la teoría de los cinco minutos para la catástrofe nuclear

Queridos y queridas...
Como podeis suponer, ando atacadita de los nervios ante la perspectiva de mi inminente viaje transoceánico. Y estoy muy nerviosa porque son muchas emociones, muchos reencuentros esperádisimos y mucha ropa que planchar para llenar la maleta de ilusiones...
Pero también me altera que es la primera vez que voy a hacer un viaje de este tipo, estando "casada". Me explico. Tengo muchos amigos en México. Casi todos, hombres. Y de estos, digamos que varios, así, sin poner cifras, son ex-amantes o ex-novios. Con todos tengo trato, con todos me llevo bien, muy bien y planeo verlos a todos. Claro, primero son amigos, desde luego, pero después de unas cuantas cervezas... como que te acuerdas de los viejos tiempos, no?. Y aunque todos andan emparejados, eso no les supone ningún problema. Aún estoy por conocer a un mexicano que renuncie a un affair por tener "marida". Esto, que para mí ha supuesto siempre una gran ventaja, ahora, a qué negarlo, también lo es, pero en esta ocasión, la que luce "esposo", soy yo. Y me crea un conflicto novedoso.
Mi indio, que es un tipazo como no hay dos y que me conoce muy bien, desde el mismo día que le anuncié que tenía autorizadas las vacaciones, riendo resignado, me espetó un: "lo único que va a cambiar de ahora en adelante, es que a tu regreso, vamos a follar con condón", que me dejó seca.
Se que estas cosas sacuden la moral y las buenas costumbres. Y se que soy una descarada por hablar en voz alta lo que muchos pensamos y algunos, hasta hacen. Pero ignorarlo sería hipócrita de mi parte. Todos mis amigos españoles me han preguntado si el indio no iba conmigo. Curiosamente, casi ninguno de los mexicanos me ha hecho esa pregunta. Dan por hecho que voy sola. Y es que el rancho es mi territorio, mío, y no es compartible. Y el indio lo asume con tranquilidad como yo asumo que no tengo lugar en su territorio. Son espacios privados de cada quien y el otro acepta que existen y que son necesarios. Del mismo modo que me ha tocado por dos veces ya verlo partir a su rancho particular y me juré a mi misma que no le haría ninguna pregunta incómoda (y he cumplido escrupulosamente), ahora le toca a él despedirme sin hacer preguntas a mi regreso.
Pero como soy española, le doy vueltas a la cabeza. Porque estoy enamorada de él, le quiero muchísimo y me encanta hacer el amor con él, y me puedo tirar así años y años, tranquilamente. Pero también me conozco y conozco el percal de allí, y mujer prevenida, vale por dos. Porque luego estoy en situación, me hacen ojitos un par de veces (o tres, dependiendo del grado de conciencia que tenga en ese instante) y empiezo a pensar que nos quedan cinco minutos para la catástrofe nuclear que nos va a dejar a todos cual calcomanías sobre la acera y me olvido de los estados civiles propios y ajenos, que lo se, que ya son muchos años conmigo misma.
Pa´ que me hago la que no, si sí. Y claro, habrá quienes digan: "pues evita la tentación". Anda, qué listos. Entonces no podría ver a mis amigos. Qué culpa tengo yo de llevarme bien con mis ex?. Qué culpa tengo yo de ser consciente de la fragilidad del planeta en determinados momentos? Qué culpa tengo yo de estar enamorada de un hombre tan inteligente y previsor?. Ninguna. Está clarísimo. Y yo no digo que vaya a pasar "algo" porque eso es un futurible y de vidente, yo, poco, pero esto es como cuando quedas con tu ex-novio/a... no puedes evitar (y a ver quién es el guapo que lo niega) aunque solo sea por un segundo, fantasear con la idea de acabar en la cama con el susodicho/a...
Pues a mí me pasa lo mismo, y no pienso pedir perdón por ello.
Entiendo y respeto la postura de aquellos que dicen que romperían con sus parejas si estas les fueran infieles. Pero yo hace muchos años ya que comprendí que la fidelidad no se medía en términos físicos, y que una mala noche la tiene cualquiera y eso no significa que se quiera menos al otro. Que a veces, el sexo, es solo eso: sexo, una actividad física, como comer, dormir o subir una montaña. Y que a veces, no hay mucha diferencia entre comer con un amigo y acabar dándole unos besos en un portal. Nunca he dejado una relación porque él hubiera tenido un desliz, pero sí porque me hubieran dejado de querer: eso si que duele y mucho más que todos los cuernos del mundo. Claro que el hecho de pensar así no me exime de los celos, como tampoco el indio escapa a ellos.
