My own culebrón, chapter tú
Jueves, 22.30, hora H. Yo, tumbada en la cama ataviada con un pareo filipino. Mi indio entrando por la puerta (si llega a entrar por la ventana, me da un infarto) cargadito de maletas, sonrisas y hambre, me besa como en las películas. Quince minutos de besos de tornillo después, mi indio se dirige a la ducha para regalarme su piel perfecta, morena y lisa.
Cuando desperté al día siguiente y sentí su cuerpo caliente a mi lado, creí que estaba en el paraíso. Volvimos a hacer el amor de nuevo y llegué a la oficina con una sonrisa que borraba mis ojeras. Repartí sonrisas hasta a mi jefe, en alarde de generosidad.
Después de comer, la siesta. Como dios manda, en la cama, con una película (Los amantes de María) y con buen sexo para inducir al sueño y el sueño que te induce al sexo y...
20h.
- Hoy me voy a emborrachar.
MI indio se toma el alcohol muy en serio. Y cuando se pone así de categórico, no modo llevarle la contraria. No iba a ser yo, desde luego, la que se interpusiera entre él y las cervezas, el vino y el tequila que esa noche iban a sustituir el 80% de agua que todo ser humano contiene, menos en el caso de mi indiecito hermoso, cuyo albergue alcohólico supera lo científicamente demostrado.
Así que fuimos a nuestro bar favorito, donde habíamos quedado con dos amigos y comenzó un periplo, básicamente etílico, interrumpido por una estupenda cena como excusa perfecta para dejar las cervezas y pasar al tinto acompañando los platos y siguiendo al ron de los postres.
A las dos de la mañana, mi indio, que para estas cosas es un profesional, había cumplido su profecía con rigor y exactitud y hubo de ser asistido por un amigo para llegar a casa sin besar el suelo, no sin antes intentar levantarme las faldas a lo largo del trayecto para que todo el centro de la ciudad comprobara que su linda novia no llevaba ropa interior de ningún tipo. Accidentadamente, pero llegamos a casa al fin, y yo ya me veía mandándolo a dormir al sofá so pena de pasarme la noche escuchándole cantarme al oído todos los poemas de Nicolás Guillén que se sabe.
Pero no. Mi indio, siempre sorprendente, se tumbó a mi lado y se despejó (o eso pensaba yo) milagrosamente. Le dió el ataque de amor más grave que yo le haya conocido, desde el día que me pidió que me fuera a vivir con él. Con la botella de tequila a un lado y una locuacidad fuera de lo común -y esto, os aseguro, es muchísimo porque habla sin trabas- se puso a analizar pormenorizadamente la situación que se nos presenta, con las variaciones posibles. Hablaba, me preguntaba, escuchaba, negociaba, dudaba, asentía y me besaba. Tequila, besos, y toneladas de amor. Pero toneladas abrumadoras de amor, como yo no esperaba, la verdad. Tan grave estuvo la cosa que pensé: "pues va a ser cierto que este cabrón quiere estar conmigo un buen, a que acabamos casándonos?". Que sí, que estaba asustado, que sí, que nos iba a cambiar la vida, que sí, era una bronca enorme. Pero que no podía estar sin mí. Que estaba enamorado hasta el tuétano y el peroné y que, por él, iba a seguir a mi lado forever and ever. Que le había dicho a su esposa que se iba a vivir conmigo este mes antes de que lleguen sus hijos ("y qué dijo ella?", dijo "glups", "..."). Que yo era la mujer perfecta.
Bueno, pues sí, es cierto, a qué negarlo, soy la mujer perfecta. Pero como los demás no son perfectos, como yo, a veces cometen errores y dejan escapar a esta mujer perfecta en su inmensa estupidez. Y mi indio es un tío muy listo, pero el miedo, como dos tetas, vuelven tontos a los hombres y les hacen perder a las mujeres perfectas de este mundo.
Qué bonito todo, verdad?. Pues sí. Y como todo era como en los cuentos, pues follamos para celebrarlo mientras el alba se adivinaba por el balcón. En algún momento de éxtasis amoroso, nos quedamos dormidos, o al menos yo, porque ya no recuerdo nada hasta bien entrada la mañana siguiente. Cuando fui al baño, encontré la botella de tequila junto al lavabo. Una de dos, o la botella, muy discreta ella, se retiró ante nuestra demostración de amor apasionado, al baño a descansar, o mi indio hizo alguna excursión sin que me diera cuenta.
Qué bonito todo, verdad?. Pues al día siguiente, no recordaba nada. Pero nada, desde los postres del restaurante. Hala, chúpate esa.
- Pero, y todo lo que dijiste anoche?, pregunté yo, poniendo cara de perrillo.
- ...??? Qué dije?.
- No recuerdas nada? (a punto de echarme a llorar).
- Ayyyy... no, lo siento. Nada de nada. Hice muchas tonterías? (mi indio, empezando a poner cara de acojonado).
- Pues... quisiste desnudarme en mitad de la Gran Vía...
- Ah, si?, Joder, y lo conseguí?.
- Me temo que no. Y M. me ayudó a traerte a casa.
- Y subió? Le invitaste a un trago?
- No, no subió, no... no recuerdas lo que hablamos?
- No, mi vida, no recuerdo nada. Estuve grosero? Qué fue lo que dije?.
- Pues... hablamos sobre "el lío" que tenemos...
- Y??? nos hemos separado ya? me has abandonado? me has engañado en mi ausencia?, ya sabía yo que no podía dejarte sola tanto tiempo... a ver, qué pasó, qué hice, qué dije...dimeeeee...
- Pues... me dijiste que me querías, que estabas loco por mí y que no podías dejarme, ni lo ibas a hacer, que lo arreglaríamos todo, me diste muchos besos, me follaste varias veces, ME PEDISTE QUE ME CASARA CONTIGO, ME DIJISTE QUE ME REGALARIAS LA CAMARA DIGITAL QUE TANTAS GANAS TENGO DE TENER Y TAMBIEN QUE ME IBAS A COMPRAR UN APARTAMENTO CON VISTAS AL MAR EN MALLORCA Y UN ANILLO CON UN PEDRUSCO TAMAÑO OBSCENO...
