcance de un click, el factor humano no deja de soprender.
Estoy acostumbrada a que me ocurran casualidades extraordinarias, pero que me cambien a mi jefe por uno de importación y que en una tarde de charla informal descubramos que ambos compartimos una amiga, es bastante sorprendente.
Y es sorprendente porque a mi amiga La Negra sin Alma, la conocí hace cinco años en una fiesta en la que todo el mundo estaba bastante borracho, en una ciudad del noroeste de México y sólo hablé con ella como media hora. Nunca más la volví a ver. Pero el destino quiso que acabarámos compartiendo un amor y a través del messenger y eventuales llamadas telefónicas a larga distancia, nos convertimos en íntimas y hasta hoy, seguimos en contacto. Es sorprendente porque mi actual jefe proviene de otra ciudad a más de 8 horas de distancia de donde yo conocí a la Negra, pero la casualidad hizo que fuera la ciudad de origen de mi amiga y por azares de la providencia, ambos trabajaron juntos en el mismo periódico y se hicieron amigos. Y es sorprendente que en un país de más de 100 millones de almas tres personas acaben convergiendo en la otra punta del planeta.
Una es sociable y la gusta hacer amigos, pero estoy alucinando: me creo la reina de las relaciones públicas transoceánica.
Aparte de esta curiosidad, las navidades me han traído más sorpresas gratas. Por ejemplo, recibí una llamada hace unos días del primer jefe que tuve en esta empresa, al que adoro y extraño a partes iguales. Me hizo muchísima ilusión sentirme por unos minutos parte de su familia, como cuando estaba aquí, y me hizo sacar a relucir mi mejor acento culichi mientras repasábamos acontecimientos familiares y personales... mi vínculo con él y con su familia fue tan estrecho que por un tiempo fue candidato a convertirse en mi suegro, pues cometió la locura de traer a su hijo de vacaciones a España y el muchachito y yo nos enamoramos perdidamente. En realidad, por culpa de su deseable hijo, yo me convertí en una adicta a México y a los mexicanos y es responsable involuntario de esta esquizofrenia de nacionalidades en la que vivo permanentemente.
Recuerdo que mientras duró el idilio con su adorable hijo, estrenaron en España "Amores Perros", película fetiche para mí y que Perfidia (gracias, mi niña) me regaló hace poco, sabedora de lo que me representa. Pues anoche acudí invitada por mamá gallina a la inauguración de un nuevo restaurante mexicano -estupendamente decorado- y me presentó a una de las actrices que protagonizó la cinta... Para los que hayan visto la peli, afortunadamente, no se trataba de la actriz que encarnaba el papel de Susana (amante de Octavio, Gael García Bernal), porque si llega a ser ella, la pateo la cabeza. Es que la historia de Octavio y Susana me traumatizó, y para superar las lágrimas, tuve que verla tres veces seguidas. Aunque cuando escucho "Lucha de Gigantes" de Antonio Vega, aún hoy, se me altera el pulso.
Por cierto que cené estupendamente, tomamos rica cerveza mexicana (hasta tenían Nochebuena) y me deleité generosamente con la mera visión de lindos camareros y otros asistentes a la fiesta la mar de guapetones, que aumentaron más aún mi apetito lúbrico... y es que guardar ausencias a mi indiecito está siendo muy duro.
Pero cuando hablo con él y me dice y me repite que sólo tiene ojos para mí, cuando se enoja porque le doy carta blanca para que se divierta como mejor le parezca sin ponerle trabas a nada porque dice que el sexo sólo tiene sentido conmigo, cuando se que sufre cada noche que salgo (prácticamente todas) porque tiene miedo que me apetezca otro hombre que no sea él... pues me meto en la cama, sola, cierro los ojos y pienso que nada más me quedan dos días para tenerle enredado en mi cuerpo, haciéndome feliz...
Eso sí, sobre los sueños, no tengo control alguno...
Estoy acostumbrada a que me ocurran casualidades extraordinarias, pero que me cambien a mi jefe por uno de importación y que en una tarde de charla informal descubramos que ambos compartimos una amiga, es bastante sorprendente.
