Segunda parte de...
... Esto
"A cada uno le llegará su San Bernardo"
Aída Nízar
Esto... ummmmm... Sección número 9
La sombra que te acecha, de Victoria Robbins
... -Hace muchos años, en el tiempo en que los dos nos iniciábamos en el alpinismo de grandes alturas..., dejé morir a Justo, al que siempre había considerado mi mejor amigo... Fue en una pared... lisa, carente de rocas que le proporcionasen una sombra, sobre la que caía un sol abrasador... Habíamos perdido parte de los víveres cuando él se rompió la pierna y sólo quedaba agua y comida para uno... Nos faltaban... tres o cuatro días para llegar a la cumbre... De haber cargado con él, difícilmente hubiésemos podido seguir... ¡Pero, doctor, yo le maté...! Por eso Justo ha vuelto del más allá a atormentarme... con la sombra de su cuerpo..., que yo le arrebaté en la pared rocosa...
-Vamos, no seas niño, Alfonso... Fue un acto de egoísmo, reconócelo, pero nada más -dijo el doctor Calleja, con la seguridad que le confería su profesión de psiquiatra-. Bueno, llora hasta recuperarte. Te vendrá bien...
El paciente lloró, maldijo su cobardía de entonces y recordó todo lo bueno que Justo había sido con él. Por eso el tratamiento de aquella tarde se prolongó más de cinco horas, hasta que Alfonso se recuperó casi por completo. Y al volver a casa pudo descubrir, aliviado, que la sombra ya no le acechaba. Esperó sentado, o de pie, a que apareciese, hasta la buscó por toda la casa, a la vez que suplicaba perdón.
Un perdón que pareció llegarle con la desaparición definitiva de la sombra. Así pudo finalizar el tratamiento psiquiátrico. Y meses más tarde volvió a practicar el alpinismo "como homenaje a Justo, el gran amigo que le había perdonado".
Precisamente Alfonso Martín eligió la misma pared montañosa, en unos días que aseguraban un sol permanente durante toda la escalada. El primer día de la ascensión todo comenzó bien, hasta que al aproximarse a la lisa pared, que seguía mostrando el mismo aspecto que muchos años atrás, creyó que iba a aparecer la sombra. Pero no fue así, aunque no quedó tranquilo. Le dominaba un gran sentimiento de culpa, que le obligó a llorar arrepentido. Más de cinco horas permaneció inmóvil en el mismo lugar donde dejó morir a Justo. Sudaba bajo un sol abrasador, sin apenas proyectar su propia sombra. Al atardecer decidió proseguir la subida. Sin embargo, durante las tres siguientes jornadas de escalada siguió temiendo que apareciese la sombra. Hasta que la última mañana se despertó exultante de júbilo. Había sido perdonado por Justo, ya no le cabía la menor duda. Acababa de permanecer, dormido, atado sobre la zona más alta de la pared rocosa. Y al finalizar la escalada, cuando ya se había quitado todos los atalajes, sobre aquella cima que pocos alpinistas habían conseguido pisar, se dio cuenta de que su cuerpo proyectaba dos sombras. Aterrorizado, se giró muy despacio hacia la derecha y creyó ver a Justo con los brazos extendidos dispuesto a empujarle al abismo...
Alfonso Martín no pudo ser consciente de si aquello era auténtico o una alucinación, porque su cerebro, al caer mortalmente el cuerpo desde una altura de más de dos mil metros, quedó bloqueado para siempre.
FIN
Actualización:
"A cada uno le llegará su San Bernardo"
Aída Nízar
Esto... ummmmm... Sección número 9
La sombra que te acecha, de Victoria Robbins
... -Hace muchos años, en el tiempo en que los dos nos iniciábamos en el alpinismo de grandes alturas..., dejé morir a Justo, al que siempre había considerado mi mejor amigo... Fue en una pared... lisa, carente de rocas que le proporcionasen una sombra, sobre la que caía un sol abrasador... Habíamos perdido parte de los víveres cuando él se rompió la pierna y sólo quedaba agua y comida para uno... Nos faltaban... tres o cuatro días para llegar a la cumbre... De haber cargado con él, difícilmente hubiésemos podido seguir... ¡Pero, doctor, yo le maté...! Por eso Justo ha vuelto del más allá a atormentarme... con la sombra de su cuerpo..., que yo le arrebaté en la pared rocosa...
-Vamos, no seas niño, Alfonso... Fue un acto de egoísmo, reconócelo, pero nada más -dijo el doctor Calleja, con la seguridad que le confería su profesión de psiquiatra-. Bueno, llora hasta recuperarte. Te vendrá bien...
El paciente lloró, maldijo su cobardía de entonces y recordó todo lo bueno que Justo había sido con él. Por eso el tratamiento de aquella tarde se prolongó más de cinco horas, hasta que Alfonso se recuperó casi por completo. Y al volver a casa pudo descubrir, aliviado, que la sombra ya no le acechaba. Esperó sentado, o de pie, a que apareciese, hasta la buscó por toda la casa, a la vez que suplicaba perdón.
Un perdón que pareció llegarle con la desaparición definitiva de la sombra. Así pudo finalizar el tratamiento psiquiátrico. Y meses más tarde volvió a practicar el alpinismo "como homenaje a Justo, el gran amigo que le había perdonado".
Precisamente Alfonso Martín eligió la misma pared montañosa, en unos días que aseguraban un sol permanente durante toda la escalada. El primer día de la ascensión todo comenzó bien, hasta que al aproximarse a la lisa pared, que seguía mostrando el mismo aspecto que muchos años atrás, creyó que iba a aparecer la sombra. Pero no fue así, aunque no quedó tranquilo. Le dominaba un gran sentimiento de culpa, que le obligó a llorar arrepentido. Más de cinco horas permaneció inmóvil en el mismo lugar donde dejó morir a Justo. Sudaba bajo un sol abrasador, sin apenas proyectar su propia sombra. Al atardecer decidió proseguir la subida. Sin embargo, durante las tres siguientes jornadas de escalada siguió temiendo que apareciese la sombra. Hasta que la última mañana se despertó exultante de júbilo. Había sido perdonado por Justo, ya no le cabía la menor duda. Acababa de permanecer, dormido, atado sobre la zona más alta de la pared rocosa. Y al finalizar la escalada, cuando ya se había quitado todos los atalajes, sobre aquella cima que pocos alpinistas habían conseguido pisar, se dio cuenta de que su cuerpo proyectaba dos sombras. Aterrorizado, se giró muy despacio hacia la derecha y creyó ver a Justo con los brazos extendidos dispuesto a empujarle al abismo...
Alfonso Martín no pudo ser consciente de si aquello era auténtico o una alucinación, porque su cerebro, al caer mortalmente el cuerpo desde una altura de más de dos mil metros, quedó bloqueado para siempre.
Actualización:
Comentario:
¿Fantasma real o el fantasma de la culpabilidad? Poca diferencia hay en este caso ¿no? El caso es que el muerto se tomó su venganza...
Osti, esta noche igual tengo pesadillas :P
Besos
Osti, esta noche igual tengo pesadillas :P
Besos
Comentario:
Por fin el final de la historia!!!
Un final un poco trágico , eso sí.
Besotes.
Un final un poco trágico , eso sí.
Besotes.





