Si vas a dejarme, llena mi nevera de caviar...
Llevo unos días sin escribir porque no he tenido tiempo, y es que hay segunda parte de la historia del mariachi. Ahora no voy a contarla porque tengo demasiado sueño y la líbido por los suelos, y para relatar ciertas aventuritas hay que estar debidamente ambientada, y porqué no, hasta lubricada. Y os aseguro que no es el caso.
Lo dejaremos para otro día, u otro momento más bien, que luego me da el ataque febril y escribo más que Cervantes (que no mejor, obvio).
Ahora me apetece hablar de mi favorito.
Siempre se las ha arreglado para vernos todas las semanas. A veces, con muchas complicaciones, haciendo encaje de bolillos con su tiempo para poder dedicarme (dedicarnos) un par de horas, al menos. A veces, me conmueve conocer sus esfuerzos por verme. A veces, me cabrea disponer de él de forma limitada. Según me pille la hormona.
Y esta semana, me pilló atravesadita. Cuando me dijo que podría venir a verme el viernes en la tarde, formato sobremesa sin excesos, me agobié. Minutos antes que llegara, le confesaba a una amiga mis intenciones de no follar con él, a ver qué pasaba, como novedad (nunca nos hemos visto sin que medie el sexo) y como rabieta te-voy-a-castigar por no poder disponer de él con calma. Mi amiga Hidra, que me conoce, se carcajeó, "no vas a aguantar". Pues ya veremos.
Y sí, vimos. Y tocamos, Y gemimos. Y follamos, claro,
Creo que desde que entró por la puerta de mi casa hasta que acabé de espaldas apoyada en el sofá transcurrieron unos cinco minutos. La firmeza de mis decisiones es acojonante. Yo no quería, yo no quería... pero mi cuerpo va por libre, el cabrón, y no obedece más que a sus bajos instintos.
Aún así, pese a lo endeble de mi voluntad y mi rendición ante la firmeza de sus manos sujetando mis caderas, me sentía más que enfadada, ligeramente deprimida. Desde hace dos semanas (ya vamos camino de tres) nuestros encuentros han sido así, brevísimos, con los minutos contados, lo que acrecienta la sensación de clandestinidad y nos causa un enorme estrés a ambos.Y esto origina algún que otro roce, alguna palabrita malévola, pequeños desencuentros estúpidos que deslucen el momento.
El viernes, quién sabe porqué, lo imaginé como un leñador del Canadá, todo recio y fortachón. Esa imagen contribuyó a vencer mi pobre resistencia con toda la facilidad del mundo. Quizás el hecho de tener tan poco tiempo para nosotros hizo que mi favorito soltara la lengua más de lo habitual, quizás por "compensarme" con halagos, quizás porque se está relajando y le cuesta menos hablar, quién sabe... pero fue bastante explícito hablando sobre el deseo que siente por mí, como si le quemara, como si yo hubiera pulsado el botoncito mágico que tenía escondido y todo su salvaje mecanismo se pusiera en marcha solo para mí. El viernes, sentí que se abrasaba dentro de mí, y aunque otras veces el sexo ha sido mejor, esa tarde le sentí totalmente rendido y entregado a mí, y me conmovió.
Pero tenía prisa, prisa loca y mientras se vestía, yo lo miraba, tendida en la cama, poniendo caritas de pena. Mi favorito se pone nervioso: qué pasa? no pongas esa cara, por favor. Yo no quiero irme. Ya sabes que no puedo hacer otra cosa. No pongas esa cara.
Y pues... en fin, no hay nada que hacer. No puedo cambiar la situación por mucho que grite y patalee, así que más vale que asuma que se va y no es conmigo. Me puse un pequeño camisón (de lady-di, según él, de H&M rebajas, según yo) y bajé a despedirlo a la puerta, donde hice un último intento de retenerlo con besos y manos colocadas estratégicamente... inútil, aunque gracioso.
Se fue.
Y me quedé vestida de lady-di de rebajas en mitad del salón a las 6 de la tarde, cosa bastante ridícula. Así que para aumentar la sensación de patetismo, me envolví en mi edredón de siesta y me tiré en el sofá a reflexionar sobre mi misma. Me quedé bastante rato hecha un ovillo, oliéndome en la piel su rastro y tratando de imaginar cómo hubiera seguido el encuentro si no se hubiera ido... así llegó la noche, y a eso de las 9, decidí que ya estaba bien de autocompasión absolutamente ineficaz. Salté del sofá, me vestí y me lancé a comprar compulsivamente en el súper del corte inglés todos los caprichos que se me antojaron, con lo que salí de allí con salmón ahumado, caviar, ensalada roja de arenques, varios tipos de queso y un surtido exagerado de galletas y chocolates suizos, porque aunque han dicho que el chocolate no es antidepresivo como se creía, yo hice oídos sordos y preferí quedarme con la versión antigua de la noticia, en la seguridad que me haría el efecto deseado.
Así, me preparé la cena fetiche de mis momentos de tristeza (llevo años repitiendo el mismo patrón) y ví una peli mexicana en localia que no estuvo mal, que al menos me regaló los oídos con el dulce acento que tanto me gusta.