Y cuando se ha marchado lejos de mí y de mis besos, alguna que otra noche se me ha escapado una lagrimita imaginándole en brazos de otra. Y hay que ver lo fértil que puede ser la imaginación por la noche, que yo he visto a mi indio repasando el kamasutra en tecnicolor y gran formato en cuanto cerraba los ojos. Claro que he sufrido por celos. Pero nunca he sentido que dejara de quererme y esa seguridad disipa el miedo.
Hace tiempo, cuando nuestra relación comenzaba y el indio y yo jugábamos a explorar los límites del otro en palabras, él siempre decía que tenía tal confianza en mí que sentía que podíamos tener una "pareja abierta", que podíamos experimentar con otras personas sin que eso supusiera un conflicto entre nosotros. Pero debió pensarlo mejor (sin que pasara nada, que conste) y un buen día me soltó que no estaba preparado para compartirme con nadie. Así que hicimos un trato y acordamos que él nunca me contaría si tenía un affair por ahí y yo a él tampoco -salvo casos graves-. Bueno, yo a él sí. Bueno, mejor que no. Bueno, sí, que me da morbo (decía él, ufano). Bueno, no sé (acabó decidiendo). Total, que ya no se si le tengo que contar o no lo que puede que haga que aún no he hecho, porque me ha hecho un lío que no me aclaro.
A mí, lo que me importa de verdad, es que el indio me quiera, y a ser posible, que durmamos juntos en invierno, que no veas como abriga el tío, y espero de su brillante cabecita, que pase lo que pase, él piense como yo, porque si no voy a tener que explicarle la teoría de los cinco minutos para la catástrofe nuclear con mucho cariño.
Aunque, conociéndole y con lo mal pensado que es, ya me la he cargado sin haberme ido ni nada, y seguro que con la suerte que tengo últimamente, me va a tocar follar con condón para los restos sin haberme comido un colín, que lo veo venir.
Muchachito (o cómo empezó todo)
Cuando una cambia de milenio entre los brazos de un muchacho con voz de terciopelo y ojos de animal herido al que le gusta amanecer desayunando cerveza y cantando narcocorridos, sabe que su vida ya no volverá a ser igual.
Y es que aquella nochevieja del 2001 supuso un ecuador, una transformación, una llave a una nueva realidad de la que ya no puedo, ni quiero, escapar. He hablado muchas veces de lo que México supone para mí, pero la génesis, el origen de mi esquizofrenia de nacionalidades tiene un nombre con sus apellidos, una cara, una sonrisa y una despreocupada ignorancia del lío en el que me metió por haberme dejado arrastrar, completamente seducida, por su mirada de animal salvaje.
Cuando se marchó, entre lágrimas y abrazos, juramentos de amor eterno, promesas de matrimonio y los nombres de nuestros futuros hijos en permanente discusión, yo me quedé desolada y hueca. Me había enamorado locamente. Y era lo más absurdo que había hecho nunca. Pero ahí iba yo, obcecada con mi amor imposible, llorando por las esquinas por un muchacho doce años más joven que yo, inventando realidades a medida que acortaran la distancia de miles de kilómetros, de océanos, de economía, de cultura, de entorno social, que nos separaban. El muchacho, como es lógico, en menos de tres meses de mails frenéticos, llamadas de madrugada y conversaciones interminables en el messenger, hizo lo que cualquier persona normal haría: hacerme a un lado y seguir con su vida.
Pero aquí vuestra amiga, que es cualquier cosa menos lógica, decidió que si ya no la quería, tendría que decírselo a la cara. Y si la montaña no va a mahoma, Tribeca se endeudaría hasta las cejas para comprar un billete de avión y plantarse frente a él. Estaba completamente segura que con mirarle a los ojos tendría todas las respuestas que necesitaba. Así que con mi determinación firme como una roca y mi corazón roto, puse fecha al viaje iniciático más importante de mi vida: un año después de nuestra lacrimógena despedida en Barajas. Con esa calma que dan las decisiones tomadas y la absoluta seguridad que tenía de encontrar la respuesta que me impedía retomar mi vida con normalidad, dediqué esos meses en tratar de conocer más de la cultura de mi amorcito.
Y así comencé a leer, a estudiar, a investigar, a preguntar y a relacionarme con varios culichi-aborígenes que residían en Madrid y descubrí con fascinación un mundo tan ajeno a mí, que me quedé atrapada. A medida que se acercaba la fecha de mi viaje, el objetivo original de mi aventura se fue desdibujando y se fueron incluyendo en la agenda nombres, citas, entrevistas y encuentros a tal grado que tuve que llevar un planning para distribuir los compromisos apalabrados desde Madrid y los que fueron surgiendo tan pronto aterricé.
