CAPITULO VI: DE REGRESO AL HOGAR
Cuando llegó a casa, después de su entrevista con Bosley LaFiffa, Sinera estaba picando unos boquerones mientras miraba la televisión. Leonardo se dirigió a la cocina, en busca de una cerveza fría. Pero las cervezas estaban calientes porque alguien las había sacado del refrigerador para colocar una cantidad enorme de fiambreras llenas de comida. Había varitas de merluza con salsa de algas, medallones de rape a la crema de caviar, boquerones confitados con holoturias de mar... Sin duda, Sinera no sólo era aficionada al pescado sino también a las artes culinarias. Advirtió que los dos chuletones aún estaban en el fondo del congelador y dio gracias al cielo.
Aunque no tenía ni un ápice de apetito... y lo que le apetecía era una cerveza... rubia, fría y espumosa. Metió las latas en la nevera, apretujando los tupperwares. Y aunque no tenía ganas de bajar, salió a comprar un par de cervezas en una de las máquinas expendedoras del vestíbulo.
Una vez provisto de bebida, se sentó en el sofá junto a Sinera. La muchacha estaba viendo un programa-concurso de esos que tanto furor causaban entre los telespectadores. Hubiera cambiado el canal sino hubiese sido por la mirada pseudo-hipnotizada de Sinera, que apenas parpadeaba.
- Sinera ¿se encuentra bien? – se decidió a preguntar.
- Sí – fue la escueta respuesta, casi un susurro.
- No debería ver tanto la tele, es malo para la salud.
- Es absolutamente fabuloso – comentó ella, llevándose un boquerón a los labios sin apartar los ojos del televisor
- ¿No había visto nunca la tele?
- No
- ¿Ni siquiera en casa de LaFiffa?
- ...
- Dígame – insistió
- ...
Leonardo se hizo con el mando a distancia y apagó el aparato.
- ¿Por qué ha apagado la tele? – se quejó ella.
- Creo que ha tenido más que suficiente por hoy. ¿No se ha dado cuenta de que prácticamente estaba catatónica?
- Me gusta la tele. Es fascinante.
- Antes le he preguntado si no había visto nunca la tele.
- Nunca. En Acuaria no tenemos nada parecido.
- ¿Y en casa de LaFiffa?
- Nunca la vi allí. Cuando Milton no estaba, yo pasaba todo el tiempo en el acuario. Y cuando venía, pasábamos todo el rato en el dormitorio o en la piscina.
- Ya... Por cierto, hoy me he entrevistado con Bosley, el hijo de LaFiffa.
- Vaya, ya ha conocido al hombre elefante – comentó ella desdeñosamente.
- He conocido a Bosley, sí – dijo Leonardo sin hacer caso del comentario–. Y parece que no le tiene a usted mucho aprecio.
- No sólo es un gordo glotón sino también un libidinoso. Intentó hacerselo conmigo en dos ocasiones, mientras su padre estaba de viaje de negocios. Debería haberlo visto la segunda vez... se metió desnudo en mi pecera, con un equipo de respiración autónoma... Consiguió sacarme del agua. Quizás el agua no sea su elemento pero es difícil resistirse a alguien tan voluminoso. Intentó poseerme sobre el sofá de la sala, frente a mi pecera. Me ató pero me libré por los pelos.
- Así que al hijo también le gustaba ¿eh? – comentó Leonardo, pensando que a él también -. Por cierto, simple curiosidad ¿cómo se libró?
- Porque en ese momento llegó Koldo...
Leonardo estaba cansado. Tenía ganas de meterse en la cama y dormir hasta bien entrada la mañana siguiente.
- Buenas noches. Si quiere ver la tele, por mí hágalo – dijo de camino a su dormitorio –, pero no le aconsejo que lo haga.
- Quizá sólo un ratito... – dijo ella con desgana.
- Usted verá...
La mullida cama acogió el cansado cuerpo de Leonardo. Se arropó, desnudo entre las suaves frazadas. Apenas programó el despertador, cayó casi instantáneamente en un sopor delicioso.
En el salón, Sinera encendió de nuevo el televisor. Pero esta vez no consiguió dejarse seducir por el programa de turno –el concurso ya había terminado-. Los pensamientos bullían en su cabeza... y sentía una extraña desazón que, desde que había conocido a Leonardo, controlaba a duras penas. La televisión le había servido para inhibirse de aquella extraña atracción, pero sólo temporalmente.
Lo cierto es que los terrestres siempre le habían disgustado bastante. Había sido relativamente fácil complacer a LaFiffa, porque la visitaba de tarde en tarde y ella hacía de tripas corazón. Y le convenía. Se las había arreglado con Bosley para evitar que la violara. Alana era harina de otro costal... Pero con Leonardo sentía una extraña y desconocida sensación.
Invadida por sus pensamientos, cerró la tele y se recostó en el sofá. Luego, pensó que lo mejor sería descansar un poco. Entró en el baño, se despojó de la ropa y se metió en las frescas aguas del jacuzzi. Su cuerpo quedó totalmente sumergido en el agua. Pequeñas burbujitas surgían de sus costados. No encendió el motor que ponía en marcha el sistema de masaje. No lo necesitaba. Prefería el silencio. Echaba en falta su mar y el recuerdo de las profundidades marinas le produjo un pinchazo de nostalgia. El océano no era compatible con Leonardo, que era terrestre. Y ella no tenía mucho tiempo si no conseguía algo mejor que ese jacuzzi. Como mucho podría alargar su estancia si lo utilizaba con regularidad, pero no era la panacea. No podría estar soportar estar fuera de su elemento sin unas condiciones más adecuadas. Por un instante se sintió como el salmón que coletea entre las zarpas del oso...