Y puse cara de ángel. Angel triste por su amnesia, pero esperanzado por si cuela.
- Vaya... pues no recuerdo nada. Pero sí es cierto que te amo, que no puedo estar sin tí y que no voy a dejarte. Pienso estar a tu lado por mucho, mucho tiempo...
Bueno, mientras puedas pagar la hipoteca del apartamento en la playa... me conformo.
Cuando desperté al día siguiente y sentí su cuerpo caliente a mi lado, creí que estaba en el paraíso. Volvimos a hacer el amor de nuevo y llegué a la oficina con una sonrisa que borraba mis ojeras. Repartí sonrisas hasta a mi jefe, en alarde de generosidad.
Después de comer, la siesta. Como dios manda, en la cama, con una película (Los amantes de María) y con buen sexo para inducir al sueño y el sueño que te induce al sexo y...
20h.
- Hoy me voy a emborrachar.
MI indio se toma el alcohol muy en serio. Y cuando se pone así de categórico, no modo llevarle la contraria. No iba a ser yo, desde luego, la que se interpusiera entre él y las cervezas, el vino y el tequila que esa noche iban a sustituir el 80% de agua que todo ser humano contiene, menos en el caso de mi indiecito hermoso, cuyo albergue alcohólico supera lo científicamente demostrado.
Así que fuimos a nuestro bar favorito, donde habíamos quedado con dos amigos y comenzó un periplo, básicamente etílico, interrumpido por una estupenda cena como excusa perfecta para dejar las cervezas y pasar al tinto acompañando los platos y siguiendo al ron de los postres.
A las dos de la mañana, mi indio, que para estas cosas es un profesional, había cumplido su profecía con rigor y exactitud y hubo de ser asistido por un amigo para llegar a casa sin besar el suelo, no sin antes intentar levantarme las faldas a lo largo del trayecto para que todo el centro de la ciudad comprobara que su linda novia no llevaba ropa interior de ningún tipo. Accidentadamente, pero llegamos a casa al fin, y yo ya me veía mandándolo a dormir al sofá so pena de pasarme la noche escuchándole cantarme al oído todos los poemas de Nicolás Guillén que se sabe.
Pero no. Mi indio, siempre sorprendente, se tumbó a mi lado y se despejó (o eso pensaba yo) milagrosamente. Le dió el ataque de amor más grave que yo le haya conocido, desde el día que me pidió que me fuera a vivir con él. Con la botella de tequila a un lado y una locuacidad fuera de lo común -y esto, os aseguro, es muchísimo porque habla sin trabas- se puso a analizar pormenorizadamente la situación que se nos presenta, con las variaciones posibles. Hablaba, me preguntaba, escuchaba, negociaba, dudaba, asentía y me besaba. Tequila, besos, y toneladas de amor. Pero toneladas abrumadoras de amor, como yo no esperaba, la verdad. Tan grave estuvo la cosa que pensé: "pues va a ser cierto que este cabrón quiere estar conmigo un buen, a que acabamos casándonos?". Que sí, que estaba asustado, que sí, que nos iba a cambiar la vida, que sí, era una bronca enorme. Pero que no podía estar sin mí. Que estaba enamorado hasta el tuétano y el peroné y que, por él, iba a seguir a mi lado forever and ever. Que le había dicho a su esposa que se iba a vivir conmigo este mes antes de que lleguen sus hijos ("y qué dijo ella?", dijo "glups", "..."). Que yo era la mujer perfecta.
Bueno, pues sí, es cierto, a qué negarlo, soy la mujer perfecta. Pero como los demás no son perfectos, como yo, a veces cometen errores y dejan escapar a esta mujer perfecta en su inmensa estupidez. Y mi indio es un tío muy listo, pero el miedo, como dos tetas, vuelven tontos a los hombres y les hacen perder a las mujeres perfectas de este mundo.
Qué bonito todo, verdad?. Pues sí. Y como todo era como en los cuentos, pues follamos para celebrarlo mientras el alba se adivinaba por el balcón. En algún momento de éxtasis amoroso, nos quedamos dormidos, o al menos yo, porque ya no recuerdo nada hasta bien entrada la mañana siguiente. Cuando fui al baño, encontré la botella de tequila junto al lavabo. Una de dos, o la botella, muy discreta ella, se retiró ante nuestra demostración de amor apasionado, al baño a descansar, o mi indio hizo alguna excursión sin que me diera cuenta.
Qué bonito todo, verdad?. Pues al día siguiente, no recordaba nada. Pero nada, desde los postres del restaurante. Hala, chúpate esa.
- Pero, y todo lo que dijiste anoche?, pregunté yo, poniendo cara de perrillo.
- ...??? Qué dije?.
- No recuerdas nada? (a punto de echarme a llorar).
- Ayyyy... no, lo siento. Nada de nada. Hice muchas tonterías? (mi indio, empezando a poner cara de acojonado).
- Pues... quisiste desnudarme en mitad de la Gran Vía...
- Ah, si?, Joder, y lo conseguí?.
- Me temo que no. Y M. me ayudó a traerte a casa.
- Y subió? Le invitaste a un trago?
- No, no subió, no... no recuerdas lo que hablamos?
- No, mi vida, no recuerdo nada. Estuve grosero? Qué fue lo que dije?.
- Pues... hablamos sobre "el lío" que tenemos...
- Y??? nos hemos separado ya? me has abandonado? me has engañado en mi ausencia?, ya sabía yo que no podía dejarte sola tanto tiempo... a ver, qué pasó, qué hice, qué dije...dimeeeee...
- Pues... me dijiste que me querías, que estabas loco por mí y que no podías dejarme, ni lo ibas a hacer, que lo arreglaríamos todo, me diste muchos besos, me follaste varias veces, ME PEDISTE QUE ME CASARA CONTIGO, ME DIJISTE QUE ME REGALARIAS LA CAMARA DIGITAL QUE TANTAS GANAS TENGO DE TENER Y TAMBIEN QUE ME IBAS A COMPRAR UN APARTAMENTO CON VISTAS AL MAR EN MALLORCA Y UN ANILLO CON UN PEDRUSCO TAMAÑO OBSCENO...
