Seguridad Vs. Inseguridad
Acabo de hablar con mi favorito y me dice que ha desestimado una entrevista de trabajo en otra ciudad, lejos, lejísimos. Está en España pero que no te da tiempo a llegar a cenar, vamos. He respirado aliviada. Soy egoísta, sí, porque no quiero que se vaya. Bastante difícil es ya organizar nuestros encuentros como para poner obstáculos añadidos, onda aviones y trenes... Pero él está empeñado en largarse de la city porque sueña con ver margaritas en lugar de pasos de cebra y se que es cuestión de tiempo que acaben reclutándolo en algún lugar al que no llega el metro. Y tengo que mentalizarme para cuando llegue ese momento. O no. Yo qué sé. Me duele la cabeza y no puedo pensar con claridad.
Debo estar un poco loca. O me gustan demasiado los desafíos. O es que no imagino pasar un solo día sin escuchar su dulce voz. O que es condenadamente bueno en la cama. O que simple y llanamente, le quiero. Pero no sé porqué tengo que complicarme siempre tanto la vida y acabar alegrándome (malvada, soy malvada) de que se quede en mi ciudad un ratito más. Porque un señor que tiene gatos (y yo soy alérgica), que se pasa la vida viajando (y no me puede llevar), que no fuma (y yo sí, y mucho), que no le gusta la comida mexicana (sin comentarios), que está harto del asfalto (y yo pienso en el campo y me salen ronchas), que no le gusta desayunar (y es mi comida favorita), que es un hombre-duda (y yo soy la mar de decidida), pone a prueba mi flexibilidad a diario (y no en la cama, precisamente).
Como amiga, que lo soy (aunque no todo el rato, lo reconozco) quiero que alcance sus objetivos, sus sueños y disipe sus dudas. Pero como amante, que también soy, con la parte emocional que eso implica, no puedo evitar sentir "pequeña alegría" cuando sus planes en los que yo me siento alejada, salen mal. He dicho "pequeña", tampoco me tomen por la bruja mayor del reino. Que a las malas no me va a quedar otra que asumirlo. Y además, mi conciencia está en paz porque yo no soy parte activa del boicot. Nunca le he pedido nada que le aleje de sus metas. Ni siquiera le hago la menor sugerencia. Me limito a escucharle y apoyarle.
Es curioso. Supongo que forma parte de mi personalidad, pero nunca he tenido una relación completamente normal y estable. Lo mío, está claro, son las complicaciones, las inseguridades, o de plano, los raros de turno (y en este saco entran los pirados, tarados, psicópatas, pervertidos, delincuentes, mafiosos y demás deshechos a los que atraigo como un imán, maldita sea...).
Mi favorito no es raro, raro, lo que se dice raro, no es. Tiene sus rarezas, pero no más que el resto. Pero en el plano de complicaciones e inseguridades, no va mal el chico. Y tratar de encajar en su vida es hacer encaje de bolillos. Así llevamos cuatro meses, encajando y bolilleando.
Inseguridad: sí. Emoción: también. Estabilidad: cero.
Pero cuando echo la vista atrás y recuerdo lo que era llegar el viernes y saber exactamente lo que iba a ocurrir a lo largo del esperado fin de semana, hasta a dónde iba a comer, a cenar, sin la menor variación, con una precisión de cirujano, cuando recuerdo mi aburrimiento mortal, mi pena por haber convertido mi vida en una monotonía gris y sin relieve, cuando recuerdo lo que es perder el tiempo de esa manera tan improductiva , tan infértil, cuando recuerdo que apenas sonreía, que siempre estaba triste y harta, entonces pienso en mi favorito y sonrio.
Yo no se si lo voy a ver este fin de semana. Pero sí se que, cuando nos veamos, será porque lo deseamos los dos, porque tenemos mil cosas que contarnos, porque nos morimos de ganas de abrazarnos, de besarnos y de reirnos juntos. Y porque nunca se lo que va a pasar, y eso, queridos, me excita mucho más.
