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Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

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La hora en Asunción



Sindicación
 
Disculparán cualquier cosita 2 ó peticiones del oyente...
Quito, una ciudad compleja en el sentido de que el centro está lleno de edificios de cristal ahumado y cochazos "del año" y la periferia se acerca un poco más a la imagen que tenemos. En este lugar me encuentro con un mensaje esclarecedor: "Tenemos medios de comunicación, los queremos enteros".

Grandísima reflexión que me lleva a contar, a petición del público, que el peruano con perfil no era más que un recurso literario, porque el verdadero es un hortera que se fue a España con su mujer cooperante y no hizo más que buscar en las ópticas unas gafas de aviador de esas del año de la Tana, con los cristales de espejo... Puedo contar de sus camisas abiertas a lo macho andino, por ejemplo, para dar más datos… Pero mejor dejar a un lado al latin lover hoy lojano.

Sigo con mi web, parece que mi ordenador está muy malito por virus y mi estómago sufre por inercia, y me lleva al baño cada dos por tres. Una nunca está segura en este lugar, de verdad… El tercer asalto contra mi estómago creo que ya es suficiente…

Los jóvenes cooperantes, más la becaria de AECI, nos fuimos a las fiestas de Otavalo. Más similitudes de las que pensaríamos nos unen: manzanas con palo y caramelo de ese rojo de las que después de comerte el caramelo no quieres saber nada, algodones de azúcar de colores, desfile de carrozas. Un otavaleño, compañero de trabajo de un compañero cooperante, nos llevó a su bar. Veníamos de su hostal – podríamos pensar que son muy hospitalarios, pero más bien son muy corporativos-. Mientras empezaba el desfile tomamos unas cervezas y como se retrasó una hora, pues empezamos a comer algo… Cuando nos quisimos dar cuenta la gente había sacado a la calle no sólo sillas sino hasta sillones para ver pasar el desfile. El detalle presagiaba algo: un desfile de cuatro horas: carrozas con damas propuestas para la elección, carrozas con damas de otros lugares, bailes de Otavalo, de Ibarra, de Bolivia, de Perú, de Colombia… parecía que de todos lados porque eso no se acababa nunca, y las calles tan llenas de gente que nos quedamos atrapados en el bar viendo el desfile en Dolby Sorround: un ojo en la calle y otro en la tele, canal de Otavalo, donde se veía con una hora de retraso cómo pasaban los que ya habíamos visto por delante de no se sabe quién…

¡¡¡¡UHF!!!! Seguro que el otavaleño compañero, que no amigo (eso no puede hacerlo un amigo) lo sabía todo. De eso no me quedó duda cuando, por la noche, le preguntamos por una peña y nos llevó al bar…¡de su hermana!

Resultado: a la mañana siguiente, y tras comprobar que en su hostal no había agua caliente, nos fuimos a otro lugar más céntrico, más barato y sin vínculos familiares. Un descanso… Por cierto, caí: compré una chaqueta de lana y de colores en el mercado de Otavalo… ¡si es que no puede ser! ¡Ahí sí que la carne es débil…!
No