Y puse cara de ángel. Angel triste por su amnesia, pero esperanzado por si cuela.
- Vaya... pues no recuerdo nada. Pero sí es cierto que te amo, que no puedo estar sin tí y que no voy a dejarte. Pienso estar a tu lado por mucho, mucho tiempo...
Bueno, mientras puedas pagar la hipoteca del apartamento en la playa... me conformo.
ataque de egomanía a las ocho
He leído en varios blogs auto-entrevistas. Me hace mucha gracia que alguien decida qué es interesante preguntarse... a sí mismo. Sí, desde luego es un todo un ejercicio de autoafimación y egolatría, pero todos los blogueros pecamos, cuando menos, de un ego importante.
Yo no quiero una auto-entrevista... yo, lo que quiero y necesito para sentirme la reinadelmambo, es una entrevista en un programa líder de audiencia. Vale, no he hecho nada en la vida para merecerlo. No soy premio nobel de física, no he inventado el radar (le darán royalties a los murciélagos??), no me acuesto con futbolistas de primera división ni siquiera ostento un puesto entre los blogs más leídos de ya.com (y mira que estoy tirando ya por lo bajo). Pues no, ni por esas. No he hecho nada que amerite la atención mediática sobre mi persona... aún.
Porque, estoy convencida, en algún momento, aflorará la artista innovadora y revolucionaria que llevo dentro y acabarán mis obras siendo codiciadas por el MOMA (que no, no tengo ninguna obra ni siquiera marco, pero denme tiempo), o puede que la modista que vive en mí, algún día provocará un shock en Milán y Bimba Bosé será mi mejor amiga (cuando aprenda a hacer algo más que hilvanar)... quizá, una tarde ociosa de domingo, con unas cosillas de esas que tengo en casa y que nunca se dónde poner, arme un mecano que sea el invento del siglo (y con un poco de suerte, hasta útil)... puede que un día, los marcianos me abduzcan y me regalen unos chips ultramodernos y me regalen la patente (así tenga que mediar sexo para conseguirlo)... o que me case con un narcotraficante archifamoso a lo pablo escobar y me convierta en el cerebro del cártel gracias a mis habilidades para los negocios (sin comentarios sobre el tema afinsa, no me jodais el post)...
Como veis, posibilidades, hay muchas.. sólo hay que darle un empujoncito a la oportunidad y listo¡¡¡ te llama el loco de la colina para dedicarte una noche, y encima, fumando en el plató, que a mí me parece lo más de lo más. Es que me muero de ganas, presentarme con un modelazo de esos de infarto y no os pongais nerviosos porque el modelito ha de ir acorde a lo que una es, por aquello del feng shui. No se puede ir vestida de Cavalli si eres Rigoberta Menchú, y no por gorda, si no por lo nobel, y encima de la paz. Pues no queda bien. Para la paz, queda mejor algo suave, sin estridencias, como un armani. Que como a mí Armani me aburre soberanamente, pues no seré nobel de la paz. Y si fuera modista, pues, evidentemente, llevaría unos vaqueros y una camiseta de rayas. Y zapatillas de cordones. Sólo para poder decir: "las estrellas son las demás, yo sólo creo y ellas lo lucen". Y cara de no haber roto un plato en mi vida. No digais que no quedaría la mar de cool... Si es que me estoy viendo...
Pero lo mejor de todo, que a fin de cuentas, es para lo que yo quiero ser entrevistada, y ser archi famosa por ser inventora, científica, pianista o astronauta, sólo es una excusa para que me hagan LA PREGUNTA:
- Señorita Tribeca (así, rollito rottenmeyer), díganos... cuántos hombres han pasado por su vida??
Y yo, que soy encantadora, a la par que una futurible super estrella, mesaré mi cabello rojo, dirigiré mis ojos al suelo tímidamente sólo un par de segundos para acentuar lo íntimo de la cuestión, regresaré la mirada a mi interlocutor y le sonreiré ligeramente azorada mientras sujeto mi muñeca izquierda con mi mano derecha, e inclinando levemente la cabeza, le responderé:
- Cuánto tiempo te queda de programa?...
Qué queréis.. me muero por poder decir eso ante millones de personas.
Yo no quiero una auto-entrevista... yo, lo que quiero y necesito para sentirme la reinadelmambo, es una entrevista en un programa líder de audiencia. Vale, no he hecho nada en la vida para merecerlo. No soy premio nobel de física, no he inventado el radar (le darán royalties a los murciélagos??), no me acuesto con futbolistas de primera división ni siquiera ostento un puesto entre los blogs más leídos de ya.com (y mira que estoy tirando ya por lo bajo). Pues no, ni por esas. No he hecho nada que amerite la atención mediática sobre mi persona... aún.
Porque, estoy convencida, en algún momento, aflorará la artista innovadora y revolucionaria que llevo dentro y acabarán mis obras siendo codiciadas por el MOMA (que no, no tengo ninguna obra ni siquiera marco, pero denme tiempo), o puede que la modista que vive en mí, algún día provocará un shock en Milán y Bimba Bosé será mi mejor amiga (cuando aprenda a hacer algo más que hilvanar)... quizá, una tarde ociosa de domingo, con unas cosillas de esas que tengo en casa y que nunca se dónde poner, arme un mecano que sea el invento del siglo (y con un poco de suerte, hasta útil)... puede que un día, los marcianos me abduzcan y me regalen unos chips ultramodernos y me regalen la patente (así tenga que mediar sexo para conseguirlo)... o que me case con un narcotraficante archifamoso a lo pablo escobar y me convierta en el cerebro del cártel gracias a mis habilidades para los negocios (sin comentarios sobre el tema afinsa, no me jodais el post)...