Y es sorprendente porque a mi amiga La Negra sin Alma, la conocí hace cinco años en una fiesta en la que todo el mundo estaba bastante borracho, en una ciudad del noroeste de México y sólo hablé con ella como media hora. Nunca más la volví a ver. Pero el destino quiso que acabarámos compartiendo un amor y a través del messenger y eventuales llamadas telefónicas a larga distancia, nos convertimos en íntimas y hasta hoy, seguimos en contacto. Es sorprendente porque mi actual jefe proviene de otra ciudad a más de 8 horas de distancia de donde yo conocí a la Negra, pero la casualidad hizo que fuera la ciudad de origen de mi amiga y por azares de la providencia, ambos trabajaron juntos en el mismo periódico y se hicieron amigos. Y es sorprendente que en un país de más de 100 millones de almas tres personas acaben convergiendo en la otra punta del planeta.
Una es sociable y la gusta hacer amigos, pero estoy alucinando: me creo la reina de las relaciones públicas transoceánica.
Aparte de esta curiosidad, las navidades me han traído más sorpresas gratas. Por ejemplo, recibí una llamada hace unos días del primer jefe que tuve en esta empresa, al que adoro y extraño a partes iguales. Me hizo muchísima ilusión sentirme por unos minutos parte de su familia, como cuando estaba aquí, y me hizo sacar a relucir mi mejor acento culichi mientras repasábamos acontecimientos familiares y personales... mi vínculo con él y con su familia fue tan estrecho que por un tiempo fue candidato a convertirse en mi suegro, pues cometió la locura de traer a su hijo de vacaciones a España y el muchachito y yo nos enamoramos perdidamente. En realidad, por culpa de su deseable hijo, yo me convertí en una adicta a México y a los mexicanos y es responsable involuntario de esta esquizofrenia de nacionalidades en la que vivo permanentemente.
Recuerdo que mientras duró el idilio con su adorable hijo, estrenaron en España "Amores Perros", película fetiche para mí y que Perfidia (gracias, mi niña) me regaló hace poco, sabedora de lo que me representa. Pues anoche acudí invitada por mamá gallina a la inauguración de un nuevo restaurante mexicano -estupendamente decorado- y me presentó a una de las actrices que protagonizó la cinta... Para los que hayan visto la peli, afortunadamente, no se trataba de la actriz que encarnaba el papel de Susana (amante de Octavio, Gael García Bernal), porque si llega a ser ella, la pateo la cabeza. Es que la historia de Octavio y Susana me traumatizó, y para superar las lágrimas, tuve que verla tres veces seguidas. Aunque cuando escucho "Lucha de Gigantes" de Antonio Vega, aún hoy, se me altera el pulso.
Por cierto que cené estupendamente, tomamos rica cerveza mexicana (hasta tenían Nochebuena) y me deleité generosamente con la mera visión de lindos camareros y otros asistentes a la fiesta la mar de guapetones, que aumentaron más aún mi apetito lúbrico... y es que guardar ausencias a mi indiecito está siendo muy duro.
Pero cuando hablo con él y me dice y me repite que sólo tiene ojos para mí, cuando se enoja porque le doy carta blanca para que se divierta como mejor le parezca sin ponerle trabas a nada porque dice que el sexo sólo tiene sentido conmigo, cuando se que sufre cada noche que salgo (prácticamente todas) porque tiene miedo que me apetezca otro hombre que no sea él... pues me meto en la cama, sola, cierro los ojos y pienso que nada más me quedan dos días para tenerle enredado en mi cuerpo, haciéndome feliz...
Eso sí, sobre los sueños, no tengo control alguno...
fútbol y fidelidad
Esta es una de las camisetas que he pedido a los reyes magos (AKA, el poblano), para animar a la selección de México en el mundial. A mí no me gusta el fútbol, ni lo entiendo, pero sí soy capaz de ver un partido, siempre y cuando juegue México. Y no es por el juego, porque si me toca verlo a solas en mi casa, paso ampliamente. Pero cuando México juega en algún evento que se vea en España, a los mexicanos les entra el patriotismo pero bien cabrón, se juntan hechos bola, se plantan las baderas de México pintadas en la cara, de capa a lo supermán y hasta en los calzones y toman por asalto algún bar o restaurante donde acaban con las reservas de cerveza en lo que ven el partido, y lo más probable es que terminen cantando alguna ranchera... a lo que yo, me apunto.