Mi favorito me envío un par de mensajes en la noche, como consuelo, como necesidad, no sé... una mezcla de ambos, imagino, que contesté aún en contra de mis deseos y me dormí como niña, pensando que mañana sería mejor...
Supongo que no quiere dejarme sola, que no quiere que me sienta sola, sola sin él. Supongo que odia mis malas caras cuando me dice que se va, que se tiene que ir. Supongo que la tensión se ceba en él al tener que lidiar con tantos frentes a la vez y salir bien parado de todos. Algo se queda en el camino, siempre. Y me duele que le duela, como sé que a él le duele que me duela a mí.
Pero también me doy cuenta que si no me afectaran sus ausencias, si no necesitara saber de mí cada día, si no tuviera a diario su dulce voz preocupándose por mí, riendo mis imprudencias, o haciendo comentarios mordaces sobre mis aventuras con otros hombres, si fuera algo tan frío y simple como lo es cualquier otra historia ocasional, no lo mantendría a mi lado.
Sin embargo, eso no quita para que me despierte mi lado más caprichoso (es un resorte este muy de "amante") y quiera que me consiga pequeñas excentricidades... son pequeñas porque a mí no me gustan ni las joyas ni las pieles... me conformo con que me lleve una noche al Puerta de América... sí, cariño, me llevas? Y no reserves sin avisarme porque se muy bien la habitación que quiero, no me vale cualquiera, darling...
Lo dejaremos para otro día, u otro momento más bien, que luego me da el ataque febril y escribo más que Cervantes (que no mejor, obvio).
Ahora me apetece hablar de mi favorito.
Siempre se las ha arreglado para vernos todas las semanas. A veces, con muchas complicaciones, haciendo encaje de bolillos con su tiempo para poder dedicarme (dedicarnos) un par de horas, al menos. A veces, me conmueve conocer sus esfuerzos por verme. A veces, me cabrea disponer de él de forma limitada. Según me pille la hormona.
Y esta semana, me pilló atravesadita. Cuando me dijo que podría venir a verme el viernes en la tarde, formato sobremesa sin excesos, me agobié. Minutos antes que llegara, le confesaba a una amiga mis intenciones de no follar con él, a ver qué pasaba, como novedad (nunca nos hemos visto sin que medie el sexo) y como rabieta te-voy-a-castigar por no poder disponer de él con calma. Mi amiga Hidra, que me conoce, se carcajeó, "no vas a aguantar". Pues ya veremos.
Y sí, vimos. Y tocamos, Y gemimos. Y follamos, claro,
Creo que desde que entró por la puerta de mi casa hasta que acabé de espaldas apoyada en el sofá transcurrieron unos cinco minutos. La firmeza de mis decisiones es acojonante. Yo no quería, yo no quería... pero mi cuerpo va por libre, el cabrón, y no obedece más que a sus bajos instintos.
Aún así, pese a lo endeble de mi voluntad y mi rendición ante la firmeza de sus manos sujetando mis caderas, me sentía más que enfadada, ligeramente deprimida. Desde hace dos semanas (ya vamos camino de tres) nuestros encuentros han sido así, brevísimos, con los minutos contados, lo que acrecienta la sensación de clandestinidad y nos causa un enorme estrés a ambos.Y esto origina algún que otro roce, alguna palabrita malévola, pequeños desencuentros estúpidos que deslucen el momento.
El viernes, quién sabe porqué, lo imaginé como un leñador del Canadá, todo recio y fortachón. Esa imagen contribuyó a vencer mi pobre resistencia con toda la facilidad del mundo. Quizás el hecho de tener tan poco tiempo para nosotros hizo que mi favorito soltara la lengua más de lo habitual, quizás por "compensarme" con halagos, quizás porque se está relajando y le cuesta menos hablar, quién sabe... pero fue bastante explícito hablando sobre el deseo que siente por mí, como si le quemara, como si yo hubiera pulsado el botoncito mágico que tenía escondido y todo su salvaje mecanismo se pusiera en marcha solo para mí. El viernes, sentí que se abrasaba dentro de mí, y aunque otras veces el sexo ha sido mejor, esa tarde le sentí totalmente rendido y entregado a mí, y me conmovió.
Pero tenía prisa, prisa loca y mientras se vestía, yo lo miraba, tendida en la cama, poniendo caritas de pena. Mi favorito se pone nervioso: qué pasa? no pongas esa cara, por favor. Yo no quiero irme. Ya sabes que no puedo hacer otra cosa. No pongas esa cara.
Y pues... en fin, no hay nada que hacer. No puedo cambiar la situación por mucho que grite y patalee, así que más vale que asuma que se va y no es conmigo. Me puse un pequeño camisón (de lady-di, según él, de H&M rebajas, según yo) y bajé a despedirlo a la puerta, donde hice un último intento de retenerlo con besos y manos colocadas estratégicamente... inútil, aunque gracioso.
Se fue.
