quieres pelea?
Hace unos días quedé con una amiga y su retoño en su barrio. Fuimos a una terraza lo suficientemente alejada del tráfico rodado para evitar salir en las noticias de las nueve con un titular que dijera "pequeño mounstruito de dos años atropella a un 4X4 y lo deja siniestro total, mientras celebra carcajeándose enarbolando parachoques". Y comiendo patatas con la mano que le queda libre, añadiría yo, porque el enano me cae que va para catador: no dejó una mesa libre en los alrededores sin su simpática presencia, en las que se plantaba con su estupenda sonrisa luminosa y en lo que seducía a los comensales con su gracejo echaba, con quien no quiere la cosa, mano a la cesta de las patatas ajenas, merendando con democrático reparto, a modo de impuesto revolucionario. Y todo el mundo encantado...
En estas llegaron a la mesa de enfrente dos mujeres bien entraditas en años, en carnes y en pintura. Se desparramaron sobre las sillas de aluminio y ordenaron cervezas. Una, especialmente, me llamó la atención. Tenía, en lo que algún día debió ser el cabello, una maraña seca, frita, estropajosa de "pelo" de color indefinido merced a años de tintes caseros aplicados sin compasión (y sin una miserable mascarilla), rizado modalidad electrocución y pintura cuarteada en los ojos desde los años sesenta con sus churretes en los lacrimales, como tiene que ser. Cara doble ancho reseca, a juego con su pelo, y con un leve tono violáceo cuyo máximo esplendor lo alcanzaba a la altura de los inexistentes tobillos, convertidos en sendas bolas de grasa amoratadas-nazareno. Su voz, en perfecta coordinación con el resto, estaba rota, rajada, quemada, de lo que supuse fueron muchos años de dedicación al alcohol y el tabaco. Me imaginé que tenía varices esofágicas del tamaño de cirios pascuales.
Su amiga no le andaba a la zaga, pero digamos que llevaba unos cuantos años de "retraso". O se había aplicado dos mascarillas extra y un par de orujos menos, no lo se.
El caso es que toda la terraza estaba tan ricamente, allí sentaditos, disfrutando de la tarde y de las gracietas del pequeño mounstruito que encandilaba a todos, cuando se apareció la tercera amiga. Tercera amiga, muy en sintonía estética con las otras dos (dios las cría y ellas se arrejuntan), saluda sin soltar el cigarrito de los labios, con parsimonia, mientras acerca una silla donde encajar su culazo.
- Holaaaaaaa... (nótese que esto de alargar la vocal última es muy de "perdón, acabo de llegar y soy la última" pero en rollo barrio).
- Hola, dice la tía -espeta pelofrito- mírala, como si nada, tan tranquila...
- Tengamos la fiesta en paz -dice amigados conciliadora-, que ya ve venir la tormenta.
- Qué hola ni qué niño muerto, yo a esta tía no la quiero ni ver...
Pelofrito se agarra a su bolso abrazándolo contra su vientre inmenso, visiblemente cabreada.
- Pero a esta qué le pasa?, pregunta amigados con un falso tono de ingenuidad de yo pasaba por aquí y mira con lo que me encuentro.
- Que qué pasa? que qué pasa? Pues pasa que ERES UNA HIJA DE PUTA, eso pasa.
Pelofrito se empieza a poner a juego con el color de sus tobillos. Y está dejando el bolso planito-planito de tanto estrujarlo.
La tríada infernal consigue atraer las miradas de todas las mesas, sorprendidas del cariz que está tomando la conversación. Y por los gritos, claro, porque Pelofrito es de esas personas que creen que elevando la voz, convencen mejor.
Tercera amiga, por un extraño mecanismo de equilibrio, no eleva la voz (y lo que se lo agradecimos los demás), pide un güisqui con el cigarro prendido en la boca, y sigue haciéndose la que no entiende.
- Pues chica, yo es que no entiendo porqué te pones así... pero yo que te he hecho?.
