actividades extraescolares
Decidí hacer COU en otro instituto. Más bien, fue un pacto con mi odiada profesora de gimnasia que me había suspendido sistemáticamente desde primero de BUP. El odio era mutuo, así que la sometí a un suave chantaje: "te juro que no vuelves a verme en tu vida, me voy de este instituto, si me apruebas la puta gimnasia", dicho con una sonrisa de lo más cándido. Y funcionó. Aquella bruja caderona me aprobó a cambio de perderme de vista. Así que regresé al instituto de mi pueblo natal con mi equipaje de chica viajada (parecerá una tontería, pero con trece años irte a 15 kms. de casa a estudiar te convierte en extranjera), mis records de horas "fugadas", mis visitas a dirección y todo lo distinta en que se puede convertir una adolescente en tres años lejos de sus compañeros de colegio de siempre.
El instituto nuevo era mucho más grande. Lo que implicaba más gente. Eso me agradó. Me daba mucha pereza retomar el pasado que dejé en octavo y someterme al escrutinio de mis viejos amigos. No recuerdo bien, pero creo que sólo llegué a frecuentar a mi mejor amiga del colegio. En mi estilo habitual, el primer día a tercera hora ya estaba recogiendo mis cosas para relajarme un rato en un prado que había visto desde la ventana y que se presentaba la mar de apetecible. Mi recuperada mejor amiga me frenó en seco: aquí no se fuga nadie. Cómo que no? y qué hacéis?, pregunté sorprendida. Pues ir a todas las clases, respondió rotunda y casi regañona. Ah, ir a clase. Eso. Coño, es una idea nueva para mí.
Me entró la desesperación ante la perspectiva de tener que pasar un curso entero yendo a clases. Sin faltar, salvo huelgas, enfermedad, o festivos. Muy cuesta arriba eso para mí. Me iba a aburrir, ya lo estaba viendo venir. Y le menté la madre a la profesora de gimnasia que me había hecho irme de mi paraíso donde no íbamos un solo día a clase completo. Así que decidí apuntarme a alguna actividad extraescolar. Lo se, mi lógica no funciona muy bien. Se organizó un grupo de cine con el propósito de filmar un corto. Pues yo, de cámara, porque el puesto de director ya estaba cogido.
El grupo de cine funcionaba porque había mucha voluntad, porque allí saber, nadie sabía nada. Pero teníamos un director de lo más entusiasta, que escribía guiones, era vasco, se llamaba Jon y parecía un leñador. Jon conformó el equipo técnico, preparó un guión y cuando queríamos empezar a rodar nos dimos cuenta que allí ni dios quería actuar. Y es que el corto era atrevidillo. Trataba de una alumna muy pija, con novio muy pijo con moto, que en su tiempo lectivo se dedicaba a torturar a una profesora que estaba enamorada de ella. Vamos, una cosa de lo más normal. Alumna lolita de lo más hijo de puta seduce y putea a profesora de mates, con final fatal, por supuesto. La profe, desquiciada al no poder conseguir el objeto de sus deseos, la termina acuchillando en el baño mientras la lolita hace un pis. Corrupción de menores, lesbianismo, chantaje, tráfico de influencias, sadismo y bajas pasiones a tutiplén. Y el profesor que cuidaba de nosotros, temblando ante la idea de presentar el proyecto a la asociación de padres. Un profe enrrollado, el tío, porque se atrevió.
Pues una de casting para seleccionar a las super estrellas. Pusimos carteles por todo el instituto citándolos en el salón de actos. Y se presentó un montón de gente. Jon los fue probando y los iba seleccionando y adjudicando papeles. Pero Lolita seguía sin aparecer. Probamos a todas las que se presentaron. Nada. Ninguna valía. Y de pronto, se giró hacia nosotras, las del equipo técnico. VAMOS¡¡, nos gritó. Coño, Jon, que no, que pasamos, que nosotras detrás, que no nos mola nada salir en la peli. Pero Jon, por lo vasco sería, imponía un huevo. Y nos obligó. Empezamos a desfilar como corderillos asustados. Había que representar una escena de clase, Lolita estaba sentada en el pupitre y mascaba chicle como si estuviera practicando sexo oral... tenía que mirar a la profesora (que estaba presente y era nuestra profe de mates de verdad) y seducirla con el chicle, con la boquita, con la lengua y con la mirada. Había que poner nerviosa a la profesora. Había que hacerlo de verdad.
