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Encantada de conocerme
Si me conoces, más vale que me caigas bien porque seguro que hablo de tí...
Acerca de
Esquizofrénica de nacionalidades, española de nacimiento y con México en las entrañas, 38 años, coleccionista de ex, mejor amante que esposa, futurible madre sobreprotectora y eternamente condenada a enamorarme de quién no debo: corazón de Frankenstein, siempre roto, siempre remendado. Soy una superviviente, una nómada emocional, ecléctica y generosa con mis afectos, desmemoriada para el dolor e implacable con los engaños. Como dice Calamaro "Honestidad Brutal". A veces, duelo. Pero siempre, amo; sobre todo, a mí misma. Malverde, a tí me encomiendo...protégeme y hazme regresar... viva el narcochic¡¡¡
Sindicación
 
El río eléctrico
Cuando algo se desea mucho, el peligro es conseguirlo. Estar cerca, muy cerca del objeto de deseo te vuelve atento, alerta, despierto, en permanente excitación... y esa es una sensación que adoro, incluso más que obtener lo que quiero.

Escucho febrilmente a mi querido Cerati. El siempre me acompaña, siempre está ahí, pero en estos días su presencia adquiere una nueva relevancia, un redescubrimiento de sus letras elaboradas, una adaptación a mi estado, personalizándolo, haciéndolo mío, usándolo incluso. Otras veces estuvo ahí, vinculando mi memoria a momentos especiales, con rostros, pieles, luces. Cerati siempre estará unido al amigo que me lo presentó y me lo entregó como un regalo mientras me cantaba sus canciones bajito. Pero ahora es mi particular banda sonora del momento que vivo.

El cielo entiende que mi obsesión está llegando a un límite...
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El era uno de esos tipos. Lo supo nada más verlo. Lo hubiera reconocido entre todo un estadio lleno de gente. El era de esos.

Unos de esos tipos a los que las palabras les sobran. Les sobra la edad, la nacionalidad, la profesión. Les sobra su físico, su dinero. Les sobra todo. Porque cuando se vuelven a mirarte, sus ojos disuelven el mundo que te rodea, se licúa el piso que te sostiene, el cielo se vuelve agua. Tú te vuelves agua. Y sólo puedes fluir en la corriente que él ha establecido a través de su mirada clavada en tí, como un río eléctrico.

Con la piel erizada, húmeda, te das cuenta de inmediato. Es uno de esos tipos. Mal asunto. Porque estos tipos son de los que ya no se van nunca. De los que te siguen a donde quiera que vas. Metidos en tu cabeza, mirándote a cada rato, apareciéndose en sueños. Chingándote con su sonrisita perversa cuando a tu memoria se le pega la gana.

El tipo sabía jugar. Puta madre si sabía jugar. Porque cuando se encontraban y la abrazaba para saludarla (delante de todo el mundo), y colocaba su mano casi al final de la espalda ejerciendo la presión adecuada para hacer rozar sus caderas, susurrando fórmulas de cortesía que en sus oídos se traducían como proposiciones sonrojantes (por el tono que empleaba) y ella se abandonaba entre sus brazos, sintiendo el calor aumentar y finalmente, él deshacía el abrazo clavando sus ojos en ella segundos más de lo educado, ella, febril, aturdida, tímida, maldecía su incapacidad de reaccionar, algo impropio en ella. Manejada como muñeca.

Nunca tuvieron intimidad, tal y como se entiende comunmente. Nunca estuvieron a solas. Nunca se tocaron más allá de los saludos. Ni siquiera se dijeron en voz alta algo demasiado personal. Pero en los encuentros, inevitables al coincidir los amigos comunes, los juegos de miradas eran tan elocuentes que no pasaban desapercibidos al entorno, desatando murmuraciones. Los comentarios con doble sentido, el metalenguaje que desarrollaron con la intuición de los que se reconocen como adversarios y cómplices y la química brutal que siempre dejaba un rastro feromónico en el aire, fueron alimentando el deseo de ambos poco a poco a lo largo de años. Siempre latente, siempre ahí, escondido en algún rincón, pero dispuesto a salir rejuvenecido en cualquier fiesta en la que coincidieran, en la mención de su nombre en una conversación, en una llamada de trabajo...