¿Os acordais de Anacleto agente secreto?, pues tercera amiga igualito, con el cigarrito pegado al labio inferior como con superglue... qué habilidad, pardiez¡¡
- Pero qué poca vergüenza tienes, hija... después del plantón que nos diste el miércoles... una hora allí esperando y tú sin aparecer... qué hija de puta... qué poca vergüenza... qué hija de puta...
Y Pelofrito entró en modo bucle. Entre los insultos que le dedicaba a su "amiga" y los gritos, yo empecé a asustarme. A mí los gritos y los insultos me sacan mucho de onda. Independientemente de los motivos (nimios, a mi modo de ver) que llevaron a Pelofrito a volverse una energúmena vergonzante, a mí me tenía sumamente intrigada el motivo por el cual tercera amiga no se iba, abochornada por el espectáculo, por su pecado, o por un ataque de respeto a sí misma. Pero no. La tía allí sentada, aguantando estóicamente la locura de Pelofrito, siendo blanco de todas las miradas y dejando su dignidad a buen recaudo lejos de allí. La bronca duró, cuando menos, una hora larga. Mi amiga y yo nos fuimos y continuaban a grito pelado una, con calma y cigarro pegado la otra.
Atónita me quedé, de veras, atónita. Cómo se puede tratar a alguien así? Y lo que es peor, cómo se consiente?. Porque uno no puede evitar que otro chille. Pero si puede irse de allí y manifestar su rechazo ante ese tipo de comportamiento.
Una vez, hablando con una amiga que me contaba sus broncas con su ex, me relató encuentros similares, con objetos volantes, insultos, gritos, portazos y demás. Cuando me preguntó si es que acaso yo no había peleado en esos términos nunca, la respondí un tajante NO. Y es que no me veo, yo no valgo, no puedo, me superan los gritos y los insultos. Ni lo hago, ni consiento que me lo hagan. Eso no quita para que, a veces, las discusiones sean violentas por el contenido, pero no en las formas, desde luego que no.
Soy una cobarde, lo reconozco, y me gustan demasiado mis vajillas para que se convierta en mosaico. Soy mala para chillar. Yo señalo y pongo cara de susto pero de mi garganta no sale ni un sólo sonido. Si me levantan la voz, yo la bajo. Si me insultan, me doy la vuelta y me largo sin mediar palabra. Si me acosan, desaparezco. Y, desde luego, evito a toda costa alargar innecesariamente una discusión que no va a terminar porque una de las partes entra en bucle y se niega a llegar a un punto concreto, bien sea negociación, cesión, victoria o ruptura. Qué pereza, por dios... con el día tan bonito qué hace...
Hay gente que disfruta peleando, lo se. Hay gente que se regodea en el insulto y el berrido y hasta son maestros en la disciplina de arrojar objetos al otro. Hay gente que, supongo, ante una buena discusión se excitan, liberan adrenalina, hacen ejercicio y templan la garganta... les hace sentir bien, en forma. Yo no creo que las discusiones sean la sal de la vida. Y luego te dicen esa barata excusa de "y lo buenas que son la reconciliaciones", poniendo ojitos... Pues será, señores, será... pero yo como que paso de las reconciliaciones con ojo morado y afónica, que soy impresionable y sensible en demasía.
Creo que discutir es sano y hasta necesario. El problema son las formas. Y hay maneras y maneras, como en todo. La regla, yo creo, es sencilla. ¿Cómo quieres ser tratado? Pues así debes comportarte tú.
A mí me hablan bajito, por favor... que me asusto.
