Tengo la impresión de que el mundo se ha vuelto loco, completamente loco. También puede ser que yo me haya vuelto cuerdo, torpemente cuerdo. Resulta que hoy no me salen las cuentas, 1+1 no son 7...
Desfile hace algún tiempo, mi particular lista de bagatelas: dudas, sueños, temores, anhelos..,todo aquello que no alcanzaba a comprender y que, como había dejado de creer en mi dios, no solucionaban mis rezos y plegarias dominicales. “Cuando te hagas mayor lo entenderás todo” acertaron a advertirme. En fin. Hoy, tiempo después, he vuelto a pensar en ello. Y resulta que, o es que todavía no me he hecho mayor o que, al ser mayor, me he dado cuenta de que hay cosas que nunca entenderé. Pero vayamos por partes.
Mi madre siempre me ha dijo que la política era cosa de mayores y que, yo, era demasiado joven para entenderla. Quizás por esto nunca me preocupe por los escándalos del GAL, por el rodillo socialista o por la apisonadora popular. A mi siempre me cayeron simpáticos Roldán y Marío Conde. Pero hoy, 22 de Marzo, he empezado a preocuparme. ETA ha decretado un “alto al fuego permanente”, una oportunidad única para el problema vasco.., pero tampoco esta vez nos vamos a poner de acuerdo. España 1 y no 51…
Tengo mis dudas que esta sociedad este preparada para afrontar un asunto tan complejo como el de Euskalerria. Nadie puede dudar de la identidad de ese pueblo, ni de ninguno de los conforman España, pero tampoco nadie puede olvidar que los muros y fronteras son un freno para el progreso. Un niño como yo se ha dado cuenta que este es un mundo societario, que no comunitario, y en él, cada nación debe cuidar de si misma, pero sin olvidar que la armonía es el único camino seguro.
Seguro que alguno saldrá a celebrarlo hoy hasta la madrugada, incluso en Canarias. Hay motivo, y más ahora que el botellón se ha puesto de moda. Yo mientras seguiré leyendo el Quijote, haber si al final va a resultar que Sancho también estaba loco…
A mi siempre me ha gustado ir de farol, apostar fuerte a caballo perdedor. Así tiene más gracia. Las causas perdidas despiertan siempre la parte bizantina del espíritu: “tú culo es mi culo” que dicen algunos. Quizás por esto, todos hemos recorrido de apoco inmensas praderas encima de “La Poderosa”; hemos saltado con el Diego y su mano de dios; hemos disparado al estrellado cielo de Bagdad y, empapados por la lluvia, hemos clamado justicia. Ausentes, como ellos.
Ahora, a mitad de la partida, a mis cartas les ha entrado la gripe. Se han puesto coloradas y duermen boca abajo. Parecen haber olvidado que en la vida, como en el poker, la carta más alta no siempre gana. A veces basta con mirar a los ojos, jugar como si no hubiera nada que perder, como si al levantarse de la cama no existiera más que el hoy, el trozo de lasaña de ayer y un dos de corazones. El nuestro.
Y si las cartas vienen mal dadas, pues “cogemos y nos vamos pal pueblo”. Después de todo habrá merecido la pena conocer el calor de tus labios. Esta es mi apuesta. Mi farol. Tú.





