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TROTAMUNDOS
MI EXPERIENCIA COMO TROTAMUNDOS POR LOS CAMINOS DEL MUNDO Y TRANS UNA LINEA EROTICA
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PROMESA A UN JUDIO
ESTE ESCRITO HA NACIDO, DESEA VIVIR, TENER INFANCIA, SER ADOLESCENTE, TENER UNA VIDA Y UN FINAL. PONER VUESTRO GRANITO DE ARENA PARA QUE TENGA UNA LARGA VIDA EN EL MUNDO DE LAS LETRAS Y VESTIR SU CUERPO BLANCO CON BELLAS ORACIONES DIGNAS DE UN REY

PROMESA A UN JUDIO

Toda historia se sustenta en una base de verdad mezclada con otra de fantasía. Las historias, todas las historias que se realizan en el presente verdadero, caminan de boca en boca convirtiéndose en un presente mentiroso adornado de fantasía e imaginación. Una historia se distorsiona en los oídos de unos y en las bocas de otros convirtiéndose, desgraciadamente, en una mentirijilla (mentira pequeña) Pues bien, mi historia la que os voy a contar, se sustenta de una verdad real, como todas, ocurrida en el pasado que tuvo un presente. Mis oídos oyeron, ni boca hablo, solo dos protagonistas, mi amigo Iñaki y yo. No es una historia distorsionada en el tiempo. Vosotros, lectores de esta verdadera historia, les daréis la mentira o la verdad adecuada, le pondréis vuestra vista, vuestros oído y vuestra boca que en resumidas cuentas, es la vida de cualquier historia leía o oída.

Iñaki, es ese amigo de la infancia, de los primeros años de escuela. Hasta el presente seguimos manteniendo una muy buena relación. Cuando nos toco llegar a la edad adecuada de elegir un camino, Iñaki siguió el camino del estudio hasta convertirse en un importante doctor en Psiquiatría en Barcelona, y yo me dedique a doctorarme como Trotamundos por los caminos del mundo, asiduo y viejo universitario hasta que termine, bendecido por las Hadas, la carrera de Literatura y Periodismo.

Un buen día cualquiera, hace ya muchos años, mi amigo Iñaki me llamo por teléfono, hacia algo mas de un año que no teníamos contacto, se enfado conmigo por que no le permití que me acompañara a una expedición por el Amazonas, su mujer me lo prohibió. Lo sentí hablar por teléfono muy nervioso, cosa poco inusual en el, me pregunto con misterio e intriga si recordaba un hecho acaecido en el pasado. Hacia tanto años de ello que lo tenia desterrado de mi mente y tuve que rebuscar estrujándome mis sesos dentro de mi enorme cabeza. Ocurrió en aquellos maravillosos tiempos quinceañeros, donde casi todos los fines de semana solíamos salir de excursión por zonas difíciles de la geografía catalana. Ese fin de semana decidimos hacer una suave excursión por los alrededores de Gerona (España) Entramos en un bosque de encinas descubriendo un enorme caserío semidestruido en la oscuridad del follaje, debió que tener un buen tiempo de esplendor. Llegamos de noche y el tiempo amenazaba una fuerte tormenta, muy habitual en Gerona, por lo que decidimos pasar la noche en el interior de esas ruinas. No había nada, solo ruinas de techos y paredes derruidos. El caserón se componía de dos grandes plantas, en el centro de lo debía ser la sala principal inferior, ascendía una ancha escalera hacia la planta superior subdividida en varas habitaciones con chimeneas. Buscamos un sitio acogedor en la planta baja y encendimos un fuego, calentamos alguna comida y nos metimos en los sacos de dormir sin para de hablar y haciendo dúo con las canciones que escuchábamos en una pequeña radio de baterías. De aquella noche no recuerdo nada, solo lo que Iñaki me contó. Según él, me desperté y hablaba con alguien, tenia un nombre raro, no recuerdo ahora, me dijo que hablaba con un hombre que era judío. Como si me cogiera de la mano me levante y camine hacia el exterior, llovía con fuerza y me dirigí hacia un gran árbol, a unos cien metros de la casa, el árbol era grande y distinto a los demás, eso si lo recuerdo, yo afirmaba con la cabeza varias veces, después de un largo monologo conmigo mismo hice una promesa, juro que nunca supe cual era, y camine sonámbulo hacia el interior de la casa. Esto es todo lo que recuerdo o mejor dicho lo que me contó Iñaki. Le hice varias preguntas inquisidoras y como respuesta un largo silencio que me asusto. Él me pregunto ¿Aun vives en Almería? Yo le respondí, que si y le volví a preguntar que le pasaba con la impaciencia de alguien por saber el porque de tanto misterio. Sus ultimas explicaciones antes de colgar el teléfono fueron “Fran, tienes que venir con urgencia a verme, ya no puedo mas. ¿Por qué no has cumplido con tu promesa?”