En estas llegaron a la mesa de enfrente dos mujeres bien entraditas en años, en carnes y en pintura. Se desparramaron sobre las sillas de aluminio y ordenaron cervezas. Una, especialmente, me llamó la atención. Tenía, en lo que algún día debió ser el cabello, una maraña seca, frita, estropajosa de "pelo" de color indefinido merced a años de tintes caseros aplicados sin compasión (y sin una miserable mascarilla), rizado modalidad electrocución y pintura cuarteada en los ojos desde los años sesenta con sus churretes en los lacrimales, como tiene que ser. Cara doble ancho reseca, a juego con su pelo, y con un leve tono violáceo cuyo máximo esplendor lo alcanzaba a la altura de los inexistentes tobillos, convertidos en sendas bolas de grasa amoratadas-nazareno. Su voz, en perfecta coordinación con el resto, estaba rota, rajada, quemada, de lo que supuse fueron muchos años de dedicación al alcohol y el tabaco. Me imaginé que tenía varices esofágicas del tamaño de cirios pascuales.
Su amiga no le andaba a la zaga, pero digamos que llevaba unos cuantos años de "retraso". O se había aplicado dos mascarillas extra y un par de orujos menos, no lo se.
El caso es que toda la terraza estaba tan ricamente, allí sentaditos, disfrutando de la tarde y de las gracietas del pequeño mounstruito que encandilaba a todos, cuando se apareció la tercera amiga. Tercera amiga, muy en sintonía estética con las otras dos (dios las cría y ellas se arrejuntan), saluda sin soltar el cigarrito de los labios, con parsimonia, mientras acerca una silla donde encajar su culazo.
- Holaaaaaaa... (nótese que esto de alargar la vocal última es muy de "perdón, acabo de llegar y soy la última" pero en rollo barrio).
- Hola, dice la tía -espeta pelofrito- mírala, como si nada, tan tranquila...
- Tengamos la fiesta en paz -dice amigados conciliadora-, que ya ve venir la tormenta.
- Qué hola ni qué niño muerto, yo a esta tía no la quiero ni ver...
Pelofrito se agarra a su bolso abrazándolo contra su vientre inmenso, visiblemente cabreada.
- Pero a esta qué le pasa?, pregunta amigados con un falso tono de ingenuidad de yo pasaba por aquí y mira con lo que me encuentro.
- Que qué pasa? que qué pasa? Pues pasa que ERES UNA HIJA DE PUTA, eso pasa.
Pelofrito se empieza a poner a juego con el color de sus tobillos. Y está dejando el bolso planito-planito de tanto estrujarlo.
La tríada infernal consigue atraer las miradas de todas las mesas, sorprendidas del cariz que está tomando la conversación. Y por los gritos, claro, porque Pelofrito es de esas personas que creen que elevando la voz, convencen mejor.
Tercera amiga, por un extraño mecanismo de equilibrio, no eleva la voz (y lo que se lo agradecimos los demás), pide un güisqui con el cigarro prendido en la boca, y sigue haciéndose la que no entiende.
- Pues chica, yo es que no entiendo porqué te pones así... pero yo que te he hecho?.
¿Os acordais de Anacleto agente secreto?, pues tercera amiga igualito, con el cigarrito pegado al labio inferior como con superglue... qué habilidad, pardiez¡¡
- Pero qué poca vergüenza tienes, hija... después del plantón que nos diste el miércoles... una hora allí esperando y tú sin aparecer... qué hija de puta... qué poca vergüenza... qué hija de puta...
Y Pelofrito entró en modo bucle. Entre los insultos que le dedicaba a su "amiga" y los gritos, yo empecé a asustarme. A mí los gritos y los insultos me sacan mucho de onda. Independientemente de los motivos (nimios, a mi modo de ver) que llevaron a Pelofrito a volverse una energúmena vergonzante, a mí me tenía sumamente intrigada el motivo por el cual tercera amiga no se iba, abochornada por el espectáculo, por su pecado, o por un ataque de respeto a sí misma. Pero no. La tía allí sentada, aguantando estóicamente la locura de Pelofrito, siendo blanco de todas las miradas y dejando su dignidad a buen recaudo lejos de allí. La bronca duró, cuando menos, una hora larga. Mi amiga y yo nos fuimos y continuaban a grito pelado una, con calma y cigarro pegado la otra.
