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Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

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La hora en Asunción



Sindicación
 
Lago Agrio, Lago Grande


A Lago Agrio me llevaron para hacer fotos y para observar. Hice las dos cosas, pero de las más de cien fotos que tomé sólo se salvaron las que tenían al Embajador de España por protagonista y las pocas que hice con mi cámara, que llené con dos vídeos de la inauguración del colegio indígena ABYA-YALA. Me toca describir, pues.

Lago Agrio no es Lago Agrio, sino Nueva Loja, aunque nadie llama por el nombre antiguo a la ciudad que se creó a ambos lados del camino abierto para sacar petróleo en aquel lugar donde se formó una laguna negra de algo pastoso y sucio. Un rato después de salir de Quito, el camino lo acompaña una oruga grande y lenta de metal oxidado. En su interior, la riqueza de Lago Agrio se dispersa hacia quién sabe qué otros lugares.

Nueba Loja está al norte de Ecuador, fronteriza con Colombia, y a pesar de estar en una de las provincias más ricas del país, Sucumbíos, se trata de una de las zonas donde más azota la pobreza. "Aquí se consiguen las cosas a punta de paro" nos dice el alcalde, y repite una señora de la Federación de Mujeres, y cuentan los miembros de una ONG española que lleva años trabajando con la gente de Lago. En agosto, Orellana y Sucumbíos se pusieron en paro por las condiciones que viven las familias de ambas provincias, por la escasa infarestructura que arma el entramado de obtención del petróleo. Se abren caminos por donde tienen que entrar para poner pozos de extracción, no más. A punta de paros consiguieron que se fuera asfaltando el resto del camino principal en Lago Agrio y la ciudad se vertebra tal cual.

El país entero empezó a mirar hacia estas provincias que ahora salían en los informativos internacionales con sus gentes gritando y con aspecto agresivo. Las petroleras que funcionan en la zona estimaron el dinero perdido de una semana en 200 millones de dólares. Con ese dinero, Lago Agrio se podría convertir en la nueva ciudad de Mónaco, pero en la localidad no se invierten ni los beneficios de una sola semana... Tras el paro han conseguido que alrededor del 40%, del 25% de los beneficios de las petroleras vaya destinado a proyectos de primera necesidad de las localidades de donde sale el petróleo.

Para que la gente se fuera a Lago Agrio empezaron a repartir terrenos de 20 hectáreas a los que llamaron colonos, personas de otros lugares del país que, atraídos por la oportunidad de poder tener un terreno propio, emigró hacia este lugar. A los primeros que llegaron les repartieron la primera línea, la más cercana a la carretera principal. De ahí a la segunda, y a la tercera... hasta la décima. Echando la cuenta de la distancia que separa a estas personas de los servicios básicos más cercanos, podemos imaginar a un hombre sacando lo que le sobra de su cosecha de subsistencia, por un camino de tierra, y como puede (la mayor parte de las veces a hombros), veinte kilómetros más allá de la carretera. Todo para sacarse unos pocos dólares.

Sus casas son de madera, a veces pintadas, la mayor parte de las veces sin adorno. Suelen estar levantadas unos metros por encima del suelo para que las fuertes lluvias que se dan en determinada época del año no las dañe. Alrededor, verdes múltiples, plantas altas, palmeras que dan orito, plátano pequeño y dulce, al estilo del canario, que más que comérselo se lo dan a los animales, ya que la gente está acostumbrada a comer el plátano verde y largo. lEstán os ríos, la tierra, la gente abierta, humilde y orgullosa.

De Lago Agrio se va una con un sabor agridulce, no por lo que cuentan sino por lo que es. Dicen que si te bañas en uno de sus ríos no te vas nunca del lugar. Quizás haya que volver para probar...
No