Yo no entiendo el juego pero me gusta la fiesta y si es con mexis, mucho mejor. Y si el que mete un gol, es norteño, ya es que me muero de gusto... Yo voy por las cervezas, por las canciones, por las risas, por los albures y porque siempre puede haber un mexicanito lindo al que hacer ojitos...
Creo que se me empieza a notar el síndrome de abstinencia (y no me refiero al del tabaco). Anoche me llamó chacal para quedar, en su habitual estilo de: "es que no se si mañana he quedado con un pibe por la noche, por la tarde, por la mañana así que cuando sepa te llamo, o si no, pasado a comer, aunque tampoco se si he quedado, porque si no me lío, entonces te llamo y si no quedo, pues quedamos", vamos, que no hay quién se entere de cuándo se puede ver al chacal in person. La cosa es que, yo diría que sin venir a cuento, me soltó un "se fiel a tu indio". Joder, pero si le soy fiel. Lo juro.
Pero el chacal, me lo dijo y me lo repitió como una recomendación-advertencia, la mar de paternalista y tierna, porque aunque se que me quiere un huevo este cabrón, se que aprecia mucho a mi indiecito y no quiere que me lo chingue. Que noooo, que voy a ser muy buena. (Creo).
Esta mañana mi favorito me marca y tres cuartos de lo mismo. Que te portes bien, que no hagas tonterías. Joder. Pero qué mala fama tengo. Y hay que joderse lo bien que le cae a todo el mundo mi poblano, que mis amigos, en lugar de apoyarme a mí, van y me llaman al orden. Esto es increíble, señores. Se me revolucionan los colegas y se alinean con mi futuro ex-marido.
Ninguno se muestra preocupado por lo que andará él haciendo allí, ni se pregunta si él me es fiel a mí o no, como si fuera del todo imposible que mi poblano pudiera acercarse a otra mujer que no fuera yo. Dan por sentado que él es un santo varón y que la única que se mete en líos, soy yo. Vale, seguramente es cierto, pero hombreeee... qué poca confianza me tienen...Pues nada, chicos, tranquilos, que soy fiel.
Ahora, que cuando me vista con la camiseta de la Seletsión Nacional (jugamos como nunca, perdemos como siempre¡¡) y algún mexicanito me quiera cantar un corrido al oído.... Ja¡ no se preocupen, que será mi poblanito hermoso, o qué pensaban? que le voy a ser infiel?...malpensados....
Feliz año¡¡¡
Sobre las nueve y media, entraba en la casa de mamá gallina con dos bolsas de caprichitos culinarios para celebrar la nochevieja. En el metro, decenas de parejitas, se dirigían a alguna parte con sus trajes recien estrenados, sus tacones (ellas) y sus bufandas a lo play-boy (ellos). Yo, con una falda vaquera, ponía cara de "no, si yo ahora me cambio y me pongo de tiros largos también" que no me convencía ni a mí misma. En el fondo, me alegra haber superado la fase de disfrazarme de princesita por una noche, porque lo soy a diario (aún en falda vaquera).
Por la tarde, cuando salí a comprar el huevo hilado y el salmón, me regalé algo de lencería pensando en las noches que me esperan en cuanto regrese mi poblano. Y mi favorito es un conjunto de culotte y top gris antracita con lentejuelas plateadas mates, que me queda de escándalo. Se va volver loco cuando me tenga en su cama vestida de corista de interiores. Qué pena que no se cantar.
