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un instante
sobre aquellas cosas que te dan un momento especial
Sindicación
 
Amor Zen
La mujer entra en la habitación. Esta es una sala rectangular, orientada al sur y con tal solo una pequeña estantería de mimbre, como el único mueble que acompaña a la mesita pequeña, también de mimbre. No hay puertas, tan solo cortinas, pero aún así, a ella el entorno le resulta estimulantemente acogedor.
En el centro de la sala y sobre un tatami que tiene dibujada una enorme estrella de David, un hombre completamente desnudo esta sentado con las piernas cruzadas y ante la mesa que tiene enfrente, está totalmente abstraído manipulando con unas tazas y un par de teteras.
En cada punta de la estrella hay una vela, de diferente color y aroma cada una y junto a ellas se consumen varios inciensos, envolviendo con sus olores al resto del conjunto.
Ella llega hasta donde el dibujo marca el borde del aposento especial y desprendiéndose de la túnica, se acerca al frente del hombre de la misma manera que está él, con el cuerpo desnudo, una sonrisa y al otro lado de la mesita, que es lo único que los separa.
Se sienta y el hombre prepara con unas hierbas el té, se lo sirve y lo ofrece a la mujer para que esta beba. Ella lo consume y a su vez, prepara el té del hombre y también se lo ofrece. El hombre bebe y con una especial delicadeza retira la mesa a un lado, tomando de ella un frasco, cuyo contenido desprende olor a lavanda. La mujer sabe y desea lo que va ocurrir, ignora como será, pero su interior le dice que resultará maravilloso.

El hombre le pide que se acerque más, haciéndolo a su vez. Después, cuando están tan cerca que su piel puede rozarse, él toma el aceite de lavanda y comienza a extenderlo por el cuerpo de la mujer. Ella siente escalofríos al contacto de las manos en su piel. Estas recorren su cuerpo en un masaje, que deja rastros de aceite y estremecimientos en la mujer. El hombre lo hace despacio y con delicadeza, una caricia, un beso, el aroma del aceite y su propio cuerpo que roza el de la mujer haciendo que ella comience a sentirse agitada por momentos. Quiere amar y ser amada frenéticamente, pero él no se lo permite. Muy despacio, con mucha suavidad deja que ella se siente sobre él y que su cuerpo se una al del hombre. El aroma que los envuelve, la respiración cada vez más fuerte de la mujer, el intenso deseo de una posesión brusca y violenta, pero la delicada aunque firme contención del hombre ha llevado a la mujer al estado del paroxismo. Varias veces ha estado a punto de estallar, pero se ha contenido. Quiere un orgasmo intenso, por eso se ha reservado. Pero ya no puede más, explota y lo hace con intensidad. Más de dos minutos gritando, riendo, conteniendo la respiración y pensando que sueña, pues nunca antes encontró el amor con tanta pasión.

Después quiere regalar al hombre lo que ella ha tenido y este se entrega a cumplir los deseos de la dama. Tiene el orgasmo cuando se lo reclama y ella lo acompaña en el mismo.
Más tarde los sorprende la luna, durmiendo abrazados.

 
Bring Me To Life .... Llévame a tu vida
 
Amantes al viento
Ella está en lo alto de la cumbre, en el paisaje que tanto adora. Allí donde nace la cascada que da nombre a un lugar de ensueño y donde la armonía de la naturaleza salvaje nos lleva a perdernos en un ámbito, donde si el tiempo existe, queremos olvidarlo.
Ha sido llevada por el hombre, aquel que llena su espacio y corazón de emociones agradables y perfumadas.

Ella soñaba, cuando él le dijo _. Te voy a llevar a un lugar maravilloso donde solo estaremos tú, yo, lo que queremos y lo que tanto anhelamos hacer. – que el lugar sería una cabaña en el monte, donde a la lumbre de la chimenea unirían el calor de sus corazones encendidos. O tal vez una rústica habitación con una gran terraza al campo, donde el sol del amanecer acariciara sus cuerpos abrazados. ¡Y ella lo deseaba tanto!
Pero había sido conducida a la montaña, que aunque le agradaba, le entristecía un poco, porque ello la apartaba de lo que había soñado.

Ahora se encuentra allí, en lo alto, donde divisa todo lo que más ama, incluido al hombre que ahora está a su lado. Con el viento que sopla jugando con sus cabellos y su ropa, con el hombre que ahora le habla de aquella manera que la enamoraba, despacio, entonando cómo si recitara y las palabras que llegan a sus oídos cosquilleando el alma, estremeciéndola.
_Escucha mi amor. Estamos nosotros y el viento, que parece que también te ama. Pues, vida mía, vamos a dejar que lo haga. Vamos a permitir que el viento sea tu amante y ambos, mi cielo, disfrutaremos la sensación de ese amor intenso.
_. Abre los brazos, deja que te abrace y después abrázalo a la vez.
La mujer, llevada por la enajenación ante las palabras de su amado, sintiendo escalofríos por el roce del viento, que cada vez es más fuerte y parece que solo se mueve por ella, obedece todo cuanto él le dice y sigue escuchando.
_. Abre tu blusa, despójate de las prendas para que el viento pueda acariciar tu piel, que es lo que desea. Acompaña sus caricias con tus manos para evitar que pierda el contacto y sigue al viento en su caricia. Cuello, pecho y vientre que ahora están libres de ropa.
La mujer se despoja de toda la ropa para que el viento pueda acariciar todos los poros de su piel y siguiendo las palabras de su amado, sigue con sus manos la caricia que él le indica que el viento le hace.
_. ¿Estás oyendo, amor mío? ¿Cómo el rugido del viento es más fuerte, próximo agonizar? Está presto a estallar, y tú lo harás con él. Y yo, vida mía, seré feliz viendo tu estallido.
La mujer aprieta con más fuerza allí donde se está acariciando y su cuerpo comienza a temblar. Al sonido del viento le une sus gritos emocionados y en un instante se siente desfallecida, sin fuerzas, pero contenta y entusiasmada.
Cierra los ojos y está a punto de caer al suelo, pero los brazos del hombre la sujetan. Sus labios acarician con suavidad donde ella y el viento lo hicieron con energía y la emoción impide que ella pueda decir una palabra, aunque su corazón está lleno de ellas.
El hombre le susurra.
_. Gracias mi amor, por mi y por el viento. Porque yo soy él. Quien te amaba, quien te acariciaba. Él que rugía contigo cuando explotabas. Yo soy, quien besaré tus lágrimas, temblaré contigo, quien te amará.
_. Ahora, abrázame mientras me amas.
No era lo que había soñado, pero ni el sueño más idílico le hubiera hecho estar tan emocionada.

 
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