Un par de días antes de mi partida, envié un mail a los tres amigos que tenía allí, informándoles de la hora, número de vuelo y fecha de mi llegada, así como del teléfono de la casa de una amiga que me iba a alojar. Una era mi amiga R., la que me alojaba y a la que conocí en Madrid, otro, mi "primo" Benji, que no es mi primo carnal sino el primo de mi amorcito cuasi-adolescente con el que solía conversar por el msn desde que el muchachito declaró a toda su familia vía internet que se iba a casar conmigo y me quedé con el "prima" de herencia, y el otro, cómo no, era el muchachito de marras, con la secreta esperanza que se apareciera en el aeropuerto a buscarme y me montara una escena tipo "oficial y caballero".
No se si hace falta que diga que el muchachito hizo caso omiso de mi mail y cuando puse las botas en el aeropuerto, no había ni rastro de el objeto de mis desvelos. Sin amilanarme y más chula que un ocho, me subí feliz en la suburban con cristales tintados del hermano de un amigo que había tenido la amabilidad de venir a buscarnos (a mí y a mi mejor amiga que, preocupadísima por la perspectiva más que real de verme estrellada por el desprecio de mi muchachito, venía a cuidar de mis restos). Eran las ocho de la mañana cuando yo atravesaba la ciudad de mis sueños como una cría pegada a los cristales dando gritos de amoción...
Despues de 24 horas de vuelo, se supone que debería estar cansadísima, pero era tal mi excitación y mis nervios que no pude parar quieta en todo el día y tuve al de la suburban llevándonos y trayéndonos por todo el rancho hasta que se puso el sol y nos entregó en casa de amiga R. Mi amiga española se fue a dormir, rota la pobre, pero yo, con el subidón, no podía dormir y me quedé charlando con R. en su salón, poniéndonos al día de cotilleos, que eran muchos...
Recuerdo que en algún momento del día, pensé en llamar al muchacho, por si no le había quedado claro que estaba allí, en su tierra, pero finalmente no tuve tiempo y pensé que mejor esperaría al día siguiente. Recuerdo también que una parte de mí estaba enojada y triste porque el tipo no había dado señales de vida, como si le importara un pito. Pero también recuerdo que pensé que ya tendría tiempo de enfadarme cuando le llamara o me presentara en su casa y me hiciera más obvio (aún) que yo le daba lo mismo.
Pues así estaba yo en el salón con mi amiga R. muertas de risa, contándonos historietas y abrazándonos de alegría, cuando, a eso de las once de la noche, se escuchó un coche aparcar en la puerta. R. se asomó a la ventana, extrañada por lo tardío de la hora. Y más extrañada cuando alguien llamó a la ventana con los nudillos. Salió a la cancela de la entrada y la escuché murmurar con un hombre. Entró de nuevo en el salón y sonriendo, me dijo:
- Es para tí, te buscan.
- Para mí??, y quién es?, si nadie sabe que estoy aquí, no le dí tu dirección a nadie... qué raro...
Pero pensé que quizás era el tipo que nos había paseado en la mañana y salí a ver... En la puerta estaba de pie un chico que yo no conocía, jovencito. Puse cara de paisaje... y este quién es???.
- Hola... esteee... que tú... eres Tribeca??...
- Sí, yo soy, y tú, quién eres?
- Pues es que yo... yo soy amigo de Muchachito... y... pues que me ha mandado a buscarte porque... pues...
Y yo que me empiezo a mosquear. Entre el cansancio, los nervios, que me empezaron a temblar las piernas al oir el nombre de mis insomnios, casi chillo al pobre emisario...
- Pero esto qué es?? te manda a tí?? y porqué? que no puede venir él o qué??' no entiendo qué chingados pintas tú aquí porque ...
Amiga R. ya había salido a la puerta y estaba contemplando, divertida, la escena. Ella me había soportado muchas noches de llantos y comeduras de tarro por el interfecto y no se iba a perder el momentazo. Yo a punto de convertirme en un basilisco, el chaval no sabía dónde meterse comiéndose una bronca gratis y de pronto... se abre una puerta del coche aparcado en la entrada.
