La calva
A veces me pregunto si alguien que me conozca suficiente lee este blog me reconocería. Creo que sí. Con este post seguramente terminaré por confirmarlo pero tengo ganas de contarlo.
Hace unos días a altas horas de la noche y haciendo zapping ví un trozo de un capítulo de “Sexo en NY” donde sucede algo que coincide casi totalmente con un sucedido que paso (no a mí sino a una amiga) durante mi adolescencia. Incluso pensé en un momento que sería antes si la anécdota o la serie. Duro un segundo mi duda. Lo que sucedió fue hace más de veinte años (joe.. una vez más.. que viejo..). Acabo de escribir un comentario al post anterior dirigido a arguandentero y me ha vuelto a recordar el sucedido.
Cristina era una amiga del barrio y era de mi edad. Era mi amiga. A esa edad y como nos veíamos en el barrio y continuamente estábamos juntos muchos pensaba que éramos algo más pero no, siempre fuimos amigos y solo eso aunque mentiría si dijera que no me lo plantee alguna vez. Cristina era guapa y estaba bastante bien. Era una chica bastante alta y con unas piernas espectaculares aunque con no mucho pecho pero tenía una cualidad que le hacía perder muchos enteros en su relación con los hombres. Era una de las mujeres menos femeninas que recuerdo. Tanto por su forma de hablar como por su forma de comportarse o de andar Cristina no parecía siquiera una chica. Eso si, aun recuerdo un día que fuimos a una boda del hermano de un amigo común y vino con un vestido y tacones. Casi nos da un telele. Pero normalmente Cristina llevaba sus vaqueros (ajustados eso si), un polo unisex y nada de maquillaje. Era guapa y solía ir con el pelo corto.
Pero, aparte de apariencia, es que Cristina era una chica que pasaba más por un colega que por una “mujercita”. Nuestras discusiones eran épicas y jamás nos disculpábamos pero los dos sabíamos, sin decirlo, que lo sentíamos y así, el siguiente día que nos veíamos nos tratábamos como si nada hubiese sucedido.
Viendo la familia de Cristina uno se explicaba muchas cosas. La madre era como ella pero a lo bestia. Cerca de 1,80 de mujerona con los brazos como cuatro veces más gruesos que los míos. La forma de hablar no era precisamente delicada tampoco. El padre llegaba a ser gracioso primero por el hecho de que era chiquitito y era un cachondo mental y después por lo bruto que era. Tenía un taller de tractores (aún me lo imagino tratando con los clientes). Su hermano era menor que ella, tendría por aquel entonces unos doce o trece años y era el típico hermano pequeño coñazo al que intentábamos despistar continuamente. Por último un hermanito de unos siete u ocho años que parecía de otra familia a pesar de que el padre solo sabia decir en voz alta que fue un desliz porque “quien se contiene teniendo a esta peazo de mujer en la cama”.
Por aquel entonces, la ventana de mi habitación daba a una especie de parque donde solíamos reunirnos. En verano el ruido de los niños jugando y las conversaciones en voz alta se confundía. De pronto un día escucho un tumulto. Se trata de risas poco contenidas. Me asomo por la ventana y abajo veo a un calvo. El caso es que el calvo me suena. Los niños están descojonados apuntándole y riéndose de él. Pero, un momento, no puede ser. El calvo no es él sino ella. Es Cristina con la cabeza brillante como una bola de billar.
Bajo a la calle y paso por delante del “centro cultural” que es como, eufemísticamente, se le llama al bar donde se reúnen los hombres en el barrio. Por la ventana veo algo que me parece aún más misterioso. El padre de Cristina esta rapado y todos los amigos se están riendo de él dándole en la calva mientras el se defiende. Por fin llego al parquecillo y allí me encuentro a Cristina pero antes veo algo que me parece ya de traca. Su hermano pequeño está jugando al fútbol con el pelo rapado.
Me acerco y antes de que pueda decirle nada me dice:
- Que tito?, te gusta mi nuevo look?
- Joder, porque te has hecho eso
- Ven que te cuento
- Pero es que tu padre esta igual
- Espera.. que ahora te digo
- Joder, y tu hermano…
- Espera joder… vamos al banco (un banco que estaba en otra calle y donde soliamos quedar y hablar sin que los del barrio nos vieran fumar).
He de decir aquí que en aquella época no había ningún tipo de moda de llevar rapada la cabeza como si puede suceder hoy.
En cuanto llegamos le interrogo.
- Dímelo niña, habéis tenido un accidente?
- Espera tito, te cuento.. tu sabes que mi hermano Pablito esta malo?
- Si, lo lleváis a análisis no.. porqué?
- En realidad no es a análisis sino a tratanmiento. No se lo hemos dicho a nadie porque mi madre no quería pero mi hermanito tiene cancer.
- Joder!
- Si, hace ya unos meses que va a tratamiento y se le está cayendo el pelo. El otro día lloraba diciendo que sus amigos se rien de él porque es calvo. Y mi padre se levantó de la mesa, se fue y vino al rato con la cabeza rapada.
- Y eso?
- Para decirle que era una cosa normal y que a papa no le importaba.
- Y vosostros?
- Mi hermano se puso a reirse y mi madre al verlo reir después de tanto tiempo se fue al baño y se corto el pelo
- No me jodas
- Si, y después mis padres nos cortaron el pelo a nosostros delante de mi hermano.
- Tu madre también?
- Si ahora somos una familia de calvos pero por lo menos mi hermanito no se ve raro y además, como el todavía tiene un poquito de pelo se rie de nosostros.
El tiempo pasó. Cristina se acostumbro a salir con una gorra a la calle pero al final le creció el pelo y su hermano se curó totalmente. A veces me acuerdo de aquello. De Cristina y sobre todo de su padre, un tío bestia, mal educado, chiquitito, gracioso pero con muy mala leche y como, en su impotencia, al menos consiguió que su hijo se riera en aquellos días tan duros.
En el capítulo de sexo en NY es el novio de una de las protagonistas el que tiene el gesto. Dudo que los guionistas de la serie conocieran a Cristina y su familia y, seguramente, se trata de un gesto que habrá sucedido más de una vez pero yo recuerdo aquella y siempre que lo hago sonrío.
Hace unos días a altas horas de la noche y haciendo zapping ví un trozo de un capítulo de “Sexo en NY” donde sucede algo que coincide casi totalmente con un sucedido que paso (no a mí sino a una amiga) durante mi adolescencia. Incluso pensé en un momento que sería antes si la anécdota o la serie. Duro un segundo mi duda. Lo que sucedió fue hace más de veinte años (joe.. una vez más.. que viejo..). Acabo de escribir un comentario al post anterior dirigido a arguandentero y me ha vuelto a recordar el sucedido.
Cristina era una amiga del barrio y era de mi edad. Era mi amiga. A esa edad y como nos veíamos en el barrio y continuamente estábamos juntos muchos pensaba que éramos algo más pero no, siempre fuimos amigos y solo eso aunque mentiría si dijera que no me lo plantee alguna vez. Cristina era guapa y estaba bastante bien. Era una chica bastante alta y con unas piernas espectaculares aunque con no mucho pecho pero tenía una cualidad que le hacía perder muchos enteros en su relación con los hombres. Era una de las mujeres menos femeninas que recuerdo. Tanto por su forma de hablar como por su forma de comportarse o de andar Cristina no parecía siquiera una chica. Eso si, aun recuerdo un día que fuimos a una boda del hermano de un amigo común y vino con un vestido y tacones. Casi nos da un telele. Pero normalmente Cristina llevaba sus vaqueros (ajustados eso si), un polo unisex y nada de maquillaje. Era guapa y solía ir con el pelo corto.
Pero, aparte de apariencia, es que Cristina era una chica que pasaba más por un colega que por una “mujercita”. Nuestras discusiones eran épicas y jamás nos disculpábamos pero los dos sabíamos, sin decirlo, que lo sentíamos y así, el siguiente día que nos veíamos nos tratábamos como si nada hubiese sucedido.
Viendo la familia de Cristina uno se explicaba muchas cosas. La madre era como ella pero a lo bestia. Cerca de 1,80 de mujerona con los brazos como cuatro veces más gruesos que los míos. La forma de hablar no era precisamente delicada tampoco. El padre llegaba a ser gracioso primero por el hecho de que era chiquitito y era un cachondo mental y después por lo bruto que era. Tenía un taller de tractores (aún me lo imagino tratando con los clientes). Su hermano era menor que ella, tendría por aquel entonces unos doce o trece años y era el típico hermano pequeño coñazo al que intentábamos despistar continuamente. Por último un hermanito de unos siete u ocho años que parecía de otra familia a pesar de que el padre solo sabia decir en voz alta que fue un desliz porque “quien se contiene teniendo a esta peazo de mujer en la cama”.
Por aquel entonces, la ventana de mi habitación daba a una especie de parque donde solíamos reunirnos. En verano el ruido de los niños jugando y las conversaciones en voz alta se confundía. De pronto un día escucho un tumulto. Se trata de risas poco contenidas. Me asomo por la ventana y abajo veo a un calvo. El caso es que el calvo me suena. Los niños están descojonados apuntándole y riéndose de él. Pero, un momento, no puede ser. El calvo no es él sino ella. Es Cristina con la cabeza brillante como una bola de billar.
Bajo a la calle y paso por delante del “centro cultural” que es como, eufemísticamente, se le llama al bar donde se reúnen los hombres en el barrio. Por la ventana veo algo que me parece aún más misterioso. El padre de Cristina esta rapado y todos los amigos se están riendo de él dándole en la calva mientras el se defiende. Por fin llego al parquecillo y allí me encuentro a Cristina pero antes veo algo que me parece ya de traca. Su hermano pequeño está jugando al fútbol con el pelo rapado.
Me acerco y antes de que pueda decirle nada me dice:
- Que tito?, te gusta mi nuevo look?
- Joder, porque te has hecho eso
- Ven que te cuento
- Pero es que tu padre esta igual
- Espera.. que ahora te digo
- Joder, y tu hermano…
- Espera joder… vamos al banco (un banco que estaba en otra calle y donde soliamos quedar y hablar sin que los del barrio nos vieran fumar).
He de decir aquí que en aquella época no había ningún tipo de moda de llevar rapada la cabeza como si puede suceder hoy.
En cuanto llegamos le interrogo.
- Dímelo niña, habéis tenido un accidente?
- Espera tito, te cuento.. tu sabes que mi hermano Pablito esta malo?
- Si, lo lleváis a análisis no.. porqué?
- En realidad no es a análisis sino a tratanmiento. No se lo hemos dicho a nadie porque mi madre no quería pero mi hermanito tiene cancer.
- Joder!
- Si, hace ya unos meses que va a tratamiento y se le está cayendo el pelo. El otro día lloraba diciendo que sus amigos se rien de él porque es calvo. Y mi padre se levantó de la mesa, se fue y vino al rato con la cabeza rapada.
- Y eso?
- Para decirle que era una cosa normal y que a papa no le importaba.
- Y vosostros?
- Mi hermano se puso a reirse y mi madre al verlo reir después de tanto tiempo se fue al baño y se corto el pelo
- No me jodas
- Si, y después mis padres nos cortaron el pelo a nosostros delante de mi hermano.
- Tu madre también?
- Si ahora somos una familia de calvos pero por lo menos mi hermanito no se ve raro y además, como el todavía tiene un poquito de pelo se rie de nosostros.
El tiempo pasó. Cristina se acostumbro a salir con una gorra a la calle pero al final le creció el pelo y su hermano se curó totalmente. A veces me acuerdo de aquello. De Cristina y sobre todo de su padre, un tío bestia, mal educado, chiquitito, gracioso pero con muy mala leche y como, en su impotencia, al menos consiguió que su hijo se riera en aquellos días tan duros.
En el capítulo de sexo en NY es el novio de una de las protagonistas el que tiene el gesto. Dudo que los guionistas de la serie conocieran a Cristina y su familia y, seguramente, se trata de un gesto que habrá sucedido más de una vez pero yo recuerdo aquella y siempre que lo hago sonrío.
La postura y la pereza
El otro día estuve de cena. Era una cena compromiso, no de trabajo pero si por quedar bien. La verdad es que no me lo pase mal aunque fui sin muchas ganas.
Y es que últimamente me doy cuenta que la mayoría de las cosas me dan pereza. No últimamente hace dos días, sino más bien últimamente hace años. La mayoría de las veces que salgo lo hago “por no quedarme en casa” cuando, curiosamente, me apetece más quedarme. De hecho cada vez salgo más tarde. Desde que era adolescente y debido a múltiples razones siempre he salido más bien tarde y ahora lo sigo practicando. Cuando quedo con gente y van a cenar me invento cualquier excusa para quedar donde vayan después de la cena. A veces salgo de casa pasada la una de la madrugada.
Pero lo que más me llama la atención es que, no solo se trata de ser perezoso para salir, es que además soy un “perezoso social”. Dicho claro, cada vez me apetece menos conocer a gente y relacionarme.
