Hace días que no tengo nada que escribir; en realidad hace días que no sé como hacerlo. Paso horas muertas contemplando el polvo que va cayendo sobre esta ventana; accidentado, creyendo que si me concentro podré tele transportarme...y aparecer allí o aquí, en medio de una nube negra, con el puño en alto, quedando con el toque, sin retrasarme un minuto, gritando: “Paris est notrê, aussi “; saltando glorioso sobre un golf rojo en llamas...y es que yo siempre supe que sería guerrillero: como mi abuelo, como Foucellas, como mi nuevo amigo el barrendero. Me gusta su estética: joven, abrupta, con ese toque irresistible de irreverencia. Y allá vamos, todos contra ese ministro intransigente: TODOS SOMOS LA FRANCIA. Me siento fuerte, unido en soledad, con ganas de pelea. Y a mi lado imagino un elegante francés, chauvinista, un poco calvo y regordete... “queda lejos aquel Mayo, queda lejos Saint-Denis, que lejos queda Jean-Paul Sartre, muy lejos aquel París”. No queda otra amigo, que despertarse con el susurro de una gaviota, y seguir mirando por esta ventana en la que ahora no deja de llover. Cuando despeje veremos lo queda de limpio en la plaza. Mientras cerraré la ventana, que entra frío.