Me quede intrigado y preocupado por mi amigo. Ese que me había llamado no era Iñaki. No recordaba haber hecho ninguna promesa a nadie. Aquella extraña llamada y aquel extraño comportamiento de alguien a quien consideraba una persona en todos sus cabales y muy bien aplomada hizo que sacrificase mis veinte días de vacaciones que me impuse, dejando mi Línea Erótica con el letrero de cerrado por vacaciones.
Mis peripecias por dar con el paradero de Iñaki en Barcelona fueron infructuosas, había desaparecido como un fantasma de su consulta particular y del hospital. No me quedo mas remedio que dirigirme hacia la casa de Esther, la esposa, la que fue su esposa, bueno, no se exactamente lo que es ahora. A pesar de que Esther y Iñaki estuviese separados, compartían los hijos lo que no quitaba de Iñaki pasara largas temperadas en casa de ella compartiendo, comida, hijos, cama y buenos polvos. Para mis ojos Esther seguía estando de muy buen ver, encantadoramente simpática y muy apetecible. Me quede a almorzar con ella y con Andrés, el hijo mayor, copia exacta de su padre a los veinte años. Me contaron que, el ultimo viaje que hizo Iñaki fue a Gerona, a una convención de Psiquiatras y regreso siendo otra persona, estaba asustado, huidizo, no quería tratos con nadie. Estuvo dos días con fiebre muy alta, deliraba y hablaba en sueños, decía que un hombre lo había visitado varias veces exigiéndole que se cumpliera la promesa que yo hice.
Iñaki vivía en un apartamento, no muy lejos de su consulta particular. Hacia varias días que no salía, no comía, había adelgazado en extremo. Me abrió la puerta el fantasma de mi querido amigo, tenia el aspecto de aquellas caricaturas infantiles de Don Quijote, muy delgado, con los ojos hundidos, de mirada distante sin vida. ¿Qué te pasa? Me pregunte a mi mismo sin pronunciarla en voz alta. Se me quedo mirando, por un instante no me reconoció, después se abalanzo sobre abrazándome y lloro como un niño, ¡Dios mío!, que duro encuentro. Le temblaba la voz, las manos, el cuerpo, parecía un drogadicto hundido con la esperanza de una dosis. Quiso hablar, se lo prohibí. Lo desnude y lo bañe, su cuerpo era un frágil esqueleto, tan frágil como un cristal, me daba miedo moverlo para que no se rompiera. Revise la cocina, al menos había comida suficiente para darle una buena cena. Con la maestría de mis años pasados como cocinero, le hice una rica sopa y una tortilla de patatas con algo de cebolla, le gustaba desde pequeño, le gustaba como yo se la hacia. Una vez le dijo a su madre, “Dile a Fran que te enseñe hacer tortilla de patatas con cebolla”. Su madre se molesto, la verdad es que Iñaki no tenia tacto para decir las cosas.
Ceno con ganas, con cuatro vasos de vino tinto y lo acosté, durmió como un niño inocente cansado de jugar. Cuando despertó al día siguiente muy temprano, yo dormía en el suelo junto a la cama, como un perrito faldero cuidando a su amo, lo primero que hizo fue, darme una patada en el costado, al cabron no se le había quitado esa costumbre. ¡Cabron!, exclame despertando sorprendido, él rió a carcajadas, como si el pasado fuera un sueño. Mi amigo había dejado del mundo de los fantasmas como el ave Fénix resurgiendo de las cenizas. Mientras hacia el desayuno, le oí tatarear una canción en la ducha, apareció en la cocina vestido con un elegante traje azul que le estaba grande, lo acompañaba con una florida corbata, se había afeitado y parecía otro distinto al de ayer.