Como veis, posibilidades, hay muchas.. sólo hay que darle un empujoncito a la oportunidad y listo¡¡¡ te llama el loco de la colina para dedicarte una noche, y encima, fumando en el plató, que a mí me parece lo más de lo más. Es que me muero de ganas, presentarme con un modelazo de esos de infarto y no os pongais nerviosos porque el modelito ha de ir acorde a lo que una es, por aquello del feng shui. No se puede ir vestida de Cavalli si eres Rigoberta Menchú, y no por gorda, si no por lo nobel, y encima de la paz. Pues no queda bien. Para la paz, queda mejor algo suave, sin estridencias, como un armani. Que como a mí Armani me aburre soberanamente, pues no seré nobel de la paz. Y si fuera modista, pues, evidentemente, llevaría unos vaqueros y una camiseta de rayas. Y zapatillas de cordones. Sólo para poder decir: "las estrellas son las demás, yo sólo creo y ellas lo lucen". Y cara de no haber roto un plato en mi vida. No digais que no quedaría la mar de cool... Si es que me estoy viendo...
Pero lo mejor de todo, que a fin de cuentas, es para lo que yo quiero ser entrevistada, y ser archi famosa por ser inventora, científica, pianista o astronauta, sólo es una excusa para que me hagan LA PREGUNTA:
- Señorita Tribeca (así, rollito rottenmeyer), díganos... cuántos hombres han pasado por su vida??
Y yo, que soy encantadora, a la par que una futurible super estrella, mesaré mi cabello rojo, dirigiré mis ojos al suelo tímidamente sólo un par de segundos para acentuar lo íntimo de la cuestión, regresaré la mirada a mi interlocutor y le sonreiré ligeramente azorada mientras sujeto mi muñeca izquierda con mi mano derecha, e inclinando levemente la cabeza, le responderé:
- Cuánto tiempo te queda de programa?...
Qué queréis.. me muero por poder decir eso ante millones de personas.
Casi, casi...
Mañana, a eso de las 10 y media de la noche, mi indiecito hermoso (si la aerolínea lo permite, y como no, la vamos a tener) estará haciendo entrada triunfal en nuestro nidito de amor... no tengo palabras suficientes para describir el estado de ansiedad en el que me encuentro... esto ya es alerta naranja-roja¡¡¡ y mi indio, afortunadamente, la comparte, que si no ya estaría echando mano de la agenda, que no estoy yo para esperas...
Normalmente, cuando se va de viaje, hago mis ejercicios de control mental, relajación, alejo de mi cabecita todo pensamiento lúbrico, procuro no quedar con "hombres peligrosos" y suele funcionar más o menos bien, con resultados garantizados hasta la tercera semana, por lo menos.
Pero esta vez, algo ha fallado. Será el verano, el calor, o que la meditación se ha ido de vacaciones, pero yo ando fatal de lo mío. Ayer mismo le confesaba a Mamá gallina que, o me lo devolvían antes del fin de semana o... íbamos a estrenar tocado veraniego. Hay que decir que como Mamá gallina anda completamente desatada, atentando contra sus principios morales, me invitó a que calmara mis apetitos con el que menos lata me diera y con un "lo importante es que no se entere", que me dejó anonadada.
Para mí que las vibraciones que despido (porque a estas alturas, no las emito, las despido como rayos con centellas incluídas) han debido llegar hasta el otro lado del océano y los altos mandos las han captado, y han tenido a bien cursar la orden de regreso a las españas de mi objeto sexual favorito - que también es mi amorcito, pero hasta que no esté yo relajadita, su condición de amoroso compañero, se siente, pasa a un segundo plano- y con esas, mañana, la única preocupación de vuestra amiguita va a ser si recibirlo vestida o desnuda.
Mi indio tampoco está tan tranquilo. El fin de semana pasado recibió la inestimable visita de Charlyboy y compartieron habitación. El domingo a las 4 y 20 de la madrugada recibí un sms que decía más o menos: "Charlyboy está en la cama tumbado en paños menores y estoy pensando en brincarle". A los diez minutos, otro sms: "Charlyboy se ha puesto a roncar. Se acaba de librar de mi asedio". No los ví hasta la mañana siguiente, desde la cama ajena donde dormía -en casa de mi amiga Sara, sola, en el cuarto de uno de sus hijos rodeada de dinosaurios de plástico- y me dió un ataque de risa pensando en lo cerquita que ha estado Charlyboy de descubrir las bondades del sexo sodomita, merced al desmesurado apetito lúbrico de mi futuro ex-marido...
Y es que mi indio y yo nos parecemos bastante en este aspecto. Tenemos hambre y queremos comer. Y a falta de pan, buenas son tortas. Mi indio sabe que soy peligrosa si se me encienden las alertas y que ha estado muy cerquita del límite que mi cuerpo marca, y que él, como el Charly, se ha librado por los pelos.
P.D.: La nueva incorporación laboral ya se ha presentado, pero un ratito nada más, a saludar y a pasear su linda figura. Y como anécdota reseñable, contaré que cuando se iba, caminando por el pasillo de 1,20 metros, regresó sobre sus pasos para preguntar por dónde se salía.... claro, como nuestra oficina es Versalles¡¡¡ (por diosito santo, que son sesenta metros cuadrados sin recovecos donde esconderte..) Ay, mi niña, esta es de las que se pierde en su propia casa... Aunque se de uno que, en el metro, tomó cinco líneas diferentes con sus transbordos correspondientes, para llegar de una parada a otra que, según el plano son en línea directa (AKA "el lumbreras de mi nuevo jefe"). Jo, cómo está el patio...
Normalmente, cuando se va de viaje, hago mis ejercicios de control mental, relajación, alejo de mi cabecita todo pensamiento lúbrico, procuro no quedar con "hombres peligrosos" y suele funcionar más o menos bien, con resultados garantizados hasta la tercera semana, por lo menos.
Pero esta vez, algo ha fallado. Será el verano, el calor, o que la meditación se ha ido de vacaciones, pero yo ando fatal de lo mío. Ayer mismo le confesaba a Mamá gallina que, o me lo devolvían antes del fin de semana o... íbamos a estrenar tocado veraniego. Hay que decir que como Mamá gallina anda completamente desatada, atentando contra sus principios morales, me invitó a que calmara mis apetitos con el que menos lata me diera y con un "lo importante es que no se entere", que me dejó anonadada.
