Una de perros
Hoy voy a contar una historia que nos sucedió a cuatro amigos españoles que un día decidieron irse juntos de vacaciones a México. Carlos, Chacal, su novia la Chacala, y esta que os quiere, volaron al otro lado del Atlántico, dispuestos a descubrir los misterios del país azteca. Como todos los viajes que duran más de una hora, pasan cosas. Muchas. Y nosotros no íbamos a ser menos. Ya el hecho de juntarnos los cuatro para viajar, debía haberme preparado para cualquier cosa.
Pero una nunca imagina que puede morir devorada por una jauría de perros salvajes. Eso no viene en las guías.
Oaxaca. Carretera y manta, y hala, vamos a Hierve el Agua. Me gustaría decir que es un pueblo pero pues no. Hierve el Agua son unas piscinas naturales de aguas sulfurosos, con cataratas y todo, y como toda catarata que se precie, adornan precipicios. Las carreteras en Oaxaca son lo más parecido a lo que yo supongo debe ser la carretera al infierno. Llenas de curvas, montañas, desprendimientos, llueve sin la menor compasión, sin indicaciones claras. Vamos, que no les falta de nada para hacerte desistir, darte la vuelta y no parar hasta Benidorm. Pero éramos unos jóvenes aventureros y no nos íbamos a rendir fácilmente. Así que llegamos de noche a nuestro paraíso acuático. Viajar de noche en México por carreteras comarcales da una dosis extra de peligro y cuando llegamos, al fin, al recinto donde se ubican las piscinas, respiramos aliviados de haber sobrevivido al camino. Qué ingenuos.
El guarda del recinto nos entregó una llave de la cabaña que teníamos reservada. Y se piró, dejándonos más solos que la una en aquel lugar perdido de la mano de dios, y sin un vecino al que pedir sal. Optimistas aún, fuimos a inspeccionar nuestro alojamiento. Por fuera, las cabañas molaban, de maderita y tal, muy chulas con su porche y a cinco metros escasos de un abismo abismal, pero abismal de infarto. Yo tengo vértigo así que me limité a mirar (vamos, hacía que miraba porque apenas se veía nada) desde el porche, pero se adivinaba el fin del mundo justo enfrente. Y abrimos la puerta. Madre mía del amor hermoso, qué cantidad de mierda había allí acumulada. Yo creo que debajo de las literas estaban los cascotes de la construcción. La chacala y yo tuvimos un conato de ataque de nervios ante la aterradora perspectiva de tener que meternos a domir ahí, pero fuera hacía un frío que pelaba, así que... valor¡¡. Había sábanas, y hasta mantas, pero con vida propia, se movían y todo. El baño... inenarrable. El espejo era una suposición, porque era completamente marrón. Y opaco. Ya para qué vamos a ver las duchas y el váter. Al campo, como en el pueblo en tiempos de la abuela. No nos extrañó que el guarda saliera como alma que lleva el diablo, no fuera que le pidiéramos asilo en su landrover.
Y encima nos moríamos de hambre. Con un par de huevos, dimos un paseo a la aldea más cercana, a buscar algo que comer. Al principio había un caminito de terracería, y más o menos veíamos por dónde pisábamos, pero pronto el caminito se convirtió en una suerte de cauce seco de un río con muy mala leche, llenito de tropezones. Agarraditos de la mano y encomendándonos a la Vírgen de Guadalupe para no accidentarnos demasiado, conseguimos llegar a la aldea, que para mí, no tenía ni nombre, tan chica era. Cuatro casas, una plaza de cemento armado, y una banda municipal tocando y caminado al son de la música en círculos, hasta que llegamos nosotros y nos empezaron a seguir. Era bastante surrealista tener hambre, no ver ni torta, y ser perseguidos por una banda municipal tocando rancheras. Como el flautista de Hammelin, pero a la mexicana. Un vecino amable nos indicó que en una de las casas podríamos comprar algo de comer y ahí que fuimos, soñando con ricas tortas con su quesito, su lechuguita y su res deshebrada, pero la realidad es cruel y sólo había doritos. Eso sí, unos 25 tipos de doritos, que ya quisiera el corteinglés esa variedad. Doritos rancheros, doritos picantes, doritos diablo, doritos extra-picantes, doritos con chile cabrón, doritos cabreados... salimos de allí con una bolsa extra-large llenita de doritos y de la mano otra vez, haciendo el camino de vuelta. Un poco más animados ante la idea de comer, aunque fueran los pinches doritos.