Cenamos como reyes y bebimos como merecíamos, sobre todo porque el vino lo habíamos "sustraído" de los regalos de la oficina, lo que le da un sabor especial. El teléfono fue el absoluto protagonista. Nos entró una fiebre por llamar a todo el mundo que, no os queda duda, gran parte del colapso de líneas que hubo, fue culpa nuestra. Entre contestar los mensajes que recibía, las llamadas y los que envié yo, por poco me pierdo las uvas. Y eso que yo no las tomo, pero aquí, mis anfitriones, como no eran españoles, si no les explico, se adelantan con los traicioneros cuartos. Así que ahí estaba yo, marcando los tiempos y luchando con mamá gallina porque no le diera el ataque de risa que amenazaba...fue inútil, en la uva número ocho, se soltó a carcajadas y no pudo terminar como manda la tradición. Y encima con la presión de D. que la explicó que por cada uva tenía que pedir un deseo, bastante es ya que te las tragues a tiempo como para imaginar un deseo por cada una, pues claro, la pobre yo creo que se imaginó a su extinto (exnovio reciente) en alguna vergonzosa actitud, y se atragantó de la risa... por eso no las tomo yo, no vaya a ser que algún rencoroso me imagine con la uva atorada en mi garganta y le vaya a cumplir el deseo. Que se quede con las ganas.
Yo, las pocas veces que he pasado la nochevieja lejos de mi madre, la primera llamada que recibo o hago es la suya. Pues bien, a eso de las once de la noche, recibo un mensaje de mi poblano, adelantándose al colapso telefónico, y deseándome feliz año. Así que no contaba con su llamada. Pero me equivoqué. No habrían pasado 5 segundos de las doce campanadas y ahí estaba sonando mi móvil...
- Mi amor..
- Mi vida... qué puntualidad...
- Interrumpo los abrazos?
- Pues ni tiempo a levantarme de la mesa me has dado, pero cariño, que esperen... (gritos de mamá gallina, ayyyy, felicítalo de mi parteeeeeee...) oyes, no? a este lado del mundo, ya estamos en el 2006...
- Y yo estoy en la playa, esperando para comer, pero quería ser el primero en felicitarte... no sabes cuánto te extraño...quiero estar contigo este año que entra, y muchos, muchos más..
A mí las promesas estas de "contigo, pá siempre" hace rato que me causan un escepticismo tamaño trasantlántico, pero en navidad me vuelvo loca y digo que sí a todo, sobre todo si me pillan con dos copas de vino de más. Quiero a todo el mundo y encima, se lo digo. Pero es que mi poblano es muy convincente, y el hecho de que tuviera el reloj sincronizado con el de la Puerta del Sol y estuviera pegado a él para que entrara su llamada justo a tiempo para ser la primera, y que lo que una escucha recién estrenado el nuevo año es que te van a querer y mimar más aún si cabe, pues conmueve a un cocodrilo, no digais que no...
Y yo estoy la mar de rendida. Lleva 19 días en la otra punta del mundo (o casi) y no ha habido un solo día que me haya sentido sola. Todos los días ha estado cerca de mí de una u otra forma, se las arregla para escribirme, llamarme, enviarme mensajes o todo a la vez para hacerme saber lo mucho que me quiere, así se tenga que levantar en la madrugada o subirse a una palmera por aquello de la cobertura, todo por estar a mi lado. Hasta rentó una suburban de vidrios polarizados y lo primero que pensó es en lo feliz que me haría estar subida en ella rumbo a Sonora, con escapulario de Malverde colgando del espejo incluído, escuchando a los Tucanes de Tijuana a toda pastilla. Y se ríe, al otro lado de la línea telefónica, imaginándome con él allá, en su tierra, que también es un poco mía, prometiendo llevarme.
Su llamada me dejó un dulce sabor que aún perdura, incluso a estas horas, en las que le supongo durmiendo aún los excesos de la noche anterior. Ojalá y me cuele en su sueño y pueda así ovillarme entre sus brazos y que me sienta dormida junto a él, como se que desea. Ojalá y cuando despierte, sepa que estuve allí, con él, que besé sus cabellos negros y sus ojos oscuros y velé por él. Ojalá y cuando se esté duchando, encuentre el rastro de mi olor sobre su piel y sonría al saberme cerca.
Quedan 10 días...
Por la tarde, cuando salí a comprar el huevo hilado y el salmón, me regalé algo de lencería pensando en las noches que me esperan en cuanto regrese mi poblano. Y mi favorito es un conjunto de culotte y top gris antracita con lentejuelas plateadas mates, que me queda de escándalo. Se va volver loco cuando me tenga en su cama vestida de corista de interiores. Qué pena que no se cantar.
