ESTAFADORES DE MASAS
Maldita sea. Ya me está tocando las narices mi conexión a internet. Es bastante rápida, y además barata, pero en realidad no es tan buena como parece en un principio. Siempre me sale el dichoso cartelito que dice que comprueba el nombre de usuario y la contraseña, y que se conecta al equipo remoto, y bla bla bla. Pero una vez que, supuestamente, estoy conectado a internet, resulta que el Internet Explorer es incapaz de abrir páginas web, el Messenger no inicia sesión y el e-Mule no se baja una mierda. Y me está pasando cada vez más habitualmente. Me fastidia por mis fieles (aunque aún escasos) lectores, pues hasta hoy no ha habido manera de renovar mi blog.
Estoy sospechando que se está escribiendo otro capítulo más de la infame historia de macrotimos cometidos por grandes empresas. No sólo yo, sino cualquiera con un mínimo de sentido de la justicia, se da cuenta de lo habituales que son los pequeños robos individuales que practican habitualmente. Normalmente no le damos importancia. Sin embargo, la suma de todos estos pequeños timos sobre un sector de la población se convierte en una estafa multimillonaria. Lo explicaré mediante un par de ejemplos en los que yo mismo me he visto implicado.
Mucho antes de haber banda ancha en mi ordenador, la empresa que nos proporcionaba la conexión a internet (no quiero decir su nombre) nos cobró más de lo que debía durante cierto mes. Un error, dijeron. Nos devolvieron la mayor parte de lo que nos habian cobrado de más, pero nos tenían que haber devuelto algo más. Mis padres, a pesar de todo, se conformaron. Tiempo después, ví en la tele una entrevista a un técnico que contaba que, cuando un cliente reclamaba la devolución de un dinero y lo justificaba, siempre se le devolvía algo menos, y en casi todos los casos el cliente se conformaba.
Meses después, durante el verano del 2003, mis padres y mi hermano se fueron de vacaciones, y yo me quedé más de una semana sólo en casa porque tenía que estudiar. Durante ese tiempo, sólo usé mi teléfono fijo para llamar a un par de amigos. Unas semanas después, ante sospechas de fraude, mis padres pidieron una factura detallada a la compañía de telefonía (cuyo nombre no citaré). En los días en que ellos habían estado fuera, aparecían 15 o 20 llamadas a algunos familiares, a amigos de mis padres, e incluso al trabajo de mi madre. Curiosamente, la factura decía que esas llamadas se habían realizado más o menos a las mismas horas a las que solemos llamar a esas personas. ¿No os parece demasiada coincidencia para tratarse de un error?
Un último caso. Yo tengo una cuenta en un banco (cuyo nombre tampoco citaré), donde guardo mi dinero. Esta cuenta es el resultado de un convenio con mi universidad, por el que no me cobran absolutamente ninguna comisión hasta que tenga 26 años. Pues bien, un dia descubrí que el banco me había cobrado 14 céntimos de euro. Al ser una cantidad tan pequeña, otros no le hubieran dado importancia, pero yo en seguida fui a preguntar a qué se debia el cobro. Me dijeron que era una comisión de mantenimiento normal y corriente, así que tuve que recordarles que mi tipo de cuenta estaba libre de comisiones (cosa que la chica que me atendió debería saber). Entonces me mandaron de una a otra sucursal, de forma que me hacían pensar que lo que deseaban era que yo desistiera. Pero al fin di con la persona que podía devolverme los 14 céntimos. Cuando le solicité la devolución, me miró con cara de mala hostia, sin decir nada escribió unos datos en su ordenador y me entregó la cartilla, con la devolución ya efectuada. Como soy educado, le dije "gracias, hasta luego", pero él ni siquiera abrió la boca.
