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Encantada de conocerme
Si me conoces, más vale que me caigas bien porque seguro que hablo de tí...
Acerca de
Esquizofrénica de nacionalidades, española de nacimiento y con México en las entrañas, 38 años, coleccionista de ex, mejor amante que esposa, futurible madre sobreprotectora y eternamente condenada a enamorarme de quién no debo: corazón de Frankenstein, siempre roto, siempre remendado. Soy una superviviente, una nómada emocional, ecléctica y generosa con mis afectos, desmemoriada para el dolor e implacable con los engaños. Como dice Calamaro "Honestidad Brutal". A veces, duelo. Pero siempre, amo; sobre todo, a mí misma. Malverde, a tí me encomiendo...protégeme y hazme regresar... viva el narcochic¡¡¡
Sindicación
 
Mi barrio II
Acabo de llegar a casa. Siempre hago el mismo camino. Subo por esta calle por la acera derecha, me cruzo en esta punto, giro por la izquierda, me cambio otra vez de acera. Y así, hasta que llego. Tengo manías con ciertas calles. Unas son de subida y solo son de subida. Otras, de bajada y solo de bajada. Subo por una acera y bajo por la otra. Si invierto el orden, me siento incómoda, nerviosa.

Por una de las calles que tomo para ir a casa (y por la acera que corresponde) paso por una escuela de actores. Es frecuente ver caras conocidas en la puerta, echándose su cigarrito. Hoy me ha tocado ver a un actor que tuvo su momento de fama gracias a una teleserie de adolescentes. En la serie, si mal no recuerdo, el muchacho hacía un papel de estudiante gay que no se atrevía a salir del armario. Estaba rodeado de chicos tan jóvenes como él, quizás más, y le escuchaban como si fuera un gurú. Cuando aún no estaba lo suficientemente cerca como para saber de qué estaban hablando, he imaginado -a fin de cuentas, se encontraban en la puerta de la escuela- que el "famoso" estaría explicando técnicas de interpretación, cómo librarse de los paparazzo o qué duros son los rodajes de las teleseries...

- Y entonces vas introduciendo un dedo, despacio, con cuidado, dilatando, y después otro, y así te lo trabajas hasta que esté preparado para follártelo.

Jo, algunos se quedan encasillados en el papel. Aunque parece que consiguió salir del armario. Y encima te da clases callejeras de preparación anal. Estuve a punto de sumarme al grupo pero todos eran chicos y mis glándulas mamarias enviaron un mensaje a mi cerebro de "no encajas ni con calzador".

Seguí caminando.

En la plaza había un chico con una camiseta de Manowar. Yo creía que estas cosas ya no pasaban.

Seguí caminando.

Mi calle está toda acordonada con cintas policiales y carteles prohibiendo aparcar en un montón de horas por rodaje. Hay camiones con rótulos de catering para rodajes cinematográficos justo donde pone prohibido aparcar. Operarios montando grupos electrógenos. Cables recorriendo las aceras con sus regletas y todo, no sea que los yonquis se nos tropiecen y nos demanden. Focos, pantallas reflectantes apiladas en la pared del convento y currelas hablando por radio con cara de mucha prisa.

Y ni una puta. Han echado a mis amigas porque hay un rodaje, y claro, estorban. Los que salen de misa y se arremolinan curiosos, no. A esos los dejan. Al chino que mira divertido el trajín de los del cine tampoco lo echan. Está trabajando, aunque esté en la puerta de su tienda. Pero a las putas no las dejan trabajar porque hay un rodaje. ¿Qué van a rodar?, ¿un spot de Gallardón diciendo que han "limpiado" el barrio?.

Yo creía que estas cosas ya no pasaban.

Igual y viene la Aguirre (o la cólera de Gallardón).

...

Voy a ver cuántos huevos tengo...