Para mí que las vibraciones que despido (porque a estas alturas, no las emito, las despido como rayos con centellas incluídas) han debido llegar hasta el otro lado del océano y los altos mandos las han captado, y han tenido a bien cursar la orden de regreso a las españas de mi objeto sexual favorito - que también es mi amorcito, pero hasta que no esté yo relajadita, su condición de amoroso compañero, se siente, pasa a un segundo plano- y con esas, mañana, la única preocupación de vuestra amiguita va a ser si recibirlo vestida o desnuda.
Mi indio tampoco está tan tranquilo. El fin de semana pasado recibió la inestimable visita de Charlyboy y compartieron habitación. El domingo a las 4 y 20 de la madrugada recibí un sms que decía más o menos: "Charlyboy está en la cama tumbado en paños menores y estoy pensando en brincarle". A los diez minutos, otro sms: "Charlyboy se ha puesto a roncar. Se acaba de librar de mi asedio". No los ví hasta la mañana siguiente, desde la cama ajena donde dormía -en casa de mi amiga Sara, sola, en el cuarto de uno de sus hijos rodeada de dinosaurios de plástico- y me dió un ataque de risa pensando en lo cerquita que ha estado Charlyboy de descubrir las bondades del sexo sodomita, merced al desmesurado apetito lúbrico de mi futuro ex-marido...
Y es que mi indio y yo nos parecemos bastante en este aspecto. Tenemos hambre y queremos comer. Y a falta de pan, buenas son tortas. Mi indio sabe que soy peligrosa si se me encienden las alertas y que ha estado muy cerquita del límite que mi cuerpo marca, y que él, como el Charly, se ha librado por los pelos.
P.D.: La nueva incorporación laboral ya se ha presentado, pero un ratito nada más, a saludar y a pasear su linda figura. Y como anécdota reseñable, contaré que cuando se iba, caminando por el pasillo de 1,20 metros, regresó sobre sus pasos para preguntar por dónde se salía.... claro, como nuestra oficina es Versalles¡¡¡ (por diosito santo, que son sesenta metros cuadrados sin recovecos donde esconderte..) Ay, mi niña, esta es de las que se pierde en su propia casa... Aunque se de uno que, en el metro, tomó cinco líneas diferentes con sus transbordos correspondientes, para llegar de una parada a otra que, según el plano son en línea directa (AKA "el lumbreras de mi nuevo jefe"). Jo, cómo está el patio...
de lunes y con mono
En un día como hoy, caluroso, en el que esperamos novedades en el trabajo (tenemos chica nueva en la oficina, pero a estas horas aún no llega, el jet lag es duro un lunes); en el que sigo pensando qué chin hago yo los fines de semana que los lunes sigue sin bajar la montaña de ropa pendiente de plancha; en el que, pese a no haber ganado el partido del viernes, la pasé super bien y conocí a una bloguera encantadora con la que compartí charla, cervezas y cena hasta las 3 de la mañana; en el que descubro las marcas en mi escote de haberme pasado todo el domingo al sol en la terraza enorme y florida de mi amiga Sara... en un día como hoy, y tras exponer públicamente mi delicada situación sentimental, declaro que hoy, por lo menos hoy, no pienso hacer nada al respecto.
Y no pienso hacer nada, porque la cabeza no me da para nada más que para esperar a que mi indio regrese del país bárbaro que lo aloja por semanas, porque lo echo tanto de menos y tengo tantas ganas de verlo, abrazarlo, tocarlo y follar con él hasta quedar exhausta, que hasta que eso no ocurra, y puede que después tampoco, no pienso hacer nada.
Probablemente voy a salir muy mal parada. Lo veo venir. Y eso que, como alguno me ha comentado por aquí, no espero que lo deje todo por mí. Ni se me pasa por la imaginación que renuncie a su familia por mí. Yo no soy, ni seré, ni lo quiero ser, tan importante. Nunca le he dicho, ni siquiera lo he pensado, ponerle en la encrucijada de elegir. Sería estúpido por mi parte, egoísta y bastante ingenuo pensar que se puede poner a alguien en semejante dilema, porque nunca sería tal, sino una postura absurda y cruel de niña engreída que además, a poco decente que sea el tipo, la respuesta es clara como el agua. No esperaría menos del hombre al que amo.
Y como en el fondo, soy una chica práctica, no voy a perder tiempo en elucubraciones que no me llevan a ningún lado (bueno). Tengo una peligrosa tendencia a enamorarme de tipos que me complican la vida: yo los elijo, yo decido quedarme, y yo solita he renunciado (en varias ocasiones) a sentar la cabeza con un hombre de bien, con su 4x4 en la puerta del chalet en la sierra y el servicio por horas -que las internas ya no se llevan, a no ser que tengas apelldos compuestos- , así que me hago responsable de mis actos y actuaré en consecuencia, llegado el momento, procurando no salpicar mucho con mis lágrimas si los violines dejan de sonar...
Se avecina tormenta. Sí. Y de las gordas. Pero todos los que me conoceis sabeis que en peores plazas hemos lidiado. Y siempre salgo. La única persona que puede conmigo soy yo misma. Y soy una excelente adversaria de mí misma. Siendo optimistas, si mi indio y yo conseguimos manejar la situación con inteligencia y con cariño, habremos sobrevivido a una crisis de esas tipo "tsunami", y si no, pues... nos inventaremos un plan "B", por ejemplo, pedir un año de excedencia y largarme a México de una vez.
No pienso dejarme vencer por los malos augurios, al menos hoy, porque sólo puedo pensar en el regreso de mi indio hermoso y tenerlo en mi cama haciéndome el amor durante horas. Y no quiero pensar en nada más, que el mono ya está muy cabrón y como ya sabeis, si Tribeca no tiene sexo cuando quiere (y con quién quiere), se pone de muy mal humor...
Y no pienso hacer nada, porque la cabeza no me da para nada más que para esperar a que mi indio regrese del país bárbaro que lo aloja por semanas, porque lo echo tanto de menos y tengo tantas ganas de verlo, abrazarlo, tocarlo y follar con él hasta quedar exhausta, que hasta que eso no ocurra, y puede que después tampoco, no pienso hacer nada.
