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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Estúpido es el que hace estupideces
Cuando hablo de cómo vine a Madrid a trabajar suelo decir en broma que pasé Despeñaperros en patera. Yo he sido y me considero un inmigrante, eso es cierto. De hecho cuando decidí venirme a Madrid fue por el hecho de que en mi tierra no encontraba un trabajo de lo mío. Con gusto yo me hubiese quedado en mi ciudad.

Cuando vine a Madrid traía dinero para aproximadamente un mes. La cuestión es que aunque el trabajo que iba a hacer estaba muy bien pagado me pagaban el día veinte del mes siguiente y, además, al llegar a mediados de un mes me dijeron que me pagarían el primer mes y medio de una vez. En resumen, que me encontré que tenía que alargar el dinero para que me durara más de dos meses. Para empeorar un poco más mi situación económica, el hecho de no conocer demasiado de Madrid y el estar trabajando casi todo el día, me dificultaba bastante buscar un sitio donde quedarme así que me busqué un hotel primero y una pensión después por la zona centro.

Durante dos meses me sentí terriblemente solo pues no conocía a nadie y además tuve que acostumbrarme a comer en sitios baratos (creo que me hice un experto en burguers). Salir del trabajo y vagar en el coche haciendo tiempo o preparando el trabajo del día siguiente era un poco triste. Al final, cuando ya el dinero no me daba para pensión incluso fui a dormir cada noche a la casa del pueblo de mis padres que está a ciento cincuenta kilómetros de Madrid. La soledad que se siente en esos casos casi duele y parecerá una estupidez pero cuando han pasado más de diez años sigo acordándome de lo mal que lo pasé. Más de una vez me planteé dejar todo y volver a mi casa.

Otra experiencia en la que lo pase regular fue cuando hice un stage profesional en Francia durante ocho semanas. Aunque mi nivel de francés era, por aquel entonces, aceptable y además tenía compañeros del curso al cual correspondía el stage lo cierto es que pasar el horario laborar sin apenas poder comentar nada me resultaba duro. Lo mismo cuando ibas por la calle y te sentías un tanto estúpido al no entender lo que te decían e insistir una y otra vez que te repitieran un poco más lento. También recuerdo que lo pasé mal.

Y ahora cuento mi situación real en esos dos casos. En el primero, yo estaba en mi país, en una ciudad (Madrid) en la que tenía familia que llamaba continuamente a mis padres preguntando el porqué no iba con ellos. Yo tenía mi coche, mi ropa, mis pequeños lujos y lo único que me impedía levantar un teléfono y pedir que me enviasen más dinero era mi estúpido orgullo de no pedirles dinero a mis padres. Yo tenía un trabajo cualificado donde era responsable de un grupo, respetado y valorado, con un horario normal, en una oficina climatizada y con un sueldo más que digno, espléndido. El tiempo que estuve en hoteles y pensiones, estuve en sitios bastante decentes y pulcros. En el peor de los casos, cuando me iba al pueblo en mi coche nuevecito (con aire acondicionado ya que era verano), allí me encontraba una casa perfectamente equipada para mi solo. Si me lo hubiera propuesto podía ponerme en mi ciudad en cuatro horas y hablar con mis amigos y mi familia cuando quisiera.

En el segundo caso, yo iba en un stage profesional de un curso organizado por la comunidad económica europea después de disponer de 300 horas de formación en el idioma del lugar (en mi caso francés), iba becado y con todos los gastos pagados. Quedándome en una habitación de hotel de cuatro estrellas para mi solo y un responsable que se encargaba de tramitar o gestionar cualquier problema que nos ocurriera a cualquiera de los seis que estábamos allá. Durante las ocho semanas, el trato fue exquisito.

Y muchas veces pienso en esto. En estas dos ocasiones, como en casi todas las que recuerdo, yo he sido un auténtico privilegiado (como creo que somos la mayoría aunque sea un contrasentido semántico). Sin embargo esas dos ocasiones las recuerdo por lo mal que lo pasé. Por sentirme en un sitio que no era mi hogar, por la soledad, por el hecho de estar justo de dinero, por no entender perfectamente un idioma, etc..

Ayer tomamos una cerveza en un sitio y nos atendió un tío que yo calculo de mi edad y que por el aspecto y por el acento sería de un país del este. Y tuve que oír una vez más como alguien volvía a argumentar que hay demasiados inmigrantes y una sarta de tonterías más que me ahorraré escribir.

Pienso sinceramente, y sin ser demagogo, si será posible que alguno de los que somos privilegiados podamos suponer o imaginar lo que puede ser dejar tu país y tu casa, irte a una cultura distinta de la tuya, sin dinero, aceptar un trabajo poco cualificado independientemente de si estas tremendamente cualificado o no, no entender el idioma, separarte probablemente de tu familia, preocuparte de si tienes papeles o no (que horror eso de ser “ilegal”) y encima tener que aguantar que algún gilipollas te diga que le estas molestando, que le estas quitando su puesto de trabajo o que todos los de tu país son criminales.

Como ya dije en una ocasión en un comentario a mi vecino aguardentero, cuando yo era un chaval en mi libro de texto de quinto de EGB recuerdo que se definía España como un país en vías de desarrollo. Recuerdo que era raro no encontrar en tu circulo cercano o tus amigos alguien que había estado en Alemania, Francia, México o Argentina de emigrante. También recuerdo como un amigo mío que fue a estudiar a Alemania me contaba que vio un cartel en un pub que decía “prohibida la entradas a perros, turcos y españoles”.

Yo en esto tengo una opinión radical que estoy seguro será compartida por muy poca gente. Yo creo que nadie debería poner barreras a nadie. He tenido miles de veces esta discursión conmigo mismo y con otra gente y ya se los argumentos en cuanto a lo de “no podemos dejar que entre todo el que quiera” y demás. Mi postura es larga de argumentar pero no van por ahí los tiros en esta ocasión.

El sentido de este post no va por ahí. Va simplemente porque me gustaría que la gente viviera al menos durante unos días la terrible sensación de soledad e impotencia que puede vivirse en la mayoría de las ocasiones cuando te desplazas como inmigrante. Sin ser nacionalista, que no lo soy, en líneas generales yo estoy bastante contento del país donde nací y vivo y de su gente y, sin embargo, a veces, creo que nos hemos convertido en unos cretinos nuevos ricos. Afortunadamente creo que es una minoría pero a mi me cabrean mucho.

Para mí los emigrantes no sólo no son peores o “menos que” sino que yo les doy muchísimo valor a estas personas que son capaces de superar todas estas dificultades y que tienen tanta capacidad de trabajo. No es casualidad que, en todos los sitios, normalmente los inmigrantes, al cabo de unos años, suelen progresar más que los naturales del pais o la región. Esto lo saben bien los catalanes con los andaluces o extremeños y los argentinos o mexicanos con los españoles. Aquí ya nos daremos cuenta.

Para terminar simplemente diré que, algún día, alguien de los que hace estadísticas sobre el porcentaje de extranjeros en la cárceles o los periodistas que insisten en lo de “un rumano violó..” o “un polaco detenido..” o “los asaltantes, un grupo de colombianos..” también se molestarán en investigar la relación entre el crecimiento económico que estamos teniendo en los últimos años, el aumento de cotizaciones a la seguridad social y la cantidad de emigrantes que proporcionan mano de obra cualificada y/o barata.
 
Algunas veces se tiene suerte
Algunas veces ocurre que el destino es injusto contigo y te favorece sin merecerlo y piensas que eres un “chico con suerte” uno de esos que no sueles ser tú y de los que siempre crees que tienen “toda la suerte”.

Algunas veces, de pronto, sin saber porque, alguna sonrisa, algunas palabras o alguna mirada te dibujan un paisaje alegre de verano en medio del frío invierno, tu alma sonríe y te dan ganas de caminar por el centro de la ciudad pisando los charcos como cuando eras un niño jugando a adolescente.

Algunas veces ocurre que un detalle “sin importancia” te hacen suponer delante de ti imaginarias curvas de mujer con escotes profundos y cadenciosos movimientos de caderas que dejan adivinar, sin llegar a mostrar, la sensibilidad y sensualidad femenina. Estas curvas no son geométricas ni se rigen por frías reglas físicas. Se forman en tu imaginación matizando tus sentidos.

Algunas veces uno se siente reconfortado al provocar una pequeña reacción, un detalle sutil y sin aparente importancia. Y uno se da cuenta que es posible preferir el aroma de la ilusión al sabor de la conquista.

Algunas veces te encuentras con alguna feromona perdida que te cura la congestión que provoca la alergia a los problemas, y te das cuentas que, al menos hoy, no necesitarás el inhalador de ilusiones para terminar el día.

Esas veces son pocas, pero cuando ocurren valen por todas las demás y la almohada se extraña de que sonrías. Es en esas ocasiones cuando buscas vocabulario y en tu torpeza, sólo encuentras una palabra que se te antoja débil y pequeña pero, al menos, oportuna: Gracias.

Some guys have all the luck

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Ecologismo en acción
Sé mi sentido de la lógica puede llegar a exasperar. A veces incluso lo saco a pasear únicamente para eso.

Ayer salí a dar una vuelta y me presentaron a un pequeño grupo de gente. Al poco comencé a darme cuenta de que me encontraba con una célula fundamentalista ecologista. Yo no tengo nada en contra de los ecologistas en general pero es cierto que los pocos que he conocido no me han gustado demasiado y de los pocos casos que conozco donde aparecen, no se puede decir que mi impresión sea positiva. En realidad me pasa con todos los “-istas” (ecologistas, pacifistas, machistas, feministas, fundamentalistas, etc..).

En el caso de los ecologistas además, me ha tocado varias veces por amigos y conocidos disfrutar de sus gilipolleces. He visto como se protestaba por unos matojos jodiendo a un grupo de personas (algunos de ellos amigos) que viven en el campo y, desde luego, son mucho más conservacionistas que ellos. La última una manifestación en la puerta de una planta de biocarburante de alguien conocido. Será posible mayor estupidez?. Me parece mucho más ecologista el empresario que monta una planta de biodiesel que un gilipollas que para protestar se va en un todo terreno que gasta veinte litros a los cien. Encima protestaba por los vertidos cuando el proceso solo genera como sobrante glicerol (que se utiliza profusamente en cosméticos) y permite reciclar aceites usados que sino, no sirven para nada y contaminan una barbaridad.

No quiero aburrir poniendo ejemplos de acciones ecologistas pero siempre me ha sorprendido la incoherencia de determinados argumentos. Una vez estuve hablando con alguien que decía que talar árboles para hacer papel era un crimen. Yo le explicaba que, en Finlandia, donde no creo que se les pueda acusar de ser salvajes con la naturaleza, los árboles para papel se cultivan de forma que se talan los del año y se repuebla la zona de cultivo para ir talando de forma rotativa. Esta persona me decía que, en cualquier caso eso era un crimen. Le pregunté si talar una lechuga era un crimen y me dijo que no porque era “para comer”. Le pregunté si arrancar las malas hierbas de un cultivo sería un crimen y me dijo que no porque eran “molestas”. Por último miré a su alrededor y en su coche y me encontré (como es lógico) decenas de objetos hechos con papel (y en general con celulosa).

Yo no estoy en desacuerdo con lo que yo llamo, para diferenciar, conservacionistas aunque podría llamarlo como quisiera. Hace poco un arquitecto me habló sobre la bioclimatización y el ahorro de energía que supone. Por mi trabajo conocí una empresa fabrica papel a partir de papel recuperado y vi como trata los vertidos para devolver agua aún más limpia de la que recoge y como aprovecha el metano de esa planta de tratamiento para fabricar electricidad. Esa gente me parece mucho más ecologístas que el tío de la pancarta. En definitiva me parece que todos deberíamos tener esta mentalidad de aprovechar los recursos naturales y, a ser posible, ahorrar energía. Es lo que se ha dado en llamar “desarrollo sostenible”.

El grupo de ayer era más de la vertiente ecologista-política con lo que el aburrimiento estaba asegurado. Ni siquiera eran ecologistas, es la típica clase de gente que normalmente se apunta a cualquier movimiento “progre” incluso aunque sean contradictorios. En mi tiempo recuerdo como convivían las chapitas pacifistas con la del “Che” que, como se sabe, era un pacifista excelso. Por cierto, que yo también eh llevado esas chapitas (yo solía llevar la de la A anarquista). En definitiva se trataba de un grupo de snobs que se ponen determinada ropa y se creen modernos. No fue hasta que alguien reprochó a otra persona que tomara carne porque “era un cadáver de animal” cuando estallé. No suelo estallar “explosivamente”. Simplemente aplico mi más odiosa razón y argumentación lógica.

- Perdona, es un delito matar a un animal para comerlo?
- Al menos un delito moral.
- Tu no comes carne?
- No
- Y huevos?
- Eso si.
- Ah, vaya, comer fetos si esta permitido. Y dime, una lechuga?
- Eso si porque no es un cadáver
- Como?, las plantas no son seres vivos?
- Yo no he dicho eso
- Arrancar una lechuga puede ser considerado matar a un ser vivo?
- Si, pero…
- Y dime, matar a un animal para obtener su piel?.. que opinas de los abrigos de pieles?
- Estoy en contra, me parece una aberración
- Llevas unas botas muy bonitas, son de plástico?
- No son de cuero
- Aja, como tus pulseras o la correa de tu reloj no?. (en caso de ser de plástico siempre se puede argumentar de donde viene el mismo).
- Si, pero las vacas se crían para matarlas
- Aja, y el cerdo de ese pincho no?
- Pues no lo sé, supongo que si.
- Oye, una cosa.. en cualquier caso tu defiendes la vida de los animales no?
- Si claro.
- Entonces, supongo que eso incluye cucarachas, gusanos, murciélagos…
- Que asco!
- Aja, y crees que matar un mosquito es menos censurable que matar un oso panda?
- Por supuesto
- Pues no se que decirte, al fin y al cabo el mosquito te pica, el oso panda solo tiene la costumbre cuando se enfada de partirte en dos. Pero dime, ¿las bacterias son seres vivos?
- Supongo, yo que se!
- Imagino que nunca te lavaras no?.. cada vez que te lavas riete tú del Holocausto nazi.
- Esos argumentos no tienen sentido.
- Dime un argumento de todos los que te he dicho que sea falso o que no se pueda demostrar.
- …
- Lo dicho, a veces la lógica es odiosa.

Acto seguido... un medio puchero y un “contigo no se puede hablar”. Joder, estoy hasta los cojones de que no se pueda discutir sin pelear. Para un ratito que me estaba divirtiendo.
 
ma, mi, me, conmigo..
Me cae bien Enrique Iglesias. No sé si canta bien o no y seguramente a mucha gente le parece mentira que un “niño pijo” como ese me caiga bien. Tampoco lo conozco pero me cae bien por un par de anécdotas. La primera me la contó alguien que la vivió de cerca trabajando en un programa de televisión. Ese programa que hacía Miguel BOsé (no recuerdo el nombre y no tengo ganas de buscarla) donde se cantaba en directo. Me contaba un conocido que cuando el estuvo en el programa hubo un problema técnico y no se podía grabar. La solución tardaría dos horas y cuando le invitaron a irse al camerino a descansar él preguntó que haría el público. La respuesta fue que ellos esperarían, al fin y al cabo es publico contratado. Sin que nadie se lo pidiese decidió hacerles un concierto para entretenerlos durante la espera. Mi conocido me dijo que de todas las “estrellas” que fueron al programa había sido el tío más normal, agradable y simpático.

La otra anécdota es la que realmente tiene que ver con lo que quiero decir en este post. En un programa de radio donde al famoso de turno le preguntaban los niños hubo uno que no le pregunto nada a Enrique Iglesias. La presentadora le dijo que porque no le preguntaba y la respuesta del niño fue, como suele ser en estos casos, una muestra de sinceridad:

- Es que a mi Enrique Iglesias me cae mal.
- Anda, y porqué? –contestó el mismo E. I. –
- Porque me pareces muy pijo
- Tu crees que soy pijo?
- Si
- Pues la verdad es que todo el mundo me lo dice así que debe ser verdad. Pero que sea pijo no quiere decir que sea malo.

Me hizo gracia, y a la vez admiré, que no intentara defenderse. Normalmente admiro cuando detecto a alguien que hace algo que yo no consigo hacer. Una de estas cosas es admitir mis defectos. En realidad, matizaré, si acepto mis defectos pero solo los que yo creo que realmente tengo. Es decir, si alguien me llamara tacaño yo me rebotaría inmediatamente porque ni por lo más mínimo me considero un tacaño.

La cuestión es que hay determinadas características (virtudes y defectos) que, por definición, son subjetivas. Porque no se es pijo, o bueno, o malo, o tacaño, o dadivoso tal cual. No se puede comprobar objetivamente. Todo depende en realidad de opiniones. Incluso algo tan objetivo como ser alto o bajo. Aún recuerdo cuando me dijeron que no tenía mucho futuro en un grupo porque era bajito. Es que ese grupo era un equipo de voleibol y claro, ahí mi 1,87 me convierte casi en enano. Hace poco recibí un correo en el que me acusaba de darle demasiada importancia al físico en las mujeres. En el post anterior leí en un comentario lo mismo. Puede incluso que fuese de la misma persona porque en los dos casos no se identificaban demasiado. En el comentario también me acusaba de “egocéntrico” y de “inteligente”. Como he dicho antes, seguramente yo debería decir lo que dijo Enrique Iglesias, algo así como “bueno, si la gente lo dice, será que es verdad…”.

También podía simplemente decir que quien es quien para, en base (o con base como se empeña en advertir word) a uno, dos o dos docenas de escritos calificar a una persona de casi cuarenta años. Pero esto es un ejercicio que, siendo terriblemente injusto, solemos hacer continuamente. La verdad es que ni una cosa ni la otra y caeré en la tentación de volver a desarrollar un defecto que si me reconozco habitualmente y que consiste en “explicarme”.