Silencio sepulcral. Allí todo el mundo como congelado, sin respirar. Y de las sombras aparece EL. Con una tímida sonrisa, mirando al suelo, como a cámara lenta, se puso frente a mí. Se me quedaron las palabras en la garganta como bloques de granito. Creo que salieron los demás ocupantes del coche a contemplar el espectáculo. No recuerdo nada más que el tenerlo, al fin, tras un año esperando, frente a mí. Todas las cartas, las llamadas, las lágrimas cuando decidió desaparecer de mi presente y mi futuro, todos los discursos mil veces ensayados de lo que pensaba decirle, todos los dardos envenenados que le tenía preparados, se me diluyeron como azúcar en agua cuando me miró y dijo mi nombre, despacio, con su voz de terciopelo.
Abrió sus brazos y sus ojos y me tragó entera, fundiéndonos en un abrazo interminable mientras nos susurrábamos al oido "te quiero, te amo, te he extrañado tanto" mutuamente ante nuestro público, que asistía, sin mover un solo pelo al emocionante encuentro.
Lo que pasó después, carece de importancia. Lo que puedo decir es que mis dudas se resolvieron en ese momento, se evaporaron y me liberaron completamente para poder dedicarme el resto del mes a todas las citas que me impuse con diligencia germánica. No volví a ver al muchachito despues de esa noche y no me importó lo más mínimo. Y regresé a España feliz y satisfecha, sabiendo que México ya estaba instalado para siempre en mi corazón.
Hemos seguido en contacto desde entonces, y hablamos de cuando en cuando, aunque hace meses que no me lo encuentro en el msn. Anoche que coincidí con mi primo postizo Benji y planeábamos un encuentro para la próxima semana, no pude evitar preguntarle:
- Sabes algo de Muchachito? hace mucho que no lo veo...
- Ya te estabas tardando, prima, hace diez minutos que estamos hablando y ya me has preguntado por él...
- Mmm.. primo, hombre, no seas así, entiende que hace cinco años que estoy esperando regresar y por fín voy, quiero verlo...
- Claro, claro, prima... tranquila, que lo verás...
Y me dormí soñando que volvía a tenerlo, frente a mí, con sus ojos de animal herido y su voz de terciopelo susurrando mi nombre.
P.D.: Que conste en acta que sigo rendidamente enamorada del indio y que soy plenamente feliz a su lado, pero en mi corazón siempre habrá un hueco para el que me originó este amor loco por los aztecas.
Y es que aquella nochevieja del 2001 supuso un ecuador, una transformación, una llave a una nueva realidad de la que ya no puedo, ni quiero, escapar. He hablado muchas veces de lo que México supone para mí, pero la génesis, el origen de mi esquizofrenia de nacionalidades tiene un nombre con sus apellidos, una cara, una sonrisa y una despreocupada ignorancia del lío en el que me metió por haberme dejado arrastrar, completamente seducida, por su mirada de animal salvaje.
Cuando se marchó, entre lágrimas y abrazos, juramentos de amor eterno, promesas de matrimonio y los nombres de nuestros futuros hijos en permanente discusión, yo me quedé desolada y hueca. Me había enamorado locamente. Y era lo más absurdo que había hecho nunca. Pero ahí iba yo, obcecada con mi amor imposible, llorando por las esquinas por un muchacho doce años más joven que yo, inventando realidades a medida que acortaran la distancia de miles de kilómetros, de océanos, de economía, de cultura, de entorno social, que nos separaban. El muchacho, como es lógico, en menos de tres meses de mails frenéticos, llamadas de madrugada y conversaciones interminables en el messenger, hizo lo que cualquier persona normal haría: hacerme a un lado y seguir con su vida.
Pero aquí vuestra amiga, que es cualquier cosa menos lógica, decidió que si ya no la quería, tendría que decírselo a la cara. Y si la montaña no va a mahoma, Tribeca se endeudaría hasta las cejas para comprar un billete de avión y plantarse frente a él. Estaba completamente segura que con mirarle a los ojos tendría todas las respuestas que necesitaba. Así que con mi determinación firme como una roca y mi corazón roto, puse fecha al viaje iniciático más importante de mi vida: un año después de nuestra lacrimógena despedida en Barajas. Con esa calma que dan las decisiones tomadas y la absoluta seguridad que tenía de encontrar la respuesta que me impedía retomar mi vida con normalidad, dediqué esos meses en tratar de conocer más de la cultura de mi amorcito.
Y así comencé a leer, a estudiar, a investigar, a preguntar y a relacionarme con varios culichi-aborígenes que residían en Madrid y descubrí con fascinación un mundo tan ajeno a mí, que me quedé atrapada. A medida que se acercaba la fecha de mi viaje, el objetivo original de mi aventura se fue desdibujando y se fueron incluyendo en la agenda nombres, citas, entrevistas y encuentros a tal grado que tuve que llevar un planning para distribuir los compromisos apalabrados desde Madrid y los que fueron surgiendo tan pronto aterricé.