Una noche, a las tres de la mañana, ella recibe un mensaje en el móvil. Se despertó, extrañada y consultó quién podría ser el impresentable que osaba incomodarla a esas horas. El mensaje, aparentemente, no iba dirigida a ella, un error, digamos. Pero era de él. Y contestó haciéndole notar su equivocación. Respuesta en forma de disculpas. Lo leyó y se acomodó entre los brazos de su pareja para regresar al sueño. Pero él volvió a la carga con más disculpas. Y con ese mensaje prendió el botón de encendido.

Ella se dió cuenta que era una artimaña para acercarse. El tipo estaba jugando. Pues hagan juego, señores... y comenzó un bombardeo de mensajes que la quebró el sueño y la prudencia. La fiebre de nuevo. Ese hambre nerviosa que el tipo la producía, hambre de él. Un hambre que no entendía de las parejas del otro, ni de horas, ni de límites, ni de nada políticamente correcto. Ella estaba tumbada en la cama, diciéndole que iba a ir a su casa en sueños. Y él la suplicaba que fuera de inmediato.

Las noches de insomnio se sucedieron. Ella podía adivinar su perversa sonrisa mientras escribía mensajes reclamando su dosis de placer. Y ella respondía exigiendo el suyo, dibujándose para él, inventándole para ella.

Juegos de seducción. Paseo inmoral. Come de mí, come de mi carne.

Cerrar los ojos y verlo. Mirándola. El río eléctrico tensando su cuerpo como un arco, atravesándola, dejándola exhausta. El, como maestro, ejerciendo su dominio sobre ella de forma brutal y despiadada. Ella, como alumna, pidiendo más. Ella, esperando. El, administrando los tiempos. MI querida Hidra, se que tú entenderás muy bien a qué me refiero...

Desde que comenzó el juego, no se han llamado ni una sola vez. No se han visto ni una sola vez. No existen el uno para el otro más que cuando el timbre del móvil anuncia que el juego comienza de nuevo.

Sólo es una fantasía...

Quizás lo más interesante de la historia es que nunca suceda en la realidad lo que por las noches se prometen. Porque en el juego son quienes quieren ser, no lo que son. Porque en el juego, no hay límites, ni censuras, ni moral. Porque en el juego no hay sentimientos que enturbien la relación. Ni terceros. No hay miedo, ni cansancio, ni circunstancias, ni entorno.

Pero quién sabe que vayan a hacer, qué vaya a pasar... tú que crees?

 
Comentario:
ufffffffffff....Sé de lo que hablas a la perfección, lo entiendo, y me encanta ...
Pues qué harán?... jugar a ganador, pokér de damas querida .

Por cierto no sabía lo de Cerati, tengo unos cds no editaos en España, regalo de un argentino, ya te los pasaré.

Beso y sonrisa
 
Comentario:
Yo pienso que la fantasía tiene vida propia,...Si la haces realidad, ya no es fantasía y entonces hablamos de otra cosa, con otras satisfacciones quizás..., y otras decepciones quizás.., quien sabe...

El juego de la fantasía es placentero porque nos permite vivir una realidad que no es, como si pudieramos vivir dos vidas o más. Que una nos sabe a poco...Cualquiera que sea la realidad, es imposible para quienes disfrutamos de vivir, que en nuestra mente siempre haya fantasías,y algunas muy tentadoras claro....
 
Comentario:
Quizás las excitación del juego es lo que les une...pero después se necesita algo más...hay que hacerlo realidad...y no quedarse con un "y si..."

O todo lo contrario, jajaj, vete a saber!

1beso
 
Comentario:
pos se me hace que esta chilo lo de cerati,pero también se me hace que estas perdiendo el tiempo, capaz que te metes en una bronca y sin haber disfrutado, yo diria que a la yugular y sin arrepentimientos, eso si, con cuidado mija, por que en los juegos siempre hay un perdedor, y el empate para algunas sabe a perdida,pero bueno, ahora la recomendacion es el ultimo disco de fobia, tiene canciones chilas, un beso
No