En silencio comenzó el desayunar, al momento dejo el tenedor y levanto la cara. -“Esta noche he dormido como hacia años que no lo hacia”- Dijo mirándome, con expresión seria en el rostro. Yo afirme con la cabeza sin articular palabra y espere...Volvió el glaciar silencio hasta que termino –“Te cuento – dijo con naturalidad, manteniendo su postura de hombre ilustrado – Hace un mes, creo, estuve en una convención de Psiquiatría en Gerona. Fui motivado por una aventura esporádica con una chica rusa a la que conocí no hacia mucho tiempo. El primer día, normal, la primera noche maravillosa, esa chica en la cama era una diosa – trago saliva y se ajusto el nudo de la corbata. Yo escuchaba con atención mirándole a la cara. – El segundo día la lleve a que conociera el barrio Judío, ¡Te acuerdas Fran! Bueno pues, en una de esas calles estrechas, un hombre de extraño aspecto , de vestimenta muy rara muy a la antigua, no paraba de mirarme con interés, con descaro. Yo creí que era por la rusa, por que Fran, estaba muy buena y bestia muy provocativa, además, su cuerpo no era normal atraía las miradas de los hombres. Me hice el desentendido y lo deje pasar. Al rato nos paramos en una tienda, ella se encapricho de una figurita expuesta en el escaparate y se la compre, al salir de la tienda, allí estaba el mismo hombre de antes, frente a nosotros apoyado en la pared, mirándome con descaro, me enfade y le dije a la rusa si conocía a ese tipo, ella miro y no vio a nadie, yo le insistí y ella decía que no había nadie mirándonos apoyado en la pared. Me miro extrañada y yo me enfurecí -¡Como que no!- exclame enfurecido, ¡Mira!, le grite sujetándola del brazo y obligándole a mirar, ella se asusto y siguió insistiendo en que no había nadie. Fran me enfurecí, ya me conoces, y me fue hacia él que miraba con sarcasmo. Le grite diciéndole que quería de mi. Todo el mundo se quedo mirándome, casa normal cuando dos hombres discuten pero Fran, escucha con atención y te rías, lo que no es normal, es que un hombre gritara a la pared, la gente se reía de mi. Un guardia me llamo la atención y discutí con él, me esposaron y me llevaron a comisaría, la rusa desapareció como por arte de magia. Este fue el comienzo de mi desesperación y de un rompecabezas en el que tu tienes la solución. Callo, como si estuviera cansado, se cruzo de hombros y espero a dijera algo al respecto. No me imaginaba a Iñaki en compañía de chica fuera de lo normal vistiendo provocativamente. Iñaki siempre fue un gran moralista de mierda y de buenas apariencia por eso del, que dirán la gente de mi.
-Sigue contando – le pedí al tiempo que llenaba una taza de café.
Miro hacia la derecha perdiendo la mirada en el vació. -“En comisaría me trataron bien y a las dos horas salí. Cuando llegue a la habitación del hotel ese extraño personaje me estaba esperando sentado en una silla, al lado de la ventana. Me asuste, creí que me iba a dar un infarto. Le pregunte que quería de mi, me hizo una señal con la mano para que me tranquilizara, me senté en el filo de cama y espere. Él hablo, me dijo que se llamaba Mevaser, el mensajero, nació en Gerona por el año 1470, era judío y vivió en aquella casa donde tu y yo nos refugiamos del mal tiempo.¡Compres des Fran! ¡Comprendes, eran un fantasma!
¡Dios mío! Mi amigo Iñaki se había vuelto loco ¡Un fantasma! Supongo que la expresión de mi rostro debió de ser tan estúpida que la reacción de Iñaki fue dar un fuerte golpe sobre la mesa derramando el café que aun quedaba en la taza.- “ ¡No me crees verdad! - Grito con fuerza – ¡Crees que estoy loco! No lo estoy, sabes, yo también lo he pensado, recuerda que soy Psiquiatra y de los buenos. La misma expresión de marión que tienes ahora la tenia yo en el hotel, cuando ese tío raro me pidió que lo tacara y sabes lo que paso ¡cabron!, ¡sabes!. Mis manos traspasaron su cuerpo, como si fuera el humo de un cigarrillo, fue tal la impresión que me desmaye”.
