Una de perros
Hoy voy a contar una historia que nos sucedió a cuatro amigos españoles que un día decidieron irse juntos de vacaciones a México. Carlos, Chacal, su novia la Chacala, y esta que os quiere, volaron al otro lado del Atlántico, dispuestos a descubrir los misterios del país azteca. Como todos los viajes que duran más de una hora, pasan cosas. Muchas. Y nosotros no íbamos a ser menos. Ya el hecho de juntarnos los cuatro para viajar, debía haberme preparado para cualquier cosa.
Pero una nunca imagina que puede morir devorada por una jauría de perros salvajes. Eso no viene en las guías.
Oaxaca. Carretera y manta, y hala, vamos a Hierve el Agua. Me gustaría decir que es un pueblo pero pues no. Hierve el Agua son unas piscinas naturales de aguas sulfurosos, con cataratas y todo, y como toda catarata que se precie, adornan precipicios. Las carreteras en Oaxaca son lo más parecido a lo que yo supongo debe ser la carretera al infierno. Llenas de curvas, montañas, desprendimientos, llueve sin la menor compasión, sin indicaciones claras. Vamos, que no les falta de nada para hacerte desistir, darte la vuelta y no parar hasta Benidorm. Pero éramos unos jóvenes aventureros y no nos íbamos a rendir fácilmente. Así que llegamos de noche a nuestro paraíso acuático. Viajar de noche en México por carreteras comarcales da una dosis extra de peligro y cuando llegamos, al fin, al recinto donde se ubican las piscinas, respiramos aliviados de haber sobrevivido al camino. Qué ingenuos.
El guarda del recinto nos entregó una llave de la cabaña que teníamos reservada. Y se piró, dejándonos más solos que la una en aquel lugar perdido de la mano de dios, y sin un vecino al que pedir sal. Optimistas aún, fuimos a inspeccionar nuestro alojamiento. Por fuera, las cabañas molaban, de maderita y tal, muy chulas con su porche y a cinco metros escasos de un abismo abismal, pero abismal de infarto. Yo tengo vértigo así que me limité a mirar (vamos, hacía que miraba porque apenas se veía nada) desde el porche, pero se adivinaba el fin del mundo justo enfrente. Y abrimos la puerta. Madre mía del amor hermoso, qué cantidad de mierda había allí acumulada. Yo creo que debajo de las literas estaban los cascotes de la construcción. La chacala y yo tuvimos un conato de ataque de nervios ante la aterradora perspectiva de tener que meternos a domir ahí, pero fuera hacía un frío que pelaba, así que... valor¡¡. Había sábanas, y hasta mantas, pero con vida propia, se movían y todo. El baño... inenarrable. El espejo era una suposición, porque era completamente marrón. Y opaco. Ya para qué vamos a ver las duchas y el váter. Al campo, como en el pueblo en tiempos de la abuela. No nos extrañó que el guarda saliera como alma que lleva el diablo, no fuera que le pidiéramos asilo en su landrover.
Y encima nos moríamos de hambre. Con un par de huevos, dimos un paseo a la aldea más cercana, a buscar algo que comer. Al principio había un caminito de terracería, y más o menos veíamos por dónde pisábamos, pero pronto el caminito se convirtió en una suerte de cauce seco de un río con muy mala leche, llenito de tropezones. Agarraditos de la mano y encomendándonos a la Vírgen de Guadalupe para no accidentarnos demasiado, conseguimos llegar a la aldea, que para mí, no tenía ni nombre, tan chica era. Cuatro casas, una plaza de cemento armado, y una banda municipal tocando y caminado al son de la música en círculos, hasta que llegamos nosotros y nos empezaron a seguir. Era bastante surrealista tener hambre, no ver ni torta, y ser perseguidos por una banda municipal tocando rancheras. Como el flautista de Hammelin, pero a la mexicana. Un vecino amable nos indicó que en una de las casas podríamos comprar algo de comer y ahí que fuimos, soñando con ricas tortas con su quesito, su lechuguita y su res deshebrada, pero la realidad es cruel y sólo había doritos. Eso sí, unos 25 tipos de doritos, que ya quisiera el corteinglés esa variedad. Doritos rancheros, doritos picantes, doritos diablo, doritos extra-picantes, doritos con chile cabrón, doritos cabreados... salimos de allí con una bolsa extra-large llenita de doritos y de la mano otra vez, haciendo el camino de vuelta. Un poco más animados ante la idea de comer, aunque fueran los pinches doritos.
Conseguimos llegar sin rompernos una pierna y dejamos la bolsa gigante en el porche. Nos sentamos ahí, a la fresca, que era mucha pero más grande era nuestro respeto por la mierda de dentro, y empezamos a comer. Con el primer "crunch" del dorito, aparece un perro de la nada, se sitúa a unos dos metros del Chacal y nos mira con cara de pena. Tratamos de ignorarlo, pero el perro ponía mucha cara de pena. El chacal, que era una buena persona (hasta ese momento), se dejó conmover:
- Pobre chucho, dijo, tiene una pinta de famélico... este no ha comido desde hace días.
- No se te ocurra darle nada, que se nos pega, respondió alguien (también conmovido pero más sabio).
- Es que mírarle - el perro poniendo ojitos- está muerto de hambre¡¡
Y entonces, lo dijo, la frase fatal:
- Voy a darle un dorito...
Y que se lo avienta al pinche perro. El chucho, claro, con un dorito ni pa´una muela. Empieza a menear el rabito, pidiendo más. Y el Chacal, que seguía siendo bueno, que le lanza unos cuantos. El perrito que va tomando confianza y que se acerca, así, como exigiendo. Y Chacal que se empieza a dar cuenta que la ha fastidiado, le regala una bolsa entera de doritos diablo (que no había español decente que fuera capaz de comerse eso sin una UVI cerca) y pues p´al perro. Doritos diablo+perro oaxaqueño = perro con úlcera que avisa a sus amigos. Que el chucho se pone a ladrar como descosido. Y que desde el abismo, le responden sus colegas. Uyuyuyyy.. que esto se empieza a poner feo. Chacala, Carlos y yo, que nos incorporamos acercándonos a la puerta. El perro, aullando. Los otros congéneres, respondiendo a la llamada. El chacal, con otra bolsa de doritos diablo, transformándose en mucho menos buena persona, tomando decisiones transcendentes.
- Qué coño¡¡ esto lo arreglo yo en un pispas... ahora mismo lanzo al barranco la bolsa de doritos y el perro, como está muerto de hambre, se va a ir detrás y solucionado...
La chacala, el Carlos y servidora, hechos un bloque, abriendo la puerta, acojonados, tratamos de hacerle desistir de la "genial" idea y que entre en la cabaña, que esto va a terminar mal... Chacal, ya definitivamente convertido en Mr. Hyde, que arroja cual bateador profesional, la bolsa de doritos al barranco, el perro que sigue la trayectoria de la bolsa con la cabeza, el chacal que mira al chucho esperando el salto mortal, el chucho que mira a chacal enseñando los dientes, mosqueado. Ahora sí que sí, la hemos cagado... Chucho hace la última llamada y que sus amiguitos llegan en manada. Retecabreados, a ver si unos turistas gachupines de mierda nos van a tomar el pelo...
Dejamos las bolsas en el porche y marica el último para atrincherarnos en la cabaña, con más miedo que vergüenza. Nos asomamos a las ventanas y ahí estaban, todos los perros salvajes de Oaxaca, ladrando a nuestra cabaña, muertos de hambre y uno con úlcera clamando venganza.
Toda la noche se tiraron los perros ladrando y aullando como locos. Toda la noche rodeados por un montón de perros con pinta de asesinos. Y la bolsa gigante de doritos, sin tocar. Supongo que estaban esperando que nos confiarámos y saliéramos a hacer un pis o algo y atacarnos. Nos veíamos en la portada del "Sol de Oaxaca": turistas pendejos mueren devorados por una jauría a la que qusieron envenenar con doritos diablo. Eso, en el mejor de los casos, porque no había nadie que atestiguara nuestro triste final. Creo que todos hicimos testamento mental esa noche.