Probablemente voy a salir muy mal parada. Lo veo venir. Y eso que, como alguno me ha comentado por aquí, no espero que lo deje todo por mí. Ni se me pasa por la imaginación que renuncie a su familia por mí. Yo no soy, ni seré, ni lo quiero ser, tan importante. Nunca le he dicho, ni siquiera lo he pensado, ponerle en la encrucijada de elegir. Sería estúpido por mi parte, egoísta y bastante ingenuo pensar que se puede poner a alguien en semejante dilema, porque nunca sería tal, sino una postura absurda y cruel de niña engreída que además, a poco decente que sea el tipo, la respuesta es clara como el agua. No esperaría menos del hombre al que amo.
Y como en el fondo, soy una chica práctica, no voy a perder tiempo en elucubraciones que no me llevan a ningún lado (bueno). Tengo una peligrosa tendencia a enamorarme de tipos que me complican la vida: yo los elijo, yo decido quedarme, y yo solita he renunciado (en varias ocasiones) a sentar la cabeza con un hombre de bien, con su 4x4 en la puerta del chalet en la sierra y el servicio por horas -que las internas ya no se llevan, a no ser que tengas apelldos compuestos- , así que me hago responsable de mis actos y actuaré en consecuencia, llegado el momento, procurando no salpicar mucho con mis lágrimas si los violines dejan de sonar...
Se avecina tormenta. Sí. Y de las gordas. Pero todos los que me conoceis sabeis que en peores plazas hemos lidiado. Y siempre salgo. La única persona que puede conmigo soy yo misma. Y soy una excelente adversaria de mí misma. Siendo optimistas, si mi indio y yo conseguimos manejar la situación con inteligencia y con cariño, habremos sobrevivido a una crisis de esas tipo "tsunami", y si no, pues... nos inventaremos un plan "B", por ejemplo, pedir un año de excedencia y largarme a México de una vez.
No pienso dejarme vencer por los malos augurios, al menos hoy, porque sólo puedo pensar en el regreso de mi indio hermoso y tenerlo en mi cama haciéndome el amor durante horas. Y no quiero pensar en nada más, que el mono ya está muy cabrón y como ya sabeis, si Tribeca no tiene sexo cuando quiere (y con quién quiere), se pone de muy mal humor...
My own culebrón
Cómo contar una historia sin que se note mucho? Sin nombrar a sus protagonistas, sin poner el dedo en la llaga, sin hacer daño a alguien, sin temor a que te lean y ser descubierto... Pues sólo se me ocurre una manera: no hacerlo.
Porque todos los que escribimos diarios personales en internet, en algún momento, sentimos ese temor a herir a alguien, que quien no debe, se entere del secreto que guardas. "Mi secreto", en realidad, no es mío. Lo he hecho mío por extensión, por influencias, por amor. Pero no es mío. Y tiene los días contados.
Amo a un hombre maravilloso que me trata como a una princesa. Me mima, me cuida, se implica en mi vida, siempre tiene una sonrisa para mí y para los míos, me despierta cubriéndome de besos y me duerme mecida en sus brazos. Es un tipo brillante, inteligentísimo, culto, divertido, sociable, detallista, cariñoso, encantador, con buen gusto y excelente conversación. Cocina bien, no tiene pleitos en ir a la compra los sábados, ni se pelea por el mando a distancia. Me ha integrado en su grupo de amigos como a una más y salimos con los míos como si siempre hubiera estado ahí. Y encima, a mí me parece super atractivo.
El hombre perfecto, no?. Pues sí, lo es.
Salvo porque está casado. Desde hace 18 años. Y su mujer -adivinen- no sabe que yo existo. Que historia tan vieja, verdad?. No pretendo ser original, tengo muchas virtudes y más defectos, pero la exclusiva, en este cuento, no la tengo. No hay más que darse una vuelta por los blogs que pueblan internet para toparse con historias similares a la mía. Luego están las circunstancias, esas sí son personales y son las que nos hacen únicos.
Y mis circunstancias son las que han convertido un polvo de finde semana en una historia de amor, contra todo pronóstico.
Mi indio vive en España porque se hartó de su país, porque necesitaba un cambio, porque quería paz, porque le dió su real gana. Un día hizo sus maletas y dejó atrás su entorno, sus amigos, su cultura, su familia, su esposa, sus hijos. Y se plantó aquí con su sonrisa, su piel morena y sus cámaras, dispuesto a trabajar y hacerse un hueco. Y lo conquistó. Se adaptó como el camaleón que es y encontró un sitio bueno pa´ él. Consiguió una buena casa, trabajaba, se rodeó de buenos amigos, algún ligue eventual con billete de regreso, una nutrida vida social y al fin, la paz perseguida. Su vida transcurría sin demasiadas complicaciones hasta que llegué yo a ponerle en aprietos.
Porque ninguno de los dos sabíamos que nos íbamos a enamorar. Claro, eso nunca se sabe. A ver quién es es listo que predice que su vida va a pegar un vuelco semejante. Puede que si pudiéramos volver atrás, uno de los dos hubiera decidido no meterse en esta historia, pero ya es tarde para eso.
Ahora vivimos juntos, nos queremos, y sus hijos llegan en dos meses para quedarse al menos un año. Una bomba, vaya. Porque tendrá que mudarse de casa a una más grande y yo no me voy a ir con él. Porque tiene la intención de seguir conmigo y sus hijos se van a enterar que papi tiene novia aborigen. Porque su mujer, que hasta ahora, ha vivido a diez mil kilómetros de distancia manteniendo la idea de tener un marido lejos, pero marido, ahora va a ser un marido con novia, lo que en la lógica española viene a ser un marido que cambia de estatus a ex-marido, pero que en la mexicana... ni puta idea, porque son los reyes de los líos.
Mi indio está asustado. Cómo no estarlo. Le llegan dos hijos a los que va a tener que cuidar él solito. Le va a cambiar la vida de forma radical. Se acabaron las fiestas, las noches de borrachera, el fumar en casa. Y yo, calentándole la cama a diario. Y tener que explicarlo. Y cómo explicarlo sin hacer daño. Y cuándo explicarlo.
Un lío al mejor estilo culebrón, como no podía ser de otra manera, viniendo de mí y de mi afición a los mexicanos.