En cuanto al tema del egocentrismo. Poco que objetar excepto que en este caso el blog lo hago yo y prefiero hablar de lo mío. Podría comentar los resultados de fútbol, o hacer una especie de blog-novela. De hecho así empezó este blog. Realmente iba a ser un blog-ficción con una serie de personajes pero, para mi desgracia, no se me da bien escribir ficción. El “tío bueno” es un personaje ficticio, como ya he dicho más de una vez . Así pues, y dado que no controlo mucho la ficción he decidido que, obviamente con aditamentos y caretas para salvaguardar mi anonimato y el de los que de alguna forma se ven reflejados en el blog, normalmente hablo de lo mío. Si eso es egocentrismo, pues si, soy egocéntrico. La cuestión es me da la impresión de que con el término “egocentrismo” en realidad se refiere a un defecto que si me reconozco y del que me han acusado más de una vez: Suficiencia.

Mi suficiencia que a veces se puede calificar de “seguridad” y otras de “prepotencia” según lo benévolo que se muestre el calificador viene de un hecho que es propio de mí desde que nací. La necesidad de estar razonablemente satisfecho conmigo mismo. Digamos que por mi forma de ser, soy terriblemente autoexigente y esto hace que continuamente este discutiendo conmigo mismo y me auto imponga normas de comportamiento. Quien me conoce bien lo sabe y sabe que muchas veces me paso con estas formas de actuación. También sabe que si me defraudo en mi actuación me auto-flagelo de forma inmisericorde con lo que suelo comportarme según mis propias normas éticas (insisto, las mías). Todo esto hace que, pasado el filtro de mi propia exigencia, en la mayoría de las ocasiones, se me note un exceso de seguridad en mi mismo que deriva en la antedicha suficiencia. En resumen, me reconozco este defecto y continuamente (no en el blog, ni desde hace dos días) intento corregirlo. De hecho siempre lo pongo en el apartado de “mejorar” (porque ser que en el de “eliminar” sería una quimera) de mis deseos de nuevo año.

El segundo asunto es el de la exaltación de la importancia del físico. Pues siguiendo con el razonamiento primero de este post, seguramente lo he hecho mal y he dado esa impresión pero sinceramente no puede estar más alejado de la realidad. En primer lugar porque, como he dicho en varias ocasiones, seguramente hay pocas personas en el mundo menos fisonomistas que yo. Es decir, sería una tontería por mi parte darle importancia a determinada característica física cuando, precisamente, soy un desastre observándola. Alguna vez creo que he puesto ejemplos de esto. Si mañana me decís que os describa a alguien de mi familia o de mis amigos seguramente no podré daros ni datos tan simples como el color de ojos o del cabello. Os resultará increíble seguramente pero es así. NO digamos ya si hablamos de la forma del mentón o alguna de estas cosas en las que se fijan sobre todo las mujeres. De hecho, las descripciones que muchas veces hago en mis post son mucho más literarias o conceptuales que realistas.

Si es cierto que alguna vez he hablado de que me gustan las mujeres con curvas que es una forma elegante de decir que me gustan las tetas gordas o los culos amplios. Esto es cierto y es así (no se si es defecto o no). Suelo decir que me gustan las mujeres “excesivas” pero eso no quiere decir bajo ningún concepto que no pudiera gustarme una mujer que se correspondiera con el biotipo absolutamente contrario. De hecho siguiendo mi propio arquetipo podría decir que me gustan mujeres que para muchos amantes del físico perfecto no son, ni mucho menos las ideales. Por ejemplo me encantan las mujeres rellenitas.

Supongo que todo el mundo entiende que cuando digo que la palabra “demasiado” y “pecho” no pueden conjugarse nunca juntas no estoy haciendo de eso una cuestión filosófica. De hecho, si llevara este razonamiento al absurdo tendría que decir que me gusta cualquier mujer con las tetas gordas y eso es, insisto, absurdo y además, falso. Yo suelo decir que no tengo prototipos de mujer y es cierto, pero si algo tiene que tener una mujer para que me guste es, básicamente que me guste hablar con ella.

La razón es simple: con las personas en general y con las mujeres en particular lo que más hago es hablar. Toma ya confidencia -¿no es follar?- pues no. Debe ser la edad (espero que se note el sarcasmo) pero paso mucho más tiempo hablando que follando. Si me pregunto a mí mismo: ¿podría estar con una mujer fea, bajita y coja con la que me encantase hablar?, la respuesta es sí. Y si me preguntara ¿podría estar con una tía buenísima con la que no pudiese hablar?, la respuesta es no. En los dos casos además no es necesario imaginármelos. Se han dado y en los dos casos he actuado de forma coherente a mi forma de ser y de pensar. De hecho, como ya dije en un post, esta forma de ser me hizo tener muchos problemas con mis amigos en la adolescencia.

Pongo un ejemplo de los blogs. Hace no mucho, dando saltos de un enlace a otro di con un blog de una chica argentina. La foto de la chica es impresionante. Vaya, una belleza de cuerpo escultural. No voy a negar que sentí interés… que duró justo el tiempo que tardé en leer los tres post que aguanté. Vaya pestiño de blog. Ahí se queda la escultural mujer que, eso sí, recibía bastantes comentarios.

Además diré que incluso en la cuestión puramente física, soy poco convencional en mis gustos. Por poner un ejemplo, la mayoría de las “guapas oficiales” me dejan bastante frio. Vaya que a mi una Claudia Schiffer (que no se si se escribe así) no me pone nada.

Por otra parte esta el hecho de que yo tampoco soy nadie para exigir pero eso no es un razonamiento irrefutable. Sería tanto como decir que por ser feo no te puede gustar la belleza. Eso es una tontería. Pero el caso es que, desde luego en mi caso, la belleza de una mujer o de un hombre radica mucho más en su conjunto. Afortunadamente para mi, y afortunadamente para casi todos. creo que esto es, además, bastante común. Sobre todo en gente con experiencia (o sea que no sean hormonas con patas). La ventaja que tiene pensar así es que si alguien te rechaza por que eres feo, bajo, paticorto o cualquier otra característica física sueles pensar que, realmente, esa persona no merece mucho la pena y además es un poco simple.

A veces cuando escribo hablo de características físicas porque es más fácil expresarlas. Hace poco hable de Silvia y comenté su belleza a lo “Angela Molina”. Efectivamente se parecía pero yo estaba absolutamente enamorado de ella no de sus labios o de sus tetas. Después hable de las condiciones necesarias y suficientes y ahí hablaba de una mujer que conocí y que, seguramente, siendo para mi gusto bella, no se trataba de la mujer más sexy del mundo. Lo que la hacía sexy es simplemente la conversación que mantuvimos. Y es que es al revés, cuando me enamoro de una mujer, o incluso cuando me gusta su forma de ser, de pronto la veo más guapa, sexy y apetecible. Si os hablo de Ella os hablaré de la mujer más sexy del mundo y seguramente si la vierais diríais que no era para tanto. Me da igual, para mí si lo es.

Lo que si me suele pasar, y eso ya lo comenté en un post (el burlador burlado) es que normalmente una sonrisa de mujer o un escote me hace mucho más “amable”. Pero no es necesario ni mucho menos que sea la sonrisa ni el escote de Angelina Jolie. Es simplemente que me comporto como un hombre y que, además, las mujeres siempre me han gustado más que los hombres (no solo físicamente) aunque hace tiempo renuncié a entenderlas.

Y dicho lo dicho, si alguien sigue pensando que sobrevaloro el tema del físico, tendré que volver a revisármelo y apuntarlo entre mis defectos reconocidos y publicados.


 
Business
La sala de espera era impresionante, caoba, sillones de piel, chimenea de raíz, etc.. En estas estaba yo cuando llego la secretaria nos trajo el café en una vajilla de fina porcelana. Cuando cogí la taza me dio por mirar los tobillos de la secretaria y poco a poco fui subiendo. No había llegado a las rodillas y el café ya estaba frío. Por Dios que piernas más largas.

Estaba en una capital europea, y me disponía a hacer una presentación a unos señores muy importantes. Por un lado, conmigo, Helmunt, el Account Manager, Sylvia una chica que siempre sonreía y que era Principal Manager en aquel país, Juan que era Principal Manager en España y yo. Con lo que me hubiese gustado tener un titulo largo en inglés y me habían dado una mierda de título hindú. Yo era, el Gurú.

De pronto aparecieron dos tíos que parecían guardaespaldas prejubilados. En realidad eran altos cargos de la corporación. Nos saludaron y nos pidieron amablemente (era curioso ver a esos tíos sonreir, parecía que se les iba a desencajar algún músculo) que les acompañáramos a la sala de juntas. En dicha sala nos esperaba el Consejero Delegado y un maromo con falda. El “maromo” en cuestión era una traductora según parece y creo que esta mañana no se había afeitado.

Si la sala de espera era una orgía de materiales nobles, la sala de juntas era ya una sodoma y gomorra de la decoración rococó. Paredes de madera, cuadros renacentistas (y “pami” que no eran de la galería del coleccionista, aunque yo de esto no tengo estudios ninguno), relojes de bronce demasiado recargados incluso para el gusto de mi madre, lámparas con pies de marfil, sillones de piel y madera repujada y labrada y todo ello, contrastando con un espectacular sistema audiovisual. Como elementos curiosos, un inhibidor de frecuencias para evitar, según me dijeron, posibles activaciones remotas de bombas y a la vez grabaciones de micrófonos inalámbricos. Yo no iba a hablar de nada demasiado secreto (bueno, confidencial al menos si), ni creo que fuesen a ponerme una bomba pero si el objetivo de la escenografía es, como en muchas ocasiones ocurre, impresionar, a fe mía que lo habían conseguido.

Afortunadamente se había decidido disponer de una traductora de Aleman a Español porque si mi inglés es penoso, mi alemán es simplemente inexistente. Helmunt y Sylvia por supuesto sabían Aleman, Inglés, Frances, Español y probablemente Suagili de valle del Ukko. En las empresas de este tipo hay dos cosas que tienes que dominar: el powerpoint y los idiomas. Juan, que es de la margen derecha del Ebro de toda la vida, se defendía en Inglés pero se alegró tanto como yo de que hubiera traductora.

Mientras Helmunt hacía su speech de presentación en un correctísimo alemán (nadie diría que el tío era del mismito Hannover) a mi me dio por observar a los demás en la mesa. La verdad es que me dio rabia. Uno no puede luchar en estos casos contra los profesionales del arte de aparentar, pero si es cierto que si me no me hubiese levantado con la hora justita para ir al aeropuerto podría haber estado al nivel.

Allí estábamos todos, cada uno con su portátil y su maletín. Todos perfectos.. Louis Vuiton, Gucci, Loewe y dando un poco la nota Juan con su Samsonite y yo, marcandome un do sostenido con mi maletín de la afamada marca Targus. Yo llevaba mi mejor traje pero allí parecía que iba de la boutique de carrefour. El consejero delegado era un tío alto y gordo, muy gordo y llevaba un traje que le quedaba perfecto. Imagino que hecho de encargo. Otro detalle… joder, parecería que aquella reunión la había patrocinado Montblanc. En todos los casos, sobre la mesa, al lado de una agenda de piel una Montblanc y yo con mi boli bic con el capuchón mordido. Yo también tengo mi Montblanc pero, como siempre, se me había olvidado encima del piano.Pasada la ronda de los bolígrafos, continúo la de corbatas y una vez más me sentí en clara desventaja.

Helmunt seguía con su historia y de vez en cuando miraba a Sylvia y ella volvía a sonreír. Joder, que tía más feliz -pensaba yo- se ríe por todo. Como la cosa seguía y Helmunt se estaba gustando me dediqué a otra ronda observativa-comparativa, pero esta vez a algo que me encanta: los relojes. Señores, aquí hay que morir. Es cierto que no iban mal pertrechados e incluso el gordo (perdón, el excelentísimo consejero delegado) llevaba un Hublot bastante aparente. Uno de los alemanes y Juan el típico Rolex. Helmunt un cronometro de unos veinte centímetros de diámetro (creo que mi reloj de cocina es más pequeño) y no recuerdo los demás. Pero allí yo iba con poderío.. en mi muñeca mi última adquisición: Un precioso Vacheron Constantin. Una obra de arte con maquinaria automática. Una pasada de reloj. Y más que bonito, precioso. Insisto en que no soy muy observador para estas cosas pero tengo debilidad por los relojes y si suelo fijarme en eso (no me preguntéis por el color de ojos de nadie ni por el peinado o siquiera si eran calvos, de eso no recuerdo nada).

Mientras me fijo en el reloj veo que Juan, sentado a mi lado me observa y me dice susurrando..

- ¿Es ese?

Yo sonrio y asiento.

En estas estaba yo cuando Helmunt dijo en alemán algo que terminaba en Guru TitoBeno y me señaló. Ea… tito.. al toro. Saqué mi portátil, lo conecté a la pantalla de plasma de tropecientas pulgadas y le dije a la traductora de bigote

- “goto look”… ah no joder, que es en español… “amo a ve”

Yo hablaba sobre el powerpoint en inglés y la traductora iba explicándole al gordo y los dos secuaces todo. Hacer una presentación a gente de este tipo, cuando se basa en algo que conoces tiene su punto. Primero empiezas un poco dubitativo pero después te vas gustando. Yo, por supuesto, introduje todos los términos en Inglés que se “nos” suponen a los consultores estratégicos, el “Revenu Leakage”, el ARPU (Average Revenu Per User), la "killer application", las singergias, el know-how, la gestión de colas FIFO (Firs In First Out) o LIFO (Last In First Out). Pero también metí novedosos conceptos. Tan novedosos como que me los inventaba sobre la marcha. Esto es una licencia que me permitía a veces. Esta gente jamás te va a admitir que no tiene ni idea de que estas hablando y piensan que, si no saben de que va es que debe ser la hostia. Así pues si meto un par de cosas de mi cosecha lo único que piensan es.. joder, tengo que actualizarme!. Así que metí cosas como la normalización de segundo nivel, la conciliación cruzada, etc..

La traductora no me preguntó en ningún momento una sola palabra. Me estaba dejando alucinado aunque la verdad es que yo no la había oído hablar en español excepto al saludarnos. En un momento dado dije… “bueno, conocemos todos el comportamiento social de las terminas australianas no?” a lo que todos asintieron con la cabeza. Nunca me acordé de mirar si existen estas termitas (en cuanto terminé de escribir lo miro). Cuando finalicé, estuve a punto de decir “pon sacabo” pero me contuve. Como siempre terminé con una diapositiva donde se ve a un bebe con el dedo en la mano como alucinando con algo. Es la diapositiva ideal para “any questions?”. Suele arrancar una sonrisa pero allí no se movió un labio. Yo estaba descolocado. Tuve que decir. Bueno, he terminado.

El gordo me miro y me dijo una cosa en alemán. No se que me dijo pero, cuando ya estaba a punto de decirle “esto no me lo dices a mi en la calle", la traductora me dijo.. Mr. Gordo quiere agradecerle su presentación. La considera “fraschinante”. Yo miré a Juan que estaba a mi lado..

- Cucha.. fraschinante es bueno no?
- Pami que si

El gordo volvió a hablar y la traductora nos interpeló. El sr. Gordo (también soy malo para los nombres) dice, en definitiva, que la idea es instructiva e interesante y desea hacer una pregunta. ¿Cómo se les ocurrió una técnica tan heterodoxa para solucionar este problema?. Joder, el gordo sabía de que estaba hablando. Yo ya estaba con el capote para ofrecer al respetable una porta gayola memorable cuando Helmunt decidió hacer un quite. El Account Manager toma la palabra en alemán. En medio de la frase consigo entender “European Knowledge Centre” (Centro de conocimiento, o centro de investigación) y de pronto casi me da la risa. El cabrón de Helmunt ha utilizado un término que yo utilizo en broma y del que le hablé hará una hora, tomando café en el aeropuerto. Hago un flashback a tres semanas antes.

Diez de la noche. Estoy en lo que yo llamo el “Knowledge Centre” de mi casa. Maderas y materiales nobles los justitos. En el sofá, con mi plato de embutido al lado y mi sopinstant calentito en la mano. Mi atuendo, el adecuado a la ocasión: calcetines de lana gordos de estar por casa, calzoncillos largos y camiseta “Cancún top line”. Calefacción a tope. Vaya mierda, en los canales de documentales se han confabulado para poner sólo historias de animales. No hay un mísero documental de historia, biografía, coches o ciencia que echarse al ojo. Me aburro así que decido hacer algo que me divierte. Me formulo un problema y pienso en soluciones. Para hoy me va bien un problema que me comentó Juan hace poco. Un cliente suyo necesitaba unas cosas y no encuentran productos adecuados. Pillo un cuaderno de cuadros y un boli. Vaya, hoy estreno un bic.. todavía no esta mordido el capuchón. Comienzo a morderlo y a pensar. En realidad el cuaderno es un soporte para pintar cuadrados y círculos que no tienen mucho sentido. Como hacerlo… como hacerlo… Me dan las dos de la mañana y me acuesto.

Al día siguiente nada más llegar a la oficina llamo a Juan:

- Buenas, te acuerdas lo que me contaste de los alemanes?
- Si
- Creo que se como hacerlo
- Anda ya
- En serio.. te acuerdas de aquello de… pues algo similar pero al revés.
- Joder.. y funcionaría
- Si
- Coño pues están como locos. Lo harías?
- Vamos a ver, yo hago el desarrollo y el powerpoint para presentarlo y, si sale, apoyo a quien lo lleve pero yo estoy ocupado
- Vale, llamo a Helmunt
- Llámale pero dile que por hacer lo que te he dicho quiero tanto por adelantado
- Por adelantado?. No jodas.. tanto?. Pero antes de que el cliente lo acepté?
- Si. Yo le explico todo a Helmunt si quiere, y si no le interesa nada pero si me pongo a desarrollarlo me pagan eso. Yo no trabajo por nada. Si el cliente no le compra la idea que lo apunte como gastos de prospecto.
- Y si me dice que no?
- Es lo que hay.. tanto o nada. Es mu triste tener que pedir pero es que lo necesito
- Bueno, pero una condición.. lo presentas tú.
- En español
- Vale. Llamo a Helmunt y a ver que dice.. pero una cosa.. por curiosidad.. porque necesitas tanto?
- Un gasto que voy a hacer
- Vas a cambiar de coche?
- No, un reloj. Un Vacheron Constantin.


Cerebro por belleza. Un trueque que siempre me ha gustado y algunas veces funciona.



PD: Any Questions?