Conseguimos llegar sin rompernos una pierna y dejamos la bolsa gigante en el porche. Nos sentamos ahí, a la fresca, que era mucha pero más grande era nuestro respeto por la mierda de dentro, y empezamos a comer. Con el primer "crunch" del dorito, aparece un perro de la nada, se sitúa a unos dos metros del Chacal y nos mira con cara de pena. Tratamos de ignorarlo, pero el perro ponía mucha cara de pena. El chacal, que era una buena persona (hasta ese momento), se dejó conmover:
- Pobre chucho, dijo, tiene una pinta de famélico... este no ha comido desde hace días.
- No se te ocurra darle nada, que se nos pega, respondió alguien (también conmovido pero más sabio).
- Es que mírarle - el perro poniendo ojitos- está muerto de hambre¡¡
Y entonces, lo dijo, la frase fatal:
- Voy a darle un dorito...
Y que se lo avienta al pinche perro. El chucho, claro, con un dorito ni pa´una muela. Empieza a menear el rabito, pidiendo más. Y el Chacal, que seguía siendo bueno, que le lanza unos cuantos. El perrito que va tomando confianza y que se acerca, así, como exigiendo. Y Chacal que se empieza a dar cuenta que la ha fastidiado, le regala una bolsa entera de doritos diablo (que no había español decente que fuera capaz de comerse eso sin una UVI cerca) y pues p´al perro. Doritos diablo+perro oaxaqueño = perro con úlcera que avisa a sus amigos. Que el chucho se pone a ladrar como descosido. Y que desde el abismo, le responden sus colegas. Uyuyuyyy.. que esto se empieza a poner feo. Chacala, Carlos y yo, que nos incorporamos acercándonos a la puerta. El perro, aullando. Los otros congéneres, respondiendo a la llamada. El chacal, con otra bolsa de doritos diablo, transformándose en mucho menos buena persona, tomando decisiones transcendentes.
- Qué coño¡¡ esto lo arreglo yo en un pispas... ahora mismo lanzo al barranco la bolsa de doritos y el perro, como está muerto de hambre, se va a ir detrás y solucionado...
La chacala, el Carlos y servidora, hechos un bloque, abriendo la puerta, acojonados, tratamos de hacerle desistir de la "genial" idea y que entre en la cabaña, que esto va a terminar mal... Chacal, ya definitivamente convertido en Mr. Hyde, que arroja cual bateador profesional, la bolsa de doritos al barranco, el perro que sigue la trayectoria de la bolsa con la cabeza, el chacal que mira al chucho esperando el salto mortal, el chucho que mira a chacal enseñando los dientes, mosqueado. Ahora sí que sí, la hemos cagado... Chucho hace la última llamada y que sus amiguitos llegan en manada. Retecabreados, a ver si unos turistas gachupines de mierda nos van a tomar el pelo...
Dejamos las bolsas en el porche y marica el último para atrincherarnos en la cabaña, con más miedo que vergüenza. Nos asomamos a las ventanas y ahí estaban, todos los perros salvajes de Oaxaca, ladrando a nuestra cabaña, muertos de hambre y uno con úlcera clamando venganza.
Toda la noche se tiraron los perros ladrando y aullando como locos. Toda la noche rodeados por un montón de perros con pinta de asesinos. Y la bolsa gigante de doritos, sin tocar. Supongo que estaban esperando que nos confiarámos y saliéramos a hacer un pis o algo y atacarnos. Nos veíamos en la portada del "Sol de Oaxaca": turistas pendejos mueren devorados por una jauría a la que qusieron envenenar con doritos diablo. Eso, en el mejor de los casos, porque no había nadie que atestiguara nuestro triste final. Creo que todos hicimos testamento mental esa noche.
