TE QUIERO
Te dua, ich liebe dich, ana behibak, yes kez si'rumem, obicham te, ne mohotatse, dangsinul saraghee yo, mi aime jou, afgreki', je t'aime, quérote, s'apayo, ani o'he'vet ot'cha, ik hou van je, szeretlek, I love you, taim i'ngra leat, ti aimo, kimi o ai shiteru, vos amo, bahibak, tave muyliu, amo, ta vas liubliu, techihhila, jag a''Iskar dig, maite zaitut...
Puedo decírtelo en albanés, alemán, árabe... pero el sentimiento seguirá siento el mismo, nada cambiará y lo sabes; no existe cosa que puedas contarme sobre ti que altere la forma de reaccionar mi cuerpo al pensarte.
Porque prefiero no pensar en todo aquello que es inevitable que pase por nuestra mente y hace lo nuestro más difícil cada segundo; o quizá somos nosotros quienes nos estamos complicando. Pero aunque mi vida tenga que terminar convirtiéndose en un hilo del que sea imposible desenredar los nudos, deseo correr ese riego de quedarme atada para siempre; aunque seas el único de quien lo haga, en este momento, me encataría que fueses tú.
No sé si seré capaz de conllevar lo que me pides, no sé si seré capaz de sobrevivir con otras vidas paralelas; saber que las hay, que soy conocedora de ello. Aun así, tal vez deberíamos intentarlo; o tal vez... ni siquiera sé qué deberíamos, qué debería, si decirte de una vez todo lo que siento con sinceridad, dejando escapar dulces palabras de mi boca.
Estoy confundida, desorientada. Pero hay algo que no pongo en duda: no me será difícil esperarte; pensando en el último beso, en la última vez que hicimos el amor. Este recuero alimentará la paciencia y me aydará a hacer más llevedera la espera; imaginando que algún día volverás a darme el primer beso.
T'estime
Puedo decírtelo en albanés, alemán, árabe... pero el sentimiento seguirá siento el mismo, nada cambiará y lo sabes; no existe cosa que puedas contarme sobre ti que altere la forma de reaccionar mi cuerpo al pensarte.
Porque prefiero no pensar en todo aquello que es inevitable que pase por nuestra mente y hace lo nuestro más difícil cada segundo; o quizá somos nosotros quienes nos estamos complicando. Pero aunque mi vida tenga que terminar convirtiéndose en un hilo del que sea imposible desenredar los nudos, deseo correr ese riego de quedarme atada para siempre; aunque seas el único de quien lo haga, en este momento, me encataría que fueses tú.
No sé si seré capaz de conllevar lo que me pides, no sé si seré capaz de sobrevivir con otras vidas paralelas; saber que las hay, que soy conocedora de ello. Aun así, tal vez deberíamos intentarlo; o tal vez... ni siquiera sé qué deberíamos, qué debería, si decirte de una vez todo lo que siento con sinceridad, dejando escapar dulces palabras de mi boca.
Estoy confundida, desorientada. Pero hay algo que no pongo en duda: no me será difícil esperarte; pensando en el último beso, en la última vez que hicimos el amor. Este recuero alimentará la paciencia y me aydará a hacer más llevedera la espera; imaginando que algún día volverás a darme el primer beso.
T'estime
Las parejas de hoy...
Olivia y Gael eran una pareja de estas de ahora, "modernas" que se dicen; cada uno hacía su vida y, si le apetecía, la compartía con otra persona en un momento determinado.
Los dos estaban de acuerdo con su situación, pero también sabían, aunque no quisieran reconocerlo, que se necesitaban el uno al otro, que entre ellos existía una complicidad a la que ninguna otra persona podía intentar aspirar.
En cada beso, en cada caricia, cada vez que hacían el amor sentían como los latidos de sus corazones empezaban a acelerarse, a retumbar cada vez más fuertes dentro de sus cuerpos, como si quisieran salir pero la barrera de la piel se lo impidiese.
Cada vez que hacían el amor era como si el tiempo dejara de transcurrir, como si todo lo que se encontraba a su alrededor se detuviese para observar y rendir honor a la forma tan especial que tenían de transmitirse todo aquello que pasaba por sus cabezas con un simple recorrido con la lengua por el cuerpo del otro.