 
No es imprescindible
Una mujer no tiene que tener media melena negra para ser deseable. Tampoco es necesario que tenga dos grandes ojos verdes, ni siquiera es indispensable que las curvas de sus anchas caderas hagan que se adivine lo que hay debajo de esa falda, aun siendo amplia, mientras camina.

El hecho de que los labios gruesos prometan besos jugosos no es una condición “sine qua non” para que resulte arrebatadora. Incluso podría ser tremendamente sexy si sus pechos no bailaran al compás de de su sonrisa y directamente se desmadraran cuando la risa hace acto de aparición.

Tampoco es preciso que sus manos prometan casi tanto placer como su boca, que el ruido de sus zapatos de tacón fino mientras recorre un pasillo delante de ti te recuerde el toque a arrebato ni que su conversación te excite tanto por lo que te dice como por como te lo dice.

Nada de lo anterior es imprescindible. Nada estrictamente necesario.

Pero desde luego, parecen condiciones suficientes.


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La traición
A veces oigo, y últimamente leo continuamente en los blogs comentarios sobre los jefes y sobre una especie de “monstruos” llamados empresarios. No hace mucho leí que hubo una encuesta en Cataluña sobre la percepción que tenían los chavales de diez años de los empresarios. El resultado era poco alentador para ellos. Los empresarios eran “gente con mucho dinero que explotan a los trabajadores”. La cosa tiene su gracia sobre todo para los que creemos que la salud de la economía de un país tiene mucho que ver con la cantidad de empresarios que hay. Si esa es la percepción que se tiene no creo que a los chavales le entren mucha gracia de emprender.

Por otra parte, siempre me ha llamado la atención que la gente cuando piense en empresarios piense en grandes magnates que, en la mayoría de las ocasiones, en realidad no son empresarios. La inmensa mayoría de empresarios son individuos o pequeños negocios con uno o dos empleados. Vaya, que el modelo de empresario típico es mucho más el panadero de la esquina que el señor Botín o Florentino Pérez.

Sobre el tema de la explotación de los trabajadores por parte de los empresarios yo ya he renunciado a hablar. Por cada caso de esos conozco varios casos de abusos de los trabajadores pero es que además hablar de esto siempre me ha traído problemas. Cuando trabajaba por cuenta ajena me decían que parecía tonto por “defender” a los empresarios, cuando entré como socio en una empresa me acusan de defender a los míos o simplemente “claro, tu que vas a decir”.

En definitiva yo creo que hay gente con ética y sin ella sean empresarios o empleados. A mi por ejemplo me jode la gente que dice: “claro, ahora trabajaras más duro porque como la empresa es tuya…”. Yo siempre he trabajado como “si la empresa fuese mía”. Porque el trabajo si que era mío y me gustaba hacerlo bien.

En fin, que cada uno tiene su opinión pero yo hoy he recibido una noticia que me ha hecho pensar en cuanto a la naturaleza de las personas. Hace un tiempo yo me fui de una multinacional. A los seis meses echaron a una persona que yo conocía. Esta persona tenía un problema derivado de que, aunque tenía siete años de experiencia lo cierto es que era una experiencia poco valorada en un mercado que no estaba muy bien después del boom de la tecnología. Este tío no es un crió, ya en la mitad de sus treinta y recién casado se quedaba con su paro y poco más. Yo decidí, por primera vez desde que tenía mi empresa y en contra de mis propias reglas, contratarlo y que entrara prácticamente a aprender. Se puso en ese momento a petición mía a cobrar exactamente lo mismo que los que más cobraban en el departamento. Obviamente, durante bastante tiempo no fue productivo. Yo esperaba que él aportará también un moco de madurez a un departamento formado por gente muy joven y, en la mayoría de los casos, recién salidos de la universidad.

Así pues, ha estado un año y medio formándose y obteniendo los mismos salarios que las personas que más cobraban en el departamento aunque, insisto, realmente su experiencia se puede resumir en lo que ha aprendido en mi empresa. Hace tres unos meses me sorprendió porque me preguntó por su futuro en la empresa y pidió ganar bastante más que sus compañeros porque el tenía más experiencia. Le expliqué que en realidad era al revés y que sería una falta de respeto para sus compañeros subirle a él. De hecho casi me lo parecía que cobrara lo mismo. Me dijo que entonces buscaría algo. Yo le dije que podía entender que quisiera más dinero. En estos meses incluso me ha pedido varias veces la mañana para ir a entrevistas de trabajo.

Por fin hace mes y medio, me dijo que había encontrado otra cosa y le felicité y nos despedimos con un apretón de manos. Dos días después me dijo que le habían engañado y que anulaba la carta de despido y se lo acepté. Por fin, al poco tiempo me volvió a decir esta vez si se iba. Volví a felicitarlo y despedirlo de la misma forma. Incluso le dije que tenía las puertas de la empresa abiertas por si le salía mal la aventura.

Hoy me han dicho dos personas clave del departamento que se van. A la vez. Los dos tienen conocimientos similares y estratégicos. A los dos se los lleva este tío. Él sabe perfectamente que me hace mucho daño desde un punto de vista empresarial porque son dos personas claves. Aún si se fuera una no sería grave pero los dos a la vez sí.

El hecho es que me hace polvo una persona a la que le di una oportunidad cuando no la tenía, al que formé y di un sueldo que no merecía por su experiencia y formación y a la que traté de forma extraordinaria. Y se me van dos de las personas por cuyo respeto decidí no acceder a las demandas de este tío.

Lo más gracioso es como me entero yo de todo esto. Resulta que un amigo mío que me debe varios favores es el director técnico de esta empresa y me comentó no hace mucho que había contratado al primero. Hoy lo llamo y me dice que, efectivamente, va a contratar a dos personas más a petición de este pero que no sabía que era de mi empresa. Me pregunta si quiero que les retire la oferta. Llevo todo el día pensándolo y al final voy a hacer caso a la teoría que expliqué aquí no hace mucho que defendía mi padre. Para que gastar tiempo y esfuerzo en hacer daño. De todas formas yo no voy a reintegrar a estas personas. No creo que estas dos personas merezcan demasiado la pena como para hacerlo. Buscaré a gente y los sustituiré. Nadie es imprescindible.

Si yo mañana echo a dos personas a la calle alguien diría que soy un destrozador de familias. Pero no creo que nadie critique lo que han hecho estos tíos ni el que se fue el primero. Al fin y al cabo ya se sabe que en esto de los trabajos no hay sentimientos.

No obstante, quería explicaros una de las muchísimas situaciones que se viven desde el “otro lado”. Desde el lado del empresario. Para ilustrar que los buenos no son unos ni otros. Simplemente hay buenas personas y malas personas. Situaciones como estas me tocó vivirlas de cerca cuando mi padre fue empresario y ahora en mis propias carnes y, lamentablemente, son muy comunes. Sé que también habrá muchísimos casos en que el que se comprota mal sea el empresario. Hay personas que se comportan con ética y otras que no. Y sobre todo, hay personas agradecidas y otras que no lo son tanto.

Yo, hoy, más que engañado, me siento traicionado
 
La tercera ley de Newton
Si yo pensara en la situación más dura que he pasado en mi vida, la que más dolor me produjo, probablemente sea la siguiente: Estábamos en la cama después de haber disfrutado una buena ración de sexo de esas con un número significativo de polvos. A ello contribuía notablemente el hecho de que yo tuviera diecinueve años y ella veinticuatro y, además de ponerme como una moto, estuviera enamorado como lo que era (un adolescente, tardío, pero adolescente al fin). Ella era la hermana de un amigo mío. Más que amigo mío era muy buen amigo de mis amigos íntimos.

La primera vez que la vi, en una ciudad cercana a la mía, en una noche de fin de año, solo con verla me excité. Un aire a lo “Ángela Molina” de sus buenos tiempos que me ponía cardiaco. Esa noche, jugo conmigo, acercándose, sentándose en mis rodillas y poniendo (luego supe que deliberadamente) sus pechos increíbles muy cerquita de mi boca. Si con diecisiete o dieciocho años solo oír la palabra teta te empalmas, suponed con unas increíbles tan cerca.

Ella, la llamaré Silvia, aunque obviamente no es su nombre, era mayor que yo en cuanto a edad, pero mucho más en cuanto a mentalidad. Yo siempre he estado con gente mayor que yo y siempre he considerado más maduro que la gente de mi edad pero este caso era especial. Ella era la hermana mayor de una familia numerosa compuesta por once hermanos. No era la mayor, sino la mujer mayor. El resultado es que ella, aparte de hermana mayor era un poco madre sustituta. Por eso, cuando varios hermanos se fueron a estudiar a mi ciudad, ella decidió pedir el traslado en su trabajo como funcionaria para cuidarlos (a pesar de que, como he dicho, alguno era incluso mayor que ella). Aparte de su trabajo como funcionaria ella hacía la carrera de económicas. Era un mujer muy responsable y, en cierta forma, demasiado mayor para sus veinticuatro.

Desde que vino a mi ciudad, y como quedábamos en su casa para recoger a su hermano, solía jugar conmigo. Yo me daba cuenta y simplemente pensaba que disfrutaba poniéndome nervioso. Yo trabajaba poniendo discos en un sitio de copas y un día llegó a última hora preguntando por su hermano. Esa vez se acabaron los juegos. Fuimos a tomar la última y acabamos haciendo auténticos juegos malabares en mi 2CV (muchos datos estoy dando ya…).

Ese día dio paso a una relación clandestina que se extendió unos meses y en la que, de forma un tanto estúpida, en vez de esconderme de sus padres me tuve que esconder de sus hermanos. Ella, casi desde el principio, puso objeciones. Yo era un crío, un proyecto de hombre y por aquella época un proyecto incierto. Algún día hablaré de eso pero desde luego por aquel entonces nadie podría asegurar, ni casi adivinar, mi carrera profesional. Aparte de eso ella era una mujer “mayor” (joder, con veinticuatro añitos..) con responsabilidades y yo un “niñato” estudiando una carrera a la que nunca iba, trabajando poniendo música para gastármelo en copas.

Nuestras citas siempre eran parecidas. Comenzaban por un “tenemos que dejarlo” por su parte y continuaban con muchísimo amor expresado en forma de paseo, en forma de conversación, de salida de compras o de polvos repetidos. Para el final volvía al “tenemos que dejarlo”.

El día al que me refiero había sido estupendo. Mi hermana me había dejado su piso y habíamos tenido una noche extraordinaria. Primero una cena íntima con todo lo que nos gustaba y después todo lo que nos gustaba. Cuando estábamos en el cigarro de "después de", me mira y me dice:

- Sabes que siempre te digo que no me digas que me quieres.
- Si
- Y que yo te dije que no te lo iba a decir por que lo nuestro es imposible
- Aja
- Bien, pues quiero decirte dos cosas: primero, que te quiero como no he querido a nadie. Dos, que me caso en tres meses y esta va a ser la última vez que nos vemos.

La explicación, que casi tuve que investigarla por mi cuenta es que, un amigo de su hermano mayor se había quedado prendado de ella. Hasta tal punto que, después de salir varias veces, casi en grupo, un día le propuso casarse con él. Al principio, a ella le pareció una locura pero después resultó que el amigo en cuestión se le presentó como un “proyecto sólido de futuro”. Era chileno, economista y de una familia muy buena con no se que título. En su casa era “el conde”.

Yo me tuve que tragar toda esta historia y, encima, no contar nada a mis amigos porque era un secreto y había jurado silencio. Además, uno de mis amigos era su hermano y los otros muy amigos de éste.

Creo que contado así se puede ver todo muy materialista pero no era eso. En realidad lo que ella buscaba era un proyecto definido, no dinero o posición, sino simplemente un futuro estable para (y esto era requisito innegociable para ella) tener muchos hijos. Yo, era evidente entonces, no era precisamente un “proyecto sólido” sino más bien todo lo contrario. Un chaval sin mucho oficio ni beneficio.

El dolor de aquella noche me duró meses (probablemente años) y de hecho, visto con perspectiva, fue uno de los golpes que en mi vida me hizo replantearme muchas cosas. Creo que fue el punto y final de mi adolescencia y el comienzo de mi época adulta. Por poner un ejemplo, deje de dar bandazos y me centré en el tema de mis estudios. Así pues, algunas consecuencias fueron incluso positivas, aunque el dolor que sentí es muy difícil de explicar.

De Silvia nunca supe nada más porque además no quise saberlo. Descubrí un par de años después que nuestro secreto era todo menos secreto y mis amigos se encargaban de no nombrarla jamás. Muchos años después, ya por fin olvidada, un amigo me contó una historia bastante triste. Silvia tuvo un hijo, pero fue lo poco que se cumplió de su sueño. El conde, no solo no era conde, ni tampoco economista sino que además era un vividor que se gastaba en alcohol lo que ella ganaba como funcionaria. El hermano de Silvia le ayudo y le dio un empleo de aparcacoches donde él trabajaba como encargado. Incluso aguantó cuando se dio un golpe aparcando y dio positivo en el control de alcoholemia pero la cosa cambió cuando descubrió lo que su hermana trató de ocultar siempre: las palizas que recibía de “el conde” casi desde el día siguiente a su boda.

Después, recibí noticias con cuenta gotas de ellas en reuniones con amigos (bodas, fiestas, etc..). Todas las noticias eran malas. Se fue de ciudad con el tío en cuestión, se peleo con todos sus hermanos hasta que, harta de palizas, se separó y cayó en una profunda depresión. La verdad es que siempre lo sentí. No encontraba ningún consuelo en que se equivocara. Un día, uno de estos amigos, del que ya hablé en otro post, Chimo, me dijo un poco sin venir a cuento:

- Sabes, a veces me acuerdo de Silvia y de ti. Fíjate lo que tu eres y fíjate la vida que ha conseguido ella. Si no te hubiese dejado por “el conde”....
- ¿Pero tu sabías eso? (me quede alucinado).
- Lo sabíamos todos tito, pero no dijimos nada para no hacerte daño
- ¿Lo sabíais desde que pasó?
- No, sabíamos que os enrollabais, erais muy descarados (y yo pensaba que era un genio disimulando) pero del tema este nos enteramos no hace muchos años. Cuando Silvia dejó al conde.
- ¿Cómo os enterasteis?
- Ella se lo dijo a su hermano. Le dijo que le hizo caso a la cabeza en vez de al corazón y que al final se ha demostrado que, o la cabeza falló o que el corazón tenía razón.
- ¿En serio dijo eso?, ¿y qué es de su vida ahora?.
- Mejor no te cuento, tiene a toda la familia preocupada. Depresiones, alcohol, novios impresentables…decadencia en definitiva.

Porque me acuerdo de todo esto hoy. Pues por que hoy la he visto. Fui a recoger a un par de amigos que venían en el AVE y salían de vacaciones para sudamerica y, ante mi sorpresa, allí estaban ella y su hermano. Fue una pura casualidad porque ellos venían en el mismo AVE. Ella estaba fatal, muy ajada. Es cierto que si no me fallan las cuentas tiene que tener cuarenta y tres años pero, desde luego, conozco muchas personas de su edad mucho mejor conservadas. No queda apenas nada de aquella belleza arrebatadora y lo que es peor, en su forma de hablar se nota hastío. Ella hablaba rápido, de forma vivaz y hoy hablaba como si en vez de en tren hubiese venido andando.

Por razones obvias, mis amigos y su hermano nos han dejado solos tomando un café. No le pregunté por nada de su vida. Ella si me preguntó por todo y yo no hice sino mentir.

- Hablan de que te fue la vida muy bien.
- Normal.
- Terminaste la carrera, quien lo iba a decir
- Bueno, ya sabes… me refugié en los estudios.
- Aja.. y según mi hermano te ha ido de lujo en el tema profesional.
- Tu hermano exagera, tengo un trabajillo normal. Ya sabes como es Chimo, seguro que le ha contado a tu hermano cualquier barbaridad.
- Y en el amor, te casaste, niños?
- No
- Al menos conocerías al amor de tu vida. Tienes novia?
- Pues no, un desastre pero ya sabes que soy muy raro y nadie me comprende.
- Te han contado algo sobre mi vida?
- No, imagino que todo bien
- Veras tito…
- Silvia… ahora te veo muy bien, dejémoslo ahí.
- Gracias
- De nada.

Al salir me pregunta que si caben en mi coche pero les digo que no he traído coche porque es viejo y se ha roto. Se van en taxi. La mujer de mi amigo me pregunta...

- Tu coche viejo?, pero si el verano pasado era nuevecito

Mi amigo interviene

- No quieres que vea que te va bien ¿no?. Venga, donde tienes el coche que llegamos tarde al aeropuerto.

Joder, este Chimo cada día me sorprende más.

Para rematar, mientras vamos al aeropuerto me dan la última noticia demoledora. Parece ser que Silvia viene a Madrid a una clínica especializada en el tratamiento de la adicción a la cocaína.


PD: No se porqué pero me acuerdo de la tercera ley de Newton que dice que si un objeto ejerce fuerza sobre otro, el segundo ejerce la misma fuerza hacia el primero, una fuerza igual pero en sentido contrario. Me da por recordar lo que muchas veces he pensado y es que el mazazo de aquella noche me hizo centrarme y salir a flote en un momento un tanto dubitativo en mi vida y no puedo dejar de pensar de que ella a partir de entonces no ha hecho sino hundirse.
 
Desmitifiquemos la vía láctea
Alguna vez me han dicho, y seguramente con cierta razón, que puede que el hecho de que una relación tenga un final trágico o inesperado haga que se mitifique (y también mistifique) dicha relación o a la persona en cuestión. Pasa con todo. Seguramente Marilyn no sería el mito que es ahora si estuviera con sus arrugas entre nosotros. Lo mismo Jhon Lennon, o, seguramente el más evidente, James Dean.

En fin, aquí no hablo de actores ni cantantes famosos. Aquí hablo de Ella. Alguien me dijo hace poco que debía desmitificarla. Así que pensé como hacerlo. Y se me ocurrió pensar en sus defectos. Mi idea no es “hundir en la miseria” su recuerdo porque, aparte de imposible, yo creo que los defectos de las personas son, en gran medida los que marcan su personalidad. Mi idea es simplemente tomar conciencia (o consciencia ) de que era un persona normal.

Y bien, aquí diré uno de sus defectos. Uno de los más inconfesables seguramente: Ella decía “almóndiga”. Dios santo, aun recuerdo el día que lo descubrí. No daba crédito a mis oídos cuando le oí repetirlo. Yo pensaba que sería una broma como cuando yo digo “me se ocurre de que no”. Pero no, no era broma, era la dura realidad.