P.D.: Eso sí, el negro borracho que canta en modo bucle "Cucurrucucú Paloma", ahí está, como un campeón, haciendo caso omiso de todo el mundo. Dí que sí: RESISTANCE¡¡¡
 
Merlín, haz algo
Este vuestro blog (pero qué falsa soy, es mío, coño, y solo mío) tiene sus horas contadas. Le queda menos de un mega de vida. Y esa es muy poca vida, señores, para estarla adornando con fotos y vídeos precipitando el fin. Como anciano que se resiste a morir, economizo Kas, me pongo roñosa con las palabras y espacio los post para hacer coincidir el término de esta aventura virtual con el final de un período de mi vida real.

Esa es mi pretensión con esta avaricia que practico desde hace unos días, semanas quizás, además, con una secreta esperanza: que apelando al pensamiento mágico que el indio practica, cambie el destino que a ambos nos aguarda como espada de Damocles fatal con fecha del 26 de septiembre.

Es curioso que el indio esté tan convencido que yo soy la reina del escepticismo, que me río de la magia y me burlo de coincidencias, azares, destinos, predicciones y sueños reveladores. El cree que yo no creo. Siempre me dice que no me cuenta algunas cosas para que no me ría. Pero está equivocado. Muy equivocado. No se puede amar México como yo lo hago y no creer en la magia, porque en México la magia forma parte de la vida cotidiana y quieras o no, te verás envuelto de una u otra forma.

Me han ocurrido demasiadas cosas para las que no tengo una explicación racional como para no creer. Y solamente cuando dejas atrás, mejor dicho, cuando prescindes de colocar delante de todo los filtros del raciocinio, de la explicación lógica, comienzas a comprender de forma total. Es como ver una escultura desde todos los ángulos posibles. Filtrando la información, reduces los planos de visión.

Pero él cree que yo no creo. Y nunca he sido capaz de explicarle que no es así. Tampoco me he esforzado mucho porque no tiene importancia. Si no creyera yo a cuento de qué iba a viajar siempre con una imagen de mi santo patrón de los maleantes, don Jesús Malverde. Si no creyera yo, no hubiera llevado como un tatuaje la pulsera que me regaló Ro hace cinco años por si me mataban en una balasera hasta entregarla, al fin, como manda a Malverde. Si no creyera yo, no hubieran ocurrido tantas cosas mágicas, maravillosas, mistéricas y siempre felices, estoy tan segura como de mi nombre. Y si alguno de ustedes duda, reto a cualquiera de los pequeños Descartes que hay por aquí a una buena pisteada explicativa de la que, me juego lo que quieran, salen la mar de convencidos (a huevo y por mis pistolas).

Es broma, obviamente. A fin de cuentas, se trata de una experiencia individual en la mayoría de los casos y me vale un pito lo que los demás piensen al respecto y la postura de cada cual.

Este comentario no es para que ustedes se manifiesten a favor o en contra de ingresarme en un psiquiátrico por loquita, que también pueden hacerlo si quieren, pero el objetivo no es crear debate sobre las creencias de cada quien porque me importa bastante poco todo eso, salvo en el caso de los católicos por los que siento una malsana curiosidad...

Mi objetivo es un ejercicio de pensamiento mágico. Nombrando la fecha del cambio, del fin, quizás consiga conjurar a las hadas buenas, a Malverde, al diablo, a los trolls, a los enanos verdes, a quién chingados quiera intervenir y reviertan el proceso que especialmente yo, no quiero que ocurra.

Veremos qué pasa...
 
Camilo Cienfuegos visto por la Negra

100:100

Camilo llevó en el apellido la esencia de su vida. Cien fuegos.
Cien veces Camilo. Cien batallas. Una Revolución. Por eso la leyenda sigue.
Por eso el fuego no se extingue, porque bien lo dijo el poeta. Un muerto nunca descansa cuando es un muerto lleno de vida.

Cienfuegos vence a las cenizas. Aunque ni Furor ni el History Channel
le hayan hecho justicia. Aunque pocos hablen de él. Aunque pocos sepan que en 1956 figuró entre los 82 combatientes que desembarcaron del yate Granma en las costas cubanas para iniciar la lucha armada en la Sierra Maestra.