Aquella tarde hacía una semana que no se habían visto.
Gael fue al piso de Olivia; la echaba de menos. Ella, al abrir la puerta y vérselo allí delante, no pudo evitar que en su cara apareciese un gesto que expresaba: “¡Por fin!”.
Él no tuvo tiempo de dejar escapar un “Buenas tardes”; ella se lanzó inmediatamente a saborear sus labios y, mientras lo cogía por la nuca para indicarle que entrase, cerró la puerta.
Por inercia, fueron al dormitorio, a ese dormitorio al que habían entrado tantas personas... pero ninguna era igualable a Gael.
Se dejaron caer en la cama, ella sobre él, y continuaron entrelazando sus lenguas, acariciando la boca del otro, marcando sus dientes en el cuerpo que deseaban.
Gael se puso sobre Olivia y empezó a desabrocharle la camisa; ella, cerraba los ojos y arqueaba la espalda, como si estuviese sintiendo el mayor placer del mundo.
Con su lengua aterciopelada se dirigió a los pechos de Olivia, desesperados porque se enredara en ellos; formando circunferencias, iba humedeciendo sus pezones, cada vez más duros.
Se deslizó hacia abajo, deteniéndose para besar su vientre. Mientras lo besaba le iba quitando los pantalones y, para su sorpresa, descubrió que Olivia no llevaba braguitas.
Antes que pudiese abalanzarse a su pubis, ella lo cogió por la barbilla y lo levantó poco a poco hasta quedar arrodillados uno frente al otro. Entonces Olivia se le acercó al oído y le dijo: “Sabía que vendrías”.
En ese momento, desde la cabeza hasta los pies de Gael se descargaron miles de sensaciones que se manifestaron en un escalofrío.
Ella lo besó, casi sin tocarlo, a los labios, y pasó a devorarle el cuello, intercalándose con algunos mordisquitos en los lóbulos, mientras le acariciaba suavemente los pechos por debajo de la camisa.
Sin despegar sus labios del cuerpo de Gael, lo fue desnudando.
Ahora, los dos se encontraban desnudos, sin nada que pudiese proteger aquellos cuerpos llenos de lujuria, dispuestos a gozar como si fuese la última vez.
Sin dejar de hablarse con los ojos, recostados en la cama, exploraron con las manos el cuerpo del otro.
Poco a poco iban acercándose; hasta rozarse ligeramente los labios.
Con las bocas unidas por sus lenguas, Olivia se puso sobre Gael. Lo besó por las mejillas, los párpados...
Los besos que ella le daba por la cara se iban perdiendo y los recogían los pechos, el vientre, el pubis... Éstos, estaban acompañados de sutiles arañazos.
Llegó al pene, ya erecto; él, pasó sus manos por el pelo de Olivia, cerró los ojos y la dejó hacer. Ella, lo observó, lo sujetó unos segundo y se lo introdujo en la boca. Los movimientos eran lentos, constantes; pero no tardaron mucho en convertirse en acelerados. Al mismo tiempo, le presionaban delicadamente los testículos, pasaba los dedos por las ingles, arrastraba las uñas por las nalgas.
Gael se corrió, y Olivia tragaba apresuradamente, como si no quisiese que ser perdiera nada.
Los dos se miraros, sonrieron y se besaron; él, podía notar todavía su propio sabor en la boca de ella.
Olivia estaba ahora debajo de Gael.
Él, con las yemas de sus dedos recorrió todo el cuerpo de ella; empezando por la frente, pasando por sus hombros, brazos, pechos... y terminando en el pubis. A éste lo besó con gran ternura, pausadamente. Bajó las manos hacia los muslos y le abrió con tranquilidad las piernas. Se dio un largo beso con los labios de su vagina. Con la lengua iba recorriendo cada rincón del sexo de Olivia, hasta terminar en el clítoris. Ella, mientras tanto, no podía evitar coger con fuerza las sábanas, cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás.
Gael, con su dedo acarició, casi sin notar sus palpitaciones, el clítoris. Resbaló un poco la mano hacia abajo y se lo introdujo; Olivia, hizo un movimiento que delataba el placer que estaba sintiendo.