Afortunadamente, en el proceso de conocimiento, seducción, enamoramiento, etc.. la palabra “albóndiga” no tiene mucho espacio porque, y lo digo totalmente en serio, si yo conozco a un mujer y en la primera charla le oigo “almóndiga” ya puede ser divina de la muerte que ahí se queda.

Además, nunca dejó de decirlo. Bueno, para ser sinceros, decía “almon…. albóndigas”. Normalmente, mientras me miraba a mis ojos de espanto, corregía inmediatamente. Según me comentó, no podía evitarlo porque desde pequeña se lo había oído a su madre. Eso podría ser una excusa pero también le había oído a su madre desde pequeña que no debía despilfarrar el dinero y parece que eso no cuajo tanto. Cada vez que íbamos a una comida con gente yo le decía. “…Y sobre todo, no pidas albóndigas”.

Así que dicho queda. La perfección hecha mujer no lo era tanto, tenía decenas de defectos, como yo, como todos. Y uno de ellos era tan increíble como decir “almondigas”. También decía taxis (en vez de taxi, muy habitual en barrios de Madrid) y aunque me irritaba profundamente no llegaba al punto de desesperación de lo anterior.

Así pues, queda oficialmente desmitificada. Y ahora, si me lo permitís, continuaré echándola de menos.



PD: Debo reconocer mi inspiración para este post en el poema “desmitifiquemos la vía láctea” de Benedetti. De ahí el título.

 
De tal palo...
Mi padre no es una persona de muchas palabras. Yo creo que no discuto con mi padre desde hace más de veinte años pero lo cierto es que tampoco se puede decir que hable a menudo con él. Cuando llamo por teléfono a casa si es él el que lo coge enseguida me pasa con mi madre.

Aparte de esto, yo quiero mucho a mi padre pero tampoco se puede decir que sea mi modelo. Creo que, en muchas cosas, es manifiestamente mejorable. Sin embargo hay algunos consejos que siempre recuerdo y que, la mayoría de las veces tiene que ver con su vertiente profesional ya que el fue empresario durante mucho tiempo.

Uno de ellos, tal vez el principal, es que debes conseguir que tu apretón de manos valga más que cualquier firma. Para eso hay que ganarse la credibilidad y la fiabilidad. El problema de la credibilidad es que se tarda una vida en ganarla y un segundo en perderla.

Hay muy pocas personas en el mundo que puedan decir de mi que traicioné su confianza o directamente les engañé y en todos esos casos hay circunstancias atenuantes. No obstante, con ninguna de esas personas estoy cómodo ni jamás lo volveré a estar. De alguna forma, con esas personas, he perdido esa especie de seguridad que siempre tengo con cualquiera con el que trato. Yo mismo sé que jamás podré convencerles que soy de fiar al cien por cien aunque sinceramente creo que si lo soy.

Otro consejo que suelo recordar a menudo es el procedimiento para pedir un favor sea cual sea el mismo. El procedimiento tiene tres pasos obvios pero que a menudo no se tienen en cuenta.

1. Hay que tener claro que la otra persona PUEDE hacerte el favor.
2. Hay que tener claro que la persona QUERRÁ hacerte el favor.
3. Hay que tener claro que el hecho de hacerte el favor no pondrá a la otra persona en una situación incomoda o delicada incluso aunque pueda y quiera hacértelo.

El practicar este procedimiento hace que la mayoría de las ocasiones no pida favores a nadie y tiene, como efecto colateral, que no tengo muchas deudas pendientes.

También me dijo que jamás deberías hacer daño a alguien de forma innecesaria entendiendo por innecesaria toda aquella situación en la que el daño no sea absolutamente necesario. Lo curioso de todo esto es la vertiente pragmática del consejo. No se trata de no hacer daño para ser bueno "per se" sino por no gastar tiempo y esfuerzo en cosas inútiles. "No sabes la cantidad de tiempo que se pierde intentando hacer daño".

Por último, una vez me dijo: Se puede ser un genio y antipático, o ser mediocre y simpático. Lo que no se puede ser nunca es ser mediocre y antipático. Así que, si en algo crees que no eres muy bueno, al menos se amable con todos.

Mi padre no es muy hablador y seguramente no es un genio pero estos consejos los practicó (y sigue practicando) siempre en su vida. Tal vez por eso jamás he conocido a nadie que hablase mal de él.

De hecho, hablando de mi padre a veces recuerdo una anécdota de Mark Twain que dijo "Con diecisiete años la estupidez de mi padre me causaba nauseas. Cuando cumplí ventiuno me dije... joder lo que ha aprendido el viejo en cuatro años".

Hace unas semanas dió la casualidad de que conocí a un proveedor que hizo negocios con mi padre a pesar de que mi empresa y la de mi padre no tienen nada que ver. Les pedimos unas mercancías y las recibimos la semana pasada. Hace un par de días me comentó un socio que, cuando se cerró el pedido y hablamos de forma de pagos y garantías (cosa habitual con nuevos clientes y proveedores), y a pesar de que se trataba de un montante sustancial el tío dijo: No hace falta. A poco que tu socio sea como su padre no necesito ninguna garantía, sólo su palabra.

Este es un post que habla de cariño y respeto y de lo injusto que es que recuerde y escriba esto ahora. Justo cuando me avisan que no esta muy bien.
 
El burlador burlado
De cómo un hombre se aprovechó de que todos los hombres somos iguales y de cómo, efectivamente, todos somos iguales.

Debo citar a morandis y su post explicando de manera bastante jocosa lo que le ocurrió con un cohe que no arrancaba. No sé porqué pero pensé inmediatamente en que si hubiese pedido ayuda a un hombre con una simple sonrisa se hubiese ahorrado mucho trabajo. En fin, que los hombres somos simples y predecibles a veces sí, y a veces también.

Un día en Madrid me pasó algo curioso. Iba caminando por una calle (raro en mi eso de caminar pero es que venía del parking) y de pronto un siseo..

- pstttt, psttttt

Normalmente no me gusta demasiado eso de sisear ni que me siseen pero cuando me vuelvo una señora (o señorita) de muy buen ver me está llamando. Yo tenía prisa pero no puedo rechazar esa invitación.

- Hola
- Hola, sabes conducir?
- Pues si
- Es que verás, tengo que meter el coche en el parking de casa pero es que es muy difícil y yo soy muy torpe. ¿Me harías el favor de meter el coche?.

Me quede un poco alucinado pero ahí había un coche con la puerta abierta, un parking y una señorita, insisto, de muy buen ver con la llave en la mano y sonriéndome. Nos montamos en el coche y he de decir que entiendo la dificultad de la chica porque creo que tardé diez minutos en conseguir aparcar en aquel parking tortuoso. Subimos en el ascensor, me dio muy amablemente las gracias y salí a la calle.

Al terminar iba yo pensando. ¿Qué habría pasado si en vez de una señorita con unas piernas preciosas hubiese sido un tío gordo con barba?. Quiero pensar que hubiese hecho lo mismo pero no lo puedo asegurar. En definitiva con esta manía que ya he explicado alguna vez que tengo de darle vueltas a las cosas y sacar conclusiones llegué a la conclusión de que una sonrisa de mujer (no digamos un escote generoso) obran maravillas.

Años después me sucedió algo curioso. En pleno centro de Madrid pinché una rueda. Creo que fue la única vez que he pinché con aquel coche. Iba de traje, a una reunión (para variar) con un cliente. Por mi hubiese dejado el coche allí pero no había forma de aparcar. ¿Qué hacer?,. No iba mal de tiempo pero ¿cambiar la rueda y llegar a la reunión sudando y manchado?. De pronto me llamo la atención una chica enfrente en una parada de autobús. Se me ocurrió una maldad.

Cuando me acerqué a hablar con ella incluso se echó hacia atrás. La niña era una chica de ventipocos, bastante llamativa. Creo recordar que llevaba una minifalda. El caso es que le dije “lo que te voy a pedir te va a sonar raro”. Si no estaba suficientemente asustada la cara de sorpresa paso a espanto cuando le dije “te doy dos mil pelas si lo haces”. Afortunadamente, antes de que llamara a la policía me dio tiempo de explicarle el plan.

- Pero, tu crees que lo harán?
- Ves ese bulto que llevan ese hombre en el pantalón, y ese y ese?
- Si
- Yo también lo tengo y te aseguro que es muy poderoso

La chica se reía de forma escandalosa. Iba con una amiga, aunque la verdad es que yo no había caído en ella. No era tan llamativa pero no estaba mal. La amiga estaba más animada a hacerlo.

Dos minutos más tarde las dos chicas estaban al lado de mi coche y yo en la acera de enfrente, en una cafetería. Tres minutos más tarde había un amable caballero cambiando la rueda de mi coche a petición de la chica. Cinco minutos más tarde la rueda estaba cambiada y el amable caballero se alejaba sonriente y con manchas de sudor en las axilas y las manos negras mientras las chicas le decían adiós con la mano.

Vinieron a la cafetería y le di las dos mil pelas (ahora recuerdo que parecia hasta dinero aquello, ahora por doce euros no te dan ni las gracias). Hablé algo con ellas. No paraban de reírse de la situación. Me dijeron que se tenían que ir porque iban a la estación de autobuses para pillar un autobús que iba a su pueblo a unos cincuenta km. La niña llamativa me dijo.

- Eres un cachondo, nos encantaría seguir charlando pero vamos fatal de tiempo y si perdemos el autobús el próximo sale demasiado tarde.

Y yo, muy galante, les dije:

- Yo voy a una reunión con un cliente pero cuando salga si queréis os llevo.
- De verdad nos llevarías?. Es que así podríamos ver un par de tiendas. ¿Cuánto tardas?.
- Hora y media más o menos.
- ¿No nos dejaras colgadas?
- No mujer. En hora y media quedamos aquí.
- Vale!

A la hora y media yo estaba allí y tuve que esperar unos minutos. Ellas llegaron y la más llamativa me dijo.. “me siento delante”. Para que negarlo, la visión de esas piernas a mi lado no me molestaba lo más mínimo. El camino fuimos hablando y la chica no paraba de halagarme y de decir lo cachondo que era y lo que le había gustado la historia. La otra chica no estaba mal pero es que la que iba a mi lado me ponía mucho. Cuando llegamos dejamos a la chica que iba detrás y la de mi lado me dijo.

- ¿Me haces un favor?
- Claro (yo en ese momento tenía clarísimo que le haría varios favores seguidos)
- Voy a mi casa a por una cosa, tardo cinco minutos. ¿Me esperas y me llevas a un sitio?.
- Por supuesto.

Durante los “cinco minutos” que fueron alguno más yo pensaba en cual sería ese sitio. Pensé incluso en invitarla a tomar una copa. No me van las chicas jovencitas pero esa, ya lo he dicho, me ponía.

Para mi sorpresa la chica bajo aun más llamativa. Joder!, estaba buena la jodia y además lo sabía. Recuerdo el escote. Buff… no se como no nos la dimos. Ella indicando, para allí, para allá… y yo mirando mitad sus gestos con la mano y mitad sus tetas.

De pronto llegamos a un sitio que parece un sitio de copas y me dice que pare un poco antes de llegar

- verás, he quedado aquí con mis amigos y no quiero que mi novio me vea salir del coche de un tío. Es muy celoso.

Me dio un beso y se fue no sin antes agradecerme el que la hubiese llevado allí.

A la vuelta iba yo pensando. Me acordé del tío que había cambiado la rueda y me pareció un pobre hombre. Luego pensé en mí. Yo había pagado dos mil pelas y había hecho más de cien kilómetros (ida y vuelta) e incluso había esperado a que se cambiara la niña para después llevarla en coche con su novio. ¿Yo era el listo?. Intenté autojustificarme pensando que, simplemente, había sido amable pero no colaba. Es lo malo de razonar con uno mismo, que me conozco y no soy fácil de autonconvencer. Pense nuevamente en el hipotetico tio gordo con barba y si me hubiese ofrecido a llevarlo a cincuenta km. Ni de coña!.

Al final me reí de mi mismo. Joder, eso de las tetas y las carretas es cierto. ¡Qué gilipollas somos cuando nos da por pensar con lo de siempre!.
 
La lima
Aunque no es que sea una segunda parte, si debo decir que este post es una realimentación del post anterior. Así que, una nueva ración de nostalgia.

De hecho no es un post muy original porque ya leí alguno sobre este tema pero no puedo evitar pensar en lo diferente que fueron los juegos de mi infancia y los de la infancia actual. Seguramente (seguro) la generación de mis padres podría decir lo mismo con respecto a la nuestra y nuestros abuelos con respecto a ellos, etc.. Adelanto ya que no se trata de criticar lo actual y decir que antes eramos mejores.

La idea inspiradora del post surge del recordatorio de un juego que aparecía en un comentario de Lara (no, el del churro corta y pega no, el otro) que es el de la lima.

A los juegos infantiles le pasa como al pescado, que en cada sitio se llaman de forma distinta. Así que alguno de vosostros seguramente recordará estos juegos pero con nombres distintos.

En mi caso el juego la lima consistía en unas casillas que se ponían en la arena y de forma similar al “teje” se iba clavando una lima. Había ocho casillas dispuestas en dos filas de cuatro y una grande al final que ocupaba las dos filas. Si la lima no “hincaba” o no lo hacía en la casilla oportuna perdías. La lima, por si alguien se lo pregunta era exactamente eso, una lima. Normalmente se trataba de una lima que pesaría medio kilo o más, de hierro y con una punta afilada.

Imaginaros por un momento (los que no hayan jugado de niños) lo que es una cuadricula con unas ocho celdas más una grande y alrededor diez, quince, veinte niños. Y uno de ellos lanzando con toda su fuerza una lima para clavarla en el suelo. Por si la cosa no fuese suficientemente peligrosa, nos preocupábamos de pasar horas frotando la punta de la lima contra los bordillos de granito para afilarla. A veces llevábamos un cubo de agua al arenal donde jugábamos. Otras veces simplemente aprovechábamos los días de lluvia. Y claro, jugando bajo la lluvia, con las manos mojadas, pillábamos un artilugio afilado de considerable peso y lo lanzábamos con todas nuestras fuerzas a la casilla del cuatro (la grande y más alejada) a dos o tres metros de nosotros con veinte niños rodeando las casillas.



A mi se me daba bien la lima y me gustaba jugar hasta que un día me clave la lima en el zapato. Aún recuerdo la imagen de mis zapatos gorila clavados literalmente al suelo con la lima atravesándolos. Y la cara de mi madre mientras veía como el agujero comenzaba en el empeine, continuaba por los calcetines y terminaba en la suela. Sólo gracias a los milagros que sucedían por aquel entonces continuamente sucedió que la lima se hizo paso entre dos de mis dedos de los pies dejándome solo unos rasguños. Yo aún tuve suerte. Fui testigo de alguien a quien se le escapó la lima y como terminó golpeando en la cabeza de otro chaval. No he visto tanta sangre brotar de una cabeza en mi vida. A la hora el chaval estaba en la calle comiendo un bocata de mortadela con una venda en la cabeza. ¿Qué hacía?.. mirar como jugábamos a la lima.

Y no solo a la lima. jugábamos a los trompos y cambiábamos la punta roma por una puntilla o simplemente afilábamos la punta roma en un bordillo. Estos trompos estaban diseñados específicamente para romper los trompos de los demás cuando quedaban atrapado en el circulo al bonito grito de “trompito bailarin”. Como es normal, el trompo con la punta afilada salía disparado chocando con lo que fuera y rebotando Dios sabe donde.

O los “mosquitos” que no eran sino “balines” hechos con papel prensado que se retorncian y cuya punta parecía de acero. No contentos con ello le poníamos una chincheta o una punta pequeña y que eran disparados con gomillas. El termino "mosquito" es fácil de imaginar de donde sale. Con uno de estos mosquitos también sufrí un percance y se me clavó (y se me quedó clavado) uno a menos de un cm del ojo.

Tambien teniamos la escopeta de gomas a las que de vez en cuando para dotarlas de más “poder disuasorio” le poníamos la pieza metálica de una pinza de la ropa atada a la goma que disparabamos. O los “tiradores” que eran como tirachinas pero hechos con piezas de madera con cáncamos y en los que disparábamos balines esféricos de escopeta. Yo he visto matar pájaros en vuelo con esos tiradores y nosotros nos tirábamos entre nosotros.

Las guerras de naranjas (muy típicas en Sevilla donde en todas las calles hay naranjos) y la sofisticación que consistía en meter las naranjas en bolsas y atarlas con una cuerda y así, dando vueltas a modo de honda, llegar más lejos y, por supuesto, pegar más fuerte.

No solo juegos “de guerra”. Aún recuerdo un bonito juego, al que me referí ayer, que consistía subirse a una persiana o directamente a una plancha de chapa y tirarse por la rampa de un parking o por un terraplen. En el peor de los casos el castañazo contra la puerta metálica del parking estaba asegurado. El “palma arriba palma abajo”, que en cada sitio se llama distinto (a veces he oido algo de "churro va" o algo asi) y que consistía en tirarse sobre otros que estaban agachados formando una fila con la cabeza entre las piernas del anterior. La estatua, donde pasabas por un tunel y los demás te daban guantazos mientras tu intentabas saber quien te había dado.

Si hablamos de juegos de mesa recuerdo los juegos de química (el quimicefa) donde lo primero que se hacía cuando se abría era tirar el libro de instrucciones y los experimientos chorras. Lo siguiente era ir haciendo pruebas hasta encontrar algo que explotara.

Y yo he jugado a todos estos juegos y a muchos más que sería larguísimo explicar. Jugábamos “en manada”, a veces diez, veinte, treinta o más. Eran juegos habituales. Nunca me he considerado un niño violento ni particularmente travieso. Hoy veo como los niños acuden acompañados de madres a todos sitios. En Madrid es rarísimo encontrarse dos niños juntos (y si son de menos de diez años casi imposible) sin un mayor, no digamos quince o veinte. Lo más peligroso que hacen es encender la consola. Jamás ves a un niño con las rodillas llenas de costras. Yo creo que hasta los doce años siempre tuve costras en las rodillas. Las rodilleras de skay en nuestro caso no solían ser un aditamento de moda.