Aunque no tenía ni un ápice de apetito... y lo que le apetecía era una cerveza... rubia, fría y espumosa. Metió las latas en la nevera, apretujando los tupperwares. Y aunque no tenía ganas de bajar, salió a comprar un par de cervezas en una de las máquinas expendedoras del vestíbulo.
Una vez provisto de bebida, se sentó en el sofá junto a Sinera. La muchacha estaba viendo un programa-concurso de esos que tanto furor causaban entre los telespectadores. Hubiera cambiado el canal sino hubiese sido por la mirada pseudo-hipnotizada de Sinera, que apenas parpadeaba.
- Sinera ¿se encuentra bien? – se decidió a preguntar.
- Sí – fue la escueta respuesta, casi un susurro.
- No debería ver tanto la tele, es malo para la salud.
- Es absolutamente fabuloso – comentó ella, llevándose un boquerón a los labios sin apartar los ojos del televisor
- ¿No había visto nunca la tele?
- No
- ¿Ni siquiera en casa de LaFiffa?
- ...
- Dígame – insistió
- ...
Leonardo se hizo con el mando a distancia y apagó el aparato.
- ¿Por qué ha apagado la tele? – se quejó ella.
- Creo que ha tenido más que suficiente por hoy. ¿No se ha dado cuenta de que prácticamente estaba catatónica?
- Me gusta la tele. Es fascinante.
- Antes le he preguntado si no había visto nunca la tele.
- Nunca. En Acuaria no tenemos nada parecido.
- ¿Y en casa de LaFiffa?
- Nunca la vi allí. Cuando Milton no estaba, yo pasaba todo el tiempo en el acuario. Y cuando venía, pasábamos todo el rato en el dormitorio o en la piscina.
- Ya... Por cierto, hoy me he entrevistado con Bosley, el hijo de LaFiffa.
- Vaya, ya ha conocido al hombre elefante – comentó ella desdeñosamente.
- He conocido a Bosley, sí – dijo Leonardo sin hacer caso del comentario–. Y parece que no le tiene a usted mucho aprecio.
- No sólo es un gordo glotón sino también un libidinoso. Intentó hacerselo conmigo en dos ocasiones, mientras su padre estaba de viaje de negocios. Debería haberlo visto la segunda vez... se metió desnudo en mi pecera, con un equipo de respiración autónoma... Consiguió sacarme del agua. Quizás el agua no sea su elemento pero es difícil resistirse a alguien tan voluminoso. Intentó poseerme sobre el sofá de la sala, frente a mi pecera. Me ató pero me libré por los pelos.
- Así que al hijo también le gustaba ¿eh? – comentó Leonardo, pensando que a él también -. Por cierto, simple curiosidad ¿cómo se libró?
- Porque en ese momento llegó Koldo...
Leonardo estaba cansado. Tenía ganas de meterse en la cama y dormir hasta bien entrada la mañana siguiente.
- Buenas noches. Si quiere ver la tele, por mí hágalo – dijo de camino a su dormitorio –, pero no le aconsejo que lo haga.
- Quizá sólo un ratito... – dijo ella con desgana.
- Usted verá...
La mullida cama acogió el cansado cuerpo de Leonardo. Se arropó, desnudo entre las suaves frazadas. Apenas programó el despertador, cayó casi instantáneamente en un sopor delicioso.
En el salón, Sinera encendió de nuevo el televisor. Pero esta vez no consiguió dejarse seducir por el programa de turno –el concurso ya había terminado-. Los pensamientos bullían en su cabeza... y sentía una extraña desazón que, desde que había conocido a Leonardo, controlaba a duras penas. La televisión le había servido para inhibirse de aquella extraña atracción, pero sólo temporalmente.
Lo cierto es que los terrestres siempre le habían disgustado bastante. Había sido relativamente fácil complacer a LaFiffa, porque la visitaba de tarde en tarde y ella hacía de tripas corazón. Y le convenía. Se las había arreglado con Bosley para evitar que la violara. Alana era harina de otro costal... Pero con Leonardo sentía una extraña y desconocida sensación.
Invadida por sus pensamientos, cerró la tele y se recostó en el sofá. Luego, pensó que lo mejor sería descansar un poco. Entró en el baño, se despojó de la ropa y se metió en las frescas aguas del jacuzzi. Su cuerpo quedó totalmente sumergido en el agua. Pequeñas burbujitas surgían de sus costados. No encendió el motor que ponía en marcha el sistema de masaje. No lo necesitaba. Prefería el silencio. Echaba en falta su mar y el recuerdo de las profundidades marinas le produjo un pinchazo de nostalgia. El océano no era compatible con Leonardo, que era terrestre. Y ella no tenía mucho tiempo si no conseguía algo mejor que ese jacuzzi. Como mucho podría alargar su estancia si lo utilizaba con regularidad, pero no era la panacea. No podría estar soportar estar fuera de su elemento sin unas condiciones más adecuadas. Por un instante se sintió como el salmón que coletea entre las zarpas del oso...
Comentario:
¿Entonces Sinera solo estaba con LaFiffa por interes? Eso no dice nada bueno a su favor.
Me gustan los toques de humor.
un beso
Me gustan los toques de humor.
un beso
Comentario:
En la relación entre Sinera y Leonardo ha de nacer algo -no sé si amor, pero sí un objetivo en común-. El comportamento de los personajes lo indica. Este capítulo parece poner unpoco de calma en los últimos acontecimientos. Me recuerda la peli Splash em algunos momentos.





