... Verdades con creencias. Las verdades absolutas no existen, pues todo puede ser discutido. Sin embargo, muchas personas acostumbran a presentar sus teorías como si fueran irrebatibles. Como dijo Descartes, "no hay nada repartido más equitativamente que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente". ¡Qué egocéntricos somos los humanos en ese sentido!
... Suerte con mérito. Cierto es que la suerte hay que saber buscarla; que quien tiene "suerte" en la vida, suele ser porque se la ha ganado. Pero, por otra parte, no puede ser mérito de nadie, por ejemplo, haber nacido en una familia rica. Ni conseguir un buen puesto de trabajo en la empresa de su padre. A menudo debemos contemplar indignados cómo este último tipo de afortunados van presumiendo de haber conseguido esos logros por mérito propio. Lo peor es que ellos mismos se lo creen.
... Sinceridad con falta de tacto. Cuando se tiene una mala opinión sobre otra persona, se le puede criticar, pero con educación. A algunos les cuesta entender esto, y usan la sinceridad y la libertad de expresión como pretextos para decir lo que piensan de forma cruda y ofensiva. Es entonces cuando ocurren cosas como esta o esta otra. Algunos bocazas, y especialmente los de vida pública, deberían enterarse de que callarse no es lo mismo que mentir. Que se puede ser diplomático sin caer en la hipocresía.
... Inteligencia con éxito. ¿Se puede juzgar la capacidad intelectual de una persona por el éxito que ha tenido en su carrera estudiantil o profesional? Rotundamente, no. Aunque la inteligencia pueda ayudar, las dos grandes claves del éxito son la motivación y la tenacidad. En el ámbito universitario, que personalmente conozco muy bien, es fácil comprobar estas hipótesis. Obtienen mejores calificaciones aquellos que disfrutan con la carrera que han elegido, y que además son perseverantes en su estudio. Sin estas cualidades, la inteligencia (concepto más bien subjetivo) resulta completamente inútil.
... Información con opinión. Muchos medios de comunicación, como El País o ABC, dan noticias de forma seria, pero también tienen una sección de opinión donde los columnistas expresan sus pareceres. Hay mucha gente que compra los periódicos según sus articulistas su opinión sean de izquierdas o de derechas. Hasta ahí, ningún problema. Lo malo es cuando otros medios, como Libertad Digital, mezclan información con opinión, manipulando las noticias hasta que quedan como ellos quieren (he aqui un ejemplo). Y si ocurre esto, es porque a ciertos sectores de la sociedad les gusta. Son ellos los causantes de que en el mundo de la pseudoinformación existan especímenes como este.
... Sensantez con cobardía. Hay cierto tipo de personas que necesitan riesgo de forma habitual para hacer sus vidas interesantes. Y a menudo son intolerantes con los que no somos como ellos. Por ejemplo, no comprenden que, si me niego a practicar deportes de riesgo o a consumir drogas, no es porque no tenga cojones, sino porque prefiero utilizarlos para otras cosas más agradables. Si te gusta el riesgo, allá tú, pero a mí déjame hacer las cosas como crea más adecuado.
... Diferencia con inferioridad. Hace meses que lo expliqué en un post, así que a él os remito.
... Rivalidad con enemistad. Estamos inmersos en una sociedad que fomenta la competición hasta convetirla en el motor de la economía. Ya desde pequeñitos, se nos inculca que tenemos que ser mejores que los demás, que los otros deben quedar por detrás. Y lo aplicamos durante toda nuestra vida a los deportes, a los estudios, a la búsqueda de empleo, y un largo etcétera. Esto a menudo lleva a la competencia desleal, a la traición, a la enemistad y a la pelea. Y todo, porque nos han incrustado en la cabeza la egoísta creencia de que es más importante el indivíduo que el colectivo.
... Y por último, citaré la clásica y tópica confusión entre libertad y libertinaje. A la gente se le hace creer que los derechos están hechos para ellos, y los deberes para los demás. Por eso, es tan común que la gente abuse de sus derechos cuando les interesa. Se olvidan de que las libertades de cada persona tienen un límite que es, precisamente, el conjunto de los derechos de los demás.





