Yo también me quiero casar con Tarzán
Ayer ví a Tita Cervera por la tele, toda ad-lib ella, sobre la cubierta de un yatazo, feliz. No me extraña. La viuda más cool de España (España digo?, noooo, ella es la viuda del mundo, tan cosmopolita ella) DEBE ser feliz porque no tiene otra cosa que hacer. Una ex-Lady España, porque lo de Miss, al lado de Lady es una soberana vulgaridad, dónde va a parar, se puede permitir el lujazo de ir mal peinada, mal teñida y hasta con una cinta a lo Orzowei sobre su millonaria frente, porque puede, ELLA puede (pero sólo ella, por favor, no me vayan a salir de repente admiradoras y se me planten la cintita y los pelos tintados de rubio alpargatil, nenas, no hagáis el ridículo¡¡¡).
Claro que la doña tuvo una madre que supo dirigir muy bien su "carrera" y la envió a estudiar desde niña a colegios suizos, que no se yo si sean verdaderos formadores del saber y la cultura pero caché, dan un rato. No voy a comentar lo que dicen las malas lenguas sobre el pasado de la mamá de mi nueva ídola, ni de los oscuros comienzos de la baronesa, porque no pienso alimentar vuestro morbo (al menos, gratis, no) y por lo que a mí respecta, no resta un ápice de gramour a mi admirada Tita: al contrario, lo añade.
Nada como un pasado turbio para convertir en leyenda a cualquiera.
Y encima, se casó con Tarzán.
Y eso, te guste o no, implica conquistar automáticamente al público infantil. No es encantador?. España, desde que Tita se casó con Tarzán, no volvió a ser la misma. Deja tú los olivares de Jaén, aceituneros altivos. VIva la selva¡¡¡. Con Tita emparentada con el representante sindical de los leones y proxeneta de la mona Chita, España entra en el fascinante mundo de las lianas, las charcas de arenas movedizas y las estampidas de elefantes, que el Hola¡ de la época se encargó de reflejar haciendo eco de la boda con su inigualable estilo de sonrisa congelada y no-comas-el-postre-con-cuchara, haciendo soñar a los pobres españolitos de la posguerra que podíamos ser misteriosos y peligrosos y hasta llevar taparrabos en la intimidad del pisito segundo interior izquierda.
Tita, esa mujer, trajo a la imaginación de las mujeres que era posible, sí, poner un Tarzán en tu vida (y en tu cama), y las hizo suspirar y soñar que la escoba era una liana de la que se columpiaban arriesgadamente prestas al encuentro de su salvaje compañero, saltando de baobab a baobab, como si tal cosa.
Todas, de niñas, quisimos casarnos con Tarzán, no lo negueis. Pero sólo ella lo hizo. Ella lo consiguió. Y por si eso fuera poco, lo divorció. Pa´chula, ella. Y es que ya presentía que la aguardaba otro destino, mucho más grande y trascendente, para el cual no le quedaban nada bien los biquinis de piel, por muy Benarroch que fueran. Ella es inteligente y sabe lo que tiene que hacer. Se puso a estudiar pintura y ya sabeis lo que pasó, amiguitos...
Y ayer la ví, a bordo de aquel yate imponente, toda de blanco como el mismo yate (hay algo más chic que ir conjuntada con tu yate?)... y con la cinta, como una tiara, sencilla y elegante, coronando su testuz. Y es que, no se me escapa, era un homenaje a su Tarzán, aún divorciado y más muerto que el Papa (pues sí, un poco más), ella lo lleva en su corazón. Es una sentimental.
Yo también quiero casarme con Tarzán. Más que nada, para poder ponerme una cosita que me recuerde a él, mientras sonrío profidén profidén sobre el yate que, sin duda, me espera en alguna parte.