Todo esto no ha hecho sino potenciar unos de mis defectos/virtudes (es que sinceramente no se si es defecto o virtud) que es la pereza para lo que yo llamo “la postura” con las mujeres. Esto de “la postura” aunque podría llamarse compostura o impostura es como yo llamo a esa generalizada costumbre de querer aparentar delante del otro. Sobre todo cuando el otro u otra te gusta o pretendes algo. Las formas de la postura son diversas pero, básicamente, consiste en aparecer como no eres. No se trata de arreglarse o llevar a la otra persona a cenar a un sitio donde normalmente no lo haces, no. Se trata simplemente de ser mostrarte diferente a como eres. Si lo analizas bien no tiene ningún sentido pero continuamente se hace.
Cuando eres un adolescente la postura suele ser una forma de tonteo y se caracteriza por la sonrisa tontita, el móvil a la última o la ropita de marca. Cuando eres mayorcito la postura se compone de forma algo más compleja y entra en juego el status social, económico, etc..
Otro aspecto de la postura es la adaptación al medio que consiste en acoplarse rápidamente a las opiniones de la otra persona. Yo creo que esto se da en los dos sexos pero me da la impresión que en el hombre es más acusado. Seguramente si una tía maciza justificara en una cena la actuación nazi y el holocausto judío un porcentaje altísimo de hombres argumentaría que Hitler fue un incomprendido. No es más que un corolario de la ley: “prometer hasta meter y después de haber metido, nada de lo prometido”. El único problema es que la mayoría de las veces la postura termina cediendo a la naturaleza y, cuando se ha pasado la primera fase de conocimiento o seducción, la cosa puede volverse incómoda. Un ejemplo típico de esto es la frase: “no entiendo que ahora no te guste que lleve minifalda si antes decías que te volvía loco”.
Yo nunca he sido muy dado a este tipo de juegos de seducción sinceramente pero últimamente es que cada vez me importa menos. Eso no quiere decir que no me cuide o no me arregle o perfume (poquito) cuando voy a una cita o simplemente salgo. También tengo ciertas precauciones. Por ejemplo, cuando salgo mi casa tiene que estar, al menos decente, porque aunque hace muchísimo tiempo que no salgo y vuelvo con alguien a casa, si alguna vez sucediera no me gustaría encontrarme con la cama deshecha por ejemplo (que por cierto, es el estado habitual de mi cama).
En la cena del otro día, excepto una pareja, los demás eran lo que ahora se llama singles (solteros, divorciados…) y, una vez más, me dio la impresión de vivir la escena desde fuera. Todos estaban en “modo postura”. Una de las mujeres era una chica de pelo rojo muy atractiva y que, sin duda, era el objeto del deseo generalizado. En una de estas conversaciones dio un punto de vista sobre un tema de actualidad. Yo no estaba de acuerdo y debía ser el único. La noche continuó y al final nos fuimos. Algunos seguían en un bar de copas pero yo estaba bastante cansado así que decidí volver a casa.
A la salida nos quedamos la pelirroja y yo solos debido a que nuestros coches los tenían en otro aparcamiento y habían ido a por ellos. Para colmo llovía a mares así que tardaron bastante y lógicamente en la puerta tuvimos que hablar. Aprovechando la tranquilidad me preguntó si me había molestado lo que había dicho. Le dije la verdad y es que no, aunque obviamente no estaba de acuerdo.
- Es que he notado que desde ese momento no has vuelto a hablar conmigo.
- Si te digo la verdad es que me pareció que se establecía una especie de competición por ti entre el personal masculino y me da pereza la competición.
- De verdad lo crees?
- Si. Es evidente y además tú lo sabes.
- Vaya, no eres muy diplomático verdad.
- Pues no, pero tampoco me gustaría molestarte.
- No me molestas, simplemente que es raro encontrarse a alguien que te hable clarito.
- Seguramente no, y menos a ti.
- Y eso porqué?
- Bueno, sinceramente no creo que sea habitual que los hombres que te conocen por primera vez te discutan mucho.
- Eso es un insulto o un cumplido?
- Sólo un prejuicio, seguramente injusto como casi todos los prejuicios.
- Bueno, no soy tonta, te entiendo perfectamente y si, es cierto que no me suelen discutir demasiado, sobre todo en la primera cita. Creo que a toda mujer le pasa.
- Imagino que a casi todas
- Bueno, entonces te dejo que me discutas. Vas a ir a tomar la copa?
- No, estoy cansado.
- Aja, y supongo que también estas cansado para un café.
- Pues hoy si.
- Otro día entonces.
- Ok.
Por aquel entonces llegó el aparcacoches con las llaves de su coche. Yo espere un minuto más. La ví alejarse y pensé en pedirle su teléfono. Pero después me dije.. "bah, supongo que ya nos veremos otro día".
Pues eso, que cada vez estoy más perezoso.
Y es que últimamente me doy cuenta que la mayoría de las cosas me dan pereza. No últimamente hace dos días, sino más bien últimamente hace años. La mayoría de las veces que salgo lo hago “por no quedarme en casa” cuando, curiosamente, me apetece más quedarme. De hecho cada vez salgo más tarde. Desde que era adolescente y debido a múltiples razones siempre he salido más bien tarde y ahora lo sigo practicando. Cuando quedo con gente y van a cenar me invento cualquier excusa para quedar donde vayan después de la cena. A veces salgo de casa pasada la una de la madrugada.
Pero lo que más me llama la atención es que, no solo se trata de ser perezoso para salir, es que además soy un “perezoso social”. Dicho claro, cada vez me apetece menos conocer a gente y relacionarme.
Todo esto no ha hecho sino potenciar unos de mis defectos/virtudes (es que sinceramente no se si es defecto o virtud) que es la pereza para lo que yo llamo “la postura” con las mujeres. Esto de “la postura” aunque podría llamarse compostura o impostura es como yo llamo a esa generalizada costumbre de querer aparentar delante del otro. Sobre todo cuando el otro u otra te gusta o pretendes algo. Las formas de la postura son diversas pero, básicamente, consiste en aparecer como no eres. No se trata de arreglarse o llevar a la otra persona a cenar a un sitio donde normalmente no lo haces, no. Se trata simplemente de ser mostrarte diferente a como eres. Si lo analizas bien no tiene ningún sentido pero continuamente se hace.
Cuando eres un adolescente la postura suele ser una forma de tonteo y se caracteriza por la sonrisa tontita, el móvil a la última o la ropita de marca. Cuando eres mayorcito la postura se compone de forma algo más compleja y entra en juego el status social, económico, etc..
Otro aspecto de la postura es la adaptación al medio que consiste en acoplarse rápidamente a las opiniones de la otra persona. Yo creo que esto se da en los dos sexos pero me da la impresión que en el hombre es más acusado. Seguramente si una tía maciza justificara en una cena la actuación nazi y el holocausto judío un porcentaje altísimo de hombres argumentaría que Hitler fue un incomprendido. No es más que un corolario de la ley: “prometer hasta meter y después de haber metido, nada de lo prometido”. El único problema es que la mayoría de las veces la postura termina cediendo a la naturaleza y, cuando se ha pasado la primera fase de conocimiento o seducción, la cosa puede volverse incómoda. Un ejemplo típico de esto es la frase: “no entiendo que ahora no te guste que lleve minifalda si antes decías que te volvía loco”.
Yo nunca he sido muy dado a este tipo de juegos de seducción sinceramente pero últimamente es que cada vez me importa menos. Eso no quiere decir que no me cuide o no me arregle o perfume (poquito) cuando voy a una cita o simplemente salgo. También tengo ciertas precauciones. Por ejemplo, cuando salgo mi casa tiene que estar, al menos decente, porque aunque hace muchísimo tiempo que no salgo y vuelvo con alguien a casa, si alguna vez sucediera no me gustaría encontrarme con la cama deshecha por ejemplo (que por cierto, es el estado habitual de mi cama).
En la cena del otro día, excepto una pareja, los demás eran lo que ahora se llama singles (solteros, divorciados…) y, una vez más, me dio la impresión de vivir la escena desde fuera. Todos estaban en “modo postura”. Una de las mujeres era una chica de pelo rojo muy atractiva y que, sin duda, era el objeto del deseo generalizado. En una de estas conversaciones dio un punto de vista sobre un tema de actualidad. Yo no estaba de acuerdo y debía ser el único. La noche continuó y al final nos fuimos. Algunos seguían en un bar de copas pero yo estaba bastante cansado así que decidí volver a casa.
A la salida nos quedamos la pelirroja y yo solos debido a que nuestros coches los tenían en otro aparcamiento y habían ido a por ellos. Para colmo llovía a mares así que tardaron bastante y lógicamente en la puerta tuvimos que hablar. Aprovechando la tranquilidad me preguntó si me había molestado lo que había dicho. Le dije la verdad y es que no, aunque obviamente no estaba de acuerdo.
- Es que he notado que desde ese momento no has vuelto a hablar conmigo.
- Si te digo la verdad es que me pareció que se establecía una especie de competición por ti entre el personal masculino y me da pereza la competición.
- De verdad lo crees?
- Si. Es evidente y además tú lo sabes.
- Vaya, no eres muy diplomático verdad.
- Pues no, pero tampoco me gustaría molestarte.
- No me molestas, simplemente que es raro encontrarse a alguien que te hable clarito.
- Seguramente no, y menos a ti.
- Y eso porqué?
- Bueno, sinceramente no creo que sea habitual que los hombres que te conocen por primera vez te discutan mucho.
- Eso es un insulto o un cumplido?
- Sólo un prejuicio, seguramente injusto como casi todos los prejuicios.
- Bueno, no soy tonta, te entiendo perfectamente y si, es cierto que no me suelen discutir demasiado, sobre todo en la primera cita. Creo que a toda mujer le pasa.
- Imagino que a casi todas
- Bueno, entonces te dejo que me discutas. Vas a ir a tomar la copa?
- No, estoy cansado.
- Aja, y supongo que también estas cansado para un café.
- Pues hoy si.
- Otro día entonces.
- Ok.
Por aquel entonces llegó el aparcacoches con las llaves de su coche. Yo espere un minuto más. La ví alejarse y pensé en pedirle su teléfono. Pero después me dije.. "bah, supongo que ya nos veremos otro día".
Pues eso, que cada vez estoy más perezoso.
E=mc2
Esto es una especie de continuación del post anterior. He de decir que entre los múltiples defectos que me reconozco uno de los más importantes es mi imposibilidad para resumir y concretar. Así pues, intentar explicar algo en un post, y aunque tengo tendencia a hacerlos excesivos, me es muy difícil. Como sé que el posta anterior, provocado por una estupidez, puede no dejar claro algunas cosas aprovecharé el comentario que me hace Amanda para concretar algo más aunque imagino que no seré capaz de abarcar todo lo que opino sobre este tema.
Recojo el guante que me lanza Amanda que me pregunta que opino de las premoniciones y en general de determinadas cosas que suceden y a las que no se el encuentran una explicación científica.
Antes que nada quiero dejar claro que respeto cualquier creencia que trascienda y que sea importante para alguien. De hecho mucho más que la mayoría de los creyentes de una religión concreta que suelen despreciar las creencias de los demás.
Hay una regla en la que creo y que hasta ahora no ha sido refutada. Todo lo que sucede se comporta según una ley científica (física, matemática, química). Otra cosa es que, en la mayoría de los casos no se conoce esa ley y por supuesto su explicación. Y cuando digo la mayoría es que, en realidad es la mayoría. Digamos que hay muchísimas más cosas que se desconocen que se conocen. No se sabe que es la carga eléctrica, no se sabe como se produce la vida, no se sabe como funciona la gran mayoría del cuerpo humano, se desconoce casi todo sobre las estrellas y sobre los fondos marinos. A pesar de Newton y de Einstein aún no se ha determinado las ecuaciones que rigen las leyes de la gravedad. En definitiva, para buscar algo que no tenga explicación por la ciencia no hace falta ir a un tablero de una ouija.
Un familiar mío es investigador en el CSIC y me contaba que la mayoría de estudios actuales son puramente empíricos y estadísticos. Él para ilustrarlo puso un ejemplo gracioso. Decía que se demuestra que las patatas fritas producen cáncer de páncreas porque todos los pacientes que habían tenido cáncer habían comido patatas fritas. Así pues, como se ve incluso esos continuos estudios que aparecen en los telediarios sobre si las aspirinas son buenas para esto, o malas para lo otro, no son científicos ya que no se ha demostrado la causa ni la leyes que la soportan. Simplemente se le da una aspirina al día a x personas y a otras no y se estudian estadísticas.
Al hilo de esto último, una cosa que seguro llama la atención a quien no sea médico o científico es el hecho de que, a día de hoy se desconocen como funcionan la mayoría de los medicamentos. Como dato curioso, no hace muchos años, un español tomó fama internacional porque, por fin, consiguió explicar como el acido Acetilsalicilico (la aspirina vaya) cura el dolor de cabeza cuando se habían cumplido más de cien años desde su descubrimiento como medicamento.