Porque Camilo fue tan revolucionario como Fidel y tan sonriente
como el Ché. Con tan espesas barbas como los demás.
Tan profeta y tan Cristo y tan guerrillero.


Hay un blues de jinetes del cuarto mundo que lo recuerda.
Que recuerda al rebelde redentor. A Cienfuegos el de las cien batallas.
Al héroe que murió a tiempo. Misterioso. Con buen tiempo y poca nubosidad.

Piel Mortero le hace justicia a Camilo. Le compone una canción para
escuchar bajo el árbol. Hace con Camilo un pacto justo. Justo ahí,
donde el bien y el mal toman por sorpresa a quien los escucha.
Igual que el 28 de Octubre la muerte tomó por sorpresa al revolucionario.
A ese que movió al mundo. A ese por el que cada aniversario, existe en el mar la primavera.

Y por no quedarse atrás, los Morteros mueven la marea con su música.
Hacen honor a su nombre y le disparan a la piel con sus letras
como proyectiles explosivos. Cien explosivos. Cien fuegos.
Cien veces Camilo.


Carolina Hernández Solis
Reynosa, Tamaulipas


Periodista:
Reforma
Noroeste
Record
El Mañana

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PIEL MORTERO
"CIENFUEGOS"
Info & Avances | www.myspace.com/pielmortero
 
Mi barrio (primera parte)
Vivo en un barrio canalla. Yo lo elegí, o él me eligió a mí, no lo tengo claro. Desde mi balcón, he visto el mundo en forma de prostitutas de casi todos los rincones del planeta, repartidas las zonas en función de su origen: aquí las chicas del este, tan rubias y altas; enfrente las africanas con sus piernotas interminables y musculadas; en este costado, las latinas con sus pelos teñidos y sus sesiones de maquillaje callejero... mamita, préstame esa laca de uñas, qué lindo color, si?; más allá, en lo que llamo el bronx, las yonquis de mirada perdida y precios sin competencia.

Entre tiendas de chinos y sexshops, las muchachas se recuestan en las paredes esperando a sus clientes, a sus "amigos", como algunas los llaman, encaramadas sobre sus tacones vertiginosos de charoles y purpurinas, como si quisieran alejarse del suelo lo más posible y volar lejos. Pero están ancladas a la tierra de una forma dolorosamente cabrona, repitiendo el ritual del vestuario y los afeites cada día, las sonrisas amables, acogedoras y el tiempo contando pa´tras.

Las hay históricas, como la Pili, que lleva cuarenta años de carrera. Tres uniformes de trabajo, siempre idénticos, que ella misma confecciona y que la permiten lucir sus tetas un tanto ajadas a través de un top de croché muy calado que no deja nada a la imaginación. Junto con su peluca ye-yé y sus kilos de pintura sobre la cara socarrona son sus señas de identidad que la han valido hasta una aparición estelar en un vídeoclip de un cantante internacional. La Pili es de las que se deja entrevistar cuando llega la tele al barrio y todas huyen despavoridas ante la perspectiva de ser descubiertas en sus países de origen. Pero es que la Pili es de las pocas vocacionales que hay haciendo la carrera. Y a ella la lleva al trabajo su marido en un flamante Mercedes. Y gracias a su dedicación, la Pili ha dado carrera universitaria a sus tres hijos, y bien orgullosa que está de ello.

También está Alicia. Alicia es una brasileña inmensa que debe rondar los cientocincuenta kilos, negra chocolate, alcohólica y lesbiana. Es fácil verla en la mañana con su brick de vino baratón ya ebria. Pero es una borracha con mucha dignidad: yo nunca la he visto mal, aguanta los machos y los vapores etílicos como reina del cacao, orgullosa con los hombres y amable con las mujeres. Me dice que los hombres le dan asco pero que son tan imbéciles que la pagan por follar, pues ganar dinero con la estupidez ajena es una oportunidad que no va a dejar escapar.