Pero al amanecer, misteriosamente, los perros se largaron. Tardamos como una hora en animarnos a salir, porque estábamos convencidos que era una emboscada. Afortunadamente, no eran tan listos, o sí, y encontraron a alguien a quién comerse más accesible.
Nunca lo supimos. Pero desde aquel día, no soporto ver una bolsa de doritos. Y Chacal no tiene perro en Nueva York, donde vive, ahora que espero no se le ocurra darle sushi a un cocodrilo, que este es muy capaz....
Pero una nunca imagina que puede morir devorada por una jauría de perros salvajes. Eso no viene en las guías.
Oaxaca. Carretera y manta, y hala, vamos a Hierve el Agua. Me gustaría decir que es un pueblo pero pues no. Hierve el Agua son unas piscinas naturales de aguas sulfurosos, con cataratas y todo, y como toda catarata que se precie, adornan precipicios. Las carreteras en Oaxaca son lo más parecido a lo que yo supongo debe ser la carretera al infierno. Llenas de curvas, montañas, desprendimientos, llueve sin la menor compasión, sin indicaciones claras. Vamos, que no les falta de nada para hacerte desistir, darte la vuelta y no parar hasta Benidorm. Pero éramos unos jóvenes aventureros y no nos íbamos a rendir fácilmente. Así que llegamos de noche a nuestro paraíso acuático. Viajar de noche en México por carreteras comarcales da una dosis extra de peligro y cuando llegamos, al fin, al recinto donde se ubican las piscinas, respiramos aliviados de haber sobrevivido al camino. Qué ingenuos.
El guarda del recinto nos entregó una llave de la cabaña que teníamos reservada. Y se piró, dejándonos más solos que la una en aquel lugar perdido de la mano de dios, y sin un vecino al que pedir sal. Optimistas aún, fuimos a inspeccionar nuestro alojamiento. Por fuera, las cabañas molaban, de maderita y tal, muy chulas con su porche y a cinco metros escasos de un abismo abismal, pero abismal de infarto. Yo tengo vértigo así que me limité a mirar (vamos, hacía que miraba porque apenas se veía nada) desde el porche, pero se adivinaba el fin del mundo justo enfrente. Y abrimos la puerta. Madre mía del amor hermoso, qué cantidad de mierda había allí acumulada. Yo creo que debajo de las literas estaban los cascotes de la construcción. La chacala y yo tuvimos un conato de ataque de nervios ante la aterradora perspectiva de tener que meternos a domir ahí, pero fuera hacía un frío que pelaba, así que... valor¡¡. Había sábanas, y hasta mantas, pero con vida propia, se movían y todo. El baño... inenarrable. El espejo era una suposición, porque era completamente marrón. Y opaco. Ya para qué vamos a ver las duchas y el váter. Al campo, como en el pueblo en tiempos de la abuela. No nos extrañó que el guarda saliera como alma que lleva el diablo, no fuera que le pidiéramos asilo en su landrover.
Y encima nos moríamos de hambre. Con un par de huevos, dimos un paseo a la aldea más cercana, a buscar algo que comer. Al principio había un caminito de terracería, y más o menos veíamos por dónde pisábamos, pero pronto el caminito se convirtió en una suerte de cauce seco de un río con muy mala leche, llenito de tropezones. Agarraditos de la mano y encomendándonos a la Vírgen de Guadalupe para no accidentarnos demasiado, conseguimos llegar a la aldea, que para mí, no tenía ni nombre, tan chica era. Cuatro casas, una plaza de cemento armado, y una banda municipal tocando y caminado al son de la música en círculos, hasta que llegamos nosotros y nos empezaron a seguir. Era bastante surrealista tener hambre, no ver ni torta, y ser perseguidos por una banda municipal tocando rancheras. Como el flautista de Hammelin, pero a la mexicana. Un vecino amable nos indicó que en una de las casas podríamos comprar algo de comer y ahí que fuimos, soñando con ricas tortas con su quesito, su lechuguita y su res deshebrada, pero la realidad es cruel y sólo había doritos. Eso sí, unos 25 tipos de doritos, que ya quisiera el corteinglés esa variedad. Doritos rancheros, doritos picantes, doritos diablo, doritos extra-picantes, doritos con chile cabrón, doritos cabreados... salimos de allí con una bolsa extra-large llenita de doritos y de la mano otra vez, haciendo el camino de vuelta. Un poco más animados ante la idea de comer, aunque fueran los pinches doritos.
Conseguimos llegar sin rompernos una pierna y dejamos la bolsa gigante en el porche. Nos sentamos ahí, a la fresca, que era mucha pero más grande era nuestro respeto por la mierda de dentro, y empezamos a comer. Con el primer "crunch" del dorito, aparece un perro de la nada, se sitúa a unos dos metros del Chacal y nos mira con cara de pena. Tratamos de ignorarlo, pero el perro ponía mucha cara de pena. El chacal, que era una buena persona (hasta ese momento), se dejó conmover:
- Pobre chucho, dijo, tiene una pinta de famélico... este no ha comido desde hace días.
- No se te ocurra darle nada, que se nos pega, respondió alguien (también conmovido pero más sabio).
- Es que mírarle - el perro poniendo ojitos- está muerto de hambre¡¡
Y entonces, lo dijo, la frase fatal:
- Voy a darle un dorito...
Y que se lo avienta al pinche perro. El chucho, claro, con un dorito ni pa´una muela. Empieza a menear el rabito, pidiendo más. Y el Chacal, que seguía siendo bueno, que le lanza unos cuantos. El perrito que va tomando confianza y que se acerca, así, como exigiendo. Y Chacal que se empieza a dar cuenta que la ha fastidiado, le regala una bolsa entera de doritos diablo (que no había español decente que fuera capaz de comerse eso sin una UVI cerca) y pues p´al perro. Doritos diablo+perro oaxaqueño = perro con úlcera que avisa a sus amigos. Que el chucho se pone a ladrar como descosido. Y que desde el abismo, le responden sus colegas. Uyuyuyyy.. que esto se empieza a poner feo. Chacala, Carlos y yo, que nos incorporamos acercándonos a la puerta. El perro, aullando. Los otros congéneres, respondiendo a la llamada. El chacal, con otra bolsa de doritos diablo, transformándose en mucho menos buena persona, tomando decisiones transcendentes.
- Qué coño¡¡ esto lo arreglo yo en un pispas... ahora mismo lanzo al barranco la bolsa de doritos y el perro, como está muerto de hambre, se va a ir detrás y solucionado...
La chacala, el Carlos y servidora, hechos un bloque, abriendo la puerta, acojonados, tratamos de hacerle desistir de la "genial" idea y que entre en la cabaña, que esto va a terminar mal... Chacal, ya definitivamente convertido en Mr. Hyde, que arroja cual bateador profesional, la bolsa de doritos al barranco, el perro que sigue la trayectoria de la bolsa con la cabeza, el chacal que mira al chucho esperando el salto mortal, el chucho que mira a chacal enseñando los dientes, mosqueado. Ahora sí que sí, la hemos cagado... Chucho hace la última llamada y que sus amiguitos llegan en manada. Retecabreados, a ver si unos turistas gachupines de mierda nos van a tomar el pelo...
Dejamos las bolsas en el porche y marica el último para atrincherarnos en la cabaña, con más miedo que vergüenza. Nos asomamos a las ventanas y ahí estaban, todos los perros salvajes de Oaxaca, ladrando a nuestra cabaña, muertos de hambre y uno con úlcera clamando venganza.
Toda la noche se tiraron los perros ladrando y aullando como locos. Toda la noche rodeados por un montón de perros con pinta de asesinos. Y la bolsa gigante de doritos, sin tocar. Supongo que estaban esperando que nos confiarámos y saliéramos a hacer un pis o algo y atacarnos. Nos veíamos en la portada del "Sol de Oaxaca": turistas pendejos mueren devorados por una jauría a la que qusieron envenenar con doritos diablo. Eso, en el mejor de los casos, porque no había nadie que atestiguara nuestro triste final. Creo que todos hicimos testamento mental esa noche.
