El equilibrio es imposible. Va y viene como un giratutto que se agavilla clandestino al sueño. Huye con una urgencia terrible cuando intuye que tú estás por venir. Se pasea por la habitación manchándose los pies de olor familiar y frunce el ceño al oír tus susurros de sirena. Imagino que no reconocerás su piel morena ni su cabello rubio. Imagino que él nunca se atrevió a mirarte de frente, a secarte las lágrimas. Imagino que él siempre tuvo miedo, que componía canciones para Caetano Veloso compadeciéndose por no poder besarte.
Ahora han pasado las horas y el equilibrio ha desertado. Ha fracasado dejándome sólo a tus pies. Y no pierde el tiempo evocando su vieja gloria, cuando compartíamos soledad; cuando éramos piratas temidos desde el Callao a Finisterre. Ahora ha aprendido a mirar el tiempo en relojes digitales; y cree firmemente que ahí, tú y yo no existimos. Y se disfraza de pingüino al atardecer, y me pide que cante por última vez nuestra canción; y me ofrece un lustro de lunes al sol….
A mi, ahora, me apetece imaginar al equilibrio recolectando claveles para nuestra revolución.





