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Diarios de un náufrago en altamar
Breves historias de una vida cada día más larga...
Acerca de
Mañana nunca será ayer.
Sindicación
 
POR TI, POR MI, POR NOSOTROS

Viajar como viajan las nubes cargadas de lluvia
Caer como caen los ángeles tentados del cielo
Llorar como llora Jack Nicholson en la barra del bar
Incrustarse como se incrusta la mierda en el suelo.

Sufrir como sufren las madres de Mayo
Resistir como resisten los ideales de la libertad
Pensar como piensa Bush sobre Irak
Vencer como vencía el Cesar en la antigüedad

Gritar como grita socorro la patera en el mar
Rogar como ruega Marco que aparezca su madre
Confiar como confía el ludópata en el azar
Aprender como aprende una abuela a escribir

Luchar como luchaba Mandela por la igualdad
Perder como pierde William Wallace en Braveheart
Hablar como hablaba Lorca de la homosexualidad
Morir como muere de cuerdo el Quijote

Por ti, Por Mi, Por Nosotros






 
AUNQUE TU NO LO SEPAS

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.


Luis García Montero


 
LOS LABIOS DEL MAR

Estamos solos. La brisa me golpea sigilosa, como sin querer llamar la atención. Estoy sentado frente a él, parapetado frente a sus ojillos cristalinos. Me palpita el corazón. Temo. Por mi cabeza pasa la idea de huir, de correr despavorido por la arena, subir las escaleras y perderme luego en alguno de infinitos bares que nunca cierran en esta ciudad. No puedo. Estoy irremediablemente envenenado de él, perdido en sus ojillos cristalinos. La humedad besa mis pies, los invade de un sudor frío y espumoso. Mis manos descubren marcas confusas en la arena, pequeñas huellas de amor que gritan frenéticas. El sol comienza a despuntar en el horizonte, brillante, altivo. Sus ojillos cristalinos siguen aquí, fijos, contemplándome. Siento la necesidad de huir. Comienzo a correr despavorido. Noto la humedad en mi cuerpo, me recorre las entrañas, me golpea sin piedad. Cierro los ojos, me dejo envolver por esos ojos cristalinos.

Los rayos del sol me abrasan la cara. La arena está mojada. El sigue ahí, mirándome. Ya no queda tiempo. Lo he perdido todo esta noche, muriéndome entre los besos de los labios del mar, esos que alguien dijo algún día que no eran de nadie. Vuelvo a temblar. Me esta llamando de nuevo, ronronea desde la orilla, su voz se entrecorta al romper las olas....

 
VOY A MATAR AL CARTERO


Anoche me entretuve jugando con un par palillos, ¡Se sorprenderían de la cantidad de cosas que se pueden hacer con dos simples trozos de madera!. Me sentía extrañamente feliz, tranquilamente enfermo de ti. De fondo sonaban los Pereza, con su ritmo guitarrero y canalla, como de animales salvajes. Decían algo así como: no llegan cartas desde hace tiempo... creo que voy a matar al cartero.

El cielo estrellado, las constelaciones jugando al escondite inglés ante mis ojos; la brisa cálida, golpeando con suavidad la piel seca del aire; las luces de la ciudad resplandecientes, irremediablemente parpadeantes como las flores en primavera....me recuerdan tanto a ti, a tus ojos claros como las noches de luna llena; a tu pelo azabachado, delicado como el más preciado de los diamantes; a tus labios de miel, peligrosamente dulces como las olas del mar....me siento tan pegado a ti que tengo miedo de no poder separarme. Y dentro de un rato, cuando la noche ya no sea noche, cuando tu seas yo, cuando ya no nos quede tiempo, susúrrame al oído tu nombre, que yo inventaré lo demás.

Esta tarde he vuelto a jugar con los palillos. Tu me observabas desde la ventana. La acera parecía derretirse bajo tus pies. Yo estaba derretido a dos metros de ti. No recordaba tu nombre, pero si reconocía tu mirada, tu cuerpo lánguido y maleado. Me sentía extrañamente feliz, tranquilamente enfermo de ti. En el mp3 sonaban de nuevo los Pereza... no llegan cartas desde hace tiempo... creo que voy a matar al cartero.

Me he dado cuenta que, en mi piso, no funciona el timbre. Quizás por eso nunca llama el cartero.