Atónita me quedé, de veras, atónita. Cómo se puede tratar a alguien así? Y lo que es peor, cómo se consiente?. Porque uno no puede evitar que otro chille. Pero si puede irse de allí y manifestar su rechazo ante ese tipo de comportamiento.
Una vez, hablando con una amiga que me contaba sus broncas con su ex, me relató encuentros similares, con objetos volantes, insultos, gritos, portazos y demás. Cuando me preguntó si es que acaso yo no había peleado en esos términos nunca, la respondí un tajante NO. Y es que no me veo, yo no valgo, no puedo, me superan los gritos y los insultos. Ni lo hago, ni consiento que me lo hagan. Eso no quita para que, a veces, las discusiones sean violentas por el contenido, pero no en las formas, desde luego que no.
Soy una cobarde, lo reconozco, y me gustan demasiado mis vajillas para que se convierta en mosaico. Soy mala para chillar. Yo señalo y pongo cara de susto pero de mi garganta no sale ni un sólo sonido. Si me levantan la voz, yo la bajo. Si me insultan, me doy la vuelta y me largo sin mediar palabra. Si me acosan, desaparezco. Y, desde luego, evito a toda costa alargar innecesariamente una discusión que no va a terminar porque una de las partes entra en bucle y se niega a llegar a un punto concreto, bien sea negociación, cesión, victoria o ruptura. Qué pereza, por dios... con el día tan bonito qué hace...
Hay gente que disfruta peleando, lo se. Hay gente que se regodea en el insulto y el berrido y hasta son maestros en la disciplina de arrojar objetos al otro. Hay gente que, supongo, ante una buena discusión se excitan, liberan adrenalina, hacen ejercicio y templan la garganta... les hace sentir bien, en forma. Yo no creo que las discusiones sean la sal de la vida. Y luego te dicen esa barata excusa de "y lo buenas que son la reconciliaciones", poniendo ojitos... Pues será, señores, será... pero yo como que paso de las reconciliaciones con ojo morado y afónica, que soy impresionable y sensible en demasía.
Creo que discutir es sano y hasta necesario. El problema son las formas. Y hay maneras y maneras, como en todo. La regla, yo creo, es sencilla. ¿Cómo quieres ser tratado? Pues así debes comportarte tú.
A mí me hablan bajito, por favor... que me asusto.
Comentario:
Estoy de acuerdo contigo, no soporto los gritos, supongo que por distintas razones que las que tú das. A mi cuando alguien grita me pone nerviosa, soy como una esponja para los sentimientos supongo, y cuando son buenos no me importa, pero cuando hay violencia en su forma de hablar o su forma de comportarse, empiezo a sentirme violenta, y la verdad que la incomodidad se me multiplica. Porque a mi me gusta discutir, pero bajo formas determinadas y sobre todo no personalizar nunca cuando se discute, yo no discuto sobre personas sino sobre ideas.
Comentario:
No quiero pensar que pasaria si Pelofrito leyera este blog, me quedo con la forma en tan genial de escribir tus historias, las disfruto mucho. Besos!
Comentario:
Yo conviví con una skinhead de porrones de Aurrerá, no sé si se acordará Vd. de lo que era tal cosa. Si no se acuerda, le refresco la memoria: Martens con puntera de acero, bofetones de mano maestra a todo gay o morabia que se cruzaba, nunca entrábamos en un bar sin salir luego a hostia limpia de él, cánticos corales en los bares más peligrosos de la ciudad "Oi, Oi, Oi!! Botas y Tirantes, Oi!", collejas a mansalva en el Rastro, lluvia de hostias en la plaza del 2 de Mayo por un quítame allá esos looks, en fin, lo pasé pipa, aunque mi analista sigue insistiendo en que tengo que volver a relacionarme (de alguna manera) con el sexo débil. Veremos.