Una. Otra. Otra más. Y otra y otra... y yo la última. Yo no quería. Pero me obligaron. Quise hacerlo mal. Lo juro. Ni siquiera me gusta comer chicle.
Todo el mundo se quedó callado mientras yo clavaba los ojos en la profesora y le decía con la mirada un montón de cochinadas, y con la lengua, otro tanto.
- Corten¡¡, gritó Jon (que chillaba mucho).
- Pero si no estamos rodando.... dijo alguien.
- Pues qué pena -gritó Jon- porque ya tenemos a nuestra Lolita...
Por más que grité, chillé y pataleé, no hubo manera. Todo el mundo estaba de acuerdo, menos yo. A mis dieciseis años yo era capaz de dar la talla como lesbiana infantil corruptora de profesoras pero inútil al tratar de imponerme ante el fornido Jon que babeaba con la película que se había montado. Le seduje. Y también fue inútil. El tipo era incorruptible. Y yo, virgen, lo que visto con la perspectiva de los años, igual y tuvo que ver.
Nada, a rodar se ha dicho. La verdad, no es que el papel me asustara, no. Es que soy tímida. Y me horrorizaba sobremanera salir en fotos, pues no digamos en una película. No me causaba el menor pleito el rollito lésbico, sino el que me viera un montón de gente. Lo del novio que me adjudicaron en el rodaje, que era un feo y un patán, y al que tuve que besar quince veces en una toma con la banderita de españa de fondo con venticinco personas observando atentas, porque el wey no sabía besar y le tuve que enseñar (qué paciencia, señor) no fue un problema. Salvo la bofetada que le tuve que dar una noche en un antro porque escuché que andaba presumiendo que estábamos liados de verdad. Y hombre, no estaba yo para salir en el Hola¡ del pueblo por tener un affair con ese baboso. Más quisieras tú¡¡ y le arreé. Que una tenía su caché, coño.
Rodar varias escenas en clase, con mis compañeros reales, el equipo al completo, la tía de una, la prima de la otra, la señora de la limpieza, varios curiosos y la sufrida profe, en la que básicamente yo tenía que mostrar mis dotes de seducción sentada en un pupitre o contoneándome en la pizarra, pase.
Pero tener que filmar que estás haciendo un pis, un acto tan íntimo, y tú ahí, sentada en la taza, y el micro asomando por arriba como un pájaro peludo de mal agüero, eso ya te pone muy nerviosa, y encima que abran la puerta de un golpe y tú tienes que poner cara de pánico porque te van a acuchillar... venga, hombre... la puerta me golpeó como siete veces en la cara, con lo que de cara de susto, nada, más bien de dolor y agudo. Cuando conseguía pegarme lo suficiente a la pared del fondo para no ser golpeada, ya estaba Jon chillando que así no mean las mujeres normales, más tiesas que una vela... qué listo el tío... anda, prueba tú a sentarte y que abran de golpe, verás que risa. Encontramos el punto exacto para sentarme de forma natural y no ser aporreada. Ya llevábamos como diez tomas.
Siéntate en el punto exacto, la puerta se abre de golpe y primer plano de mi cara de pánico. Ni de coña. Imaginaos que abren la puerta del baño y ves a treinta personas mirándote, expectantes. Me dió un ataque de risa. Dos. Tres ataques. Al décimo y con todo el equipo tirado por el suelo partiéndose de risa y con veinte tomas tiradas a la basura, Jon, muy serio, se inclinó hacia mí y me relató al oído bajito de qué dolorosa manera me iba a hacer perder mi virginidad, la otra, la "extraordinaria". Oye, mano de santo. No tuvimos que repetir ni una sola toma más. Sentada donde debía, la puerta se abre sin golpearme, y yo con una cara de pánico que riéte tú de la matanza de texas. Yo no veía a la profe de mates cuchillo en ristre. Veía al cabrón de Jon. Y eso sí acojonaba.
El famoso primer plano, culmen del corto, y tras veinte intentonas, terminó, por fin. Un par de tomas más de la profe como ida por los pasillos con la bata ensangrentada y las baldosas del baño salpicadas daban su punto gore y completaban el rodaje. Fundido en rojo chorreante y a montar.