Pero al amanecer, misteriosamente, los perros se largaron. Tardamos como una hora en animarnos a salir, porque estábamos convencidos que era una emboscada. Afortunadamente, no eran tan listos, o sí, y encontraron a alguien a quién comerse más accesible.
Nunca lo supimos. Pero desde aquel día, no soporto ver una bolsa de doritos. Y Chacal no tiene perro en Nueva York, donde vive, ahora que espero no se le ocurra darle sushi a un cocodrilo, que este es muy capaz....
estrenos primaverales
Estreno la primavera con nuevo diseño de bitácora, fresquito y vegetal, a ver si me inspira y me pongo a dieta, que luego llega el verano y me pilla, como siempre, arrepintiéndome de mis aventuras gastronómicas del invierno...
Y ya que estrenamos, pues estrenamos a lo grande... para empezar, acabo de regresar de mi primera (porque pienso tener muchas) luna de miel. En mi caso, como no me he casado, luna de miel es una romántica manera de llamar a nuestro-primer-viaje-juntos. Mi indio y esta que os quiere nos fuimos este finde a Galicia, y mientras en los Madriles el granizo caía con saña, nosotros disfrutábamos de un sol radiante. Hacía un calor que ya lo quisieran en Marbella (sobre todo, los imputados en el escándalo marbellí, aunque sea calor humano). Pero yo, lo que os quería contar porque a mí estas cosas me emocionan, soy así de cándida, es que para llegar a nuestro destino tomamos un tren-hotel. Es que ahora lo llaman así, cuando yo era chica se decía coche-cama, pero ahora le dicen con un grandilocuente "tren-hotel". Y hombre, dicho así, parece mucho más de lo que es. Tren es, sí, y hotel, lo que se entiende por hotel, pues como no sea modelo japonés... porque las cabinas clase preferente -a ver si pensais que yo iba a ir en turista- son tamaño ataud.
Claro que cuando vas con uno al que quieres (tirando a mucho, que si no, es incómodo) pues da risa, porque te andas chocando todo el rato y choque va, choque viene, acabas fijo en la litera de abajo follando. Efectivamente, en menos de cinco minutos, nos desnudábamos a toda velocidad, disponiéndonos a tomarle las medidas a las camitas para pitufos del "tren-hotel". Os las digo ya por si teneis prisa: unos 80 de ancho por 170 de largo. Complicado, no?, pues sí, la verdad, pero con la calentura del momento, ni cuenta me dí que yo no cabía (de largo, no seais cabrones) porque de ancho, tan acopladitos como estábamos, con las risas, el traqueteo del tren y las ganas, pues que muy bien, oye, divinamente....
Ficha técnica: la postura utilizada para tal evento fue de cucharita (de costado) que facilita el óptimo acoplamiento y debido a la flexión de los miembros inferiores se cabe en cualquier largo, cual gesmarín.
Una vez calmada la líbido, procedimos a la inspección del habitáculo. Mi entusiasmo habitual me llevó a tocar todos los botones, teclas y mecanismos que encontré, y cuando ya no había más cortinillas ni palancas que manipular, salimos de la cabina a visitar los baños y el vagón restaurante. En el techo del bar (bastante más decente de lo que yo esperaba) había un juego de luces que simulaba un cielo estrellado. Pero mi indio me dijo que no me lo podía llevar a casa. Así que me bebí una botella de vino para renunciar a mi techo estrellado con menos pena. En Madrid, normalmente, nos echan de los bares porque se quieren ir a dormir y nosotros no, pero aquí, como no nos podían echar, se fueron los camareros a cenar y nos dejaron solos en el bar.
De repente me acordé de la chacala (la novia del chacal) y su extraordinaria habilidad para colarse en las barras ajenas -porque si fueran propias, serían los bares más ruinosos de la ciudad- y robarse unas copas, con su hielo, su limón, y hasta sus panchitos. Y la eché de menos, porque yo no soy capaz de robarme ni un chicle. Soy una inútil para la delincuencia. Pero la chacala es una maestra, y lo que sea de cada quién, hay que rendir un tributo a una mujer que una noche, en un hotel en Bahías de Huatulco (Oaxaca, México), no se dejó vencer por los comentarios del conserje del hotel que anunciaba el cierre del bar y ella, sigilosamente, se deslizó hasta la barra y nos estuvo sirviendo copas hasta la madrugada. Cierto es que en lugar de traerlas a la mesa en una bandeja, pues las arrastraba por el suelo, pero como camarera clandestina, no tiene igual. Y el conserje mirando postales, sin enterarse de nada.
Nos fuimos a acostar que no a dormir, al menos yo, porque mi indio se duerme en la punta de una lanza. Pero es que el invento este del "tren-hotel" es muy divertido, muy romántico y muy original, hasta que te toca dormir, porque si el traqueteo mola para echar un polvo con movimiento extra, el ruido que conlleva ahuyenta a Morfeo que debía estar con los camareros en el vagón restaurante. Y a mí no me hizo ni puto caso en toda la noche. Así que me dediqué a contemplar los artísticos graffitis que hacen en los muros de las estaciones todo el trayecto y tratando de hacer clasificaciones en función de las provincias, llegamos a Galicia.
El mar. Calor. Mogollón de peces grandes, grandes, y pequeños, pequeños (se deben comer los medianos). Siestas a deshoras. Desde la ventana del hotel vemos el mar. Sol radiante. Nos subimos en una lancha persiguiendo a un velero (no hagais preguntas, mi indio es así). Sexo. Ver. Reir. Me como un centollo y no dejo ni los bigotes. El ferry. Nos quemamos la cara y nos parecemos al centollo finiquitado. Sobre todo yo. Adios, mar. Aeropuerto. Qué bonitas las luces de las ciudades desde el cielo por la noche. Regreso. Morfeo, a sus anchas, al fin.
Moraleja: al tren-hotel hay que ir con tapones.
P.D.: Aprovecho desde aquí para saludar al señor y a la señora chacala, en especial a esta última, con la esperanza que continúe su buen hacer en las lejanas tierras de Nueva York, porque están recaros los tragos allí...
P.D.2: También estreno un vestido nuevo diseñado por mí cuya tela parece salida de la imaginación de Tim Burton. Colgaré una foto, a ver si os gusta. Y hay más en proyecto...
P.D.3: Y ya puestos, el jueves firmo una hipoteca para renovar mi cocina y mi baño, que van a ser la sensación de la casa de los Adams en la que que vivo...
Y ya que estrenamos, pues estrenamos a lo grande... para empezar, acabo de regresar de mi primera (porque pienso tener muchas) luna de miel. En mi caso, como no me he casado, luna de miel es una romántica manera de llamar a nuestro-primer-viaje-juntos. Mi indio y esta que os quiere nos fuimos este finde a Galicia, y mientras en los Madriles el granizo caía con saña, nosotros disfrutábamos de un sol radiante. Hacía un calor que ya lo quisieran en Marbella (sobre todo, los imputados en el escándalo marbellí, aunque sea calor humano). Pero yo, lo que os quería contar porque a mí estas cosas me emocionan, soy así de cándida, es que para llegar a nuestro destino tomamos un tren-hotel. Es que ahora lo llaman así, cuando yo era chica se decía coche-cama, pero ahora le dicen con un grandilocuente "tren-hotel". Y hombre, dicho así, parece mucho más de lo que es. Tren es, sí, y hotel, lo que se entiende por hotel, pues como no sea modelo japonés... porque las cabinas clase preferente -a ver si pensais que yo iba a ir en turista- son tamaño ataud.
Claro que cuando vas con uno al que quieres (tirando a mucho, que si no, es incómodo) pues da risa, porque te andas chocando todo el rato y choque va, choque viene, acabas fijo en la litera de abajo follando. Efectivamente, en menos de cinco minutos, nos desnudábamos a toda velocidad, disponiéndonos a tomarle las medidas a las camitas para pitufos del "tren-hotel". Os las digo ya por si teneis prisa: unos 80 de ancho por 170 de largo. Complicado, no?, pues sí, la verdad, pero con la calentura del momento, ni cuenta me dí que yo no cabía (de largo, no seais cabrones) porque de ancho, tan acopladitos como estábamos, con las risas, el traqueteo del tren y las ganas, pues que muy bien, oye, divinamente....