Se calmo y su cuerpo se desplomo sobre la silla perdiendo la mirada con los ojos abiertos. Mi cabeza no asimilaba esto, un fantasma. Lo mire con pena, me dio lastima viéndolo de esa manera como una marioneta sin hilos.
Media hora ausente, en silencio.
-Fran, antes de irme del hotel, me pidió que te buscara y que cumplieras con tu promesa. Me contó que la Inquisición lo mato porque lo habían denunciado de respetar el Sabad, él era un converso. Lo enterraron en el mismo lugar donde le quitaron la vida, en el mismo lugar donde tu hiciste la promesa. Fran, tenemos que ayudarlo para que descanse en paz.
No supe que pensar, todo eso me había roto los esquemas y decidí aceptar el juego de Iñaki, hasta que se diera cuenta de su enfermedad.
-¿Qué puedo hacer? – pregunte disimulando precaución
-Mírame a los ojos, te conozco Fran, se que piensas que estoy loco, enfermo. Demostrare que te equivocas – Me reprocho con energía
-¡Mierda Iñaki!, ¿Qué puedo hacer? – me impuse haciendo teatro
-Eres un cabron Fran, lo eras de pequeño. Te voy a hipnotizar, are una regresión al pasado a aquella noche, tenemos que saber que promesa hiciste.
-¿cuándo lo empezamos? – le pregunte mirándole a los ojos. Me sostuvo la mirada como intentando adivinar algo. Me conocía muy bien.
Tardo una semana en darme la noticia. Visite a una antigua novia que me dejo por otro con mas dinero y menos infantil que yo. Se divorciaron a los tres años, dejándole una niña y una suculenta pensión. Recordamos viejos tiempos en los asientos traseros de un coche, una sola noche, el resto del tiempo en una cómoda cama digna de un rey, pues el dormitorio valía mas de lo yo ganaba en mi Línea Erótica en un año. Iñaki me llamo inoportunamente de madrugada por teléfono, había bebido mas de la cuenta, su voz lo traicionaba, me dijo que había alquilado una casa en el barrio judío de Gerona. Que ahora no tenia miedo por que estábamos junto como antes. Quería ser el joven de antes, al menos unos días, después, insistió que le prometiera una cosa, que no me riera de él cuando lo viera con pantalón corto.
En la calle de la Força, había alquilado una pequeña casa. No se como describirla, olía a rancio y a humedad, a paredes desconchadas de mil capas de pintura de cal de diversos colores, a pequeñas habitaciones de historias de amor y odio, de rezos y miedos, de suelos de lanchas de piedras gastadas por los moradores y parcheadas por el modernismo, de muebles no contentos impuestos por la imposición del amo, de antiguos cable de electricidad trenzados entre si muriendo en viejísimos interruptores de giros redondo. Iñaki sabia hacer bien las cosas, quería algo diferente y lo consiguió. Mientras yo miraba por las habitaciones, él sentado en una anciana silla deseosa de ser útil y aceptando resignada su flaco trasero, esperaba la visita de su fantasma. Él deseaba decirle. Aquí me tienes. He traído al de la promesa incumplida. Estaba nervioso, su mirada me seguía a todas partes y yo sabia que me necesitaba para sentirse fuerte.
Con respeto y sigilo la oscuridad se fue adueñando de la casa, Iñaki encendió la luz. Una luz débil, amarillenta, tímida, sin fuerza. La misma luz que antaño había en casa cuando era pequeño. Luz, aliada con el miedo y la oscuridad de los largos pasillos del cortijo del mis abuelos, donde la caballería tenia en su habitación, la misma luz prudente acompañada por una rustica ventana en una rustica pared de piedras y arena.
-Es la hora – dijo levantándose de la silla con semblante tranquilo, relajado. Sus ojos brillaban con viveza. Me sonrió con la malicia de antes, sabiendo que algo le rondaba la cabeza. Me pidió que me sentara en una mecedora, crujió su estructura quejándose de mi poca delicadeza al sentarme, le pedí perdón con el pensamiento
No