Me hace gracia la comparación. Este post no tiene moraleja ni moralina. No soy un nostálgico ni me hecho tan mayor aún como para decir que antes si que sabíamos divertirnos. Supongo que si yo hubiese tenido una consola habría pasado horas jugando en casa pero si me hizo recordar todos los juegos bestias a los que jugaba cuando era pequeño. Ahora veo a los niños “súper protegidos”, sin cruzar una calle, con las sillitas en los coches, cinturones de seguridad, acolchados, normas para lo peluches, etc.. Y es bueno, sin duda. Pero no puedo evitar recordar.

Pienso en la edad que tendría cuando me clavé la lima en el pie. Cálculo que unos siete u ocho años. Joder, aún me extraña que llegáramos a viejo.

En fin, lo dicho. Perdón por la segunda ración de nostalgia en tan poco tiempo.
 
Puente y aparte
Hoy he oído en la radio a una persona hablando de mi barrio, “ese barrio lleno de embrujo y duende”.

No s la primera vez pero siempre me llama la atención cuando se habla de mi barrio en esos términos. Para mi ese barrio no tiene tanto duende. De hecho a veces la gente que va por primera vez se sorprende ya que es un barrio muy normal, como puede ser Moratalaz, por poner un ejemplo. Con sus torres de pisos, sus calles, sus plazas… Aún asi, es obvio que para mi es distinto porque yo recuerdo algunas cosas de ese barrio:

Recuerdo una vía de tren en la que jugaba imaginando que los arbustos eran la selva de “Objetivo Birmania”.

Una farmacia donde comprábamos pastillas para lo oídos “para mi mama” y luego la machacábamos (clorato potásico) para mezclarlas con azufre y carbón.. el resultado es cloratita pero para nosotros era pólvora.. me quede sin pestañas probándola.

Un camino donde crecía trigo salvaje.. cuyas espigas eran flechas que se clavaban inmisericordes en nuestros jerséis cuando volvíamos del colegio.

Una carretera donde montábamos el campo de fútbol para jugar los partidos que se suspendían temporalmente cada vez que pasaba un coche.

Unas moreras a las que nos subíamos para disponer el alimento para nuestros gusanos de seda.

Unas calles donde patrullábamos cogiendo grillos en verano para meterlos en una botella de plástico.

Una fábrica de mármol abandonada que era la “mina” de donde salían los mejores tejes del mundo.

El olor embriagador de la "dama de noche" de los jardines, cuando jugabamos los partidos de futbito en las madrugadas de verano.

La rampa de entrada a un parking donde descubrimos que, incluso a cuarenta grados se pueden hacer bobsleigh utilizando trineos hechos con las persianas de las ventanas.

Una plazoleta donde con tiza se pintaba la geografía de la vuelta ciclista a España para que nuestros ciclistas hechos con chapas la recorrieran. Si te salías de la carretera... a empezar de nuevo.

Una ventana de rejas a través de la cual la vecina nos daba agua para refrescarnos entre partido y partido.

Unos bancos que eran la portería a veces y a veces la mejor trinchera para defenderse de las escopetas de gomillas de los adversarios.

Una distribuidora de prensa en cuyos cubos de basura ojeando revistas rotas, descubrimos como pasábamos de la curiosidad a la excitación al ver el cuerpo de una mujer desnuda.

Una tienda de discos de segunda mano donde descubri mis eclécticos gustos musicales escuchando “El patio” de Triana, “Made in japan” de Deep Purple o “Desayuno en América” de Supertramp.

Un kiosco de las flores donde descubrí a la vez como se hace un porro y como se puede ser un genio sin tener estudios (“Jesus de la Rosa”).

Una papelería donde me encontré a esa niña rubia y de ojos azules y donde me enamoré por primera vez mientras esperaba para comprar un “cuaderno de cuadritos”.

Un “poyete” de granito donde, mientras el Real Madrid perdía una final de la copa de Europa contra el Liverpool, yo conseguí convencer a esa niña para que saliese conmigo.

Un jardín donde nos fumábamos un porro entre veinte y nos reíamos tanto que al final nos tiraban un cubo de agua desde un balcón.

El patio de un instituto adonde nos escapábamos para tomar el sol de primavera saltando por la ventana cuando la profe se volvía a la pizarra.

El gimnasio del mismo instituto donde, en unos vestuarios, al rimo de Tina Turner redescubrí después de años de destetarme, el sabor de un pecho de mujer.

Un parque, donde, después de varias botellas de fino a la vuelta de la feria la hermana de mi amigo y yo decidimos que a lo mejor podríamos ser más que amigos. Los arbustos que nos cobijaron en el intento.

Aquella cama de matrimonio con un crucifijo en el cabecero que fue testigo de mí pecado de adolescente. Mi primer pecado “no venial”.

Un río que era frontera, en cuyas orillas hacíamos botellón años antes de que la ley lo llamara así y en cuyas aguas aprendí a remar.

Una navaja que falló por poco su destino que no era sino privarme a mi del mío.

Una “velá”, y su cucaña, en la que comprobé en mis propias partes nobles lo difícil ( a la par que estúpido) que es impresionar a una niña intentando alcanzar un pañuelo al final de un tronco engrasado.

Un puente que cada vez con más frecuencia cruzaba para salir, pero al que siempre tengo la sensación de que terminaré cruzando para volver.

En definitiva, que no termina de hacerme gracia la imagen de postal típica que a veces se utiliza de mi barrio. Para mi es un barrio cualquiera, seguramente como el tuyo.

Sólo que es el mío.


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Fijando el precio
Supongo que muchos conoceréis la anécdota. Dicen que Groucho Marx le pidió a una actriz que le fuese sincera en la respuesta al preguntarle:

- ¿Usted se acostaría conmigo por un millón de dólares?
- Si.
- ¿Y por cien?
- ¡Pero usted quien cree que soy yo!
- Bueno, eso ya está claro, ahora solo estamos fijando el precio.

Me acuerdo muchas veces de esa anécdota. Aplicable por igual a hombres y mujeres.

Hace un tiempo mantuve una conversación con una mujer argentina. Contactó conmigo por medio de una amiga. Se presento como “la amiga de” e inmediatamente me interrogó:

- Antes que nada me gustaría saber. ¿Has leído a Cortazar?.
- No
- Entonces adiós, no me gusta perder el tiempo con gente inculta.
- Ok, sólo una pregunta si me permites.
- Dime
- Sabes por que la tierra rota más despacio en verano que en invierno?
- Ni idea
- Ok, adios.

Lo que subyace aquí no es sino la estupidez de considerar que leer una novela es cultura pero ignorar completamente las leyes de la física no lo es. Si tuviera que poner en una balanza la importancia cultural de haber leído “Rayuela” y el conocimiento del momento cinético de la Tierra no sabría por cual decantarme.

Para mi la literatura es todo lo que esté en formato escrito pero sé que para mucha gente no es así. Además imagino que tendrán sus razones.

Mi hermana es una lectora de novelas asidua. De hecho siempre tiene un libro en la mesilla de noche. Me parece estupendo porque a ella le encanta leer novelas. Un día refiriéndose a mí afirmó: “A mi hermano no le gusta leer”. Afortunadamente rectificó y dijo: “bueno, novelas”. La verdad es que yo leo novelas muy de cuando en cuando. Normalmente cuando alguien me las recomienda fervientemente o en mis vacaciones. Pero, bajo mi modesto punto de vista, el hecho de leer una novela no te otorga la llave de la cultura. De hecho me parece mucho más un entretenimiento sin más. Odio las conversaciones en las que poco menos que se establece un concurso para saber quien ha leído y quien no determinadas novelas. En USA se pusieron de moda hace un tiempo los resúmenes de los “libros indispensables” para poder comentarlos en una cena. A mí, lo mismo que prefiero los documentales a las películas, normalmente me interesan más los ensayos o los libros de historia o las biografias que las novelas.

Lo cierto es que yo leo bastante. Para ser sincero leo muchísimo. De hecho un día lo pensé y probablemente es casi, a la par que dormir, la actividad a la que he dedicado más tiempo en mi vida. Una vez dije que mi trabajo consistía en un 50% en leer, un 30% en pensar, un 5% en escribir y un 10% en hablar. Seguramente me quedé corto en lo de leer.

Cuando no tenía la maravillosa herramienta que es Internet yo gastaba gran parte de mi salario en libros. La mayoría libros de consulta o libros técnicos. Normalmente mi día de compra de libros eran los sábados por la mañana. Desayunaba en una cafetería del centro y pasaba gran parte de la mañana comprando libros. Al final de comprar cosas sobre mi profesión y sobre diversos aspectos de la misma solía permitirme un libro de “capricho”. Gracias a eso tengo manuales de lo más variado (grafología, papiroflexia), libros de cocina, biografías, ensayos, etc. Ahora, con la irrupción de Internet, la mayoría de estas cosas me la proporciona la web con lo que mi gasto en libros es muy pequeño. Es una de las razones por las que defiendo (con gran excitación a mi alrededor normalmente) que el ADSL es baratísimo.

Conozco gente que se jacta de no haber leído nunca una novela y a mí simplemente me parece tan raro como si me dijeran que no han visto nunca una película en el cine o una obra de teatro. Pero desde luego no los califico sin más de incultos. De hecho estoy seguro que si más de un autor clásico hubiese tenido los medios que se tienen hoy sería guionista de televisión o de cine. Ni más ni menos culto me parece quien lee una novela a quien ve una película. Quien lee poesía o quien asiste a un concierto de Metallica. Quien va a un museo de pintura o a un museo de ferrocarril.

Si me parece una forma de incultura no saber manejar los elementos básicos de nuestro tiempo pero esa es otra historia. Seguramente será difícil explicar a mucha gente que, el no sabe programar un video es una muestra de falta de cultura. No digamos si extiendo eso a saber que es un video y como funciona la grabación en soporte magnético.

En cuanto a la señorita argentina, siguió hablándome a pesar de haberse despedido. Creo que me perdonó momentáneamente no haber leído a Cortazar (la verdad es que leí Rayuela en el instituto pero me negaba a seguir un juego tan estúpido) y decidió seguir “perdiendo el tiempo” conmigo. No tardaría mucho en saber porqué.

Me enseño su foto, bellísima como casi todas las argentinas. Y continuó hablándome de su trabajo ya que ella era “doctora” en arte y literatura. A saber si era cierto. Uno ha tenido que hacer una selección de personal en Argentina con lo que suele dudar algo de los títulos que se atribuyen en ese país (espero que nadie se moleste por esto, pero es cierto). Al poco tiempo me enseñó una foto suya donde aparecía realmente sexy y casi sin solución de continuidad me comentó que por cuarenta euros hacían unas copias de unos manuscritos de Borges en la biblioteca nacional, en Madrid. Me preguntó si yo podía “hacerle el favor” de encargarlos “ y ya de paso pagarlos.

- Es que verás, para vos cuarenta euros no son nada pero acá son una cantidad considerable.
- Perdona, has leído a Marx?
- No leo ensayos, “sólo literatura”
- No, no me refiero a Karl, me refiero a Groucho. Es que me recuerdas una anécdota suya.

Y continuamos fijando el precio.

 
Jefes y jefecillos
He leído en los últimos días algunas cosas sobre jefes en lo blogs. “Jefe” es una palabra que no me gusta. Las pocas veces que alguien la ha nombrado refiriéndose a mí rápidamente le he corregido.

Por otra parte, hay dos caprichos que me permito desde hace muchos años: no tengo jefes y no tengo horarios (y por supuesto no admito la obligación de fichar). Primero contaré la parte buena para que todo el mundo me envidie. Excepto un par de años, en mi primer trabajo “estable”, hará de esto unos quince años, jamás he tenido a nadie que me dijera que tenía que hacer. Me refiero, obviamente, en el día a día tal y como se supone que hace un jefe. Por otra parte, nunca he fichado, entraba a la hora que quería y salía a la hora que me venía en gana.

Seguramente más de uno se preguntará que hay que hacer para poder hacer esto. Mi solución es fácil, y ahí está la parte regular del asunto. Lo único que hay que hacer que las cosas funcionen y hacerlas sin que nadie te lo exija y no mirar el horario jamás si hay que hacer algo. Si solucionas problemas normalmente la gente te admite ciertas excentricidades como que nadie te diga que hacer o pasar de fichar a la entrada y a la salida.

En mi trabajo a veces (la mayoría) he tenido que llevar equipos lo cual me convertía en algo así como un jefe. Aunque yo siempre he preferido llamarme responsable, coordinador o cualquier otra cosa que tenga menos que ver con el concepto que yo tengo de un “jefe”. Para mí, el “jefe” es un título otorgado por terceros independientemente del mérito. Normalmente, cuando yo he dirigido un equipo se basaba en el hecho de que el trabajo a realizar lo había concebido yo o bien tenía mayor experiencia en el tema. Generalmente las dos cosas porque a mi me gusta trabajar con gente sin experiencia (y sin vicios adquiridos). Siempre he buscado huir de las responsabilidades administrativas típicas de un gerente. Incluso ahora, como empresario, evito todo tipo de "jefatura administrativa".

En mi paso por alguna empresa he conocido al arquetipo de “Jefe”. Aún recuerdo a varios inútiles cuyo únicos méritos consistían en la antigüedad en la empresa o lo que es aún peor, un dominio de un idioma o un MBA. Saber inglés en un tiempo era un seguro. Daba igual que no supieras que decir en ingles. Con el boom del tema de la consultoría mucho inútil de pronto se vio ascendido casi por inercia. Un ejemplo de la forma de pensar de esta gente la tengo en uno de los proyectos más desagradables en los que estuve. Era un desastre de proyecto, con perdidas millonarias (en pesetas y en dólares) que ocupaba a cincuenta y seis personas cuando yo llegué. Me llamaron en plan salvador pero aquello no tenía solución. Básicamente se trataba de hacer un trabajo utilizando un producto de una empresa que jamás funcionaría. Propuse simplemente hacerlo nosotros pero claro, eso sería tanto como admitir un error. El caso es que, sabiendo que aquello no funcionaría jamás, decidí que lo único que podría hacer es intentar que el coste para la empresa fuese menor. En seis meses pasamos de las cincuenta y seis personas a doce. Entonces fue cuando un gerente me dijo. No hay quien te entienda, haces seis meses tenías un proyecto de cincuenta y seis y ahora es de doce. ¿No te das cuenta de que serás menos importante?.

Imaginaos cuando por fin conseguí dejar aquello por un proyecto mucho más creativo donde trabajaba solo. El tío me miraba como si yo fuese un marciano.

Todo esto, es simplemente para decir que ese tipo de jefes, son gente bastante mediocre que se encuentra ahí por diversas causas entre las que no hay que desdeñar la pura casualidad o simplemente el crecimiento orgánico. Si te llevas 30 años en una empresa al final aunque no sepas de nada terminas teniendo un cargo. De estos he conocido muchos y suelen ser los que presumen de tarjeta con títulos rimbombantes, a los que les encantan las reuniones, las comidas de trabajo, los congresos, etc. Son los que van a cursillos de management y compran revistas de ejecutivos y dicen, sin ruborizarse, que ellos no entienden de temas técnicos, o de negocio o industriales a pesar de que sea a lo que se dedica su empresa. A este tipo de medianía es al que yo llamo “jefecillo”, sea un jefe de equipo o sea jefe de división o director general. Normalmente tienen títulos en inglés que incluye el término manager.

Pero aparte de esto, hay una serie de gente emprendedora, o innovadora, o trabajadora que son líderes por la sencilla razón de que pueden aportar sus conocimientos o su experiencia (normalmente lo uno va asociado a lo otro) o su genialidad. Gente a la que no hace falta que le pongan un cartel en su despacho porque por su propia naturaleza suelen ganarse el respeto de los demás. Raramente he visto a uno de estos ordenar algo o hacer valer los galones.

Curiosamente, he comprobado que los primeros, los jefecillos, abundan en las grandes corporaciones y multinacionales (lo de las empresas de consultoría y auditoria es ya exagerado). De los segundos, he conocido algunos (no muchos) en grandes empresas. Parecen bichos raros (al final todo el mundo termina diciendo.. mira ese es el que sabe) y en muchas ocasiones no ascienden porque se hacen imprescindibles. Pero la mayoría la he encontrado en empresas pequeñas donde la imagen no permite disimular la ineptitud.

En una gran empresa de servicios informáticos a principios de los noventa hubo un despido masivo. Se hizo una prueba. Se le paso a todo el persona un formulario con solo dos preguntas:

1. Cual es su sueldo.
2. Como piensa que la empresa recupera el importe de su sueldo con su trabajo.

De resultas de esto se despidió a la mayoría del sttaf intermedio (con sueldos multimillonarios). La empresa prácticamente ni lo notó.

De todas formas, y dicho lo dicho, hay una gran cantidad de veces en que los jefes son criticados por gente aún más inútil que ellos. Esta última afirmación no me hará particularmente popular. Afortunadamente no lo persigo.
 
Serendipia nº 2
Marlene provenía de una familia de la alta burguesía alemana y estaba casada con Erich Ahrenholz, un prospero empresario textil. Marlene perdió a su marido en 1943 en la guerra y se aferró a sus dos hijos de tres y cinco años para superar su desgracia. Ya finalizando la guerra, a principios de 1945 pasó una tarde con sus hijos, en un parque cercano a su casa, haciéndoles unas fotos. La película fotográfica era un material escaso y muy caro durante la guerra y en todo Berlín solo existía un centro de revelado. Marlene acudió al mismo y le dieron cita para recoger las fotos pasados tres días.

Al tercer día, Marlene dejó a sus hijos en casa con la criada y fue a recoger las fotos. No era seguro, ni agradable cruzar Berlín para los niños en aquella época. Era el día 3 de febrero de 1945. Berlín sufrió ese día un bombardeo terrible que afectó principalmente al centro de la ciudad. No pudo recoger las fotos pero lo peor fue lo que se encontró al llegar. Su casa, en una zona exclusiva de la ciudad, quedó reducida a escombros: Todas las personas que allí vivían, incluyendo sus hijos, murieron esos días.