Ficha técnica: la postura utilizada para tal evento fue de cucharita (de costado) que facilita el óptimo acoplamiento y debido a la flexión de los miembros inferiores se cabe en cualquier largo, cual gesmarín.
Una vez calmada la líbido, procedimos a la inspección del habitáculo. Mi entusiasmo habitual me llevó a tocar todos los botones, teclas y mecanismos que encontré, y cuando ya no había más cortinillas ni palancas que manipular, salimos de la cabina a visitar los baños y el vagón restaurante. En el techo del bar (bastante más decente de lo que yo esperaba) había un juego de luces que simulaba un cielo estrellado. Pero mi indio me dijo que no me lo podía llevar a casa. Así que me bebí una botella de vino para renunciar a mi techo estrellado con menos pena. En Madrid, normalmente, nos echan de los bares porque se quieren ir a dormir y nosotros no, pero aquí, como no nos podían echar, se fueron los camareros a cenar y nos dejaron solos en el bar.
De repente me acordé de la chacala (la novia del chacal) y su extraordinaria habilidad para colarse en las barras ajenas -porque si fueran propias, serían los bares más ruinosos de la ciudad- y robarse unas copas, con su hielo, su limón, y hasta sus panchitos. Y la eché de menos, porque yo no soy capaz de robarme ni un chicle. Soy una inútil para la delincuencia. Pero la chacala es una maestra, y lo que sea de cada quién, hay que rendir un tributo a una mujer que una noche, en un hotel en Bahías de Huatulco (Oaxaca, México), no se dejó vencer por los comentarios del conserje del hotel que anunciaba el cierre del bar y ella, sigilosamente, se deslizó hasta la barra y nos estuvo sirviendo copas hasta la madrugada. Cierto es que en lugar de traerlas a la mesa en una bandeja, pues las arrastraba por el suelo, pero como camarera clandestina, no tiene igual. Y el conserje mirando postales, sin enterarse de nada.
Nos fuimos a acostar que no a dormir, al menos yo, porque mi indio se duerme en la punta de una lanza. Pero es que el invento este del "tren-hotel" es muy divertido, muy romántico y muy original, hasta que te toca dormir, porque si el traqueteo mola para echar un polvo con movimiento extra, el ruido que conlleva ahuyenta a Morfeo que debía estar con los camareros en el vagón restaurante. Y a mí no me hizo ni puto caso en toda la noche. Así que me dediqué a contemplar los artísticos graffitis que hacen en los muros de las estaciones todo el trayecto y tratando de hacer clasificaciones en función de las provincias, llegamos a Galicia.
El mar. Calor. Mogollón de peces grandes, grandes, y pequeños, pequeños (se deben comer los medianos). Siestas a deshoras. Desde la ventana del hotel vemos el mar. Sol radiante. Nos subimos en una lancha persiguiendo a un velero (no hagais preguntas, mi indio es así). Sexo. Ver. Reir. Me como un centollo y no dejo ni los bigotes. El ferry. Nos quemamos la cara y nos parecemos al centollo finiquitado. Sobre todo yo. Adios, mar. Aeropuerto. Qué bonitas las luces de las ciudades desde el cielo por la noche. Regreso. Morfeo, a sus anchas, al fin.
Moraleja: al tren-hotel hay que ir con tapones.
P.D.: Aprovecho desde aquí para saludar al señor y a la señora chacala, en especial a esta última, con la esperanza que continúe su buen hacer en las lejanas tierras de Nueva York, porque están recaros los tragos allí...
P.D.2: También estreno un vestido nuevo diseñado por mí cuya tela parece salida de la imaginación de Tim Burton. Colgaré una foto, a ver si os gusta. Y hay más en proyecto...
P.D.3: Y ya puestos, el jueves firmo una hipoteca para renovar mi cocina y mi baño, que van a ser la sensación de la casa de los Adams en la que que vivo...
Ciberrelaciones I parte: los portales de ligoteo
En este mundo globalizado en el que vivimos, la tierra se ha convertido en una pelota de ping-pong. Todo, al alcance de la mano. Todo, en tiempo real. Podemos hacer la compra sin salir de cama, ver un concierto en directo que esté sucediendo en San Francisco o realizar una transferencia bancaria. Y podemos relacionarnos con otros. Eso es lo que nosotros hacemos, no?. Tú, que me estás leyendo en este instante, puedes estar en Tokyo, Medellín, Londres, Ciudad del Cabo, o Cuenca. Estamos cerca, muy cerca. Aunque nos separen miles de kilómetros.
Internet es maravilloso. En lo que va de día he hablado con amigos y compañeros de trabajo de Italia, Francia, Sudáfrica, México y Alemania. ¿Quieres ver mis zapatos nuevos?, espera que conecto la cámara... ¿vas a cantarme una canción?, pues ajusta el micro... Estamos más cerca que nunca, para disgusto de correos. Internet me permite estar en contacto constante con mis amigos que viven en otros países, y eso es estupendo. Facilita el trabajo enormemente y me ayuda en mis relaciones sociales, manteniendo a los míos al día.
Pero además de estas ventajas que todos vosotros conoceis (porque si no, difícilmente me podríais leer), aún hay más: el apasionante mundo de las ciberrelaciones, versión moderna y generalmente solitaria de la amiga que te concertaba citas a ciegas con ese compañero suyo de trabajo taaaan ideal para tí.
Porque en este mundo tecnológico y super informado, parece que estamos más solos que nunca. Y florecen como setas en otoño los portales de ciberrelaciones, en respuesta a una sociedad en la que las facilidades de comunicación, paradójicamente, nos incomunica y nos aisla del vecino.
Macht.com, Meetic, Lycos y otros del estilo prometen encontrar a tu media naranja, algunos hasta con plazo garantizado (los hay valientes). Para poder ingresar en estas agencias encuentra-novio-amigo-amante, tienes que rellenar diversos cuestionarios que, en función de si son de pago o no, son más o menos completos. Desde tus medidas, preferencias culinarias, religión, expectativas del otro/a hasta en qué te gastaste tus últimos ahorros (digo yo que para dar una pista de lo que te espera al lado de uno que se arruina en juegos de la play o comprando acciones de la bolsa, porque lo mismo, no es, desde luego).
En los portales de pago, si te atreves a rellenar todos los campos, ten por seguro que el que vea tu perfil va a conocer hasta el color de tu ropa interior. Menos mal que aún no se les ha ocurrido poner un casillero para tu historial de penales. Claro que cuando tú visitas a uno, pues te puedes hacer una idea, cuando menos, de que con ese que dice que su mujer ideal es una tía de tetas grandes y calladita, no vas a salir. La ventaja adicional, en los portales de pago, es que como a nadie le gusta rascarse el bolsillo, sería de género lila crear un perfil falso. Es decir, que si tú mandas un mensajito de acercamiento a un abogado treintañero, de cuerpo atlético, al que le gustan los niños y la música folk, un suponer, pues sería raro que en la cita se apareciera una teutona albina de metrochenta descargadora de camiones en mercamadrid. Más que nada, porque cuando te cuestan los monises tener una página en la que te vendes (porque no os engañeis, es un mercado puro y duro) esperas que alguien te compre. Y para que alguien te compre, se tiene que interesar por tí, y si mientes como bellaco, pues igual y te denuncian en la OCU. O sale corriendo el/la futurible, vamos.
Aunque nunca hay que descartar que hay gente a la que le sobra la pasta y la gasta en cosas como esta, pa´ echarse unas risas. Mi experiencia personal en estos portales de pago (eeeeeh, que yo no he pagado, discriminación positiva de género) es que son bastante sinceros los muchachos. Lo que dicen que son, es. El rubio, es rubio, el hostelero con su restaurante demostrable, y el bajito, enano. Claro que luego la realidad se encarga de ampliar la información a la que un cuestionario no llega, pero eso pasa con cualquier otro tipo de cita, por más convencional que sea.