Pero al amanecer, misteriosamente, los perros se largaron. Tardamos como una hora en animarnos a salir, porque estábamos convencidos que era una emboscada. Afortunadamente, no eran tan listos, o sí, y encontraron a alguien a quién comerse más accesible.
Nunca lo supimos. Pero desde aquel día, no soporto ver una bolsa de doritos. Y Chacal no tiene perro en Nueva York, donde vive, ahora que espero no se le ocurra darle sushi a un cocodrilo, que este es muy capaz....
Pero una nunca imagina que puede morir devorada por una jauría de perros salvajes. Eso no viene en las guías.
Oaxaca. Carretera y manta, y hala, vamos a Hierve el Agua. Me gustaría decir que es un pueblo pero pues no. Hierve el Agua son unas piscinas naturales de aguas sulfurosos, con cataratas y todo, y como toda catarata que se precie, adornan precipicios. Las carreteras en Oaxaca son lo más parecido a lo que yo supongo debe ser la carretera al infierno. Llenas de curvas, montañas, desprendimientos, llueve sin la menor compasión, sin indicaciones claras. Vamos, que no les falta de nada para hacerte desistir, darte la vuelta y no parar hasta Benidorm. Pero éramos unos jóvenes aventureros y no nos íbamos a rendir fácilmente. Así que llegamos de noche a nuestro paraíso acuático. Viajar de noche en México por carreteras comarcales da una dosis extra de peligro y cuando llegamos, al fin, al recinto donde se ubican las piscinas, respiramos aliviados de haber sobrevivido al camino. Qué ingenuos.
El guarda del recinto nos entregó una llave de la cabaña que teníamos reservada. Y se piró, dejándonos más solos que la una en aquel lugar perdido de la mano de dios, y sin un vecino al que pedir sal. Optimistas aún, fuimos a inspeccionar nuestro alojamiento. Por fuera, las cabañas molaban, de maderita y tal, muy chulas con su porche y a cinco metros escasos de un abismo abismal, pero abismal de infarto. Yo tengo vértigo así que me limité a mirar (vamos, hacía que miraba porque apenas se veía nada) desde el porche, pero se adivinaba el fin del mundo justo enfrente. Y abrimos la puerta. Madre mía del amor hermoso, qué cantidad de mierda había allí acumulada. Yo creo que debajo de las literas estaban los cascotes de la construcción. La chacala y yo tuvimos un conato de ataque de nervios ante la aterradora perspectiva de tener que meternos a domir ahí, pero fuera hacía un frío que pelaba, así que... valor¡¡. Había sábanas, y hasta mantas, pero con vida propia, se movían y todo. El baño... inenarrable. El espejo era una suposición, porque era completamente marrón. Y opaco. Ya para qué vamos a ver las duchas y el váter. Al campo, como en el pueblo en tiempos de la abuela. No nos extrañó que el guarda saliera como alma que lleva el diablo, no fuera que le pidiéramos asilo en su landrover.
Y encima nos moríamos de hambre. Con un par de huevos, dimos un paseo a la aldea más cercana, a buscar algo que comer. Al principio había un caminito de terracería, y más o menos veíamos por dónde pisábamos, pero pronto el caminito se convirtió en una suerte de cauce seco de un río con muy mala leche, llenito de tropezones. Agarraditos de la mano y encomendándonos a la Vírgen de Guadalupe para no accidentarnos demasiado, conseguimos llegar a la aldea, que para mí, no tenía ni nombre, tan chica era. Cuatro casas, una plaza de cemento armado, y una banda municipal tocando y caminado al son de la música en círculos, hasta que llegamos nosotros y nos empezaron a seguir. Era bastante surrealista tener hambre, no ver ni torta, y ser perseguidos por una banda municipal tocando rancheras. Como el flautista de Hammelin, pero a la mexicana. Un vecino amable nos indicó que en una de las casas podríamos comprar algo de comer y ahí que fuimos, soñando con ricas tortas con su quesito, su lechuguita y su res deshebrada, pero la realidad es cruel y sólo había doritos. Eso sí, unos 25 tipos de doritos, que ya quisiera el corteinglés esa variedad. Doritos rancheros, doritos picantes, doritos diablo, doritos extra-picantes, doritos con chile cabrón, doritos cabreados... salimos de allí con una bolsa extra-large llenita de doritos y de la mano otra vez, haciendo el camino de vuelta. Un poco más animados ante la idea de comer, aunque fueran los pinches doritos.
