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Un caso muy húmedo
Una novela on-line, a ver si la termino
Acerca de
Hace tiempo comencé a escribir una novela que nunca termino. Como me funcionó el sistema de obligarme a escribir diariamente gracias a mi primer blog, creo que esta es una buena oportunidad de tratar de terminar la dichosa novela. Alguna vez tendrá que ser la primera.
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CAPITULO IX: SORPRESA BAJO LA MESA
Leonardo se sobresaltó al notar algo que se apoyaba suavemente en su entrepierna. Bajó la mirada y vio que el pie descalzo de Alana se había posado allí. No tardó en comenzar a juguetear con los dedos. La masculinidad de Leonardo, que no era de piedra, comenzó a crecer dentro de los pantalones. Leonardo se sonrojó ligeramente y miró a la mujer. Ella estaba muy relajada en su silla y una sonrisa juguetona asomaba en sus labios.
- Alana, me tendrá que disculpar, pero… si me distrae seré incapaz de terminar esta entrevista – susurró casi tartamudeando Leonardo.
- ¿No le gusta? Es una de mis virtudes. Nací con los pies casi prensiles… Herencia de mi padre. Y los he entrenado a conciencia para que tengan prácticamente la misma flexibilidad que los dedos de mis manos. – mientras hablaba, los juguetones dedos de sus pies habían encontrado la bragueta y se disponían a abrirla con una tremenda facilidad.
- No, si no se trata de que no me guste, pero me es imposible concentrarme… - musitó Leonardo, cada vez más excitado.
- Relájese, hombre. Es usted muy atractivo. Y encuentro fascinante ese tostado color suyo de piel. ¿Quizá herencia africana?
- Sí – apenas pudo pronunciar Leonardo.
Ambos quedaron en silencio. Alana contemplaba el rostro de Leonardo divertida. Leonardo cerró los ojos. Aquel pie travieso había apresado su turgente y duro pene y… no él no se sentía con fuerzas de detenerlo. Finalmente Leonardo lanzó un bramido contenido y manchó los dedos manicurados y largos de los pies de Alana.
- ¡Cielos! – exclamó Leonardo, jadeando.
- Una nueva experiencia ¿eh? – comentó ella, limpiándose el pie con una servilleta y volviéndolo a calzar.
- Si pretendía sorprenderme, lo ha conseguido.
- No era exactamente mi intención, Leonardo. ¿Qué le parece si ahora usted me devuelve el favor?
Leonardo no tuvo que contestar. Alana se acercó a él, levantándose el vestido más arriba de las caderas. No llevaba bragas y el detective descubrió un rasurado pubis en el que la mujer tenía tatuada una flor de lis negra. Nuevamente excitado la apoyó contra la lisa pared de la terraza. Ella enlazó las piernas alrededor de la cintura masculina. Los macizos pechos de la mujer se liberaron de la escasa y fina tela que los cubría. Ella gemía y, entrecortadamente, le animaba a seguir. Él no contuvo esta vez sus aullidos de placer. Cuando Leonardo estaba a punto de repetir orgasmo se abrió la puerta de la terraza.
La doncella entró y los miró con indiferencia.
- Señora, hay un caballero que quiere hablar con usted.
- Un momento, Clarita – contestó Alana entre gemidos – Un momento que acabo.
Alana animó a Leonardo para que siguiera y este, tratando de ignorar a la criada, continuó hasta que la mujer lanzó un aullido potente y quedó relajada entre sus brazos. Leonardo acalló un grito en el cuello perfumado de Alana.
Ambos se separaron. Leonardo, de vuelta a la cordura, se sintió estúpido con los pantalones bajados y el miembro al aire. Se apresuró a vestirse mientras Alana colocaba bien la falda del vestido y metía los pechos nuevamente en su lugar, bajo la liviana tela.
- Bien, Leonardo, tendremos que dejar nuestra entrevista para otro momento – comentó la mujer.
- Cuando le parezca bien – respondió Leonardo, azorado.
- Como registré su número de teléfono, ya le llamaré.
Con un gesto altanero, Alana dio fin a la visita. Se acercó a la doncella y cogió la tarjeta que esta le tendía.
Leonardo abandonó la terraza y se encaminó hacia la salida. En el vestíbulo se tropezó con un hombre. La visita de Alana. Debía rondar la cincuentena. Ambos hombres se saludaron y Leonardo abandonó la casa.
No había averiguado gran cosa, sólo había conseguido una versión personal de algunos detalles por parte de Alana. Y había disfrutado del mejor polvo de los últimos tres años. Seguro que aquella mujer era una caja de sorpresas y probablemente aún tenía más por descubrir.
 
Comentario:
A través de Lola, llegué hasta aqui. He leido todos los capítulos de un tirón y me han enganchado. Casualmente hace unos días empecé un relato corto sobre una sirena "Aneris", que aun tengo a medias. Me ha gustado, te pongo en enlaces para poder seguir con los capitulos sin andar buscándote.
Un beso. Des.
 
Comentario:
:)
un beso
No