logotipo

img_google
Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

----------------------


La hora en Asunción



Sindicación
 
Razones de peso
Decenas de kilos de peso se agrupan en el cuerpo de las ballenas jorobadas que, en estos días, pasean por las playas cercanas a Puerto López, en Ecuador, aprovechando la calidez de sus aguas para sus juegos de apareamiento.

Otras decenas, pero de personas, intentan verlas desde unas barquitas que no hacen más que seguir a las colas de las ballenas para ver si los turistas pueden hacer sus fotos de rigor. No es que lo critique, pero seguro que están jorobadas por la cantidad de gente que va a verlas.

Yo, al final, tenía razones de peso que me obligaron a ir a ver a otro mamífero distinto, con muchos menos kilos de peso y bastante más cercano: mi amiga Alicia.

Ella estaba a una hora y media, y 1,40 centavos de Manabí, a donde llegamos la troupe de la cooperación triunfo, como dicen otros cooperantes... La cuestión es que currar cerca, vivir, salir y todo lo demás, con la misma gente, como que cansa... Total, que abandoné el viernes la playa de Manabí para ir a Crucita, y al final volví el domingo y no el viernes por la tarde.

Crucita es un pueblillo del que no vi nada más que la playa. Una playa larga, de la que andamos unos tres kilómetros y medio para ir a otro pueblo, San Jacinto, al que no pudimos cruzar finalmente porque estaba la marea alta. De lo malo: pues que en estas playas hasta las doce de la mañana está nublado, tú te confías y no te echas crema, y vas y te quemas con el fulgor de las nubes... ?¿

En estos días en los que no he escrito, también he hecho otras cosas, como ir a visitar a Alicia a su morada temporal de Cuenca, tirarme en la vera de uno de los ríos que cruzan esa ciudad, visitar el Parque Nacional del Cajas o hacer globos voladores de papel coloreado... De lo mejor, el Cajas.

Llegamos por la mañana, en el carro de Manu, la vecina francesa de Alicia, y tras pagar un dolar las residentes y diez la pringada que aún no tiene su tarjeta, subimos con el carro para después andar un poco. Paramos el carro en un lugar donde había tres cruces con un mensaje y un montón de piedras alrededor: si no rezas un padre nuestro no llegarás muy lejos en el Cajas (o algo así). Nada más terminar de leerlo, ¡Plufff! De la parte de alante del carro salió un montón de vapor y por debajo un meadillo feo. Resultado: si viajas con ateas el manguito que va del radiador al depósito del agua se estalla... Así que nada, decidimos seguir subiendo un rato, ver las montañas y las lagunas desde arriba y volver a bajar a pedir ayuda. Nos bajó un tipo en su pick-up, vimos el Cajas de otra manera y esperamos a que viniera la grua en un chambao escondido comiendo mazorcas de maíz con ají, queso con habas y trucha con ensalada...

En Crucita también comimos pescado: cebiche de camarón y otro del que no me acuerdo el nombre. Mientras que a mi me sentó genial, Alicia casi echa los pies por la boca de lo mal que le sentó. A lo mejor era un pez globo, pero sin colores, y claro, la hizo volar pero de lo malita que se puso.

A mi vuelta volví a ver que la playa de Manabí es como un Benidorm pero a la ecuatoriana, donde instalan una especie de tiendas de campaña para que la gente se meta dentro a resguardarse del sol, y a darse una sauna (digo yo), porque ese plastico al solete tenía su tela...

El cambio de mamíferos gigantes por mamífera chiquita funcionó muy bien, el relax pasó los días conmigo y la vuelta no ha estado tan mal... Aún así, yo ya me he buscado acompañante para una nueva incursión en el verdadero mundo de las ballenas. ¡Buenazo, como dicen por aquí!
No