La vida está hecha de momentos
Esta frase, lapidaria, es verdad se mire por donde se mire. Todo nuestro mundo está construido por ráfagas, pequeños instantes que recordamos al echar la vista atrás para ver en qué nos hemos convertido. No es el titular de un manual de autoayuda ni el axioma alrededor del cual se construye una nueva filosofía. Salió de la boca de Nieves, cuando, después de perder dos partidas de dardos, nos atrevimos a mirar al futuro, ron mediante.
Es cierto que nuestra vida se compone de momentos, buenos y malos, y que quizá son estos últimos los que más nos enseñan, pero a la vez los que menos recordamos. Es una de las ventajas de la memoria selectiva: tenemos grabada a fuego la primera sonrisa de una chica bonita, ésa con la que desarmó nuestro corazón, pero cuando nos dijeron adiós esos mismos labios, que creíamos casi tangibles, se volvieron de pronto difusos.
Nadie está libre de pecado. Yo guardo unos cuantos pares de labios, alguna que otra boca, para soñar despierto de vez en cuando. No sería doloroso si no fuera porque, de noche, me sorprenden de nuevo, sin que yo las llame, sin aviso alguno, para recordarme que una vez me besaron, sí, pero que también me dijeron adiós. Hoy es una noche propicia para ello. Las tormentas siempre vienen cargadas de recuerdos, y a menudo no los eliges, vienen porque sí.
Hoy, como tantas noches, miraré hacia otro lado. Miento a menudo cuando hablo del tema intentando esconder mi cobardía con indiferencia, tirando del manido ‘más vale malo conocido…’, conformándome con lo poco que tengo con tal de no ponerme en peligro. Pero lo cierto es que todos, absolutamente todos, nos morimos por soñar despiertos.
Sabemos que, tarde o temprano, todo se acaba. Nos da igual. Me da igual. Sigo soñando despierto. Si no cierro los ojos la veo. Su pelo rubio, sus ojos claros, y sueño que me sonríe. Y es esa sonrisa la que me empuja cada noche a soñar, a repetir una y otra vez lo que quizá, en un futuro sea algo más que una simple visión. Tengo muy claro que, cuando cierre los ojos, quizá acudan a mi mente un puñado de malos momentos. En algunos también la veo, porque sólo cuando se haya ido podré añorarla a mi antojo. Será entonces cuando su pelo, sus ojos y su sonrisa se conviertan en otro momento amargo, y ya formará parte de mi vida.
Brindo por ello.
Es cierto que nuestra vida se compone de momentos, buenos y malos, y que quizá son estos últimos los que más nos enseñan, pero a la vez los que menos recordamos. Es una de las ventajas de la memoria selectiva: tenemos grabada a fuego la primera sonrisa de una chica bonita, ésa con la que desarmó nuestro corazón, pero cuando nos dijeron adiós esos mismos labios, que creíamos casi tangibles, se volvieron de pronto difusos.
Nadie está libre de pecado. Yo guardo unos cuantos pares de labios, alguna que otra boca, para soñar despierto de vez en cuando. No sería doloroso si no fuera porque, de noche, me sorprenden de nuevo, sin que yo las llame, sin aviso alguno, para recordarme que una vez me besaron, sí, pero que también me dijeron adiós. Hoy es una noche propicia para ello. Las tormentas siempre vienen cargadas de recuerdos, y a menudo no los eliges, vienen porque sí.
Hoy, como tantas noches, miraré hacia otro lado. Miento a menudo cuando hablo del tema intentando esconder mi cobardía con indiferencia, tirando del manido ‘más vale malo conocido…’, conformándome con lo poco que tengo con tal de no ponerme en peligro. Pero lo cierto es que todos, absolutamente todos, nos morimos por soñar despiertos.
Sabemos que, tarde o temprano, todo se acaba. Nos da igual. Me da igual. Sigo soñando despierto. Si no cierro los ojos la veo. Su pelo rubio, sus ojos claros, y sueño que me sonríe. Y es esa sonrisa la que me empuja cada noche a soñar, a repetir una y otra vez lo que quizá, en un futuro sea algo más que una simple visión. Tengo muy claro que, cuando cierre los ojos, quizá acudan a mi mente un puñado de malos momentos. En algunos también la veo, porque sólo cuando se haya ido podré añorarla a mi antojo. Será entonces cuando su pelo, sus ojos y su sonrisa se conviertan en otro momento amargo, y ya formará parte de mi vida.
Brindo por ello.
Comentario:
Pues si querido Ignacio, la vida son momentos y yo tengo la suerte de compartir algunos de esos instantes contigo, siempre de risas y generalmente con una cerveza en la mano, que es como tiene que ser. Enhorabuena por tu blog y por la manera que tienes de darle forma a las ideas, por cierto, y bajo mi punto de vista, muy acertadas. Siempre he pensado que la gente que nos dedicamos a este maravilloso (y putero) mundo de la comunicación tenemos un don especial para eso, para comunicar. Eres bueno tio... La vida son momentos de risas, sueños, anhelos, recuerdos, caricias, miradas, errores y aciertos.. pequeñas cosas que conforman nuestra leyenda personal y que nos hacen continuar, a pesar de que el tiempo es un tremendo invento sabandija (como diría nuestro amigo Calamaro). Espero seguir compartiendo pequeños ratitos contigo compañero, y sin embargo, AMIGO. Por cierto, quedan pendientes unas partidillas de dardos. QUIERO LA REVANCHA¡¡¡¡ un besote
Comentario:
Potito y curioso... porque a mí también me pasa muchas veces y me daba vergüenza confersarlo :S Al menos veo que no soy el único!
PD: me alegra que dos escritores se hayan encontrado gracias a mí :)
PD: me alegra que dos escritores se hayan encontrado gracias a mí :)
Comentario:
hola ignacio!
he leido tu comentario, muchas gracias. supongo que eres amigo de mi hermano, y supongo que de la carrera.
a mí también me verás visitando éste sitio. por cierto, me encanta el título, y el porqué del título.
gracias por enlazarme, haré lo propio.
saludos!!
he leido tu comentario, muchas gracias. supongo que eres amigo de mi hermano, y supongo que de la carrera.
a mí también me verás visitando éste sitio. por cierto, me encanta el título, y el porqué del título.
gracias por enlazarme, haré lo propio.
saludos!!