Conseguimos llegar sin rompernos una pierna y dejamos la bolsa gigante en el porche. Nos sentamos ahí, a la fresca, que era mucha pero más grande era nuestro respeto por la mierda de dentro, y empezamos a comer. Con el primer "crunch" del dorito, aparece un perro de la nada, se sitúa a unos dos metros del Chacal y nos mira con cara de pena. Tratamos de ignorarlo, pero el perro ponía mucha cara de pena. El chacal, que era una buena persona (hasta ese momento), se dejó conmover:
- Pobre chucho, dijo, tiene una pinta de famélico... este no ha comido desde hace días.
- No se te ocurra darle nada, que se nos pega, respondió alguien (también conmovido pero más sabio).
- Es que mírarle - el perro poniendo ojitos- está muerto de hambre¡¡
Y entonces, lo dijo, la frase fatal:
- Voy a darle un dorito...
Y que se lo avienta al pinche perro. El chucho, claro, con un dorito ni pa´una muela. Empieza a menear el rabito, pidiendo más. Y el Chacal, que seguía siendo bueno, que le lanza unos cuantos. El perrito que va tomando confianza y que se acerca, así, como exigiendo. Y Chacal que se empieza a dar cuenta que la ha fastidiado, le regala una bolsa entera de doritos diablo (que no había español decente que fuera capaz de comerse eso sin una UVI cerca) y pues p´al perro. Doritos diablo+perro oaxaqueño = perro con úlcera que avisa a sus amigos. Que el chucho se pone a ladrar como descosido. Y que desde el abismo, le responden sus colegas. Uyuyuyyy.. que esto se empieza a poner feo. Chacala, Carlos y yo, que nos incorporamos acercándonos a la puerta. El perro, aullando. Los otros congéneres, respondiendo a la llamada. El chacal, con otra bolsa de doritos diablo, transformándose en mucho menos buena persona, tomando decisiones transcendentes.
- Qué coño¡¡ esto lo arreglo yo en un pispas... ahora mismo lanzo al barranco la bolsa de doritos y el perro, como está muerto de hambre, se va a ir detrás y solucionado...
La chacala, el Carlos y servidora, hechos un bloque, abriendo la puerta, acojonados, tratamos de hacerle desistir de la "genial" idea y que entre en la cabaña, que esto va a terminar mal... Chacal, ya definitivamente convertido en Mr. Hyde, que arroja cual bateador profesional, la bolsa de doritos al barranco, el perro que sigue la trayectoria de la bolsa con la cabeza, el chacal que mira al chucho esperando el salto mortal, el chucho que mira a chacal enseñando los dientes, mosqueado. Ahora sí que sí, la hemos cagado... Chucho hace la última llamada y que sus amiguitos llegan en manada. Retecabreados, a ver si unos turistas gachupines de mierda nos van a tomar el pelo...
Dejamos las bolsas en el porche y marica el último para atrincherarnos en la cabaña, con más miedo que vergüenza. Nos asomamos a las ventanas y ahí estaban, todos los perros salvajes de Oaxaca, ladrando a nuestra cabaña, muertos de hambre y uno con úlcera clamando venganza.
Toda la noche se tiraron los perros ladrando y aullando como locos. Toda la noche rodeados por un montón de perros con pinta de asesinos. Y la bolsa gigante de doritos, sin tocar. Supongo que estaban esperando que nos confiarámos y saliéramos a hacer un pis o algo y atacarnos. Nos veíamos en la portada del "Sol de Oaxaca": turistas pendejos mueren devorados por una jauría a la que qusieron envenenar con doritos diablo. Eso, en el mejor de los casos, porque no había nadie que atestiguara nuestro triste final. Creo que todos hicimos testamento mental esa noche.
Pero al amanecer, misteriosamente, los perros se largaron. Tardamos como una hora en animarnos a salir, porque estábamos convencidos que era una emboscada. Afortunadamente, no eran tan listos, o sí, y encontraron a alguien a quién comerse más accesible.