En definitiva, que el hecho de que no sepamos la explicación lógica no significa que no la tenga. No hace mucho tiempo cualquier fenómeno atmosférico era un misterio (y hoy muchos de ellos continúan siéndolo) . Ejemplos de cosas aparentemente sin explicación a las que se encuentra una explicación son tantas que sería imposible de enumerar una mínima parte. Hace no mucho alguien me comentó la explicación científica de los “deja vu” que se descubrió no hace mucho y que consiste en que por un fallo el cerebro registra en milisegundos dos veces la misma información quedando “impresa” la segunda pero dándonos la sensación de que eso ya lo habíamos vivido. Esto parece que efectivamente está comprobado y, de hecho, hay gente que tiene trastornos que le hacen que su vida sea un continuo “deja vu”. También escuché una vez algo sobre las premoniciones y hay algunas teorías pero ninguna se ha demostrado. Lo cual, insisto, no quiere decir que no existan.
Otro ejemplo lo vi hace poco en un documental. En un bosque continuamente aparecen círculos de hierba (círculos formado por hierba más verde). Pensando en que serían un timo alguien pensó en poner cámaras y durante meses vieron que no había nadie que lo hiciera. Un ufólogo determinó que “sin duda” los círculos eran debidos a “radioactividad” derivada de la presencia de OVNI’s. Al final resultó que se trata de unas poblaciones de hongos que surgen cuando hay madera de raíces en la tierra y descomponen la madera en nutrientes. Donde están los hongos la tierra es rica en nutrientes y la hierba crece más alta. Aún así se mantiene un misterio. Porque los hongos crecen en círculos.
Sobre el resto de cosas, premoniciones, videncias, etc… yo solo digo que no se si existen pero desde luego si existen tendrán algún tipo de explicación. Si alguien demuestra mañana que existe la telequinesia o yo viera a alguien mover objetos a voluntad me lo creeré. Lo cierto es que hay mucha gente que dice que lo ha visto pero jamás se ha conseguido hacerlo en un laboratorio. De todas formas, como ya he dicho, el hecho de que no tenga explicación no quiere decir que no se rija por las mismas leyes científicas. Lo que desde luego rechazo es que me digan que la explicación es que el cuadrante del cielo cuando yo nací influye en mi personalidad porque cuatro estrellas forman el esqueleto de un toro.
Esa es mi opinión, solo eso. Cada cual tiene la suya. Creo que en ocasiones, a todos nos gusta sentirnos especiales y pensar que tenemos determinados poderes. Y parece que es necesario creer en algo. Al fin y al cabo todos los que tienen alguna fe creen en cosas sin ningún sentido. En cuanto a mi humilde parecer, si alguien quiere inventarse una cosa y llamarla ciencia solo tiene que someterse al método científico. Y si alguien, por poner solo un ejemplo, decide que aquellos cuyos números asociados a las letras de su nombre sumen 15 serán egoístas, o emprendedores… solo pido que me expliquen el porqué. Si por un casual la respuesta es “no lo sé pero siempre es así” solo le pido que admitan que si una vez no es así entonces es que la regla no es válida.
Bueno, y ya esta bien de todo esto que me parece que me esta quedando, una vez más, demasiado largo.
Recojo el guante que me lanza Amanda que me pregunta que opino de las premoniciones y en general de determinadas cosas que suceden y a las que no se el encuentran una explicación científica.
Antes que nada quiero dejar claro que respeto cualquier creencia que trascienda y que sea importante para alguien. De hecho mucho más que la mayoría de los creyentes de una religión concreta que suelen despreciar las creencias de los demás.
Hay una regla en la que creo y que hasta ahora no ha sido refutada. Todo lo que sucede se comporta según una ley científica (física, matemática, química). Otra cosa es que, en la mayoría de los casos no se conoce esa ley y por supuesto su explicación. Y cuando digo la mayoría es que, en realidad es la mayoría. Digamos que hay muchísimas más cosas que se desconocen que se conocen. No se sabe que es la carga eléctrica, no se sabe como se produce la vida, no se sabe como funciona la gran mayoría del cuerpo humano, se desconoce casi todo sobre las estrellas y sobre los fondos marinos. A pesar de Newton y de Einstein aún no se ha determinado las ecuaciones que rigen las leyes de la gravedad. En definitiva, para buscar algo que no tenga explicación por la ciencia no hace falta ir a un tablero de una ouija.
Un familiar mío es investigador en el CSIC y me contaba que la mayoría de estudios actuales son puramente empíricos y estadísticos. Él para ilustrarlo puso un ejemplo gracioso. Decía que se demuestra que las patatas fritas producen cáncer de páncreas porque todos los pacientes que habían tenido cáncer habían comido patatas fritas. Así pues, como se ve incluso esos continuos estudios que aparecen en los telediarios sobre si las aspirinas son buenas para esto, o malas para lo otro, no son científicos ya que no se ha demostrado la causa ni la leyes que la soportan. Simplemente se le da una aspirina al día a x personas y a otras no y se estudian estadísticas.
Al hilo de esto último, una cosa que seguro llama la atención a quien no sea médico o científico es el hecho de que, a día de hoy se desconocen como funcionan la mayoría de los medicamentos. Como dato curioso, no hace muchos años, un español tomó fama internacional porque, por fin, consiguió explicar como el acido Acetilsalicilico (la aspirina vaya) cura el dolor de cabeza cuando se habían cumplido más de cien años desde su descubrimiento como medicamento.
En definitiva, que el hecho de que no sepamos la explicación lógica no significa que no la tenga. No hace mucho tiempo cualquier fenómeno atmosférico era un misterio (y hoy muchos de ellos continúan siéndolo) . Ejemplos de cosas aparentemente sin explicación a las que se encuentra una explicación son tantas que sería imposible de enumerar una mínima parte. Hace no mucho alguien me comentó la explicación científica de los “deja vu” que se descubrió no hace mucho y que consiste en que por un fallo el cerebro registra en milisegundos dos veces la misma información quedando “impresa” la segunda pero dándonos la sensación de que eso ya lo habíamos vivido. Esto parece que efectivamente está comprobado y, de hecho, hay gente que tiene trastornos que le hacen que su vida sea un continuo “deja vu”. También escuché una vez algo sobre las premoniciones y hay algunas teorías pero ninguna se ha demostrado. Lo cual, insisto, no quiere decir que no existan.
Otro ejemplo lo vi hace poco en un documental. En un bosque continuamente aparecen círculos de hierba (círculos formado por hierba más verde). Pensando en que serían un timo alguien pensó en poner cámaras y durante meses vieron que no había nadie que lo hiciera. Un ufólogo determinó que “sin duda” los círculos eran debidos a “radioactividad” derivada de la presencia de OVNI’s. Al final resultó que se trata de unas poblaciones de hongos que surgen cuando hay madera de raíces en la tierra y descomponen la madera en nutrientes. Donde están los hongos la tierra es rica en nutrientes y la hierba crece más alta. Aún así se mantiene un misterio. Porque los hongos crecen en círculos.
Sobre el resto de cosas, premoniciones, videncias, etc… yo solo digo que no se si existen pero desde luego si existen tendrán algún tipo de explicación. Si alguien demuestra mañana que existe la telequinesia o yo viera a alguien mover objetos a voluntad me lo creeré. Lo cierto es que hay mucha gente que dice que lo ha visto pero jamás se ha conseguido hacerlo en un laboratorio. De todas formas, como ya he dicho, el hecho de que no tenga explicación no quiere decir que no se rija por las mismas leyes científicas. Lo que desde luego rechazo es que me digan que la explicación es que el cuadrante del cielo cuando yo nací influye en mi personalidad porque cuatro estrellas forman el esqueleto de un toro.
Esa es mi opinión, solo eso. Cada cual tiene la suya. Creo que en ocasiones, a todos nos gusta sentirnos especiales y pensar que tenemos determinados poderes. Y parece que es necesario creer en algo. Al fin y al cabo todos los que tienen alguna fe creen en cosas sin ningún sentido. En cuanto a mi humilde parecer, si alguien quiere inventarse una cosa y llamarla ciencia solo tiene que someterse al método científico. Y si alguien, por poner solo un ejemplo, decide que aquellos cuyos números asociados a las letras de su nombre sumen 15 serán egoístas, o emprendedores… solo pido que me expliquen el porqué. Si por un casual la respuesta es “no lo sé pero siempre es así” solo le pido que admitan que si una vez no es así entonces es que la regla no es válida.
Bueno, y ya esta bien de todo esto que me parece que me esta quedando, una vez más, demasiado largo.
Sé lo que hiciste...
Últimamente estoy aún más ocupado de lo normal. Se juntas buenas noticias (nuevo proyectos) con malas (gente que se fue) en la empresa. Aparte de eso coincide algún viaje pendiente desde hace tiempo. Ayer llegué y hoy pensaba sentarme tranquilamente a escribir un post en el blog sobre un tema concreto cuando me he encontrado un comentario curioso al post anterior.
Simplemente decía algo así como “siento pasarte esto” y una dirección de un blog. La dirección en cuestión es un blog con una sola página donde pone algo así como “estoy muerta y si no quieres estarlo tu en dos días debes enviar alguien a ver esta página”. Tanto la estética como el texto en sí es muy de películas de terror de adolescentes como “the ring” y emula a la famosa leyenda urbana del video ese que te condena si lo ves.
Al principio me he reído y he pensado en lo estúpida que llega a ser la gente. Después me ha dado rabia más que nada porque puede que alguien que se acerque a mi blog termine siguiendo el enlace del comentario. Y puede que ese alguien no sea tan escéptico como yo con estas chorradas. Así que lo he borrado. Obviamente la persona que ha hecho ese comentario no se ha identificado. Supongo que ser gilipollas no es como para publicitarlo. Imagino además que el o la que me ha enviado este enlace pensará que de esta forma se ha salvado y ahora el condenado soy yo. De momento me quedaré pues con mi condena.
Todo esto me ha recordado la gran capacidad que tenemos para creer en cosas absurdas. Un día un amigo, conociendo mi opinión sobre el particular, me dijo que si quería ligar mejor no sacara el tema del horóscopo. Muchas veces me he acordado de su consejo porque más de una vez me he sentido rechazado simplemente por no creer en estas historias. Me llamó particularmente la atención, cuando estuve en Argentina hace ya bastante donde las mujeres te preguntaban siempre tu nombre y tu signo zodiacal. Yo cada vez contestaba uno distinto y siempre “era evidente”.
Aún recuerdo en un periódico donde trabajé (no viene ahora al caso la historia) y el encargado de escribir el horóscopo era cada día uno. Aún recuerdo las frases típicas:
- Manolo… pon que las géminis encontrarán hoy al hombre de su vida que he quedado con una.
Cuando contaba esta anécdota, indefectiblemente los y las (muchas más las que los) creyentes me decían:
- Hombre, es que esos horóscopos no son serios, los buenos son los que te hacen según tu carta astral.
Da igual que intentes explicar que el origen del horóscopo es algo tan surrealista como la mitología sumeria, griega y romana, o que los razonamientos son tan increíbles como que estas cinco estrellas parecen un zorro y el zorro es astuto por lo tanto los nacidos en esta fecha son astutos. Para completar la sinrazón resulta que esas cinco estrellas en muchos casos son ocho y que debido a la variación del eje de la tierra ya no se ven igual (ya no “parecen un zorro” si es que alguna vez lo parecieron) ni están en el mismo cuadrante.
Al poco de vivir en Madrid, por medio de un compañero de piso, conocí a un astrólogo de los que se supone serio. Era un tío, por aquel entonces, bastante conocido (salía en la tele). Tuvimos bastantes conversaciones porque pretendía hacer un programa de ordenador para hacer cartas astrales y me explicó bastante sobre lo que el denominaba astrología “seria”. Era simplemente ridículo pero estoy convencido de que él lo creía. Y aún me llama la atención la cantidad de gente (insisto en el tema de las mujeres pero es que es así) que cree en horóscopos, videntes y demás especies. Normalmente las creencias de este tipo vienen acompañadas de otras no mucho más fundadas.
En definitiva, soy muy consciente de que muchos de los que leeréis este post (porque además algunos de vosotros habéis tratado estos temas en vuestros blogs) creéis en videncias, destinos, horóscopos y todo este tipo de cosas. Para mi alguien que va a un vidente ahora mismo en una gran ciudad no difiere demasiado del que hace dos mil años mataba una vaca para ver la disposición de las vísceras y saber si la campaña sería propicia. Mientras no molesten demasiado, a mi me importan bien poco aunque a veces te encuentres con el/la peñazo de turno que intenta convencerte (porque esta manía del proselitismo en estos temas) de que el/ella no creía hasta que pasó algo mágico que le cambio la vida. Normalmente eso mágico es que conoció a un tío rubio cuando le dijeron que sería.. "de pelo más o menos claro" o a una chavala que vive en Albacete cuando estando el tarifa le dijeron que conocería a alguien del norte.
Esto de los videntes en cierta forma me recuerda a los gurús del análisis técnico en bolsa (un mundo donde estuve metido bastante tiempo por curiosidad y que me costó un buen dinero) que también hacen relaciones de todo tipo y pretenden saber y adivinar los movimientos de la bolsa. Normalmente, como los videntes, son mucho mejores acertando el pasado. Por otra parte siempre me llamó la atención que, tanto unos como otros, se dediquen a cobrar por sus servicios, escribir libros, hacer cursos. Mi opinión es que si un vidente o un analista de bolsa realmente supiera acertar el dinero no sería precisamente su problema.