- Ay, cariño, los negros me dan asco.. yo con negros no voy, no señor...
- Pero si tú eres negra, Alicia...
- Pero los negros no me gustan, y en mi coño mando mando yo.
- Dí que sí, tienes razón... te me cuidas, eh?
- Cuídame tú, mi niña, cúando te vas a venir conmigo? Porque yo a tu novio le cobro, pero a tí no, que lo sepas, a tí no...

Siempre me abraza con su enorme cuerpo y me siento delgada y pálida a su lado. Sigo caminando con mi bolsa del pan, deteniéndome a saludar, ahora a Daisy. Daisy tiene dos nombres: con el que la bautizaron y el de guerra. Probablemente Alicia no se llame Alicia, pero Daisy quiso confiarme su nombre real, quién sabe porqué. Es ecuatoriana y guapa, menuda, treintañera, luce una melena que cuida con esmero en peluquerías que la cobran un ojo de la cara por saber su oficio y abusar de ello. Conversamos de sus hijos, de los papeleos para traerlos, de la familia de allá que no para de pedirle dinero, de que no saben cómo se gana la vida, de que quiere cambiar de vida y persigue promesas de amigos que nunca se acaban de cumplir. Daisy siempre me dice que el indio me quiere de verdad porque nunca le ha visto con ninguna de las chicas, y que ella nunca se iría con él por amistad conmigo. Me parece conmovedora. Pero me río.

- No seas tonta, si te paga, vete con él, es tu trabajo y él es una buena persona.
- Estás bromeando, ¿verdad?, pregunta ella.
- Claro, tonta.

Y nos abrazamos con cariño sincero.

- Cuídate ese resfriado, me dice.

Y subo a casa pensando que mi barrio mola.

 
Invitados sorpresa
Hace unos días descubrí, merced al analizador de visitas, lo que casi todos los que escribimos bitácoras tememos que ocurra en algún momento de nuestra vida cibernética: que nos lea quien no nos apetece nada, pero nada, que sepa de nuestras cosas.

Efectivamente, este es un temor al que nos enfrentamos todos los que, en algún momento, reflexionamos aquí, en esta íntima exhibición, en la absurda creencia que sólo nos leerán los amiguitos, los extraños, los neozelandeses, tu vecino del quinto, cualquiera menos "aquel" porque "aquel" supone o puede suponer un peligro para tí al estar enterado de ciertos detalles de lo que tú, de forma ilusoria, crees que es tu privacidad.

Uno escribe en este medio creyendo que es anónimo, creyendo que aunque le facilite el link a sus colegas, no caerá en malas manos. Uno cree, ingenuamente, que está a salvo de ojos hostiles, peligrosos, indiscretos. Uno tiende a minimizar el poder de internet. Y a olvidar que vivimos en un mundo globalizado, al alcance de la mano a golpe de ratón. Pero deberíamos ser conscientes que cuando relatamos en nuestra bitácora una infidelidad, un engaño, un amor vergonzante, una tendencia sexual, una crítica al gobierno, a la comunidad de vecinos, al jefe, a tu madre, poco menos que lo estamos contando al mundo provistos de un megáfono. Y alguien lo va a escuchar. Y a veces, casualidades de la vida, ese alguien puede ser el interesado/agredido/afortunado.

He leído en varias ocasiones, muchos de vosotros lo sabeis, lo habeis sufrido, que algunos blogueros cierran el blog al sentirse "pillados". La mayor parte de las veces, suele tener que ver con asuntos del corazón en todas sus modalidades. Parece que los sentimientos amorosos volcados en un diario virtual son los reyes de la blogosfera en lo que a este tipo de reacciones se refiere. Y es natural que uno se sienta especialmente vulnerable ante la intromisión ilícita de uno que no estaba invitado a la fiesta. Como cuando éramos pequeños y nuestra hermano/madre/primo leía nuestro diario que guardábamos bajo el colchón. El ataque de pánico estaba asegurado. Y el consiguiente cabreo por la violación de intimidad que suponía. Esa sensación de sentirte desnudo, expuesto, sujeto de análisis, es terrible y resulta comprensible que muchos opten por abandonar ante la perspectiva de que alguien deliberadamente no elegido obtenga información sensible sobre uno. Información, además, no diseñada para ese receptor, por lo tanto sesgada y susceptible de ser malinterpretada y mal utilizada.

