EL HOMBRE DEL SEMBLANTE SERIO
Hacía ya cuatro años que El Hombre Del Semblate Serio se había jubilado. Gozaba de una salud física y mental excepcional para su edad. Gracias a una pensión en absoluto desdeñable, se había perdido en recónditos países, conocido remotas culturas, y admirado toda clase de expresión artística. Con su sorprendente memoria y una lucidez mental que ya quisiera más de uno para sí, había aprendido y asimilado más conocimientos durante los últimos cuatro años que en el resto de su vida.
La poca gente que le conocía comentaba, con un tono de envidia enmascarada de molestia, que el espíritu aventurero de El Hombre Del Semblante Serio era inapropiado para su edad. Nunca les había hecho caso, pero hace poco se sintió tan agotado que decidió concederles la razón. Así, volvió a sus orígenes, a la ciudad a la que había pertenecido durante 65 largos y aburridos años. Y en los últimos días, estaba dedicando su atención a su mujer, a sus cuatro hijos, y a sus siete nietos, que continuamente estaban visitándole. Sabía que les gustaba estar con él, y que le admiraban, pero no acertaba a explicarse por qué.
Actualmente, su vida era demasiado perfecta. Incluso su pasado también lo era. Para El Hombre Del Semblante Serio, ya no había nada más que mereciera la pena hacer. Sólo pensar y recordar. Y ahora eso era lo que estaba haciendo, en su habitual paseo matutino. Pero esta vez sería distinto.
El Hombre Del Semblante Serio llegó a un altísimo puente que solía cruzar. Todas las mañanas, se asomaba por un peligroso saliente bajo el cual se agazapaba la amenaza de una larga y desagradable caída libre. Cuando le veían acercarse al abismo, las personas que pasaban por allí se asustaban, y eso que le provocaba un extraño cosquilleo de placer. Y en esta ocasión, decidió asustarles de verdad.
Se dirigió hacia el extremo del saliente con paso seguro y decidido. Una vez allí, cerró los ojos y extendió sus brazos en forma de cruz. Los que le vieron de esa guisa pensaron que se había vuelto loco, y que pretendía ser un pájaro que estaba abriendo sus alas para poder salvar el amplio intervalo vertical. Y más aún, cuando El Hombre Del Semblante Serio se dejó caer suavemente.
Al igual que el artista que se retira en lo mejor de su carrera para así convertirse en mito, El Hombre Del Semblante Serio decidió acabar su vida cuando lo tenía todo. Durante la primera mitad de la caída, tuvo un rápido pensamiento sobre cómo se explicarian sus familiares el suicidio. Una fracción de segundo más tarde, se preguntó qué diablos hacía pensando esas tonterías. Y por primera vez en su vida, esbozó una tímida, aunque perceptible sonrisa.
Y después, ya no ocurrió nada.
La poca gente que le conocía comentaba, con un tono de envidia enmascarada de molestia, que el espíritu aventurero de El Hombre Del Semblante Serio era inapropiado para su edad. Nunca les había hecho caso, pero hace poco se sintió tan agotado que decidió concederles la razón. Así, volvió a sus orígenes, a la ciudad a la que había pertenecido durante 65 largos y aburridos años. Y en los últimos días, estaba dedicando su atención a su mujer, a sus cuatro hijos, y a sus siete nietos, que continuamente estaban visitándole. Sabía que les gustaba estar con él, y que le admiraban, pero no acertaba a explicarse por qué.
Actualmente, su vida era demasiado perfecta. Incluso su pasado también lo era. Para El Hombre Del Semblante Serio, ya no había nada más que mereciera la pena hacer. Sólo pensar y recordar. Y ahora eso era lo que estaba haciendo, en su habitual paseo matutino. Pero esta vez sería distinto.
El Hombre Del Semblante Serio llegó a un altísimo puente que solía cruzar. Todas las mañanas, se asomaba por un peligroso saliente bajo el cual se agazapaba la amenaza de una larga y desagradable caída libre. Cuando le veían acercarse al abismo, las personas que pasaban por allí se asustaban, y eso que le provocaba un extraño cosquilleo de placer. Y en esta ocasión, decidió asustarles de verdad.
Se dirigió hacia el extremo del saliente con paso seguro y decidido. Una vez allí, cerró los ojos y extendió sus brazos en forma de cruz. Los que le vieron de esa guisa pensaron que se había vuelto loco, y que pretendía ser un pájaro que estaba abriendo sus alas para poder salvar el amplio intervalo vertical. Y más aún, cuando El Hombre Del Semblante Serio se dejó caer suavemente.
Al igual que el artista que se retira en lo mejor de su carrera para así convertirse en mito, El Hombre Del Semblante Serio decidió acabar su vida cuando lo tenía todo. Durante la primera mitad de la caída, tuvo un rápido pensamiento sobre cómo se explicarian sus familiares el suicidio. Una fracción de segundo más tarde, se preguntó qué diablos hacía pensando esas tonterías. Y por primera vez en su vida, esbozó una tímida, aunque perceptible sonrisa.
Y después, ya no ocurrió nada.
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una pregunta:
¿el hombre del semblante serio es un alter ego?, me gustaria ser como el, y tenerlo todo, aunque no me puedo quejar, però yo no seria lo suficientemente fuerte como para acabar mi vida de esa manera.Ojala hubiera mas gente como el hobre del semblante serio.
¿el hombre del semblante serio es un alter ego?, me gustaria ser como el, y tenerlo todo, aunque no me puedo quejar, però yo no seria lo suficientemente fuerte como para acabar mi vida de esa manera.Ojala hubiera mas gente como el hobre del semblante serio.