Lo que más me intriga de todo esto no es que la gente con cierta cultura crea en estas cosas. Mi opinión es que necesitamos creer. Si lo piensas solo un poco te das cuenta de lo estúpido que puede ser el hecho de que por leer una blog escrito por alguien mueras. Y sin embargo seguro que en breve (sino ha sucedido ya) comenzaremos a ver a gente poniendo este tipo de mensajes para seguir la cadena. En mi caso he recibido algunas cadenas del tipo “lee esto cuatro veces y envíalo a seis personas o serás desgraciado toda tu vida” y algunas veces quien me lo ha enviado se supone que es una persona con cierta solvencia y cultura.
Un día me contaron una cosa que no se si es cierta o no pero que no me extrañaría. En USA un profesor estaba tratando todo este tipo de cadenas y supersticiones que se pusieron de moda hace unos años con una serie de películas del mismo tipo al blog que os comento. Hizo un experimento muy simple. Pidió a la gente de su clase, que de forma voluntaria se sometieran a un ejecicio. Tenían que elegir un número del uno al seis y tirar un dado. Si el número era el mismo que habían seleccionado significaría que morirían en una semana. Para empezar, el primer resultado del experimento. Casi la mitad de la clase rehusó hacer el ejercicio. Todos decían que era una tontería pero “por si acaso”. El segundo resultado fue curioso. Midió las pulsaciones a los que hicieron el ejercicio y notaron que en muchos casos solo con tirar el dado las pulsaciones aceleraban y volvían a su nivel normal cuando el resultado era distinto al número seleccionado y que en caso de “acertar” las pulsaciones se disparaban.
Los efectos colaterales del experimento fueron bastante curiosos y penosos. Hubo un porcentaje de alumnos que pidió ayuda sicológica porque se vieron afectados por el mismo y el profesor fue expulsado de la universidad a petición de algunos padres de alumnos.
Precisamente ha sido este tipo de cosas la que me ha cabreado cuando he visto el comentario en cuestión. Yo leeré ese blog adolescente hasta que me canse y no me afectará lo más mínimo pero me consta que mucha gente puede verse afectada y no me gusta, al menos en mi blog.
De hecho, me he enfadado tanto que he tomado medidas drásticas y siguiendo el rito he hecho una estrella de cinco puntas y en medio he puesto la IP de la persona que me ha enviado el comentario. Luego he quemado incienso y he pedido a Juno que esta persona sea maldita. Osea, que lo llevas crudo tío o tía. Te queda una semana para perecer entre horrendos dolores. Nunca debiste jugar con las fuerzas del más allá colega.
PD: Por cierto, como no pienso enviar a nadie a que lea la página por mi creo que estoy yo tambien condenado y me quedan dos días de vida. Mirándolo bien, al menos me libraré de la charla que tengo que dar el jueves y que me apetece poquísimo.
Simplemente decía algo así como “siento pasarte esto” y una dirección de un blog. La dirección en cuestión es un blog con una sola página donde pone algo así como “estoy muerta y si no quieres estarlo tu en dos días debes enviar alguien a ver esta página”. Tanto la estética como el texto en sí es muy de películas de terror de adolescentes como “the ring” y emula a la famosa leyenda urbana del video ese que te condena si lo ves.
Al principio me he reído y he pensado en lo estúpida que llega a ser la gente. Después me ha dado rabia más que nada porque puede que alguien que se acerque a mi blog termine siguiendo el enlace del comentario. Y puede que ese alguien no sea tan escéptico como yo con estas chorradas. Así que lo he borrado. Obviamente la persona que ha hecho ese comentario no se ha identificado. Supongo que ser gilipollas no es como para publicitarlo. Imagino además que el o la que me ha enviado este enlace pensará que de esta forma se ha salvado y ahora el condenado soy yo. De momento me quedaré pues con mi condena.
Todo esto me ha recordado la gran capacidad que tenemos para creer en cosas absurdas. Un día un amigo, conociendo mi opinión sobre el particular, me dijo que si quería ligar mejor no sacara el tema del horóscopo. Muchas veces me he acordado de su consejo porque más de una vez me he sentido rechazado simplemente por no creer en estas historias. Me llamó particularmente la atención, cuando estuve en Argentina hace ya bastante donde las mujeres te preguntaban siempre tu nombre y tu signo zodiacal. Yo cada vez contestaba uno distinto y siempre “era evidente”.
Aún recuerdo en un periódico donde trabajé (no viene ahora al caso la historia) y el encargado de escribir el horóscopo era cada día uno. Aún recuerdo las frases típicas:
- Manolo… pon que las géminis encontrarán hoy al hombre de su vida que he quedado con una.
Cuando contaba esta anécdota, indefectiblemente los y las (muchas más las que los) creyentes me decían:
- Hombre, es que esos horóscopos no son serios, los buenos son los que te hacen según tu carta astral.
Da igual que intentes explicar que el origen del horóscopo es algo tan surrealista como la mitología sumeria, griega y romana, o que los razonamientos son tan increíbles como que estas cinco estrellas parecen un zorro y el zorro es astuto por lo tanto los nacidos en esta fecha son astutos. Para completar la sinrazón resulta que esas cinco estrellas en muchos casos son ocho y que debido a la variación del eje de la tierra ya no se ven igual (ya no “parecen un zorro” si es que alguna vez lo parecieron) ni están en el mismo cuadrante.
Al poco de vivir en Madrid, por medio de un compañero de piso, conocí a un astrólogo de los que se supone serio. Era un tío, por aquel entonces, bastante conocido (salía en la tele). Tuvimos bastantes conversaciones porque pretendía hacer un programa de ordenador para hacer cartas astrales y me explicó bastante sobre lo que el denominaba astrología “seria”. Era simplemente ridículo pero estoy convencido de que él lo creía. Y aún me llama la atención la cantidad de gente (insisto en el tema de las mujeres pero es que es así) que cree en horóscopos, videntes y demás especies. Normalmente las creencias de este tipo vienen acompañadas de otras no mucho más fundadas.
En definitiva, soy muy consciente de que muchos de los que leeréis este post (porque además algunos de vosotros habéis tratado estos temas en vuestros blogs) creéis en videncias, destinos, horóscopos y todo este tipo de cosas. Para mi alguien que va a un vidente ahora mismo en una gran ciudad no difiere demasiado del que hace dos mil años mataba una vaca para ver la disposición de las vísceras y saber si la campaña sería propicia. Mientras no molesten demasiado, a mi me importan bien poco aunque a veces te encuentres con el/la peñazo de turno que intenta convencerte (porque esta manía del proselitismo en estos temas) de que el/ella no creía hasta que pasó algo mágico que le cambio la vida. Normalmente eso mágico es que conoció a un tío rubio cuando le dijeron que sería.. "de pelo más o menos claro" o a una chavala que vive en Albacete cuando estando el tarifa le dijeron que conocería a alguien del norte.
Esto de los videntes en cierta forma me recuerda a los gurús del análisis técnico en bolsa (un mundo donde estuve metido bastante tiempo por curiosidad y que me costó un buen dinero) que también hacen relaciones de todo tipo y pretenden saber y adivinar los movimientos de la bolsa. Normalmente, como los videntes, son mucho mejores acertando el pasado. Por otra parte siempre me llamó la atención que, tanto unos como otros, se dediquen a cobrar por sus servicios, escribir libros, hacer cursos. Mi opinión es que si un vidente o un analista de bolsa realmente supiera acertar el dinero no sería precisamente su problema.
Lo que más me intriga de todo esto no es que la gente con cierta cultura crea en estas cosas. Mi opinión es que necesitamos creer. Si lo piensas solo un poco te das cuenta de lo estúpido que puede ser el hecho de que por leer una blog escrito por alguien mueras. Y sin embargo seguro que en breve (sino ha sucedido ya) comenzaremos a ver a gente poniendo este tipo de mensajes para seguir la cadena. En mi caso he recibido algunas cadenas del tipo “lee esto cuatro veces y envíalo a seis personas o serás desgraciado toda tu vida” y algunas veces quien me lo ha enviado se supone que es una persona con cierta solvencia y cultura.
Un día me contaron una cosa que no se si es cierta o no pero que no me extrañaría. En USA un profesor estaba tratando todo este tipo de cadenas y supersticiones que se pusieron de moda hace unos años con una serie de películas del mismo tipo al blog que os comento. Hizo un experimento muy simple. Pidió a la gente de su clase, que de forma voluntaria se sometieran a un ejecicio. Tenían que elegir un número del uno al seis y tirar un dado. Si el número era el mismo que habían seleccionado significaría que morirían en una semana. Para empezar, el primer resultado del experimento. Casi la mitad de la clase rehusó hacer el ejercicio. Todos decían que era una tontería pero “por si acaso”. El segundo resultado fue curioso. Midió las pulsaciones a los que hicieron el ejercicio y notaron que en muchos casos solo con tirar el dado las pulsaciones aceleraban y volvían a su nivel normal cuando el resultado era distinto al número seleccionado y que en caso de “acertar” las pulsaciones se disparaban.
Los efectos colaterales del experimento fueron bastante curiosos y penosos. Hubo un porcentaje de alumnos que pidió ayuda sicológica porque se vieron afectados por el mismo y el profesor fue expulsado de la universidad a petición de algunos padres de alumnos.
Precisamente ha sido este tipo de cosas la que me ha cabreado cuando he visto el comentario en cuestión. Yo leeré ese blog adolescente hasta que me canse y no me afectará lo más mínimo pero me consta que mucha gente puede verse afectada y no me gusta, al menos en mi blog.
De hecho, me he enfadado tanto que he tomado medidas drásticas y siguiendo el rito he hecho una estrella de cinco puntas y en medio he puesto la IP de la persona que me ha enviado el comentario. Luego he quemado incienso y he pedido a Juno que esta persona sea maldita. Osea, que lo llevas crudo tío o tía. Te queda una semana para perecer entre horrendos dolores. Nunca debiste jugar con las fuerzas del más allá colega.
PD: Por cierto, como no pienso enviar a nadie a que lea la página por mi creo que estoy yo tambien condenado y me quedan dos días de vida. Mirándolo bien, al menos me libraré de la charla que tengo que dar el jueves y que me apetece poquísimo.
Ese trocito de ti
Tantos años y, a pesar de que constantemente te tengo en mi cabeza, de que continuamente me sorprendo haciendo de tus gustos los míos, sigo sin saber que regalarte.
Ya sabes que nunca he creído en los días especiales, sabes perfectamente que prefiero regalar un tupilan amarillo un día cualquiera de otoño que un diamante en la fecha señalada.
Una vez más tendríamos la discusión de siempre sobre si esta fecha es un invento de los grandes almacenes. Y una vez más, como todos los años, mis razonamientos lógicos y mis convicciones, esas de las que tu (y solo tú) te ríes siempre se vuelven frágiles y quebradizas. Al principio aún me quedaba al menos esa cabezonería que hacía que, aunque sabía perfectamente que terminaría cediendo, me mostrará contigo como con los demás: coherente, convincente y seguro.
Y volveré a pensar que, tal vez, sería un buen regalo para mí que al menos durante unos minutos, me haga la ilusión de que te he convencido con mis dos horas de sesudos razonamientos antes de que tu mirada sonriente y tus labios condescendientes se encarguen de destrozarlos en un segundo.
Así que, aquí me tienes, ahorrando esfuerzo inútiles, vencido y casi convencido buscando entre mis pertenencias algo para regalarte, y no se me ocurre nada que no sea mi pensamiento, mi sonrisa, mis lagrimas o mi recuerdo. Pero todo eso ya es tuyo.
Y en esta duda estaba cuando de pronto, como si de verdad el destino existiera, he escuchado una canción de esas de las que estoy seguro que se convertiría en tu “favorita de siempre” durante quince días. Esa que me harías conseguir en el momento como si fuese un capricho de embarazada, aunque tuvieramos que irnos a un VIPs a medianoche.
Y, para redondear el círculo, resulta que además sirve (como no) para la campaña de regalos de unos grandes almacenes. Para mi gusto es un poco cursi (todo habitual en estos casos) pero, desde luego la letra puede decirse que viene que ni pintada
te regalo mi orden mi desorden
te regalo mi norte y mi horizonte
mi filosofía mis historias
mi memoria
te regalo mi amor que se acumula
te regalo mis manos, mi locura
te daré todo lo que me pidas
yo por ti daría mi vida!!!
No sé para que dar tantas vueltas si al final, terminaré haciendo lo de siempre: levantarme, pensarte, ducharme, pensarte, desayunar, pensarte y salir a la calle a dar un paseo por esa calle de Madrid donde hace más de diez años la lluvia regaba la semilla de una ilusión. Después volveré a la floristería, compraré una rosa de tallo largo y la dejaré en aquella cabina que me salvó la vida cuando comprobé con horror que mi teléfono no funcionaba justo a la hora en que habíamos pactado que te llamaría aquella primera vez (que tiempos aquellos sin móvil eh?). Esa cabina por donde pasábamos a veces y a la que un día le diste un beso como agradecimiento.
