ACHTUNG, RATZINGER
Desde la muerte de Karol Wojtyla, hasta la elección de un nuevo pontífice, los medios de comunicación no dejaron de darnos la tabarra con las especulaciones sobre los candidatos a la plaza vacante. El entonces cardenal Nazinger... perdon, quiero decir Ratzinger, era probablemente el más descartado en las quinielas papales de los periodistas. Decían que era demasiado conservador, que tenía muchos enemigos en la iglesia, y que su mala salud hacía que no fuera el candidato más adecuado. Repetían hasta la saciedad la frase esa de que "los que entran papables en un cónclave, salen cardenales". Todas estas razones descartaban, supuestamente, al cardenal Ratzinger.
Dicen los creyentes que es el Espíritu Santo quien elige al Papa en el cónclave. Este ser viene representado por una paloma que, como todo animal, hace sus necesidades. En este caso, debía de andar un poco suelto, pues sino no se puede explicar la elección de Joseph Ratzinger. Y los periodistas, en vez de reconocer y corregir su metedura de pata, se han justificado a posteriori enunciando todas las (segun ellos) lógicas razones por las que Ratzinger ha sido elegido. Dicen ahora justo lo contrario que antes: que su conservadurismo, su enfermedad del corazón y su papabilidad han sido precisamente las cosas que hacían del alemán el candidato más idóneo.
Sí, era el candidato ideal. Para los tertulianos de la COPE, claro está. Porque el resto de laicos no han mostrado precisamente demasiado entusiasmo con que el elegido haya sido Ratzinger. Como muestra, ha quedado filmado el comportamiento de los que asistieron en directo al anuncio del nuevo papa. Cuando se percibió la fumata blanca, la plaza de San Pedro se llenó de un emocionante griterío, al igual que cuando se pronunció la aquello de Habemus Papam. Sin embargo, en el momento en que se conoció el apellido del nuevo pontífice, la voz de la multitud fue más apagada, y los aplausos se mezclaron con una especie de murmullo de decepción. El sucesor de Torquemada había llegado a lo más alto.

Esta elección no presagia nada bueno. El Papa alemán fue la mano derecha de Juan Pablo II, el puño de hierro de la Iglesia de las últimas décadas. Le llaman el guardián de la doctrina ortodoxa. Y son precisamente los teólogos, los expertos asuntos eclesiásticos, quienes se muestran más pesimistas respecto del pontificado que comienza. Pocos se fían de Benedicto XVI, teniendo en cuenta su pasado. Me refiero tanto a su época de cardenal, como a cuando, siendo adolescente, estaba afiliado a las Juventudes Hitlerianas. Por mucho que este pasado haya sido superado, es lógico que esto provoque recelos, a pesar de los esfuerzos de los clérigos por covencer a todos de que es una persona maravillosa.
Volviendo al momento en que se anunció públicamente la elección de Benedicto XVI, llamó la atención la expresión con que apareció la cara del nuevo Papa. Estaba sonriendo. Y aseguran que era prácticamente imposible ver a Ratzinger sonriendo. Siempre ha tenido cara de mala hostia (y nunca mejor dicho). Pero el martes pasado el rostro del alemán tomó un aspecto desconocido: una sonrisa de oreja a oreja. Al parecer, lo único que le podía hacer feliz era el poder pontificio. Saber que está por encima de todos los demás cristianos.
Y no me vengan ahora ustedes diciéndome que Ratzinger es una persona humilde. Quería ser Papa, y lo tenía todo planeado para que así fuera. Se podría decir que llevó a cabo una campaña electoral en toda regla. Habilmente, convirtió la homilía de la misa Pro eligendo Papa en un auténtico mitin, donde adoctrinó a todos los cardenales electores en cómo debía ser el nuevo pontífice. Casi se podría decir que se refirió a si mismo en tercera persona. Aunque tampoco hubiera hecho falta. Ratzinger ya contaba con muchos apoyos, gracias a que la mayoría de los cardenales nombrados por el anterior Papa eran bastante conservadores. Y para colmo, tenía incluso un club de fans, con web y todo (www.ratzingerfanclub.com).
Acabaré citando una frase suya que expresa muy bien su filosofía al frente de la iglesia: "Ir contracorriente y resistir a los ídolos de la sociedad contemporánea forma parte de la misión de la Iglesia".
Muchas más frases suyas aquí.