Comentario:
JAJJAJA
Bueno, hay especímenes de estos sueltos por toda la geografía española... hace poco en la minialdea del arce presencié un duelo a muerte a la salida de misa por ¡un paraguas!!!
En cualquier caso, lo de insultar y gritar...solo en casos extremisimos; mi ex decia que doy mas miedo cuando digo las cosas bajito y sonriendo (es un poco cagón, dicho sea de paso)
Bueno, hay especímenes de estos sueltos por toda la geografía española... hace poco en la minialdea del arce presencié un duelo a muerte a la salida de misa por ¡un paraguas!!!
En cualquier caso, lo de insultar y gritar...solo en casos extremisimos; mi ex decia que doy mas miedo cuando digo las cosas bajito y sonriendo (es un poco cagón, dicho sea de paso)
Comentario:
Dos cosas, dos...
Sucede que la amistad se prolonga y, con los años, llega el conocimiento del otro y esa agradable sensación de qué, finalmente, tu estás en dónde estás y el resto del mundo puede ir a que le den (lo que sea que le den y por donde se lo den)... No digo yo que sea agradable o mínimamente educado... Lo que digo es que sucede.
Dos. A mi la descripción del circulo de amigas me ha recordado, no sé por qué, a Terry Pratchet...
Sucede que la amistad se prolonga y, con los años, llega el conocimiento del otro y esa agradable sensación de qué, finalmente, tu estás en dónde estás y el resto del mundo puede ir a que le den (lo que sea que le den y por donde se lo den)... No digo yo que sea agradable o mínimamente educado... Lo que digo es que sucede.
Dos. A mi la descripción del circulo de amigas me ha recordado, no sé por qué, a Terry Pratchet...
Comentario:
Blanca mujer... en susurros, con voz muy quedita y hasta con tono meloso te digo que a mi la pelofrito me encantó... que cabrona! (perdón, el signo dice que grité... ignoralo por piedad).
Eso de gritar a los culishis (lo sabes) se nos da rebien, pero a que a nadie les has escuchado tu un VETE A LA VERGA tan lindo como a los sinaloenses... a que no??? y eso va gritado, mialma, que si no, pos no tiene chiste. Pero tienes razón, las peleas, en la habitación... los gritos, ahí mismo y las reconciliaciones... pos ya estàs ahí, pa que te mueves?
Besos de negra silenciosa
Eso de gritar a los culishis (lo sabes) se nos da rebien, pero a que a nadie les has escuchado tu un VETE A LA VERGA tan lindo como a los sinaloenses... a que no??? y eso va gritado, mialma, que si no, pos no tiene chiste. Pero tienes razón, las peleas, en la habitación... los gritos, ahí mismo y las reconciliaciones... pos ya estàs ahí, pa que te mueves?
Besos de negra silenciosa
Comentario:
Bueno, el comentarista este de pacotilla del comentario anterior a ver si aprende a escribir, jones...
Comentario:
Con todo lo que dices estoy de acuerdo, además yo también soy de los que no discutimos ni ddamos voces ni nada auqneu a veces paso ganas, los confieso. Pero de todfo ello, me quedo sobre todo con la descripción de la Pelofrito. Simplemente genial...
Por dios, que grima...
Por dios, que grima...
Comentario:
Menuda manera de comportarse, me parece falta de respeto y mala educación...
Hay gente con la que no se puede.
Se puede pelear, pero creo que mejor en privado y sin mucho grito de por medio.
Un beso guapa
Hay gente con la que no se puede.
Se puede pelear, pero creo que mejor en privado y sin mucho grito de por medio.
Un beso guapa
Comentario:
Con los años las formas se suavizan... se aprenden cosas... pero estoy de acuerdo que es una muy buena base y manera de pensar el: ¿cómo quieres ser tratado?
Vaya numerito gratis que tuvisteis.
1beso
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1beso