El problema, y todos los que estamos aquí lo sabemos, o al menos deberíamos, es que escribir en internet es hacerlo público sin restricciones. No podemos elegir a nuestros lectores. Y esto, que en principio lo sabemos, parece que lo olvidamos cuando un día perdemos el miedo a contar, a fabular, a desahogarnos y nos encontramos a quien no queremos en nuestro rincón secreto. No podemos evitarlo. No podemos darle la llave a unos sí y a otros no. Porque para eso está el teléfono, los mails u otros medios. Si tenemos una bitácora abierta en internet, tenemos que afrontar que pueden llegar visitas indeseadas, que pueden leer lo que no quisiéramos que supieran nunca, que puede tener consecuencias.

Cuando abrí este blog, mi primer post era un lacrimógeno y dramático análisis de mi anterior relación sentimental, de la que ya se vislumbraba su patético final. Era diciembre de 2004. Como podeis comprobar pinchando en el enlace de esa fecha, no hay nada. Lo borré. Me censuré a mi misma porque no me gustaba esa imagen de mí, abatida, derrotada y desesperanzada. Los meses que median entre ese primer post borrado y el siguiente publicado corresponden a mi reconstrucción. Y ese proceso queda para mi intimidad, que comparto con los que yo quiero, y no es analizable ni se puede comentar porque es privado. Nunca he sido mujer que guste de exhibir sus penas en público. Tengo un curioso y extraño sentido del pudor que me permite detallar un encuentro sexual casual pero me impide mostrar mi dolor en bruto: esto significa que cuando las cosas van realmente mal, me encierro en mi misma hasta que lo analizo, rumio, comprendo y no salgo de mi caparazón hasta que no he encontrado una solución que pasa, indefectiblemente, por el filtro del humor, aunque sea negro.

Los que me conoceis, sabeis que me gusta reir, de mí misma la primera. Casi todos mis post tienen en mayor o menor medida una sonrisa impresa. Lo que no significa que no sufra, llore o me desespere como cualquiera. Tengo tantos problemas como me caben en mi magnánimo cuerpo. Pero es más fuerte mi instinto de supervivencia que mi autocompasión. Del victimismo me aparto como de la peste pues demasiado se que nubla las entendederas. Y he leído que los optimistas viven más y mejor: siempre invento un plan B para los malos tiempos.

Todo este rollo, que parece que me disperso, es para decir que esta es mi bitácora. Escribo lo que quiero. Y pienso seguir haciéndolo. Me gusta mi vida, me gusta cómo soy, me siento muy orgullosa de mí misma con todo y defectos. Y a esa persona que me ha "descubierto" le digo: pasa, adelante, ponte cómodo. Lee. Igual y aprendes algo. Soy responsable de lo que escribo y no tengo miedo a lo que puedas hacer con lo que lees. Nunca te tuve miedo y tú lo sabes, esa es tu cruz. Mi mundo, al contrario que el tuyo, es enorme y cabes hasta tú. Al final, eres demasiado pequeño para que estorbes.

Y a todos vosotros, queridos míos, tened la mínima prudencia si no quereis tener invitados sorpresa que lamentar. Afortunadamente para mí, no tengo nada en mi vida que ocultar y cuento con el apoyo y el respeto de la gente a la que quiero y eso es lo único que importa verdaderamente. Y pienso seguir diciendo lo que pienso mientras me río de dios y del diablo...

P.D.: Para los curiosos, no, no se trata de ningún ex resentido.







 
Bebamos, carnal
A partir de ahora, que la santidad entre en mí, tendrá un nuevo y embriagador sentido...


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