He tenido ligues con novia y lo he llevado bien, porque no me he enamorado. He tenido novios con hijos, y lo he llevado bien, porque eran unos padres puramente biológicos que no hacían ni puto caso a sus vástagos, como si no los tuvieran, así que los niños no eran más que un nombre que ni estaba en la agenda del tipo. Pero nunca había estado antes con un casado, separado de facto, con hijos reales, tangibles y presenciables, y menos con una esposa a la que un día se le pueden cruzar los cables y se atraviesa el mundo para ejercer como tal. Así que me voy superando a mí misma...
Mi indio está asustado porque es una bronca muy gorda, y yo soy sólo una parte, y no la más importante precisamente. Y yo estoy asustada porque estoy loca por él, porque quiero estar con él, pero también se que soy el eslabón más débil de la cadena y el más sencillo de romper si todo esto revienta de mala manera.
Un día, hablando del tema, lo que siempre es difícil porque es extramadamente delicado, le dije a mi indio que lo que a mí me gustaría idealmente, es que su mujer de allá supiera, entendiera y aceptara que él tiene una vida a este lado del Atlántico, con mujer incluída (por las dudas, servidora) y que podemos llevarla todos bien, ella allá, manteniendo la excelente relación que tienen a distancia, y él, los niños y yo acá. Porque si él quisiera estar con ella, estaría con ella, físicamente, y no a diez mil kilómetros. Porque si ella no pudiera vivir sin su marido, estaría aquí con él, o en donde quiera que fuera, pero estarían juntos. Y la realidad es que no lo están. Y resulta que así están bien los dos. Porque la distancia es lo que les permite tener la relación que tienen, y es envidiable, la verdad.
Prometo prestárselo en navidades. Prometo no hacer preguntas cuando se vaya. Prometo cuidar a mi indio para que sea un hombre feliz y pueda así hacer feliz a los suyos. Prometo amarlo con todas mis fuerzas y que despierte con una sonrisa cada mañana. Eso es lo que quiere cualquiera para aquellos a quién ama, no?. Pues yo garantizo que su marido está en buenas manos, en las mejores, vaya...
Y yo sin poder ir a Culiacán hasta noviembre, para pedir favores a la capilla de Malverde...
Porque todos los que escribimos diarios personales en internet, en algún momento, sentimos ese temor a herir a alguien, que quien no debe, se entere del secreto que guardas. "Mi secreto", en realidad, no es mío. Lo he hecho mío por extensión, por influencias, por amor. Pero no es mío. Y tiene los días contados.
Amo a un hombre maravilloso que me trata como a una princesa. Me mima, me cuida, se implica en mi vida, siempre tiene una sonrisa para mí y para los míos, me despierta cubriéndome de besos y me duerme mecida en sus brazos. Es un tipo brillante, inteligentísimo, culto, divertido, sociable, detallista, cariñoso, encantador, con buen gusto y excelente conversación. Cocina bien, no tiene pleitos en ir a la compra los sábados, ni se pelea por el mando a distancia. Me ha integrado en su grupo de amigos como a una más y salimos con los míos como si siempre hubiera estado ahí. Y encima, a mí me parece super atractivo.
El hombre perfecto, no?. Pues sí, lo es.
Salvo porque está casado. Desde hace 18 años. Y su mujer -adivinen- no sabe que yo existo. Que historia tan vieja, verdad?. No pretendo ser original, tengo muchas virtudes y más defectos, pero la exclusiva, en este cuento, no la tengo. No hay más que darse una vuelta por los blogs que pueblan internet para toparse con historias similares a la mía. Luego están las circunstancias, esas sí son personales y son las que nos hacen únicos.
Y mis circunstancias son las que han convertido un polvo de finde semana en una historia de amor, contra todo pronóstico.
Mi indio vive en España porque se hartó de su país, porque necesitaba un cambio, porque quería paz, porque le dió su real gana. Un día hizo sus maletas y dejó atrás su entorno, sus amigos, su cultura, su familia, su esposa, sus hijos. Y se plantó aquí con su sonrisa, su piel morena y sus cámaras, dispuesto a trabajar y hacerse un hueco. Y lo conquistó. Se adaptó como el camaleón que es y encontró un sitio bueno pa´ él. Consiguió una buena casa, trabajaba, se rodeó de buenos amigos, algún ligue eventual con billete de regreso, una nutrida vida social y al fin, la paz perseguida. Su vida transcurría sin demasiadas complicaciones hasta que llegué yo a ponerle en aprietos.
Porque ninguno de los dos sabíamos que nos íbamos a enamorar. Claro, eso nunca se sabe. A ver quién es es listo que predice que su vida va a pegar un vuelco semejante. Puede que si pudiéramos volver atrás, uno de los dos hubiera decidido no meterse en esta historia, pero ya es tarde para eso.
Ahora vivimos juntos, nos queremos, y sus hijos llegan en dos meses para quedarse al menos un año. Una bomba, vaya. Porque tendrá que mudarse de casa a una más grande y yo no me voy a ir con él. Porque tiene la intención de seguir conmigo y sus hijos se van a enterar que papi tiene novia aborigen. Porque su mujer, que hasta ahora, ha vivido a diez mil kilómetros de distancia manteniendo la idea de tener un marido lejos, pero marido, ahora va a ser un marido con novia, lo que en la lógica española viene a ser un marido que cambia de estatus a ex-marido, pero que en la mexicana... ni puta idea, porque son los reyes de los líos.
Mi indio está asustado. Cómo no estarlo. Le llegan dos hijos a los que va a tener que cuidar él solito. Le va a cambiar la vida de forma radical. Se acabaron las fiestas, las noches de borrachera, el fumar en casa. Y yo, calentándole la cama a diario. Y tener que explicarlo. Y cómo explicarlo sin hacer daño. Y cuándo explicarlo.
Un lío al mejor estilo culebrón, como no podía ser de otra manera, viniendo de mí y de mi afición a los mexicanos.
He tenido ligues con novia y lo he llevado bien, porque no me he enamorado. He tenido novios con hijos, y lo he llevado bien, porque eran unos padres puramente biológicos que no hacían ni puto caso a sus vástagos, como si no los tuvieran, así que los niños no eran más que un nombre que ni estaba en la agenda del tipo. Pero nunca había estado antes con un casado, separado de facto, con hijos reales, tangibles y presenciables, y menos con una esposa a la que un día se le pueden cruzar los cables y se atraviesa el mundo para ejercer como tal. Así que me voy superando a mí misma...