Un par de días antes de mi partida, envié un mail a los tres amigos que tenía allí, informándoles de la hora, número de vuelo y fecha de mi llegada, así como del teléfono de la casa de una amiga que me iba a alojar. Una era mi amiga R., la que me alojaba y a la que conocí en Madrid, otro, mi "primo" Benji, que no es mi primo carnal sino el primo de mi amorcito cuasi-adolescente con el que solía conversar por el msn desde que el muchachito declaró a toda su familia vía internet que se iba a casar conmigo y me quedé con el "prima" de herencia, y el otro, cómo no, era el muchachito de marras, con la secreta esperanza que se apareciera en el aeropuerto a buscarme y me montara una escena tipo "oficial y caballero".
No se si hace falta que diga que el muchachito hizo caso omiso de mi mail y cuando puse las botas en el aeropuerto, no había ni rastro de el objeto de mis desvelos. Sin amilanarme y más chula que un ocho, me subí feliz en la suburban con cristales tintados del hermano de un amigo que había tenido la amabilidad de venir a buscarnos (a mí y a mi mejor amiga que, preocupadísima por la perspectiva más que real de verme estrellada por el desprecio de mi muchachito, venía a cuidar de mis restos). Eran las ocho de la mañana cuando yo atravesaba la ciudad de mis sueños como una cría pegada a los cristales dando gritos de amoción...
Despues de 24 horas de vuelo, se supone que debería estar cansadísima, pero era tal mi excitación y mis nervios que no pude parar quieta en todo el día y tuve al de la suburban llevándonos y trayéndonos por todo el rancho hasta que se puso el sol y nos entregó en casa de amiga R. Mi amiga española se fue a dormir, rota la pobre, pero yo, con el subidón, no podía dormir y me quedé charlando con R. en su salón, poniéndonos al día de cotilleos, que eran muchos...
Recuerdo que en algún momento del día, pensé en llamar al muchacho, por si no le había quedado claro que estaba allí, en su tierra, pero finalmente no tuve tiempo y pensé que mejor esperaría al día siguiente. Recuerdo también que una parte de mí estaba enojada y triste porque el tipo no había dado señales de vida, como si le importara un pito. Pero también recuerdo que pensé que ya tendría tiempo de enfadarme cuando le llamara o me presentara en su casa y me hiciera más obvio (aún) que yo le daba lo mismo.
Pues así estaba yo en el salón con mi amiga R. muertas de risa, contándonos historietas y abrazándonos de alegría, cuando, a eso de las once de la noche, se escuchó un coche aparcar en la puerta. R. se asomó a la ventana, extrañada por lo tardío de la hora. Y más extrañada cuando alguien llamó a la ventana con los nudillos. Salió a la cancela de la entrada y la escuché murmurar con un hombre. Entró de nuevo en el salón y sonriendo, me dijo:
- Es para tí, te buscan.
- Para mí??, y quién es?, si nadie sabe que estoy aquí, no le dí tu dirección a nadie... qué raro...
Pero pensé que quizás era el tipo que nos había paseado en la mañana y salí a ver... En la puerta estaba de pie un chico que yo no conocía, jovencito. Puse cara de paisaje... y este quién es???.
- Hola... esteee... que tú... eres Tribeca??...
- Sí, yo soy, y tú, quién eres?
- Pues es que yo... yo soy amigo de Muchachito... y... pues que me ha mandado a buscarte porque... pues...
Y yo que me empiezo a mosquear. Entre el cansancio, los nervios, que me empezaron a temblar las piernas al oir el nombre de mis insomnios, casi chillo al pobre emisario...
- Pero esto qué es?? te manda a tí?? y porqué? que no puede venir él o qué??' no entiendo qué chingados pintas tú aquí porque ...
Amiga R. ya había salido a la puerta y estaba contemplando, divertida, la escena. Ella me había soportado muchas noches de llantos y comeduras de tarro por el interfecto y no se iba a perder el momentazo. Yo a punto de convertirme en un basilisco, el chaval no sabía dónde meterse comiéndose una bronca gratis y de pronto... se abre una puerta del coche aparcado en la entrada.
Silencio sepulcral. Allí todo el mundo como congelado, sin respirar. Y de las sombras aparece EL. Con una tímida sonrisa, mirando al suelo, como a cámara lenta, se puso frente a mí. Se me quedaron las palabras en la garganta como bloques de granito. Creo que salieron los demás ocupantes del coche a contemplar el espectáculo. No recuerdo nada más que el tenerlo, al fin, tras un año esperando, frente a mí. Todas las cartas, las llamadas, las lágrimas cuando decidió desaparecer de mi presente y mi futuro, todos los discursos mil veces ensayados de lo que pensaba decirle, todos los dardos envenenados que le tenía preparados, se me diluyeron como azúcar en agua cuando me miró y dijo mi nombre, despacio, con su voz de terciopelo.
