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Diarios de un náufrago en altamar
Breves historias de una vida cada día más larga...
Acerca de
Mañana nunca será ayer.
Sindicación
 
CONSERJES DE NOCHE

La 311 chirría tras de ti. Hace mucho que no me paso por allí, pero todavía recuerdo su olor, nauseabundo, enquistado en tu piel. Ahora los veo pasar, como locos después de las seis, subidos en un cráter de la luna, esperando las sobras de lo que otros han comido. No entiendo como han llegado hasta aquí, quizás hayan puesto un precio demasiado alto, y ahora que las rebajas del Corte Inglés han terminado, nadie da un duro por ellos. Pero tampoco les importa. Son una clase de tipos nacidos para malvivir en el filo de la navaja, cortándose en cada vaivén, llorando cada noche porque tú, no les has vuelto a llamar. Así, cada vez que los bares cierran, los amaneceres se entristecen, no queda otra solución que volver a morir pasados de tragos. Entonces empuñan la vieja copa de whisky y gritan: ¡Qué el olvido se acuerde de mi!. Tampoco es tan triste, yo que les he escuchado os digo: ¡Siempre recordaré el día que me dijeron que no me podrían olvidar!. Y ahora que han esnucao, ya no duermen si no es contigo. No seas cruel, dales una última oportunidad, ellos no saben como dejar de quererte.

Puede que me este haciendo mayor, y me entra la melancolía cada vez que recuerdo todas aquellas noches al viento, desnudos, con el alma tranquila. Quizás por ello, hoy me he puesto a recordar lo que somos, fuimos y nunca dejaremos de ser: amigos. Quizás también por eso os digo que si algún día la puerta de la 311 vuelve a cerrarse, golpéala con fuerza, y, si yo estoy dentro, estaré encantado de abrirte.

A LOS PETER,S,

 
CUANDO SURCAN EL CIELO...

Me gustaría perder todos mis miedos
contarte, como lo hacen las gaviotas,
que el mar ya no está revuelto.

Quisiera subir, bajar, volar
huir en una barca de madera
y descubrir que el horizonte no tiene fin.

Disparar palabras al viento
y consumirme esperando que tu las recojas
así, tal como yo nunca las dije.

Escucho el ronroneo de las olas,
no me digas lo que no puedo hacer
cuéntame de que hablan las gaviotas

Me cuesta vivir y no morir en el intento,
a mi paso tiemblan las olas
y yo no dejo de resbalar...

La tarde arde, incendio en extinción,
de veranos muertos de placer
que descansan pálidos en tus brazos.

Me ahogo en silencio, apretando los puños,
desencajando las mandíbulas
y preguntándote:¿de que hablan las gaviotas?

de ti, Amor





 
AQUEL VIEJO PROFESOR

Aquel viejo profesor nunca me advirtió que el Ventorrillo estuviese tan lejos. Desde allí todo se ve distinto, teñido de rosa, bañado en azul. Recorro sus calles, resquebrajo sus aceras, respiro su aire, me siento en su parques, abrazo su piel...y cuando me despierto ya es hora de volver a casa; San Pedro ha cerrado la puerta del cielo y se olvido de dejar la ventana entreabierta para que, a media noche, me pueda colar.

Camino despacio, a paso lento, observando el asombroso juego de luces de los edificios que se pierden a mi paso. Aquel viejo profesor nunca me contó que la vida era un simple juego de azar, y que si era tu carita la que salía en el anverso de la moneda, todo tenía sentido. Por eso a veces lo pierdo. Ves como no todo era culpa del vodka.

La luna está morena, espléndida. Brilla presuntuosa, en lo más profundo del horizonte, casi a la altura del Ventorrillo. Me cuesta encontrarte al alzar la vista, ya me lo decía aquel viejo profesor: más duro será volver del cielo... y eso que es cuesta abajo.