Mi indio está asustado porque es una bronca muy gorda, y yo soy sólo una parte, y no la más importante precisamente. Y yo estoy asustada porque estoy loca por él, porque quiero estar con él, pero también se que soy el eslabón más débil de la cadena y el más sencillo de romper si todo esto revienta de mala manera.
Un día, hablando del tema, lo que siempre es difícil porque es extramadamente delicado, le dije a mi indio que lo que a mí me gustaría idealmente, es que su mujer de allá supiera, entendiera y aceptara que él tiene una vida a este lado del Atlántico, con mujer incluída (por las dudas, servidora) y que podemos llevarla todos bien, ella allá, manteniendo la excelente relación que tienen a distancia, y él, los niños y yo acá. Porque si él quisiera estar con ella, estaría con ella, físicamente, y no a diez mil kilómetros. Porque si ella no pudiera vivir sin su marido, estaría aquí con él, o en donde quiera que fuera, pero estarían juntos. Y la realidad es que no lo están. Y resulta que así están bien los dos. Porque la distancia es lo que les permite tener la relación que tienen, y es envidiable, la verdad.
Prometo prestárselo en navidades. Prometo no hacer preguntas cuando se vaya. Prometo cuidar a mi indio para que sea un hombre feliz y pueda así hacer feliz a los suyos. Prometo amarlo con todas mis fuerzas y que despierte con una sonrisa cada mañana. Eso es lo que quiere cualquiera para aquellos a quién ama, no?. Pues yo garantizo que su marido está en buenas manos, en las mejores, vaya...
Y yo sin poder ir a Culiacán hasta noviembre, para pedir favores a la capilla de Malverde...
que el diablo nos asista...porque lo que es dios, se está luciendo
Estoy pensando seriamente abrirme un blog nuevo para poder hablar sin trabas de lo que pasa en mi empresa. Trabajo con mexicanos, eso ya lo sabe la mayoría. Pero los que no son mis amigos no saben con qué mexicanos trabajo. Y eso es lo heavy del asunto.
Esto es una mezcla entre "Alien invader" y "El Código Da Vinci", versión ranchito. Desde hace unos meses, mis compañeros y yo, estamos más pendientes que nunca de la prensa, porque a cada rato están publicando noticias que nos afectan de lleno. Y no me refiero a que suben los impuestos, sino algo mucho más directo. Y además están las elecciones. Esta noche, los candidatos presidenciales, se enfrentan en un debate televisivo. Y me lo voy a chutar, si el sueño no me vence. Si no aguanto, seguro que me desayuno con las conclusiones porque, tal y como estamos últimamente, una palabra mal dicha en la tele, cambia nuestro destino.
Por mi parte, voy a poner unas dos mil veladoras a mi santito Malverde pa´que el PAN (Partido de Acción Nacional) no gane. Por favor, por favor, que la derecha no gane, que ya no podemos más. Y ya no es por la derecha en sí, si no por esos grupúsculos (a la derecha y más allá, revestidos de santidad) adscritos al poder como ladillas que ni me atrevo a nombrar no sea que salga mi blog en alguna búsqueda de google y sufra esta servidora funestas consecuencias. Estoy del Papa, de la Iglesia, de las encíclicas, y de los inútiles con los que me toca lidiar cada día, hasta el botafumeiro.
Yo pensaba que México era un país laico. Pues va a ser que no, mire usted, que decía aquel. Parece que en mi empresa ya no hace falta tener una carrera y experiencia en la labor a desarrollar, sino comulgar a diario y vestir de traje y corbata. Aunque parezca una broma, de los últimos contratados (se me están saltando las lágrimas), lo primero que es destacable es su enorme, fervorosa, militante y dedicada devoción a la santísima iglesia católica. Punto. Pero punto y final. Porque poco más puedo decir en favor de estos incoporados.
Yo, de esta, de hago satanista. Por joder. Claro, que me voy a ir a la calle, pero las dos velas negras no se las quita ni dios. Y nunca mejor dicho.
Esto es una mezcla entre "Alien invader" y "El Código Da Vinci", versión ranchito. Desde hace unos meses, mis compañeros y yo, estamos más pendientes que nunca de la prensa, porque a cada rato están publicando noticias que nos afectan de lleno. Y no me refiero a que suben los impuestos, sino algo mucho más directo. Y además están las elecciones. Esta noche, los candidatos presidenciales, se enfrentan en un debate televisivo. Y me lo voy a chutar, si el sueño no me vence. Si no aguanto, seguro que me desayuno con las conclusiones porque, tal y como estamos últimamente, una palabra mal dicha en la tele, cambia nuestro destino.
Por mi parte, voy a poner unas dos mil veladoras a mi santito Malverde pa´que el PAN (Partido de Acción Nacional) no gane. Por favor, por favor, que la derecha no gane, que ya no podemos más. Y ya no es por la derecha en sí, si no por esos grupúsculos (a la derecha y más allá, revestidos de santidad) adscritos al poder como ladillas que ni me atrevo a nombrar no sea que salga mi blog en alguna búsqueda de google y sufra esta servidora funestas consecuencias. Estoy del Papa, de la Iglesia, de las encíclicas, y de los inútiles con los que me toca lidiar cada día, hasta el botafumeiro.
Yo pensaba que México era un país laico. Pues va a ser que no, mire usted, que decía aquel. Parece que en mi empresa ya no hace falta tener una carrera y experiencia en la labor a desarrollar, sino comulgar a diario y vestir de traje y corbata. Aunque parezca una broma, de los últimos contratados (se me están saltando las lágrimas), lo primero que es destacable es su enorme, fervorosa, militante y dedicada devoción a la santísima iglesia católica. Punto. Pero punto y final. Porque poco más puedo decir en favor de estos incoporados.
Yo, de esta, de hago satanista. Por joder. Claro, que me voy a ir a la calle, pero las dos velas negras no se las quita ni dios. Y nunca mejor dicho.





