Ciencias VS Letras
El pasado 3 de octubre, muchos alumnos miraron al cielo guiados por sus profesores. Y es que un eclipse solar es un acontecimiento que un buen docente no debe desperdiciar.
Fueron muchas las actividades que en colegios e institutos se realizaron. Pero en el instituto leridano Guindàvols, en el colegio fueron un poco más lejos. Hicieron una fotografía en el momento culmen del eclipse y se plantearon estudiar cuestiones como a qué distancia se encontraba la Luna de la Tierra en el momento del eclipse o qué porcentaje del disco solar fue ocultado por la Luna.
Tres chicas sin mucha afición por la astronomía pero con altos conocimientos de física, matemáticas e inglés estudiaron el citado eclipse, comparándolo con el tránsito del planeta Venus, que tuvo lugar el 8 de junio de 2004. Están sorprendidas por el resultado final. Tras aplicar el teorema de Thales, el primer hallazgo importante del equipo fue descubrir que para que se produzca un eclipse total de sol, la distancia entre la Luna y la Tierra ha de ser de 373.570 kilómetros. "El 3 de octubre, en el momento del eclipse, la distancia era de 390.766 kilómetros", afirman. En aquellos momentos, la temperatura bajó 1,12 grados, y la intensidad de la luz, un 87%. También disminuyeron la humedad del aire y la velocidad del viento.
Con este trabajo, ganaron el segundo premio del concurso Catch a star, la versión europea de adoprta una estrella (un proyecto que promueve el interés de los alumnos españoles por la astronomía). Gracias al premio, las tres alumnas premiadas de este instituto de secundaria, viajarán con su profesor a la sede central del Eso en Garching, cerca de Munich, y después al Wendelstein Observatory, también en Alemania.
Sin duda este tipo de iniciativas llaman la atención, quizá por su escasez o por su poca repercusión en los medios. Son muchos los certámenes literarios: premios a la mejor novela, a la colección de poesías mas bella o a la mejor construcción teatral. Sin embargo, la ciencia parece menos premiada.
Muchos centros educativos aprovechan la semana cultural para celebrar certámenes de poesías, de redacciones o de novelas. Universidades públicas y privadas amanecen decoradas con carteles de iniciativas privadas que premian el mejor guión cinematográfico o el mejor proyecto literario.
Los estudiantes de ciencias tienen más difícil ver reconocido su trabajo en concursos científicos. Parece con esta situación que escribir es mucho más fácil que investigar de modo científico. O que hay más cosas que escribir que investigar.
Puede que sea cierto que para investigar “bien” se necesita un mayor nivel de preparación unas herramientas más sofisticadas o conocimientos más específicos. Sin embargo tres chicas catalanas nos han demostrado que, de un hecho que para muchos se quedo en una imagen bella, se pueden sacar muchas informaciones.
Más iniciativas que fomenten el interés de la ciencia en los jóvenes servirá para equilibrar la balanza entre “las ciencias y las letras”.
La noticia al completo
Fueron muchas las actividades que en colegios e institutos se realizaron. Pero en el instituto leridano Guindàvols, en el colegio fueron un poco más lejos. Hicieron una fotografía en el momento culmen del eclipse y se plantearon estudiar cuestiones como a qué distancia se encontraba la Luna de la Tierra en el momento del eclipse o qué porcentaje del disco solar fue ocultado por la Luna.
Tres chicas sin mucha afición por la astronomía pero con altos conocimientos de física, matemáticas e inglés estudiaron el citado eclipse, comparándolo con el tránsito del planeta Venus, que tuvo lugar el 8 de junio de 2004. Están sorprendidas por el resultado final. Tras aplicar el teorema de Thales, el primer hallazgo importante del equipo fue descubrir que para que se produzca un eclipse total de sol, la distancia entre la Luna y la Tierra ha de ser de 373.570 kilómetros. "El 3 de octubre, en el momento del eclipse, la distancia era de 390.766 kilómetros", afirman. En aquellos momentos, la temperatura bajó 1,12 grados, y la intensidad de la luz, un 87%. También disminuyeron la humedad del aire y la velocidad del viento.Con este trabajo, ganaron el segundo premio del concurso Catch a star, la versión europea de adoprta una estrella (un proyecto que promueve el interés de los alumnos españoles por la astronomía). Gracias al premio, las tres alumnas premiadas de este instituto de secundaria, viajarán con su profesor a la sede central del Eso en Garching, cerca de Munich, y después al Wendelstein Observatory, también en Alemania.
Sin duda este tipo de iniciativas llaman la atención, quizá por su escasez o por su poca repercusión en los medios. Son muchos los certámenes literarios: premios a la mejor novela, a la colección de poesías mas bella o a la mejor construcción teatral. Sin embargo, la ciencia parece menos premiada.
Muchos centros educativos aprovechan la semana cultural para celebrar certámenes de poesías, de redacciones o de novelas. Universidades públicas y privadas amanecen decoradas con carteles de iniciativas privadas que premian el mejor guión cinematográfico o el mejor proyecto literario.
Los estudiantes de ciencias tienen más difícil ver reconocido su trabajo en concursos científicos. Parece con esta situación que escribir es mucho más fácil que investigar de modo científico. O que hay más cosas que escribir que investigar.
Puede que sea cierto que para investigar “bien” se necesita un mayor nivel de preparación unas herramientas más sofisticadas o conocimientos más específicos. Sin embargo tres chicas catalanas nos han demostrado que, de un hecho que para muchos se quedo en una imagen bella, se pueden sacar muchas informaciones.
Más iniciativas que fomenten el interés de la ciencia en los jóvenes servirá para equilibrar la balanza entre “las ciencias y las letras”.
La noticia al completo