Marlene cayó en una profunda depresión a lo que se sumó el hecho de tener que sufrir la humillación colectiva alemana. Sin embargo, gracias a los contactos de su familia y la de su esposo fallecido, ella pudo huir del horror de la post-guerra en Berlín y reposar en una clínica suiza. Allí conoció a Robert Wyss un doctor del cual se enamoró y con que se casó en el año 1946. Al año escaso nació su hijo Johann. En 1948, el doctor Wyss obtuvo un puesto eminente en una institución suiza de investigación con sede en Londres y se mudó junto con toda su familia. Marlenne, que cambió su nombre por Margaret para evitar problemas por su procedencia, seguía siendo aficionada a la fotografía y una tarde hizo unas fotos a su hijo en un parque de la capital británica.

A pesar de que habían transcurrido ya tres años desde el fin de la guerra había productos que se consideraban de lujo y uno de ellos era la película fotográfica. De hecho mucha de la película era antigua y tenía problemas de calidad. Cuando Margaret fue a recoger el revelado de las fotos de su pequeño Johann comprobó con gran desolación que las fotos habían salido mal por un problema de doble exposición. Daba la impresión de que el carrete ya había sido utilizado y las imágenes del pequeño se superponían sobre otras imágenes de las que obviamente apenas se podría distinguir nada.

Lo realmente asombroso sucedió cuando, ya en casa, buscando fotos aprovechables, comprobó que las imágenes de fondo correspondientes a la primera exposición de la película no eran otras sino las fotografías que a principios de 1945 había hecho a sus dos hijos en el parque berlinés y que obviamente nunca recuperó. En una de las fotografías la superposición era tan perfecta que los dos hijos alemanes fallecidos y el pequeño Johann aparecían uno al lado del otro como si se hubiesen dispuesto así en una foto de familia.

No se me ocurría nada mejor que escribir hoy para ilustrar lo que me pasó. Por que, ¿qué posibilidades hay para que vayas a probar un coche y te encuentres en el concesionario a un compañero de trabajo de hace diez años y a su novia (o amiga) que, curiosamente, conociste en otras circunstancias en las que no estaba precisamente tu excompañero hace bastante tiempo? .

Y, por fin, ¿Qué posibilidades hay de que a esta chica se le escape una nota con un teléfono y un “llámame” escrito y aparezca en el bolsillo de mi abrigo?
 
Ortografía por uebos.
Bien, creo que este tema merece un post. No sé muy bien si es por la broma de la sección de enlaces de mi blog pero de pronto recibo bastantes comentarios e incluso algún mensaje al correo hablando de mi “manía” por la ortografía.

Yo no sé de donde se saca esto pero, como dice el refrán, cuando el río suena, pon tus barbas a remojar.

Vamos a ver, yo no soy ningún maniático de la ortografía y de hecho, como podéis comprobar a veces, se me escapan algunas faltas de ortografía y no pocas de sintaxis o puntuación. Eso sí, no entiendo como en un mundo tan fácil como el que nos ha tocado vivir, la gente aún se empeña en cometer sistemáticamente faltas de ortografía. Joder, es tan simple como pasar el corrector ortográfico.

Yo soy particularmente despistado en todo y la ortografía no es una excepción. De hecho cuando chateo y debido a que escribo bastante rápido, cometo muchas faltas que en realidad más que incorrecciones son eso, faltas. Porque me como las letras. Tal vez por eso, yo entiendo que en un chat se comentan algunas faltas. No solo en un chat, cuando escribes algo rápido es bastante habitual que se comentan todo tipo de faltas. Es más, hay determinados casos en que no me molestan las faltas. Os cuento uno. Tengo una amiga americana cuyos padres son mejicanos. Habla perfectamente español pero su idioma nativo es el inglés y todos sus estudios, obviamente los hizo en inglés con lo que, en muy raras ocasiones, escribe en español. Cada vez que me escribe algún mail tiene algunas faltas.. el último me decía “te deceo lo mejor para ti y todos tus ayegados”.

También debo decir que hay determinadas reglas que simplemente se me escapan y a veces me acuerdo y otras no. Un ejemplo son las tildes diacríticas, las que se ponen sobre palabras iguales para diferencia su significado (tu, tú, solo, sólo, etc..).Así pues, ni soy un maniático de la ortografía ni yo mismo soy un ejemplo de pulcritud en tal sentido.

Ahora bien, yo si creo que debe pedirse que ciertas reglas se mantengan. El lenguaje escrito, como el oral, tiene como misión fundamental el entenderse y las reglas ortográficas y sintácticas tienen su sentido. En mi caso, yo tengo que escribir sobre temas técnicos y en la mayoría de las ocasiones de forma descriptiva. Intento hacerlo lo mejor que puedo pero jamás entrego un documento sin pasarlo por el corrector y leerlo. De hecho, a pesar de lo que piensa mucha gente, los “de ciencias” somos tal vez los que tenemos que dominar más el lenguaje para ser precisos. Un poeta puede decir que la tierra es redonda. En un telediario bastaría con decir que es esférica. Un geólogo o físico o un astrónomo no pueden decir tal cosa evidentemente (es una esfera oblada o achatada).

De hecho cuando termino un documento, sea un “white paper”, una propuesta o una presentación suelo imprimirlo y leerlo. En el blog, suelo escribirlo y publicarlo e, inmediatamente lo leo y corrijo lo que veo mal. Esa última parte me faltó en el post de los hábitos y allí se escaparon esas faltas que obviamente no saltaron en el corrector porque las palabras que puse si existen.

El problema de la dejadez en cuanto a la ortografía y la sintaxis es que reflejan una falta de respeto para quien los lee. Si yo me encuentro un CV (y me ha pasado) con faltas continuas de ortografía lo que me está diciendo de esa persona no es que no se sepa las reglas de acentuación (que en determinados puestos puede ser irrelevante) sino, sobre todo, que no tiene siquiera el mínimo cuidado como para revisar su hoja de presentación. Es como si viniera a la entrevista sin afeitar o despeinado/a.

Todo esto se acentúa cuando en teoría la persona que escribe se dedica a eso. Es lamentable comprobar los fallos continuos de sintaxis y puntuación de algunos periodistas (en sus medios y en los blogs). No me meto ya en la claridad de sus exposiciones porque sería demasiado extenso.

Cualquier lenguaje tiene sus reglas. Eso en un planteamiento técnico se denominaría “protocolo de comunicación”. Gracias a estos protocolos de comunicación, entre otras cosas, yo puedo escribir esto y vosotros podéis leerlo. En el caso técnico los protocolos son tremendamente estrictos. El cerebro humano es tan maravillosamente complejo que puede entender un protocolo incluso aunque no esté completo pero tienes sus límites. Si yo decido que en vez de escribir “cuando”, escribiré “kuando” o que en vez de escribir “porqué”, escribiré “xq” estoy comenzando una carrera en la que, al final, se llegará a negar el sentido del lenguaje que es comunicarse y entenderse. Cuando comencé este blog recibí un mail. Sin comas, sin puntos, sin párrafos y todo escrito con “K” y abreviaturas. Esto de las abreviaturas no es un invento de los SMS. Quien más y quien menos las ha utilizado para sus apuntes en clase. Yo al menos lo hacía pero no se me ocurría utilizarlas para escribir una carta. El caso es que ese correo no entendí nada. Pero nada, en serio. Supongo que si dedico media hora a leerlo con detenimiento al final me enteraría pero opté por contestar:

“Estaría encantado de dedicar mi tiempo a leerte si tu dedicaras tu tiempo a escribirme en castellano.”

Me contesto insultándome y llamándome intolerante y “conservador”. Y es que esa es otra. Parece que si escribes todo con “k” eres un transgresor. Joder el lenguaje es una herramienta bestial y te permite ser transgresor, conservador, arcaico, post-moderno, simpático o antipático sin necesidad de pisotearlo.

Ahora bien, no penséis que si alguien me escribe alguna vez voy a estar preocupándome de que tenga una o varias faltas. Yo las he tenido y en casi todos los blogs que más me gustan he visto alguna pero en todos ellos he notado el cuidado (en algunos casos innatos, en otros seguramente trabajados) en cuanto a la ortografía y sintaxis.

Para finalizar os cuento una anécdota porque este post me está quedando demasiado académico. Cuando estaba en la universidad, en un examen de cálculo un capullo me suspendió a pesar de que yo creía que había hecho el examen bien. El problema es que me había quitado bastante puntuación porque puse varias veces, en varias preguntas, frases como “y entonces debemos coger los 3 términos y…”. Me dijo “es una falta gramatical grave poner un número en una frase, tendrías que haber puesto.. “coger los tres términos”. Casi lo mato. En un examen de unos veinte folios y con el tiempo pilladísimo el tío se fijaba en estas cosas. En el siguiente examen yo iba preparado. Revisé gramaticalmente todo pero al final puse…

“así que, por uebos, el resultado debe ser…”.

Curiosamente esta vez aprobé pero en la siguiente clase me llamó para decirme: “has aprobado a pesar de que en esta pregunta te puse un cero. Solo quería decirte una cosa. Conmigo no seas grosero, pero si lo eres, al menos intenta aprender ortografía, porque poner uebos sin “h” y con “b” es para matarte”. Aun recuerdo su cara de sorpresa cuando le enseñé en el diccionario de la real academia.

Uebos: necesidad, cosa necesaria.

Pues eso, que el lenguaje nos permite hasta ser más chulos que un ocho sin necesidad de ofenderlo. Por supuesto me tuvo que subir la nota.
 
8,73 sobre 9
Se suele decir que hay tres clases de hombres: los que saben contar y los que no.

Pues bien, los que no saben lo llevan crudo en este mundo que nos toca vivir. Hoy he estado hablando con un amigo que es un experto en fotografía preguntándole por una buena cámara digital para un regalo. Me recomienda una y veo que tiene 4,1 Megapixels. Le pregunto.. y esta?, tiene 8 Megapixels. El tío me mira con condescendencia (me lo merezco) y me responde algo que, para más “INRI” yo ya sabía.

Los Megapixels de una cámara (el número de millones de puntos o pixels de la imagen) en realidad no determinan la calidad de una cámara. Es cierto que, cuanto más megapixels más definición pero para notar diferencias entre la de cuatro Megapixels y la de ocho tendrías que visualizar o imprimir la foto en formato de póster. Para los tamaños típicos de fotos, incluso aunque sean en formato de folio y, por supuesto, para verlas en una pantalla de ordenador la diferencia no es apreciable. La calidad te la da la calidad de la óptica, o dicho de otra forma, la fidelidad con que se representa cada uno de esos puntitos con respecto a la realidad.

- Pero claro eso plantea el problema de siempre.
- Que problema?
- No es un número y nosotros siempre buscamos números. Y siempre un número mayor es “mejor”.

Es cierto, siempre buscamos número para todo. El ordenador a 3,2 es mejor que el que va a 3,1. el coche TDI 2.2 es mejor que el TD2.0. La versión 8.3.2 es mejor que la 8.3.1.

Dándole vueltas (en el atasco de vuelta a casa) al tema me doy cuenta que, efectivamente, el tema de los números nos obsesiona. Yo se perfectamente como funciona una cámara digital (jamás compraría algo que no se como funciona, otro hábito que se me pasó) y como se compone la imagen pero, aún así, caí en el truco.

Aún más, yo he utilizado ese truco. Aún recuerdo como convencí a determinado director de área explicándole que la solución que habíamos diseñado nosotros tenía un UEC de 6,37.

- Y eso de UEC que es?
- Ah.. una medida, Unidad de Eficiencia de Código. Va en una escala de cero a siete. Se mide utilizando los test de Kunff y Kharoswky.
- Entonces 6,37 es bueno?
- Joder, SAP tiene 5,1 y Windows 5,6, bueno la última versión 5,75.
- Ah.. entonces será bueno

Pues si tío, era muy bueno pero si te digo que es muy bueno porque esta hecho con mucha calidad seguro que no lo compras. (Ahora es cuando me toca rezar para que este señor no lea esto).

Pero esta obsesión por las cifras y magnitudes no se aplican solo a la tecnología. Están presente en todas las facetas de la vida. Supongo que nadie negará la importancia de determinadas medidas. Porque, el tamaño no importa pero si yo hablo de 24 cm seguramente determinada parte de la audiencia comenzará a salivar inmediatamente. La otra parte también, pero de envidia. O la talla de sujetador..¿ porqué nos importa tanto.. acaso es una 120 mejor que una 85 necesariamente?. Señores, no seamos superficiales por favor. Esa medida es el contorno. Lo verdaderamente importante es que las tetas rebosen hacia los lados.

Otro número del que me he dado cuenta leyendo los blogs que tiene mucha importancia, no sé porqué, es el número de polvos. Sobre todo el número de polvos seguidos (o al menos en una noche). En las historias de sexo de los blogs nunca se dice. “. y echamos un polvo y joder que bien dormimos”. No, en los blogs quien echa menos de x polvos no merece ningún respeto. A veces me recuerda el chiste del tío que por una apuesta se pone a follarse cien tías seguidas y cuando le queda una desiste y todos los amigos comienzan a decirle “mariconnnn, mariconnnnn”.

Porque además, seamos realistas, la calidad de los polvos decrece de forma directamente proporcional a su ordinal. Bueno, tal vez tengamos una excepción con el primero y el segundo, pero esta claro que a partir de ahí… la calidad va decreciendo. Una vez conocí a un tío parecidísimo a Pocholo, ese que parecía subnormal con los pelitos largos. Era un gilipollas ligón de discoteca. Yo no lo aguantaba hasta que un día me sorprendió. Contaba como se había follado a cinco tías distintas en una noche en Ibiza. Todas las conocía en la disco y se las llevaba a la playa y luego volvía. Mis amigos se reían con este tío. Yo lo consideraba un fantasma imbécil hasta que alguien le preguntó:

- Y los polvos?, pedazos de polvos no?.

Y el tío se puso serio y dijo:

- “No tío, si echas cinco polvos rápidos en una noche, hasta arriba de todo, no esperaras que sean pedazos de polvos, son una mierda de polvos”.

Me hizo gracia la sinceridad. Aquí en los blogs, como en los relatos eróticos, los polvos caen de forma consecutiva... y curiosamente, cuantos más son, más amor rezuman.. porque claro, si el pobre desgraciado sólo aguanta uno seguro que es que en realidad te odia.

". y entonces el cuarto lo echamos mientras el me sostenía en vilo con un dedo y yo hacia juegos malabares con los ceniceros... y despues le miré, me miró.. y el quinto fue mejor.. porque el quinto no fue follar, fue hacer el amor..."

amos anda!, vete a esparragar!

Aparte que esto de los cinco polvos no quiere decir gran cosa, hay quien echa los dos primeros de forma anaeróbica. Osea sin respirar. Y la verdad, no creo que se pueda hablar de calidad.

¿Porqué somos tan dados, en definitiva, al número, a la magintud?. De verdad es mejor 19 cm que 18?, 110 que 95?, 5 que 2?. Acaso no puede ser un único polvo genial?.

Yo digo no a esta manía de asociar números a la calidad y creo sinceramente que deberíamos hacer un esfuerzo y no caer constantemente en la trampa de las magnitudes.

A mi por ejemplo no me duelen prendas en decir que me mide bastante menos de medio metro y jamás llegué a los doce polvos seguidos en una noche.

 
Mis cinco hábitos raros... (en fin..)
Buenas,

No me considero un miembro de la pandilla bloguelandia. Mucho cuidado, no veo mal esto. Pero yo no me considero.

Ayer recibí una invitación por parte de Evira para participar en esta cadena de los cinco hábitos raros. Hoy he recibido otra de mejorana. Agradezco mucho la deferencia y el hecho de que os acordarais de mí aunque no soy yo mucho de cadenas y juegos de este tipo (creo que hasta tienen un nombre ya). Como uno es educado por naturaleza voy a seguir esta cadena pero, por favor, atenganse de meterme en muchas más (en ninguna siendo preciso) de estas.

Así pues, hay van mis habitos raros, deben ser cinco segun la reglamentación vigente. No tengo mucho tiempo así que escribiré los cinco que se me ocurran antes. Al fin y al cabo yo me considero un tío raro así que seguramente casi todos mis hábitos lo son.


- Nunca comienzo una reunión sin comprobar que, efectivamente me he dejado la agenda, el bolígrafo y, por supuesto, no tengo nada donde escribir. Una vez que me hago con el bolígrafo (jamás lápiz) y el papel nunca tomo ninguna nota. Tengo la manía de hacer dibujitos mientras pienso. Nunca tienen nada que ver con nada de lo que pienso, son dibujos abstractos, barcos de piratas lejanos, etc. Curiosamente me sirven como recordatorio. Al verlos normalmente sé que estaba pensando cuando lo hice. Jamás conservo esos papeles.

- Siempre llevo las llaves en la mano. Es un hábito adquirido después de que en MAPFRE cada vez que llamaba me decían.. “ahhh.. buenas tito.. qué?, ¿ha perdido usted la llave otra vez no?

- Pongo acentos (raro de cojones).

- No tengo ninguna foto en mi casa. Ni mía ni de nadie. Tampoco tengo álbumes de fotos. Me regalaron una cámara y la tengo en el trabajo y la cámara del móvil jamás la utilizo. Prefiero recordar con olores, sensaciones y sonidos. Creo sinceramente me da un recuerdo mucho más auténtico escuchar la música que sonaba cuando invité a la niña de mis sueños a bailar lento en aquella fiesta de instituto que avergonzarme viéndome en una foto “patilargo” con una cazadora azulina con hombreras y gomina en el pelo.

- Jamás follo con alguien sin comprobar que la otra persona tiene una característica esencial: es mujer. A partir de ahí todo es negociable. Manías que tiene uno.

- A veces soy regular para cumplir normas y cuando escribo sobre mis hábitos jamás pongo menos de seis.


Hay que poner las reglas del juego pero como mi audiencia es inteligente creo que obviaré lo obvio.

Por último hay que pedírselo a cinco personas más y así seguir la cadena de progresión geométrica. Si me permitís, yo paso. Pago la multa y punto.

 
Sin novedad en marte
De pronto sentí fiebre y temblores. Al principio eran ataques puntuales pero luego fue contínuo. Debe ser lo que llaman pubertad –pensé- pero sea lo que sea me dolía y me gustaba,a veces más lo primero, otras viceversa. No se curó, simplemente evolucionó. Durante cuatro meses descubrí lo que era la felicidad plena cada día que me levantaba, iba al instituto y me sonreía. Al tiempo se acabó y durante un tiempo estuve herido pero el tiempo se encargó de cicatrizar. Hoy solo queda un recuerdo precioso e imborrable.

