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Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

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La hora en Asunción



Sindicación
 
Pernas longas e pretas
Ayer conocí a Madame Satá: preta, bonitinha... Diosa, burda, atractiva... Las piernas de Madame Satá me recordaron a las largas piernas de Nadja Nimri en Asfalto, cuando cruza una calle de Madrid en pantalones cortos y tacones... Llevo unos días pensando en esa película: su director dijo, cuando se estrenó, que tenía que encontrar a alguien que cruzara las calles con esa forma característica que tenemos los habitantes de Madrid... ?¿ La cuestión es que, después de ver cómo cruza aquí la gente, creo que a Daniel Calparsoro le resultaría muy interesante el observar a los quiteños; además, con ellos no le une ningún lazo sentimental, por lo que yo sé...

Mi vecina Carmen, joven cooperante del programa vasco, pero de origen cantabro, dijo el otro día que cuando llegara a España le iba a decir a su hermana que, al salir de casa, se pusiera a dar acelerones al coche delante de ella. Todo por no echar de menos la emoción de cruzar las calles en Quito. A ver si va a ser cierta la historia esa de que si atropellan a gente les dan puntos, como en los videojuegos... Tú te dispones en el borde de la acera, miras a un lado, a otro. Buscas un espacio (como cuando iba a la autoescuela y mi profe me decía ¡para incorporarte, busca un espacio, tú decides!). Pues eso, buscas tu espacio y cuando ves que no vienen casi coches empiezas a cruzar. Al momento, los conductores que te ven, empiezan a acelerar de tal modo que es imposible adivinar la trayectoria y el espacio/tiempo. ¡Cabrones! He visto pasar a un autobús a tres centímetros de una señora con su hijo colgado de un paño a la espalda... La señora ni se inmutó, a mi casi se me para el aire... Qué decir que el niño siguió durmiendo en su pañoleta...

Madame Sata también corría sus riesgos: negro de los años 30 en Lapa, Río de Janeiro, tenía entre sus sueños el triunfar en el espectáculo. Se mostraba rudo, sabía pelear, manejaba su navaja y no le importaba matar si alguien le hacía burla o se metía con él por ser negro, o maricón, o venir de lo más bajo... Su vida la conocí ayer en el Cine Blue de la calle Calama, en La Mariscal de Quito. Un gran lugar éste: tienen una pequeña sala con pantalla grande y butacas cómodas, y una lista amplia de películas. Si vas con otras cuatro personas puedes elegir película y entrar a verla por dos dólares cada uno.

Eu sou rainha porque eu quero, dice Madame Sata. Que sepas que yo también, Joao Francisco.

http://www.zinema.com/pelicula/2003/madamesa.htm
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