Dicen los creyentes que es el Espíritu Santo quien elige al Papa en el cónclave. Este ser viene representado por una paloma que, como todo animal, hace sus necesidades. En este caso, debía de andar un poco suelto, pues sino no se puede explicar la elección de Joseph Ratzinger. Y los periodistas, en vez de reconocer y corregir su metedura de pata, se han justificado a posteriori enunciando todas las (segun ellos) lógicas razones por las que Ratzinger ha sido elegido. Dicen ahora justo lo contrario que antes: que su conservadurismo, su enfermedad del corazón y su papabilidad han sido precisamente las cosas que hacían del alemán el candidato más idóneo.Sí, era el candidato ideal. Para los tertulianos de la COPE, claro está. Porque el resto de laicos no han mostrado precisamente demasiado entusiasmo con que el elegido haya sido Ratzinger. Como muestra, ha quedado filmado el comportamiento de los que asistieron en directo al anuncio del nuevo papa. Cuando se percibió la fumata blanca, la plaza de San Pedro se llenó de un emocionante griterío, al igual que cuando se pronunció la aquello de Habemus Papam. Sin embargo, en el momento en que se conoció el apellido del nuevo pontífice, la voz de la multitud fue más apagada, y los aplausos se mezclaron con una especie de murmullo de decepción. El sucesor de Torquemada había llegado a lo más alto.

Esta elección no presagia nada bueno. El Papa alemán fue la mano derecha de Juan Pablo II, el puño de hierro de la Iglesia de las últimas décadas. Le llaman el guardián de la doctrina ortodoxa. Y son precisamente los teólogos, los expertos asuntos eclesiásticos, quienes se muestran más pesimistas respecto del pontificado que comienza. Pocos se fían de Benedicto XVI, teniendo en cuenta su pasado. Me refiero tanto a su época de cardenal, como a cuando, siendo adolescente, estaba afiliado a las Juventudes Hitlerianas. Por mucho que este pasado haya sido superado, es lógico que esto provoque recelos, a pesar de los esfuerzos de los clérigos por covencer a todos de que es una persona maravillosa.
Volviendo al momento en que se anunció públicamente la elección de Benedicto XVI, llamó la atención la expresión con que apareció la cara del nuevo Papa. Estaba sonriendo. Y aseguran que era prácticamente imposible ver a Ratzinger sonriendo. Siempre ha tenido cara de mala hostia (y nunca mejor dicho). Pero el martes pasado el rostro del alemán tomó un aspecto desconocido: una sonrisa de oreja a oreja. Al parecer, lo único que le podía hacer feliz era el poder pontificio. Saber que está por encima de todos los demás cristianos.Y no me vengan ahora ustedes diciéndome que Ratzinger es una persona humilde. Quería ser Papa, y lo tenía todo planeado para que así fuera. Se podría decir que llevó a cabo una campaña electoral en toda regla. Habilmente, convirtió la homilía de la misa Pro eligendo Papa en un auténtico mitin, donde adoctrinó a todos los cardenales electores en cómo debía ser el nuevo pontífice. Casi se podría decir que se refirió a si mismo en tercera persona. Aunque tampoco hubiera hecho falta. Ratzinger ya contaba con muchos apoyos, gracias a que la mayoría de los cardenales nombrados por el anterior Papa eran bastante conservadores. Y para colmo, tenía incluso un club de fans, con web y todo (www.ratzingerfanclub.com).
Acabaré citando una frase suya que expresa muy bien su filosofía al frente de la iglesia: "Ir contracorriente y resistir a los ídolos de la sociedad contemporánea forma parte de la misión de la Iglesia".
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Comentario:
Como agnóstico no puedo sino manifestar mi alegría por la elección de este humano mortal en Pastor de la almas cristianas, él demostrará que los agnósticos tenemos razón, que dure muchos años, terminará poniendo en evidencia la gran falacia que es la Iglesia y todos sus dogmas. ¡¡¡ Enhorabuena paloma electora !!!!, te invito a leer mis comentarios al respecto en mi blog. Saludos.
Comentario:
A mi personalmente, me parece excelenta la elección del Cardenal Ratzinger como el nuevo Papa. La iglesia necesita reforzar sus estructuras al interior y salir a contracorriente del relativismo que impera en el mundo. Los católicos necesitamos a un Papa que nos guíe a expresar nuestra fé en forma convincente y bien argumentada, sin andarnos por las ramas, de que pensarán los grupos que están en contra de la forma en como se mueve la iglesia. Quien mejor que el ex-prefecto de la doctrina de la fe!!
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Me gusta mucho como escribes, y la reflexión sobre este personaje también, yo soy atea, y creo que esta gente ha dado un paso hacia atrás, así no conseguirán que la gente se acerque a ellos.