Hacía frío por aquella época. Fue de improviso, en una noche para olvidar, que dio paso a otra inolvidable. Esta vez los síntomas tardaron más en surgir pero fueron contundentes. El temblor y la fiebre se hicieron intensos por momento y no remitían. No sabía exactamente cual era la enfermedad, pero tenía claro el remedio. Y el remedio funcionó. Durante bastante tiempo los síntomas no desaparecieron y se agudizaban si transcurría más de un día sin aplicarme la medicina. Como un yonki cualquiera, me hice adicto a la medicina mientras la enfermedad persistía más allá de lo habitual. Terminé la adicción como dejé de fumar. De forma brusca y sin espacio de transición. De pronto la medicina se acabó y la enfermedad se manifestó. Esta vez sumada y multiplicada por el síndrome de abstinencia. Tardé mucho más en curarme de esta crisis y de hecho, muchas veces pienso que no me he curado. Simplemente me he acostumbrado a vivir con ello.

La tercera vez comenzó de forma un tanto extraña. Sin darme mucha cuenta de cómo sucedía, en plena época de consolidación y sin esperarlo ya que me creía a salvo, vacunado. Comenzó de forma suave y casi imperceptible. Al principio fue un vacío en el estómago pero al tiempo los síntomas explotaron y se hicieron reconocibles. Era la misma fiebre y los mismos temblores pero distintos. No se trataba de una crisis de la enfermedad anterior, parecía algo nuevo. Hubo días que incluso que los síntomas me impedían conciliar el sueño y, cuando lo hacía, se me reproducían al despertar. A veces me hacían demasiado daño así que me tomé una aspirina complex. Y se me quitó.

Desde entonces, prácticamente curado, me siento relajado y puedo ser mucho más ecuánime aunque he de reconocer que mi alma de yonki a veces echa de menos los síntomas y sobre todo, la medicina.
 
La "incultura" andaluza
No soy yo muy partidario de pensar que un lugar es el mejor del mundo por el simple hecho de nacer allí. Incluso aunque, como dice un paisano mío, en mi caso sea cierto ;-). Yo he vivido más o menos tiempo en varias regiones y debe ser que he tenido suerte pero a mi me han tratado bien en todos los sitios en los que he estado. Creo firmemente que el nacionalismo se cura viajando y, sobre todo, viviendo en otros sitios dintitintos a tu tierra.

Soy andaluz, aunque yo no suelo reconocerme como un andaluz al uso y de hecho reniego mucho de los tópicos. Tantos de los buenos como de los malos. Entre los buenos esta la “gracia”, el “duende”, la alegría, etc, etc..Entre los malos está la vagancia y la incultura.

Generalmente, no me da por discutir estas tonterías. No suelo identificarme en que lo que pasó hace cien, doscientos o cuatrocientos años ni creo que tenga que ver conmigo. En primer lugar mis antepasados no son andaluces así que hablar ahora de que tengo herencia andalusí me parece estúpido. Incluso aunque mis antepasados hubieran sido andaluces me parecería igual una estulticia. Más de una vez he comentado con algún sudamericano la frase de Unamuno cuando alguien le echó en cara que sus antepasados habían cometido un genocidio en América: “Perdone usted, mis antepasados no, los suyos. Los míos se quedaron en España”.

Hoy, alguien ha hablado delante de mí de la incultura de los andaluces. Decir esto, aparte de la gilipollez intrínseca, es una generalización sin mucho fundamento. No le he dado mayor importancia porque solo faltaría que le honrara con mi atención. De todas formas lo he oído más de una vez y es una cosa que me llama la atención.

Tal y como yo entiendo la cultura, siempre me ha dado la impresión que, de lo que yo conozco, los andaluces son un pueblo culto. Y aquí vuelvo a repetir que, ni me considero “históricamente andaluz” ni soy precisamente un defensor a ultranza de lo mío, solo porque sea mío.

He de reconocer que, aunque reniego de nacionalismos (todos, incluyendo el español) algo me pica cuando se habla de “comunidades históricas” y se le hurta el título a Andalucía. Muchas veces recuerdo la anécdota que me contó un amigo cordobés que estudio el COU en USA y la respuesta que dio cuando alguien le preguntó si en España había agua corriente. Con el cabreo típico de la ocasión dijo “ochocientos años de que todos los delincuentes expulsados de Europa fundaran este país (USA) en mi ciudad había agua corriente”. En definitiva, que no digo que Andalucía tenga más o mejor historia que nadie, pero que será difícil que me demuestren que es menos “histórica”.

Si quisiera defender a los andaluces como un pueblo culto mucha gente utilizaría ejemplos de andaluces ilustres, pero creo que eso no es la forma mejor de explicarlo. Para mi la cultura no está en los títulos, ni en los grandes hombres que, por otra parte, como los gilipollas, los hay en todas partes.

Yo, cuando me refiero a que creo que los andaluces son (y hablo en tercera persona) un pueblo culto es básicamente porque, históricamente, han sido un pueblo que ha sabido vivir y que ha sabido hacer del arte y de la belleza una cosa cotidiana. Un pueblo que, según mi modesto entender, ha sabido siempre sacarle partido a la vida.

Pero hay algo que a mi me atrae particularmente de los andaluces y es lo que yo llamo la “permeabilidad inmutable”. Es un concepto que yo mismo he acuñado para reflejar el hecho de que los andaluces son fácilmente vencibles pero nunca conquistables. En la historia de Andalucía hay una constante. Cualquier nuevo pueblo que llegaba, vencía, se instalaba y al final.. terminaba viviendo como los andaluces. Es curioso leer a algunos cronistas romanos, árabes, franceses… y ver la similitud en las críticas al encontrarse que los conquistadores habían adoptado las costumbres y formas de actuar de los conquistados. Yo lo he vivido con familiares que han llegado a Andalucía y después de une época de ajuste más o menos duro, al final se han sentido tan cómodos que no han querido irse. Y no solo eso, lo mejor de todo es que, en esa forma de ser, se van incorporando costumbres y rasgos de todos los que llegan y se quedan.

Una amiga mía me contó un día una anécdota que ilustra bastante esta forma de ser. Para un trabajo de la universidad tenía que preparar una especie de informe basado en entrevistas. El tema era la invasión cultural de los americanos (del norte). Esta chica es de un pueblo de Huelva y entrevistó a su abuelo y a los amigos de este. Estaban jugando a las cartas en el bar. Ella hacía preguntas sobre que pensaban de que las películas fueran americanas, todos llevaran vaqueros, la proliferación de los mcDonalds y todo esto. En una de estas un viejecillo le dijo.

- ¿Pero nos están invadiendo los americanos?.
- En cierta forma si. Nos imponen su forma de vida.
- Pero nos dejaran echarnos la siesta no?
- Hombre claro..
- Y jugar a las cartas en el bar, y tomarnos un mostito no?
- Si, eso si
- No nos quitaran la semana santa o el rocío no?
- No creo que lleguen a eso
- Y las coplillas?
- No, tampoco
- Ah.. pues entonces que nos invadan!

Una muestra de la integración con nuevas costumbres, venidas del exterior la ví, en este mismo pueblo, años después, donde pude leer en la puerta de un bar de copas.

“Celebra Halogüin con nosotros. Barra libre de mosto del condao”

Seguro que alguno aún piensa que se trata de una muestra de incultura por escribir “halloween” así. Para quien lo piense debería decirle que conozco al dueño de ese garito. Es primo de un íntimo amigo mío. Es licenciado en historia de América y vivió dos años en USA haciendo una tesis sobre historia de la Florida. Con esto sólo quiero decir que, por supuesto, habla inglés perfectamente.


PD: Para quien no lo sepa allí se le llama "mosto" al vino joven.

 
A las barricadas!
Yo, como todos vosostros, jamás me he bajado un disco de Internet porque todos sabemos que eso esta mal. Pero me cuentan que un hermano de un primo de un amigo una vez bajó un disco. Venía en un archivo comprimido (zipeado es el nuevo verbo) y junto a las canciones en mp3 había un archivo “léame” (por supuesto sin acento).

En el archivo se leía lo siguiente


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Wirte us an email to micorreo@lawebdeturno.com


He mantenido las faltas de ortografía y sintácticas tanto en español como en inglés a propósito.

Esto es una práctica muy habitual. Un pirata reservándose para él los “derechos intelectuales” de la copia. Es paradójico y ridículo. Muy de nuestros tiempos. Supongo que no soportarán que alguien se apropie de "su trabajo". Incluso he visto alguna vez que hacen una copia de la carátula, le cambian cuatro cosas y ponen "copyrigth. Todos los derechos reservados". Manda huevos.

La mayoría de las veces el pirateo es una cuestión de "principios" y España es única para eso. Un amigo mío hace mucho puso una utilidad en Internet y solo pedía a los que probaban el programa y les parecía útil una cosa: que le enviaran una postal a un apartado de correos. Le llamó "postalware". Al cabo de unos meses tenía cientos de postales, algunas de ellas de países de los que no habia oído hablar en su vida. Según las estadísticas de la página donde lo puso, más del 70% de las descargas eran de España. No recibió ni una sola postal española.

Lo penoso de todo esto no es ya el hecho de que se piratee sino que se envuelva este hecho con proclamas revolucionarias. Siempre que se habla de esto alguien habla de las pelas que gana Alejandro Sanz a costa del sudor del trabajo de los pobres curritos, o como se aprovechan las multinacionales poniendo precios abusivos y tonterías de estas que no son sino excusas baratas para oír música o ver pelis sin pagar un duro. Por si alguien se confunde, yo pienso que lo que esta haciendo la sociedad general de autores, por ejemplo con el canon de los cd’s y dvd’s es una gilipollez y una sinvergonzonería (y que conste que soy miembro de dicha sociedad) pero de ahí a justificar la copia con razonamientos cuasi-filosóficos hay un trecho.

Pero hay más. Hay una especie de corriente libertaria que se extiende a todo lo que es susceptible de suponer derechos de propiedad intelectual. El otro día puse un mensaje en un foro técnico. Queremos hacer un dispositivo basado en microcontroladores y busco a un estudiante que busque un proyecto o un becario. Se trata de que nosotros le damos toda la información de que disponemos (bastante), le formamos, le pagamos la infraestructura necesaria (no es cualquier cosa) y los componentes que necesite y nuestras instalaciones. Además le damos una beca y le ayudamos a presentarlo como proyecto. También ofrecemos la posibilidad de contratarlo cuando termine el proyecto.

Al poco tiempo recibo un mail en la dirección que dejé en el mensaje donde me dicen de todo menos bonito. Por lo visto somos unos explotadores, porque si el producto tiene éxito nos aprovecharemos de él. No decía nada de que pasaría si el producto no tiene éxito. Terminaba con la proclama revolucionaria del siglo XXI: “viva el hardware libre”.

Y es que ahora Linus (el “inventor” de Linux que más que inventar se apropió de una idea y un producto) ha sustituido a Bakunin y Proudhon. Ahora debajo de los adoquines no esta la playa, sino el sistema operativo de la Junta de Extremadura (LinEx le llaman y no es más que una burda recopilación de programas existentes), Windows es el opio del pueblo y Bill Gates el anticristo.

Me pregunto si los nuevos “Che” (Guevara) tecnológicos que hablan del software libre, del hardware libre y que critican duramente la “mercantilización de la creatividad” (curiosa paradoja defender la creatividad abogando por no protegerla) estarán dispuestos a trabajar y no cobrar. Es curioso pero me da la impresión de que en las universidades últimamente se ven pocos “dos caballos” con flores pintadas y mucho GTI.

A mí de momento, no se me ocurre otra forma de pagar los sueldos que cobrar por lo que hacemos y producimos. En fin, será que uno se ha convertido en un fascista burgués.
 
Coherencia e implicación
Ayer trabajé… cosas de ser independiente y librepensador, pasar de ataduras, de estatus y de jefes y ser dueño de su destino… que un día festivo me toca currar. En realidad, la pequeña diferencia es que nadie me obliga. Es pequeña pero para mi esencial. Y ayer tuve una reunión con mi amigo “putero”. Es injusto llamarlo así porque es una persona que, como todas, tiene mil facetas y aristas pero bueno, lo llamo así para abreviar.

Después de la reunión, en una terraza cubierta (un día antes había disfrutado de una terraza descubierta a las diez de la noche mucho más al sur… en fin..) hablamos de unas cosas y de otras y sale el tema de las mujeres. Es el mismo tema de siempre pero cada vez tiene sutiles diferencias en su efoque.

En primer lugar me puso al día del estado actual de lo que el denomina sus mujeres. Putero suele disponer de un pequeño grupo (tres, cuatro, cinco máximo) de mujeres de los que es cliente habitual y cada cierto tiempo busca alguna nueva aventura. Este grupo va evolucionando. Las bajas suelen ser porque se van de la ciudad o lo dejan. Últimamente me cuenta que hay mucha puta trimestral. Son mujeres de determinados países (no especificare demasiado que después se molesta la gente) que vienen a España con visa de turismo de tres meses para sacarse un dinerito y volver. Las altas son aquellas que pasan con nota su particulares exigencias.

Es curioso porque las exigencias de Putero no tienen que ver con características físicas como pudiese esperarse. A la pregunta de que tiene que tener una señorita para pasar a su grupo habitual la respuesta es, cuando menos, sorprendente. “Debe ser coherente consigo misma y con mucha implicación”.

Putero no es precisamente un tío estupido. Más bien al contrario es un tío muy inteligente y no dice las cosas por decir. Me explicó su postura:

- Verás, cada mujer tiene su forma de ser y en el caso que nos ocupa cada mujer tiene su personalidad incluso cuando hace de puta. Las hay extremadamente cariñosas, las hay secas, las hay estupidas, las hay calientes, las hay muy putas (y esas son de las mejores), etc.. Si yo tengo varias chicas habituales es porque cada vez tengo ganas de una cosa distinta. A veces tengo ganas de reirme con una mujer, besarla, hacerlo de forma dulce y otras veces me apetece follar de forma salvaje y tener a una puta muy puta en la cama. El caso es que no hay cosa que me desconcierte más que el hecho de que una mujer a la que un día visité y fue extremadamente cariñosa de pronto se comporte seca, o una tía que era una leona en la cama un día, otro le de por ponerse melosa. En definitiva, me gusta que la mujer tenga una forma de ser definida y no me cambie.
- Pero cada cual tiene sus cambios de humor.
- Vale, pero que me avise cuando quedamos y me diga.. oye que hoy no me apetece para nada el follar en plan salvaje. Te imaginas que yo llegara y le dijera, oye que hoy he pensado que mejor no te pago y te invito a cenar. Seguramente ella se cabrearía con razón. Diría, oye esto no es lo acordado.

En cuanto al tema de la implicación es algo que da para otro post. Ya me lo ha dicho varias veces. La implicación es uno de esos conceptos que todos comprendemos aunque la palabra signifique otra cosa. Lo que Putero defiende (y debe ser verdad porque experiencia no le falta) es que hay prostitutas (y de las que hablamos son de alto standing) que, o disfrutan con lo que hacen o al menos saben hacer creer que es así. Me ha contado algunas anécdotas al respecto bastante jugosas. No es lo habitual por supuesto, pero precisamente por eso son las más apreciadas entre los puteros experimentados. De hecho, me explicó, siempre prefiere una mujer normalita con implicación que una top model (y hay muchas..) sin ella.

Una vez que finalizamos con él me toco a mi hablar. Putero me pregunto sobre mi situación actual. En un momento dado le comenté que estaba pensando seriamente presentarme como casado.

- y eso ¿porqué?
- Bueno verás. Yo estoy estupendo ahora. No solo no me importa estar solo sino que es que lo prefiero. Hago lo que quiero cuando quiero. Nunca me aburro y en muy pocas ocasiones (por no decir nunca) me siento solo. De hecho, en las ocasiones en las que me siento solo estoy seguro que una mujer a mi lado no me haría dejar de sentirme solo.
- Entonces, ¿Qué buscas?.
- No busco nada. Pero es que nada, nada… absolutamente nada.
- Joder, pero no te apetece estar con mujeres?
- Claro que si. Por eso lo de decir que estoy casado. Quiero una amante. Alguien que este para momentos puntuales. Obviamente, momentos estelares.
- Ah… estupendo, yo tuve de eso cuando estaba casado. Lo malo es la tendencia que tienen a no conformarse con ser amantes. Cuando se comienzan los términos suelen quedar claros, pero después la cosa cambia. A mi me paso incluso con una que también estaba casada. Aparte que hay veces que lo que te apetece es conocer a alguien totalmente nuevo.
- Si, puestos a ser egoísta seguramente si, tendría una amante habitual y alguna esporádica.
- Pero imagino a ti, en contraprestación, no te importaría que esas amantes habituales o esporádicas a su vez tuvieran otros amantes habituales o esporádicos.
- Claro, no sería justo lo contrario.
- Pero eso si, que cuando estuviera contigo fuese realmente como si solo existierais ella y tu.
- Claro, yo haría lo mismo.
- Y a ser posible, que cada una tuviera una forma de ser distinta y te provocara de forma diferente
- Eso sería como jugar al poker y ganar.
- Aja.. osea, que lo que te gustaría es disponer de un grupo de mujeres con características distintas. A una la llamarías cuando te apeteciera una charla y quien sabe si algo más romántico, a otra para follar como conejos..
- Si, algo parecido.
- Pues tito, si te das cuenta eso es exactamente lo mismo que busco yo, Solo que yo pago por adelantado y seguramente por eso al final me cuesta menos.
 
El barco pirata en el punto
Antes que nada muchas gracias por vuestros ánimos en estos momentos de desasosiego (ver post anterior).

Como pasa estos días uno se satura de “la ilusión de los más pequeños”. A mi lo que de verdad me encanta de los pequeños es su imaginación. Y mientras conduzco, recuerdo, recuerdo….

Tendría yo cuatro añitos y estaba en primero de EGB. (Iba adelantado pero esa es otra historia). Creo que aprendí a leer prácticamente antes que a hablar (literalmente) y a escribir poco después. Con cuatro años, cuando entré en el colegio, yo podía leer un libro de cierto nivel y escribir sin demasiado problemas. Las cuentas básicas no me costaban mucho tampoco. Pero esa habilidad para ciertas cosas las compensaba con mi inutilidad para el dibujo.

