
XXI
Aquí estamos otra vez,
en la avenida de los besos de sentido equivocado,
paseando sin prisa
bajo el tenue brillo de una estrella de neón.
Los días de sol son vertiginosos
pero en ellos no se viven todas las historias,
como tantas otras,
la nuestra se ha perdido camino de algún labio fácil.
El teléfono ha sonado, era ella,
la del cuerpo desnudo y corazón escondido.
Hace ya un tiempo
que sus sueños no me sueñan y sus llantos no me lloran,
ahora eso que más da,
¡el viaje no ha hecho más que comenzar!
Cada vez al corazón,
le cuesta más despertar de las noches infames
su penitencia,
un vaso de vino al amanecer.
La cabeza me ha traicionado
los recuerdos también se han vuelto en mi contra.
Me acabo de cruzar con tus ojos,
siguen siendo tan oscuros como el fondo de una mina.
Tus pasos se terminan en otros brazos,
mientras yo continuó por la acera de la soledad,
mirando para todos lados,
sin encontrarte más que al final de mi botella,
que es también el final de esta canción desesperada.
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado !
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos !
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio !
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio !
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio !
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio !
Hice retroceder la muralla de sombra.
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado !
PABLO NERUDA
Parecía ahogarme tanta luz, tanta sed abrasadora de asfalto y piedras. Estaba caminando como si recorriera el propio camino de mi vida, desierto. Mirando las sombras de las gentes que a mi lado se escapaban sin poder asistirlas. Abocando en cada instante, irremediablemente, a la soledad.
CARMEN LAFORET. 1944
He conocido al marido de doña Rosa. Si, de Doña Rosa. La Doña Rosa, gruesa, abrupta, tosca y venenosa que se cuela como abeja en LA COLMENA, maldiciendo con su verbo ingrato los escarceos de los sufridos personajes del Madrid de la posguerra.
Como les dije al principio hoy he conocido a su marido, al que Cela no debió conocer, pues seguramente Doña Rosa se casase tiempo después de lo que las páginas del libro describen. El sujeto en cuestión es también grueso, abrupto, tosco e incluso un poco venenoso, pero no deja de ser un buen hombre. Trabaja en la cafetería de mi facultad, de sol a sol, de 8 a 8 como si no tuviese otra vida, como si Doña Rosa no existiese... pero Doña Rosa existe y cada día muestra su vida en la arruga perfectamente planchada del magnánimo uniforme en el que su marido se embute cada mañana.
El marido de Doña Rosa me ha servido hoy la comida, un pollo a la naranja delicioso, seguramente receta de Doña Rosa. Horas más tarde el mismo marido de Doña Rosa me ha echado de allí . Eran más de las 8 y , seguramente Doña Rosa habrá salido ya del Café y le esperará en su casa.
Los versos de esta noche tienen nombre de mujer
labios infames , anzuelo de otra madrugada que perder.
Lágrimas cristalinas, tan azules como el cielo de un dios
resbalan por la mejilla del alba .
Los versos de esta noche caminan solitarios
recorriendo portales en busca de princesas de domingos.
En la calle no se esta tan mal, susurra el viento
ante la fachada de un edificio de ruinosa vida.
Los versos de esta noche pierden al poker todas sus virtudes
escaso refugio para valientes.
El vagabundo de la cuarta escalera duerme placentero
soñando con la vida odiada por los demás.
Los versos de esta noche quieren huir de tu mirada,
retan a su destino sin temer a nada.
Al doblar la esquina suenan músicas festivas
que taponan demasiados oídos.
Los versos de esta noche son un crimen mal medido,
otro desperfecto en mi mundo malherido.
Dos tipos dulces negocian un par de gramos
bajo las luces de neón de la estación de primavera.
Los versos de esta noche están cansados de olvidar
tus besos, esos que siempre hacen dudar.
El espejo refleja figuras desfiguradas
Mentiras, ilusiones o simples personas.
Los versos de esta noche me invitan a una copa rota,
un ron con cola, filo cortante de una nueva derrota.
