Cotacachi cansada
Fin de semana a punto de cumplir el mes en Quito. Para salir de esta ciudad llena de autobuses chimenea nos fuimos el grupito de cuatro, más la cooperante de Manabí, a visitar Ibarra. La verdad es que es una ciudad poco tentadora después de verla, aunque menos si una de tus compañeras de viaje no hace más que decir que quiere hacer cosas. Pasear, mirar, observar, ¿no es hacer cosas? La histeria del movimiento se concretó en nuestra visita a Yaguarcocha: Ana, Azucena y yo (los otros dos se fueron a subir el volcán Imbabura) nos montamos en una lanchita OK Tourist para dar una vuelta a la lagunilla. Después de visitar al día siguiente la laguna de Cotacachi no hay otro modo de llamarla.
En Cotacachi (ciudad) hay mucho más que pasear, un pueblito agradable que vimos poco, la verdad... Después de dormir en La Esperanza, a 22 centavos de dolar de Ibarra, y después de ver las fiestas y las carrozas con las pretendientas a Belleza de Esperanza (indígenas, no indígenas, modelis teñidas de rubio...), nos dirigimos a este lugar con intención de visitar su mercado de cuero. Ya en el bus unos belgas conversaron con nosotros, y casi al vuelo, al bajar, estábamos montando con ellos en una camioneta hacia la laguna.
El lugar es increíble, en el cráter de un volcán, con unas islitas en el medio, y también otro barquito tourist: esta vez nos negamos a montar...
Comimos en un bar/mirador y otra vez hacia Quito. La desesperación y el cansancio vino, después de un mes de convivencia a cuatro, cuando hasta para hacer una tortilla de patatas los jóvenes cooperantes viajeros y aventureros en Quito te tienen que preguntar...
¡¡¡Ufff!!! ¡¡¡Eso cansa más casi que subir al Imbabura (aunque no lo haya ni intentado)!!!
P.D.: mis dos compas tampoco pudieron subir, a medio camino se les nubló el tiempo...
En Cotacachi (ciudad) hay mucho más que pasear, un pueblito agradable que vimos poco, la verdad... Después de dormir en La Esperanza, a 22 centavos de dolar de Ibarra, y después de ver las fiestas y las carrozas con las pretendientas a Belleza de Esperanza (indígenas, no indígenas, modelis teñidas de rubio...), nos dirigimos a este lugar con intención de visitar su mercado de cuero. Ya en el bus unos belgas conversaron con nosotros, y casi al vuelo, al bajar, estábamos montando con ellos en una camioneta hacia la laguna.
El lugar es increíble, en el cráter de un volcán, con unas islitas en el medio, y también otro barquito tourist: esta vez nos negamos a montar...
Comimos en un bar/mirador y otra vez hacia Quito. La desesperación y el cansancio vino, después de un mes de convivencia a cuatro, cuando hasta para hacer una tortilla de patatas los jóvenes cooperantes viajeros y aventureros en Quito te tienen que preguntar...
¡¡¡Ufff!!! ¡¡¡Eso cansa más casi que subir al Imbabura (aunque no lo haya ni intentado)!!!
P.D.: mis dos compas tampoco pudieron subir, a medio camino se les nubló el tiempo...