Nunca lo supimos. Pero desde aquel día, no soporto ver una bolsa de doritos. Y Chacal no tiene perro en Nueva York, donde vive, ahora que espero no se le ocurra darle sushi a un cocodrilo, que este es muy capaz....
Comentario:
Para la otra mejor vayan a Acapulco o a Huatulco, o a la zona maya. Un beso. Patt.
Comentario:
Uy, que bonita has puesto tu casa!
No te vi el domingo comprando el pan en Suntuoso... ;-)
Voy a leerte, que me he adelantado al post..
besos
No te vi el domingo comprando el pan en Suntuoso... ;-)
Voy a leerte, que me he adelantado al post..
besos
Comentario:
Jajajajaja, menuda jartá a reir hija. Joer con los perritos y la cabaña y los doritos y tu colega jajajaja.
Haysss jajajaja
Besos
Haysss jajajaja
Besos
Comentario:
jajajaja, yo también anduve por allí pero no tuve problemas caninos. Si con el picante. A mi me encanta pero todo tiene su límite. Me dieron a probar wasabi (http://es.wikipedia.org/wiki/Wasabi) como si fuera crema de aguacate, y a poco más muero...Y conste que me puedo beber a morro el tabasco y no enterarme, pero lo de esa salsa verde es simplemente demasiado.
Si le hubieseis dado wasabi al can hoy no estariais vivos...¡y el quizas tampoco! Por lo demás Mexico es simplemente fantástico, tengo que volver...
Si le hubieseis dado wasabi al can hoy no estariais vivos...¡y el quizas tampoco! Por lo demás Mexico es simplemente fantástico, tengo que volver...
Comentario:
Jajajaja, estas cosas solo te pueden pasar a ti , mi niña!!!
Si es que menudas ocurrencias...
Me parece que no es buena idea la de compartir vacaciones contigo eh?? porque entre tú y yo somos capaces de poner el mundo del revés, jejeje.
1besazo nena
Si es que menudas ocurrencias...
Me parece que no es buena idea la de compartir vacaciones contigo eh?? porque entre tú y yo somos capaces de poner el mundo del revés, jejeje.
1besazo nena
Comentario:
La aventura es lo que tiene, jejej. Eso sí, yo creo que Chacal se habría merecido un mordisquito, eh, que vaya ideas, hombre pordió...
Magnífico blog. Nos vemos.
Magnífico blog. Nos vemos.
Comentario:
¿seguro que no los tenia entrenados el guarda para que, durante el encierro, le limpiaseis la cabaña?
JAJAJAJA
JAJAJAJA
Comentario:
Chacalewis, las incorrecciones de deben fundamentalmente a dos cosas:
1.- La licencia literaria.
2.- El alcohol y los años (si lo miras bien, es una sola cosa).
Pero todavía me acuerdo de la carrera que te metiste (nos pasaste a todos, y con holgura) cuando nos persiguió aquel borracho, cuchillo en ristre, que conste. Si te apuntas a la maratón nuyorican, contrato a un sicario pa´que ganes.
1.- La licencia literaria.
2.- El alcohol y los años (si lo miras bien, es una sola cosa).
Pero todavía me acuerdo de la carrera que te metiste (nos pasaste a todos, y con holgura) cuando nos persiguió aquel borracho, cuchillo en ristre, que conste. Si te apuntas a la maratón nuyorican, contrato a un sicario pa´que ganes.
Comentario:
pues sí, más o menos fue así, aunque te has quedado corta describiendo la mugfre de las cabañas...anda que no tienes aventuras que contar de esas tres intensas semanas viajando por México. mola la nueva página. besis
Comentario:
Maja, que no me has dejado tu mail asi que no puedo asesorarte, encantada si puedo ayudarte
Comentario:
Pero si esas cosas no existieran, no existirían las aventuras. Y no tendrías nada por contar como ahora.
Comentario:
Menuda aventura chiquilla, seguro que aparte de los doritos, no te harán gracia los perros. Me imgino. Me gustan tus cambios. Un beso guapa.