Yo recomiendo, si estás decidido a utilizar este medio, incribirse en uno de pago. Y si eres hombre, mala suerte y apoquina.
Porque luego están los gratis-por-la-patilla... Y eso es una jungla, amigos.
Mi experiencia como miembro activo se limita a un solo portal. Pero he sido visitante de varios, y no advierto grandes diferencias. El funcionamiento es similar, aunque aquí la información es más escueta y dispersa. Este tipo de portales conlleva una ventaja/desventaja, según los intereses de cada quien. Al ser gratuito, uno pone en su perfil lo que le da la gana. Si es gordo cual obús, se pinta cuerpazo de gimnasio, si está más calvo que una bola de billar, se inventa una melena jevi. Háganse una idea de a lo que nos estamos enfrentando. Cualquier parecido con la realidad puede ser pura coincidencia. Se lleva mucho el clásico pajillero que se crea un perfil de mujer para hacerse amiguitas y contarse cochinadas. Y si una/uno va de buena fe, seguro que se estrella más de una vez. Sobre todo si va predispuesto a creerse lo que ve en la pantalla, porque hay gente así, ingenuos, crédulos, tiernos pececillos que se conmueven cuando el nick del otro se ilumina esperando una misiva que le eleve a la estratosfera...
Así que imaginen un mundo virtual lleno de iconos, corazones, on-line (bieeeen¡¡¡), off-line (ohhhh¡¡) y pantallazos con nicks de todo tipo y condición en el que nada es lo que parece. Pues bienvenidos a los portales de ligoteo gratuito.
Entre la variopinta clientela, distingo dos grandes grupos (del género masculino): El amateur y el Profesional. Pasemos a analizarlos.
1.- El Amateur. Este especímen llega a la página de contactos con fuerza e ilusión, rellena el cuestionario meditando mucho sus respuestas en el intento de dar su mejor imagen. Suele ser sincero y peca de prudente, y ante la duda, no contesta. En las primeras semanas se conecta a diario porque le tiene fe al invento y cree que va a funcionar. Se esfuerza, le dedica tiempo y emplea energías en preparar mailings masivos con el mismo texto a todas, tipo: Hola, me ha gustado mucho tu perfil y creo que podríamos conectar, me llamo Agus y te invito a un café, llámame al 666 66 66 66. Te espero¡¡.
Está convencido que alguna picará. Pero regularmente, y ante la falta de respuesta positiva, suelen irse desinflando a medida que pasa el tiempo y acaban por abandonar su página. Sobreviven muy pocos.
2.- El Profesional. Estos son peligrosos. Porque un día fueron amateurs y aprendieron que así, no se iba a ningún sitio. Así que rediseñan su perfil constantemente, introduciendo datos con cierto halo de misterio para provocar curiosidad. El profesional conoce el poder del verbo, por eso suele elaborar con cuidado sus mensajes y no duda en utilizar palabras rimbombantes, aunque no sepa utilizarlas correctamente. Lo importante, para él, es epatar, crear expectación como sea, y no dudará en copiar textos de otros y hacerlos pasar como suyos, jurar por su vida que adora a un grupo que jamás ha escuchado, que ha viajado por medio mundo cuando no ha salido de su pueblo... lo que sea con tal de conseguir despertar interés. Llegan a extremos tales como abrirse varias páginas a la vez con diferentes perfiles, y en su locura esquizofrénica, visitarse a sí mismos, y hasta dejarse mensajes sugerentes. Supongo que lo hacen para aparentar estar muy codiciados. Suelen ser tipos introvertidos y solitarios, con pocos escrúpulos para mentir porque creen que su única baza para acercarse a alguien es identificar las carencias del otro y ofrecérselas personificadas en él. Los profesionales tienen también varias categorías:
- El "payasito". Es el más gracioso de la red, ocurrente, supermegasimpático, tan guay él, el primero en atacar y el más rápido en sus respuestas. Parece que conoce a todo el mundo y va regando saludos a diestro y siniestro como si todos fueran sus íntimos de toda la vida. Siempre está conectado y te lo encuentras en todas partes. Es un coleccionista de mensajes, nunca tiene bastantes y mide su amor en iconos. Si acepta dejar su ordenador un rato solo para tener una cita contigo, prepárate, porque el payasito tiene dos mil ciberamigas con las que te va a comparar en cuanto tenga ocasión. Si el asunto continúa, y te vas de fin de semana romántico con él, el payasito te enumerará las ciberamiguitas que tiene en esa ciudad a las que ha avisado que estaría allí pero que no verá por tí... para que valores su entrega (que se mide en bytes??) y que no te pases porque te planta a la primera de cambio (en cuanto encuentre un ciber). El payasito es muy majo, mientras no trascienda de la pantalla. Porque en la vida real, sólo le hace feliz ver crecer su libro de mensajes.
- El "cutresnob". Este ejemplar suele ser un pedante que marea a sus víctimas con citas, poemas infumables, cartas rimbombantes, mensajes crípticos y similares, pero todo ajeno, es un maestro del copia y pega. Como no es capaz de elaborar nada propio porque la neurona no le da, no tiene el menor empacho en rastrear la red buscando el texto adecuado y haciéndolo pasar por suyo, lo envía con alguna frase misteriosa y espera, como araña. El cutresnob necesita ser admirado porque es un ser profundamente inseguro, y buscará contactos a los que epatar presumiéndolas de lo que sabe (aunque acabe de encontrarlo en el google), de lo que tiene (coche, casa, relojes, camisas de firma), de lo que es (director de algo, artista, periodista, master en...), de sus relaciones (soy íntimo de tal modelo, me he ido de copas con tal músico). Pero ni es, ni tiene, ni sabe, ni ha visto en su vida, en la mayoría de los casos. El cutresnob intenta hacer creer a sus contactos que vive en un mundo glamouroso y chic, cuando su oscura realidad suele ser bastante gris y cutre. Sólo hace preguntas y nunca responde, porque no hay nada sobre lo qué responder, por lo que se esforzará mucho en mantenerte convenientemente alejada para que no descubras que no es más que un bluff.
- El "mariposón". Vuela de flor en flor, sin detenerse. Necesita sentirse querido y por eso, él quiere a todas. Envía varios mensajes al día, encantador, tierno, dulce y vulnerable. En cuanto una pica, se vuelve absorbente. La añade al messenger, la pide el teléfono, la llama a cualquier hora, como si sólo estuviera para ella. Le habla de amor a velocidades asombrosas, cuando aún no la ha visto la cara, pero él está convencido de haber encontrado el amor en ella...en ella y en otras 38 más, repartidas por la geografía nacional. Hace planes con ella y ella se ilusiona, parece tan buen chico, tan mono sale en la foto¡¡¡... pero... él tiene poco tiempo, mucho trabajo, complicaciones familiares, una exnovia pesada... quedar con él se convierte en misión imposible. Promete y promete y cancela y cancela. Cuando te quieres dar cuenta, han pasado tres meses de tonteo sin verle la jeta. Eso, si no hay alguna víctima un poco avispada, que se da cuenta de la jugada y te advierte, vía mail, que a ella le está haciendo lo mismo que a tí. Pero a ella la quiere de verdad... y a marujita, y a pepita y a luisita. A todas las quiere.
Existen más "profesionales" pero estos son los más peligrosos, a evitar tan pronto se adviertan los primeros síntomas, que suelen ser comunes a todos, a saber:
- Tiene un súper ordenador última generación con doscientos mil programas de todo tipo, incluídos de espionaje y antiespías (porque suelen ser un poquito paranoicos). Y habla de ello con orgullo, de hecho es uno de sus tema favoritos.
- Si se siente triste, pregúntale si le funciona bien la conexión, si responde "tengo problemas con mi compu", sal corriendo, es un síntoma grave de adicción.
- Proponle unas vacaciones (si ya teneis confianza, se entiende) en un lugar incomunicado, sin móviles, sin cibercafés -esto díselo clarito- y de más de tres días. Si les tiembla la voz, o te pone excusas tipo "debido a mi trabajo no puedo estar incomunicado", sospecha, lo más probable es que estés frente a un profesional ( y no de su trabajo, precisamente).