Por la amplia avenida juegan a ser el más rápido en vida
algunos lo consiguen y duermen para siempre tranquilos.
Los versos de esta noche nunca se terminan
pues se escriben cada día.
La tierra contra el mar luchan esta noche al otro lado de la ciudad
Enrique Urquijo
Como el pájaro perdido en plena migración
como el que se cree dios de los ateos
como un adulador de perdedores
como un amante en la estación.
Son formas de sentirse vivo, desesperado pero vivo.
Después de llorar, de maldecir mi suerte
de gritar al viento, cuan furioso recelo;
he comprendido que este es mi sino.
Y no creas que disgusta,
me encante creerme el llanero solitario,
el amante de los problemas,
el guerrero al que nada le asusta,
un borracho de soledad
que no hace otra cosa que esperar
el labio calmado que le devuelva
su pequeño trozo de felicidad
Como el sol y la medialuna
Como Jekill y Mr.Hide
Como las noticias de ayer
Como los resultados imposibles de un suma
Son formas de sentirse vivo, desesperado pero vivo.

Esta es la historia de un veterano caballero presto en las armas de la vida, las que almacena en el entresuelo izquierda de un edificio de señoritos,el número 13 de la calle superstición, en pleno barrio de la pasión.
Presume de un pelo casposo, tan frondoso como escaso que cede ante las impetuosas olas de la edad. Sus ojos huidizos, escondidos bajo unas gafas oscuras,poseen la mirada ágil, según comentan las que alguna vez los vieron. El sol de veranos ya terminados dejó su piel tatuada por siempre, y el lunar de su espalda crece con el ritmo lastimoso de lo inevitable.
Los restos de su naufragio resisten en un rincón de su pequeño cuarto, absorto de adornos necesarios como sillas y luces, atestado con un minúsculo camastro, lecho de casanova, donde maldice cada domingo su penúltima resaca. Con la primera luz del alba abandona su refugio de muerte merodea por las calles sin prisas ni horarios buscando compañía en cualquier botella de ron añejo; con ella se sincera, le habla, le cuenta, le susurra al oído cuanto amor y cuanto odio convive en un mismo trago.
Los días pasan sin más, como olas de un mar traicionado, y de su existencia sólo se percatan un par de gatos vagabundos. La comida es escasa, pero su estómago no es exigente se conforma con el pan reseso y un trozo de lo que encuentre. En su vida no hay tiempo para el trabajo, pues su trabajo es vivir, un esfuerzo de tal dimensión que le deja fuerzas para soñar. Por todo ello no duda en mentir a su casero, y así consigue sobrevivir mes tras mes, de enero a junio,mientras espera tranquilo el final de otro día.
Anoche nos cruzamos con él, superman del malvivir. Se detuvo en nuestras miradas, con su aliento cirrótico se acercóy sentenció, verdad de niños y borrachos:
Agua que no quieras beber, déjala correr.
Las estaciones de autobuses son el lugar más triste del mundo, un pequeño océano de labios desheredados, de madres enfermas de morriña y de gatos callejeros, más negros que el carbón rastrero de la refinería. La noche cubre todo el cielo y las estrellas se confunden con las mejillas rosadas de las madres de mayo, agosto y de cualquiera de los otros 10 meses, que sufren los húmedos ataques de las emociones mientras le ruegan al viento cortante del invierno que cuide de sus hijos. Sentados sobre una butaca rota y descosida, una pareja de enamorados también llora. Son las lágrimas del amor, pequeñas estalactitas que se clavan en el corazón con peligro de derretirse al calor de los besos más calientes. En una esquina, a pie de una escalera dolorida por los años, se refugian un par de gatos callejeros; sus ojos son incapaces de llorar, torturados por su eterna soledad.
La medianoche ha cruzado ya el suelo adoquinado del andén. En la estación ya no queda nadie, y el frío inunda el aire del lugar más triste del mundo.
Todas las historias tienen un principio, pues si no no serían historias, y este no es más que otro principio, en busca de la historias de hoy, ayer y siempre