Y me quedé vestida de lady-di de rebajas en mitad del salón a las 6 de la tarde, cosa bastante ridícula. Así que para aumentar la sensación de patetismo, me envolví en mi edredón de siesta y me tiré en el sofá a reflexionar sobre mi misma. Me quedé bastante rato hecha un ovillo, oliéndome en la piel su rastro y tratando de imaginar cómo hubiera seguido el encuentro si no se hubiera ido... así llegó la noche, y a eso de las 9, decidí que ya estaba bien de autocompasión absolutamente ineficaz. Salté del sofá, me vestí y me lancé a comprar compulsivamente en el súper del corte inglés todos los caprichos que se me antojaron, con lo que salí de allí con salmón ahumado, caviar, ensalada roja de arenques, varios tipos de queso y un surtido exagerado de galletas y chocolates suizos, porque aunque han dicho que el chocolate no es antidepresivo como se creía, yo hice oídos sordos y preferí quedarme con la versión antigua de la noticia, en la seguridad que me haría el efecto deseado.
Así, me preparé la cena fetiche de mis momentos de tristeza (llevo años repitiendo el mismo patrón) y ví una peli mexicana en localia que no estuvo mal, que al menos me regaló los oídos con el dulce acento que tanto me gusta.
Mi favorito me envío un par de mensajes en la noche, como consuelo, como necesidad, no sé... una mezcla de ambos, imagino, que contesté aún en contra de mis deseos y me dormí como niña, pensando que mañana sería mejor...
Supongo que no quiere dejarme sola, que no quiere que me sienta sola, sola sin él. Supongo que odia mis malas caras cuando me dice que se va, que se tiene que ir. Supongo que la tensión se ceba en él al tener que lidiar con tantos frentes a la vez y salir bien parado de todos. Algo se queda en el camino, siempre. Y me duele que le duela, como sé que a él le duele que me duela a mí.
Pero también me doy cuenta que si no me afectaran sus ausencias, si no necesitara saber de mí cada día, si no tuviera a diario su dulce voz preocupándose por mí, riendo mis imprudencias, o haciendo comentarios mordaces sobre mis aventuras con otros hombres, si fuera algo tan frío y simple como lo es cualquier otra historia ocasional, no lo mantendría a mi lado.
Sin embargo, eso no quita para que me despierte mi lado más caprichoso (es un resorte este muy de "amante") y quiera que me consiga pequeñas excentricidades... son pequeñas porque a mí no me gustan ni las joyas ni las pieles... me conformo con que me lleve una noche al Puerta de América... sí, cariño, me llevas? Y no reserves sin avisarme porque se muy bien la habitación que quiero, no me vale cualquiera, darling...
Comentario:
Mijita...yo nomas te voy a decir una cosa: "Entre mariachis te veas".
Besos de negra de ojos de papel volando
Besos de negra de ojos de papel volando
Comentario:
Que es mejor... poseer el poder...o el poder de poseer...?
¿quien poseé a quien?
Nosotras a ellos....o ellos a nosotras?
Besitos.
¿quien poseé a quien?
Nosotras a ellos....o ellos a nosotras?
Besitos.
Comentario:
Cariño...tu vales mas que todo... el lo sabe y te teme.. yo me hubiera vestido y hubiera bailado hasta el amanecer en el 8 y medio.. o en aquel bar de Rosales donde tanto la montamos aquella ocasion con el Drag vestido de bruja.. recuerdas.. que tiempos en los que la locura era locura... y no locura preparada y sometida al tiempo....
Cielo.. te tengo en mis rezos de madrugada...y en mis sueños de atardecer...
Cielo.. te tengo en mis rezos de madrugada...y en mis sueños de atardecer...
Comentario:
A veces me daba la sensación (a parte de que él me lo verbalizaba constantemente) de que se sentía más culpable por dejarme a mí sola que por serle infiel a su mujer.
Y ese sentimiento de culpa conllevaba esos pequeños regalos que él me hacía: si mi sueño era pasar un fin de semana con él, de pronto un día se las ingeniaba para hacerlo realidad (sólo uno, ya estaba mi sueño cumplido). Yo valoraba aquellos pequeños premios como el mejor de los regalos. Seguro que me entenderás: para mí aquel fin de semana (que fue el único en tres años) fue el mejor fin de semana de mi vida (y no creo que se repita).
No te sientas sola cuando él se va. Siéntete poderosa: poderosa para hacer tu vida y poderosa para ser amada.
Gracias por tu cariñoso mensaje,
Amanda.
Y ese sentimiento de culpa conllevaba esos pequeños regalos que él me hacía: si mi sueño era pasar un fin de semana con él, de pronto un día se las ingeniaba para hacerlo realidad (sólo uno, ya estaba mi sueño cumplido). Yo valoraba aquellos pequeños premios como el mejor de los regalos. Seguro que me entenderás: para mí aquel fin de semana (que fue el único en tres años) fue el mejor fin de semana de mi vida (y no creo que se repita).
No te sientas sola cuando él se va. Siéntete poderosa: poderosa para hacer tu vida y poderosa para ser amada.
Gracias por tu cariñoso mensaje,
Amanda.