Eso de tomarle cariño a los objetos (aún recuerdo tus lagrimas cuando dejamos en el concesionario el coche en el que hicimos el amor) es otra de las cualidades que, sin ser para nada de mi estilo, tome prestadas de ti. Forma parte, como este acceso de cursilería, de ese trocito de ti que pervive en mí. Ese trocito pequeño pero intenso que suelo proteger férreamente para que nadie lo descubra ni lo ensucie. Esa parte de mi, insólita para los que me conocen (poco o mucho) que hace que, mientras me rió públicamente de la efeméride y critico el mercantilismo que la acompaña, todos los días catorce de febrero me surja un asunto urgente que me deja libre media mañana. Al fin y al cabo ya sabes que con lo ocupado que estaba (y estoy) siempre, el tiempo es mi regalo más valioso.
Este año, como todos, quiero regalarte las primeras horas del día.
Feliz día de San Valentín cielo.
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Ya sabes que nunca he creído en los días especiales, sabes perfectamente que prefiero regalar un tupilan amarillo un día cualquiera de otoño que un diamante en la fecha señalada.
Una vez más tendríamos la discusión de siempre sobre si esta fecha es un invento de los grandes almacenes. Y una vez más, como todos los años, mis razonamientos lógicos y mis convicciones, esas de las que tu (y solo tú) te ríes siempre se vuelven frágiles y quebradizas. Al principio aún me quedaba al menos esa cabezonería que hacía que, aunque sabía perfectamente que terminaría cediendo, me mostrará contigo como con los demás: coherente, convincente y seguro.
Y volveré a pensar que, tal vez, sería un buen regalo para mí que al menos durante unos minutos, me haga la ilusión de que te he convencido con mis dos horas de sesudos razonamientos antes de que tu mirada sonriente y tus labios condescendientes se encarguen de destrozarlos en un segundo.
Así que, aquí me tienes, ahorrando esfuerzo inútiles, vencido y casi convencido buscando entre mis pertenencias algo para regalarte, y no se me ocurre nada que no sea mi pensamiento, mi sonrisa, mis lagrimas o mi recuerdo. Pero todo eso ya es tuyo.
Y en esta duda estaba cuando de pronto, como si de verdad el destino existiera, he escuchado una canción de esas de las que estoy seguro que se convertiría en tu “favorita de siempre” durante quince días. Esa que me harías conseguir en el momento como si fuese un capricho de embarazada, aunque tuvieramos que irnos a un VIPs a medianoche.
Y, para redondear el círculo, resulta que además sirve (como no) para la campaña de regalos de unos grandes almacenes. Para mi gusto es un poco cursi (todo habitual en estos casos) pero, desde luego la letra puede decirse que viene que ni pintada
te regalo mi orden mi desorden
te regalo mi norte y mi horizonte
mi filosofía mis historias
mi memoria
te regalo mi amor que se acumula
te regalo mis manos, mi locura
te daré todo lo que me pidas
yo por ti daría mi vida!!!
No sé para que dar tantas vueltas si al final, terminaré haciendo lo de siempre: levantarme, pensarte, ducharme, pensarte, desayunar, pensarte y salir a la calle a dar un paseo por esa calle de Madrid donde hace más de diez años la lluvia regaba la semilla de una ilusión. Después volveré a la floristería, compraré una rosa de tallo largo y la dejaré en aquella cabina que me salvó la vida cuando comprobé con horror que mi teléfono no funcionaba justo a la hora en que habíamos pactado que te llamaría aquella primera vez (que tiempos aquellos sin móvil eh?). Esa cabina por donde pasábamos a veces y a la que un día le diste un beso como agradecimiento.
Eso de tomarle cariño a los objetos (aún recuerdo tus lagrimas cuando dejamos en el concesionario el coche en el que hicimos el amor) es otra de las cualidades que, sin ser para nada de mi estilo, tome prestadas de ti. Forma parte, como este acceso de cursilería, de ese trocito de ti que pervive en mí. Ese trocito pequeño pero intenso que suelo proteger férreamente para que nadie lo descubra ni lo ensucie. Esa parte de mi, insólita para los que me conocen (poco o mucho) que hace que, mientras me rió públicamente de la efeméride y critico el mercantilismo que la acompaña, todos los días catorce de febrero me surja un asunto urgente que me deja libre media mañana. Al fin y al cabo ya sabes que con lo ocupado que estaba (y estoy) siempre, el tiempo es mi regalo más valioso.
Este año, como todos, quiero regalarte las primeras horas del día.
Feliz día de San Valentín cielo.
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Mostrar es un verbo, insinuar un arte.
Una y media de la madrugada. Tendría unos veinte años y volvía de un trabajo (poniendo música) que me había buscado para pagarme mis vicios y hacer honor a la frase que me dedicaba siempre mi padre: “no conozco a nadie que trabaje tanto para no trabajar”.
Cuando llego al sitio de siempre allí están mis tres amigos esperando. Hoy tenemos noche de lo que, si fuésemos pijos y cursis llamaríamos “sólo chicos”, pero como somos casi todos de pueblo (y los que no como si lo “seriesemos”), tenemos noche de lo que Chimo llama “las cuatro bestias solas” conocidas también con el sobrenombre de “cuatro bestias, cuatro coches” por la manía que teníamos de movernos cada uno en su coche.
Entro y saludo con el conveniente… “que pasaaaaaaaaaaaa” pero no hay respuesta aparente. Los tres están sentados en sendos taburetes mirando para arriba por encima de mi cabeza. De pronto media vuelta y descubro la razón. Por aquel entonces le había dado a una televisión (creo que la pública) por poner películas pseudos-porno los sábados por la noche. Y claro, allí que estaban “las bestias” sin parpadear. El único problema es que se trataban de películas “de culto”. Es decir Fellini, Kurosawa, etc.. y claro, no ponían tanto como las del plus.
Después de pedir mi “Ballantines con mucho hielo y mucho Ballantines” de rigor me siento al lado. La peli creo que es de Fellini y ambientada en la época renacentista. Para ser sincero no tengo ni idea porque no lo recuerdo y tampoco importa. El hecho es que en la película no es que haya un desnudo, es que todas las mujeres que aparecen están desnudas en una especie de harén. No hay escenas de sexo. Simplemente desnudos de mujer. Eso sí, decenas de mujeres y todas absolutamente desnudas. Poco a poco el interés decae considerablemente y continuamos hablando de nuestras cosas mirando de soslayo (otra palabra preciosa difícil de encontrar en un SMS) hacia la tele.
Todo continúa, el bar con su música a tope, la gente hablando y riendo y la tele puesta como de fondo sin que nadie preste demasiada atención hasta que, casi al terminar la película hay una escena donde, entre las decenas de mujeres todas desnudas, de pronto, aparece una con un vestido ajustado. En este momento alguien me da con el codo y poco a poco se pasa el mensaje, todo el bar (en especial la audiencia masculina) es un clamor: “Joder que buena está la del vestido”.
Recuerdo a menudo esa anécdota cuando explico el porqué siempre me ha puesto mucho más una mujer con ropa (aunque sea muy poquita) que una totalmente desnuda. Al principio me parecía raro hasta a mí pero he comprobado que, es casi un “lugar común” y mucha gente piensa igual.
Alguna vez, cuando una mujer insiste una vez más (es que en esto no son –sois- muy originales las mujeres) en lo que odia al hombre que se deja puestos los calcetines para follar yo suelo decir, medio en broma, medio en serio, que me molesta terriblemente cuando la mujer se desnuda totalmente para follar.
No hace mucho una mujer me ofreció enviarme una foto casi desnuda y se extrañó mucho cuando le dije, ¿y no tienes una donde estés vestida?. En fin, la historia de siempre, el mostrar frente al insinuar.
Cuando llego al sitio de siempre allí están mis tres amigos esperando. Hoy tenemos noche de lo que, si fuésemos pijos y cursis llamaríamos “sólo chicos”, pero como somos casi todos de pueblo (y los que no como si lo “seriesemos”), tenemos noche de lo que Chimo llama “las cuatro bestias solas” conocidas también con el sobrenombre de “cuatro bestias, cuatro coches” por la manía que teníamos de movernos cada uno en su coche.
Entro y saludo con el conveniente… “que pasaaaaaaaaaaaa” pero no hay respuesta aparente. Los tres están sentados en sendos taburetes mirando para arriba por encima de mi cabeza. De pronto media vuelta y descubro la razón. Por aquel entonces le había dado a una televisión (creo que la pública) por poner películas pseudos-porno los sábados por la noche. Y claro, allí que estaban “las bestias” sin parpadear. El único problema es que se trataban de películas “de culto”. Es decir Fellini, Kurosawa, etc.. y claro, no ponían tanto como las del plus.
Después de pedir mi “Ballantines con mucho hielo y mucho Ballantines” de rigor me siento al lado. La peli creo que es de Fellini y ambientada en la época renacentista. Para ser sincero no tengo ni idea porque no lo recuerdo y tampoco importa. El hecho es que en la película no es que haya un desnudo, es que todas las mujeres que aparecen están desnudas en una especie de harén. No hay escenas de sexo. Simplemente desnudos de mujer. Eso sí, decenas de mujeres y todas absolutamente desnudas. Poco a poco el interés decae considerablemente y continuamos hablando de nuestras cosas mirando de soslayo (otra palabra preciosa difícil de encontrar en un SMS) hacia la tele.
Todo continúa, el bar con su música a tope, la gente hablando y riendo y la tele puesta como de fondo sin que nadie preste demasiada atención hasta que, casi al terminar la película hay una escena donde, entre las decenas de mujeres todas desnudas, de pronto, aparece una con un vestido ajustado. En este momento alguien me da con el codo y poco a poco se pasa el mensaje, todo el bar (en especial la audiencia masculina) es un clamor: “Joder que buena está la del vestido”.
Recuerdo a menudo esa anécdota cuando explico el porqué siempre me ha puesto mucho más una mujer con ropa (aunque sea muy poquita) que una totalmente desnuda. Al principio me parecía raro hasta a mí pero he comprobado que, es casi un “lugar común” y mucha gente piensa igual.
Alguna vez, cuando una mujer insiste una vez más (es que en esto no son –sois- muy originales las mujeres) en lo que odia al hombre que se deja puestos los calcetines para follar yo suelo decir, medio en broma, medio en serio, que me molesta terriblemente cuando la mujer se desnuda totalmente para follar.
No hace mucho una mujer me ofreció enviarme una foto casi desnuda y se extrañó mucho cuando le dije, ¿y no tienes una donde estés vestida?. En fin, la historia de siempre, el mostrar frente al insinuar.
Comeduras de coco
Dicen las mujeres que los hombres son (somos) raros, simples, etc. Que sólo piensan en el sexo pero, eso sí, si por cualquier razón rechazan una oportunidad para tener sexo, entonces no hay quien los entienda. Que son (somos) extremadamente simples pero, eso sí, si alguna vez se da una mínima muestra de complejidad y su comportamiento no puede regirse por la obviedad, entonces es que son raros de cojones.
Dicen (decimos) los hombres que a las mujeres no hay quien las entienda. Que nos gustaría que demostrarán más sus apetencias sexuales, aunque cuando lo hacen entonces son una salidas, o unas putas. Que son extremadamente complejas pero si nos dicen las cosas claritas nos descolocan.
Yo hace tiempo que sigo a rajatabla la sentencia de un buen amigo: “No le des más vueltas, las mujeres no están para comprenderlas”. Y por otra parte, tampoco espero que una mujer me entienda del todo.
Yo comencé una relación atípica para mí, pero muy corriente en general, con una mujer que conocí una noche de juerga. La cosa se prolongó algo hasta que se produjo una conversación que me descolocó un poco.
- Tengo que decirte algo importante.
- Ok
- Espero que me perdones por no decírtelo antes. Estoy casada.
- Ah!, mira que bien. No te preocupes, no me importa.
- Ya está?
- Ya está que?
- Esa es tu reacción?.. mira que bien?
- Bueno, es que no tengo nada a mano para cortarme las venas.
- Es que no os entiendo. O sea que te da igual?
- En primer lugar, cuando hables conmigo no utilices el plural. Yo no soy “todos” o “los hombres”. En segundo lugar no es que me de igual pero desde luego no me afecta demasiado. Bueno, tendrás que decirme quien es tu marido, más que nada por si lo conozco. A lo mejor entonces me afecta.
- Pues no creo. O a lo mejor sí. Es un alto ejecutivo de una multinacional.
- Manda webs
- Que pasa?
- Nada. Últimamente proliferan los altos ejecutivos por todos sitios.
Resumiré un poco. La cuestión es que, según parece, mi error consiste en que debería haberme sentido ofendidísimo o al menos desolado al descubrir que estaba casada. Le expliqué que yo no busco ningún tipo de relación en la que, el hecho de que esté casada, me afecté demasiado (no tenía previsto casarme con ella, irme a vivir juntos, pedirle el coche ni pasar las navidades en casa de sus padres) y ahí si que la cagué.
- Osea, que para ti soy básicamente un polvo.
