CAMBIO CLIMÁTICO
Todos sabemos lo típico que es hablar del tiempo que hace cuando no se sabe sobre qué conversar. Suele ser un tema pesado y aburrido, y que difícilmente se puede tratar con profundidad. Sin embargo, cuando hablo con alguien del tiempo que hace, frecuentemente acabo comentando el cambio climático que ya estamos sufriendo en España. Hay quien cree que el fresquillo que experimentamos durante la segunda semana de agosto de este año, o la terrible ola de calor del año pasado, se deben a simple casualidad. Lo que ya es más raro es la excesiva fuerza y frecuencia de los fenómenos meteorológicos más violentos de los útimos tiempos. También he llegado a oir que está lloviendo en desiertos en los que hacía décadas que no llovía.
Cada vez menos gente duda de que el cambio climático ya es una realidad. Pero para la mayoría de la gente, sólo se trata de una curiosidad científica. En los países ricos, en los que casi no existe la agricultura como forma de vida, no somos conscientes de la importancia de la estabilidad del clima. Para nosotros, el cambio climático sólo significa que tengamos que abrigarnos más o menos, o que tengamos que llevar el paraguas en distintas épocas, o como mucho, que se nos estropeen las vacaciones. Pero la realidad es que los nuevos fenómenos climáticos están provocando no sólo pérdidas económicas multimillonarias, sino además un enorme número de muertes. Curiosamente y por norma general, los países que menos contaminan son los que sufren los efectos más devastadores, por ser los que menos infraestructuras tienen para protegerse. Pero tampoco hay que irse lejos para encontrar apocalípticos efectos del cambio climático: los estamos experimentando también en España. ¿Se está haciendo algo para solucionarlo?
Hace unos días se celebró en Buenos Aires la X Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, donde la mayoría de los países del mundo discutieron las posibles soluciones para evitar los efectos de la contaminación. Muy relacionado con esta reunión está el Protocolo de Kyoto, por el que muchos países se compromenten a reducir las emisiones de gases causantes de efecto invernadero. Sin embargo, la mayor parte de los estados firmantes, empezando por España, continúan contaminando como si tal cosa. El problema es que los gobiernos sólo hacen planes pensando en el futuro inmediato, es decir, en las siguientes elecciones. Por eso, para ellos, el Protocolo de Kyoto no es un asunto prioritario, sino todo lo contrario.
Un caso particularmente grave de falta de respeto al medio ambiente es el de Estados Unidos. Ellos son, con diferencia, los que más contaminan, pero de los que menos efectos nocivos del clima sufren. Su gobierno está haciendo todo lo posible para que el protocolo de Kyoto, o cualquier otro intento de minimizar el cambio climático, no funcione (ellos siempre tan solidarios). Alegan razones económicas: dicen que les costaría mucho dinero reducir la contaminación. Y tienen razón... de momento. Dentro de unos años, las pérdidas económicas (las humanas por lo visto no les preocupan) provocadas por el cambio climático serán muy superiores. Y entonces se arrepentirán. Y por fin, todos nos daremos cuenta de los ecologistas no eran precisamente locos. Y que su objetivo no era salvar a las ballenas, sino al planeta entero, incluyendo a la especie humana.
Sólo espero que no tengamos que volvernos ecologistas de una manera tan radical, cuando ya no haya nada que hacer.
Cada vez menos gente duda de que el cambio climático ya es una realidad. Pero para la mayoría de la gente, sólo se trata de una curiosidad científica. En los países ricos, en los que casi no existe la agricultura como forma de vida, no somos conscientes de la importancia de la estabilidad del clima. Para nosotros, el cambio climático sólo significa que tengamos que abrigarnos más o menos, o que tengamos que llevar el paraguas en distintas épocas, o como mucho, que se nos estropeen las vacaciones. Pero la realidad es que los nuevos fenómenos climáticos están provocando no sólo pérdidas económicas multimillonarias, sino además un enorme número de muertes. Curiosamente y por norma general, los países que menos contaminan son los que sufren los efectos más devastadores, por ser los que menos infraestructuras tienen para protegerse. Pero tampoco hay que irse lejos para encontrar apocalípticos efectos del cambio climático: los estamos experimentando también en España. ¿Se está haciendo algo para solucionarlo?
Hace unos días se celebró en Buenos Aires la X Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, donde la mayoría de los países del mundo discutieron las posibles soluciones para evitar los efectos de la contaminación. Muy relacionado con esta reunión está el Protocolo de Kyoto, por el que muchos países se compromenten a reducir las emisiones de gases causantes de efecto invernadero. Sin embargo, la mayor parte de los estados firmantes, empezando por España, continúan contaminando como si tal cosa. El problema es que los gobiernos sólo hacen planes pensando en el futuro inmediato, es decir, en las siguientes elecciones. Por eso, para ellos, el Protocolo de Kyoto no es un asunto prioritario, sino todo lo contrario.
Un caso particularmente grave de falta de respeto al medio ambiente es el de Estados Unidos. Ellos son, con diferencia, los que más contaminan, pero de los que menos efectos nocivos del clima sufren. Su gobierno está haciendo todo lo posible para que el protocolo de Kyoto, o cualquier otro intento de minimizar el cambio climático, no funcione (ellos siempre tan solidarios). Alegan razones económicas: dicen que les costaría mucho dinero reducir la contaminación. Y tienen razón... de momento. Dentro de unos años, las pérdidas económicas (las humanas por lo visto no les preocupan) provocadas por el cambio climático serán muy superiores. Y entonces se arrepentirán. Y por fin, todos nos daremos cuenta de los ecologistas no eran precisamente locos. Y que su objetivo no era salvar a las ballenas, sino al planeta entero, incluyendo a la especie humana.
Sólo espero que no tengamos que volvernos ecologistas de una manera tan radical, cuando ya no haya nada que hacer.