Exhibieron el corto en el salón de actos y fue todo el pueblo. Yo no me atreví a verla. No la ví nunca. Pero, para mi desgracia, la presentaron a un concurso y ganó. Así que el corto se paseó por todos los institutos de la región. Y cuando salía a la calle, no faltaba quien me paraba para preguntarme si yo era la de la peli. Que no, que no soy yo. Sí, me parezco a ella, ya me lo han dicho, pero no soy yo. Coño, que no soy yo...
Algunas madres me miraban mal. Y algunos padres me miraban bien, muy bien. Me sonreían mientras sus doñas les tironeaban del brazo, con cara de malas pulgas.
Menos mal que la "fama" es efímera. Porque despues de esa incursión, como no me convirtiera en la Tracy Lords de la zona, a ver cómo mantengo el listón.
El instituto nuevo era mucho más grande. Lo que implicaba más gente. Eso me agradó. Me daba mucha pereza retomar el pasado que dejé en octavo y someterme al escrutinio de mis viejos amigos. No recuerdo bien, pero creo que sólo llegué a frecuentar a mi mejor amiga del colegio. En mi estilo habitual, el primer día a tercera hora ya estaba recogiendo mis cosas para relajarme un rato en un prado que había visto desde la ventana y que se presentaba la mar de apetecible. Mi recuperada mejor amiga me frenó en seco: aquí no se fuga nadie. Cómo que no? y qué hacéis?, pregunté sorprendida. Pues ir a todas las clases, respondió rotunda y casi regañona. Ah, ir a clase. Eso. Coño, es una idea nueva para mí.
Me entró la desesperación ante la perspectiva de tener que pasar un curso entero yendo a clases. Sin faltar, salvo huelgas, enfermedad, o festivos. Muy cuesta arriba eso para mí. Me iba a aburrir, ya lo estaba viendo venir. Y le menté la madre a la profesora de gimnasia que me había hecho irme de mi paraíso donde no íbamos un solo día a clase completo. Así que decidí apuntarme a alguna actividad extraescolar. Lo se, mi lógica no funciona muy bien. Se organizó un grupo de cine con el propósito de filmar un corto. Pues yo, de cámara, porque el puesto de director ya estaba cogido.
El grupo de cine funcionaba porque había mucha voluntad, porque allí saber, nadie sabía nada. Pero teníamos un director de lo más entusiasta, que escribía guiones, era vasco, se llamaba Jon y parecía un leñador. Jon conformó el equipo técnico, preparó un guión y cuando queríamos empezar a rodar nos dimos cuenta que allí ni dios quería actuar. Y es que el corto era atrevidillo. Trataba de una alumna muy pija, con novio muy pijo con moto, que en su tiempo lectivo se dedicaba a torturar a una profesora que estaba enamorada de ella. Vamos, una cosa de lo más normal. Alumna lolita de lo más hijo de puta seduce y putea a profesora de mates, con final fatal, por supuesto. La profe, desquiciada al no poder conseguir el objeto de sus deseos, la termina acuchillando en el baño mientras la lolita hace un pis. Corrupción de menores, lesbianismo, chantaje, tráfico de influencias, sadismo y bajas pasiones a tutiplén. Y el profesor que cuidaba de nosotros, temblando ante la idea de presentar el proyecto a la asociación de padres. Un profe enrrollado, el tío, porque se atrevió.
Pues una de casting para seleccionar a las super estrellas. Pusimos carteles por todo el instituto citándolos en el salón de actos. Y se presentó un montón de gente. Jon los fue probando y los iba seleccionando y adjudicando papeles. Pero Lolita seguía sin aparecer. Probamos a todas las que se presentaron. Nada. Ninguna valía. Y de pronto, se giró hacia nosotras, las del equipo técnico. VAMOS¡¡, nos gritó. Coño, Jon, que no, que pasamos, que nosotras detrás, que no nos mola nada salir en la peli. Pero Jon, por lo vasco sería, imponía un huevo. Y nos obligó. Empezamos a desfilar como corderillos asustados. Había que representar una escena de clase, Lolita estaba sentada en el pupitre y mascaba chicle como si estuviera practicando sexo oral... tenía que mirar a la profesora (que estaba presente y era nuestra profe de mates de verdad) y seducirla con el chicle, con la boquita, con la lengua y con la mirada. Había que poner nerviosa a la profesora. Había que hacerlo de verdad.