- No, nada de eso, me encanta tu conversación. Y estoy aprendiendo bastante de pediatría.
- Ya, pero lo que te pone es mi culo
- Sin duda, eso siempre te lo he dicho. Aunque tus tetas no están mal.
- No estoy de broma
- Yo tampoco pero me comienza a hinchar las cojones la conversación. Si realmente crees que nos hemos visto cuatro veces por tu culo no deberías preocuparte por si estas casada y como me lo voy a tomar sino por evitar la flacidez de tus nalgas.
Por si acaso me expliqué todo lo que pude. Vamos a ver –le dije- a mí de este tema sólo podría preocuparme tres cosas. En realidad cuatro, pero la cuarta la obvié.
El primer asunto que podría preocuparme es la mentira en sí. Pero teniendo en cuenta que nos hemos visto unas tres o cuatro veces tampoco me parece que se pueda decir que me hubiera mentido. Simplemente aún no tocaba. Me dijo que estaba divorciada pero bueno, yo sinceramente creo que en las circunstancias en las que estábamos, no es una gran mentira.
La segunda cuestión es más peliaguda y se trata de la “traición”. Como dije no hace mucho en este blog, no me gusta la gente que traiciona a los demás delante de mí porque siempre pienso que me podrían traicionar a mí. Pero este no es el caso. Según me dijo su marido y ella prácticamente ni se hablan y, además, a mí ahora mismo me importa poco si ella tiene más amantes o no. Dicho en plata, si ella quiere engañar a su marido que lo haga porque yo no soy cómplice de nada.
La tercera era puramente operativa. Supongo que, estando casada, las posibilidades de vernos son menores pero, en ese momento y teniendo en cuenta mi carga de trabajo y mi falta de tiempo no creo que se trate de un gran problema. Estuve a punto de decir que sería una ventaja pero creo que sería pasar de sarcástico a cínico.
La cuarta cuestión no la dije por no ofender pero es cierta y real. Yo considero este tipo de cosas según la relación que tenga con la persona que se trate y el daño que me puedan hacer. En este caso es mínimo. Sé que puede sonar duro pero eso no quiere decir que no sea cierto.
En fin y en resumen, que ella estaba preocupada por si mi reacción era dura y al final lo que de verdad le jodió es que a mi me importara una mierda. Y tanto le jodió el tema que se fue y no volvió a llamar.
Hay una frase que leí una vez fue que decía “el único sexo sin problemas es la masturbación”.
Se refería la frase a “problemas” físicos, a la seguridad y las enfermedades de transmisión sexual. Yo estoy por ampliar el ámbito de la frase o cambiar el término “problemas” por “comeduras de coco”.
Ayer, después de semanas, he recibido un correo donde insiste en que se llevó una terrible desilusión conmigo al comprobar que no me importaba gran cosa el hecho de que estuviera casada. Aún así, me propone que volvamos a vernos. Aún no he tenido tiempo para pensar en la respuesta pero la verdad, estoy bastante ocupado y me da pereza. Además, el tono de “te doy otra oportunidad” no me pone nada.
Dicen (decimos) los hombres que a las mujeres no hay quien las entienda. Que nos gustaría que demostrarán más sus apetencias sexuales, aunque cuando lo hacen entonces son una salidas, o unas putas. Que son extremadamente complejas pero si nos dicen las cosas claritas nos descolocan.
Yo hace tiempo que sigo a rajatabla la sentencia de un buen amigo: “No le des más vueltas, las mujeres no están para comprenderlas”. Y por otra parte, tampoco espero que una mujer me entienda del todo.
Yo comencé una relación atípica para mí, pero muy corriente en general, con una mujer que conocí una noche de juerga. La cosa se prolongó algo hasta que se produjo una conversación que me descolocó un poco.
- Tengo que decirte algo importante.
- Ok
- Espero que me perdones por no decírtelo antes. Estoy casada.
- Ah!, mira que bien. No te preocupes, no me importa.
- Ya está?
- Ya está que?
- Esa es tu reacción?.. mira que bien?
- Bueno, es que no tengo nada a mano para cortarme las venas.
- Es que no os entiendo. O sea que te da igual?
- En primer lugar, cuando hables conmigo no utilices el plural. Yo no soy “todos” o “los hombres”. En segundo lugar no es que me de igual pero desde luego no me afecta demasiado. Bueno, tendrás que decirme quien es tu marido, más que nada por si lo conozco. A lo mejor entonces me afecta.
- Pues no creo. O a lo mejor sí. Es un alto ejecutivo de una multinacional.
- Manda webs
- Que pasa?
- Nada. Últimamente proliferan los altos ejecutivos por todos sitios.
Resumiré un poco. La cuestión es que, según parece, mi error consiste en que debería haberme sentido ofendidísimo o al menos desolado al descubrir que estaba casada. Le expliqué que yo no busco ningún tipo de relación en la que, el hecho de que esté casada, me afecté demasiado (no tenía previsto casarme con ella, irme a vivir juntos, pedirle el coche ni pasar las navidades en casa de sus padres) y ahí si que la cagué.
- Osea, que para ti soy básicamente un polvo.
- No, nada de eso, me encanta tu conversación. Y estoy aprendiendo bastante de pediatría.
- Ya, pero lo que te pone es mi culo
- Sin duda, eso siempre te lo he dicho. Aunque tus tetas no están mal.
- No estoy de broma
- Yo tampoco pero me comienza a hinchar las cojones la conversación. Si realmente crees que nos hemos visto cuatro veces por tu culo no deberías preocuparte por si estas casada y como me lo voy a tomar sino por evitar la flacidez de tus nalgas.
Por si acaso me expliqué todo lo que pude. Vamos a ver –le dije- a mí de este tema sólo podría preocuparme tres cosas. En realidad cuatro, pero la cuarta la obvié.
El primer asunto que podría preocuparme es la mentira en sí. Pero teniendo en cuenta que nos hemos visto unas tres o cuatro veces tampoco me parece que se pueda decir que me hubiera mentido. Simplemente aún no tocaba. Me dijo que estaba divorciada pero bueno, yo sinceramente creo que en las circunstancias en las que estábamos, no es una gran mentira.
La segunda cuestión es más peliaguda y se trata de la “traición”. Como dije no hace mucho en este blog, no me gusta la gente que traiciona a los demás delante de mí porque siempre pienso que me podrían traicionar a mí. Pero este no es el caso. Según me dijo su marido y ella prácticamente ni se hablan y, además, a mí ahora mismo me importa poco si ella tiene más amantes o no. Dicho en plata, si ella quiere engañar a su marido que lo haga porque yo no soy cómplice de nada.
La tercera era puramente operativa. Supongo que, estando casada, las posibilidades de vernos son menores pero, en ese momento y teniendo en cuenta mi carga de trabajo y mi falta de tiempo no creo que se trate de un gran problema. Estuve a punto de decir que sería una ventaja pero creo que sería pasar de sarcástico a cínico.
La cuarta cuestión no la dije por no ofender pero es cierta y real. Yo considero este tipo de cosas según la relación que tenga con la persona que se trate y el daño que me puedan hacer. En este caso es mínimo. Sé que puede sonar duro pero eso no quiere decir que no sea cierto.
En fin y en resumen, que ella estaba preocupada por si mi reacción era dura y al final lo que de verdad le jodió es que a mi me importara una mierda. Y tanto le jodió el tema que se fue y no volvió a llamar.
Hay una frase que leí una vez fue que decía “el único sexo sin problemas es la masturbación”.
Se refería la frase a “problemas” físicos, a la seguridad y las enfermedades de transmisión sexual. Yo estoy por ampliar el ámbito de la frase o cambiar el término “problemas” por “comeduras de coco”.
Ayer, después de semanas, he recibido un correo donde insiste en que se llevó una terrible desilusión conmigo al comprobar que no me importaba gran cosa el hecho de que estuviera casada. Aún así, me propone que volvamos a vernos. Aún no he tenido tiempo para pensar en la respuesta pero la verdad, estoy bastante ocupado y me da pereza. Además, el tono de “te doy otra oportunidad” no me pone nada.
Follar o hacer el amor. This is the question
Continuamente oigo, y últimamente leo como se establece una diferencia entre “hacer el amor” y “follar”. Cada cual obviamente hace lo que le da la gana pero yo no hago tal distinción.
Para mí la diferencia entre follar y hacer el amor es la misma que, por poner un ejemplo, entre "cagar" y "defecar", es decir ninguna que no sea dos formas distintas de decirlo. Las dos formas afectan a un tipo de sensibilidad. Seguramente una más políticamente correcta que otra y seguramente la otra mucho más cursi que la una.
Al hilo de la comparación escatológica que he puesto recuerdo una pareja en la que el tío siempre decía “voy a cagar” y la mujer, extremadamente educada y cursi ella, le insistía para que dijese “voy al servicio”. Al cabo de unos años consiguió que el otro dijese “voy al servicio.. y de camino cago”.
Siguiendo con el tema que nos ocupa, hay quien distingue según sea la pareja. Se folla con “extraños” y se hace el amor con tu pareja. Otros distinguen según la cantidad y calidad del amor que se tenga con la otra persona. Se hace el amor con el amado/a y se folla con las/los demás. Otros muchos aplican esa diferencia a la dulzura con que se acomete el acto. Se hace el amor dulcemente, y se folla de forma salvaje. En lo que si se suele coincidir (no todo el mundo pero la mayoría) es en la “superioridad” del hecho de hacer el amor sobre el follar. En llegar a considerar, exagerando un poco (que “pa eso” soy de donde soy), “hacer el amor” como algo bueno y follar como algo denigrante.
Yo no distingo entre ambas formas excepto por temas convencionales. Para mi son dos formas de decir lo mismo si es que, obviamente se refieren a echar un polvo. Si entendemos por hacer el amor una charla debajo de un árbol al lado de un lago, entonces no. El hecho de que yo utilice una expresión u otra (y no suelo utilizar ninguna de las dos con demasiada frecuencia) depende exclusivamente de la sensibilidad del o de la que escucha. A determinadas personas sabes que si hablas de follar les vas a ofender su sensibilidad como si estuvieses diciendo un taco, a otras si les hablas de hacer el amor le parecerás muy cursi. A un amigo mío una chica le hablo de hacer el amor y el le dijo: “bueno, un ratito, pero luego follamos vale?.
La cuestión que suele costarme explicar, y seguramente aquí no lo conseguiré del todo es porque yo no hago tales diferencias y alguna vez me molesta que se haga. Para mi es tan “honesto y pulcro” el polvo que echas con alguien que acabas de conocer (cosa que a mi me ha pasado poquísimas veces) como el que echas con tu pareja de diez años. También me parece tan respetable el polvo que echas de forma salvaje que el polvo dulce y tierno. Siempre me ha parecido fatal aquel que dice: “aquello no fue hacer el amor, solo follar” porque de alguna forma esta denigrando a la otra persona. Porque si, todos tenemos claro que el polvo urgente que echaste en aquella noche y del que probablemente no recuerdas mucho no fue el mejor de tu vida, pero joder, en el momento seguramente fue bastante deseado. Por otra parte, yo creo que una pareja que lleve muchos años y que esté super enamorada (lo cual es casi un contrasentido en si mismo) debería practicar el noble arte de follar como si fuesen desconocidos.
Yo, por mi parte, solo puedo decir que le mantengo respeto y cariño a todas las mujeres con las que he follado o hecho el amor, independientemente de que haya sido en unas circunstancias u otras e independientemente de que hubiese sido una relación larga o solo una vez. A diferencia de otras personas, en mi caso disfruto más con las relaciones continuadas que con las esporádicas por la sencilla razón de que siempre suele haber más compenetración. Cuestión de práctica únicamente. Pero desde luego nunca diferenciaré hasta el punto de hablar de follar o hacer el amor. En el momento del acto en sí no desde luego. Otra cosa es antes o después, pero eso es otra historia.
Eso si, hay a quien el termino “follar” le molesta. Yo lo respeto. Sinceramente porque a mi me pasa con según que términos. No soy un mojigato creo, pero desde pequeño me han acostumbrado a no utilizar determinadas palabras “malsonantes”. En estos casos se utiliza hacer el amor, acostarse, etc. De pronto se me viene a la memoria el chiste del doctor que le dice a una madre que su hija necesita un coito, y cuando salen, después de escuchar los gritos y gemidos de la niña, la madre le dice.. joder doctor porque usted y yo sabemos lo que es un coito que sino hubiese jurado que se la estaba follando.
Todo esto viene a cuento de dos cosas. Una es de que se me acaba de ocurrir y me da la gana escribir sobre ello y otra que no hace mucho recibí un mail que hoy he releído. En este mail me decían (obviamente en un contexto apropiado) algo así como que es bonito hacer el amor con la persona amada o follar con ganas.
Y eso me recordó directamente a una amiga que, en una ocasión, me explicó cual era su forma de diferenciar ambos términos y que coincide con lo que me contaban en el mail. Ella me dijo que para ella hacer el amor era cuando lo hacía por amor, como un acto de entrega, aunque no le apeteciera demasiado y follar era cuando estaba “caliente como una perra” (es que mi amiga es así, y a mi me encanta). Y terminó diciéndome: “yo la mayoría de las veces hago el amor, y algunas veces follo pero, en los dos casos y desde hace años, siempre con el mismo”.