Debo estar un poco loca. O me gustan demasiado los desafíos. O es que no imagino pasar un solo día sin escuchar su dulce voz. O que es condenadamente bueno en la cama. O que simple y llanamente, le quiero. Pero no sé porqué tengo que complicarme siempre tanto la vida y acabar alegrándome (malvada, soy malvada) de que se quede en mi ciudad un ratito más. Porque un señor que tiene gatos (y yo soy alérgica), que se pasa la vida viajando (y no me puede llevar), que no fuma (y yo sí, y mucho), que no le gusta la comida mexicana (sin comentarios), que está harto del asfalto (y yo pienso en el campo y me salen ronchas), que no le gusta desayunar (y es mi comida favorita), que es un hombre-duda (y yo soy la mar de decidida), pone a prueba mi flexibilidad a diario (y no en la cama, precisamente).
Como amiga, que lo soy (aunque no todo el rato, lo reconozco) quiero que alcance sus objetivos, sus sueños y disipe sus dudas. Pero como amante, que también soy, con la parte emocional que eso implica, no puedo evitar sentir "pequeña alegría" cuando sus planes en los que yo me siento alejada, salen mal. He dicho "pequeña", tampoco me tomen por la bruja mayor del reino. Que a las malas no me va a quedar otra que asumirlo. Y además, mi conciencia está en paz porque yo no soy parte activa del boicot. Nunca le he pedido nada que le aleje de sus metas. Ni siquiera le hago la menor sugerencia. Me limito a escucharle y apoyarle.
Es curioso. Supongo que forma parte de mi personalidad, pero nunca he tenido una relación completamente normal y estable. Lo mío, está claro, son las complicaciones, las inseguridades, o de plano, los raros de turno (y en este saco entran los pirados, tarados, psicópatas, pervertidos, delincuentes, mafiosos y demás deshechos a los que atraigo como un imán, maldita sea...).
Mi favorito no es raro, raro, lo que se dice raro, no es. Tiene sus rarezas, pero no más que el resto. Pero en el plano de complicaciones e inseguridades, no va mal el chico. Y tratar de encajar en su vida es hacer encaje de bolillos. Así llevamos cuatro meses, encajando y bolilleando.
Inseguridad: sí. Emoción: también. Estabilidad: cero.
Pero cuando echo la vista atrás y recuerdo lo que era llegar el viernes y saber exactamente lo que iba a ocurrir a lo largo del esperado fin de semana, hasta a dónde iba a comer, a cenar, sin la menor variación, con una precisión de cirujano, cuando recuerdo mi aburrimiento mortal, mi pena por haber convertido mi vida en una monotonía gris y sin relieve, cuando recuerdo lo que es perder el tiempo de esa manera tan improductiva , tan infértil, cuando recuerdo que apenas sonreía, que siempre estaba triste y harta, entonces pienso en mi favorito y sonrio.
Yo no se si lo voy a ver este fin de semana. Pero sí se que, cuando nos veamos, será porque lo deseamos los dos, porque tenemos mil cosas que contarnos, porque nos morimos de ganas de abrazarnos, de besarnos y de reirnos juntos. Y porque nunca se lo que va a pasar, y eso, queridos, me excita mucho más.
Comentario:
Es lo grande de ser La Amante: que todo es una continua improvisación. Nunca sabes nada y, por tanto, siempre existe alguna sorpresa...
Disfrútalo... mientras dure.
Disfrútalo... mientras dure.
Comentario:
claro!
gracias, querida.
si me dices cómo se hace, hago lo mismo contigo, enséñame!! jaja
gracias, querida.
si me dices cómo se hace, hago lo mismo contigo, enséñame!! jaja
Comentario:
Oh! Qué tremenda sorpresa... podemos considerarnos bloghermanas, si quieres. No sabía que ya había una tribeca, hubiera cambiado el nombre, te lo aseguro.
Me alegro de que te guste el flog. Un beso.
Me alegro de que te guste el flog. Un beso.
Comentario:
Bueno.. y no tan raros... me siento celosoooo tu sabes... jajajajaja
Espero que pronto comprobemos de cuanto somos capaces.... tengo una debilidad por vos señorita.. jajajaj
Besitos de fresitas...
Espero que pronto comprobemos de cuanto somos capaces.... tengo una debilidad por vos señorita.. jajajaj
Besitos de fresitas...
Comentario:
Y seguro que se te nota en la mirada...... y eso te hará atraer a tantos y tantos raros a tu alrededor....ufff estas cosas siempre funcionan así.