Cenamos como reyes y bebimos como merecíamos, sobre todo porque el vino lo habíamos "sustraído" de los regalos de la oficina, lo que le da un sabor especial. El teléfono fue el absoluto protagonista. Nos entró una fiebre por llamar a todo el mundo que, no os queda duda, gran parte del colapso de líneas que hubo, fue culpa nuestra. Entre contestar los mensajes que recibía, las llamadas y los que envié yo, por poco me pierdo las uvas. Y eso que yo no las tomo, pero aquí, mis anfitriones, como no eran españoles, si no les explico, se adelantan con los traicioneros cuartos. Así que ahí estaba yo, marcando los tiempos y luchando con mamá gallina porque no le diera el ataque de risa que amenazaba...fue inútil, en la uva número ocho, se soltó a carcajadas y no pudo terminar como manda la tradición. Y encima con la presión de D. que la explicó que por cada uva tenía que pedir un deseo, bastante es ya que te las tragues a tiempo como para imaginar un deseo por cada una, pues claro, la pobre yo creo que se imaginó a su extinto (exnovio reciente) en alguna vergonzosa actitud, y se atragantó de la risa... por eso no las tomo yo, no vaya a ser que algún rencoroso me imagine con la uva atorada en mi garganta y le vaya a cumplir el deseo. Que se quede con las ganas.
Yo, las pocas veces que he pasado la nochevieja lejos de mi madre, la primera llamada que recibo o hago es la suya. Pues bien, a eso de las once de la noche, recibo un mensaje de mi poblano, adelantándose al colapso telefónico, y deseándome feliz año. Así que no contaba con su llamada. Pero me equivoqué. No habrían pasado 5 segundos de las doce campanadas y ahí estaba sonando mi móvil...
- Mi amor..
- Mi vida... qué puntualidad...
- Interrumpo los abrazos?
- Pues ni tiempo a levantarme de la mesa me has dado, pero cariño, que esperen... (gritos de mamá gallina, ayyyy, felicítalo de mi parteeeeeee...) oyes, no? a este lado del mundo, ya estamos en el 2006...
- Y yo estoy en la playa, esperando para comer, pero quería ser el primero en felicitarte... no sabes cuánto te extraño...quiero estar contigo este año que entra, y muchos, muchos más..
A mí las promesas estas de "contigo, pá siempre" hace rato que me causan un escepticismo tamaño trasantlántico, pero en navidad me vuelvo loca y digo que sí a todo, sobre todo si me pillan con dos copas de vino de más. Quiero a todo el mundo y encima, se lo digo. Pero es que mi poblano es muy convincente, y el hecho de que tuviera el reloj sincronizado con el de la Puerta del Sol y estuviera pegado a él para que entrara su llamada justo a tiempo para ser la primera, y que lo que una escucha recién estrenado el nuevo año es que te van a querer y mimar más aún si cabe, pues conmueve a un cocodrilo, no digais que no...
Y yo estoy la mar de rendida. Lleva 19 días en la otra punta del mundo (o casi) y no ha habido un solo día que me haya sentido sola. Todos los días ha estado cerca de mí de una u otra forma, se las arregla para escribirme, llamarme, enviarme mensajes o todo a la vez para hacerme saber lo mucho que me quiere, así se tenga que levantar en la madrugada o subirse a una palmera por aquello de la cobertura, todo por estar a mi lado. Hasta rentó una suburban de vidrios polarizados y lo primero que pensó es en lo feliz que me haría estar subida en ella rumbo a Sonora, con escapulario de Malverde colgando del espejo incluído, escuchando a los Tucanes de Tijuana a toda pastilla. Y se ríe, al otro lado de la línea telefónica, imaginándome con él allá, en su tierra, que también es un poco mía, prometiendo llevarme.
Su llamada me dejó un dulce sabor que aún perdura, incluso a estas horas, en las que le supongo durmiendo aún los excesos de la noche anterior. Ojalá y me cuele en su sueño y pueda así ovillarme entre sus brazos y que me sienta dormida junto a él, como se que desea. Ojalá y cuando despierte, sepa que estuve allí, con él, que besé sus cabellos negros y sus ojos oscuros y velé por él. Ojalá y cuando se esté duchando, encuentre el rastro de mi olor sobre su piel y sonría al saberme cerca.
Quedan 10 días...