Siguiendo en mis trece en no hacer distinciones, la verdad es que este tipo de diferenciación me hizo gracia y sería de los que yo admitiría porque no creo que sea peyorativo en ningún caso. Curioso, me doy cuenta que si aceptara este tipo de distinción seguramente preferiría follar (con ganas) que hacer el amor (sin ganas).
Para mí la diferencia entre follar y hacer el amor es la misma que, por poner un ejemplo, entre "cagar" y "defecar", es decir ninguna que no sea dos formas distintas de decirlo. Las dos formas afectan a un tipo de sensibilidad. Seguramente una más políticamente correcta que otra y seguramente la otra mucho más cursi que la una.
Al hilo de la comparación escatológica que he puesto recuerdo una pareja en la que el tío siempre decía “voy a cagar” y la mujer, extremadamente educada y cursi ella, le insistía para que dijese “voy al servicio”. Al cabo de unos años consiguió que el otro dijese “voy al servicio.. y de camino cago”.
Siguiendo con el tema que nos ocupa, hay quien distingue según sea la pareja. Se folla con “extraños” y se hace el amor con tu pareja. Otros distinguen según la cantidad y calidad del amor que se tenga con la otra persona. Se hace el amor con el amado/a y se folla con las/los demás. Otros muchos aplican esa diferencia a la dulzura con que se acomete el acto. Se hace el amor dulcemente, y se folla de forma salvaje. En lo que si se suele coincidir (no todo el mundo pero la mayoría) es en la “superioridad” del hecho de hacer el amor sobre el follar. En llegar a considerar, exagerando un poco (que “pa eso” soy de donde soy), “hacer el amor” como algo bueno y follar como algo denigrante.
Yo no distingo entre ambas formas excepto por temas convencionales. Para mi son dos formas de decir lo mismo si es que, obviamente se refieren a echar un polvo. Si entendemos por hacer el amor una charla debajo de un árbol al lado de un lago, entonces no. El hecho de que yo utilice una expresión u otra (y no suelo utilizar ninguna de las dos con demasiada frecuencia) depende exclusivamente de la sensibilidad del o de la que escucha. A determinadas personas sabes que si hablas de follar les vas a ofender su sensibilidad como si estuvieses diciendo un taco, a otras si les hablas de hacer el amor le parecerás muy cursi. A un amigo mío una chica le hablo de hacer el amor y el le dijo: “bueno, un ratito, pero luego follamos vale?.
La cuestión que suele costarme explicar, y seguramente aquí no lo conseguiré del todo es porque yo no hago tales diferencias y alguna vez me molesta que se haga. Para mi es tan “honesto y pulcro” el polvo que echas con alguien que acabas de conocer (cosa que a mi me ha pasado poquísimas veces) como el que echas con tu pareja de diez años. También me parece tan respetable el polvo que echas de forma salvaje que el polvo dulce y tierno. Siempre me ha parecido fatal aquel que dice: “aquello no fue hacer el amor, solo follar” porque de alguna forma esta denigrando a la otra persona. Porque si, todos tenemos claro que el polvo urgente que echaste en aquella noche y del que probablemente no recuerdas mucho no fue el mejor de tu vida, pero joder, en el momento seguramente fue bastante deseado. Por otra parte, yo creo que una pareja que lleve muchos años y que esté super enamorada (lo cual es casi un contrasentido en si mismo) debería practicar el noble arte de follar como si fuesen desconocidos.
Yo, por mi parte, solo puedo decir que le mantengo respeto y cariño a todas las mujeres con las que he follado o hecho el amor, independientemente de que haya sido en unas circunstancias u otras e independientemente de que hubiese sido una relación larga o solo una vez. A diferencia de otras personas, en mi caso disfruto más con las relaciones continuadas que con las esporádicas por la sencilla razón de que siempre suele haber más compenetración. Cuestión de práctica únicamente. Pero desde luego nunca diferenciaré hasta el punto de hablar de follar o hacer el amor. En el momento del acto en sí no desde luego. Otra cosa es antes o después, pero eso es otra historia.
Eso si, hay a quien el termino “follar” le molesta. Yo lo respeto. Sinceramente porque a mi me pasa con según que términos. No soy un mojigato creo, pero desde pequeño me han acostumbrado a no utilizar determinadas palabras “malsonantes”. En estos casos se utiliza hacer el amor, acostarse, etc. De pronto se me viene a la memoria el chiste del doctor que le dice a una madre que su hija necesita un coito, y cuando salen, después de escuchar los gritos y gemidos de la niña, la madre le dice.. joder doctor porque usted y yo sabemos lo que es un coito que sino hubiese jurado que se la estaba follando.
Todo esto viene a cuento de dos cosas. Una es de que se me acaba de ocurrir y me da la gana escribir sobre ello y otra que no hace mucho recibí un mail que hoy he releído. En este mail me decían (obviamente en un contexto apropiado) algo así como que es bonito hacer el amor con la persona amada o follar con ganas.
Y eso me recordó directamente a una amiga que, en una ocasión, me explicó cual era su forma de diferenciar ambos términos y que coincide con lo que me contaban en el mail. Ella me dijo que para ella hacer el amor era cuando lo hacía por amor, como un acto de entrega, aunque no le apeteciera demasiado y follar era cuando estaba “caliente como una perra” (es que mi amiga es así, y a mi me encanta). Y terminó diciéndome: “yo la mayoría de las veces hago el amor, y algunas veces follo pero, en los dos casos y desde hace años, siempre con el mismo”.
Siguiendo en mis trece en no hacer distinciones, la verdad es que este tipo de diferenciación me hizo gracia y sería de los que yo admitiría porque no creo que sea peyorativo en ningún caso. Curioso, me doy cuenta que si aceptara este tipo de distinción seguramente preferiría follar (con ganas) que hacer el amor (sin ganas).
Los lunares de América
América tiene nombre de mujer. También tiene forma de mujer voluptuosa, de anchas caderas y cintura estrecha. A mi además cuando pienso en América, sobre todo en el sur y el centro del continente, me vienen inmediatamente a la mente sus mujeres. Como ya dije en una ocasión sería injusto (y de incultos) pensar en Latinoamérica como un todo, ya que cada país es distinto, y dentro de cada país, como sucede en cualquier sitio, cada región, incluso cada ciudad tienen su propia idiosincrasia. Pero si es cierto, que como cada uno “cuenta la feria como le fue” debo decir que en mi caso si puedo sacar una característica común de las mujeres sudamericanas que a mi, personalmente, me encanta. Es su dulzura. Es una cualidad que me desarma. He tenido alguna relación con mujeres latinoamericanas, alguna de amistad, otras con otro carácter, algunas de años, otras de días, pero en general, de todas guardo un maravilloso recuerdo y creo que es por lo dulces que son, o al menos que han sido conmigo.
No obstante, insisto, sería un error generalizar porque cada sitio tiene sus características, y, en mi caso, su recuerdo. Yo podría hacer una “mini-guía” que solo serviría para mí. Sería algo así como mi GPS particular. Un día escuché que las ciudades de América son como lunares en el cuerpo de una mujer trigueña y de pronto, pensé en un recorrido de lunar en lunar.
Si una chica preciosa de 25 años te presenta a su madre de 48 y no sabes con cual quedarte es muy probable que estés en Buenos Aires.
Si una rubia con cara de sueca te dice que le encantaría ser tu indiecita puede ser que estuvieras en la región de bio bio en Chile.
Podría ser Lima si, mientras que te follan, te hablan de usted.
Cuando en una sala de juntas aparece una abogada y de pronto nadie recuerda que se trataba la reunión, quizás te encuentres en Sao Paulo.
Si en un centro comercial puedas pasarte las horas mirando no a los escaparates sino a las mujeres que los miran es muy probable que estés en Bogotá.
Paseando por la calle te duele el cuello de tanto mirar (primero delante, luego detrás) podría tratarse de Calí.
En el caso de que, mientras te llaman “papito” al oído, te preguntes como y quien es el responsable de juntar tanta belleza y tantas curvas en poco más de metro y medio de mujer es posible que estés en Puerto Ordaz.
Si en un bar una mujer de casi uno ochenta, rubia con pelo hasta la cintura, un escote que deja bien claro que el doctor que la opero se gustó y con una minifalda algo más larga que un cinturón te dice que le da pena (vergüenza) que los hombres la miren puede ser que estés en Caracas.
Si Coges un taxi e inmediatamente querrías cogerte a la taxista tal vez se trate de Mexico D.F.
Si entras en un local y de pronto sientes que te puede pasar todo lo anterior, es probable que estés en Miami.
Pero hoy, pensando en una determinada mujer sudamericana, de pronto recordé que no se en que lunar situarla. Imagino que en uno junto al pecho, cerca del corazón.
No obstante, insisto, sería un error generalizar porque cada sitio tiene sus características, y, en mi caso, su recuerdo. Yo podría hacer una “mini-guía” que solo serviría para mí. Sería algo así como mi GPS particular. Un día escuché que las ciudades de América son como lunares en el cuerpo de una mujer trigueña y de pronto, pensé en un recorrido de lunar en lunar.
Si una chica preciosa de 25 años te presenta a su madre de 48 y no sabes con cual quedarte es muy probable que estés en Buenos Aires.
Si una rubia con cara de sueca te dice que le encantaría ser tu indiecita puede ser que estuvieras en la región de bio bio en Chile.
Podría ser Lima si, mientras que te follan, te hablan de usted.
Cuando en una sala de juntas aparece una abogada y de pronto nadie recuerda que se trataba la reunión, quizás te encuentres en Sao Paulo.
Si en un centro comercial puedas pasarte las horas mirando no a los escaparates sino a las mujeres que los miran es muy probable que estés en Bogotá.
Paseando por la calle te duele el cuello de tanto mirar (primero delante, luego detrás) podría tratarse de Calí.
En el caso de que, mientras te llaman “papito” al oído, te preguntes como y quien es el responsable de juntar tanta belleza y tantas curvas en poco más de metro y medio de mujer es posible que estés en Puerto Ordaz.
Si en un bar una mujer de casi uno ochenta, rubia con pelo hasta la cintura, un escote que deja bien claro que el doctor que la opero se gustó y con una minifalda algo más larga que un cinturón te dice que le da pena (vergüenza) que los hombres la miren puede ser que estés en Caracas.
Si Coges un taxi e inmediatamente querrías cogerte a la taxista tal vez se trate de Mexico D.F.
Si entras en un local y de pronto sientes que te puede pasar todo lo anterior, es probable que estés en Miami.
Pero hoy, pensando en una determinada mujer sudamericana, de pronto recordé que no se en que lunar situarla. Imagino que en uno junto al pecho, cerca del corazón.
La furia
Es curioso los vericuetos de la mente y de los recuerdos. Hoy he hecho una entrevista de trabajo y la persona en cuestión tenía un apellido bastante raro que me ha recordado de pronto una historia absolutamente olvidada. Para este post diré que el apellido es Escalante (es obvio que se trata de otro. Uno muy poco habitual).
Yo siempre he sido una persona pacífica. En realidad durante mucho tiempo dude si era pacífico o directamente cobarde. Lo cierto es que, cuando era un crío, jamás me pelee con nadie. De hecho nunca rehuí una pelea pero siempre buscaba las vueltas para no pelearme. A partir de la adolescencia, aparte de que todos nos civilizamos más, mi estirón y mi afición por el deporte hizo que no me tuviera preocupar demasiado de pelearme porque, aunque solo fuese por presencia, digamos que no me provocaban demasiado. Así pues, aparte del terror al dolor físico, la verdad es que yo he sido el típico “grande bonachón”. Excepto una vez. Solo una.
Estábamos en tercero de BUP y por lo tanto éramos “mayores”. Conocimos a unas chicas y nos invitaron a la fiesta de su instintito. Un colegio privado “super pijo” donde la verdad encajábamos regular. Allí estábamos nosotros, bailando y riéndonos de los asistentes a la fiesta mientras, me imagino, muchos se reirían de nosotros.
No había demasiada luz, y la que había eran los típicos focos parpadeantes al son de la música. Aún así distinguí claramente un rostro. Era un rostro casi angelical. Un niño rubito con ricitos, muy de anuncio. Me acerqué lentamente y me quedé mirándolo y algo debió de notar en mi expresión porque me pregunto “que pasa?”. Eso fue justo antes de que me abalanzara sobre él y le encajará el primer puñetazo. Luego otro y otro… en menos de diez segundos el estaba en el suelo y yo encima golpeando su cabeza una y otra vez contra el suelo de aquel campo de baloncesto.
La cosa fue tan rápida e inesperada que mis amigos tardaron bastante en reaccionar. Los amigos del rubito ni se acercaron. Creo que me consideraron un loco peligroso. La paliza duró menos de un minuto pero cuando mis amigos consiguieron levantarme de allí mis manos estaban llenas de sangre. Cuando ya me iba abrazado por tres de mis amigos que me miraban con cara de alucinados oí que uno de los amigos del pobre muñeco ensangrentado le decía.. “¿que ha pasado Escalante?”.
