30 días (que viva la virgen de Guadalupe¡¡)
A las siete de la mañana, el celular (AKA móvil) suena y una voz le desea a mi poblano hermoso que tenga un feliz vuelo. Mi cerebro despierta con todas las alarmas conectadas. Es el día D. En un rato, mi indiecito tomará un vuelo de 12 horas y se transportará al otro lado del charco, estrechará unos brazos que no son los míos, besará caras, frentes, ojos, mejillas, labios, que no son los míos. Respirará un aire nuevo, distinto, ajeno, que no me será devuelto con su aliento. Caminará por calles con árboles de nombres divertidos que yo no podré repetir en voz alta, haciéndole reir. Abro los ojos.
Le cuento, como casi todas las mañanas, el sueño que me ha ocupado esa noche. Y él me sonríe, siempre sorprendido por mi capacidad de recordarlo todo como si fuera una película.
Dedicamos cinco minutos a conversar como si fuera un día cualquiera, como si yo me marchara a la oficina y él a fotografiar a algún tipo aburrido, y nos fuéramos a encontrar a la hora del almuerzo. Casi le pregunto qué va a hacer de comer hoy.
Pero nos hemos quedado callados, mirándonos y abriendo mucho los ojos, desorbitadamente, con miedo, con hambre, con mucho miedo. A ver quién de los dos fagocita al otro y se lo lleva consigo. Y así, devorándonos con los ojos, casi sin darnos cuenta, nuestros cuerpos se entrelazan y se pegan y se incluyen el uno en el otro. Dentro de mí. Dentro de tí. Sudando miedo.
Hoy hago yo el desayuno. Ultimos cambios en la maleta. Fotos (pa´que te acuerdes de tu indio feo). No olvides instalar la cámara, mi niña h., que quiero verte. Tráeme milagros. Un mes pasa muy rápido. No te pongas triste. Tú tampoco. No fumes mucho (misión imposible). Disfruta de tus hijos. Volveré y ya no me separaré de tí ni un instante. Te amo. Te amo. Te amo.
El taxi rumbo al aeropuerto se lo toma con calma. No hay tráfico apenas y nuestras manos están agarradas con tal fuerza que siento el corazón palpitando en la palma. Los dos tratamos de sonreir pero nos sale una mueca forzada. No estés triste. Que no. Más muecas.
Salidas internacionales, por favor. LLamadas de último momento. Despedidas. Su mejor amigo que acepta cuidarme a base de cervezas en su ausencia. Recomendaciones (si vas a hacer una tontería, usa condones... si, papi, lo mismo digo). Dónde está el pasaporte?. Llévame contigo. Me gustan los murales de Guayasamín. Me esperarás?... ay, mi indiecito hermoso... mi niña h... te amo, mi vida, y yo a tí, mi amor...
Me quedo viendo cómo se aleja, tratando de hipnotizar al policía que revisa su documentación, a ver si le detienen y se queda aquí, conmigo. Lo más que consigo es que le hagan un par de preguntas que en mi ansiosa imaginación son:
- Es usted un terrorista internacional?
- Sí, señor, lo soy.
- Pues queda usted detenido.
- Vale, pero me llevo a mi vieja conmigo al bote.
Pero pues le ponen el sellito con una sonrisa y sigue adelante. Voltea a mirarme y me dice con los labios "te amo". Debo parecer "El Grito" de Munch. Ya vete. Vete o me salto los controles policiales y me meten al bote a mí, por enamorada pendeja.
De camino al metro, dos llamadas más para reiterarme su amor. Se me hace un nudo en la garganta. Ni modo. Aeroméxico se llevó mi amor a tomar mole recién hecho y a volvérmelo morenito en playas paradisíacas.
Me quedan 30 días.
P.D. Felicidades, mi Juanus, por tu cumple y por el pequeño Bastián, te quiero...
Comentario:
Ya falta menos, mi niña, estamos en descuento y un mes, precisamente éste, entre fiestas y demás, pasa volando ... y volando cuando te quieras dar cuenta tenemos aquí a tu indiecito de vuelta contigo, vas a ver!!!
Ánimo y muchos besos guapa ;-)
Ánimo y muchos besos guapa ;-)
Comentario:
Ójala esos 30 días se pasen rápido y vuelvas a ver a tu indio. NO hay sentimiento peor que amar a una persona y no tenerla cerca para amarla.