Abrió sus brazos y sus ojos y me tragó entera, fundiéndonos en un abrazo interminable mientras nos susurrábamos al oido "te quiero, te amo, te he extrañado tanto" mutuamente ante nuestro público, que asistía, sin mover un solo pelo al emocionante encuentro.
Lo que pasó después, carece de importancia. Lo que puedo decir es que mis dudas se resolvieron en ese momento, se evaporaron y me liberaron completamente para poder dedicarme el resto del mes a todas las citas que me impuse con diligencia germánica. No volví a ver al muchachito despues de esa noche y no me importó lo más mínimo. Y regresé a España feliz y satisfecha, sabiendo que México ya estaba instalado para siempre en mi corazón.
Hemos seguido en contacto desde entonces, y hablamos de cuando en cuando, aunque hace meses que no me lo encuentro en el msn. Anoche que coincidí con mi primo postizo Benji y planeábamos un encuentro para la próxima semana, no pude evitar preguntarle:
- Sabes algo de Muchachito? hace mucho que no lo veo...
- Ya te estabas tardando, prima, hace diez minutos que estamos hablando y ya me has preguntado por él...
- Mmm.. primo, hombre, no seas así, entiende que hace cinco años que estoy esperando regresar y por fín voy, quiero verlo...
- Claro, claro, prima... tranquila, que lo verás...
Y me dormí soñando que volvía a tenerlo, frente a mí, con sus ojos de animal herido y su voz de terciopelo susurrando mi nombre.
P.D.: Que conste en acta que sigo rendidamente enamorada del indio y que soy plenamente feliz a su lado, pero en mi corazón siempre habrá un hueco para el que me originó este amor loco por los aztecas.
De regresos y radios
Queridos y queridas;
La ola esta de frío polar-glaciar-antártico-groenlandés me ha pegado en toda la cara y mi vocecilla de pajarito pichí se ha ido (sin permiso) de vacaciones a un clima más cálido, dejándome afónica y fatal ante mi recien estrenado compromiso de corresponsal radiofónica...
Pues sí, esta que os quiere recibió hace unas semanas la propuesta de colaborar en un programa de radio de un amigo de los transoceánicos. Y yo, como me apunto a un bombardeo, pues dije que sí y a ver qué pasa. Ni soy periodista ni nada útil en la vida, pero mi amigo debía querer que le cancelaran su programa o algo así para que se le ocurriera contar conmigo y yo me dije a mí misma: Si Ana Rosa Quintana, que viste fatal y siempre interrumpe a sus entrevistados, tiene un programa diario en la tele, pos yo bien puedo hacer el ridículo 15 minutos a la semana y en pijama, divinamente, oye...
Así que todos los viernes (madrugada del sábado), a las tres y media de la mañana, Tribeca interrumpe los sesudos debates de "Política y Sociedad" con sus alegres comentarios sobre el botellón, los restaurantes de moda de Madrid o la relación entre las rebajas y el cambio climático. Vamos, todo información fundamental, al filo de la noticia y cuidadito conmigo, que te pongo verde en un momento. De momento, han sido dos intervenciones y una tercera fallida por falta de herramienta de trabajo (maldito frío, maldito), y dejando aparte los problemitas de marcar los 27 números que me enlazan a la emisora sin equivocarme y entrar a tiempo en la pausa publicitaria, el puñetero retorno -que es una cosa muy mala que se suele sufrir cuando llamas a países lejanos- o que el indio no aparezca de fiesta justo cuando estoy criticando a Rajoy y me de la risa, pues todo ha ido más o menos bien.
Como hay gente para todo, si algún desocupado quiere saber qué pinto yo en un programa de radio de México, que vaya a www.radiorama.com.mx (sigo sin saber enlazar, lo siento), pinche en estaciones del grupo, busque Sinaloa y haga click en VIVA750, la madrugada de los sábados a las 3 y 30 y cuando escuchen "tenemos una llamada de la corresponsal en Madrid..." pos esa mera, esa, soy yo...
Qué bueno que es un viernes a horas que está todo el mundo de fiesta, que ya me veo yo venir si no el aluvión de críticas por intrusismo laboral, por retornos varios y porque sí, que la gente es muy mala, que ya nos conocemos.. menos Mordandis, que es un ángel de dios y la muy valiente se queda levantada para escucharme... ay, mi reina, gracias¡¡¡...