Una. Otra. Otra más. Y otra y otra... y yo la última. Yo no quería. Pero me obligaron. Quise hacerlo mal. Lo juro. Ni siquiera me gusta comer chicle.
Todo el mundo se quedó callado mientras yo clavaba los ojos en la profesora y le decía con la mirada un montón de cochinadas, y con la lengua, otro tanto.
- Corten¡¡, gritó Jon (que chillaba mucho).
- Pero si no estamos rodando.... dijo alguien.
- Pues qué pena -gritó Jon- porque ya tenemos a nuestra Lolita...
Por más que grité, chillé y pataleé, no hubo manera. Todo el mundo estaba de acuerdo, menos yo. A mis dieciseis años yo era capaz de dar la talla como lesbiana infantil corruptora de profesoras pero inútil al tratar de imponerme ante el fornido Jon que babeaba con la película que se había montado. Le seduje. Y también fue inútil. El tipo era incorruptible. Y yo, virgen, lo que visto con la perspectiva de los años, igual y tuvo que ver.
Nada, a rodar se ha dicho. La verdad, no es que el papel me asustara, no. Es que soy tímida. Y me horrorizaba sobremanera salir en fotos, pues no digamos en una película. No me causaba el menor pleito el rollito lésbico, sino el que me viera un montón de gente. Lo del novio que me adjudicaron en el rodaje, que era un feo y un patán, y al que tuve que besar quince veces en una toma con la banderita de españa de fondo con venticinco personas observando atentas, porque el wey no sabía besar y le tuve que enseñar (qué paciencia, señor) no fue un problema. Salvo la bofetada que le tuve que dar una noche en un antro porque escuché que andaba presumiendo que estábamos liados de verdad. Y hombre, no estaba yo para salir en el Hola¡ del pueblo por tener un affair con ese baboso. Más quisieras tú¡¡ y le arreé. Que una tenía su caché, coño.
Rodar varias escenas en clase, con mis compañeros reales, el equipo al completo, la tía de una, la prima de la otra, la señora de la limpieza, varios curiosos y la sufrida profe, en la que básicamente yo tenía que mostrar mis dotes de seducción sentada en un pupitre o contoneándome en la pizarra, pase.
Pero tener que filmar que estás haciendo un pis, un acto tan íntimo, y tú ahí, sentada en la taza, y el micro asomando por arriba como un pájaro peludo de mal agüero, eso ya te pone muy nerviosa, y encima que abran la puerta de un golpe y tú tienes que poner cara de pánico porque te van a acuchillar... venga, hombre... la puerta me golpeó como siete veces en la cara, con lo que de cara de susto, nada, más bien de dolor y agudo. Cuando conseguía pegarme lo suficiente a la pared del fondo para no ser golpeada, ya estaba Jon chillando que así no mean las mujeres normales, más tiesas que una vela... qué listo el tío... anda, prueba tú a sentarte y que abran de golpe, verás que risa. Encontramos el punto exacto para sentarme de forma natural y no ser aporreada. Ya llevábamos como diez tomas.
Siéntate en el punto exacto, la puerta se abre de golpe y primer plano de mi cara de pánico. Ni de coña. Imaginaos que abren la puerta del baño y ves a treinta personas mirándote, expectantes. Me dió un ataque de risa. Dos. Tres ataques. Al décimo y con todo el equipo tirado por el suelo partiéndose de risa y con veinte tomas tiradas a la basura, Jon, muy serio, se inclinó hacia mí y me relató al oído bajito de qué dolorosa manera me iba a hacer perder mi virginidad, la otra, la "extraordinaria". Oye, mano de santo. No tuvimos que repetir ni una sola toma más. Sentada donde debía, la puerta se abre sin golpearme, y yo con una cara de pánico que riéte tú de la matanza de texas. Yo no veía a la profe de mates cuchillo en ristre. Veía al cabrón de Jon. Y eso sí acojonaba.
El famoso primer plano, culmen del corto, y tras veinte intentonas, terminó, por fin. Un par de tomas más de la profe como ida por los pasillos con la bata ensangrentada y las baldosas del baño salpicadas daban su punto gore y completaban el rodaje. Fundido en rojo chorreante y a montar.
Exhibieron el corto en el salón de actos y fue todo el pueblo. Yo no me atreví a verla. No la ví nunca. Pero, para mi desgracia, la presentaron a un concurso y ganó. Así que el corto se paseó por todos los institutos de la región. Y cuando salía a la calle, no faltaba quien me paraba para preguntarme si yo era la de la peli. Que no, que no soy yo. Sí, me parezco a ella, ya me lo han dicho, pero no soy yo. Coño, que no soy yo...