Al oír aquello conseguí zafarme de mis amigos y corrí como loco hacia el rubio de rizos que estaba de rodillas intentando levantarse. Afortunadamente para mí, cuando estaba a punto de golpear su cabeza como si se tratara de una pelota de rugby un amigo consiguió agarrarme y mi patada fue al aire a pocos centímetros de su nariz.
Conseguimos salir de allí como pudimos entre los insultos de un montón de pijos (incluyendo los que nos lanzaban las niñas que nos habían invitado). Mientras saliamos a escape mis amigos solo sabían preguntar porqué y yo no podía hablar… lloraba de rabia y era incapaz de articular palabra.
Dos años antes yo era un crío ilusionado con una niña de mi instituto. Una niña “de porcelana” con una cara preciosa. La relación, que al final quedo en nada, era una nueva versión de capuletos y montescos. Por aquella época yo llevaba chapitas anarquistas y vestía con chupas vaqueras y ella llevaba una banderita con el águila en el reloj y vestía de encaje y con jerséis amarillos. Hoy día eso no tendría demasiada importancia pero quien haya vivido aquella época (primeros años ochenta) sabe que no es una cuestión baladí.
Aún así, a mi me gustaba mucho y un día la invite a salir. Me dijo que sí y mi corazón bailaba de alegría. Ella salía mucho por un sitio al que yo jamás iba y me dijo que si quería podíamos quedar en un bar por donde paraba ella y sus amigos. Allá que fui. Llegue temprano y decidí esperarla dentro. Entonces caí en que se trataba de un bar de fachas. Por aquel entonces los fachas no eran los "skin heads" actuales pero, al calor de la transición, eran numerosos y bastante peligrosos. Incluso con cierta permisividad por parte de la policía de entonces. Al poco rato dos críos más o menos de mi edad mirándome de forma rara me increpan y me dicen que porqué voy provocando. Yo no entiendo nada hasta que me doy cuenta que aún llevo una chapa con la “A” anarquista en el bolsillo pequeño del vaquero. Lo último que quería yo ese día eran disputas políticas así que me la quité y me la guardé en el bolsillo. Decidí salir del bar y quedarme fuera apoyado en la pared al otro lado de la calle que era estrecha.
Parece que todo ha acabado pero al poco tiempo mientras miro con impaciencia mi casio digital alguien me llama. “Eh tú!” me increpa un tío mayor, de unos veinte calculo. o más aún. Esta cruzando la calle con cinco chavales detrás. Me vuelve a increpar y decirme que estoy provocando. Me pregunta si voy solo y si pertenezco a la liga revolucionaria. Yo intento contemporizar y, con bastante miedo, les explico la verdad, que estoy esperando a una chavala y que no quiero problemas. El tío me mira y se ríe y dice algo así como.. “bah, es un pobre tío” y se da media vuelta.
Recuerdo perfectamente mi sensación de alivio pensando que, una vez más, me había librado de una pelea. Pero en ese momento el cabecilla se vuelve y observo que ahora trae un artilugio en la mano. Es un puño americano y casi sin aviso me golpea en un costado. A partir de ahí recuerdo que solo me invadía un pensamiento: “no debo dejar que me tiren al suelo”. Me obsesioné con eso. No quería patadas en el suelo, así que no me defendí, simplemente intentaba taparme la cara y el pecho pero aguantaba los puñetazos de cinco o seis chavales y alguno más que se apunto a la fiesta.
Me estuvieron pegando durante varios minutos. En un momento de descuido el cabecilla me golpeo con el puño americano en la mejilla. Consecuencia de ese golpe: una muela rota y bastante sangre. De vez en cuando algún chaval me agarraba e intentaba hacerme una llave para tirarme al suelo pero yo me defendía como podía. No devolví ni un golpe, no podía entretenerme en eso. Mi objetivo era simplemente minimizar los daños. Algunos chavales salieron del bar y se reían mientras los demás me golpeaban. Al final, más por aburrimiento que por otra cosa, el cabecilla paró y dijo… “dejémoslo, ya estoy harto de pegarle al mierda este”.
Había cumplido mi objetivo. Estaba magullado y me habían golpeado sin parar pero al menos estaba de pie. Con una rabia increíble, pero a salvo. Ya se habían ido, no podía apenas moverme y tenía la cabeza agachada. De pronto, y no se porqué me dio por levantarla justo en el momento en que alguien que no se donde había salido, me golpeaba con todas sus fuerzas en el costado con una porra de cable (una porra echa con un trozo de cable de alta tensión) y me dejaba literalmente sin respiración. Aún con el dolor intenso tuve la fuerza para levantar la cabeza y mirarlo fijamente. Era un niño rubito de rizos. Lo miré fijamente a los ojos mientras la sangre se me escapaba por la boca. Soy fatal para recordar caras pero supe que aquella no se me olvidaría nunca. Aún oí al cabecilla que riéndose decía:
“Escalante, venga.. déjalo ya que no merece la pena”.
De esta historia pude sacar muchas enseñanzas pero saque una especial. Jamás he llevado un arma encima, sea una navaja, una porra o, por supuesto, un arma de fuego. La razón es que, aunque soy extremadamente pacífico, sé que en un momento dado todos podemos volvernos locos. Si yo hubiese tenido una pistola ese día o incluso el día de la fiesta del instituto seguramente habría matado a unos cuantos.
PD: De aquella tarde recuerdo dos caras. La del niño rubito y la del cabecilla. Si algún día me vierais abalanzarme sobre alguien sin aparente motivo y machacarle la cara, es muy probable que por fin lo haya encontrado.
Yo siempre he sido una persona pacífica. En realidad durante mucho tiempo dude si era pacífico o directamente cobarde. Lo cierto es que, cuando era un crío, jamás me pelee con nadie. De hecho nunca rehuí una pelea pero siempre buscaba las vueltas para no pelearme. A partir de la adolescencia, aparte de que todos nos civilizamos más, mi estirón y mi afición por el deporte hizo que no me tuviera preocupar demasiado de pelearme porque, aunque solo fuese por presencia, digamos que no me provocaban demasiado. Así pues, aparte del terror al dolor físico, la verdad es que yo he sido el típico “grande bonachón”. Excepto una vez. Solo una.
Estábamos en tercero de BUP y por lo tanto éramos “mayores”. Conocimos a unas chicas y nos invitaron a la fiesta de su instintito. Un colegio privado “super pijo” donde la verdad encajábamos regular. Allí estábamos nosotros, bailando y riéndonos de los asistentes a la fiesta mientras, me imagino, muchos se reirían de nosotros.
No había demasiada luz, y la que había eran los típicos focos parpadeantes al son de la música. Aún así distinguí claramente un rostro. Era un rostro casi angelical. Un niño rubito con ricitos, muy de anuncio. Me acerqué lentamente y me quedé mirándolo y algo debió de notar en mi expresión porque me pregunto “que pasa?”. Eso fue justo antes de que me abalanzara sobre él y le encajará el primer puñetazo. Luego otro y otro… en menos de diez segundos el estaba en el suelo y yo encima golpeando su cabeza una y otra vez contra el suelo de aquel campo de baloncesto.
La cosa fue tan rápida e inesperada que mis amigos tardaron bastante en reaccionar. Los amigos del rubito ni se acercaron. Creo que me consideraron un loco peligroso. La paliza duró menos de un minuto pero cuando mis amigos consiguieron levantarme de allí mis manos estaban llenas de sangre. Cuando ya me iba abrazado por tres de mis amigos que me miraban con cara de alucinados oí que uno de los amigos del pobre muñeco ensangrentado le decía.. “¿que ha pasado Escalante?”.
Al oír aquello conseguí zafarme de mis amigos y corrí como loco hacia el rubio de rizos que estaba de rodillas intentando levantarse. Afortunadamente para mí, cuando estaba a punto de golpear su cabeza como si se tratara de una pelota de rugby un amigo consiguió agarrarme y mi patada fue al aire a pocos centímetros de su nariz.
Conseguimos salir de allí como pudimos entre los insultos de un montón de pijos (incluyendo los que nos lanzaban las niñas que nos habían invitado). Mientras saliamos a escape mis amigos solo sabían preguntar porqué y yo no podía hablar… lloraba de rabia y era incapaz de articular palabra.
Dos años antes yo era un crío ilusionado con una niña de mi instituto. Una niña “de porcelana” con una cara preciosa. La relación, que al final quedo en nada, era una nueva versión de capuletos y montescos. Por aquella época yo llevaba chapitas anarquistas y vestía con chupas vaqueras y ella llevaba una banderita con el águila en el reloj y vestía de encaje y con jerséis amarillos. Hoy día eso no tendría demasiada importancia pero quien haya vivido aquella época (primeros años ochenta) sabe que no es una cuestión baladí.
Aún así, a mi me gustaba mucho y un día la invite a salir. Me dijo que sí y mi corazón bailaba de alegría. Ella salía mucho por un sitio al que yo jamás iba y me dijo que si quería podíamos quedar en un bar por donde paraba ella y sus amigos. Allá que fui. Llegue temprano y decidí esperarla dentro. Entonces caí en que se trataba de un bar de fachas. Por aquel entonces los fachas no eran los "skin heads" actuales pero, al calor de la transición, eran numerosos y bastante peligrosos. Incluso con cierta permisividad por parte de la policía de entonces. Al poco rato dos críos más o menos de mi edad mirándome de forma rara me increpan y me dicen que porqué voy provocando. Yo no entiendo nada hasta que me doy cuenta que aún llevo una chapa con la “A” anarquista en el bolsillo pequeño del vaquero. Lo último que quería yo ese día eran disputas políticas así que me la quité y me la guardé en el bolsillo. Decidí salir del bar y quedarme fuera apoyado en la pared al otro lado de la calle que era estrecha.
Parece que todo ha acabado pero al poco tiempo mientras miro con impaciencia mi casio digital alguien me llama. “Eh tú!” me increpa un tío mayor, de unos veinte calculo. o más aún. Esta cruzando la calle con cinco chavales detrás. Me vuelve a increpar y decirme que estoy provocando. Me pregunta si voy solo y si pertenezco a la liga revolucionaria. Yo intento contemporizar y, con bastante miedo, les explico la verdad, que estoy esperando a una chavala y que no quiero problemas. El tío me mira y se ríe y dice algo así como.. “bah, es un pobre tío” y se da media vuelta.
Recuerdo perfectamente mi sensación de alivio pensando que, una vez más, me había librado de una pelea. Pero en ese momento el cabecilla se vuelve y observo que ahora trae un artilugio en la mano. Es un puño americano y casi sin aviso me golpea en un costado. A partir de ahí recuerdo que solo me invadía un pensamiento: “no debo dejar que me tiren al suelo”. Me obsesioné con eso. No quería patadas en el suelo, así que no me defendí, simplemente intentaba taparme la cara y el pecho pero aguantaba los puñetazos de cinco o seis chavales y alguno más que se apunto a la fiesta.
Me estuvieron pegando durante varios minutos. En un momento de descuido el cabecilla me golpeo con el puño americano en la mejilla. Consecuencia de ese golpe: una muela rota y bastante sangre. De vez en cuando algún chaval me agarraba e intentaba hacerme una llave para tirarme al suelo pero yo me defendía como podía. No devolví ni un golpe, no podía entretenerme en eso. Mi objetivo era simplemente minimizar los daños. Algunos chavales salieron del bar y se reían mientras los demás me golpeaban. Al final, más por aburrimiento que por otra cosa, el cabecilla paró y dijo… “dejémoslo, ya estoy harto de pegarle al mierda este”.
Había cumplido mi objetivo. Estaba magullado y me habían golpeado sin parar pero al menos estaba de pie. Con una rabia increíble, pero a salvo. Ya se habían ido, no podía apenas moverme y tenía la cabeza agachada. De pronto, y no se porqué me dio por levantarla justo en el momento en que alguien que no se donde había salido, me golpeaba con todas sus fuerzas en el costado con una porra de cable (una porra echa con un trozo de cable de alta tensión) y me dejaba literalmente sin respiración. Aún con el dolor intenso tuve la fuerza para levantar la cabeza y mirarlo fijamente. Era un niño rubito de rizos. Lo miré fijamente a los ojos mientras la sangre se me escapaba por la boca. Soy fatal para recordar caras pero supe que aquella no se me olvidaría nunca. Aún oí al cabecilla que riéndose decía:
“Escalante, venga.. déjalo ya que no merece la pena”.
De esta historia pude sacar muchas enseñanzas pero saque una especial. Jamás he llevado un arma encima, sea una navaja, una porra o, por supuesto, un arma de fuego. La razón es que, aunque soy extremadamente pacífico, sé que en un momento dado todos podemos volvernos locos. Si yo hubiese tenido una pistola ese día o incluso el día de la fiesta del instituto seguramente habría matado a unos cuantos.
PD: De aquella tarde recuerdo dos caras. La del niño rubito y la del cabecilla. Si algún día me vierais abalanzarme sobre alguien sin aparente motivo y machacarle la cara, es muy probable que por fin lo haya encontrado.