Y, aparte de esto, una pequeña historia:
Febrero, 2002. Culiacán, Sinaloa (México). Tres amigas pasean por Galerías San Miguel, un centro comercial. Se detienen en el escaparate de una boutique multimarca: Versace, Calvin Klein... mmm... vaya, qué nivel manejan aquí, será la tienda pija, piensa amiga B. Siguen paseando. Unos niños compran un zumo en un puesto y se lo sirven ¿¿en una bolsa con una pajita??, aquí no hay vasos??, será la versión rebajas del take-away, supone amiga B, qué extraño, Versace y zumo en bolsitas...
Y de pronto, se choca contra un escaparate: FENDI. Se frota los ojos. No es cierto lo que ve. FENDI?? en Culiacán?? en un rancho perdido de la mano de Dios? una ciudad de apenas un millón de habitantes que nadie conoce fuera de México y tiene una boutique FENDI??. Y no una tienda multimarca, no, UNA BOUTIQUE FENDI AUTENTICA.
Amiga B penetra en la tienda dispuesta a desenmascarar a los chinos que sin duda han falsificado las baguettes que lucen espléndidas sobre los expositores. Pero, sorprendentemente, son originales todos los bolsos. No da crédito. No se lo explica. Madrid no tiene una boutique Fendi. En todo caso, si hay alguna licencia, estará en Barcelona. En todo caso.
- Amiga R -pregunta amiga B- cómo es que hay una boutique Fendi en el rancho?.
- Y porqué no?, qué tiene de raro?, responde amiga R.
- Porque, querida R, estas firmas no dan licencias así como así, es super difícil que te concedan permiso para poner estas tiendas, ha de ser una ciudad grande, con elevado nivel de vida, cosmopolita... y discúlpame pero Culiacán no es nada de eso...Madrid no tiene tienda Fendi¡¡¡, afirma casi enojada amiga B.
- Querida B -replica sonriente amiga R- Madrid será grande, cosmopolita, fashion, nice, rica y todo lo cool que tú quieras, pero no tiene algo que nosotros sí tenemos....
- Qué? -pregunta amiga B, ansiosa- qué?, repasando carencias mentalmente...
- Los narcotraficantes más poderosos del mundo, darling... Y si un narco quiere Fendi, se compra una tienda.
- .... -cara de imbécil epatada de amiga B-.
Así que para consolar a amiga B de su dolorosa irrupción en la realidad que no viene en explicada en el Vogue, amiga R le regaló una pulsera de acero con el nombre completo de amiga B grabado y el número de teléfono de su casa, que, como B vivía sola, pensó, ya entrada en esa nueva realidad, que si la mataban en una balasera y encontraban su cadaver tirado en alguna acequia, cuando llamaran a su casa para avisar del muerto nadie iba a contestar.Y se sintió muy mal, así que se hizo una promesa.
La promesa consistía en no quitarse nunca esa pulsera hasta que regresara a Culiacán. Y cuando estuviera de nuevo allí, visitar la capilla de Jesús Malverde y ofrecer la pulsera al altar. Y así, si la mataban en una balasera, no podrían llamar a ningún lado.
Amiga B, que es una mujer de palabra, aterrizará el día 7 de febrero en su ranchito querido, para cumplir con su manda.
La ola esta de frío polar-glaciar-antártico-groenlandés me ha pegado en toda la cara y mi vocecilla de pajarito pichí se ha ido (sin permiso) de vacaciones a un clima más cálido, dejándome afónica y fatal ante mi recien estrenado compromiso de corresponsal radiofónica...
Pues sí, esta que os quiere recibió hace unas semanas la propuesta de colaborar en un programa de radio de un amigo de los transoceánicos. Y yo, como me apunto a un bombardeo, pues dije que sí y a ver qué pasa. Ni soy periodista ni nada útil en la vida, pero mi amigo debía querer que le cancelaran su programa o algo así para que se le ocurriera contar conmigo y yo me dije a mí misma: Si Ana Rosa Quintana, que viste fatal y siempre interrumpe a sus entrevistados, tiene un programa diario en la tele, pos yo bien puedo hacer el ridículo 15 minutos a la semana y en pijama, divinamente, oye...