Algunas madres me miraban mal. Y algunos padres me miraban bien, muy bien. Me sonreían mientras sus doñas les tironeaban del brazo, con cara de malas pulgas.
Menos mal que la "fama" es efímera. Porque despues de esa incursión, como no me convirtiera en la Tracy Lords de la zona, a ver cómo mantengo el listón.
Comentario:
Me gusta como escribes, eres buena.
Curiosa tu historia, a mi me pasó algo parecido, en la EGB, había montado una obra de teatro, algo para representar en clase, una historia de extraterrestres muy en voga por la época, pues todos veíamos V. Pero al final me faltaba un actor y hala, al menda tambien le tocó actuar, vamos, una historia patética que la salva el escaso sentido del ridículo que tenía por aquella fecha, bufff, que felices éramos sin tantas preocupaciones.
Un beso
Curiosa tu historia, a mi me pasó algo parecido, en la EGB, había montado una obra de teatro, algo para representar en clase, una historia de extraterrestres muy en voga por la época, pues todos veíamos V. Pero al final me faltaba un actor y hala, al menda tambien le tocó actuar, vamos, una historia patética que la salva el escaso sentido del ridículo que tenía por aquella fecha, bufff, que felices éramos sin tantas preocupaciones.
Un beso
Comentario:
Bueno, tiene pinta de que disfrutaste más de lo que confiesas :D ¿Y no has visto nunca el corto? ¿No sientes curiosidad ahora, después de tantos años?
Besos
Besos
Comentario:
jajajaja, ya me imagino tu cara de inocente, a mi me han invitado a algunos cortos y he participado, hasta en una pelicula que fue nomimada para nueve arieles,pero definitivamente eso no es lo que busco, bueno,te mando un abrazo y ya escribele baquetona
Comentario:
Con menos currículo que tú, hay muchas pedorrillas que se hacen llamar 'actrices'.
Si lo recuerdas con tanto detalle, seguro que disfrutaste con tu experiencia cinematográfica.
Si lo recuerdas con tanto detalle, seguro que disfrutaste con tu experiencia cinematográfica.
Comentario:
Hay quien ha nacido para ser una eterna Lolita .
Besos y sonrisas
Besos y sonrisas
Comentario:
Yo también cambié de colegio en C.O.U., a ver si va a ser una nota común de la gente que puebla la blogsfera, si hay sociólogos leyendo ya saben que deben añadir una variable a sus sesudos estudios sobre los blogs.
Beso
Ah, los padres y sus miradas, si es que somos humanos, leches!
Comentario:
Qué exito!! Además, por lo que cuentas, las pasiones que levantaste en tu papel de Lolita traspasaron las cámaras. Me imagino la sonrisita de los padres cuando se cruzaban contigo... jaja.
Te recomiendo dos restaurantes japoneses en Madrid: Shiratori, Castellana 36, Hanami, en General Zabala, 31.
Un beso!
Te recomiendo dos restaurantes japoneses en Madrid: Shiratori, Castellana 36, Hanami, en General Zabala, 31.
Un beso!
Comentario:
Mira tu q yo en mi guerra d odios mutuos con el profe d mates, tb me cambie d instituto en COU
Seguro q fuiste una lolita genial, dejate d timideces
Un beso
Seguro q fuiste una lolita genial, dejate d timideces
Un beso
Comentario:
Hace muchos, muchos años yo hice de la virgen María en la función de Navidad del colegio. En principio podría parecer el papel estelar, pero el casting no tuvo mucho mérito, la hermana Lola (era un colegio de monjas)simplemente eligió a la más alta, a saber, una servidora. Esa fue mi única contribución a las artes escénicas.
Comentario:
No podía ser de otro modo, tú la protagonista!!!!! timidez! qué cosa más tonta! jajaja
1beso nena
1beso nena
Comentario:
jajajaja...
Bueno mira tú por donde yo conozco a uno que hizo en un corto de Jesucristo recrucificado...
Pero mira que eres trasto eh...jejeje
Bueno mira tú por donde yo conozco a uno que hizo en un corto de Jesucristo recrucificado...
Pero mira que eres trasto eh...jejeje