Ella estaba totalmente húmeda, y él iba añadiendo, al dedo, los besos, la legua; estaba impregnado de ella, de sus jugos, y le encantaba.
Olivia le hizo un gesto para indicarle que le diese un beso en la boca.
Mientras compartían la saliva, sus gustos... Gael iba penetrándola. Introducía el pene, lo sacaba, con él acariciaba el clítoris; así unas cuantas veces hasta que se quedó dentro.
Los movimientos eran suaves, relajados; y a medida que avanzaba el tiempo eran más salvajes. En sus caderas se apreciaba que no podían soportar la espera, que ansiaban más que nunca el orgasmo.
Los gemidos y jadeos aumentaban su volumen cada segundo, la temperatura de sus cuerpos era más elevada cada instante.
Se miraron, cogieron aire, lo contuvieron y lo soltaron en pequeños golpes.
Extasiado, Gael cayó desplomado sobre Olivia; ella lo abrazó con dulzura y le dio un beso en la mejilla.
Pasados unos minutos, salió de ella y se acostó a su lado. La rodeó con sus brazos, le dio un cálido beso en los labios y se quedaron en absoluto silencio.
Durante éste, por sus mentes pasaron los mismos pensamientos de siempre: a la mañana siguiente cada uno volvería a su rutina, a hacer su vida...
Y, una vez más, descubrieron, en silencio, que se amaban, pero que nunca llegarían a decírselo.
*Éste tendrá unos meses, hace tiempo que no escribo relatos. A la próxima, com más detalles, ¿no?
Los dos estaban de acuerdo con su situación, pero también sabían, aunque no quisieran reconocerlo, que se necesitaban el uno al otro, que entre ellos existía una complicidad a la que ninguna otra persona podía intentar aspirar.
En cada beso, en cada caricia, cada vez que hacían el amor sentían como los latidos de sus corazones empezaban a acelerarse, a retumbar cada vez más fuertes dentro de sus cuerpos, como si quisieran salir pero la barrera de la piel se lo impidiese.
Cada vez que hacían el amor era como si el tiempo dejara de transcurrir, como si todo lo que se encontraba a su alrededor se detuviese para observar y rendir honor a la forma tan especial que tenían de transmitirse todo aquello que pasaba por sus cabezas con un simple recorrido con la lengua por el cuerpo del otro.
Aquella tarde hacía una semana que no se habían visto.
Gael fue al piso de Olivia; la echaba de menos. Ella, al abrir la puerta y vérselo allí delante, no pudo evitar que en su cara apareciese un gesto que expresaba: “¡Por fin!”.
Él no tuvo tiempo de dejar escapar un “Buenas tardes”; ella se lanzó inmediatamente a saborear sus labios y, mientras lo cogía por la nuca para indicarle que entrase, cerró la puerta.
Por inercia, fueron al dormitorio, a ese dormitorio al que habían entrado tantas personas... pero ninguna era igualable a Gael.
Se dejaron caer en la cama, ella sobre él, y continuaron entrelazando sus lenguas, acariciando la boca del otro, marcando sus dientes en el cuerpo que deseaban.
Gael se puso sobre Olivia y empezó a desabrocharle la camisa; ella, cerraba los ojos y arqueaba la espalda, como si estuviese sintiendo el mayor placer del mundo.
Con su lengua aterciopelada se dirigió a los pechos de Olivia, desesperados porque se enredara en ellos; formando circunferencias, iba humedeciendo sus pezones, cada vez más duros.
Se deslizó hacia abajo, deteniéndose para besar su vientre. Mientras lo besaba le iba quitando los pantalones y, para su sorpresa, descubrió que Olivia no llevaba braguitas.
Antes que pudiese abalanzarse a su pubis, ella lo cogió por la barbilla y lo levantó poco a poco hasta quedar arrodillados uno frente al otro. Entonces Olivia se le acercó al oído y le dijo: “Sabía que vendrías”.
En ese momento, desde la cabeza hasta los pies de Gael se descargaron miles de sensaciones que se manifestaron en un escalofrío.
Ella lo besó, casi sin tocarlo, a los labios, y pasó a devorarle el cuello, intercalándose con algunos mordisquitos en los lóbulos, mientras le acariciaba suavemente los pechos por debajo de la camisa.
