Miedo
Tengo miedo.
Miedo a que deje de quererme.
Miedo a que conozca a otra persona y se enamore de ella.
Miedo a sus palabras, a escucharlo mientras me dice que las cosas se trasforman; y me resisto, me resisto a ser sólo una amiga a la que le une un vínculo muy fuerte.
Miedo a que se marche y me olvide.
Miedo a cansarle; a volver a no dejarlo respirar.
Miedo a no saber cómo acutar, en ocasiones.
Miedo a que me bese sin amarme.
Miedo a no volver a excitarle.
Miedo a que me diga que no funciona, que aunque lo intentemos de nuevo, ocurriría lo mismo.
Miedo a que me repita que ahora voy a empezar a vivir cosas que él ya ha vivido; prefiriendo que las disfrute sola.
Miedo a que me diga que tal vez no somos lo que estamos buscando, que quizá yo no soy su persona ni él la mía.
Miedo a sufrir sin él, no quiero experimentar esa época de distanciamiento; no soy así.
Miedo a no verle en meses.
Miedo a que no conteste a mis mensajes.
Miedo, miedo, miedo...
Miedo a que esté conmigo por lástima; porque no puede verme padecer.
Miedo a no poder compartir juntos el resto de nuestras vidas.
Miedo a perderle; me causa aversión la simple idea de imaginarlo y recordar aquellas veces en las que casi sucede
Miedo a que quiera escaparse de mis pensamientos.
Miedo a no poder retenerlo nunca más por más tiempo junto a mí; almenos como me gustaría.
Y no tendría tanto miedo si no fuese como es: con su sonrisa y sus plieguecitos alrededor de ella; esa voz que me vuelve loca; esos ojos verdes -tan trasparentes- que intentan observarlo todo; sus manos y su forma de tocar, acariciar, hacerme estremecer; esos labios que se pegan a los míos, que encajan perfectamente en mi boca, a los que mi lengua no puede evitar saborear; con su olor que me hace perder el sentido, que huelo una y otra vez hasta marearme a causa de la descompensación entre oxígeno y dióxido de carbono en mi cuerpo, tan dulce; con su cuerpo delgado, pero tan proporcionado y bello; con su piel suave y dorada por el sol; con su sabor, distinto dependiendo de la parte en que lo lamo; con sus nalgas maleables a mi manos; con su sexo brillante y húmedo, que me hace retorcer de placer, que hace que se escapen gemidos de mi boca; con sus palabras, su forma de hablar, de decir las cosas; con su forma de pensar.
En definitiva, por ser él. Lo amo tanto porque es él, porque es él a quien quiero. Es el único que me puede atraer, a quien quiero atraer; el único que me gusta y a quien quiero gustar; el único al que deseo y el que quiero que me desee.
P.D.: siento haber soltado este rollazo. Sé que es típico, muuuuuy típico y está escrito improvisadamente, sin cuidado. Pero en este momento lo sentía así y lo he dejado salir.
Un beso.
Miedo a que deje de quererme.
Miedo a que conozca a otra persona y se enamore de ella.
Miedo a sus palabras, a escucharlo mientras me dice que las cosas se trasforman; y me resisto, me resisto a ser sólo una amiga a la que le une un vínculo muy fuerte.
Miedo a que se marche y me olvide.
Miedo a cansarle; a volver a no dejarlo respirar.
Miedo a no saber cómo acutar, en ocasiones.
Miedo a que me bese sin amarme.
Miedo a no volver a excitarle.
Miedo a que me diga que no funciona, que aunque lo intentemos de nuevo, ocurriría lo mismo.
Miedo a que me repita que ahora voy a empezar a vivir cosas que él ya ha vivido; prefiriendo que las disfrute sola.
Miedo a que me diga que tal vez no somos lo que estamos buscando, que quizá yo no soy su persona ni él la mía.
Miedo a sufrir sin él, no quiero experimentar esa época de distanciamiento; no soy así.
Miedo a no verle en meses.
Miedo a que no conteste a mis mensajes.
Miedo, miedo, miedo...
Miedo a que esté conmigo por lástima; porque no puede verme padecer.
Miedo a no poder compartir juntos el resto de nuestras vidas.
Miedo a perderle; me causa aversión la simple idea de imaginarlo y recordar aquellas veces en las que casi sucede
Miedo a que quiera escaparse de mis pensamientos.
Miedo a no poder retenerlo nunca más por más tiempo junto a mí; almenos como me gustaría.
Y no tendría tanto miedo si no fuese como es: con su sonrisa y sus plieguecitos alrededor de ella; esa voz que me vuelve loca; esos ojos verdes -tan trasparentes- que intentan observarlo todo; sus manos y su forma de tocar, acariciar, hacerme estremecer; esos labios que se pegan a los míos, que encajan perfectamente en mi boca, a los que mi lengua no puede evitar saborear; con su olor que me hace perder el sentido, que huelo una y otra vez hasta marearme a causa de la descompensación entre oxígeno y dióxido de carbono en mi cuerpo, tan dulce; con su cuerpo delgado, pero tan proporcionado y bello; con su piel suave y dorada por el sol; con su sabor, distinto dependiendo de la parte en que lo lamo; con sus nalgas maleables a mi manos; con su sexo brillante y húmedo, que me hace retorcer de placer, que hace que se escapen gemidos de mi boca; con sus palabras, su forma de hablar, de decir las cosas; con su forma de pensar.
En definitiva, por ser él. Lo amo tanto porque es él, porque es él a quien quiero. Es el único que me puede atraer, a quien quiero atraer; el único que me gusta y a quien quiero gustar; el único al que deseo y el que quiero que me desee.
P.D.: siento haber soltado este rollazo. Sé que es típico, muuuuuy típico y está escrito improvisadamente, sin cuidado. Pero en este momento lo sentía así y lo he dejado salir.
Un beso.