- Pídele que te presente a sus amigos y amigas tan mega guays, de los que tanto presume que son sus íntimos. Verás como no lo consigues. Porque no los conoce ni él. Cómo va a conocer a nadie si está siempre encerrado?.
- Si tienes dudas acerca de la autoría del mail tan romántico que te escribió, selecciona una parte y pégala en google... si hay resultados... lo lamento, mi pequeño colibrí, lo más seguro es que no seas la única destinataria de sus lindezas.
- Si eres un poco observadora, y quieres perder el tiempo para averiguar si estás ante un profesional, fíjate en cuanto tiempo dedica a estar conectado. Si es diario, incluído los fines de semana, preocúpate. En el mejor de los casos, tiene nula vida social. Y si le preguntas y lo niega (que es lo normal, salvo que esté preso o viva en una plataforma petrolífera), huye como alma que lleva el diablo. Si te miente en algo tan tonto, te mentirá en cosas importantes.
Ligar por internet? Sí. Pero usando internet para vivir mejor, como un medio, no como un fin. Yo, desde luego, no tengo vocación de megabyte. Me sobran las curvas y estos gañanes patinan en ellas.
P.D.: Dedicado, con todo mi cariño, a mi amiga (real) Perfidia. Ella sabe muy bien porqué.
Internet es maravilloso. En lo que va de día he hablado con amigos y compañeros de trabajo de Italia, Francia, Sudáfrica, México y Alemania. ¿Quieres ver mis zapatos nuevos?, espera que conecto la cámara... ¿vas a cantarme una canción?, pues ajusta el micro... Estamos más cerca que nunca, para disgusto de correos. Internet me permite estar en contacto constante con mis amigos que viven en otros países, y eso es estupendo. Facilita el trabajo enormemente y me ayuda en mis relaciones sociales, manteniendo a los míos al día.
Pero además de estas ventajas que todos vosotros conoceis (porque si no, difícilmente me podríais leer), aún hay más: el apasionante mundo de las ciberrelaciones, versión moderna y generalmente solitaria de la amiga que te concertaba citas a ciegas con ese compañero suyo de trabajo taaaan ideal para tí.
Porque en este mundo tecnológico y super informado, parece que estamos más solos que nunca. Y florecen como setas en otoño los portales de ciberrelaciones, en respuesta a una sociedad en la que las facilidades de comunicación, paradójicamente, nos incomunica y nos aisla del vecino.
Macht.com, Meetic, Lycos y otros del estilo prometen encontrar a tu media naranja, algunos hasta con plazo garantizado (los hay valientes). Para poder ingresar en estas agencias encuentra-novio-amigo-amante, tienes que rellenar diversos cuestionarios que, en función de si son de pago o no, son más o menos completos. Desde tus medidas, preferencias culinarias, religión, expectativas del otro/a hasta en qué te gastaste tus últimos ahorros (digo yo que para dar una pista de lo que te espera al lado de uno que se arruina en juegos de la play o comprando acciones de la bolsa, porque lo mismo, no es, desde luego).
En los portales de pago, si te atreves a rellenar todos los campos, ten por seguro que el que vea tu perfil va a conocer hasta el color de tu ropa interior. Menos mal que aún no se les ha ocurrido poner un casillero para tu historial de penales. Claro que cuando tú visitas a uno, pues te puedes hacer una idea, cuando menos, de que con ese que dice que su mujer ideal es una tía de tetas grandes y calladita, no vas a salir. La ventaja adicional, en los portales de pago, es que como a nadie le gusta rascarse el bolsillo, sería de género lila crear un perfil falso. Es decir, que si tú mandas un mensajito de acercamiento a un abogado treintañero, de cuerpo atlético, al que le gustan los niños y la música folk, un suponer, pues sería raro que en la cita se apareciera una teutona albina de metrochenta descargadora de camiones en mercamadrid. Más que nada, porque cuando te cuestan los monises tener una página en la que te vendes (porque no os engañeis, es un mercado puro y duro) esperas que alguien te compre. Y para que alguien te compre, se tiene que interesar por tí, y si mientes como bellaco, pues igual y te denuncian en la OCU. O sale corriendo el/la futurible, vamos.
Aunque nunca hay que descartar que hay gente a la que le sobra la pasta y la gasta en cosas como esta, pa´ echarse unas risas. Mi experiencia personal en estos portales de pago (eeeeeh, que yo no he pagado, discriminación positiva de género) es que son bastante sinceros los muchachos. Lo que dicen que son, es. El rubio, es rubio, el hostelero con su restaurante demostrable, y el bajito, enano. Claro que luego la realidad se encarga de ampliar la información a la que un cuestionario no llega, pero eso pasa con cualquier otro tipo de cita, por más convencional que sea.
Yo recomiendo, si estás decidido a utilizar este medio, incribirse en uno de pago. Y si eres hombre, mala suerte y apoquina.
Porque luego están los gratis-por-la-patilla... Y eso es una jungla, amigos.
Mi experiencia como miembro activo se limita a un solo portal. Pero he sido visitante de varios, y no advierto grandes diferencias. El funcionamiento es similar, aunque aquí la información es más escueta y dispersa. Este tipo de portales conlleva una ventaja/desventaja, según los intereses de cada quien. Al ser gratuito, uno pone en su perfil lo que le da la gana. Si es gordo cual obús, se pinta cuerpazo de gimnasio, si está más calvo que una bola de billar, se inventa una melena jevi. Háganse una idea de a lo que nos estamos enfrentando. Cualquier parecido con la realidad puede ser pura coincidencia. Se lleva mucho el clásico pajillero que se crea un perfil de mujer para hacerse amiguitas y contarse cochinadas. Y si una/uno va de buena fe, seguro que se estrella más de una vez. Sobre todo si va predispuesto a creerse lo que ve en la pantalla, porque hay gente así, ingenuos, crédulos, tiernos pececillos que se conmueven cuando el nick del otro se ilumina esperando una misiva que le eleve a la estratosfera...
Así que imaginen un mundo virtual lleno de iconos, corazones, on-line (bieeeen¡¡¡), off-line (ohhhh¡¡) y pantallazos con nicks de todo tipo y condición en el que nada es lo que parece. Pues bienvenidos a los portales de ligoteo gratuito.
Entre la variopinta clientela, distingo dos grandes grupos (del género masculino): El amateur y el Profesional. Pasemos a analizarlos.
1.- El Amateur. Este especímen llega a la página de contactos con fuerza e ilusión, rellena el cuestionario meditando mucho sus respuestas en el intento de dar su mejor imagen. Suele ser sincero y peca de prudente, y ante la duda, no contesta. En las primeras semanas se conecta a diario porque le tiene fe al invento y cree que va a funcionar. Se esfuerza, le dedica tiempo y emplea energías en preparar mailings masivos con el mismo texto a todas, tipo: Hola, me ha gustado mucho tu perfil y creo que podríamos conectar, me llamo Agus y te invito a un café, llámame al 666 66 66 66. Te espero¡¡.
Está convencido que alguna picará. Pero regularmente, y ante la falta de respuesta positiva, suelen irse desinflando a medida que pasa el tiempo y acaban por abandonar su página. Sobreviven muy pocos.