Sin despegar sus labios del cuerpo de Gael, lo fue desnudando.
Ahora, los dos se encontraban desnudos, sin nada que pudiese proteger aquellos cuerpos llenos de lujuria, dispuestos a gozar como si fuese la última vez.
Sin dejar de hablarse con los ojos, recostados en la cama, exploraron con las manos el cuerpo del otro.
Poco a poco iban acercándose; hasta rozarse ligeramente los labios.
Con las bocas unidas por sus lenguas, Olivia se puso sobre Gael. Lo besó por las mejillas, los párpados...
Los besos que ella le daba por la cara se iban perdiendo y los recogían los pechos, el vientre, el pubis... Éstos, estaban acompañados de sutiles arañazos.
Llegó al pene, ya erecto; él, pasó sus manos por el pelo de Olivia, cerró los ojos y la dejó hacer. Ella, lo observó, lo sujetó unos segundo y se lo introdujo en la boca. Los movimientos eran lentos, constantes; pero no tardaron mucho en convertirse en acelerados. Al mismo tiempo, le presionaban delicadamente los testículos, pasaba los dedos por las ingles, arrastraba las uñas por las nalgas.
Gael se corrió, y Olivia tragaba apresuradamente, como si no quisiese que ser perdiera nada.
Los dos se miraros, sonrieron y se besaron; él, podía notar todavía su propio sabor en la boca de ella.
Olivia estaba ahora debajo de Gael.
Él, con las yemas de sus dedos recorrió todo el cuerpo de ella; empezando por la frente, pasando por sus hombros, brazos, pechos... y terminando en el pubis. A éste lo besó con gran ternura, pausadamente. Bajó las manos hacia los muslos y le abrió con tranquilidad las piernas. Se dio un largo beso con los labios de su vagina. Con la lengua iba recorriendo cada rincón del sexo de Olivia, hasta terminar en el clítoris. Ella, mientras tanto, no podía evitar coger con fuerza las sábanas, cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás.
Gael, con su dedo acarició, casi sin notar sus palpitaciones, el clítoris. Resbaló un poco la mano hacia abajo y se lo introdujo; Olivia, hizo un movimiento que delataba el placer que estaba sintiendo.
Ella estaba totalmente húmeda, y él iba añadiendo, al dedo, los besos, la legua; estaba impregnado de ella, de sus jugos, y le encantaba.
Olivia le hizo un gesto para indicarle que le diese un beso en la boca.
Mientras compartían la saliva, sus gustos... Gael iba penetrándola. Introducía el pene, lo sacaba, con él acariciaba el clítoris; así unas cuantas veces hasta que se quedó dentro.
Los movimientos eran suaves, relajados; y a medida que avanzaba el tiempo eran más salvajes. En sus caderas se apreciaba que no podían soportar la espera, que ansiaban más que nunca el orgasmo.
Los gemidos y jadeos aumentaban su volumen cada segundo, la temperatura de sus cuerpos era más elevada cada instante.
Se miraron, cogieron aire, lo contuvieron y lo soltaron en pequeños golpes.
Extasiado, Gael cayó desplomado sobre Olivia; ella lo abrazó con dulzura y le dio un beso en la mejilla.
Pasados unos minutos, salió de ella y se acostó a su lado. La rodeó con sus brazos, le dio un cálido beso en los labios y se quedaron en absoluto silencio.
Durante éste, por sus mentes pasaron los mismos pensamientos de siempre: a la mañana siguiente cada uno volvería a su rutina, a hacer su vida...
Y, una vez más, descubrieron, en silencio, que se amaban, pero que nunca llegarían a decírselo.
*Éste tendrá unos meses, hace tiempo que no escribo relatos. A la próxima, com más detalles, ¿no?
Sólo es una prueba...
Esto que estáis leyendo (si alguien lo hace, claro), únicamente es una prueba que estoy haciendo; ya que la tecnología y yo no somos muy amigos que digamos (y eso que he nacido con ella).
Si este simulacro de post funciona, intentaré mandar uno (con un poco más de sustancia), a la noche.
Un saludo.
Si este simulacro de post funciona, intentaré mandar uno (con un poco más de sustancia), a la noche.
Un saludo.