Mi profe (“seño”) de primero de EGB, una señorita (de esa época recuerdo que era muy guapa) que curiosamente fue profesora mía en segundo de BUP bastantes años después (de esa época recuerdo que además estaba buena), nos dijo que pintáramos un barco. A mi no me salían bien los dibujos por dos cosas: En primer lugar nunca he sido muy hábil dibujando y en segundo lugar yo siempre he sido exageradamente exigente y no me conformaba con el barquito de niño pequeño. Comencé a pensar y a pensar y dí con una solución usando pensamiento paralelo (entonces no sabía que se llamaba así). Cuando la señorita llego a mi lado y me pidió el dibujo se quedo perpleja..

- ¿pero esto que es?
- Un barco pirata
- Pero tito… esto es una raya, un semicírculo y un punto
- No, la raya es el horizonte, el semicírculo es el sol que se esconde detrás y el punto es el barco pirata. Es que está lejos.

Ella se rió ante la ocurrencia pero después fue lo peor que se puede ser conmigo: condescendiente. Desde su “superioridad” me dijo con voz cariñosa.. ves, aquí pintamos un rectángulo que es la parte de abajo del barquito y este triangulo que es la vela.

Ya, si, parecía un barquito pero desde luego a mi me gustaba más el mío con su castillo de proa, la santa barbara a rebosar, los piratas en cubierta y sus dos filas de cañones a los costados y su falconete en proa. Volví a mirarlo… cielos, parecía que la mar se estaba poniendo gruesa y ví a los piratas asegurando las escotillas. Estaba todo allí, lejos pero allí. Sólo había que usar las lentes de aumento de nuestra imaginación. No podía ser más fiel en la reproducción. O acaso el Titanic no parecía un punto cuando se alejaba hacia su fatal destino?.

En fin, el caso es que aprendí a dibujar barquitos con triángulos, y casitas con chimenea. Después vinieron muchísimas más cosas para aprender y todas las aprendí.

Desde entonces, siempre he intentado cultivar esa imaginación con la que todos nacemos y los años de formación se empeñan en destrozar. En definitiva, mirar lo que todo el mundo mira y ver lo que nadie ve. A veces yo uso una frase para mi y cuando la digo la gente se me queda mirando sin entender nada. “Habrá que buscar el barco pirata en el punto”.

Hace unos años, en una oficina, la mujer de un compañero vino a recogerlo junto con sus dos críos. Sergio de tres años y María de seis. El crío era un niño hiperactivo (al menos eso me parecía a mi). No sé porqué pero tal vez para tranquilizarlo le dibuje la raya y el punto en un pos-it y le pregunté ¿sabes que esto?. Antes de que dijera nada le dije, mira, es un barco pirata que esta muy lejos. A Sergio se le iluminaron los ojos y me dijo

- pirata?... y están peleando?
- Pues no se.. a ver que mire.. parece que si.. mira tu
- Siiii.. –dijo mientras miraba fijamente el punto- mira, están peleando con la espada…

Acto seguido empuñó una espada imaginaria y se puso a dar mandobles a diestro y siniestro. Mientras su hermano se deshacía del barba roja de turno María se acercó y me dijo ¿Qué es eso?. Le conté lo del barco pirata y me contesto: “pues yo no veo nada, eso es un puntito”.

Tomando café, mi compañero me hablaba de sus niños y de cómo María estaba en un colegio bilingüe y que en segundo ya comenzaban con el tercer idioma. Estaban contentísimos con la educación privada de alto nivel.

- Fijate, le hacen llevar una agenda y apuntar sus clases y actividades. Imaginate si nosostros hubiesemos tenido esa formación. ¡ahora sabriamos utilizar la agenda!.

Me quedé pensativo..

- Y Sergio irá a ese colegio.
- El año que viene empieza en preescolar

Me imagine a Sergio con una agenda en vez de luchando con los piratas

- Que pena.
 
Urgencia
Mi casa, dos de la madrugada…

- Bien me puede repetir los síntomas?
- Pues es como un desasosiego general doctora?
- Bien, y dice que tiene 39?
- Si, al menos hace una hora los tenía
- No es grave
- Joder, 39 no es grave?
- No demasiado.. vamos a ver, me puede usted mirarme a los ojos?
- Tengo algo en las pupilas?
- No, pero ya esta bien de mirar el canalillo
- Ah perdón es que es profundo…
- Ya, usted si que es profundo. Bueno, una aspirina y a la cama.. si lo síntomas persisten en un par de días vaya a urgencias.
- Pues vaya.. siento que haya usted tenido que vernir para esto..
- Ah, y no se olvide de prevenir para el año que viene
- Como?
- Si, el año que viene será peor. Los cuarenta siempre producen unos síntomas mucho más acusados que los 39.


 
Exégesis. Neotitobenismo tardío (teclado sobre windows)
Desde que tengo el blog abierto (este blog) he recibido dos invitaciones a participar en estudios sobre los blogs. Curioso. Esta forma de expresión ya ha trascendido de la relación entre emisor y receptor. Estamos en la fase de “estudio” del nuevo fenómeno. Dentro de nada (si es que no los hay ya) habrá críticos de blogs.

Aún más, seguramente dentro de poco alguien comenzará a establecer divisiones y subdivisiones de estilo. Es más, algún erudito marcará, enumerará y publicará los elementos que deben estar presente en cada estilo. Y, por supuesto, no faltará quien critique duramente el hecho de que en un blog urbano modernista el autor, siendo brillante en el estilo, no haya sabido cerrar convenientemente el nudo argumental resultando un pobre desenlace.

Quien sabe si, de aquí a un tiempo, nadie leerá lo que escribo sino que se entretendrá contando las sílabas o palabras que pongo entre punto y punto. Por supuesto alguien nos corregirá y discutirá con el mismo autor el significado de sus post. Se oirán frases como “da igual que tu digas que hiciste una entrevista contigo mismo porque te apetecía. Eso constituye, en si mismo, una negación de la técnica bloguera elemental”. Aunque claro, siempre saldrán nuevas escuelas de pensamiento que incluyan esa técnica como un nuevo paradigma. Nacerá el melonismo, el amandismo, el aguardenterismo. En este último caso, sin duda, deberemos distinguir entre el aguardenterismo de su primera época, (la epoca verde o mecaguentonismo) y la post-viñetismo.

Más tarde, después de la polémica de los críticos contemporáneos, el estilo se asentará y se harán comentarios de texto en el instituto sobre algunos post donde se indique que el autor utiliza predominantemente las vocales abiertas para reflejar su amplitud de espíritu. Quien sabe si el comentario de la selectividad del 2026 no se realizará sobre el post de Elvira sobre la sumisión y el exhibicionismo. Con la emoción de sacar nota para medicina seguramente nadie caerá en la cuenta de lo erótico del tema.

Tampoco debería extrañarme mucho. Ya he leído en algún sitio algo sobre los perfiles sociales de los autores de blogs.

Un paréntesis argumental (chicos, ya sabéis, el titobenismo en estado puro). Yo conozco a gente que hace este tipo de estudios pero en otros sectores (consultoría, industrial, nueva tecnologías) y directamente se lo inventan. Un consultor de bastante nivel (al menos económico) puso en un estudio que estábamos haciendo una vez: “el 73`5% de los usuarios de móviles esta satisfecho o muy satisfecho con su marca de móvil”. Cuando le pregunté de donde salía ese dato dijo. Cita nuestra empresa como fuente. Insistí. Pero de algun estudio?. Entonces preguntó a los que estamos alli. ¿Qué te parecen vuestros móviles?. Contestaron tres y los tres dijeron que estaban contentos. Entonces el dijo, pues el mío es una mierda.. lo ves?, tres de cuatro. Pensé en que ese dato después lo tomaría algún redactor y lo diría Matias Prats en un telediario. A partir de entonces todo el mundo asumiría que es verdad porque “lo ha dicho la tele”. Por otra parte, cuando me reí de aquello, el consultor me dijo: Mira, si alguien te dice que no que te demuestre lo contrario.

Bien, continúo con el hilo principal de este post urbano transgresor sarcástico típico de principios del siglo XXI muy enraizado en la corriente neotitobenista. Los estudios sobre los autores de blogs son similares a los del Cosmopolitan. Señores y señoras blogueros, el resumen es desolador. Las causas van por el lado de la patología social (estamos muy solos, desesperados, depresivos o no tenemos nada que hacer y punto), por el lado del narcisismo intelectual o simplemente son una técnica de progreso profesional. Vamos que somos enfermos o trepas. No me atrevo a pensar en como se valorarán a los lectores.

No debería extrañarme de lo que escribo. En primer lugar porque lo he escrito yo y en segundo lugar porque ya hay certámenes y concursos de blogs y ya se comienzan a hacer subdivisiones.

En definitiva. Que nadie caerá en la cuenta de que cada uno escribe sobre lo que le apetece, cada uno tiene sus gustos y ganas para leer. Que simplemente se trata de una forma de expresión como otra cualquiera. Que quien escribe un día sobre las florecillas del campo otro le apetece escribir sobre un polvo salvaje o lo que le paso a su primo en la primera comunión y que en definitiva, cualquier actividad con una mínima dosis de creatividad suele quedar ahogada en cuanto se mide, se coarta, se subdivide y se clasifica.

Y llegados a este punto os preguntareis. ¿Cuál es la motivación del autor para la creación de la obra?. Bien, por una vez lo pondré fácil. Son las doce y media de la noche, estoy preparando una oferta que debe estar lista mañana, estoy hasta los cojones y aprovecho para escribir algo mientras me tomo un café.

Ea, ahora al curro.
 
Los ojos más bonitos del mundo
Yo he visto los ojos más bonitos del mundo. No es una figura poética o una forma de hablar, no. Se tratan de los ojos más bonitos del mundo. Seguramente estaréis pensando que como puedo asegurarlo. ¿Acaso he visto todos los ojos, todos los que son o han sido?. Evidentemente no. Pero lo intuyo porque son los ojos más bonitos que he visto jamás y todo el que los vio opina exactamente lo mismo que yo. Sin excepción.

Uno tiene una vida como todo el mundo y, a pesar de que soy un fatal fisonomista he disfrutado y admirado ojos celestes en Buenos Aires (si, celestes, no azules), ojos grises en san petesburgo y ojos de tonos verdes azulados en Croacia. Sin ir tan lejos me he quedado hipnotizados penetrando en la profundidad de unos ojos negros azabache más de una vez. Todos increíbles, todos preciosos, todos admirables y casi siempre admirados.

Pero los ojos más bonitos del mundo son marrones.

Aquí es cuando seguro que más de uno/a piensa… “aja… está claro que es puramente subjetivo y está cegado por el amor, cariño, amistad… porque unos ojos marrones no son tan excepcionales”.

Crasso error.

Porque estos ojos no son de un color marrón corriente. Es una comparación poco poética pero es la más fiel que se me ocurre. Los ojos más bonitos del mundo son del color de los envoltorios de los caramelos Solano (de los nuevos envoltorios). Si tuvierais alguno cerca (suerte doble porque están riquísimos) miradlo fijamente y pensar unos ojos de ese color… ¿impresionante eh?. Es un marrón lleno de vida.

En mi vida he tenido la suerte de comprobar las reacciones que provocan. He visto como un camarero rompía tazas y vasos al quedarse mirando. He visto como al facturar un equipaje el azafato balbuceaba con el billete en la mano mientras los de la cola protestaban. He visto multitud de veces como hombres y mujeres tropezaban en la calle mientras volvían la vista para mirarlos.

Yo siempre he sentido envidia de todo aquel que no los conocía y los miraba por primera vez porque, lamentablemente, no recuerdo lo que me provocaron la primera vez que los vi. Sé lo que me provocan ahora cada vez que los veo.

La dulce sensación de sentirse en casa.




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Conversaciones trascendentales
Cuando se sale por la noche, a las tres de la madrugada se tienen conversaciones de todo tipo. A veces el cuerpo te pide alguna conversación intrascendente.

- Hola
- Hola
- Vamoave, creo que la mejor forma de comenzar es darte un dato sobre mí: Soy un desastre para ligar pero soy buen conversador así que mejor que me ayudes un poco y ya verás como no te arrepientes.
- Ah, entonces que tengo que hacer yo?
- Bueno, dame pie para alguna conversación.
- Bien, se me ocurre una pregunta. Porque te has acercado a mí?. Que te ha llamado la atención?
- Vaya, no tienes otra?.
- No. Llevamos una hora en el local, somos cincuenta y he notado que tu vas un poco a tu bola y de pronto, rodeas a todos y me dices “Hola”.
- Te has fijado en mi?
- Si, pero no me cambies de conversación.
- Bien, te contestaré sinceramente: tu culo.
- Como?
- Si joder, verás me ha llamado la atención tu culo y esta hora he estado recogiendo fuerzas en los dos whiskies para acercarme.
- Jajaja.. me parece genial
- Ah si?
- Claro encanto. Cuando se tiene un culo como el mío que no es precisamente discreto y me llevo una hora en casa intentando meterme esta falda sin que explote lo menos que espero es que alguien se fije. Sino para que tanto sacrificio.
- Ah, y es que hay alguien que no se fije?
- Bueno, tu amigo Pablo se me ha acercado y me ha dicho que lo que más le gusta de mi es mi sonrisa
- Más que tu culo?.
- Sí.
- Increíble, tu sonrisa no esta mal pero donde va a parar…
- Lo mismo opino yo. Aunque mis amigas suelen decir que lo tengo demasiado ancho.
- Y tu te pones una falda de tubo hasta los tobillos super ajustada. Para disimularlo.
- Si, es que se que lo de mis amigas es puta envidia. Ya ves, si intentara disimularlo a lo mejor no estaríamos hablando. Y me hubiera perdido un gran conversador.
- Claro, además esa falda es genial porque te da forma.
- No encanto, te equivocas, no es la falda la que da forma al culo sino viceversa.
- Bueno, esas cosas nunca se saben. Habría que comprobarlo empíricamente.
- Bien, porque no me hablas sobre ti. Lo mismo hasta lo compruebas hoy.
- No lo creo, yo soy bastante difícil.
- Te funciona esa táctica de plantearte como un reto?
- Alguna vez, sobre todo cuando no se dan cuenta.
- Aja.. entonces tendré que hacer como que no me doy cuenta no?
- Mejor
- Mucho mejor

Pero lo bueno, lo realmente bueno de estas conversaciones intrascendentes es cuando, además, trascienden.
 
Paseo en coche (acuarela sobre papel)
Dos de la tarde, mañana de Domingo día primero. Poca gente. Cea Bermúdez, Madrid. La circulación es fluida aunque, como siempre, no se puede decir que las calles estén desiertas. Semáforo en rojo. Todos paramos, yo en segunda fila de la parrilla de salida. Quien no sea de Madrid seguramente pensará que lo de la “parrilla de salida” es una metáfora.

De pronto, me fijo, no sé muy bien porqué, en un mercedes parado en primer fila, en la fila de al lado a la mía. Un señor de unos cincuenta abre la puerta con cierta urgencia y sale disparado hacia la acera dejando el coche y la puerta abierta.

Tardo poco en darme cuenta del motivo. El señor (y nunca mejor dicho) ha observado una persona ciega que iba a cruzar un paso que, como es costumbre en esta ciudad en la que vivo, no está precisamente fácil para alguien con algún tipo de discapacidad. El señor acompaña del brazo al ciego hasta dejarlo en la otra acera.

Ya en la acera el semáforo se pone en verde. Salimos de forma ordenada pero aún me da tiempo de observar como, el tío (en este caso un chaval joven) que esta a mi lado en el coche, justo detrás del mercedes que, obviamente no se mueve porque al señor no le dio tiempo de regresar, se pone a pitar como loco a pesar de que no cabe ninguna duda que ha visto todo exactamente igual que yo.

Inmediatamente pienso en que si se consiguiera que uno de los capullos como el tío que pita se convirtiera en uno de los señores que se bajan de su coche para ayudar se mejoraría un poco el mundo.

Recuerdo en ese momento el cuento del chaval que está en la playa tirando estrellas de mar al agua para que no se mueran en la arena. Un “sabio” al ver lo que está haciendo le dice:

- No tiene sentido que intentes salvar a las estrellas de mar porque son demasiadas. Jamás podrás salvarlas a todas y además, en la próxima marea volverán a quedarse atrapadas.

El chaval, coge una estrella, la tira al mar y contesta: “para esa si tuvo sentido”.

Siguiendo con mis razonamientos en cadena me doy cuenta que, parado en un semáforo, he constatado que hay gente mejor que yo y que hay gente peor. Joder, que forma de caer en la cuenta de que soy mediocre. Decido que la próxima vez que me pase algo similar caeré en la cuenta de que ir en un coche no significa que los peatones vivan en otro mundo diferente al mío y si veo que alguien necesita ayuda lo haré.

Como no me conformo con dejarlo así rememoro también la educación de mis abuelos y de mis padres. Aquello de ceder el paso, el sitio en el autobús, etc. Y al hilo de lo anterior, recuerdo también como una amiga mía, embarazada, iba todos los días al trabajo en autobús y metro y siempre me contaba que las únicas veces que le cedían un asiento eran señores mayores que, probablemente, lo necesitaban más que ella. Supongo que me hago mayor y por eso cada vez echo más en falta aquellas asignaturas que hace no demasiado me parecían “rancias” como la urbanidad y buenas costumbres. En fin, vuelvo a darme cuenta como a veces confundimos la educación con la erudición (aunque la verdad es que últimamente ninguna de ellas abunda).

Sigo pensando hasta que llego a María de Molina y me paro en un paso de cebra. Inopinadamente, el destino me da una pequeña oportunidad de resarcirme. Una mujer con un niño de la mano y otro en un carrito intenta subir por el escalón de la acera. Me bajo y le ayudo a subir el carro. La mujer, bellísima, me sonríe y me dice: “gracias, eres un caballero” y yo me siento bien. Al entrar en mi coche continúo mi camino con una sonrisa.

Pienso hasta llegar a casa. Joder, lo que da de sí un pequeño paseo en coche si sabe uno como aprovecharlo. Pienso despues ya en casa. ¿Porqué le daré tantas vueltas a todo?.