2.- El Profesional. Estos son peligrosos. Porque un día fueron amateurs y aprendieron que así, no se iba a ningún sitio. Así que rediseñan su perfil constantemente, introduciendo datos con cierto halo de misterio para provocar curiosidad. El profesional conoce el poder del verbo, por eso suele elaborar con cuidado sus mensajes y no duda en utilizar palabras rimbombantes, aunque no sepa utilizarlas correctamente. Lo importante, para él, es epatar, crear expectación como sea, y no dudará en copiar textos de otros y hacerlos pasar como suyos, jurar por su vida que adora a un grupo que jamás ha escuchado, que ha viajado por medio mundo cuando no ha salido de su pueblo... lo que sea con tal de conseguir despertar interés. Llegan a extremos tales como abrirse varias páginas a la vez con diferentes perfiles, y en su locura esquizofrénica, visitarse a sí mismos, y hasta dejarse mensajes sugerentes. Supongo que lo hacen para aparentar estar muy codiciados. Suelen ser tipos introvertidos y solitarios, con pocos escrúpulos para mentir porque creen que su única baza para acercarse a alguien es identificar las carencias del otro y ofrecérselas personificadas en él. Los profesionales tienen también varias categorías:
- El "payasito". Es el más gracioso de la red, ocurrente, supermegasimpático, tan guay él, el primero en atacar y el más rápido en sus respuestas. Parece que conoce a todo el mundo y va regando saludos a diestro y siniestro como si todos fueran sus íntimos de toda la vida. Siempre está conectado y te lo encuentras en todas partes. Es un coleccionista de mensajes, nunca tiene bastantes y mide su amor en iconos. Si acepta dejar su ordenador un rato solo para tener una cita contigo, prepárate, porque el payasito tiene dos mil ciberamigas con las que te va a comparar en cuanto tenga ocasión. Si el asunto continúa, y te vas de fin de semana romántico con él, el payasito te enumerará las ciberamiguitas que tiene en esa ciudad a las que ha avisado que estaría allí pero que no verá por tí... para que valores su entrega (que se mide en bytes??) y que no te pases porque te planta a la primera de cambio (en cuanto encuentre un ciber). El payasito es muy majo, mientras no trascienda de la pantalla. Porque en la vida real, sólo le hace feliz ver crecer su libro de mensajes.
- El "cutresnob". Este ejemplar suele ser un pedante que marea a sus víctimas con citas, poemas infumables, cartas rimbombantes, mensajes crípticos y similares, pero todo ajeno, es un maestro del copia y pega. Como no es capaz de elaborar nada propio porque la neurona no le da, no tiene el menor empacho en rastrear la red buscando el texto adecuado y haciéndolo pasar por suyo, lo envía con alguna frase misteriosa y espera, como araña. El cutresnob necesita ser admirado porque es un ser profundamente inseguro, y buscará contactos a los que epatar presumiéndolas de lo que sabe (aunque acabe de encontrarlo en el google), de lo que tiene (coche, casa, relojes, camisas de firma), de lo que es (director de algo, artista, periodista, master en...), de sus relaciones (soy íntimo de tal modelo, me he ido de copas con tal músico). Pero ni es, ni tiene, ni sabe, ni ha visto en su vida, en la mayoría de los casos. El cutresnob intenta hacer creer a sus contactos que vive en un mundo glamouroso y chic, cuando su oscura realidad suele ser bastante gris y cutre. Sólo hace preguntas y nunca responde, porque no hay nada sobre lo qué responder, por lo que se esforzará mucho en mantenerte convenientemente alejada para que no descubras que no es más que un bluff.
- El "mariposón". Vuela de flor en flor, sin detenerse. Necesita sentirse querido y por eso, él quiere a todas. Envía varios mensajes al día, encantador, tierno, dulce y vulnerable. En cuanto una pica, se vuelve absorbente. La añade al messenger, la pide el teléfono, la llama a cualquier hora, como si sólo estuviera para ella. Le habla de amor a velocidades asombrosas, cuando aún no la ha visto la cara, pero él está convencido de haber encontrado el amor en ella...en ella y en otras 38 más, repartidas por la geografía nacional. Hace planes con ella y ella se ilusiona, parece tan buen chico, tan mono sale en la foto¡¡¡... pero... él tiene poco tiempo, mucho trabajo, complicaciones familiares, una exnovia pesada... quedar con él se convierte en misión imposible. Promete y promete y cancela y cancela. Cuando te quieres dar cuenta, han pasado tres meses de tonteo sin verle la jeta. Eso, si no hay alguna víctima un poco avispada, que se da cuenta de la jugada y te advierte, vía mail, que a ella le está haciendo lo mismo que a tí. Pero a ella la quiere de verdad... y a marujita, y a pepita y a luisita. A todas las quiere.
Existen más "profesionales" pero estos son los más peligrosos, a evitar tan pronto se adviertan los primeros síntomas, que suelen ser comunes a todos, a saber:
- Tiene un súper ordenador última generación con doscientos mil programas de todo tipo, incluídos de espionaje y antiespías (porque suelen ser un poquito paranoicos). Y habla de ello con orgullo, de hecho es uno de sus tema favoritos.
- Si se siente triste, pregúntale si le funciona bien la conexión, si responde "tengo problemas con mi compu", sal corriendo, es un síntoma grave de adicción.
- Proponle unas vacaciones (si ya teneis confianza, se entiende) en un lugar incomunicado, sin móviles, sin cibercafés -esto díselo clarito- y de más de tres días. Si les tiembla la voz, o te pone excusas tipo "debido a mi trabajo no puedo estar incomunicado", sospecha, lo más probable es que estés frente a un profesional ( y no de su trabajo, precisamente).
- Pídele que te presente a sus amigos y amigas tan mega guays, de los que tanto presume que son sus íntimos. Verás como no lo consigues. Porque no los conoce ni él. Cómo va a conocer a nadie si está siempre encerrado?.
- Si tienes dudas acerca de la autoría del mail tan romántico que te escribió, selecciona una parte y pégala en google... si hay resultados... lo lamento, mi pequeño colibrí, lo más seguro es que no seas la única destinataria de sus lindezas.
- Si eres un poco observadora, y quieres perder el tiempo para averiguar si estás ante un profesional, fíjate en cuanto tiempo dedica a estar conectado. Si es diario, incluído los fines de semana, preocúpate. En el mejor de los casos, tiene nula vida social. Y si le preguntas y lo niega (que es lo normal, salvo que esté preso o viva en una plataforma petrolífera), huye como alma que lleva el diablo. Si te miente en algo tan tonto, te mentirá en cosas importantes.
Ligar por internet? Sí. Pero usando internet para vivir mejor, como un medio, no como un fin. Yo, desde luego, no tengo vocación de megabyte. Me sobran las curvas y estos gañanes patinan en ellas.
P.D.: Dedicado, con todo mi cariño, a mi amiga (real) Perfidia. Ella sabe muy bien porqué.
Es importante que tu osteópata esté bueno..
Mi indio y yo estamos yendo al osteópata. No a la vez, se entiende. Cada uno, un día. El primero en probar fue él, en una sesión de casi tres horas. Yo le esperaba en casa impaciente porque me parecía muchísimo una sesión tan larga y algo debía haber extra para justificar tanto tiempo. Cuando mi indio llegó, no me contó gran cosa. Que bien, bien. Bien??? Cómo bien?? Qué te ha hecho?? Nada de particular. Jajaja. Bien. Jajaja? Bien?? Y ya está??.
Pues sí, ya está. Hala. Ahí vas tú solita sin prejuicios. Bueno, pues está bien, así voy "desprejuiciada". Y ahí fui. Lo primero que tengo que decir es que el señor osteópata está buenísimo. Y tiene unos ojazooooosss...
- Desnúdate. Quítatelo todo.
- Todo??? Hasta la verguenza??? Que yo, por mi salud, lo hago...no se vaya a decir que me resisto a la terapia por pudores victorianos...
Obviamente, no hace falta que te lo quites todo, porque el "todo" estaba referido a colgantes, anillos y metales varios, así que mi culotte monísimo y yo misma rellenándolo nos entregamos a las manos de ojazos. Ojazos habla. Te va explicando lo que está haciendo, lo que te está estudiando, los huesos torcidos que tienes y lo va apuntando en una ficha. Te hace preguntas. Muchas.
- Te drogas?
- Eres de narcóticos?, pregunto yo, haciendo el gesto instintivo de taparme.
- Yo me drogaba mucho antes, cuando era jovencillo (tiene 32 años, ahora es super-mega-adulto???), pastillas, coca, porros... en fin, te puedes imaginar, era un fiestero...
Y se clava un speech de quince minutos -sin respirar- relatando pormenorizadamente sus noches interminables de disco en disco, de antro en antro, de pasti a tiro, de coño en coño... su vida alocada, sin rumbo, sin sentido y sin cariño verdadero (Esto lo decía él, porque según yo, esa "vida alocada" a mí me sentó la mar de bien mientras quise practicarla).
