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Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

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La hora en Asunción



Sindicación
 
De Gatorade en Gatorade
No hay cosa como que venga la familia del dueño de la casa para que pongan un guarda, para "su" seguridad. Se van, adiós guardia. Y así, en este país donde te dicen que no te fíes de la policía y la gente paga a alguien armado hasta las cejas para que guarde su puerta, me atracaron dos clases de individuos muy diferentes.

Los primeros atacan profundo, te tumban y te dejan echa polvo. No sé cómo será su cara, pero seguro que son feos, o feas... Los parásitos intestinales volvieron a la carga y me los traje de las fiestas de Otavalo como montados en los coches de choque, que aunque pensemos en los otavaleños como típicos indígenas, también usan de estas maquinarias horteras, y ponen la misma música hortera que en las ferias españolas...

El otro asaltante tendría como quince o dieciseis años. Yo, acompañada de otras dos compañeras, que casi mejor que ni hubiese ido acompañada, porque al acercarse el tipo, ya en la verja de nuestra casa, cogieron y empezaron a irse para alante y me dejaron con él, cara a cara. Este también era feo, pero por golpes, porque tenía la nariz rota y la cabeza llena de heridas: la policía, que le cogió el día anterior. Les cogen, les pegan, y a la calle, así de racional todo. Pues el tipo me dice que le dé una moneda, yo que se la doy y luego se va, él que ahora me das todo lo que tienes, yo que no le doy el monedero entero porque llevo cosas mías, y él venga a sacarme la pasta que llevaba dentro... A todo esto, el arma del asaltante era ni más ni menos que un Gatorade. Me dieron ganas de decirle ¡Amigo! ¿Tú también necesitas rehidratarte, tienes cagalera? Pero me lo pensé mejor, y mientras veía a mis compañeras paradas a unos cuantos metros de mi, le fui dando los once dólares y medio al colega, que gatorade en mano, con tapón y todo, me decía que o le daba todo o me mataba. Y otra vez mi mente respirando intensamente en esos segundos y pensando que qué extraño eso de que te atraquen con una botella con tapón, y no sabía si reirme o si cagarme -por eso de los parásitos- pensando en que si estallaba la botella contra la verja de casa eso podía hacer mucho daño...

Y de repente, ¡Zas! ¡La policía de la nada! Parecía una película: salieron dos uniformados de la esquina, pillaron al chico y nos dijeron que era un ladrón conocido, del barrio.¡Pues mira tú qué bien, al menos me atracaba un tipo "familiar"! Le hicieron devolverme el dinero y el chico empezó a llorar, y al final, ahí nos tienes a las compañeras cooperantes, veinte minutos de negociación, para que lo soltaran: si me llevan con el "tentiente" me pegan, como ayer, y luego me sueltan... Así que conseguimos que no le pegaran, y que le soltaran.

Pese a la mala leche que me entró, por eso de sentirme vulnerable en tres segundos, la racionalidad paseó por delante de nuestra puerta, y yo negociando como la que más para que le soltaran... ¿Y si las vuelves a ver qué vas a hacer? ¡Pues las acompaño a casa!

Totalmente surrealista... sobre todo porque me daban ganas de decirle al tipo que era de las suyas mientras sacaba la botella de Gatorade que llevaba en mi bolso...
No