Muchos lectores me estarán tomando por una persona extremadamente tacaña. También opinaron eso los compañeros mios a quienes relaté mi aventura bancaria. Pero a mi, 14 céntimos, como es natural, me importan un bledo. Lo que pasa es que si le roban 14 céntimos a cada cliente, acaban reuniendo una fortuna. Y yo no estoy dispuesto a que sigan cometiendo estafas millonarias mientras yo no hago absolutamente nada. Y recuperando mis 14 céntimos tampoco evité el timo a millones de clientes, pero por lo menos he lavado mi conciencia. Y mi orgullo. Nadie le roba un solo céntimo a Diego.
Estoy sospechando que se está escribiendo otro capítulo más de la infame historia de macrotimos cometidos por grandes empresas. No sólo yo, sino cualquiera con un mínimo de sentido de la justicia, se da cuenta de lo habituales que son los pequeños robos individuales que practican habitualmente. Normalmente no le damos importancia. Sin embargo, la suma de todos estos pequeños timos sobre un sector de la población se convierte en una estafa multimillonaria. Lo explicaré mediante un par de ejemplos en los que yo mismo me he visto implicado.
Mucho antes de haber banda ancha en mi ordenador, la empresa que nos proporcionaba la conexión a internet (no quiero decir su nombre) nos cobró más de lo que debía durante cierto mes. Un error, dijeron. Nos devolvieron la mayor parte de lo que nos habian cobrado de más, pero nos tenían que haber devuelto algo más. Mis padres, a pesar de todo, se conformaron. Tiempo después, ví en la tele una entrevista a un técnico que contaba que, cuando un cliente reclamaba la devolución de un dinero y lo justificaba, siempre se le devolvía algo menos, y en casi todos los casos el cliente se conformaba.
Meses después, durante el verano del 2003, mis padres y mi hermano se fueron de vacaciones, y yo me quedé más de una semana sólo en casa porque tenía que estudiar. Durante ese tiempo, sólo usé mi teléfono fijo para llamar a un par de amigos. Unas semanas después, ante sospechas de fraude, mis padres pidieron una factura detallada a la compañía de telefonía (cuyo nombre no citaré). En los días en que ellos habían estado fuera, aparecían 15 o 20 llamadas a algunos familiares, a amigos de mis padres, e incluso al trabajo de mi madre. Curiosamente, la factura decía que esas llamadas se habían realizado más o menos a las mismas horas a las que solemos llamar a esas personas. ¿No os parece demasiada coincidencia para tratarse de un error?
Un último caso. Yo tengo una cuenta en un banco (cuyo nombre tampoco citaré), donde guardo mi dinero. Esta cuenta es el resultado de un convenio con mi universidad, por el que no me cobran absolutamente ninguna comisión hasta que tenga 26 años. Pues bien, un dia descubrí que el banco me había cobrado 14 céntimos de euro. Al ser una cantidad tan pequeña, otros no le hubieran dado importancia, pero yo en seguida fui a preguntar a qué se debia el cobro. Me dijeron que era una comisión de mantenimiento normal y corriente, así que tuve que recordarles que mi tipo de cuenta estaba libre de comisiones (cosa que la chica que me atendió debería saber). Entonces me mandaron de una a otra sucursal, de forma que me hacían pensar que lo que deseaban era que yo desistiera. Pero al fin di con la persona que podía devolverme los 14 céntimos. Cuando le solicité la devolución, me miró con cara de mala hostia, sin decir nada escribió unos datos en su ordenador y me entregó la cartilla, con la devolución ya efectuada. Como soy educado, le dije "gracias, hasta luego", pero él ni siquiera abrió la boca.
Muchos lectores me estarán tomando por una persona extremadamente tacaña. También opinaron eso los compañeros mios a quienes relaté mi aventura bancaria. Pero a mi, 14 céntimos, como es natural, me importan un bledo. Lo que pasa es que si le roban 14 céntimos a cada cliente, acaban reuniendo una fortuna. Y yo no estoy dispuesto a que sigan cometiendo estafas millonarias mientras yo no hago absolutamente nada. Y recuperando mis 14 céntimos tampoco evité el timo a millones de clientes, pero por lo menos he lavado mi conciencia. Y mi orgullo. Nadie le roba un solo céntimo a Diego.