Y yo pienso que si me lo hubiera encontrado alguna de esas noches en las que yo salía a merendarme la ciudad encaramada a unos tacones y con el accelere de la blanca haciendo palpitar mis sienes (y otras cosas) pues Ojazos hubiera acabado en mi cama, porque tiene el tipo clásico que me chiflaba arrastrar a mi colchón para un ratillo. Y se me dilatan las pupilas de imaginar que ese cuerpazo trabajado se me va a escapar porque ya no nos drogamos, ya no quemamos la noche, ya no jugamos a que nos importa todo un pito, ya no consumimos sexo como latas de refresco. Ya no puedo tomarlo y largarlo cuando haya cumplido su misión. Yo ya no puedo volver a ese mundo que él retrata y en el que parece estaba la oportunidad de habérmelo beneficiado. Eso terminó para mí y Ojazos se ha vuelto un místico osteópata que habla de sexo con sentido, amor universal, armonía con el universo, luz interior, ángeles de la guarda, experiencias extrasensoriales... de todo, menos sexo salvaje y sin consecuencias. Y como que yo ya tengo suficiente con mi indio para el sexo tántrico.
Así que me limito a sonreir, en la idea "autoconsuelo" que igual y no es lo que parece, y resulte un fiasco en la cama, y que a veces es mucho más divertido y excitante lo que no ocurre más que en tu imaginación ... así pues, me relajo y me dejo retorcer como si fuera una muñeca de trapo, en lo que descubro que mis vértebras, al ser colocadas mediante movimientos expertos de osteópata tío-bueno, crujen, chillan, truenan, de modo que con cada cric-crac-craaaaac me daba un ataque de risa que acabé contagiando a Ojazos, y así nos ves a los dos, yo, en bolas, hecha un ovillo entre los brazos de estribador sexy de Ojazos, dejándome estrujar y descojonándome y el otro esperando a que se le pasaran las carcajadas para almacenar fuerzas y tronarme otra vez, que vamos, parecía yo una carraca...
Tras unos ejercicios de estiramiento, me inició en la meditación y me hizo sentir mecida en un mar cálido cuyo oleaje tranquilo me dibujó una sonrisa que me duró todo el día. Cuando acabé de vestirme, flotando feliz, le abracé y le besé (fraternalmente, que conste) y él me devolvió los cariños, diciéndome que yo le había sentado mejor que una terapia. Qué buena publicidad es esa. Qué eficaz.
Dando saltitos por la calle, brinqué hasta encontrarme con mi indio que me esperaba en la calle para ir a comer a un hindú de Lavapies.
Cuando me vió, con mi sonrisa luminosa y mi recien estrenado alter ego canguril, soltó a reirse:
- Te lo has follado?. Tienes cara de habértelo follado... Ay, mi niña, sí? ya te lo cogiste?..
- Anda, vamos a comer, que tengo hambre. Y despues, follamos.
No es que Ojazos haya inspirado la sesión de sexo de la tarde, pero desde luego, sería una desagradecida si no le atribuyera su mérito. Mi flexibilidad, esa tarde, llegó a un nivel circense. Tenía los chacras más abiertos y receptivos a este lado del Pecos. O del Manzanares, que una, con esto del amor universal, se hace un lío con las fronteras.
Pues sí, ya está. Hala. Ahí vas tú solita sin prejuicios. Bueno, pues está bien, así voy "desprejuiciada". Y ahí fui. Lo primero que tengo que decir es que el señor osteópata está buenísimo. Y tiene unos ojazooooosss...
- Desnúdate. Quítatelo todo.
- Todo??? Hasta la verguenza??? Que yo, por mi salud, lo hago...no se vaya a decir que me resisto a la terapia por pudores victorianos...
Obviamente, no hace falta que te lo quites todo, porque el "todo" estaba referido a colgantes, anillos y metales varios, así que mi culotte monísimo y yo misma rellenándolo nos entregamos a las manos de ojazos. Ojazos habla. Te va explicando lo que está haciendo, lo que te está estudiando, los huesos torcidos que tienes y lo va apuntando en una ficha. Te hace preguntas. Muchas.
- Te drogas?
- Eres de narcóticos?, pregunto yo, haciendo el gesto instintivo de taparme.
- Yo me drogaba mucho antes, cuando era jovencillo (tiene 32 años, ahora es super-mega-adulto???), pastillas, coca, porros... en fin, te puedes imaginar, era un fiestero...
Y se clava un speech de quince minutos -sin respirar- relatando pormenorizadamente sus noches interminables de disco en disco, de antro en antro, de pasti a tiro, de coño en coño... su vida alocada, sin rumbo, sin sentido y sin cariño verdadero (Esto lo decía él, porque según yo, esa "vida alocada" a mí me sentó la mar de bien mientras quise practicarla).
Y yo pienso que si me lo hubiera encontrado alguna de esas noches en las que yo salía a merendarme la ciudad encaramada a unos tacones y con el accelere de la blanca haciendo palpitar mis sienes (y otras cosas) pues Ojazos hubiera acabado en mi cama, porque tiene el tipo clásico que me chiflaba arrastrar a mi colchón para un ratillo. Y se me dilatan las pupilas de imaginar que ese cuerpazo trabajado se me va a escapar porque ya no nos drogamos, ya no quemamos la noche, ya no jugamos a que nos importa todo un pito, ya no consumimos sexo como latas de refresco. Ya no puedo tomarlo y largarlo cuando haya cumplido su misión. Yo ya no puedo volver a ese mundo que él retrata y en el que parece estaba la oportunidad de habérmelo beneficiado. Eso terminó para mí y Ojazos se ha vuelto un místico osteópata que habla de sexo con sentido, amor universal, armonía con el universo, luz interior, ángeles de la guarda, experiencias extrasensoriales... de todo, menos sexo salvaje y sin consecuencias. Y como que yo ya tengo suficiente con mi indio para el sexo tántrico.
Así que me limito a sonreir, en la idea "autoconsuelo" que igual y no es lo que parece, y resulte un fiasco en la cama, y que a veces es mucho más divertido y excitante lo que no ocurre más que en tu imaginación ... así pues, me relajo y me dejo retorcer como si fuera una muñeca de trapo, en lo que descubro que mis vértebras, al ser colocadas mediante movimientos expertos de osteópata tío-bueno, crujen, chillan, truenan, de modo que con cada cric-crac-craaaaac me daba un ataque de risa que acabé contagiando a Ojazos, y así nos ves a los dos, yo, en bolas, hecha un ovillo entre los brazos de estribador sexy de Ojazos, dejándome estrujar y descojonándome y el otro esperando a que se le pasaran las carcajadas para almacenar fuerzas y tronarme otra vez, que vamos, parecía yo una carraca...
Tras unos ejercicios de estiramiento, me inició en la meditación y me hizo sentir mecida en un mar cálido cuyo oleaje tranquilo me dibujó una sonrisa que me duró todo el día. Cuando acabé de vestirme, flotando feliz, le abracé y le besé (fraternalmente, que conste) y él me devolvió los cariños, diciéndome que yo le había sentado mejor que una terapia. Qué buena publicidad es esa. Qué eficaz.
Dando saltitos por la calle, brinqué hasta encontrarme con mi indio que me esperaba en la calle para ir a comer a un hindú de Lavapies.
Cuando me vió, con mi sonrisa luminosa y mi recien estrenado alter ego canguril, soltó a reirse:
- Te lo has follado?. Tienes cara de habértelo follado... Ay, mi niña, sí? ya te lo cogiste?..
- Anda, vamos a comer, que tengo hambre. Y despues, follamos.
No es que Ojazos haya inspirado la sesión de sexo de la tarde, pero desde luego, sería una desagradecida si no le atribuyera su mérito. Mi flexibilidad, esa tarde, llegó a un nivel circense. Tenía los chacras más abiertos y receptivos a este lado del Pecos. O del Manzanares, que una, con esto del amor universal, se hace un lío con las fronteras.