Así que todos los viernes (madrugada del sábado), a las tres y media de la mañana, Tribeca interrumpe los sesudos debates de "Política y Sociedad" con sus alegres comentarios sobre el botellón, los restaurantes de moda de Madrid o la relación entre las rebajas y el cambio climático. Vamos, todo información fundamental, al filo de la noticia y cuidadito conmigo, que te pongo verde en un momento. De momento, han sido dos intervenciones y una tercera fallida por falta de herramienta de trabajo (maldito frío, maldito), y dejando aparte los problemitas de marcar los 27 números que me enlazan a la emisora sin equivocarme y entrar a tiempo en la pausa publicitaria, el puñetero retorno -que es una cosa muy mala que se suele sufrir cuando llamas a países lejanos- o que el indio no aparezca de fiesta justo cuando estoy criticando a Rajoy y me de la risa, pues todo ha ido más o menos bien.
Como hay gente para todo, si algún desocupado quiere saber qué pinto yo en un programa de radio de México, que vaya a www.radiorama.com.mx (sigo sin saber enlazar, lo siento), pinche en estaciones del grupo, busque Sinaloa y haga click en VIVA750, la madrugada de los sábados a las 3 y 30 y cuando escuchen "tenemos una llamada de la corresponsal en Madrid..." pos esa mera, esa, soy yo...
Qué bueno que es un viernes a horas que está todo el mundo de fiesta, que ya me veo yo venir si no el aluvión de críticas por intrusismo laboral, por retornos varios y porque sí, que la gente es muy mala, que ya nos conocemos.. menos Mordandis, que es un ángel de dios y la muy valiente se queda levantada para escucharme... ay, mi reina, gracias¡¡¡...
Y, aparte de esto, una pequeña historia:
Febrero, 2002. Culiacán, Sinaloa (México). Tres amigas pasean por Galerías San Miguel, un centro comercial. Se detienen en el escaparate de una boutique multimarca: Versace, Calvin Klein... mmm... vaya, qué nivel manejan aquí, será la tienda pija, piensa amiga B. Siguen paseando. Unos niños compran un zumo en un puesto y se lo sirven ¿¿en una bolsa con una pajita??, aquí no hay vasos??, será la versión rebajas del take-away, supone amiga B, qué extraño, Versace y zumo en bolsitas...
Y de pronto, se choca contra un escaparate: FENDI. Se frota los ojos. No es cierto lo que ve. FENDI?? en Culiacán?? en un rancho perdido de la mano de Dios? una ciudad de apenas un millón de habitantes que nadie conoce fuera de México y tiene una boutique FENDI??. Y no una tienda multimarca, no, UNA BOUTIQUE FENDI AUTENTICA.
Amiga B penetra en la tienda dispuesta a desenmascarar a los chinos que sin duda han falsificado las baguettes que lucen espléndidas sobre los expositores. Pero, sorprendentemente, son originales todos los bolsos. No da crédito. No se lo explica. Madrid no tiene una boutique Fendi. En todo caso, si hay alguna licencia, estará en Barcelona. En todo caso.
- Amiga R -pregunta amiga B- cómo es que hay una boutique Fendi en el rancho?.
- Y porqué no?, qué tiene de raro?, responde amiga R.
- Porque, querida R, estas firmas no dan licencias así como así, es super difícil que te concedan permiso para poner estas tiendas, ha de ser una ciudad grande, con elevado nivel de vida, cosmopolita... y discúlpame pero Culiacán no es nada de eso...Madrid no tiene tienda Fendi¡¡¡, afirma casi enojada amiga B.
- Querida B -replica sonriente amiga R- Madrid será grande, cosmopolita, fashion, nice, rica y todo lo cool que tú quieras, pero no tiene algo que nosotros sí tenemos....
- Qué? -pregunta amiga B, ansiosa- qué?, repasando carencias mentalmente...
- Los narcotraficantes más poderosos del mundo, darling... Y si un narco quiere Fendi, se compra una tienda.
- .... -cara de imbécil epatada de amiga B-.
Así que para consolar a amiga B de su dolorosa irrupción en la realidad que no viene en explicada en el Vogue, amiga R le regaló una pulsera de acero con el nombre completo de amiga B grabado y el número de teléfono de su casa, que, como B vivía sola, pensó, ya entrada en esa nueva realidad, que si la mataban en una balasera y encontraban su cadaver tirado en alguna acequia, cuando llamaran a su casa para avisar del muerto nadie iba a contestar.Y se sintió muy mal, así que se hizo una promesa.
La promesa consistía en no quitarse nunca esa pulsera hasta que regresara a Culiacán. Y cuando estuviera de nuevo allí, visitar la capilla de Jesús Malverde y ofrecer la pulsera al altar. Y así, si la mataban en una balasera, no podrían llamar a ningún lado.
Amiga B, que es una mujer de palabra, aterrizará el día 7 de febrero en su ranchito querido, para cumplir con su manda.





